Unas lagrimillas por Krahe vol. III

Viernes, 31 de julio de 2015.-
Cuando empecé con este asunto no tenía previsto extenderme tanto, pero así de amplio es el cancionero de Javier Krahe. Aún quedan por tratar algunos temas esenciales, como por ejemplo la muerte, tantas veces mencionada por Krahe en versos aislados o en canciones enteras (El ciprés), ya fuera muerte ajena (Don Andrés Octogenario) o la propia (El cromosoma), suicidio (Nembutal) u homicidio (La hoguera), en tono solemne (El tío Marcial), crítico (Señor Juez), irónico (Carne de cañón al chilindrón) o abiertamente irreverente (Y todo es vanidad). Como ya les advertí al principio que en un momento tan triste daba cierta pereza ponerse trascendente, por el calor y tal, he preferido ocuparme de otro asunto de vital importancia: los cuernos.

A juzgar por el número de infidelidades sufridas y cometidas que ha narrado en sus canciones podría deducirse que Krahe haya sido uno de los tíos más mujeriegos y promiscuos de la historia de la canción, incluso a la altura de un Julio Iglesias o un Mick Jagger. Luego cae uno en la cuenta de que toda su vida ha estado casado con la misma mujer y que, por mucho pacto de relación abierta que pudieran tener, semejante ajetreo no hay pareja que lo resista. Porque no solo era él quien disfrutaba en primera persona de aventuras en lechos ajenos, también solía ser víctima de toda clase de humillaciones. La saga de bellas y traidoras se inicia con Marieta, cómo no, quien ya en el primer disco “se besaba con un chulo apoyada en un farol”, y poco después su propia mujer le dijo a la cara “prefiero como tú ya sabes la del jardinero” en Un burdo rumor. En otro momento de intensa ninfomanía (Vecindario), viéndose incapaz de cumplir él solo con el débito conyugal, acepta la ayuda del señor del piso de arriba, un tal Avelino, y al final, “a su mismo sexo no siendo reacia”, hasta acaba entrando en juego Engracia, otra vecina. Un disparate de canción, pero creo que Navalagamella, la que está sonando, incluso la supera. Aquí la infidelidad va en las dos direcciones. Ambos alardean de su traición, pero como siempre es el personaje de Krahe quien asume con cómica resignación el papel de marido vilipendiado. Según lo cuenta, la infidelidad de ella es mucho más grave, por lujuriosa, por grosera y por haber elegido como nido de amor un sitio tan absurdo como Navalagamella, minúsculo pueblo de la sierra de Madrid que, eso sí, facilitó al letrista rimas bien chocantes.

Javier Krahe - Querencias y extravíos
Querencias y extravíos (2007)

El amante serrano era un tipo bastante zafio, en cambio el de Sábanas de seda le mereció mucho más respeto. A propósito de esta delicada historia, dijo Krahe que la escribió movido por la fascinación que le inspiraba Y cómo es él. Le desconcertaba tanto el enfoque de José Luis Perales que se vio en la necesidad ofrecer un punto de vista alternativo al del cantautor conquense. Y quizá para vengarse, tanto de la esposa infiel como de Perales, después siguió aportando todo un abanico de canciones en las que no siempre la culpa era de la mujer, pues el Krahe también se dejaba engatusar a la primera: aventuras de una noche (Paréntesis), con chicas mucho más jóvenes que él (Salomé), una con la que incluso montó en vespino (Canas al aire), señoras maduras con el marido en el trabajo (Maldito paro) y hasta pecando de pensamiento dudaba si inspirarse en Irene o en Elena (Mi mano en pena). Porque esa es otra, el detalle de aportar el nombre de la dama para dar mayor credibilidad al romance, y ahí van desfilando Adela, Inés, Gabriela, Maribel, Mariví, La perversa Leonor, Carmiña, Lulú, Lucrecia, Eva y la Cruel Genoveva. Para rematar pone al día la lista de sus cien amantes en Abajo el Alzheimer e incluso se deja para el siguiente disco La cientouna. Tantas mujeres para que de todos esos nombres al final solo importe uno: Annick, la esposa medio francesa. Más de cuarenta años de relación resumidos en este puñado de estrofas con que se abría el disco Toser y cantar.

