Rebel Rebel multiplicado por mil

Miércoles, 30 de noviembre de 2016.-
El pasado mes de agosto me emocioné un poco viendo una noticia de esas que usan para rellenar el final de los telediarios. Pueden pensar si quieren que fue un arrebato de lágrima fácil síntoma de la maldita senilidad que se nos echa encima. No digo que no, porque esto que van a ver quizá removió algún recuerdo de un pasado esplendoroso en que éramos roqueros e invencibles.

Esto sucedió este verano, lo que podría interpretarse como un clavo ardiendo al que agarrarse para proclamar que el rock aún no ha muerto. No son estrellas del rock, es gente normal llegada de todas las partes del mundo como indican las banderas que cuelgan de los bombos de las baterías, con mayoría de italianos ya que la convocatoria de la cosa fue el 24 de julio en un estadio de fútbol de Cesena bajo el nombre de Rockin1000 That’s Live. Vamos, que por lo menos estos mil músicos más otros cuantos miles de espectadores que llenan las gradas encontraron un rato para una celebración de rocanrol entre las miles de horas que hay que dedicar a atender el meil, el feisbuc, leer chistes en el móvil, reenviarlos y, si queda tiempo, capturar algún Pokémon. Teniendo todo esto en cuenta no me digan que no resulta emotivo escuchar decenas de guitarras escupiendo ese riff de Rebel Rebel que va flotando sobre los golpes con que montones de baterías atruenan aporreando a la vez hasta que empieza la parte cantada por un coro de cientos de tíos y tías que acaban gritando el estribillo a garganta limpia. Puff…

David Bowie - Diamond Dogs
Diamond Dogs (1974)

Y qué pedazo de canción, no creo que haya ninguna más apropiada para un evento así. Aunque todo el repertorio escogido era de lo más efectista, esta de cuando Bowie mutó en perro diamante les quedó especialmente redonda… y todas las demás un escaloncito por debajo. Fíjense lo que eligieron: superclásicos de toda la vida como Come Together y Jumpin’ Jack Flash; otros más recientes como la Bitter Sweet Symphony de The Verve, la muy futbolera Seven Nation Army de los White Stripes y las que ustedes se pueden imaginar de Nirvana, Blur y The Black Keys; en el apartado de himnos metaleros Born To Be Wild, Sweet Child O’Mine y un It’s A Long Way To The Top que sirvió como excusa para que un par de docenas de gaiteros se unieran a la fiesta; y para gozo de los guitarristas, que por lo menos serían quinientos, un medley instrumental con retazos de Purple Haze, Black Dog, Communication Breakdown, Whole Lotta Love, etc, etc, etc. Pero en el origen de toda esta historia la canción fundamental es Learn to Fly. Notarán que cambia el escenario, más que nada porque esta quedada en el campo se produjo en 2015, justo el verano anterior.

Cesena es una capital mediana por la que supongo que las grandes giras de rock suelen pasar de largo. Resulta que de allí es un tal Fabio Zaffagnini, un tío muy fan de los Foo Fighters, quien harto del ostracismo roquero que sufre su ciudad tiene una ocurrencia genial para conseguir que su grupo favorito les visite. Decide montar la banda de rock más grande de la historia para interpretar una sola canción, una especie de karaoke gigantesco concebido como un reto brutal para un destinatario concreto: señor Dave Grohl, queremos que venga con su grupo a tocar a nuestra ciudad. Como solía decir otro italiano famoso, era una oferta que no podría rechazar. Así que el bueno de Fabio pone de acuerdo a los mil músicos, lo graba en vídeo, lo sube a youtube y arrasa con decenas de miles de visitas en pocos días.

Foo Fighters - There is Nothing Left to Lose
There is Nothing Left to Lose (1999)

Cuando Dave Grohl ve lo que han hecho con su Learn to Fly, el tío se enternece y no tiene más remedio que rendirse. Anuncia que hará un hueco en su gira europea del siguiente otoño para añadir una fecha en Cesena e interpretar esa misma canción en agradecimiento a toda esa gente. Aquí lo tienen.

El sueño de los fans de Cesena pudo hacerse realidad, no así los de quienes los esperaban ver en los últimos cuatro conciertos de la gira. Una semana después, las matanzas de París obligaron a suspender las citas de Turín, París, Lyon y Barcelona, que después de lo de Bataclán no estaba la cosa para mucho concierto. Pasados unos meses, ya más tranquilos, esta gente del Rockin1000 volvió a juntarse en Cesena, esta vez para marcarse todo un concierto completo y disfrutar con el Learn to Fly, el Born To Be Wild, el Jumpin’ Jack Flash, el Smells Like Teen Spirit y ese Rebel Rebel que no estuvo nada mal como homenaje en el año en que murió Bowie. Creo recordar que lo que se publicó en A70 quedó un poco amargo, así que no viene mal volver a reivindicarle aquí su faceta más roquera.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Nuestro enemigo David Bowie”, que fue publicado originalmente el lunes 18 de enero de 2016.

Summertime Blues

Domingo, 06 de noviembre de 2016.-
Tristeza de verano, traducción aproximada que podríamos interpretar con un tinte de nostalgia por esa estación del año de la que ya no queda ni rastro. El calor se resistió a aflojar, lo que nos sirvió como excusa para prolongar algo más de la cuenta el letargo de A70, que es como la marmota Phil de Punxsutawney pero al revés. Ahora que todos los animalitos de Pensilvania se fueron a dormir, llegó el momento de ponerse manos a la obra.

Viene a cuento este clásico de Eddie Cochran porque fue objeto de alusiones en el blog donde solemos matar el gusanillo durante los meses de verano, nuestro otro blog. Allí se mencionaron adaptaciones al español y algún megaéxito doméstico vagamente emparentado (abajo del todo pongo enlaces), pero como esos textos no se apoyaron exactamente en la versión original aquí comenzamos escuchándola como es debido.

