Homenaje a las señoras que fueron fans de los Beatles

Jueves, 09 de junio de 2016.-
Hoy hace una semana que me llevé a toda la familia al Vicente Calderón para ver a Paul McCartney. Tenía ganas de que los niños vivieran un concierto grande de rock y se me agotaba el tiempo. Dentro de unos años ya no quedarán músicos originales de la época dorada que tengan ganas de tocar en un estadio, así que ésta era la ocasión perfecta: artista agradable; repertorio archifamoso con pronóstico de coro masivo; público entusiasta, colaborador y nada crítico. McCartney tiene la edad que tiene, no íbamos a ponernos exigentes con él, que también acumulamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas… y eso fue lo primero que extrañó a mis hijos: ¿por qué hay tanta gente mayor? Llamaba la atención la cantidad de señores en trance de jubilación, pero sobre todo la proporción de señoras. Seguro que entre ellas estaría alguna de las niñas que en 1965 salieron en el NO-DO.

Les expliqué que empecé a interesarme por el rock como unos diez años después de que los Beatles se separaran. Echando cuentas nos salía que de toda la gente que teníamos alrededor solo quien tuviera mínimo una docena de años más que yo pudo escuchar alguna de sus canciones recién publicada. Y ahí delante de nosotros estaban todas esas señoras sesentonas que se plantaron orgullosas en el concierto de McCartney para rendir pleitesía a su ídolo de juventud sin ningún tipo de complejo. Lo que se vio en el NO-DO fue la acostumbrada manipulación al servicio del régimen. Se trataba de ridiculizar esta moda foránea y de paso a todas sus tontas seguidoras, así que para empezar ilustraron la noticia con planos filmados al poco de abrir las puertas para que Las Ventas y la Monumental de Barcelona parecieran todavía mucho más vacías de lo que en realidad estuvieron. El vídeo de arriba es la pieza original del NO-DO; lo que viene a continuación es otro montaje con más o menos las mismas imágenes, pero prescindiendo de la malévola voz en off. Para que se hagan una idea más aproximada de cómo fue el concierto en realidad.

Cuando se cumplieron treinta años del acontecimiento, el director Pedro Costa realizó un documental para TVE titulado ¡Que vienen los Beatles! donde recuperaba valiosas imágenes que quedaron inéditas por la censura directa de los jefazos del NO-DO. Es ni más ni menos que un pedazo de historia de España, la emocionante llegada de la ‘beatlemanía’ a nuestro atrasado país contada de primera mano por los españolitos que lo vivieron. Como TVE prefiere que no se inserten sus vídeos en sitios ajenos, aquí les pongo el enlace a su página.

¡Que vienen los Beatles!

Merece la pena verlo entero, pero por si acaso he encontrado este resumen de cinco minutos que en su parte final muestra a alguna de esas chicas que en 1965 se jugaron su reputación haciendo público su entusiasmo por los Beatles. Ahí tienen a una auténtica pionera como Elisa Estrada, presidenta del club de fans, y también a la actriz Marta Fernández Muro con todas sus amigas ye-yés entonces quinceañeras, porque Marta puede presumir de que fue fan mucho antes que ‘Chica Almodóvar’.

Mucha gente ha presumido de pasado antifranquista y de haber protagonizado actividades subversivas que nadie podrá nunca negar porque no se tiene constancia de ellas. En cambio la valentía de estas chicas intentando quebrar el cordón policial en Barajas sí quedó grabado para la posteridad, vaya desde aquí nuestro homenaje… y ahora sí, hablemos un poco del concierto. Lo que vimos el otro día fue a un Paul con muchas ganas de agradar, solo así se entiende que tras décadas de giras en las que el repertorio beatle se dosificaba con cuentagotas ahora se descuelgue con un atracón de veintitantas canciones. Ahí está la parte magra del One on One Tour: un buen pedazo de Beatles que se va alternando con éxitos reconocibles de su etapa Wing, temas memorables de sus primeros discos en solitario y otros más discutibles de sus trabajos más recientes. Toda esta parte ‘no Beatle’ aparece ahora ampliamente recopilada en el disco que se publica en estos días.

