Muertos de 2016: Rick Parfitt

Jueves, 02 de marzo de 2017.-
Cuando en un blog, formato ya obsoleto a día de hoy, se escribe sobre una cosa como el rock, fenómeno cultural que vivió su época dorada en el siglo pasado, la mayoría de temas que van surgiendo suelen estar relacionados con muertos. Por mucho que uno se esfuerce. Después de esta disculpa no pedida vamos a hablar un poco sobre ese funesto 2016 que quedó atrás, aunque arrimando el ascua a nuestra sardina. Ante la pérdida de tanta gente ilustre las gentes del rocanrol se pusieron abruptamente a reflexionar sobre el sentido de la vida, y aquí no vamos a ser menos. Pero aclaremos: sobre Bowie ya dijimos lo que teníamos que decir; de pasada se mencionó a Glenn Frey y también a Leonard Cohen, aunque fuera para hacerle un regate desde el bando dylanita; en cuanto a Prince, no nos engañemos, su legado nos pilla más o menos igual de lejano que el de Juan Gabriel. Aunque quedemos como culturalmente vulgares e intelectualmente necios, si por alguien hemos de guardar luto en A70 es por este señor de melena rubia del centro del escenario, el que no tiene micro.

Ya va siendo hora de que todos reconozcamos de una vez que Status Quo es uno de nuestros grupos favoritos. Cierto que nadie se atrevería a ponerlos en el número uno de su particular hit parade, siempre hay jevys más auténticos, roqueros más rompedores, sinfónicos más virtuosos, pero es que hasta suele dar un poco de vergüenza mencionarlos en un hipotético paquete de tres o cinco favoritos de toda la vida. El caso es que siempre estuvieron ahí para hacernos disfrutar, más hardroqueros en los 70 y suavizando su estilo a partir de los 80. Este What You’re Proposin’ que está sonando fue precisamente el single con que inauguraron esa década y el que comenzó a evidenciar la nueva tendencia: guitarreo igual de pegadizo pero algo más ligero con el habitual juego de voces muy en primer plano. La elección se debe a que entre las docenas de éxitos de los Quo esta canción es la que quien escribe tiene incrustada en su memoria. No llegué a tiempo de Whatever you want, era un año anterior, así que cuando un servidor prestó atención por primera vez a la radiofórmula de turno esta era de las pocas cosas que te libraban de morir de asco entre el horterismo imperante. Agradecido para siempre.

Status Quo - Just Supossin'
Just Supposin' (1980)

En cualquier wikipedia que se precie todo grupo puede ser encumbrado como lo más de lo más en algo. La proeza que se suele atribuir a Status Quo es haber colocado 50 singles en las listas inglesas, cifra muy superior a la de cualquier otro artista de la historia del rock. Fundados a principios de los 60, empiezan a publicar en 1968 y su gran mérito fue que durante casi cinco decenios no pararon de facturar singles excepcionalmente eficaces. Como no es cuestión de cansarles con demasiados vídeos, aquí les pongo una promo de un recopilatorio reciente que pega un significativo repaso en poco más de un minuto.

Las pintas sesenteras de su primera canción son más bien anecdóticas, pues muy pronto encontraron su estilo en los alrededores del blues rock y solo tuvieron que dedicarse a pulirlo poco a poco. Del cuarteto original se fue desenganchando la base rítmica a medida que veían diluirse sus raíces hard, de modo que el batería John Coughlan solo aguantó un disco más allá del mencionado Just Supposin’ para hacer lo que le pedía el cuerpo: largarse a una banda de heavy metal como Odín mandaba. Más traumática fue la marcha de Alan Lancaster, que dejó correr un poco más la década de los 80 pero tuvo que decir basta justo antes de verse alistado In the Army Now. Casi como hermanos siameses, Rick Parfitt y Francis Rossi asumieron un protagonismo al 50% para ser la imagen de Status Quo por los siglos de los siglos, Parfitt recortando un poco su melena y Rossi recogiéndola en una coleta, hasta culminar con una portada en bolas para su reciente disco ‘aquostico’. Con sesenta y muchos tacos y las guitarras colgando como única prenda, qué tíos.

Status Quo - Quo Live
Rossi, Lancaster, Parfitt y Coghlan: Quo Live 1977

Esta carpeta abierta de su doble en directo setentero muestra a los Quo en su máximo esplendor como grupo de rock potente al gusto de la época, cuando se ganaron el apelativo de ‘The Frantic Four’. Los mismos colegas del principio, cuatro frenéticos funcionando como una máquina en esa recta final de los 70 solo un peldaño por debajo de los grandes dinosaurios, sobre todo porque nunca lograron ser tomados demasiado en serio en Estados Unidos. No sabemos quién tuvo la culpa de la ruptura, no tenemos suficiente información sobre ellos para saber quién hizo de Yoko Ono. Cuando Parfitt y Rossi se quedaron solos siguieron cayéndonos simpáticos, pero ya nunca volvió a ser lo mismo que cuando roqueaban los cuatro juntos. Vean otro ejemplo.

Normal que nos haya salido otra cantada por Francis Rossi, pues era quien asumía más protagonismo como compositor y voz principal, pero no se preocupen, que al final pondremos una de Rick Parfitt. El caso es que, aunque Rossi fuera quien claramente llevaba la manija, las tareas en Status Quo siempre estuvieron bastante repartidas. Dejando aparte las estrofas a varias voces, la voz solista se repartía entre Rossi y Parfitt en una proporción de tres a dos, dejando hueco para que, como buen bajista, Alan Lancaster también cantara alguna, generalmente las más jevys. En cuanto a la composición solían firmarlas de a dos, entrando en juego otros colegas como el teclista Andy Bown, el corista Bernie Frost y el armónica Bob Young, y no crean que en un papel secundario. Por poner ejemplos, la autoría de What You’re Proposing pertenece a Rossi-Frost, mientras que la de Whatever You Want es de Parfitt-Bown. El equipo Rossi-Young se lleva la palma con Down Down, Caroline y un montón de éxitos más, aunque también los hay firmados por Lancaster-Rossi, Parfitt-Lancaster y todas las combinaciones posibles, aunque curiosamente no tanto Parfitt-Rossi. Se ve que en esto guardaban un poco las distancias.