Sin entrar en terrenos escabrosos de la vida privada, porque ni queremos ni debemos, y basándonos en las pistas que ofrece el propio interesado hablando entre canciones, se puede sostener la hipótesis de que todos esos amantes de él y de ella eran pura fantasía. Todos o casi todos, porque en una de esas charlas introductorias Krahe deja una puerta abierta al afirmar que todas sus canciones son inventadas, menos una. Tampoco habría lugar para amantes si apostamos como canción verídica por Canadá, Canadá, la letra que detalla su viaje de ida y vuelta al país norteamericano: chico conoce a chica canadiense en España, va tras ella hasta Canadá, se casan y regresan a Madrid. Echan raíces en Malasaña y todos los años discuten El dos de mayo. Luego se reconcilian (Gracias, tabaco) y él hasta reconoce que volvería a casarse otra vez (Vals del perdón). Son estas las canciones en que, sin nombrarla, más claramente aparece Annick, aunque es probable que también protagonice muchas otras. No sé cómo es, creo que nunca la he visto ni en fotos, pero qué pedazo de mujer. Vaya desde aquí nuestra honda admiración, Annick.

Javier Krahe - Toser y cantar
Toser y cantar (2010)

Como de alguna manera habrá que ir terminando, corresponde elegir una pieza que sea especial y ponga digno colofón a esta serie. Vamos con algo de crítica social, asunto del que tantas veces se ha ocupado Javier Krahe sin ponerse ningún límite. Si había que meterse con el gobierno, los jueces, la iglesia, los militares o los poderosos, así en general, pues iba y lo hacía, pero si en alguna ocasión era necesario personalizar un destinatario para sus dardos, también concretaba sin mayor problema, ya se tratara de un alcalde o presidente, de Leonard Cohen o del mismísimo Papa (“yo es que me crispo con el obispo ese de Roma, ¿por quién se toma?”). En este caso se marcha bastante lejos, como si prefieriese andarse por las ramas, pero nada más lejos de su intención. Cuando Krahe critica lo que ocurre en las Antípodas aquí al lado no queda títere con cabeza.

Javier Krahe - Dolor de garganta
Dolor de garganta (1999)

En las antípodas todo es idéntico, idéntico a lo autóctono”, una frase genial que podría servir como tesis para un tratado general sobre la naturaleza humana. Y empezando por ahí, cada uno de los versos es para enmarcar. Krahe va hilvanando observaciones a cual más aguda sobre sinsentidos de la vida cotidiana y logra redondear una letra absolutamente magistral. Y, quizá por ser la canción que abría su primer CD con 18 Chulos, se nota que en esta grabación tuvo que haber pasta. Un montón de instrumentos de viento rematan la canción con un arreglo de big band en plan Sinatra que le da un aire grandioso como nunca tuvo en su carrera. Todo muy lujoso, sí, pero diría que el ingrediente de más valor es con diferencia el uso de las esdrújulas, pues la crítica social parece mucho más crítica cuando se rima en esdrújula. Apóstatas, fanáticos, súbditos, catedráticos, escépticos, pusilánimes, indígenas, energúmenos, sancristóbales… escuchen, escuchen y no se pierdan ni una. Qué grande el Krahe.

Aquí lo dejamos, en todo lo alto. Tengo la impresión de haberme puesto un poco pesado hablando y hablando de Krahe sin parar. La intención era recuperar algunas buenas canciones y letras suyas de esas que piden entrecomillado, pero son tantos los recuerdos… Les pido disculpas y ya mismo me callo para que puedan ustedes escuchar tranquilamente a Javier Krahe, la mejor manera de llenar el vacío que deja. En los párrafos de más arriba pueden encontrar un buen montón de títulos para seguir en su compañía, por si les apetece. Fíjense que este mes de julio un servidor pensaba escribir sobre Ramoncín y los Rolling Stones, pero ocurrió lo de Krahe y tuve que cambiar de planes de forma radical. Ya acaba julio, poco a poco iremos volviendo a los monstruos del rocanrol.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. I y Unas lagrimillas por Krahe vol. II.

