Minuto de gloria de A70 en Mariskal Rock Radio

Domingo, 7 de febrero de 2016.-
El otro día servidor de ustedes acudió como invitado al programa de Mariscal Romero. Increíble, nunca pensé que este modesto blog semiclandestino pudiera merecer semejante atención, pero ocurrió. Solo pensarlo me resultaba tan inquietante que pedí a mi buen amigo Ángel Dobrovolski que me acompañara, por si el miedo escénico, y allí nos presentamos. Pensaba: no vamos a pintar nada en una emisora tan metalera, pero cuando entramos en el estudio tenían puesto a este grupo y ya todo fue más fácil.

Nos saludamos mientras Blind Faith sonaba en antena y charlamos brevemente hasta que la música acabó y se abrieron los micros. En silencio reverencial contemplamos al Mariscal y a Mariano Muniesa en acción. Fue emocionante verlo desde dentro, no se pueden imaginar. En su estilo inimitable, Romero elogiaba la voz negroide del jovencísimo Steve Winwood, enfatizando el asombroso currículo que acumulaban los miembros de este supergrupo: Yardbirds, Spencer Davis Group, Cream, Traffic, Family… mientras Muniesa precisaba datos concretos como la fecha de grabación del único disco y su corta carrera de directo: un solo concierto en tierras británicas, el de Hyde Park que pueden ver en el vídeo, una pequeña gira estadounidense y rápida disolución, todo en apenas medio año. También mencionó la polémica generada por la portada del avioncito fálico, sustituida en EEUU por una foto del grupo y retocada en sucesivas reediciones con todo tipo de etiquetas sobre los pechos de la adolescente. Si entonces hubo censura, a día de hoy sencillamente no sería posible con tanto moralista suelto.

Blind Faith - Blind Faith
Blind Faith (1969)

Cuando llegó el turno de hablar sobre Atascado en los 70, fue Mariano Muniesa quien se encargó de dedicar unas amables palabras al blog. Hay que decir que el contacto lo propició él, primero enviando un comentario a un texto sobre Mariscal Romero que se publicó en los comienzos de A70 y hace unas semanas invitándonos al programa. Sobre la entrevista en sí prefiero no contarles nada, mejor la escuchan.

Mariskal Romero Show 03/02/2016 (2ª parte)

Atascado en los 70 se puso en marcha hace ya un poco más de seis años, sin más pretensión que compartir algún buen rato de música con quien se quisiera pasar por aquí a leer. Intentamos no atosigar a los lectores con mensajes de autobombo, que bastante ocupado está todo el mundo en internet como para andar molestando, pero creo que esta vez no va a quedar más remedio que hacerlo. Aunque sea para presumir de esta foto.

Ángel, Muniesa, Balbino y Mariscal
Ángel, Muniesa, Balbino y Mariscal

La parte final del programa en que participamos tenía como asunto principal la gira sudamericana de los Rolling Stones, que comenzaba justo ese día en Santiago de Chile. Si estaban tan interesados en el Olé Tour 2016 es porque a estas horas Mariscal y su gente ya habrán llegado a Argentina para hacer la crónica de los siguientes conciertos. Qué envidia. Al menos nos queda el orgullo de que el bloque que se dedicó a Atascado en los 70 cayó justo en medio de toda la catarata de información stoniana. Por nosotros ningún problema, que tratándose de los Stones siempre vamos a estar de acuerdo. Así que viene bien para terminar otra canción de Blind Faith, que sabiendo que ese verano de 1969 los Rolling Stones también iban a tocar en Hyde Park, versionaron esto a modo de anticipo.

Muy bonito este Under My Thumb estilo ‘manolenta’, lo que me da pie a recordar que el texto inaugural de Atascado en los 70 trataba sobre otro de los grupos donde estuvo escondido Eric Clapton por aquella época en la que no quería ser solista.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el primer post de este blog: Eric Clapton y Duane Allman, con todos ustedes… ¡Derek And The Dominos!”, publicado originalmente el lunes 2 de noviembre de 2009 y luego otra vez mencionado en “Atascado en los 70 Año II, el aniversario fantasma”, publicado el miércoles 24 de noviembre de 2010.