Status Quo - On the Level
On the Level (1974)

Por lo demás, la pareja carismática de Status Quo se mantuvo unida a lo largo de los años sin dejar que en ningún momento decayera la actividad de la banda. Después del mencionado disco desenchufado, en 2016 los Quo se embarcaron en una gira con la que pretendían despedirse de los watios y las guitarras eléctricas antes de orientarse definitivamente a las acústicas. El plan empieza a torcerse a principios del verano cuando Rick Parfitt sufre un infarto tras un concierto en Turquía, viéndose forzado a abandonar antes de tiempo. Francis Rossi, fiel al lema ‘the show must go on’, decide cumplir los compromisos adquiridos recurriendo a un sustituto y así se presentan en los conciertos españoles, uno de los cuales tuvo lugar en agosto en el Festival Starlite de Marbella. Hay que agradecerles el detalle. En España siempre fueron fuertes, se portaron bien con nosotros y tocaron con tanta asiduidad que acabamos aceptándolos como si fueran un grupo más de Carabanchel. Tan intensa fue la relación que, casualidades del destino, pocos meses después el bueno de Rick acabó muriendo la pasada Nochebuena en un hospital precisamente de Marbella. En plena convalecencia, ¿qué se le habría perdido por la Costa del Sol para acabar ingresando justo allí? A saber. En cualquier época del año, en cualquier hotel de playa de nuestras costas puede uno verse rodeado de forma inesperada por un ejército de abueletes guiris. Alguna vez me fijé en los grupos de jubilados greñudos con pendiente de aro, chanclas y bermudas tratando de reconocer entre ellos a algún afamado roquero de clase media. Quien sabe si en alguna ocasión podría haberme cruzado con Rick Parfitt.

Status Quo - Aquostic
¿Alguien los llegó a ver así por la Costa del Sol?

Tras casi medio siglo ejerciendo como guitarra, cantante y compositor en Status Quo, la muerte de Rick Parfitt pasó casi inadvertida. El día de Nochebuena es de los pocos que la profesión periodística se toma libre, así que lo más que saldría es una breve nota leída en algún telediario sin redactor para adornarlo con unas frases bonitas ni técnico que buscara unas imágenes de archivo. Para colmo, el día de Navidad va y la palma el amigo George Michael dejando huérfanos a millones de fans, como para acordarse del melenudo que se había muerto el día anterior. Parfitt arrastraba las secuelas de su ataque cardiaco. Parece que quedó imposibilitado para seguir zascandileando sobre un escenario, pero su orgullo de guitar hero le impidió aceptar la baja médica y se inventó que era él quien abandonaba el grupo porque de ninguna manera podía aceptar que la siguiente gira fuera en formato acústico. Genio y figura.

Mientras suena la prometida canción de Rick Parfitt, vamos terminando con una reflexión fúnebre sobre el año que terminó. Según los aficionados a la estadística, lo de 2016 no fue para tanto. Murió el mismo número de famosos que siempre, aunque en el apartado musical se extendió una especie de leyenda negra originada por unos cuantos nombres de repercusión mundial. Por el contrario, de la impresión de que en lo que va de 2017 no se ha muerto nadie, pero si consultan los obituarios de la prensa especializada la cosa va que vuela. Quizá todavía falten celebrities de primera categoría, pero ya han caído un montón de bajistas, teclistas y baterías de grupos de la zona media del hit parade como Mott the Hoople, Allman Brothers Band, Black Sabbath, King Crimson… y también la tantas veces añorada Paloma Chamorro. Crucemos los dedos de las manos y hasta de los pies a ver si esto puede parar un poco. Que podamos escribir sobre roqueros con buena salud, y ustedes que lo lean.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Willy DeVille ya no suena en Rock & Gol”, que fue publicado originalmente el miércoles 11 de agosto de 2010.

Nuestro mea culpa por Manolo Tena

Sábado, 16 de abril de 2016.-
En este blog, empeñados como estamos en reivindicar a los héroes del rock español, nunca se habló de Manolo Tena. Solo se le mencionó un par de veces y así como de pasada. En A70, donde tantos pioneros de nuestro rocanrol fueron recordados con cariño, nunca apareció Alarma!!! y apenas se citó a Cucharada alguna vez de carrerilla dentro una ristra de nombres. Aquí donde hasta de forma insensata nos gusta defender a un tipo como Ramoncín, donde nos rebelamos al vilipendio absurdo al que le somete el talibanismo roquero y los guionistas de laSexta, jamás se nos ocurrió hacer nada parecido con Manolo Tena. Incluso alguna vez hemos reído las gracietas que ‘el club de la comedia’ de turno hacía sobre su persona. Imperdonable. Si alguno de ustedes se siente concernido por estas palabras, les invito a unirse con nosotros a reflexionar sobre el asunto durante los tres minutos que dura esta canción. Piénsenlo mientras miran a la chica.

La contemplación de la muñequita hace volar la imaginación, como si fuera una danza en homenaje a Tena. Hace tiempo que un amigo me envió este vídeo y me encantó. A falta de material audiovisual de Cucharada no nos parece mala idea: semejante animación para una letra así debe de ser obra de un genio o de una mente perversa. Ni siquiera se ve por ahí un triste playback para la tele y, aunque salen en la banda sonora de Nos va la marcha, juraría que al final su actuación se quedó fuera de tan legendaria película. Para rematar, las fotos de esa época son tan escasas que esta que se hicieron en un water fue aprovechada por partida doble para portada y contraportada de su primer single. Empecemos por la contra para ver los créditos: produce Mariscal Romero y es una de las primeras referencias de la entonces llamada Serie Chapa, cuando todavía Zafiro conservaba el logo de la CFE (Compañía Fonográfica Española).

Cucharada - Social peligrosidad (contraportada)
En la contraportada se aprecia mejor la cisterna

En cuanto a las canciones, son las mismas dos que aportaron al recopilatorio Rock del Manzanares (Viva el Rollo Vol.2)… y aquí tenemos la prueba escrita de que lo que está sonando se titulaba Social Peligrosidad. Estos días se ha repetido hasta la saciedad que la primera canción firmada por Manolo Tena se llamaba ‘Peligrosidad Social’. Error: en realidad ese era el nombre de uso común para referirse a la reforma que el tardofranquismo se inventó como lavado de cara para su vieja Ley de Vagos y Maleantes, aunque en definitiva era el mismo engendro legal que permitía que cualquiera que tuviera un lejano aspecto de vagabundo, mendigo, trapichero, puta o maricón podía ser llevado directamente a comisaría. La canción tiene el título dado la vuelta porque Manolo escribía de forma muy cuidadosa y le gustaba jugar con el orden y la sonoridad de las palabras. No cabe duda de que Social Peligrosidad queda mucho mejor y añade mayor contundencia al tono de protesta progre.