Paul McCartney - Pure McCartney
Pure McCartney (2016)

No niego que fueron un poco cómicos sus esfuerzos por hablar en español, tampoco discuto que se rozara el ridículo cada vez que se le escapaba algún gallo, pero no creo que ninguno de los que estábamos allí tuviera intención de fijarse demasiado en esas cosas. No creo que nadie esperara caer rendido ante un artista en el mejor momento de su carrera, más bien se trataba de tener un emotivo reencuentro con un tipo que fue muy importante en nuestras vidas. Por eso nos sentíamos unos privilegiados cada vez que reconocíamos una de esas canciones que jamás imaginamos oír en directo en la voz de su autor. Que esa voz esté un poco quebrada por los años es lo de menos. Paul tiene 73 tacos y cumplirá los 74 dentro de unos pocos días, así que habrá que reconocer el mérito que tiene por colocarse en el centro de un macroescenario y mantener el tipo durante casi tres horas. Fue estupendo que rompiera el hielo con A Hard Day’s Night y Can’t Buy Me Love, piezas casi prehistóricas.

Paul McCartney - One On One
Mejor esta postal que la fea entrada de impresora

Tras un tramo de canciones más personales llegaron dos momentos álgidos con Maybe I’m Amazed y We Can Work It Out, pero quizá los picos de mayor intensidad emocional se alcanzaron con Blackbird y Something. Para la primera McCartney se quedó completamente solo con su guitarra acústica sobre una plataforma que le fue elevando ante un espectacular fondo de sombras de atardecer con vuelo de cuervos entre árboles mecidos por el viento. La segunda llegó precedida de unas sentidas palabras sobre George Harrison. Como su amigo era un gran aficionado al ukelele, Paul inició la primera estrofa con este instrumento y poco a poco fue incorporándose el resto de la banda para ejecutar un Something sencillamente magistral. También hubo dedicatorias a Linda y a Nancy (primera y tercera esposas, ni rastro de la de la pata de palo) y a George Martin y John Lennon, aunque la de este último, Here Today, se evidenció bastante más fría que todas las demás. Para encarar la recta final decidió alternar las más bonitas con las más cañeras, y aunque Band on the Run, Let It Be y Yesterday fueron muy aclamadas, déjenme que destaque la energía roquera que desplegaron Back in the USSR y Birthday. Pero quizá el mejor pack fue el que formaron la furia pirotécnica de Live and Let Die con la apoteosis del karaoke que fue Hey Jude. Aquí tienen un vídeo que captura justo el cambio de canción.

Mientras sonaban las notas jamesbondianas se alcanzaron unas cotas de ruido impropias de un artista de la edad de Paul, pero acto seguido las aguas volvieron a su cauce para gozar como es debido del momento más esperado de la noche. Para que nadie se equivocara con el estribillo, la gente de las primeras filas alzó carteles con la palabra “NA”, aunque para cantar la canción entera habría sido mucho más útil llevar este simpático esquema que una vez me regalaron a propósito de un recuerdo compartido.

Esquema Hey Jude

Termino con un flashback personal. Hubo un tiempo en que Hey Jude desempeñó un papel protagonista en la banda sonora de nuestra vida laboral. Hey Jude sonaba indefectiblemente hacia las seis menos cuarto de la tarde en la radiofórmula que nuestra jefa nos obligaba a escuchar, así que entre todos esos “recuerdos gloriosos de un enmoquetado pasado”, según inspirada definición del compañero Nevsky, escuchar las primeras notas de Hey Jude significaba que disponíamos de unos siete minutos para recoger nuestras cosas y salir corriendo, de forma que todos íbamos desfilando de allí con el abrigo puesto durante el extenso margen que nos dejaba el coro in crescendo final.  Como quiera que ese “naaaaa na-na nara-na-ná” no se terminaba nunca, permítanme que ahora lo alargue un poco más con esta curiosidad que he encontrado en youtube. Vayan directamente al minuto dos y comprueben lo que es capaz de hacer un espectador argentino con un palo-selfie en semejante trance. 

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Quiénes son los abuelos del rock?”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de julio de 2010.