Unas lagrimillas por Krahe vol. II

Lunes, 27 de julio de 2015.-
Aunque en el texto anterior me propuse evitar las canciones más sobadas de Krahe, acabé poniendo Marieta, anda que… Me fastidiaba que en el aluvión de condolencias publicadas por los famosos de turno en la red social del pajarito (esa que Calamaro rebautizó como Tweety) todo el mundo intentara quedar bien poniendo una frase de las mismas cuatro canciones de siempre. Eso sí, nadie mencionó a Marieta, que no hay nada peor que ir uno con su corona y quedar “como un gilipó – llas, madre”.

Sin ánimo de generalizar, es posible que muchos de los que dieron su pésame de 140 caracteres no hayan escuchado a Javier Krahe en los últimos treinta años, que no pasaran del repertorio del primer disco más La Mandrágora. Cuando en aquella época Joaquín Sabina decía en las entrevistas que quería aproximarse al rock, Krahe respondía que él se veía más evolucionando hacia el vals. La etiqueta de que su música era aburrida fue cuajando, la gente fue perdiendo el interés y ya casi nadie escuchó el segundo disco, que casualmente es uno de los mejores. Contra lo que decía el tópico, musicalmente era bastante entretenido: desde una jota-blues para homenajear a Luis Buñuel hasta esta de aquí debajo, que empieza con un cierto aire a película de romanos, como de superproducción de Samuel Bronston.

Aquí tienen otra de sus especialidades: la temática cristiana en general y bíblica en particular. Hay que decir que cuando Javier Krahe se adentraba en el terreno de la sátira religiosa solía dejar claro que sabía bien de lo que hablaba, nada que ver con los analfabetos de turno que practican el insulto zafio solo por emponzoñar el ambiente. Krahe ponía cuidado en encontrar el tono adecuado, demostrando que hasta para ser sacrílego es preferible guardar las formas. En Los caminos del Señor, otro ejemplo de este mismo disco, ambienta el relato en una parroquia demostrando que sabía orientarse por el interior del templo y exhibiendo conocimientos en santoral, liturgia, clero y hasta en la mecánica del confesionario y los donativos. Y en Esaú, la que suena, se atreve con un drama familiar del Antiguo Testamento, aclarando que si Jacob llegó a ser patriarca del pueblo judío fue porque primero timó a su hermano con el plato de lentejas y luego engañó a su padre Isaac haciéndose pasar por Esaú para que le diera su bendición, ya saben, se puso una piel de cordero para confundir a papá, que ya estaba medio ciego, qué bajeza. Pero lo que más me gusta de esta canción es cómo soluciona Krahe el problema de las rimas… ¿con que rimar si no Esaú y Jacob? Pues partiendo palabras por la mitad, otro de sus trucos favoritos para nunca renunciar a la rima consonante: “Todos los días Esaú / vendes tu primogenitu- / ra por un plato de lentejas / luego te quejas”. Y en el caso de Jacob: “Mira que fácilmente te ob- / nubila tu hermano Jacob”.

Javier Krahe - Aparejo de fortuna
Aparejo de fortuna (1984)

Si este segundo disco es tan variado en lo musical y tan rico en arreglos es porque, huyendo del estigma del cantautor-tostón, Javier Krahe empezó a rodearse de musicazos de jazz como Andreas Prittwitz, Fernando AnguitaJimmy Ríos. A modo de burla, hasta colaron un solo de batería sin venir a cuento en mitad de Un burdo rumor, grabada aquí en estudio por primera vez. Un disco más tarde apareció Javier López de Guereña y poco a poco fue ocupando el sitio del guitarrista Antonio Sánchez, el cuarto hombre de La Mandrágora.

Krahe. Sabina, Pérez y Sánchez - La Mandrágora
Como Sánchez no cantaba no salió en la foto

Andaba Antonio Sánchez tan atareado tocando y componiendo con Krahe y Sabina, fundando su propia Académica Palanca y yendo a la SGAE a cobrar el cheque que le correspondía como coautor de Pongamos que hablo de Madrid que, harto del pluriempleo, acabó centrándose en su propio proyecto. Total, que Guereña empezó como segundo guitarra, luego fue productor y finalmente se convirtió en mano derecha de Krahe hasta el final. También Prittwitz y Anguita han sido inseparables todos estos años… vamos, que no tenía grupo, no hacía giras, pero estos tipos se divertían tanto tocando con él que cada vez que Krahe los llamaba volvía a reunirse la banda. Aquí no se ve, pero se nota.