Cucharada - Social peligrosidad (Single)
Social Peligrosidad (Single, 1978)

En la misma onda lumpen y suburbial se movía la cara B, que hay que decir que estos chicos de Cucharada eran muy atrevidos tanto en su puesta en escena como en las cosas que contaban en sus canciones. El toque de crítica social era casi obligatorio en el paisaje artístico de esos primeros años de la transición, pero en este single de presentación ya quedaba claro que ahí había un letrista muy personal: tan alejado de la solemnidad y pesadez del cantautor al uso como de la procacidad cavernícola del roquero de barrio. Este Libertad para mirar escaparates es una cancioncilla mucho más ligera y simpática que anticipa el estilo en que se va a encuadrar el grupo: crítica social sí, pero desde la burla y la parodia. Aquí todavía no llegan a tanto, pero hay un punto de ironía y lucidez pocas veces visto en los grupos de su generación.

No se asusten por la parte hablada del principio. Lo que ocurre es que este audio no está sacado de la cara B del single, sino que pertenece a uno de los cortes del segundo volumen de Viva el Rollo, que tenía como marca de la casa la inclusión de una especie de cortinillas chistosas entre canción y canción que prácticamente se fundían con la música. Se notaba ahí la mano del Mariscal Romero, pues en lugar de facturar una recopilación al uso el Mariscal le dio vidilla al disco añadiéndole el ritmo frenético propio de sus programas de radio.

Rock del Manzanares - Viva el Rollo Vol. 2 (1978)
Así era el Rollo, siempre con un tipo de la
Brigada Político-Social al acecho

La escucha de este Rock del Manzanares resulta entrañable. Aunque la grabación suena horrible, como una maqueta tirando a cutre, refleja con bastante fidelidad esa incipiente escena roquera madrileña que estaba pidiendo a gritos una oportunidad para abrirse camino. Con el Mariscal ejerciendo de maestro de ceremonias, el disco sirvió como carta de presentación para que los jefazos de Zafiro conocieran a cinco de los posibles grupos que podrían estar en la parrilla de salida del proyecto Chapa Discos. Muchos fueron los llamados y pocos los elegidos, pero finalmente Cucharada consiguió entrar en el corte. Se hicieron esperar casi un año, cayeron bajo el paraguas productor de Teddy Bautista y pudieron volver a grabar Social Peligrosidad en mejores condiciones tal como se escucha en el vídeo de la bailarina, quedando Libertad para mirar escaparates como rareza de cara B para rellenar el espacio sobrante de la TDK de 60. Un bonus track mítico de Viva el Rollo. Porque, déjenme decirles, por si no había quedado suficientemente claro, que Manolo Tena perteneció al Rollo y que ningún músico con origen en ‘el rollo’ pudo ser jamás admitido en ‘la movida’.

Cucharada en directo
¿Cómo iban a ser de la movida unos tíos así?

Hay que insistir en esto porque esa tontería de ‘la voz de la movida’ es otra de las memeces que hemos tenido que soportar una y otra vez en estos días de loas y alabanzas al músico muerto, loas y alabanzas que pocas veces recibió en vida porque, no nos engañemos, Manolo Tena solía caer bastante mal. La Movida, así con mayúsculas, estaba integrada por gente encantada de conocerse: ‘auserones’ narcisistas contemplando en el espejo lo guapos que eran, ‘alaskas y anacurras’ exhibiendo su look importado de Londres, tipos carismáticos capaces de convertir en arte un ‘bigotito glutamato’ o una ‘poch pinza’. Si gente más cercana generacionalmente como Antonio Vega o Enrique Urquijo no pudo ajustarse al perfil, mucho menos Manolo Tena. ¿Cómo iba a ser de la movida un tío tan complicado, alguien a quien tantas veces se le derrumbó la autoestima?

No hace falta relatar aquí la carrera de Manolo Tena, su ascenso al estrellato, sus pérdidas de rumbo y caídas al infierno. Resulta que hace unos pocos meses él mismo decidió dar la cara para contarlo todo en primera persona, sin ahorrarse ni un detalle escabroso y juzgándose a sí mismo con una crudeza que ahora pone la piel de gallina. Un extraño en el paraíso: aquí lo tienen.

En septiembre de 2015 presentó su nuevo disco, Casualidades, pero no le hicimos mucho caso. TVE emitió en noviembre este documental y se nos olvidó verlo. Ya no nos interesaba mucho Manolo Tena. Hace un par de semanas, cuando volvieron a emitirlo el día de su muerte, sí que lo vimos con un nudo en la garganta y nos sentimos un poco culpables. El simple hecho de que tanta gente del negocio se pusiera ante la cámara para aportar unas palabras de apoyo a su regreso discográfico demuestra que, pese a todo, Manolo Tena era apreciado y, a su manera, querido por sus compañeros de profesión.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La Romántica Banda Local, tiempo de barbas y chaquetas de pana”, publicado originalmente el viernes 6 de abril de 2012.

Nuestro enemigo David Bowie

Lunes, 18 de enero de 2016.-
Hace una semana que se murió Bowie, paradigma y cumbre de todas las vanguardias. El lunes pasado bien temprano corrió la noticia por las redes sociales, lo que no quita que muchos lo oyéramos por la radio en la voz de alguno de esos locutores cavernarios de programa matinal. Qué atraso, qué enorme paradoja tratándose de un artista como Bowie, siempre tan moderno. Pero no nos engañemos: más allá de poses extraterrestres y futuristas, David Bowie era un personaje tan del siglo XX como la inmensa mayoría de sus fans. Reafirmándome en la idea, mi particular homenaje fue comprarme un periódico al día siguiente, que es lo que hacemos las personas antiguas cuando ocurre un gran acontecimiento. Aún digiriendo el empacho de loas a su habilidad para vulnerar la ortodoxia del rock, aquí nos conformaremos con recordar que también hubo una etapa en la que supo mantenerse más o menos en la ortodoxia.