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Carne de canción: despiezando a La Cabra

Viernes, 22 de noviembre de 2013.-
Recuperando el hilo del penúltimo asunto, la polémica sobre Albert Pla se disolvió como un terrón de azúcar en cuanto pasó una semana. Los políticos cancelaron su concierto de Gijón pero mantuvieron el de Cáceres. El Gran Teatro registró medio aforo, eso sí, con gran afluencia de concejales de Izquierda Unida. Se desconoce si ha habido más conciertos, pues Pla desapareció de los medios tan bruscamente como llegó.

¿Y el resto de los chicos de La Pandilla Voladora? Bien, gracias. Canijo de Jerez sigue presentando su primer disco en solitario, lo nuevo de Muchachito estará al caer y Tomasito anuncia su próximo lanzamiento con una promo de medio minuto que pone los pelos de punta… ¿y Lichis? ¿qué pasa con Lichis? Pues dicen que ya tiene perfilado su nuevo repertorio y que, ahora sí, está a punto de ver la luz. Como sus canciones se echan de menos y no tenía ganas de seguir esperando, he estado releyendo su último libro. Esta es la última composición suya conocida, y menuda canción de despedida que se marcó el tío.

En su momento no hice demasiado caso a Carne de canción, el disco póstumo de La Cabra Mecánica. Recuerdo que me pasaron una copia, pero debí de pensar que era un simple recopilatorio y no presté la atención suficiente como para descubrir que era mucho más que eso. Ahora, al cabo de los años, lo descubro y veo que es un valioso ejercicio de relectura de su repertorio, una especie de relato coherente de lo que La Cabra podría haber sido y no fue por culpa de los errores de producción, los vaivenes comerciales y la estupidez congénita de la industria discográfica. Y eso que Lichis grababa para DRO-Warner, que se suponía eran los que más cuidaban el producto nacional.

La Cabra Mecánica - Carne de canciónCarne de canción (2009)

Lichis tenía claro que La Cabra Mecánica era un proyecto agotado. Podría haber zanjado el asunto con el grandes éxitos de turno, pero prefirió echar el cierre con este lujoso estuche en el que se nota que puso todo su cariño. Se podría tomar como una especie de ajuste de cuentas con el que Lichis demostraba a todo el mundo y a sí mismo que La Cabra podía haber dado de sí mucho más de lo que dio. El caso es que Warner Music se la volvió a jugar: puso en las tiendas el bonito pack y lo abandonó a su suerte sin hacerle la más miserable promoción. Poco después las tiendas lo liquidaron a precio de risa, enseguida desapareció y ahora me he tenido que emplear a fondo para encontrar un último ejemplar.

Ha merecido la pena. Para empezar, el libreto incluye información de primera mano sobre las canciones, pues es el propio compositor quien destripa algunos detalles que solo podía saber él. Al contrario que la mayoría de sus colegas, a Lichis no le importa reconocer de dónde saco las ideas para cada canción ni qué influencias musicales utilizó, así que va desplegando sin ningún pudor su amplio abanico de nombres propios: Harrison, Lennon, Cream, Los Lobos, Arístides Moreno, Gato Pérez, Serrat, Charly García, Martirio, Tabletom, Tom Waits, Juan Antonio Canta… casi nada, cada canción de su padre y de su madre.

En cuanto a la música, Carne de canción se puede contemplar como un álbum con fotos de una historia que terminó. Contiene dos canciones nuevas, una inédita y todas las demás son interesantes versiones de su repertorio más conocido, bien por mejorar la original o bien por aportar una visión distinta. Pueden escuchar las nuevas al principio y al final de este texto; como ejemplo de las versiones, aquí tienen un primitivo Mi única riqueza mucho más bonito que el que luego se publicó un par de años después.