Rock al 1/4 de hora: Space Truckin’

Martes, 2 de febrero de 2016.-
Ya les conté hace poco que un estúpido anuncio de colonia me sirvió como excusa para recordar a Deep Purple. Gracias a tan tonto motivo disfruté del placer de escucharme un Made in Japan del tirón, una de esas cosas que habría que tomar como costumbre hacer cada cierto tiempo. Más en concreto reparé en esta pieza descomunal que, de paso, me sirve para desempolvar una vieja sección dedicada a canciones de un cuarto de hora. Cuarto de hora largo en este caso, casi veinte minutos.

Mientras suena Space Truckin’ les cuento otro detalle relacionado con el anuncio de colonia. La canción que servía de reclamo publicitario, Child In Time como bien saben, aparece casualmente en los dos únicos discos de Deep Purple que en su momento volví a comprarme en CD. Vale que ya los tenía en vinilo, pero el sonido remasterizado y los correspondientes bonus track eran excusa suficiente para darse uno el gusto. La charla sobre la dichosa colonia se ilustró con la foto de In Rock, así que ahora llega el turno de Made in Japan.

Deep Purple - Made in Japan. The Remastered Edition
Made in Japan-The Remastered Edition (1998)

Como pueden ver, en esta Remastered Edition los colores de la portada están intercambiados: letras doradas sobre fondo negro, justo al revés que en la edición original. Ya sé que ese viejo doble vinilo de 1972 que todos tenemos por casa medio destrozado tiene un encanto insuperable, pero déjenme que les diga que escucharlo en CD en el reproductor del coche también tiene su punto, con su poderoso sonido digitalizado de los 90 y por la posibilidad de disfrutarlo en una sola tacada, sin la penosa tarea de tener que dar la vuelta al disco. Aunque quizá por respetar la tradición de que Made in Japan sea doble, esta edición aporta como propina un segundo CD titulado The Encores que añade tres canciones extra al listado habitual: unos Black Night y Speed King del concierto de Tokyo y el Lucille de la segunda noche en Osaka. Aquí debajo les pongo un trozo de contraportada del vinilo original, o sea, letras negras sobre fondo dorado. Ampliando un poco se puede ver a qué recital pertenece cada una de las siete canciones del mítico Made in Japan de toda la vida.

Contraportada del Made In Japan
Detalle de la contraportada original

Space Truckin’ era la séptima y última canción del disco, ocupando ella solita la cara cuatro del disco doble. La toma original en estudio que apareció ese mismo año en el disco Machine Head era un corte normal y corriente de cuatro minutos y pico. Como en esos conciertos japoneses de agosto de 1972 andaban prácticamente presentado las nuevas canciones, aprovecharon para explayarse con ellas e introducir toda clase de improvisaciones, especialmente en este periplo espacial. En su parte central el teclista John Lord expone todo su repertorio de ruiditos interplanetarios durante un buen montón de minutos hasta que en el punto más álgido toma el relevo la guitarra de Blackmore. El público de Osaka rompe a aplaudir en un falso final, pero como la cosa se reanuda con toda la fuerza ya no saben a qué atenerse y el desconcierto llega cuando la canción acaba de verdad. Se produce un silencio absoluto y los japos demoran respetuosamente su ovación unos diez segundos, hasta estar bien seguros de que había terminado.

Esta es probablemente la primera vez que en A70 nos fijamos en un instante de silencio. Deténganse por un momento en ese minuto 19 y piensen en cómo tuvieron que sentirse esas miles de almas durante esos diez segundos. Tuvo que ser realmente mágico.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El rock está muerto… ¡larga vida al rocanrol!”, que fue publicado originalmente el sábado 20 de marzo de 2010.

Nuestro enemigo David Bowie

Lunes, 18 de enero de 2016.-
Hace una semana que se murió Bowie, paradigma y cumbre de todas las vanguardias. El lunes pasado bien temprano corrió la noticia por las redes sociales, lo que no quita que muchos lo oyéramos por la radio en la voz de alguno de esos locutores cavernarios de programa matinal. Qué atraso, qué enorme paradoja tratándose de un artista como Bowie, siempre tan moderno. Pero no nos engañemos: más allá de poses extraterrestres y futuristas, David Bowie era un personaje tan del siglo XX como la inmensa mayoría de sus fans. Reafirmándome en la idea, mi particular homenaje fue comprarme un periódico al día siguiente, que es lo que hacemos las personas antiguas cuando ocurre un gran acontecimiento. Aún digiriendo el empacho de loas a su habilidad para vulnerar la ortodoxia del rock, aquí nos conformaremos con recordar que también hubo una etapa en la que supo mantenerse más o menos en la ortodoxia.