Este Jean Genie puede que sea el momento de su carrera en que más se ajustó a los cánones de un género de moda, como en esos años era el glam-rock, con aparición en Top of the Pops incluida. Se publicó como single en 1972 con unos meses de adelanto a Aladdin Sane, el LP al que pertenecía. Con el anterior Ziggy Stardust y el siguiente Diamond Dogs integra su trilogía perfecta de rock alienígena y un poco gay, las extravagancias cotidianas que se llevaban en el mundillo glam. Esos son los tres discos de David Bowie con los que más cómodo se puede sentir el roquero de a pie, habitualmente más proclive al conservadurismo musical que a las tonterías y las moderneces. 

David Bowie - Aladdin Sane
Aladdin Sane (1973)

El problema fue que a quienes empezamos a escuchar música en los ochenta nos costó unos cuantos años descubrirlo. Para los jóvenes roqueros de los ochenta David Bowie era nuestro enemigo, el villano más despreciable y el mayor traidor conocido de todo el universo musical, pues a diferencia de otros a los que se suponía la desgracia de ser horteras de nacimiento, Bowie era hortera sobrevenido y por voluntad propia. Él, que había tenido el honor de compartir escenario con el gran Mick Ronson, se permitió el lujo de prescindir del guitarrista primero para hacer un disco de funk-soul moña y luego para juntarse con Brian Eno a experimentar con la cosa techno y electrónica de su etapa berlinesa. Y todo con tal de no perderles el paso a nuevos músicos punks y nuevaoleros que venían pegando fuerte, o sea, unos bandazos inaceptables para cualquier roquero de bien. Pero eso no fue lo peor, pues luego vino Let’s Dance repleto de toda esa bazofia discotequera… cómo detestábamos los coritos de Modern Love y sobre todo ese vomitivo videoclip con Mick Jagger en el que destrozaban un clásico de Martha Reeves y las Vandellas. Nos horrorizaba su forma de vestirse y sus ínfulas para marcar tendencia entre el pijerío más sonrojante. En definitiva, ejerció una influencia funesta que contribuyó a recluir a los roqueros de barrio cada vez más dentro de nuestro ghetto.

De todas formas, aún en las tribus más cerriles, siempre había un erudito que exigía un respeto por Bowie, algún enterado que recomendaba apasionadamente la escucha de sus discos de diez años atrás. Por eso y porque su protagonismo discográfico fue decreciendo a medida que avanzaban los ochenta, la figura de David Bowie fue acomodándose poco a poco en categoría ‘por encima del bien y del mal’. Alguna cancioncita suelta bien colocada en tal o cual banda sonora, algún papel protagonista en el cine como pareja vampírica de Catherine Deneuve o prisionero de guerra en el Japón, algún disco recopilatorio para levantar el ánimo tras una gira poco brillante y para el final de la década ya ni el roquero más integrista discutía su presencia en el olimpo del rocanrol. Y cuando menos se esperaba, de repente Bowie remata la jugada inventándose un grupo de rock potente, en los mismísimos límites jevimetaleros.

Tin Machine
Tin Machine (1989)

No fue más que un entretenimiento efímero, una excusa para juntarse con sus amigotes en los periodos que quedaban libres entre sus giras en solitario y sus compromisos promocionales, sin embargo con Tin Machine demostró una vez más el olfato que tenía para dejarse llevar por las tendencias del momento y anticiparse un minuto a la siguiente revolución que iba a acontecer en el mundo del rock. Vamos, que en aquel momento ya existían los Pixies, pero aún faltaban un par de años para que a alguien se le ocurriera poner nombre al grunge.

Pese a que este experimento de Tin Machine no fue demasiado apreciado entonces y se acabó disolviendo por pura indiferencia, al menos sirvió para terminar de reconciliar con Bowie a la mitad más cabreada de la audiencia del rocanrol. Quizá por eso en 1990 ya pudo presentarse en el rockódromo madrileño con toda respetabilidad roquera, libre de pecado, y los habituales parroquianos del polvoriento anfiteatro pudimos acudir a su concierto sin tener que avergonzarnos ante nuestros colegas. Sobre el viejo escenario de la Casa de Campo donde habíamos tenido a Zappa, a los Kinks y a Van Morrison, ahora disfrutábamos de David Bowie, ¿algún problema? Guardo un gran recuerdo, era la gira Sound + Vision en la que anunciaba que iba a cantar todos esos clásicos de su repertorio por última vez, así que todo fue muy sobrio y muy emotivo, nada que ver con el anterior Glass Spider Tour y sus sillones colgando del techo. Era una verdad a medias, pues claro que volvió a cantar todas esas canciones muchas más veces, pero sí es cierto que significó un punto y aparte para comenzar a explorar las posibilidades del dance, del drum, del bass, del techno y de todas esas historias electrónicas de las que, me van a disculpar, ni sé ni tengo la menor intención de saber.

Rockódromo de la Casa de Campo, septiembre de 1990
Rockódromo, septiembre de 1990

Volviendo a lo del principio, les diré que aproveché para echar un vistazo a El País en el bar donde desayuno y luego me compré El Mundo. Fobias y filias aparte, no había color: dos páginas contra siete, con muchas más firmas invitadas, infografías y recuadritos de apoyo. Recuerdo que cuando lo de Krahe encontré más o menos lo mismo: los estragos de la crisis en el papel impreso no hay quien los pare, pero a día de hoy unos lo sobrellevan mejor que otros. Entre la nómina de colaboradores, aparte de los periodistas del ramo que pueden imaginar, un compungido Loquillo responde en El Mundo a la pregunta que él mismo formuló en uno de sus primeros discos: ¿donde estaba él en el 77? Pues maquinando un cóctel estilístico con el fenómeno punk, la muerte de Elvis y el Heroes de Bowie como ingredientes, tres sucesos de rocanrol que ocurrieron ese año con pocos meses de margen. He aquí un rocker barcelonés que supo asumir a Bowie en su momento con total falta de prejuicios, ahí está el tío.

Anexo 19/01/2016: Por tardar una semana en escribir esta necrológica de rocanrol se nos junta con la siguiente. Hoy nos hemos enterado del fallecimiento de Glenn Frey. Curiosamente, la única vez que aquí se habló de los Eagles fue sobre una canción cuya voz solista no era la de Don Henley, sino la de Frey. Glenn Frey, David Bowie… descansen en paz.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La canción perfecta”, que fue publicado originalmente el jueves 18 de noviembre de 2010.