Porque, ¿qué posibilidades podrían tener unos músicos como estos de interpretar una canción dedicada a la geometría? Solo con Krahe, sin duda. ¿Qué Krahe les pide unas notas que evoquen “el Quattrocento, en los confines de la Umbría y la Toscana”? Pues ellos van y lo hacen. Y además se marcan unos coros en plan gamberro a la mayor gloria de Piero della Francesca y de paso hacer más ameno el repaso a las figuras geométricas favoritas del cantante, que ya podemos imaginar que cuando Javier Krahe opina sobre el pentágono, las altas esferas, las pirámides, el cuadrilátero, las paralelas, los óvalos y los conos está como siempre refiriéndose a sus propios asuntos.

Javier Krahe - Cábalas y cicatrices
Cábalas y cicatrices (2002)

Sus anteriores grabaciones en directo, La Mandrágora y Elíjeme, ya incluyeron canciones sueltas hasta entonces inéditas, pero Javier Krahe nunca había grabado un concierto entero de canciones nuevas. Para este Cábalas y cicatrices alguien tuvo la feliz idea: si el estreno de canciones ante su público es uno de los puntos fuertes de este artista, pues qué mejor que publicar un concierto enterito de repertorio aún no grabado. Y si el tipo en cuestión era un maestro conversando con la gente antes y después cantar, pues se graba también la charla entre canción y canción. Resultado, una delicia que captura la magia que solía conseguir el Krahe cuando actuaba en sus garitos habituales, esta vez el Café Central para más señas, cuál iba a ser si no. No tiene desperdicio, aquí lo pueden comprobar de principio a fin. Años después, también con resultados estimables, repitió la fórmula en el disco Querencias y extravíos, grabando esta vez el recital en el Café España de Valladolid, lo que tratándose de un tipo tan madrileño puede considerarse una extravagancia. Curiosamente tuvo que volver a su querido Café Central para dejar un último testimonio de sus conciertos en forma de CD.

Javier Krahe en el Café Central de Madrid
Javier Krahe en el Café Central de Madrid (2014)

Bueno, CD y como novedad también DVD. Se publicó en diciembre de 2014 como parte de una campaña de protesta por los rumores de cierre que acechaban a este local, un cierre que finalmente no se produjo. Vamos a pensar que Krahe puso su granito de arena con el disco. La actuación grabada era de un año atrás, de cuando andaban presentando el repertorio de Las diez de últimas, el disco anterior. Por esa razón no tiene ninguna canción nueva, quedando para la posteridad como un emotivo documento del tramo final de su carrera. Aquí lo tienen: Javier Krahe en su garito predilecto interpretando en su último disco en directo una canción de su último disco en estudio. Ahí queda eso.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. I y Unas lagrimillas por Krahe vol. III.

Unas lagrimillas por Krahe vol. I

Sábado, 18 de julio de 2015.-
Qué tío el Krahe, siempre tan puñetero. ¡Mira que morirse en pleno mes de julio! Era el peor mes posible para dejarnos huérfanos de sus canciones, así que ahora estamos en plena ola de calor repasando su discografía, que no pega nada con la temperatura. Lo demostrararé con unas cuantas canciones por las que tengo debilidad. No son las típicas Villatripas, La hoguera, Un burdo rumor ni El cromosoma que ahora todo el mundo menciona (“Van de boca en boca, son la comidilla”). También me gustan, claro, pero se han citado ya tanto que prefiero otras más selectas, esas en las que alguna vez descubrí una frase digna de ser memorizada para después atizársela a cualquier incauto a las primeras de cambio. Canciones que son “harina de otro costal”.