Muy coqueto el guiño al Jessica de los Allman Brothers, en cambio ahora escucho la versión incluida en el primer CD del grupo y me suena a vulgar flamenquito, uno de tantos proyectos de hit con arreglos modelo Raimundo Amador. Y en este plan, los archivos de La Cabra descubren muchas más cosas: lo bien que quedan las remezclas de La novia del marinero o La Fábula del hombre lobo con la electricidad bien afilada; lo emocionantes que suenan Palabras de gasolina o El malo de la película un poco más desnudas; lo aprovechable que puede llegar a ser el eclecticismo bien entendido desde una Uña de la rumba pasada por jazz a un Shalala en versión piano bar, pasando por un Pégate un tiro en plan tex-mex. Además, reseñar la entrañable maqueta de La lista de la compra con una anónima María Jiménez de Lavapiés y agradecer las estupendas tomas en estudio de Caramelo y El día de tu boda, de las que solo se conocía su versión en directo.

Y en el fondo, un regusto amargo. Incluso en un ambiente tan rumbero y festivo como ha sido el de La Pandilla Voladora se nota que Lichis va como con el freno echado, con su media sonrisa y sin llegar nunca a desinhibirse al 100%. En cualquier caso ha sido un placer ver a Lichis recuperar esa faceta más cañí de su repertorio que parecía haber enterrado para siempre.

La Pandilla VoladoraEl más serio de La Pandilla

Aunque siempre muy concentrado en su bajo, seguro que Lichis habrá disfrutado de un verano de lo más feliz rodeado de una gente tan divertida. Me alegro mucho por él, espero que haya sido la pausa que necesitaba para tomar impulso y afrontar lo siguiente con más optimismo. Ojalá dé con la tecla y consiga por fin el reconocimiento que merece como autor y como intérprete… no sé, a otros les fue bien transitando por los caminos que iba abriendo La Cabra Mecánica. Unos hermanos de Cornellá se labraron un porvenir expresándose de una manera muy parecida. Y otro imitador asturiano, mucho más chabacano y malhablado que Lichis, cayó en gracia desde el principio y ahora hasta presenta ridículos concursos de nuevos talentos en televisión.

Para Lichis, en cambio, todo eran pegas: que si demasiados tacos para ser objetivo promocional, que si demasiado ruido para entrar en radiofórmulas… y al final tanto trabajo y tanta dedicación para que la disquera fuera publicando álbumes a los que no hacía ni puñetero caso. Y como remate, un estupendo disco a precio prohibitivo destinado a coger polvo en las estanterías de las tiendas porque nadie sabía de qué iba, después liquidado en las siguientes rebajas de enero y finalmente descatalogado para que La Cabra quedara definitivamente muerta y enterrada.

En fin, disfruten del excelente contenido de Carne de canción, si es que son capaces de encontrarlo. Les dejo con la otra canción que se grabó entonces, que en palabras de Lichis va sobre la épica del fracaso glorioso. Dice que se la planteó como un himno anti We Are The Champions… vaya, algo así sólo se le podía ocurrir a un roquero del Atleti. Al menos tiene el puntito optimista de prometer que va a seguir intentándolo una y otra vez.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El fracaso español de Charly García”, que fue publicado originalmente el domingo 12 de junio de 2011.

Generación olímpica

Miércoles, 12 de Septiembre de 2012.-
A mediados de agosto tenía pendiente acabar un texto sobre Springsteen, pero decidí tomarme un descanso. Con el calor que hacía me resultaba imposible expresar lo que quería sobre sus cuatro horas de concierto, más los otros muchos asuntos relacionados que iban surgiendo por el camino. Además, entregado como estaba al deporte de sofá, pensé que lo mejor sería escribir algo sobre los Juegos Olímpicos, que las horas diarias de televisión que le estaba dedicando sirvieran al menos para algo. Cuando lo terminé y fui a ponerlo en el blog… ¡ya no había blog!

Una vez subsanado ese pequeño problemilla, con casi un mes de retraso, aquí tienen mi crónica de Londres 2012. Este pedazo de canción fue la que puso punto y final a los Juegos.

Bueno, está claro que esta versión no es la de la ceremonia de clausura en el estadio olímpico de Londres, que esas son imágenes sometidas a carísimos derechos de televisión y no salen en el youtube así como así. Les pongo a cambio un My Generation del principio de los tiempos, el del famoso Beat Club de la tele alemana.