Hey Joe, Feliz Navidad

Jueves, 24 de diciembre de 2015.-
Desde hace un par de días oigo a todas horas a este señor rellenando huecos en los informativos de radio y televisión en pausas musicales o en la típica reseña cultural que se mete cuando no hay otra noticia cultural mejor. El caso es que siempre utilizan como comodín los éxitos más empalagosos de su etapa de madurez, tipo Unchain My Heart o You Can Leave Your Hat On, una pena que no conozcan nada de sus años mozos cuando acostumbraba hacer interpretaciones salvajes de verdad. Por ejemplo esta versión del éxito de los Box Tops.

Lo que ocurre es que el pobre Joe Cocker tuvo la desgracia de morirse hace un año en fecha tan señalada, detalle este que garantiza la gloria artística para la posteridad. Igual que el aniversario de la muerte de Elvis sirve para llenar el vacío informativo de agosto (formando junto a Groucho y Marilyn la trilogía fúnebre del verano desde tiempo inmemorial) o el recuerdo del asesinato de Lennon nos pilla en pleno puente de la Inmaculada (que en 1981 todavía no había mucha costumbre de referirse a la Constitución), a partir de ahora la voz de Joe Cocker servirá para anunciar el inicio de la Navidad.

Joe Cocker - Mad Dogs & Englishmen
Mad Dogs & Englishmen (1970)

Hace años, muy al principio de empezar a escribir este blog, este disco ya fue mencionado en un texto que al final expresaba la intención de conseguir la película homónima rodada en esa misma gira y pegarle un buen repaso, que ahí sí que quedó reflejada una gira de rocanrol de auténtica locura.

Joe Cocker - Mad Dog & Englismen (poster)
El póster de la película

El asunto sigue pendiente, pero como estamos en fechas de buenos propósitos podría ser una buena idea añadirlo a la lista de cosas por hacer en este 2016 que estamos a punto de inaugurar. Sirva como anticipo este fragmento con The Letter, con esa energía bestial de la sección de viento, esos coros emocionantes y ese malencarado Leon Russell al piano con su mirada de psicópata. Y, desde luego, sirva esta banda sonora para felicitar las fiestas a los lectores de A70 con un Joe Cocker ya para siempre incorporado a la iconografía navideña.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Joe Cocker y su asombroso momento Woodstock”, que fue publicado originalmente el viernes 20 de noviembre de 2009.

Unas lagrimillas por Krahe vol. III

Viernes, 31 de julio de 2015.-
Cuando empecé con este asunto no tenía previsto extenderme tanto, pero así de amplio es el cancionero de Javier Krahe. Aún quedan por tratar algunos temas esenciales, como por ejemplo la muerte, tantas veces mencionada por Krahe en versos aislados (Los siete pecados capitales) o en canciones enteras (El ciprés), ya fuera muerte ajena (Don Andrés Octogenario) o la propia (El cromosoma), suicidio (Nembutal) u homicidio (La hoguera), en tono solemne (El tío Marcial), crítico (Señor Juez), irónico (Carne de cañón al chilindrón) o abiertamente irreverente (Y todo es vanidad). Como ya les advertí que en un momento tan triste daba cierta pereza ponerse trascendente, por el calor y tal, he preferido ocuparme de otro asunto de vital importancia: los cuernos.

A juzgar por el número de infidelidades sufridas y cometidas que ha narrado en sus canciones podría deducirse que Krahe haya sido uno de los tíos más mujeriegos y promiscuos de la historia de la canción, incluso a la altura de un Julio Iglesias o un Mick Jagger. Luego cae uno en la cuenta de que toda su vida ha estado casado con la misma mujer y que, por mucho pacto de relación abierta que pudieran tener, semejante ajetreo no hay pareja que lo resista. Porque no solo era él quien disfrutaba en primera persona de aventuras en lechos ajenos, también solía ser víctima de toda clase de humillaciones, como imaginar al cerdo de turno disfrutando del liguero regalado por el letrista (Si lo llego a saber). La saga de bellas y traidoras fue inaugurada por Marieta, cómo no, quien ya en el primer disco “se besaba con un chulo apoyada en un farol”, y poco después su propia mujer le dijo a la cara “prefiero como tú ya sabes la del jardinero” en Un burdo rumor. En otro momento de intensa ninfomanía (Vecindario), viéndose incapaz de cumplir él solo con el débito conyugal, tuvo que aceptar la ayuda del señor del piso de arriba, un tal Avelino, y al final, “a su mismo sexo no siendo reacia”, hasta entra en juego Engracia, otra vecina. Un disparate de canción, pero creo que Navalagamella, la que está sonando, incluso la supera. Aquí la infidelidad va en las dos direcciones. Ambos alardean de su traición, pero como siempre es el personaje de Krahe quien asume con cómica resignación su derrota como marido vilipendiado. Según lo cuenta, la infidelidad de ella es mucho más grave, por lujuriosa, por grosera y por haber elegido como nido de amor un sitio tan absurdo como Navalagamella, minúsculo pueblo de la sierra de Madrid que, eso sí, facilitó al letrista rimas bien chocantes.

Javier Krahe - Querencias y extravíos
Querencias y extravíos (2007)

El amante serrano era un tipo bastante zafio, en cambio el de Sábanas de seda le mereció mucho más respeto. A propósito de esta delicada historia, dijo Krahe que la escribió movido por la fascinación que le inspiraba Y cómo es él. Le desconcertaba tanto el enfoque de José Luis Perales que se vio en la necesidad ofrecer un punto de vista alternativo al del cantautor conquense. Y quizá para vengarse, tanto de la esposa infiel como de Perales, después siguió aportando todo un abanico de canciones en las que no siempre la culpa era de la mujer, pues el Krahe también se dejaba engatusar a la primera: aventuras de una noche (Paréntesis), con chicas mucho más jóvenes que él (Salomé), una con la que incluso montó en vespino (Canas al aire), señoras maduras con el marido en el trabajo (Maldito paro) y hasta pecando de pensamiento dudaba si inspirarse en Irene o en Elena (Mi mano en pena). Porque esa es otra, el detalle de aportar el nombre de la dama para dar mayor credibilidad al romance, y ahí van desfilando Adela, Inés, Gabriela, Maribel, Mariví, La perversa Leonor, Carmiña, Lulú, Lucrecia, Eva y la Cruel Genoveva. Para rematar pone al día la lista de sus cien amantes en Abajo el Alzheimer e incluso se deja para el siguiente disco La cientouna. Tantas mujeres para que de todos esos nombres al final solo importe uno: Annick, la esposa medio francesa. Más de cuarenta años de relación resumidos en este puñado de estrofas con que se abría el disco Toser y cantar.