Huevos de corral tiene una estructura muy común en las letras de Krahe: un tema general (en este caso: usos y costumbres que en tiempos de Franco eran más auténticos), un tema concreto por estrofa (1ª: la religión: “hostias de corral”; 2ª: el parlamento: “leyes de corral”; 3ª: el sexo: “polvos de corral”; 4ª: los entierros: “fosas de corral”), rimas repetidas (por ejemplo: costal-corral”), penúltimo verso sobre su propia experiencia en el asunto (“yo ya/no lo he probado”) y verso final desternillante (muy bueno el de la 3ª estrofa: “no me extraña que / tanto ojete esté / a la virulé”). Desde que la escuché por primera vez le tengo especial debilidad. Seguramente fue en directo, pues es de una época en que todavía duraba el veto a Javier Krahe, de forma que sus discos solían hacerse esperar más o menos un lustro y sus conciertos se celebraban en catacumbas. Recuerdo que una vez lo vi en los sótanos del Teatro María Guerrero para quitarme el mono. Como publicaba poco, su repertorio de directo solía estar repleto de canciones que todavía no habían sido grabadas y por ejemplo este Huevos de corral llegó a hacerse popular mucho antes de ser incluida en Versos de tornillo. Recuerdo que escuchar en vivo una letra nueva de Krahe provocaba una sensación de vértigo, cada frase era una aventura en la que no sabías el quiebro con que te iba a sorprender el autor. Esta en concreto conseguía al final de cada estrofa la carcajada del público en un in crescendo perfecto: risas de grado uno para la primera estrofa, luego de grado dos, grado tres y por fin la risotada de grado cuatro para la última rima: “me imagino que / más de uno se fue / por el w.c.”. Esta y la del ojete, siempre tan celebradas en sus conciertos, me las apunto en la antología de frases favoritas.

Javier Krahe - Versos de tornillo
Versos de tornillo (1997)

Distanciado cuatro años desde el anterior, este CD fue el último que publicó Lollipop, discográfica que le sirvió para ir tirando en los malos tiempos. Después todo fue yendo a mejor con 18 Chulos, el sello creado a modo de cooperativa para que gente como Wyoming, Pablo Carbonell, Javier Ruibal y el propio Krahe pudieran grabar sus discos cuando les viniera en gana. Qué casualidad, se tuvo que marchar Felipe González de La Moncloa para que esta panda de amiguetes fundara la empresa que los liberaría de toda atadura. Aunque los políticos del PP suelan llevarse de calle el título de enemigos de la libertad de expresión, si hablamos del Caso Krahe la ecuación es bien simple: cuanta más pasta manejaban los ayuntamientos del PSOE más férreo fue el veto a Javier Krahe. Mientras el artisteo más próximo al establishment vivía de lujo gracias al generoso reparto del presupuesto en fiestas patronales, Krahe se quedaba a dos velas. Es que a quién se le ocurre relacionar a Manitú con el presidente González, el mismo que con el tiempo llegaría a ser conocido como El Dios entre sus propios ministros. Esa etapa de desconcierto se tuvo que hacer bastante cansina, lo que se releja en algunas letras que rezuman escepticismo, también político.

He aquí otra frase para enmarcar: “Un viejo residuo / tengo de individuo / que en vez de a la cola de ir a votar / me lleva al bar”. Toma ya, otra lección para los compañeros de profesión más proclives a poner su firma en manifiestos (*). Vaya por delante pertenece a su tercer disco, el último que hizo bajo el paraguas de la todopoderosa CBS. En el momento en que ocurrieron los sucesos de Cuervo ingenuo tuvo que cundir el pánico en los despachos de la major y no supieron qué hacer con el apestado. Cuando en el mundo civilizado un artista es atacado por el gobierno, su discográfica pone en marcha la maquinaria promocional para hincharse a vender discos, pero amigos, esto es España. Bloqueada por sus miedos y cortedad de miras, nuestra CBS optó por evitar problemas y pasó totalmente de Javier Krahe.

Javier Krahe - Corral de cuernos
Corral de cuernos (1985)

Aunque, bien mirado, antes de que el gobierno del PSOE le censurara ya se había adelantado CBS mutilando una de sus canciones. En Corral de cuernos aparecía una especie de himno raro dedicado a Madrid titulado El hombre y el oso y el madroño, que en el estudio perdió de cuajo su última estrofa, total por un “tú pásame la chi-na-na chi-na-na chi-na-na, tú pásame la chi-na-na que vamos a fumar” a ritmo de chotis. Esa es otra de sus señas de indentidad: incluir estridencias que causaran impacto en boca de un señor tan serio como él. Así fue desde el principio, no en vano el salto a la fama le llegó a Krahe por el camino de la palabra gruesa: Marieta=gilipollas y San Cucufato=cojones fueron los platos fuertes de su primer disco. Y aquella vez a los amos de CBS no les importó, o quizá no se enteraron.