Eddie Cochran - 12 of His Biggest Hits
12 of His Biggest Hits (1960)

Ni que decir tiene que el Cochran genuino fue un descubrimiento tardío, más allá de que se lo hubiésemos oído mencionar a algún rocker del barrio. Los roqueros de base sentíamos bastante respeto por los rockers de verdad, los que se esculpieron tupés a cincel durante la moda del rockabilly, porque ellos sabían cosas que nosotros aún no podíamos ni sospechar. Mientras todavía andábamos aturdidos por el ruido ambiente provocado por el macarrismo musical del momento ellos citaban con soltura nombres míticos procedentes de la noche de los tiempos, conocían el paleolítico del rocanrol y además eran capaces de distinguir el grano de la paja… pero lo que más nos extrañaba era la chulería con que ponían a Cochran y Gene Vincent en todo lo alto del olimpo del rock, por encima incluso de Elvis y de Chuck Berry. El caso es que pese a nuestra juventud desaliñada muchos éramos estudiosos y aplicados, gente seria que por habernos subido al carro del rocanrol casi treinta años después de que arrancara asimilábamos con apetito todo lo que nos habíamos perdido. Pronto descubrimos que igualarse en conocimientos a aquellos rockers no era tan difícil, que simplemente eran un poco fantasmas, aunque entrañables. Nunca estaríamos a la altura de esas pintas tan fastuosas que lucían con arrogancia, pero pudimos aprendernos todo el rock de los 50 en un santiamén sin sentir vergüenza por nuestros vaqueros desteñidos y camisetas de Discoplay. En concreto el nombre del tal Eddie Cochran nos llegaba desde montones de direcciones distintas, por ejemplo esta.

Por los Rolling Stones supimos de Twenty Flight Rock y Rod Stewart nos descubrió Cut Across Shorty. Sid Vicious y los Pistols pusieron el toque punkarra a Somethin’ ElseC’mon Everybody y algo más tarde, desde su cofradía sevillana, Silvio y Sacramento se marcaron una deliciosa adaptación de Three Steps to Heaven. Gente de todo pelaje, como pueden ver. Pero déjenme decirles que fue The Who el grupo que mejor supo traerse a Cochran a nuestro terreno. Sería un clásico del rock de los 50, pero sonaba de maravilla amplificado a la manera del rock de masas. Lo tocaron en todos los grandes festivales de la época y lo fueron haciendo cada vez más pesadote a medida que avanzaban los 70, imprescindible en su repertorio desde que quedara inmortalizado en su disco en directo más memorable.

The Who - Live at Leeds
Live at Leeds (1970)

Si la de los Who es la versión más famosa, la canción que Silvio cantó en misa y repicando tenía un significado especial, pues hablaba de estar unos pasos cerca del cielo con la desgraciada circunstancia de que fue el single póstumo de Eddie Cochran. Su historia fue bien triste, muerto a la manera James Dean dejando un bonito cadáver de 21 años, con un solo LP y un buen puñado de éxitos en formato pequeño que enseguida se recuperaron para el 12 of His Biggest Hits cuya foto pusimos más arriba. Había cruzado el charco para conquistar Inglaterra animado por Gene Vincent, pero un accidente camino de un aeropuerto acabó con Eddie y dejó a Gene tullido y amargado. Las actuaciones que dieron antes de la tragedia dejaron huella en los fans británicos, como demuestran todos los ejemplos que mencionamos en el párrafo anterior y que unos primerizos Beatles tocaran Twenty Flight Rock en The Cavern y en Hamburgo mucho antes que los Stones. Con el tiempo Cochran también fue profeta en su tierra, con artistas tan variados como New York Dolls o Bruce Springsteen reivindicando su repertorio, pero creo que el primer grupo estadounidense de rock potente que lo hizo fue este.

Blue Cheer - Vincebus Eruptum
Vincebus Eruptum (1968)

Decíamos que los Who utilizaron el Summertime Blues como bandera en cada festival donde tocaron: 1970 en Isle of Wight, 1969 en Woodstock y 1967 en Monterey. Por la proximidad de fechas, seguro que los californianos Blue Cheer escucharon la versión de The Who en Monterey y le dieron una vuelta de tuerca para que abriera como es debido su primer LP.

Pasan los años y la brutalidad de Blue Cheer nunca deja de asombrar. En principio era un grupo psicodélico, pero a la hora de la verdad se apuntaron a la moda del power trío y por esta salvajada se les suele mencionar como precursores de Black Sabbath y cosas así de heavys. Es muy posible que la influencia con los Who fuera de ida y vuelta, pues seguro que Pete Townshend asumió lo de Blue Cheer como un reto y acabó retorciendo el Summertime Blues hasta límites insospechados. Además, en esta toma que perpetraron en la televisión alemana el realizador tampoco se quedó corto con todo tipo de zooms enloquecidos e imágenes superpuestas. Recuerdo haberla visto por primera vez en alguno de esos programas que se marcaban Diego Manrique o Carlos Tena en La 2, cuando la circulación de material audiovisual era tan escasa que la emisión de semejante joya del Beat Club alemán en nuestra tele pública era todo un acontecimiento. Y últimamente me he vuelto a encontrar a los Blue Cheer en el garage de Little Steven, lo que nos devuelve al punto exacto en que lo dejamos justo antes del verano.

Más información sobre el asunto en el blog Tonterías de Verano: “Eva María: Esto se parece mucho al Summertime Blues” y “Una noche de verano: Ahora sí, el Summertime Blues a la española”, publicados en agosto de 2016.

El garage subterráneo de Little Steven

Jueves, 30 de junio de 2016.-
Como en los meses de calor es conveniente alejarse lo más posible de pantallas y teclados, ya les aviso que con esta entrega cerramos temporada. Uno de los lugares donde puede uno esconderse a escuchar buen rocanrol es el Underground Garage de Little Steven. Les confieso que su programa de radio es hace tiempo una de las principales fuentes de inspiración de A70. Por ejemplo, por descubrirnos canciones como esta.

La gente roquera de mi generación nunca se interesó demasiado en escuchar a Procol Harum, suponiendo que poco interesante podía haber detrás de unos blandengues a quienes se solía endosar la etiqueta de one hit wonder por su ñoñísima Con su blanca palidez. Como uno nunca se cansa de asombrarse de la propia ignorancia, la atenta escucha del Little Steven’s Underground Garage sirve para demostrar que en la asignatura de Historia del Rocanrol siempre queda mucho por aprender. Y para iluminar zonas de sombra, qué mejor que ponerse en manos de un erudito como Stevie Van Zandt.