Sin entrar en terrenos escabrosos de la vida privada, porque ni queremos ni debemos, y basándonos en las pistas que ofrece el propio interesado hablando entre canciones, se podría sostener la hipótesis de que todos esos amantes de él y de ella eran pura fantasía. Todos o casi todos, porque en una de esas charlas introductorias Krahe deja una puerta abierta al afirmar que todas sus canciones son inventadas, menos una. Tampoco habría lugar para amantes si apostamos como canción verídica por Canadá, Canadá, la letra que detalla su viaje de ida y vuelta al país norteamericano: chico conoce a chica canadiense en España, va tras ella hasta Canadá, se casan y regresan a Madrid. Echan raíces en Malasaña y todos los años discuten El dos de mayo. Luego se reconcilian (Gracias, tabaco) y él hasta reconoce que volvería a casarse otra vez (Vals del perdón). Son estas las canciones en que, sin nombrarla, más claramente aparece Annick, aunque es probable que también protagonice muchas otras. No sé cómo es, creo que nunca la he visto ni en fotos, pero qué pedazo de mujer. Vaya desde aquí nuestra honda admiración, Annick.

Javier Krahe - Toser y cantar
Toser y cantar (2010)

Como de alguna manera habrá que ir terminando, corresponde elegir una pieza que sea especial y ponga digno colofón a esta serie. Vamos con algo de crítica social, asunto del que tantas veces se ha ocupado Javier Krahe sin ponerse ningún límite. Si había que meterse con el gobierno, los jueces, la iglesia, los militares o los poderosos, así en general, pues iba y lo hacía, pero si en alguna ocasión era necesario personalizar un destinatario para sus dardos, también concretaba sin mayor problema, ya se tratara de un alcalde o presidente, de Leonard Cohen o del mismísimo Papa (“yo es que me crispo con el obispo ese de Roma, ¿por quién se toma?”). En este caso se marcha bastante lejos, como si prefieriese andarse por las ramas, pero nada más lejos de su intención. Cuando Krahe critica lo que ocurre en las Antípodas aquí al lado no queda títere con cabeza.

Javier Krahe - Dolor de garganta
Dolor de garganta (1999)

En las antípodas todo es idéntico, idéntico a lo autóctono”, una frase genial que podría servir como tesis para un tratado general sobre la naturaleza humana. Y empezando por ahí, cada uno de los versos es para enmarcar. Krahe va hilvanando observaciones a cual más aguda sobre sinsentidos de la vida cotidiana y logra redondear una letra absolutamente magistral. Y, quizá por ser la canción que abría su primer CD con 18 Chulos, se nota que en esta grabación tuvo que haber pasta. Un montón de instrumentos de viento rematan la canción con un arreglo de big band en plan Sinatra que le da un aire grandioso como nunca tuvo en su carrera. Todo muy lujoso, sí, pero diría que el ingrediente de mayor valor es con diferencia el uso de las esdrújulas, pues la crítica social parece mucho más crítica cuando se rima en esdrújula. Apóstatas, fanáticos, súbditos, catedráticos, escépticos, pusilánimes, indígenas, energúmenos, sancristóbales… escuchen, escuchen y no se pierdan ni una. Qué grande el Krahe.

Aquí lo dejamos, en todo lo alto. Tengo la impresión de haberme puesto un poco pesado hablando y hablando de Krahe sin parar. La intención era recuperar algunas buenas canciones y letras suyas de esas que piden entrecomillado, pero son tantos los recuerdos… Les pido disculpas y ya mismo me callo para que puedan ustedes escuchar tranquilamente a Javier Krahe, la mejor manera de llenar el vacío que deja. En los párrafos de más arriba pueden encontrar un buen montón de títulos para seguir en su compañía, por si les apetece. Fíjense que este mes de julio un servidor pensaba escribir sobre Ramoncín y los Rolling Stones, pero ocurrió lo de Krahe y tuve que cambiar de planes de forma radical. Ya acaba julio, poco a poco iremos volviendo a los monstruos del rocanrol.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. I y Unas lagrimillas por Krahe vol. II.

Unas lagrimillas por Krahe vol. II

Lunes, 27 de julio de 2015.-
Aunque en el texto anterior me propuse evitar las canciones más sobadas de Krahe, acabé poniendo Marieta, anda que… Me fastidiaba que en el aluvión de condolencias publicadas por los famosos de turno en la red social del pajarito (esa que Calamaro rebautizó como Tweety) todo el mundo se esforzara en quedar bien poniendo una frase de las mismas cuatro canciones de siempre. Eso sí, nadie mencionó a Marieta, que no hay nada peor que ir uno con su corona y quedar “como un gilipó – llas, madre”.

Sin ánimo de generalizar, es posible que muchos de los que dieron su pésame de 140 caracteres no hayan escuchado a Javier Krahe en los últimos treinta años, que no pasaran del repertorio del primer disco más La Mandrágora. Cuando en aquella época Joaquín Sabina decía en las entrevistas que quería aproximarse al rock, Krahe respondía que él se veía más evolucionando hacia el vals. La etiqueta de que su música era aburrida fue cuajando, la gente fue perdiendo el interés y ya casi nadie escuchó el segundo disco, que casualmente es uno de los mejores. Contra lo que decía el tópico, musicalmente era bastante entretenido: desde una jota-blues para homenajear a Luis Buñuel hasta esta de aquí debajo, que empieza con un cierto aire a película de romanos, como de superproducción de Samuel Bronston.

Aquí tienen otra de sus especialidades: la temática cristiana en general y bíblica en particular. Hay que decir que cuando Javier Krahe se adentraba en el terreno de la sátira religiosa solía dejar claro que sabía bien de lo que hablaba, nada que ver con los analfabetos de turno que practican el insulto zafio solo por emponzoñar el ambiente. Krahe ponía cuidado en encontrar el tono adecuado, demostrando que hasta para ser sacrílego es preferible guardar las formas. En Los caminos del Señor, otro ejemplo de este mismo disco, ambienta el relato en una parroquia demostrando que sabía orientarse por el interior del templo y exhibiendo conocimientos en santoral, liturgia, clero y hasta en la mecánica del confesionario y los donativos. Y en Esaú, la que suena, se atreve con un drama familiar del Antiguo Testamento, aclarando que si Jacob llegó a ser patriarca del pueblo judío fue porque primero timó a su hermano con el plato de lentejas y luego engañó a su padre Isaac haciéndose pasar por Esaú para que le diera su bendición, ya saben, se puso una piel de cordero para confundir a papá que ya estaba medio ciego, qué bajeza. Pero lo que más me gusta de esta canción es cómo soluciona Krahe el reto de encontrarle rimas a Esaú y Jacob: partiendo palabras por la mitad, otro de sus trucos favoritos para nunca renunciar a la rima consonante: “Todos los días Esaú / vendes tu primogenitu- / ra por un plato de lentejas / luego te quejas”. Y en el caso de Jacob: “Mira que fácilmente te ob- / nubila tu hermano Jacob”.