Javier Krahe - Valle de lágrimas
Valle de lágrimas (1980)

Disculpen, pero ya ha sido bastante cansado tratar el asunto político como para toparse ahora con la iglesia, que es lo siguiente que toca al tratarse de otro de los temas recurrentes de su cancionero. Mejor lo dejo por hoy, que hace mucho calor. Haré una pausa para echar unas lagrimillas por Krahe, las de la portada de su primer disco, mientras escuchamos la canción fundacional de su carrera, la que interpretó en el programa de Tola ante millones de espectadores convirtiéndose en el primer ser humano que se atrevió a decir “gilipollas” en TVE sin apenas pestañear. Aquí tienen la versión en directo de 1988, con la banda desparramando un divertido arreglo como de orquesta de pueblo.

(*) Un apunte de agosto de 2015: Mientras seguía escribiendo leí cosas muy bonitas sobre Javier Krahe, y como lo de A70 ha sido cualquier cosa menos una necrológica, les enlazo una que me emocionó especialmente porque mencionaba la ternura como característica fundamental de sus letras, algo que nunca se me habría ocurrido. Aquí me enteré de que en su etapa final Krahe abandonó sus férreos principios abstencionistas y decidió apoyar con su voto a un partido de nuevo cuño, incluso permitió que su líder más prominente se subiera al escenario de Galileo a cantar con él. Qué pena dio ver a nuestro querido Krahe dejándose utilizar por un tipo tan ávido de poder, pero lo interpretaremos como un episodio más de esa sagrada manía suya de hacer en cada momento lo que le diera la real gana. Según dijo, ni su voto ni su apoyo eran incondicionales. Mi impresión es que Krahe les habría dado su merecido en forma de canción en caso de que se acomoden en sus poltronas, pero eso ya nunca lo sabremos. Por eso siento vergüenza ajena de las Carmenas, los Iglesias y hasta el tontaina ese de IU que han intentado apropiarse de la figura de Krahe con su oportunismo tuitero. Qué gente tan ventajista, saben que Krahe ya no les puede responder con una rima.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. II y Unas lagrimillas por Krahe vol. III.

Este otoño Krahe no toca en Galileo, en fin de año tampoco estará en el Café Central

Domingo, 12 de julio de 2015.-
No lo echaremos de menos este verano. Javier Krahe era el único cantante conocido que se negaba a hacer galas en esta época, decía que el verano es para descansar. Se iba a su playa de Cádiz a componer, a charlar con los lugareños y cargar las pilas para el otoño y, a partir de ahí sí, lo teníamos una vez al mes en Galileo, en Clamores y en su particular circuito de bares que fue conquistando por toda España. Una vez los ganaba para la causa se convertían en cita obligatoria año sí y al otro también, así que ahora en muchos sitios habrá una fecha vacía en el calendario.

La pasada madrugada murió de un infarto, según ha contado Pablo Carbonell. Ya tiene mala pata, pues hace unos meses ya le tocó comunicar la misma mala noticia sobre Pedro Reyes, otro amigo del alma. En estos momentos fúnebres podría quedar bien una canción seria como Sábanas de seda o ese Nos ocupamos del mar tan poético del que hace poco se acordó Fito Cabrales. Pero no, el Krahe se merece un funeral al menos tan ruidoso y festivo como el de B.B. King, así que vamos con ese Javier Krahe costumbrista e irreverente que tanto nos molaba.

Se preguntarán ustedes qué hace Javier Krahe en un sitio dedicado al rocanrol de los setenta. Puede que sea una de mis rarezas, pero tengo la casa llena de discos de rock… y entre ellos todas las grabaciones de Krahe sin saber muy bien dónde colocarlas. En tiempo inmemorial mis amigos y yo, haciendo un hueco como podíamos entre tanto concierto de Ñu y de Siniestro Total, teníamos la sana costumbre de acercarnos a la sala Galileo a ver al Krahe al menos una vez al año. Y alguna vez, como cosa extraordinaria, conseguimos asiento en el Café Central en esa última semana del año en que era tradición que llenara hasta los topes el mítico local de jazz cinco días consecutivos. En algún momento se rompió la racha cuando empezamos a complicarnos la vida con trabajos, bodas y bautizos, pero cada víspera de navidad al intercambiar participaciones de lotería surgía sin remedio la misma pregunta: ¿y si vamos la semana que viene al Central a ver a Javier Krahe? El típico buen propósito de difícil cumplimiento, que esas suelen ser fechas de mucho impedimento familiar.