Procol Harum - Shine On Brightly
Shine On Brightly (1968)

Una de las virtudes del Little Steven locutor de radio es cómo tiende puentes entre ambas orillas del Atlántico, pinchando a grupos ingleses que apenas tuvieron repercusión en Estados Unidos y a roqueros americanos casi desconocidos en este lado del charco. Él reconoce que siendo un chaval vivió con gran excitación la llamada ‘invasión británica’, ese fenómeno cercano a lo milagroso por el que un puñado de jovenzuelos ingleses imberbes se plantaron en los USA y se permitieron dar lecciones de música estadounidense a los propios teenagers norteamericanos. A principios de los 60, supongo que a consecuencia de la segregación cultural, ningún joven blanco de los Estados Unidos tenía la más remota idea de quiénes eran Howling Wolf, John Lee Hooker o Muddy Waters, así que tuvieron que esperar a que gente como Eric Burdon o Brian Jones se desplazaran allí a explicárselo. Puede que la gran repercusión que tuvo esa primera remesa de visitantes, aquellos Beatles, Stones, Who y Animals, fuera lo que determinó al joven Van Zandt a querer ser músico, pero Little Steven perseveró en su empeño como seguidor de la música inglesa y continuó siendo fan de muchas otras bandas a quienes sus compatriotas ya prestaron mucha menor atención. Grupos como The Kinks, Pretty Things, The Searchers, Dave Clark Five, los propios Procol Harum o estos que suenan aquí debajo suelen ser habituales en el garage de Little Steven.

Tampoco es que los Hollies significaran demasiado para los roqueros de los 80. No fue un grupo que tuviera demasiada repercusión más allá de los 60, no se reciclaron con éxito hacia el progresivo ni el hard rock para sobresalir en la siguiente década ni tenían un cantante que iniciara una carrera solista estelar al estilo Van Morrison. Por Van The Man todo el mundo sabe quiénes son los Them, todo el mundo se preocupó de escuchar a los Yardbirds gracias al rato que Jeff Beck, Clapton o Page estuvieron por allí, en cambio The Hollies no pasaba de ser un grupo más de todos esos que se recitan de carrerilla mencionados en el párrafo anterior. Pues bien, si enganchan tres o cuatro canciones a partir de la que suena en el vídeo encontrarán un buen puñado de singles extraordinarios que se concentran en sus tres o cuatro años de esplendor. El problema fue que especializarse en armonías a tres voces les condenó a ser citados siempre en tercer lugar después de los Beatles y los Beach Boys.

The Hollies - Hear! Here!
Hear! Here! (1965)

He omitido a propósito que en The Hollies sí militó realmente una futura estrella del rock porque en mi opinión la trayectoria posterior de Graham Nash no contribuyó a prestigiar al grupo, sino todo lo contrario. Su marcha fue una especie de cambio de bando, desertó del pop más puro para pasarse al lado hippie abducido por su novia canadiense y emigró de Inglaterra para echarse a perder en California con sus amigotes del folk rock. Como una Yoko Ono cualquiera fue Joni Mitchell quien le presentó a Crosby y a Stills… y ahí se acabaron los Hollies. Pero mientras al final de los 60 en los EEUU algunos se dedicaban a formar supergrupos orientados al mainstream, en los años anteriores los garages de toda norteamérica se llenaban de grupos que, partiendo del camino marcado por bandas inglesas, orientaban su estilo hacia un sonido algo más sucio y ruidoso. Desconocidos en Europa más allá de alguna corriente de revival más o menos mod, es una suerte que tengamos a Little Steven para reivindicarlos en su programa.

Estos tíos se juntaron en un pueblo californiano llamado San José justo antes de que apareciera por allí el primer hippie, de ahí sus chaquetas, sus corbatas y sus cortes de pelo. Eligieron como nombre Count Five en homenaje al Conde Drácula y al quinteto inglés The Dave Clark Five, del que eran fans. Su himno Psychotic Reaction tuvo cierta repercusión, pero tras grabar su único LP se matricularon en la universidad y desaparecieron como por arte de magia. Nadie volvió a oír hablar de ellos hasta que años después mitómanos muy notorios se empeñaron en engordar su leyenda… hasta llegar al gran agitador del rock de garage que es Little Steven en nuestros días. En su Underground Garage también pueden descubrir a otros grupos de la costa oeste como los Kingsmen, que ya aplicaron una buena puesta a punto al viejo Louie Louie en su cochera de Portland. Y un poco más al norte, casi llegando a Seattle, los Sonics le daban otra vuelta de tuerca al mismo ritmillo con su éxito Have Love Will Travel… pero no les aburro más, que aún me queda repasar unos cuantos programas de radio para poder tratar sobre este asunto con algo más de propiedad.

Count Five - Psychotic Reaction
Psychotic Reaction (1966)

Ya saben: Little Steven’s Underground Garage. Pueden encontrarlo en su cita semanal de Rock FM y replicado en emisoras de radio de todo el mundo, así como descargando los programas de su propia página web o en los sitios habituales de almacenamiento de archivos radiofónicos… por cierto, ¿he llegado a mencionarles que Little Steven es además un famoso guitarrista de una banda que llena estadios, que también probó como actor encarnándose en miembro de la familia Soprano y que después protagonizó una especie de spin-off en la tele noruega? Bueno, eso mejor lo dejo para después del verano.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Más sobre Joni y sus amigos de Woodstock”, que fue publicado originalmente el domingo 20 de noviembre de 2011.

Homenaje a las señoras que fueron fans de los Beatles

Jueves, 09 de junio de 2016.-
Hoy hace una semana que me llevé a toda la familia al Vicente Calderón para ver a Paul McCartney. Tenía ganas de que los niños vivieran un concierto grande de rock y se me agotaba el tiempo. Dentro de unos años ya no quedarán músicos originales de la época dorada que tengan ganas de tocar en un estadio, así que ésta era la ocasión perfecta: artista agradable; repertorio archifamoso con pronóstico de coro masivo; público entusiasta, colaborador y nada crítico. McCartney tiene la edad que tiene, no íbamos a ponernos exigentes con él, que también acumulamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas… y eso fue lo primero que extrañó a mis hijos: ¿por qué hay tanta gente mayor? Llamaba la atención la cantidad de señores en trance de jubilación, pero sobre todo la proporción de señoras. Seguro que entre ellas estaría alguna de las niñas que en 1965 salieron en el NO-DO.