Este Jean Genie puede que sea el momento de su carrera en que más se ajustó a los cánones de un género de moda, como en esos años era el glam-rock, con aparición en Top of the Pops incluida. Se publicó como single en 1972 con unos meses de adelanto a Aladdin Sane, el LP al que pertenecía. Con el anterior Ziggy Stardust y el siguiente Diamond Dogs integra su trilogía perfecta de rock alienígena y un poco gay, las extravagancias cotidianas que se llevaban en el mundillo glam. Esos son los tres discos de David Bowie con los que más cómodo se puede sentir el roquero de a pie, habitualmente más proclive al conservadurismo musical que a las tonterías y las moderneces. 

David Bowie - Aladdin Sane
Aladdin Sane (1973)

El problema fue que a quienes empezamos a escuchar música en los ochenta nos costó unos cuantos años descubrirlo. Para los jóvenes roqueros de los ochenta David Bowie era nuestro enemigo, el villano más despreciable y el mayor traidor conocido de todo el universo musical, pues a diferencia de otros a los que se suponía la desgracia de ser horteras de nacimiento, Bowie era hortera sobrevenido y por voluntad propia. Él, que había tenido el honor de compartir escenario con el gran Mick Ronson, se permitió el lujo de prescindir del guitarrista primero para hacer un disco de funk-soul moña y luego para juntarse con Brian Eno a experimentar con la cosa techno y electrónica de su etapa berlinesa. Y todo con tal de no perderles el paso a nuevos músicos punks y nuevaoleros que venían pegando fuerte, o sea, unos bandazos inaceptables para cualquier roquero de bien. Pero eso no fue lo peor, pues luego vino Let’s Dance repleto de toda esa bazofia discotequera… cómo detestábamos los coritos de Modern Love y sobre todo ese vomitivo videoclip con Mick Jagger en el que destrozaban un clásico de Martha Reeves y las Vandellas. Nos horrorizaba su forma de vestirse y sus ínfulas para marcar tendencia entre el pijerío más sonrojante. En definitiva, ejerció una influencia funesta que contribuyó a recluir a los roqueros de barrio cada vez más dentro de nuestro ghetto.

De todas formas, aún en las tribus más cerriles, siempre había un erudito que exigía un respeto por Bowie, algún enterado que recomendaba apasionadamente la escucha de sus discos de diez años atrás. Por eso y porque su protagonismo discográfico fue decreciendo a medida que avanzaban los ochenta, la figura de David Bowie fue acomodándose poco a poco en categoría ‘por encima del bien y del mal’. Alguna cancioncita suelta bien colocada en tal o cual banda sonora, algún papel protagonista en el cine como pareja vampírica de Catherine Deneuve o prisionero de guerra en el Japón, algún disco recopilatorio para levantar el ánimo tras una gira poco brillante y para el final de la década ya ni el roquero más integrista discutía su presencia en el olimpo del rocanrol. Y cuando menos se esperaba, de repente Bowie remata la jugada inventándose un grupo de rock potente, en los mismísimos límites jevimetaleros.

Tin Machine
Tin Machine (1989)

No fue más que un entretenimiento efímero, una excusa para juntarse con sus amigotes en los periodos que quedaban libres entre sus giras en solitario y sus compromisos promocionales, sin embargo con Tin Machine demostró una vez más el olfato que tenía para dejarse llevar por las tendencias del momento y anticiparse un minuto a la siguiente revolución que iba a acontecer en el mundo del rock. Vamos, que en aquel momento ya existían los Pixies, pero aún faltaban un par de años para que a alguien se le ocurriera poner nombre al grunge.