Javier Krahe - Aparejo de fortuna
Aparejo de fortuna (1984)

Si este segundo disco es tan variado en lo musical y tan rico en arreglos es porque, huyendo del estigma del cantautor-tostón, Javier Krahe empezó a rodearse de musicazos de jazz como Andreas Prittwitz, Fernando AnguitaJimmy Ríos. A modo de burla, hasta colaron un solo de batería sin venir a cuento en mitad de Un burdo rumor, grabada aquí en estudio por primera vez. Un disco más tarde apareció Javier López de Guereña y poco a poco fue ocupando el sitio del guitarrista Antonio Sánchez, el cuarto hombre de La Mandrágora.

Krahe. Sabina, Pérez y Sánchez - La Mandrágora
Como Sánchez no cantaba no salió en la foto

Andaba Antonio Sánchez tan atareado tocando y componiendo con Krahe y Sabina, fundando su propia Académica Palanca y yendo a la SGAE a cobrar el cheque que le correspondía como coautor de Pongamos que hablo de Madrid que, harto del pluriempleo, acabó centrándose en su propio proyecto. Total, que Guereña empezó como segundo guitarra, luego fue productor y finalmente se convirtió en mano derecha de Krahe hasta el final. También Prittwitz y Anguita han sido inseparables todos estos años… vamos, que no tenía grupo, no hacía giras, pero estos tipos se divertían tanto tocando con él que cada vez que Krahe los llamaba volvía a reunirse la banda. Aquí no se ve, pero se nota.

Porque, ¿qué posibilidades podrían tener unos músicos como estos de interpretar una canción dedicada a la geometría? Solo con Krahe, sin duda. ¿Qué Krahe les pide unas notas que evoquen “el Quattrocento, en los confines de la Umbría y la Toscana”? Pues ellos van y lo hacen. Y además se marcan unos coros en plan gamberro a la mayor gloria de Piero della Francesca y de paso hacer más ameno el repaso a las figuras geométricas favoritas del cantante, que ya podemos imaginar que cuando Javier Krahe opina sobre el pentágono, las altas esferas, las pirámides, el cuadrilátero, las paralelas, los óvalos y los conos está como siempre refiriéndose a sus propios asuntos.

Javier Krahe - Cábalas y cicatrices
Cábalas y cicatrices (2002)

Sus anteriores grabaciones en directo, La Mandrágora y Elíjeme, ya incluyeron canciones sueltas hasta entonces inéditas, pero Javier Krahe nunca había grabado un concierto entero de canciones nuevas. Para este Cábalas y cicatrices alguien tuvo la feliz idea: si el estreno de canciones ante su público es uno de los puntos fuertes de este artista, pues qué mejor que publicar un concierto enterito de repertorio aún no grabado. Y si el tipo en cuestión era un maestro conversando con la gente antes y después cantar, pues se graba también la charla entre canción y canción. Resultado, una delicia que captura la magia que solía conseguir el Krahe cuando actuaba en sus garitos habituales, esta vez el Café Central para más señas, cuál iba a ser si no. No tiene desperdicio, aquí lo pueden comprobar de principio a fin. Años después, también con resultados estimables, repitió la fórmula en el disco Querencias y extravíos, grabando esta vez el recital en el Café España de Valladolid, lo que tratándose de un tipo tan madrileño puede considerarse una extravagancia. Curiosamente tuvo que volver a su querido Café Central para dejar un último testimonio de sus conciertos en forma de CD.

Javier Krahe en el Café Central de Madrid
Javier Krahe en el Café Central de Madrid (2014)

Bueno, CD y como novedad también DVD. Se publicó en diciembre de 2014 como parte de una campaña de protesta por los rumores de cierre que acechaban a este local, un cierre que finalmente no se produjo. Vamos a pensar que Krahe puso su granito de arena con el disco. La actuación grabada era de un año atrás, de cuando andaban presentando el repertorio de Las diez de últimas, el disco anterior. Por esa razón no tiene ninguna canción nueva, quedando para la posteridad como un emotivo documento del tramo final de su carrera. Aquí lo tienen: Javier Krahe en su garito predilecto interpretando en su último disco en directo una canción de su último disco en estudio. Ahí queda eso.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. I y Unas lagrimillas por Krahe vol. III.

Unas lagrimillas por Krahe vol. I

Sábado, 18 de julio de 2015.-
Qué tío el Krahe, siempre tan puñetero. ¡Mira que morirse en pleno mes de julio! Era el peor mes posible para dejarnos huérfanos de sus canciones, así que ahora estamos en plena ola de calor repasando su discografía, que no pega nada con la temperatura. Lo demostrararé con unas cuantas canciones por las que tengo debilidad. No son las típicas Villatripas, La hoguera, Un burdo rumor ni El cromosoma que ahora todo el mundo menciona (“Van de boca en boca, son la comidilla”). También me gustan, claro, pero se han citado ya tanto que prefiero otras más selectas, esas en las que alguna vez descubrí una frase digna de ser memorizada para después atizársela a cualquier incauto a las primeras de cambio. Canciones que son “harina de otro costal”.