Les expliqué que empecé a interesarme por el rock como unos diez años después de que los Beatles se separaran. Echando cuentas nos salía que de toda la gente que teníamos alrededor solo quien tuviera mínimo una docena de años más que yo pudo escuchar alguna de sus canciones recién publicada. Y ahí delante de nosotros estaban todas esas señoras sesentonas que se plantaron orgullosas en el concierto de McCartney para rendir pleitesía a su ídolo de juventud sin ningún tipo de complejo. Lo que se vio en el NO-DO fue la acostumbrada manipulación al servicio del régimen. Se trataba de ridiculizar esta moda foránea y de paso a todas sus tontas seguidoras, así que para empezar ilustraron la noticia con planos filmados al poco de abrir las puertas para que Las Ventas y la Monumental de Barcelona parecieran todavía mucho más vacías de lo que en realidad estuvieron. El vídeo de arriba es la pieza original del NO-DO; lo que viene a continuación es otro montaje con más o menos las mismas imágenes, pero prescindiendo de la malévola voz en off. Para que se hagan una idea más aproximada de cómo fue el concierto en realidad.

Cuando se cumplieron treinta años del acontecimiento, el director Pedro Costa realizó un documental para TVE titulado ¡Que vienen los Beatles! donde recuperaba valiosas imágenes que quedaron inéditas por la censura directa de los jefazos del NO-DO. Es ni más ni menos que un pedazo de historia de España, la emocionante llegada de la ‘beatlemanía’ a nuestro atrasado país contada de primera mano por los españolitos que lo vivieron. Como TVE prefiere que no se inserten sus vídeos en sitios ajenos, aquí les pongo el enlace a su página.

¡Que vienen los Beatles!

Merece la pena verlo entero, pero por si acaso he encontrado este resumen de cinco minutos que en su parte final muestra a alguna de esas chicas que en 1965 se jugaron su reputación haciendo público su entusiasmo por los Beatles. Ahí tienen a una auténtica pionera como Elisa Estrada, presidenta del club de fans, y también a la actriz Marta Fernández Muro con todas sus amigas ye-yés entonces quinceañeras, porque Marta puede presumir de que fue fan mucho antes que ‘Chica Almodóvar’.

Mucha gente ha presumido de pasado antifranquista y de haber protagonizado actividades subversivas que nadie podrá nunca negar porque no se tiene constancia de ellas. En cambio la valentía de estas chicas intentando quebrar el cordón policial en Barajas sí quedó grabado para la posteridad, vaya desde aquí nuestro homenaje… y ahora sí, hablemos un poco del concierto. Lo que vimos el otro día fue a un Paul con muchas ganas de agradar, solo así se entiende que tras décadas de giras en las que el repertorio beatle se dosificaba con cuentagotas ahora se descuelgue con un atracón de veintitantas canciones. Ahí está la parte magra del One on One Tour: un buen pedazo de Beatles que se va alternando con éxitos reconocibles de su etapa Wing, temas memorables de sus primeros discos en solitario y otros más discutibles de sus trabajos más recientes. Toda esta parte ‘no Beatle’ aparece ahora ampliamente recopilada en el disco que se publica en estos días.

Paul McCartney - Pure McCartney
Pure McCartney (2016)

No niego que fueron un poco cómicos sus esfuerzos por hablar en español, tampoco discuto que se rozara el ridículo cada vez que se le escapaba algún gallo, pero no creo que ninguno de los que estábamos allí tuviera intención de fijarse demasiado en esas cosas. No creo que nadie esperara caer rendido ante un artista en el mejor momento de su carrera, más bien se trataba de tener un emotivo reencuentro con un tipo que fue muy importante en nuestras vidas. Por eso nos sentíamos unos privilegiados cada vez que reconocíamos una de esas canciones que jamás imaginamos oír en directo en la voz de su autor. Que esa voz esté un poco quebrada por los años es lo de menos. Paul tiene 73 tacos y cumplirá los 74 dentro de unos pocos días, así que habrá que reconocer el mérito que tiene por colocarse en el centro de un macroescenario y mantener el tipo durante casi tres horas. Fue estupendo que rompiera el hielo con A Hard Day’s Night y Can’t Buy Me Love, piezas casi prehistóricas.

Paul McCartney - One On One
Mejor esta postal que la fea entrada de impresora

Tras un tramo de canciones más personales llegaron dos momentos álgidos con Maybe I’m Amazed y We Can Work It Out, pero quizá los picos de mayor intensidad emocional se alcanzaron con Blackbird y Something. Para la primera McCartney se quedó completamente solo con su guitarra acústica sobre una plataforma que le fue elevando ante un espectacular fondo de sombras de atardecer con vuelo de cuervos entre árboles mecidos por el viento. La segunda llegó precedida de unas sentidas palabras sobre George Harrison. Como su amigo era un gran aficionado al ukelele, Paul inició la primera estrofa con este instrumento y poco a poco fue incorporándose el resto de la banda para ejecutar un Something sencillamente magistral. También hubo dedicatorias a Linda y a Nancy (primera y tercera esposas, ni rastro de la de la pata de palo) y a George Martin y John Lennon, aunque la de este último, Here Today, se evidenció bastante más fría que todas las demás. Para encarar la recta final decidió alternar las más bonitas con las más cañeras, y aunque Band on the Run, Let It Be y Yesterday fueron muy aclamadas, déjenme que destaque la energía roquera que desplegaron Back in the USSR y Birthday. Pero quizá el mejor pack fue el que formaron la furia pirotécnica de Live and Let Die con la apoteosis del karaoke que fue Hey Jude. Aquí tienen un vídeo que captura justo el cambio de canción.