Pese a que este experimento de Tin Machine no fue demasiado apreciado entonces y se acabó disolviendo por pura indiferencia, al menos sirvió para terminar de reconciliar con Bowie a la mitad más cabreada de la audiencia del rocanrol. Quizá por eso en 1990 ya pudo presentarse en el rockódromo madrileño con toda respetabilidad roquera, libre de pecado, y los habituales parroquianos del polvoriento anfiteatro pudimos acudir a su concierto sin tener que avergonzarnos ante nuestros colegas. Sobre el viejo escenario de la Casa de Campo donde habíamos tenido a Zappa, a los Kinks y a Van Morrison, ahora disfrutábamos de David Bowie, ¿algún problema? Guardo un gran recuerdo, era la gira Sound + Vision en la que anunciaba que iba a cantar todos esos clásicos de su repertorio por última vez, así que todo fue muy sobrio y muy emotivo, nada que ver con el anterior Glass Spider Tour y sus sillones colgando del techo. Era una verdad a medias, pues claro que volvió a cantar todas esas canciones muchas más veces, pero sí es cierto que significó un punto y aparte para comenzar a explorar las posibilidades del dance, del drum, del bass, del techno y de todas esas historias electrónicas de las que, me van a disculpar, ni sé ni tengo la menor intención de saber.

Rockódromo de la Casa de Campo, septiembre de 1990
Rockódromo, septiembre de 1990

Volviendo a lo del principio, les diré que aproveché para echar un vistazo a El País en el bar donde desayuno y luego me compré El Mundo. Fobias y filias aparte, no había color: dos páginas contra siete, con muchas más firmas invitadas, infografías y recuadritos de apoyo. Recuerdo que cuando lo de Krahe encontré más o menos lo mismo: los estragos de la crisis en el papel impreso no hay quien los pare, pero a día de hoy unos lo sobrellevan mejor que otros. Entre la nómina de colaboradores, aparte de los periodistas del ramo que pueden imaginar, un compungido Loquillo responde en El Mundo a la pregunta que él mismo formuló en uno de sus primeros discos: ¿donde estaba él en el 77? Pues maquinando un cóctel estilístico con el fenómeno punk, la muerte de Elvis y el Heroes de Bowie como ingredientes, tres sucesos de rocanrol que ocurrieron ese año con pocos meses de margen. He aquí un rocker barcelonés que supo asumir a Bowie en su momento con total falta de prejuicios, ahí está el tío.

Anexo 19/01/2016: Por tardar una semana en escribir esta necrológica de rocanrol se nos junta con la siguiente. Hoy nos hemos enterado del fallecimiento de Glenn Frey. Curiosamente, la única vez que aquí se habló de los Eagles fue sobre una canción cuya voz solista no era la de Don Henley, sino la de Frey. Glenn Frey, David Bowie… descansen en paz.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La canción perfecta”, que fue publicado originalmente el jueves 18 de noviembre de 2010.

Ian Gillan en un anuncio de colonia

Lunes, 4 de enero de 2016.-
Aprovecho para felicitarles el Año Nuevo a propósito de un anuncio de colonia que me ha llamado mucho la atención estos días. Muy bien elegida la banda sonora, pero los muy cobardes solo utilizan una ráfaga de treinta segundos comprimiendo las partes más suaves de esta monstruosidad de canción. Esto hay que oírlo entero, por favor, que son solo diez minutillos.

Es lo que se llama publicidad engañosa. Si uno ve el anuncio y sigue los pasos de esa delicada chica japonesa a cuyos pies van brotando amapolas tan rojas como su vestido puede imaginar que la dulce melodía podría pertenecer a algún olvidado grupo psicodélico del San Francisco hippie, o quizá algún viejo baladista europeo que mediados los setenta se apuntó a la moda progresiva. Pues no, es Ian Gillan quien susurra mientras la prota se exhibe despreocupada ante los siete samuráis uniformados de negro que la reciben en rigurosa posición de firmes. Es un fastidio tener que colar un spot en A70, pero no queda más remedio que enlazar el anuncio para que puedan comprender los sentimientos encontrados que produce. Por un lado, la sana satisfacción de descubrir que los clásicos del rock aún pueden conmover a las masas, aunque sea para incitarles a comprar una colonia cara. Por otro, la indignante sensación de que nos han mutilado de mala manera este pedazo de rocanrol. Porque, señores de la industria del perfume, sepan ustedes que han osado utilizar a los grandísimos Deep Purple para sus sucios objetivos, y eso nos ofende a todos los buenos aficionados al rock. Han menospreciado ustedes a los míticos Purple, que nunca usaron colonia ni falta que les hizo. Véanlos, véanlos en el vídeo de arriba. Y miren aquí debajo en la portada del disco cómo de verdad fueron los más grandes y tampoco tenían abuela.