Huevos de corral tiene una estructura muy común en las letras de Krahe: un tema general (en este caso: usos y costumbres que en tiempos de Franco eran más auténticos), un tema concreto por estrofa (1ª: la religión: “hostias de corral”; 2ª: el parlamento: “leyes de corral”; 3ª: el sexo: “polvos de corral”; 4ª: los entierros: “fosas de corral”), rimas repetidas (por ejemplo: costal-corral”), penúltimo verso sobre su propia experiencia en el asunto (“yo ya/no lo he probado”) y verso final desternillante (muy bueno el de la 3ª estrofa: “no me extraña que / tanto ojete esté / a la virulé”). Desde que la escuché por primera vez le tengo especial debilidad. Seguramente fue en directo, pues es de una época en que todavía duraba el veto a Javier Krahe, de forma que sus discos solían hacerse esperar más o menos un lustro y sus conciertos se celebraban en catacumbas. Recuerdo que una vez lo vi en los sótanos del Teatro María Guerrero para quitarme el mono. Como publicaba poco, su repertorio de directo solía estar repleto de canciones que todavía no habían sido grabadas y por ejemplo este Huevos de corral llegó a hacerse popular mucho antes de ser incluida en Versos de tornillo. Recuerdo que escuchar en vivo una letra nueva de Krahe provocaba una sensación de vértigo, cada frase era una aventura en la que no sabías el quiebro con que te iba a sorprender el autor. Esta en concreto conseguía al final de cada estrofa la carcajada del público en un in crescendo perfecto: risas de grado uno para la primera estrofa, luego de grado dos, grado tres y por fin la risotada de grado cuatro para la última rima: “me imagino que / más de uno se fue / por el w.c.”. Esta y la del ojete, siempre tan celebradas en sus conciertos, me las apunto en la antología de frases favoritas.

Javier Krahe - Versos de tornillo
Versos de tornillo (1997)

Distanciado cuatro años desde el anterior, este CD fue el último que publicó Lollipop, discográfica que le sirvió para ir tirando en los malos tiempos. Después todo fue yendo a mejor con 18 Chulos, el sello creado a modo de cooperativa para que gente como Wyoming, Pablo Carbonell, Javier Ruibal y el propio Krahe pudieran grabar sus discos cuando les viniera en gana. Qué casualidad, se tuvo que marchar Felipe González de La Moncloa para que esta panda de amiguetes fundara la empresa que los liberaría de toda atadura. Aunque los políticos del PP suelan llevarse de calle el título de enemigos de la libertad de expresión, si hablamos del Caso Krahe la ecuación es bien simple: cuanta más pasta manejaban los ayuntamientos del PSOE más férreo fue el veto a Javier Krahe. Mientras el artisteo más próximo al establishment vivía de lujo gracias al generoso reparto del presupuesto en fiestas patronales, Krahe se quedaba a dos velas. Y es que a quién se le ocurre relacionar a Manitú con el presidente González, el mismo que con el tiempo llegaría a ser conocido como El Dios entre sus propios ministros. Esa etapa de desconcierto se tuvo que hacer bastante cansina, lo que se refleja en algunas letras que rezuman escepticismo, también político.

He aquí otra frase para enmarcar: “Un viejo residuo / tengo de individuo / que en vez de a la cola de ir a votar / me lleva al bar”. Toma ya, otra lección para los compañeros de profesión más proclives a poner su firma en manifiestos (*). Vaya por delante pertenece a su tercer disco, el último que hizo bajo el paraguas de la todopoderosa CBS. En el momento en que ocurrieron los sucesos de Cuervo ingenuo tuvo que cundir el pánico en los despachos de la major y no supieron qué hacer con el apestado. Cuando en el mundo civilizado un artista es atacado por el gobierno, su discográfica pone en marcha la maquinaria promocional para hincharse a vender discos, pero amigos, esto es España. Bloqueada por sus miedos y cortedad de miras, nuestra CBS optó por evitar problemas y pasó totalmente de Javier Krahe.

Javier Krahe - Corral de cuernos
Corral de cuernos (1985)

Aunque, bien mirado, antes de que el gobierno del PSOE le censurara ya se había adelantado la propia CBS mutilando una de sus canciones. En Corral de cuernos aparecía una especie de himno raro dedicado a Madrid titulado El hombre y el oso y el madroño, que en el estudio perdió de cuajo su última estrofa, total por un “tú pásame la chi-na-na chi-na-na chi-na-na, tú pásame la chi-na-na que vamos a fumar” a ritmo de chotis. Esa es otra de sus señas de indentidad: incluir estridencias que causaran impacto en boca de un señor tan serio como él. Así fue desde el principio, no en vano el salto a la fama le llegó a Krahe por el camino de la palabra gruesa: Marieta=gilipollas y San Cucufato=cojones fueron los platos fuertes de su primer disco. Y aquella vez a los amos de CBS no les importó, o quizá ni se enteraron.

Javier Krahe - Valle de lágrimas
Valle de lágrimas (1980)

Disculpen, pero ya ha sido bastante cansado tratar el asunto político como para toparse ahora con la iglesia, que es lo siguiente que toca al tratarse de otro de los temas recurrentes de su cancionero. Mejor lo dejo por hoy, que hace mucho calor. Haré una pausa para echar unas lagrimillas por Krahe, las de la portada de su primer disco, mientras escuchamos la canción fundacional de su carrera, la que interpretó en el programa de Tola ante millones de espectadores convirtiéndose en el primer ser humano que se atrevió a decir “gilipollas” en TVE sin apenas pestañear. Aquí tienen la versión en directo de 1988, con la banda desparramando un divertido arreglo como de orquesta de pueblo.

(*) Un apunte de agosto de 2015: Mientras seguía escribiendo leí cosas muy bonitas sobre Javier Krahe. Como lo de A70 ha sido cualquier cosa menos una necrológica, les enlazo una que me emocionó especialmente porque mencionaba la ternura como característica fundamental de sus letras, algo que nunca se me habría ocurrido. Aquí me enteré de que en su etapa final Krahe abandonó sus férreos principios abstencionistas y decidió apoyar con su voto a un partido de nuevo cuño, incluso permitió que su líder más prominente se subiera al escenario de Galileo a cantar con él. Qué pena dio ver a nuestro querido Krahe dejándose utilizar por un tipo tan ávido de poder, pero lo interpretaremos como un episodio más de esa sagrada manía suya de hacer en cada momento lo que le diera la real gana. Según dijo, ni su voto ni su apoyo eran incondicionales. Mi impresión es que Krahe les habría dado su merecido en forma de canción si llegan a acomodarse en sus poltronas, pero eso ya nunca lo sabremos. Siento vergüenza ajena por el oportunismo tuitero de las Carmenas, los Iglesias y hasta del tontaina ese de IU intentando apropiarse de la figura de Krahe. Qué gente tan ventajista, saben que ya no puede responderles con una rima.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. II y Unas lagrimillas por Krahe vol. III.