Mientras sonaban las notas jamesbondianas se alcanzaron unas cotas de ruido impropias de un artista de la edad de Paul, pero acto seguido las aguas volvieron a su cauce para gozar como es debido del momento más esperado de la noche. Para que nadie se equivocara con el estribillo, la gente de las primeras filas alzó carteles con la palabra “NA”, aunque para cantar la canción entera habría sido mucho más útil llevar este simpático esquema que una vez me regalaron a propósito de un recuerdo compartido.

Esquema Hey Jude

Termino con un flashback personal. Hubo un tiempo en que Hey Jude desempeñó un papel protagonista en la banda sonora de nuestra vida laboral. Hey Jude sonaba indefectiblemente hacia las seis menos cuarto de la tarde en la radiofórmula que nuestra jefa nos obligaba a escuchar, así que entre todos esos “recuerdos gloriosos de un enmoquetado pasado”, según inspirada definición del compañero Nevsky, escuchar las primeras notas de Hey Jude significaba que disponíamos de unos siete minutos para recoger nuestras cosas y salir corriendo, de forma que todos íbamos desfilando de allí con el abrigo puesto durante el extenso margen que nos dejaba el coro in crescendo final.  Como quiera que ese “naaaaa na-na nara-na-ná” no se terminaba nunca, permítanme que ahora lo alargue un poco más con esta curiosidad que he encontrado en youtube. Vayan directamente al minuto dos y comprueben lo que es capaz de hacer un espectador argentino con un palo-selfie en semejante trance. 

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Quiénes son los abuelos del rock?”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de julio de 2010.

Hoy no iré al Bernabéu a escuchar The River

Sábado, 21 de mayo de 2016.-
Pues no, no peleé por una entrada de Springsteen en esa mañana disparatada de venta on-line en la que se agotó todo un aforo del Santiago Bernabéu en apenas unas horas… ¿pero tanta gente hay en España cuyo corazoncito roquero quedó marcado por The River? Si cuando ese disco salió en 1980 por Madrid solo se enteraron Ramoncín, su amigo de Discos Melocotón y cuatro más…  Diría que la gran mayoría de los que van a ir hoy al estadio solo reconocerá Hungry Heart, la propia The River y poco más. No hagamos más sangre: los afortunados que estén allí esta noche disfrutarán de un grandioso espectáculo de rock y los menos entendidos quizá descubran una decena de maravillosas piezas de The River que nunca habían oído antes. Entre ellas esta.

Un colega me envió la crónica del concierto del Nou Camp de hace una semana y acabo de leerla. Parece ser que en sus queridos USA el amigo Bruce tocó el repertorio de The River en su integridad, pero para la gira europea alguien calculó que si a The Price You PayPoint BlankI Wanna Marry You y Drive All Night se le añadían Stolen Car, Independence Day, Fade Away o Wreck on the Highway las masas aullantes podrían caer en estado de somnolencia; mejor prescindir de unas cuantas. Así que Gira The Ties That Bind sí, pero sin poner en peligro la liturgia (y los millones) del rock de estadio. Es, como dice Ignacio Julià en su crónica de El País, el precio que pagamos.

Bruce Springsteen - The Ties That Bind. The River Collection
The Ties That Bind. The River Collection (2015)

En una gira de esta magnitud hay mucha pasta en juego y tampoco es cuestión de renunciar a una parte de los beneficios por subir tontamente el listón de los criterios artísticos. Aunque la edad del Boss empieza a ser preocupante, el tío sigue en plena forma como para todavía no levantar el pie del acelerador en lo que a giras mastodónticas se refiere. Lo que ocurre es que los buenos aficionados percibieron la cajita conmemorativa del 25º aniversario de The River como una gran oportunidad para ver a Springsteen sobre un escenario con planteamientos un poco distintos. Luego se anunció la gira, salieron las entradas a la venta y pasó lo que pasó. Es lo que hay, no es ni bueno ni malo pero es inevitable sentir un poco de pena. Bueno, eso pienso ahora, porque aquella mañana de entradas agotadas, en plena indignación por el colapso informático y los sospechosos canales de reventa que se activaron de forma inmediata, tuve un ataque de desprecio al público del rock de estadio y se me ocurrió una idea maligna: para validar las entradas habría que responder a un pequeño examen a la puerta del Bernabéu. Tampoco excesivamente difícil, por ejemplo: “Dígame usted el título de 10 canciones de The River… ¿Que no sabe…? Pues lo siento, no puede pasar. Queda usted descalificado… que pase el siguiente” y finalizado el proceso tendríamos que el número de suspensos aconsejaría reubicar el concierto en el campo del Rayo y, aún así, con algunos huecos libres en las gradas de Vallecas. Los allí presentes estarían cualificados para vivir un concierto inolvidable, que esta vez no empezaría con Badlands, como en las anteriores catorce giras, sino con la canción apropiada para la ocasión, exactamente esta.

Y siguiendo con el delirio, imaginaríamos sobre el escenario al Springsteen glorioso de finales de los 70 que ya andaba echando a rodar en directo las nuevas canciones compuestas para su siguiente LP, que iba a ser sencillo pero que se fue complicando hasta materializarse en el doble disco de vinilo cuya existencia estamos celebrando en la actual gira. Total, que para los que nos encontramos en semejante estado de nostalgia veo mucho más productivo gastarse 100 euracos en la edición deluxe de The Ties That Bind para degustar los tres DVD’s repletos de apabullantes conciertos de aquella época más el correspondiente documental que emplear la misma pasta en una entrada para ver aproximadamente el mismo concierto que la vez anterior y la vez anterior a la anterior. Ya sé que la excitación de compartir espacio con miles de almas es incomparable, pero en casa acompañado por una caja de botellines tampoco se está tan mal.