Deep Purple - Deep Purple In Rock
Deep Purple In Rock (1970)

Sí señores, aquí tienen a los Purple en su más legendaria formación, la tantas veces celebrada Mark II. En el arranque de la canción, para gozo de la chica japonesa, la teclas de Jon Lord, los platos de Ian Paice y el bajo de Roger Glover se mantienen en contenida tensión antes de que todo se desboque. La dulce voz de Ian Gillan completa el tramposo inicio preciosista, primero susurrando en falsete, luego aullando y finalmente, hacia el minuto tres, ya gritando como un poseso. Quizá los señores publicitarios al servicio de las firmas de perfume caro, en su afán por sugerir antes que mostrar y siempre tan dados a la sutileza, hayan querido manipular la imaginación de los que conocemos bien la canción. Porque suponemos hacia dónde se va a dirigir en ese minuto tres la historia de la chica japonesa con el joven al que ella eligió restregando la amapola por su barba de tres días. Y no digamos ya en el minuto cuatro, con toda la banda atronando al máximo para que el maestro Ritchie Blackmore dibujara todas esas diabluras guitarreras que tan bien se le daban. Luego un descanso en el minuto seis, y vuelta a empezar.

Les dejo, que mañana hay cabalgata.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Dirige la orquesta el maestro Francesco Zappa”, que fue publicado originalmente el martes 8 de enero de 2013.

Hey Joe, Feliz Navidad

Jueves, 24 de diciembre de 2015.-
Desde hace un par de días oigo a todas horas a este señor rellenando huecos en los informativos de radio y televisión en pausas musicales o en la típica reseña cultural que se mete cuando no hay otra noticia cultural mejor. El caso es que siempre utilizan como comodín los éxitos más empalagosos de su etapa de madurez, tipo Unchain My Heart o You Can Leave Your Hat On, una pena que no conozcan nada de sus años mozos cuando acostumbraba hacer interpretaciones salvajes de verdad. Por ejemplo esta versión del éxito de los Box Tops.

Lo que ocurre es que el pobre Joe Cocker tuvo la desgracia de morirse hace un año en fecha tan señalada, detalle este que garantiza la gloria artística para la posteridad. Igual que el aniversario de la muerte de Elvis sirve para llenar el vacío informativo de agosto (formando junto a Groucho y Marilyn la trilogía fúnebre del verano desde tiempo inmemorial) o el recuerdo del asesinato de Lennon nos pilla en pleno puente de la Inmaculada (que en 1981 todavía no había mucha costumbre de referirse a la Constitución), a partir de ahora la voz de Joe Cocker servirá para anunciar el inicio de la Navidad.

Joe Cocker - Mad Dogs & Englishmen
Mad Dogs & Englishmen (1970)

Hace años, muy al principio de empezar a escribir este blog, este disco ya fue mencionado en un texto que al final expresaba la intención de conseguir la película homónima rodada en esa misma gira y pegarle un buen repaso, que ahí sí que quedó reflejada una gira de rocanrol de auténtica locura.

Joe Cocker - Mad Dog & Englismen (poster)
El póster de la película

El asunto sigue pendiente, pero como estamos en fechas de buenos propósitos podría ser una buena idea añadirlo a la lista de cosas por hacer en este 2016 que estamos a punto de inaugurar. Sirva como anticipo este fragmento con The Letter, con esa energía bestial de la sección de viento, esos coros emocionantes y ese malencarado Leon Russell al piano con su mirada de psicópata. Y, desde luego, sirva esta banda sonora para felicitar las fiestas a los lectores de A70 con un Joe Cocker ya para siempre incorporado a la iconografía navideña.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Joe Cocker y su asombroso momento Woodstock”, que fue publicado originalmente el viernes 20 de noviembre de 2009.

The Who en serie media a 6 euros con descuento progresivo 4×20 y 10×40

Lunes, 21 de diciembre de 2015.-
Lo primero mis disculpas por estos meses de silencio de A70, inactividad que de momento ha dejado en el tintero algunos textos muy prometedores sobre Keith Richards y Ramoncín, ya saben, dos de los grandes referentes morales de este sitio. Veremos qué se puede hacer. Sí les digo que el paréntesis ha servido al menos para disfrutar del placer de la música y en algunos casos hasta de la sagrada costumbre de comprarla antes de escucharla. Por ejemplo esta.