Aunque suelo pasar de este tipo de galas olímpicas, esta vez eché un vistazo solo por comprobar qué músicos salían en esa cosa de la Symphony of British Music. Me hizo mucha ilusión que se concediera a los Who el honor de poner el broche a los Juegos, aunque para ello tuve que tragarme un montón de bazofias y naderías. Fue duro soportar a George Michael, a Take That y a las chicas esas picantes, pero mereció la pena porque de vez en cuando, entre cientos de bailarines y ostentosos decorados, aparecía alguna leyenda de esa generación de músicos de la que hablaban los Who, esos que peinan canas aunque en su momento proclamaran que esperaban “morir antes de llegar a viejos”.

The Kids Are Alright (1978)

Algunos sí lo consiguieron, por ejemplo los dos tipos de los lados que ven ahí dormidos bajo la bandera. El batería Keith Moon fue uno de los jóvenes cadáveres más notorio del rocanrol de los 70, y pese a estar muerto desde 1978 algún despistado de la organización de Londres 2012 hizo llegar a su mánager una invitación para que se uniera al espectáculo, demostrando estar a la última. El bajista John Entwistle casi llegó a viejo, murió a punto de cumplir 60 años. Antes de empezar con The Who la gira estadounidense de 2002 dejó colgado al grupo al sufrir un infarto en un hotel de Las Vegas. Se dijo que en su habitación había drogas y prostitutas, lo que sin duda le proporcionaría una muerte muy roquera… pero mucho más roquera fue la decisión de sus compañeros Townshend y Daltrey de no suspender la gira. Diez años después, los chicos siguen estando bien.

Roger Daltrey y Pete Townshend, olímpicos a los 60 y pico

En las ceremonias de Londres 2012, la inaugural y la de clausura, hubo muchas referencias a músicos muertos. Sonaron canciones de Harrison y de Lennon, al que incluso construyeron una esfinge. Se acordaron de Amy Winehouse y a Freddie Mercury hasta le pusieron en pantalla gigante… aunque a la hora de la verdad del We Will Rock You, su amigo Brian May no dudó en sustituirlo por una tía buena, joven promesa de la música británica pero disfrazada de tía buena al fin y al cabo.

Brian May, exprimiendo la ubre de Queen

También fue bonito ver a jóvenes bandas como Arctic Monkeys o Kaiser Chiefs rendir pleitesía al viejo pop inglés. En su versión de Pinball Wizard me pareció que el batería de estos últimos incluso imitaba los locos gestos de Keith Moon ante los tambores… y durante esa canción fue un puntazo que la pista de atletismo fuera invadida por decenas de Vespas y Lambrettas. Tengo la impresión de que gran parte de la gente que hoy controla el cotarro en el periodismo y las artes tuvieron un pasado mod. Lo que tocaron los Arctic Monkeys en la ceremonia inaugural fue un Come Together para invitar a todo el mundo a seguir los Juegos. Antes y después hubo infinidad de canciones de los Beatles embelleciendo toda clase de teatrillos y bailes, hasta que finalmente Sir Paul McCartney asumió por completo el papel estelar enlazando The End con Hey Jude para que todo el estadio acabara cantando aquello de “naaaaa na na narananá…”.

Qué entrañables recuerdos nos trajo ese Hey Jude

Y como la cosa era tan brit pop, se permitió algún instante de lucimiento a Oasis y Blur, o más bien a sus sucedáneos. Y de los grupos pioneros, ausentes Small Faces y The Animals unos por muertos y los otros por apestados, la cuota de protagonismo se cubrió con el gran Ray Davies, que no es Sir pero fue trasladado en coche como un señor hasta el mismísimo pie de micro. Cantó un delicioso Waterloo Sunset sin la compañía de ningún Kink, que ya sabemos lo mal que se lleva con él su hermano Dave.

¿Era Dave Davies el que salía junto a Ray? Creo que no…

Llegados a este punto, es imposible no mencionar que faltaran los Stones. ¿Quizá pidieron una cifra astronómica para evitar ser invitados? ¿Quizá todavía les guardan rencor por su resistencia a pagar impuestos a la hacienda de su graciosa majestad? El caso es que no estuvieron ni ellos ni Elton John ni David Bowie, aunque se diera protagonismo en off a sus músicas. Pero la ausencia que noté especialmente fue la de Ringo Starr, que pensaba que era de esos que no se pierde ni una fiesta, aunque para compensar sí estuvo su hijo Zak sentado a la batería de los Who. En fin, que faltó gente importante pero actuaron artistas superventas de todo tipo como Madness, Pet Shop Boys o Annie Lennox, por decir unos pocos.