The Ties That Bind. The River Collection (Deluxe edition)
La caja deluxe en todo su esplendor

Dejando de lado lo que pudo haber sido y no fue, tampoco hay que ser demasiado aguafiestas, así que lo elegante será desear a los que tienen entrada para ver hoy a Springsteen que pasen una noche memorable. Lo doy por seguro para quienes vayan por primera vez; los que repiten revivirán experiencias felices. Yo mismo me acerqué a verlo en su penúltima visita a ese mismo estadio, una vez que hubo entradas de sobra. Allí me presenté con mi camiseta del Atleti para dejar las cosas claras y mereció la pena, aunque la cosa fue más o menos igual: repertorio de grandes éxitos para contentar a las masas intercalando dos o tres rarezas de The Promise para deleite de los aficionados pata negra. Ahora me sigue apeteciendo ir a conciertos, pero a aquellos en los que no tenga que pelearme con nadie por la entrada ni pagar gastos de gestión abusivos a empresas mafiosas. A la vuelta de Milán, donde tenemos un asuntillo pendiente, quizá me pase por el Calderón para ver a Paul McCartney jugando en casa, o quizá vaya al Nuevo Apolo, que tiene anunciado a Graham Nash, tíos grandísimos a los que supongo fuera del circuito de la reventa y la especulación on-line. Y si se agotan las entradas, pues me vuelvo por donde he venido y tan contento.

Y como me gusta mucho esta canción, pues aquí se la pongo otra vez, ahora en versión karaoke subtitulado. Hala.

NOTA POSTCONCIERTO: De vuelta de una visita familiar en Madrid, no pude evitar desviarme hacia la Castellana. En doble fila, con las ventanillas bajadas, escuchamos un par de minutos de Point Blank hasta que un policía nos echó… qué envidia. Luego en casa haciendo cuentas con los setlist compruebo que en Barcelona y San Sebastián cayeron 12 y 13 canciones de The River, mientras que en Madrid la cosa se redujo a 7… ¿acasó fue anoche el comienzo de la ‘Gira Born in the U.S.A.’? 9 canciones nada menos, casi el disco entero… imagino el mosqueo que se pillarían algunos. Como único consuelo para los madrileños, decir que en Lisboa solo sonaron 3: Hungry Heart, The River y Out in the Street… menos mal que nos queda Portugal. Si quieren escuchar un concierto bueno de verdad, aquí tienen uno de Nueva York del mes pasado, donde sí hizo lo que debía: tocar en orden las 20 canciones de The River y terminar con algún outtake, versiones y los bises más inevitables.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Southside Johnny estuvo en Madrid (Amigos de Bruce II)”, que fue publicado originalmente el jueves 22 de agosto de 2013.

Kunkeiro69 ha vuelto, Cucharada existe

Domingo, 08 de mayo de 2016.-
Aunque en A70 somos más de seleccionar canciones, hoy haremos la excepción y pondremos enterito el primer y único LP de Cucharada. La ocasión lo merece. La muerte de Manolo Tena nos llenó de ganas de volver a escuchar este disco fundamental y hurgando por youtube encontramos que el gran Kunkeiro69 renació de sus cenizas cual ave fénix y lleva ya casi un año manos a la obra compartiendo sin parar su inigualable colección. Esta es una de las joyas que abundan en su canal. Dura solo 38 minutos y puede escucharse del tirón casi sin darse uno cuenta.

Este LP de Cucharada fue una de las primeras referencias de Chapa Discos y tiene toda la pinta de que se tuvo que completar deprisa y corriendo medio improvisando el repertorio. Canciones, lo que se dice canciones, hay solo cinco o seis, lo demás son instrumentales, paridas e idas de olla variadas. Veámoslo en el propio listado que ofrece el amigo Kunkeiro, con minutaje incorporado para ir a tiro hecho.

1º- Desconcierto flamenco 00:00
2º- ¡¡¡Tan reprimido!!! 06:13
3º- Made in USA 10:09
4º- Canción para pedir limosna 14:55
5º- Abarca y devora/Compre (Pase ¡no molesta!) 20:52
6º- No soy formal 29:43
7º- Social peligrosidad 31:40

Como se puede comprobar, lo de comenzar un disco de debut con Desconcierto flamenco, larguísimo instrumental estilo rock progresivo andaluz, no tiene ningún sentido salvo que aspiraran a entrar en la banda sonora de alguna peli de García-Pelayo. Aparte de desconcertar al personal como sugiere el título, lo único que quizá consiguieron fue demostrar que cubrían el más amplio espectro guitarrístico: desde el rock urbano más macarra hasta twist tradicional, tradicional aunque “nada formal”, un poco de rocanrol, de blues y de otros palos del rock USA cumpliendo el anhelo de “sin salir de mi barrio ser un americano”, algún toque glam y una pieza tranquilota y tristona adornada por un punteo melancólico ideal “para pedir limosna”.

Cucharada - El limpiabotas que quería ser torero
El limpiabotas que quería ser torero (1979)

Suponemos que gran parte de esas guitarras solistas pertenecen a Antonio Molina El Zurdo, acreditado en el disco como ‘Troucho López Manolenta’, lo cual encaja porque entonces solía lucir bigotazo ‘groucho-zappiano’. En los Cucharada originales había un segundo guitarra llamado Jesús Vidal y en otros momentos aparecieron por allí un tal Florencio Martín, el argentino Miguel Botafogo o el propio Jaime Asúa, pero claro, con los pseudónimos que se colocaron para la grabación del LP cualquiera sabe. El caso es que Antonio Molina (no confundir con el cantante de copla) demuestra en este disco que es uno de los guitarristas más brillantes de su generación, no en vano El Zurdo (no confundir con el cantante de Paraíso) ya había curtido su talento al servicio de cantautores punteros antes de especializarse en rock. Quizá su valía no se reconoció lo que debiera por culpa del nombre, pues tuvo que ser un problema hacerse un nombre en el mundillo cuando su nombre ya estaba pillado por todos lados.

Reparto de limpiabotas y toreros
Detalle del encarte interior del LP con
el listado de limpiabotas y toreros

Descifrando el reparto, lo que sí está más claro es que ‘Merlín el Mago Polifónico’ era el mismísimo Teddy Bautista tocando teclas a la par que produciendo, mientras ‘Pulpo Baquetas’ era el batería José Manuel Díez que tuvo su aparición como uno de los chicos del coro en Leño En Directo y luego acabó yéndose a Alarma!!! con Manolo Tena. En cuanto a éste, su nombre de guerra en aquella época fue ‘Lolilla Cardo’. Tocaba el bajo disfrazado de monja o similar y, aunque empezaba a destacar como compositor e ideólogo, su liderazgo quedaba un poco diluido entre el caos disparatado que reinaba en Cucharada. Todo allí tuvo que funcionar de forma casi comunal, pero ya se vislumbran detalles que remiten al Tena letrista: ¿quién si no iba a sentirse ‘tan reprimido, tan oprimido y tan deprimido para componer un himno’? No puede atribuirse tan claramente la autoría a lo de sentirse ‘tan tiroriro’, aunque viendo las pintas que lucía nuestro ‘Manolo-Lolilla’ tampoco hay que descartarlo.