Pues resulta que un gran almacen de los que aún conservan media planta dedicada a este negocio en decadencia puso una oferta que obligaba a ir a la compra como antiguamente, con una lista y calculando bien el número de ejemplares para cuadrar la cuenta. Escogiendo en amplio catálogo de series medias a 6 euros se podía abaratar con la fórmula del 4×20 y 10×40, o sea, abaratando un euro cada disco comprando cuatro y si el montón era de diez el ahorro era de dos euros por CD, quedando la cosa en el muy razonable precio de 4 euros por disco. Un chollo, vaya. Siempre habrá el clásico ‘yo no soy tonto’ que diga “pues más barato me sale a mí que me lo bajo gratis”, pero mejor no perder el tiempo con quienes son incapaces de entenderlo. Los que hemos pasado media vida rebuscando entre las estanterías de las tiendas de rock tenemos la necesidad de revivirlo de vez en cuando por la cosa sentimental, qué se le va a hacer. Quedé con un amigo para aprovechar la oportunidad y uno de los grupos más apetecibles en la selección de títulos era The Who.

The Who - Who Are You
Who Are You (1978, reed. 1996)

Me van a comparar un archivo informático por muy gratuito que sea con un clásico del rocanrol reeditado con mimo, acompañado de su libreto generoso y tres o cuatro bonus por disco. Por ejemplo lo que está sonando, que quizá ustedes asocien con la sintonía de cierta célebre serie de televisión, es el gran hit perteneciente a su disco de 1978, titulado igualmente Who Are You, pero entre los cinco bonus track de esta reedición de 1996 aparece una segunda versión catalogada como Lost Verse Mix. Qué bonito detalle. Otra de las cosas de las que se entera uno leyendo el cuadernillo (con lupa, es lo malo del formato CD) es de las circunstancias de la muerte del batería Keith Moon a los pocos días de finalizar la grabación, por lo que el ‘not to be taken away’ escrito en la silla en la que aparece sentado en la foto de portada dio lugar a toda clase de especulaciones. Casualidad o no, en el vídeo aparece el tío tan bromista y juguetón como siempre fue, puede que ya algo gordo y castigado por su vida de rockstar al límite, y así quedó inmortalizado para la película Los chicos están bien, que como buen documental de rock redondeaba su final con el miembro más gamberro del grupo adornando su necrológica con una disparatada mezcla de pastillas y alcohol.

The Who - The Who by Numbers
The Who by Numbers (1976, reed. 1996)

No fue el único disco de The Who que cayó. La oferta incluía también los posteriores It’s Hard y Face Dances, que por ser bastante menores y haber prescindido de ellos en su momento pueden ser disfrutados ahora de forma mucho más relajada, que las exigencias de autenticidad y los criterios de fan defraudado ya ni se sabe dónde quedaron. Total, que en las dos compras de a diez que hice con el amigo con el que quedé nos llevamos varios de esos discos a pares. También completamos con alguno que nos faltaba de la época mod, en mi caso A Quick One, pero generalmente fuimos a saco a por su época más peluda. Este The Who By Numbers también pasó un poco inadvertido en su discografía, sobre todo porque le tocó la difícil papeleta de ser el siguiente al monumental Quadrophenia. Digo lo mismo que antes, que escuchado ahora tampoco está tan mal. Y el dibujo firmado por John Entwistle tiene el encanto de lo cutre… algún valiente habría que completó a boli la portada de su vinilo. En el libreto se explica que no era fácil introducir las nuevas canciones en un repertorio de directo trufado de exitazos de Tommy, Who’s Next y Quadrophenia, pero pese a todo se dieron el gustazo de volver a girar por territorio británico rematando con un ciclo de tres conciertos de inspiración futbolera en los estadios del Charlton Athletic, Celtic y Swansea, de lo cual queda constancia con tres bonus track Live at Swansea Football Ground 1976. No he encontrado prueba visual de esa actuación en concreto, pero aquí tienen otra de más o menos la misma época.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La compra de discos semestral (I)”, que fue publicado originalmente el martes 21 de junio de 2011.

Stones (II): Gruñidos en el siglo XXI

Domingo, 20 de septiembre de 2015.-
En la semana en que se publica lo nuevo de Keith Richards, y mientras los cuatro Rolling Stones se deciden a entrar a grabar su hipotético disco de 2016, demos una escucha a lo que son hasta el momento sus últimos gruñidos.