Eric Idle no es cantante de rock, pero como si lo fuera

Volviendo a lo del pomposo título de A Symphony of British Music, me parece que tuvo mucho de Symphony pero que lo de British era más bien mentira. Fue mucho más english que british, que podían haber puesto para disimular algún León de Gales o quizá un Rod Stewart cualquiera con denominación de origen escocesa. Tampoco hubo un triste norirlandés que llevarse a la boca, pues no creo ni que se atrevieran a proponérselo a Van Morrison… lo más que se pudo oir en off fue una ráfaga de U2. En cuanto a lo del sinfonismo, me parece que fue el estilo que impregnó todo, con Mike Oldfield y Vangelis hasta en la sopa… menos mal que tuvieron el buen gusto de poner a Rowan Atkinson para reírse del género. En cambió, ningún chico duro fue invitado a la fiesta. Nada de Iron Maiden, ni de Zeppelin, ni de Purple y menos aún de Sabbath. Lo más duro que sonó para no ofender los sensibles oídos del público mundial fue Muse, pero porque Survival era la canción oficial del evento.

Todo un virtuoso del rock sinfónico

En fin, que fue muy entretenido divagar sobre todas estas cosas durante las larguísimas ceremonias. Al margen de esto, no sé si los Juegos Olímpicos han sido un éxito o si pasarán a la posteridad. En principio la idea de Londres 2012 parecía un disparate, pues era absurdo dedicar unas Olimpiadas a promocionar una ciudad que ya se promociona por sí sola. Hay que reconocer que los ingleses tenían derecho a organizarlo como inventores que son de gran parte del deporte moderno, con sus federaciones y sus reglamentos, sus competiciones y sus rivalidades, aunque después de dos semanas con la máquina propagandística a todo trapo hemos acabado un poco hastiados de tanta Gran Bretaña. Con la moral rebosante por la lluvia de medallas de oro, los británicos se entregaron sin pudor a una exaltación patriótica de himno y bandera que en general ha proyectado una imagen colectiva un poco chabacana y desde luego muy poco british.

Digamos que al menos sirvió para sacar de los asilos a una grandísima generación de músicos. Creo que esa canción de The Who escrita en 1965 hablaba de que en aquella época notaban que eran terriblemente molestos con sus guitarras y sus ganas de divertirse. Se veían completamente fuera de lugar en una sociedad todavía entristecida por el recuerdo de la II Guerra Mundial. En la transición a la década de los 60 todavía quedaban por ahí viudas, huérfanos y mutilados como para que tuvieran que soportar a una panda de niñatos inconscientes que querían ser artistas. Como ya iba siendo hora de sacudirse todas esas telarañas, lo tuvo que hacer esta generación nacida a partir de 1941, la primera que no recordaba los bombardeos de Londres. Esa generación que tenía la sensación de que “la gente nos trata de joder solo porque vamos por ahí a nuestar bola”, que era más o menos lo que decía la primera estrofa de My Generation.

Y aunque no pueda ponerles el vídeo oficial, siempre hay un buen samaritano que lo graba con su móvil y lo sube al día siguiente.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Hubo un Skywalker en Buenas Noches Rose”, que fue publicado originalmente el domingo 10 de octubre de 2010.