Manolo Tena en el papel de Lolilla Cardo
Así era Lolilla Cardo, bajista y cantante ocasional

Abundando en el debate sobre las relaciones de Cucharada con la movida, hace poco un buen amigo me aclaró algunos conceptos. Digamos que lo que se entiende como ‘movida’ se refería más bien a la cosa social, aquello de ir a bares y dejarse ver en exposiciones, eventos y happenings varios. Ahí el problema de los músicos del rollo no era tanto generacional, que en la movida también se coló gente bastante tarra, como el de llegar lastrados por un cierto tufillo lumpen. Pudieron convivir, estar más o menos en los mismos sitios a la vez, pero nunca terminaban de encajar.  Otra cosa bien distinta fue lo de la ‘nueva ola’, que sí era un asunto estético y musical al que casi todo el mundo intentó apuntarse, esos odiosos ‘nubabes’ contra los que despotricó Ramoncín. Digamos que la fiebre por la ‘nueva ola’ ocurrió unos meses antes de acuñarse el término ‘movida’, pero en la práctica la brecha también fue insalvable. Casi todos los grupos de Chapa se vieron forzados en algún momento determinado a hacerse pasar por nuevaoleros. Les pasó a Leño, a Topo, a Moris… mientras que a Cucharada la cosa les pilló de esta guisa.

Cucharada - Quiero bailar rock & roll
Quiero bailar rock & Roll (Single 1980)

Manolo Tena dijo en algún sitio que la idea era posar como maniquíes y luego ponerles encima una etiqueta colgando. Los mandamases de Zafiro no lo vieron del todo claro y les dejaron así, en esa pose ridícula, aunque sí permitieron que se sacara partido al logotipo inspirado en la tipografía de la Coca-Cola, la misma jugada que con el propio logotipo de Chapa. El caso es que esta foto de portada ya puede contemplarse como un anticipo de lo que después sería Alarma!!!, un grupo roquero pero moderno que intentaba buscar su hueco entre los estilos del momento. Solo habría que cambiar al Zurdo por Jaime Asúa y atenuar los colorines del vestuario, o sea, que estuvieran en la misma onda modernilla pero dentro de un tono de mayor sobriedad.

Este estribillo tan pegadizo quizá con aspiraciones a entrar en radiofórmula puede entenderse más como un proyecto de hit en la onda Tequila, pero la idea de Cucharada reducido a trío por lo que fuera no prosperó. Era un single de anticipo de segundo disco, que estaba proyectado como demuestra la contraportada, pero ese LP acabó perdiéndose en algún limbo mientras Cucharada culminaba su autodestrucción en el ‘81. Por ubicarlo en lo dicho anteriormente, podría decirse que murieron en plena ‘nueva ola’ pero justo antes de inventarse la ‘movida’.

Contraportada de Quiero bailar rock & roll
Ese segundo LP que nunca existió tenía carpeta
en preparación y nº de referencia

En el periodo que va desde el final de Cucharada hasta que Alarma!!! se puso en marcha, Manolo Tena se afianzó como letrista regalando canciones a Leño, Raza, Luz Casal, Sabina, Ramoncín… y fue precisamente en la banda de éste último donde acabó recalando El Zurdo, único Cucharada que no se fue a Alarma!!!. Su guitarra fue para Ramoncín la pieza clave desde la que construiría la superbanda de sonido granítico que él quería convertir en su propia E Street o Silver Bullet Band particular. Esa sociedad entre Ramoncín y Antonio Molina se mantuvo en sus años de mayor éxito, aquellos en que más se aproximó al ‘Bruce de Legazpi’ que siempre quiso ser.

Por terminar ofreciendo una referencia sobre el legado que dejó Cucharada pongo sobre la mesa el nombre de Siniestro Total, que siempre presumieron de ser fans de los madrileños y lo demostraron versionando varias de sus canciones, apropiándose especialmente de este Quiero bailar rock & roll que pueden escuchar pinchando el enlace para cambiar de blog.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Libertad para Kunkeiro69”, que fue publicado originalmente el jueves 29 de mayo de 2014.

Nuestro mea culpa por Manolo Tena

Sábado, 16 de abril de 2016.-
En este blog, empeñados como estamos en reivindicar a los héroes del rock español, nunca se habló de Manolo Tena. Solo se le mencionó un par de veces y así como de pasada. En A70, donde tantos pioneros de nuestro rocanrol fueron recordados con cariño, nunca apareció Alarma!!! y apenas se citó a Cucharada alguna vez de carrerilla dentro una ristra de nombres. Aquí donde hasta de forma insensata nos gusta defender a un tipo como Ramoncín, donde nos rebelamos al vilipendio absurdo al que le somete el talibanismo roquero y los guionistas de laSexta, jamás se nos ocurrió hacer nada parecido con Manolo Tena. Incluso alguna vez hemos reído las gracietas que ‘el club de la comedia’ de turno hacía sobre su persona. Imperdonable. Si alguno de ustedes se siente concernido por estas palabras, les invito a unirse con nosotros a reflexionar sobre el asunto durante los tres minutos que dura esta canción. Piénsenlo mientras miran a la chica.

La contemplación de la muñequita hace volar la imaginación, como si fuera una danza en homenaje a Tena. Hace tiempo que un amigo me envió este vídeo y me encantó. A falta de material audiovisual de Cucharada no nos parece mala idea: semejante animación para una letra así debe de ser obra de un genio o de una mente perversa. Ni siquiera se ve por ahí un triste playback para la tele y, aunque salen en la banda sonora de Nos va la marcha, juraría que al final su actuación se quedó fuera de tan legendaria película. Para rematar, las fotos de esa época son tan escasas que esta que se hicieron en un water fue aprovechada por partida doble para portada y contraportada de su primer single. Empecemos por la contra para ver los créditos: produce Mariscal Romero y es una de las primeras referencias de la entonces llamada Serie Chapa, cuando todavía Zafiro conservaba el logo de la CFE (Compañía Fonográfica Española).