Homenaje a Javier Krahe …Y todo es vanidad
…Y todo es vanidad. Homenaje a Javier Krahe (2004)

Javier Krahe ha seguido sacando discos todos estos años, la pena es que lo último que se recuerde de él sea lo de la polémica por el dichoso crucifijo cocinado al horno. La historia se repetía para Krahe, que al ser un ácrata no integrado en la ceja podía ser vetado tanto por un lado como por el otro. Se le notaba bastante tocado por sus idas y venidas al juzgado y, una vez más, molesto por la traición (otra) de los amos del progresía. Tengo la película, venía como DVD extra en su disco de homenaje. Era una imagen que salía un poco de pasada, puede que fuera ofensiva, pero no tanto si lo ponemos en su contexto: eran una especie de prácticas de realización cinematográfica todavía con el Caudillo vivo, cuando uno se jugaba los huevos. Lo que ocurrió es que de todo el documental a los graciosillos de Lo + Plus se les ocurrió extractar justo esas imágenes. Como pueden ver en el enlace, había cosas mejores y más divertidas, pero en Cuatro jamás se desaprovecha una buena oportunidad de mofarse de la Iglesia Católica. Todo muy injusto, con lo respetuoso que fue siempre el Krahe cuando se burlaba de la religión. Polanco se lavó las manos, le declaró persona non grata (igual que en el 84 cuando lo de Cuervo ingenuo) mientras reía la gracieta a Pradera y a Schwartz (o puede que ya fuera en época Arangüena). Mi duda es si los integristas católicos que la tomaron con Krahe se equivocaron de objetivo al ir contra el autor, en realidad uno de los coautores, o quizá es que no se atrevieron a perseguir abiertamente a los responsables de la difusión. Ay Polanco, qué miedito que daba.

Volviendo a la música, los adictos a las rimas de Javier Krahe podemos citar de carrerilla diez o doce canciones en las que él ironizaba sobre su propia muerte. He elegido ésta por enlazarlo de alguna manera con el mundillo del rocanrol y hay que decir que Rosendo la bordó cantando de una manera muy atípica para él.

Lo siento Manolo, pero me temo que este año tampoco veremos al Krahe en el Café Central. Como buenos ateos, rogamos una oración por su alma.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El sonido del silencio”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de diciembre de 2011.

La película de Smash, la película de Julio Matito

Sábado, 20 de junio de 2015.-
Como ya saben de la anterior lectura, el éxito de Smash fue efímero y su corta carrera dejó un legado más bien escaso en grabaciones, sesiones fotográficas y material audiovisual. Para rematar el relato interrumpido en 1973 damos un salto hasta 1979, momento en que pudo concretarse el regreso del grupo. Fue Ángel Casas quien obró el milagro de reunir a los Smash originales excepto Henrik para tocar juntos en Musical Express, programa de TVE de la factoría de San Cugat.

Viendo aquí a Gualberto, Julio y Antoñito en plan power trío se puede uno imaginar que, transcurrido un lustro desde que tiraran la toalla, esta gente quizá estaba un poco arrepentida de las decisiones tomadas entonces y necesitaba volver a sentir la excitación de tocar en un grupo de rock. El punto álgido de Smash les proporcionó un prestigio y reconocimiento al que, no nos engañemos, ni llegaron a acercarse con sus proyectos en solitario. Ellos habían sido grandes cuando la industria del rock en España era casi inexistente; ahora que parecía que empezaba a salir del subdesarrollo era de justicia que reivindicaran su sitio. Tal vez funcionarían bien con este enfoque progresivo y a la vez hardroquero, que ahí es donde parecía haberse desplazado la mayor parte del público. Capacidad como instrumentistas tenían de sobra y la aptitud vocal de Julio Matito también quedaba muy por encima de tanto Ian Gillan de pacotilla como andaba por aquí pegando gritos sin ton ni son. Vamos, que la reunión de Smash más allá de su actuación en Musical Express estaba casi confirmada, según asegura Ángel Casas en la película. Ah, que ya casi se me olvidaba, existe una película dedicada a la historia de Smash donde se explica todo esto con absoluta nitidez y verdadera devoción por el grupo.