No nos hagamos ilusiones con lo del nuevo material, que también anunciaron un larga duración para 2012 y la cosa al final quedó reducida a recopilatorio con un par de canciones de baratillo grabadas en ratos libres, una de ellas la que tienen aquí encima. Como ese año había que hacer algo a propósito de los fastos previstos para celebrar sus 50 años de rocanrol, los Stones aprovecharon el verano para juntarse en un estudio a ver qué les salía. Bien por falta de inspiración o falta de ganas, no pasaron de dos composiciones como raquítica cosecha tras siete años desde A Bigger Bang, la anterior entrega. Y no es de extrañar que no quisieran complicarse más a juzgar por este Doom and Gloom. No me atrevería a decir que sea mala, lo dejaremos en que sigue la senda de aquel Rough Justice que tanto nos entusiasmó, pero un peldaño por debajo en inspiración y pulso roquero. Puede que no lo hicieran con esa intención, pero ellos mismos titularon el recopilatorio con una onomatopeya de insatisfacción.

The Rolling Stones - Grrr!
GRRR! (2012)

No era la primera vez que los Stones usaban el truco de recopilar éxitos intercalando el señuelo de alguna canción de estudio realmente inédita. Dejando aparte los discos propiamente de rarezas que han publicado de cuando en cuando y aquellos Big Hits que solían rescatar para el formato LP algún single de esos que en los 60 había alcanzado la celebridad solo como disco pequeño, la fórmula se inaugura en 1991 con Flashpoint, que era un directo con lo más representativo del repertorio de la gira Urban Jungle, la de presentación de Steel Wheels, y tras el bloque en vivo aportaba como bonus track dos cortes en estudio. Highwire y Sex Drive no estaban mal, pero tampoco es que tuvieran demasiada trascendencia.

Flashpoint y Forty Licks
Rebuscando inéditas por Flashpoint y Forty Licks

La jugada se repitió tiempo después en Forty Licks, el recopilatorio con el que en 2003 se conmemoró el 40º aniversario de la banda. Pues bueno, para aquella ocasión tuvieron a bien colar cuatro nuevas composiciones que, añadidas a los otros 36 éxitos que incluían el doble CD sumaban los cuarenta lengüetazos anunciados en el título. Tomen nota: Don’t Stop, que se usó como single y fue incorporado al repertorio de la gira, Keys To Your Love, Stealing My Heart , ambas más bien flojillas, de esas que bien podrían haber caído en un disco en solitario de Jagger, pero al final el lote se arreglaba un poco con Losing My Touch, la típica delicatessen con que a veces se descuelga Keith Richards, sobran las comparaciones. Así que si juntamos estas cuatro con las dos de Flashpoint y las otras dos de GRRR! podría uno hacerse un CD artesanal que se podría hacer pasar por el disco que los Rolling Stones nos deben hace tiempo. Cerraría la selección One More Shot, que quizá sea algo mejor e inspira mejores vibraciones que el otro gruñido que escuchamos más arriba.

Cierto es que ese disco imaginario no sería muy bueno, aunque podríamos mejorarlo incorporando algunas de las rarezas recuperadas en las reediciones de Sticky Fingers, Some Girls y Exile On Main Street, pero eso ya casi lo dejo para otro día. Y además, sepan que mientras escribía esto he escuchado Doom and Gloom veinte o treinta veces y le empiezo a coger el punto.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Quiénes son los abuelos del rock?”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de julio de 2010.

Últimas canciones de los Stones (I): A Bigger Bang (2005)

Domingo, 6 de septiembre de 2015.-
Justo antes del verano los Stones dieron un concierto sorpresa en Los Ángeles, poniendo las entradas a la venta apenas un par de horas antes del evento al precio de 5 dólares. Los afortunados pudieron escuchar en orden todo Sticky Fingers, que era el último lanzamiento de la banda en la habitual reedición deluxe con extras, demos y directos. Me parece muy bien y me gusta la idea, pero uno echa de menos los tiempos en que el grupo se esforzaba en grabar material nuevo. Y es que para encontrar su último disco en estudio hay que retroceder nada menos que diez años.