Cucharada - Social peligrosidad (contraportada)
En la contraportada se aprecia mejor la cisterna

En cuanto a las canciones, son las mismas dos que aportaron al recopilatorio Rock del Manzanares (Viva el Rollo Vol.2)… y aquí tenemos la prueba escrita de que lo que está sonando se titulaba Social Peligrosidad. Estos días se ha repetido hasta la saciedad que la primera canción firmada por Manolo Tena se llamaba ‘Peligrosidad Social’. Error: en realidad ese era el nombre de uso común para referirse a la reforma que el tardofranquismo se inventó como lavado de cara para su vieja Ley de Vagos y Maleantes, aunque en definitiva era el mismo engendro legal que permitía que cualquiera que tuviera un lejano aspecto de vagabundo, mendigo, trapichero, puta o maricón podía ser llevado directamente a comisaría. La canción tiene el título dado la vuelta porque Manolo escribía de forma muy cuidadosa y le gustaba jugar con el orden y la sonoridad de las palabras. No cabe duda de que Social Peligrosidad queda mucho mejor y añade mayor contundencia al tono de protesta progre.

Cucharada - Social peligrosidad (Single)
Social Peligrosidad (Single, 1978)

En la misma onda lumpen y suburbial se movía la cara B, que hay que decir que estos chicos de Cucharada eran muy atrevidos tanto en su puesta en escena como en las cosas que contaban en sus canciones. El toque de crítica social era casi obligatorio en el paisaje artístico de esos primeros años de la transición, pero en este single de presentación ya quedaba claro que ahí había un letrista muy personal: tan alejado de la solemnidad y pesadez del cantautor al uso como de la procacidad cavernícola del roquero de barrio. Este Libertad para mirar escaparates es una cancioncilla mucho más ligera y simpática que anticipa el estilo en que se va a encuadrar el grupo: crítica social sí, pero desde la burla y la parodia. Aquí todavía no llegan a tanto, pero hay un punto de ironía y lucidez pocas veces visto en los grupos de su generación.

No se asusten por la parte hablada del principio. Lo que ocurre es que este audio no está sacado de la cara B del single, sino que pertenece a uno de los cortes del segundo volumen de Viva el Rollo, que tenía como marca de la casa la inclusión de una especie de cortinillas chistosas entre canción y canción que prácticamente se fundían con la música. Se notaba ahí la mano del Mariscal Romero, pues en lugar de facturar una recopilación al uso el Mariscal le dio vidilla al disco añadiéndole el ritmo frenético propio de sus programas de radio.

Rock del Manzanares - Viva el Rollo Vol. 2 (1978)
Así era el Rollo, siempre con un tipo de la
Brigada Político-Social al acecho

La escucha de este Rock del Manzanares resulta entrañable. Aunque la grabación suena horrible, como una maqueta tirando a cutre, refleja con bastante fidelidad esa incipiente escena roquera madrileña que estaba pidiendo a gritos una oportunidad para abrirse camino. Con el Mariscal ejerciendo de maestro de ceremonias, el disco sirvió como carta de presentación para que los jefazos de Zafiro conocieran a cinco de los posibles grupos que podrían estar en la parrilla de salida del proyecto Chapa Discos. Muchos fueron los llamados y pocos los elegidos, pero finalmente Cucharada consiguió entrar en el corte. Se hicieron esperar casi un año, cayeron bajo el paraguas productor de Teddy Bautista y pudieron volver a grabar Social Peligrosidad en mejores condiciones tal como se escucha en el vídeo de la bailarina, quedando Libertad para mirar escaparates como rareza de cara B para rellenar el espacio sobrante de la TDK de 60. Un bonus track mítico de Viva el Rollo. Porque, déjenme decirles, por si no había quedado suficientemente claro, que Manolo Tena perteneció al Rollo y que ningún músico con origen en ‘el rollo’ pudo ser jamás admitido en ‘la movida’.

Cucharada en directo
¿Cómo iban a ser de la movida unos tíos así?

Hay que insistir en esto porque esa tontería de ‘la voz de la movida’ es otra de las memeces que hemos tenido que soportar una y otra vez en estos días de loas y alabanzas al músico muerto, loas y alabanzas que pocas veces recibió en vida porque, no nos engañemos, Manolo Tena solía caer bastante mal. La Movida, así con mayúsculas, estaba integrada por gente encantada de conocerse: ‘auserones’ narcisistas contemplando en el espejo lo guapos que eran, ‘alaskas y anacurras’ exhibiendo su look importado de Londres, tipos carismáticos capaces de convertir en arte un ‘bigotito glutamato’ o una ‘poch pinza’. Si gente más cercana generacionalmente como Antonio Vega o Enrique Urquijo no pudo ajustarse al perfil, mucho menos Manolo Tena. ¿Cómo iba a ser de la movida un tío tan complicado, alguien a quien tantas veces se le derrumbó la autoestima?

No hace falta relatar aquí la carrera de Manolo Tena, su ascenso al estrellato, sus pérdidas de rumbo y caídas al infierno. Resulta que hace unos pocos meses él mismo decidió dar la cara para contarlo todo en primera persona, sin ahorrarse ni un detalle escabroso y juzgándose a sí mismo con una crudeza que ahora pone la piel de gallina. Un extraño en el paraíso: aquí lo tienen.

En septiembre de 2015 presentó su nuevo disco, Casualidades, pero no le hicimos mucho caso. TVE emitió en noviembre este documental y se nos olvidó verlo. Ya no nos interesaba mucho Manolo Tena. Hace un par de semanas, cuando volvieron a emitirlo el día de su muerte, sí que lo vimos con un nudo en la garganta y nos sentimos un poco culpables. El simple hecho de que tanta gente del negocio se pusiera ante la cámara para aportar unas palabras de apoyo a su regreso discográfico demuestra que, pese a todo, Manolo Tena era apreciado y, a su manera, querido por sus compañeros de profesión.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La Romántica Banda Local, tiempo de barbas y chaquetas de pana”, publicado originalmente el viernes 6 de abril de 2012.