Gervasio Iglesias - Underground, la ciudad del arco iris
Underground, la ciudad del arco iris (2003)

Si no la han visto, pónganla entre sus tareas pendientes: la estupenda Underground, la ciudad del arco iris es una rareza deliciosa dentro el raquítico panorama del cine documental sobre rock en España. No sé si se comercializó lo suficientemente bien como para todavía encontrar una copia por algún sitio, si no aquí pueden verla cazada al vuelo en el Canal Historia, aunque la imagen de este enlace es tan deficiente que no sé si merece la pena. La dirigió Gervasio Iglesias, quien ante la falta de material original tiró de imaginación adornando la narración con animaciones digitales y actores vestidos al modo de la época. Les doy otra pista para conseguirla: se incluyó como DVD extra en una reedición en digipack de un recopilatorio de rock andaluz, Duende eléctrico, al que se cambió el nombre para la ocasión.

Hijos del agobio y del dolor
Hijos del agobio y del dolor (2006)

Underground merece mucho la pena. Recupera imágenes inéditas o poco conocidas de Smash y las ubica con precisión en su contexto con los testimonios de todos los protagonistas. Bueno, de todos los protagonistas menos Julio Matito, que ya no estaba para contarlo. Cada Smash tenía su propia película, a cual más interesante, pero la de Julio llega al corazón por su desgraciado final. Siempre que se le menciona queda claro que era un tipo especial, querido por todos. Manuel Molina, que al ser el último en llegar era quizá el que podía apreciarlo con más claridad, señala a Matito como motor creativo del grupo. Él era el que tenía el impulso de tirar hacia adelante y, dado lo mucho que era apreciado por todos, era capaz de conseguir que cada Smash pusiera lo mejor de sí en beneficio del proyecto común. Cuando el grupo se deshizo, y esto ya lo cuenta su mujer, el desengaño fue tan grande para Julio que decidió apartarse por completo de la escena artística. Por lo visto se retiró a un chiringuito en la playa de Chipiona, donde hizo amistad con un tipo que le animó a meterse en política. Qué poder de convicción no tendría que consiguió que volviera a colgarse la guitarra, actuando en actos del partido, componiendo el himno del PSOE para la campaña de 1977 e incluso grabando un LP en solitario que se distribuyó exclusivamente en las sedes del partido.

Julio Matito - ¡Salud!
Con Pablo Iglesias en la portada, pero el de verdad

El sujeto en cuestión tuvo cierta importancia posterior en el panorama político, era un tal Felipe González, pero Matito tampoco debió de sentirse a gusto con el meteórico ascenso de su amigo hacia el poder, factor decisivo que lo distanció de la política y le impulsó a volver al redil del rocanrol. Y en este punto regresamos al comienzo, a la mítica actuación de Musical Express, en la que para redondear la jugada también participaron unos Lole y Manuel ya con estatus de celebridades.

Estremece ver estas imágenes sabiendo que fue la última aparición pública de Julio Matito antes del accidente. Según cuenta Ángel Casas, él fue quien le propuso largar su estancia en Barcelona para grabar la entrevista que acompañaría la actuación. Al final no hubo entrevista, pues la carretera se cobró la vida del músico antes de que diera tiempo a nada más. Una pena sobre todo por él, que es lo que se dice siempre, porque aunque quede feo es inevitable lamentar la pérdida de esos Smash renacidos que podían haber sido realmente grandes. A juzgar por lo que grabaron para la tele la cosa tenía una pinta estupenda, incluso parece que se iban a atrever por fin con las letras en castellano.

En parte recordé todo esto porque los de Ochéntame otra vez, el programa de nostalgia ochentera que desempolva los archivos de TVE, dedicaron un capítulo al nuevo flamenco. La parte que se refería a Smash se ilustraba sobre todo con escenas de La ciudad del arco iris y con declaraciones actuales de Manuel Molina que, avatares del destino, también se emitieron solo unos días antes de su reciente fallecimiento. Salvando las distancias, lo mismo que ocurrió con Julio Matito.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Tragedias del rocanrol vol. III: Phil Lynott”, que fue publicado originalmente el domingo 2 de enero de 2011.

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