Potente, con garra y el punto guarrillo que siempre debe tener una letra de los Stones. Los gallos y las gallinas, los pollitos y las pollitas… parece que algunos dobles sentidos con animales de granja funcionan lo mismo en inglés que en español. Rough Justice es en mi opinión la última gran canción de la banda, para mi desgracia asociada a una de las decepciones más grandes que me he llevado en un concierto. Les cuento: su visita al Calderón de la gira de Forty Licks me pareció de lo mejor (Licks World Tour 2002–2003), con músicos de superlujo y los viejos Stones luciendo un inesperado esplendor justo en el límite en que unos y otros andaban celebrando su cumple número 60. Esperaba repetir sensaciones con su siguiente show (A Bigger Bang Tour 2005–2006), en el que precisamente iban a presentar su flamante disco de nuevas canciones, pero entonces sucedió lo del cocotero y la gira se suspendió casi tres meses entre abril y julio de 2006. Hubo que reestructurar las fechas y a la cita del Vicente Calderón le tocó esperar hasta el verano siguiente.

The Rolling Stones - A Bigger Bang
A Bigger Bang (2005)

La sorpresa que nos llevamos en junio de 2007 es que las canciones de este disco habían desaparecido por completo del repertorio. Así fue al menos en Madrid, como atestigua esta página que todo lo sabe en materia de set lists. Vamos, que la gira de treinta conciertos por Europa de ese verano ya no era Bigger Bang Tour ni por asomo, sino una especie de añadido para quedar bien con los afectados por las afonías de Jagger y las cirugías a cráneo abierto de Richards del verano anterior. He cotilleado el listado de un par de días después en El Ejido y al menos allí sí que tocaron Rough Justice… ¡suertudos almerienses! Creo que en Lisboa, Barcelona y San Sebastián también pudieron escucharla, así que el feo detalle de atizarnos un concierto sin rastro de Bigger Bang nos lo reservaron solo a los madrileños. Pues qué bien. Me sentí un poco estafado por ver de nuevo a los Stones convertidos en una maldita banda de revival, que eso de repasar los ‘greatest licks’ ya lo habían hecho en el concierto de 2003. Tan mal sabor de boca me quedó que a su siguiente visita a mi ciudad (14 On Fire 2014) ni me molesté en ir, pues para colmo eligieron otro estadio mucho más grande, pero bastante más antipático y sin un ápice de pedrigrí stoniano. Cuanto más lo pienso más me enfado, así que mejor cambio de tema.

En el afán por calmar mi sed de nuevo repertorio, he encontrado esto. Se trata de Under The Radar, uno de los descartes de A Bigger Bang. Pudimos escucharla un poco después, cuando se reeditó el disco en una edición especial con un DVD añadido y ahí, entre los contenidos extras del DVD, se podía acceder al audio de dos canciones perdidas. Ya se sabe que si quedaron excluidas del listado de A Bigger lo normal es que fueran peores que las que sí pasaron el corte, pero no sé, tampoco están tan mal, desprenden el dulce encanto de los bonus track. Y además, en estos momentos de carestía una canción de los Stones es una canción de los Stones, un argumento un poco tonto pero que puede tener valor en sí mismo. Quien no se consuela es porque no quiere.

A Bigger Bang Special Edition
La edición deluxe de A Bigger Bang

Este verano, por unas cosas o por otras, he sentido cierta nostalgia Stone. En una de las entrevistas que concedió con motivo del nuevo Sticky Fingers, reconoció Jagger que él siempre sigue componiendo y que tiene nuevas canciones que por supuesto podrían encajar en un nuevo álbum de los Rolling Stones. Ojalá fuera verdad. En cambio su socio Richards no solo las compone sino que va el tío y las publica: su tercer disco en solitario, Crosseyed Heart, verá la luz este mes de septiembre, todo un acontecimiento teniendo en cuenta que el anterior es de 1992. Ya hay canciones circulando por ahí, pero cada cosa a su tiempo. De momento escuchemos Don’t Wanna Go Home, la otra canción perdida de las sesiones de A Bigger Bang, última ocasión en la que la banda al completo se juntó de verdad en un estudio para grabar un disco de verdad. Esperemos que los rumores se hagan realidad y pronto se convierta en la penúltima.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “No espero a una dama, estoy esperando a un amigo”, que fue publicado originalmente el domingo 23 de enero de 2011.

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