Un plagio tan grande como un zoo

Viernes, 16 de diciembre de 2011.-
Y después de una racha de versiones, ahora toca escribir sobre plagios. Hay muchos plagios famosos. Hace tiempo mencioné que uno de los hits de Bob Dylan es clavadito a una de Neil Young. Nadie se lo afeó, supongo que por ser vos quien sois. Peor suerte corrió George Harrison, condenado en los tribunales, mientras Lennon conseguía librarse gracias a un bochornoso acuerdo con el avaro Chuck Berry. No hace tanto los de Coldplay fueron acusados de vivalavidas… por no hablar de Michael Jackson, que llegó incluso a viajar en el tiempo para robarle canciones al gran Luixy Toledo. Y por seguir en el ámbito del rock español, algún Mikel Erentxun de turno ha sufrido escarnio por el asunto de los plagios, pero a mí lo que más me indigna es esto:

Y la razón de que esta canción me ponga de los nervios es que, con total desparpajo, David Summers la firmó con su nombre y apellidos (deivid samers). Gracias al exitazo de la pegadiza melodía él y su grupo se hicieron famosos, ganaron pasta, fueron fenómeno de fans e iconos generacionales, traspasaron fronteras… incluso en nuestros días hacen multitudinarias giras de revival. Hasta ahí todo bien, de no ser porque veinte años antes que ellos, un señor bajito acompañado por un amigo suyo con el pelo a lo Punset ya había publicado una canción muy parecida. Recomiendo parar inmediatamente el indigno youtube de arriba y pinchar este otro:

¡Pero cómo se puede tener tanto morro! Una cosa es plagiar un verso de un estribillo, pero… ¡dos estrofas completas! Desde luego, hay que tener mucho talento para hacerlo e irse de rositas. Lo que no puedo llegar a comprender es cómo nuestra crítica musical, siempre tan pedante y tan exigente cuando les interesaba, pudo pasar por alto este “pequeño detalle”. Estamos hablando de una de las canciones estelares de mediados los 80, justo el momento en que algunos modernillos de la movida y la nueva ola pasaban a transformarse en ostentosos superventas… y no se trataba de un lejano parecido con alguna oscura canción semidesconocida.

At the Zoo había sido publicado como single en la primavera de 1967. No fue un hit impresionante, pero lo pusieron en el número 16 de la Billboard, que no está nada mal para un amable paseo matinal que Paul Simon se dio con Artie Garfunkel un buen día por el Zoo de Central Park.

Simon & Garfunkel - At the ZooAt the Zoo (single 1967)

Pero es que además At the Zoo fue la canción elegida un año después para cerrar Bookends, cuarto album de estudio de Simon & Garfunkel (la banda sonora de El graduado no cuenta) con el que por primera vez conseguían el doblete de ser número 1 en USA y a la vez en el Reino Unido. Luego repetirían la hazaña con su disco de despedida, el de las aguas turbulentas.

Simon & Garfunkel - BookendsBookends (1968)

Vamos, que ya que plagias no vas a elegir una porquería de tres al cuarto. Intentaré quitarme el enfado pinchando varios youtubes seguidos de Simon & Garfunkel. Es un gusto escucharlos. Con lo sosito que era este dúo cuando actuaba con una simple guitarrilla, hay que ver los discos tan chulos que les salieron cuando se metían a grabar en un estudio a finales de los 60.

Otros encuentros Young-Dylan

Domingo, 22 de mayo de 2011.-
Sigo a vueltas con el anterior Blowin’ in the Wind. ¿Cómo es que a Neil Young, tan poco dado a hacer versiones, le dio por acordarse de Bob Dylan en la década de los 90? Quizá fue una forma de desmentir toda posibilidad de rivalidad entre ellos, quizá quiso reconocerlo como maestro y precursor. Hasta entonces, el momento más notorio en el que habían coincidido fue The Last Waltz, el concierto de despedida de The Band en 1978, con peli de Martin Scorsese incluida. Allí Neil mostró su lado más folkie y puso el dedo en la llaga interpretando Helpless, tan sospechosamente parecida al Knockin’on Heaven’s Door dylaniano. ¿Que cuál fue primero? Yo solo sé que la de Neil Young se publicó en 1970, tres años antes que la de Dylan.

Emocionante, con Joni Mitchell haciendo coros en la sombra. Es lo menos que se espera tratándose de la flor y nata del rocanrol, impecable y sin sorpresas. En las reuniones de dinosaurios del rock de los 70, cada artista permanecía bien ajustado al papel que le dio prestigio. Nadie iba a apartarse de la ortodoxia justo cuando el factor punk amenazaba con convertirlo todo en un esperpento. En cualquier caso, tuvo mérito que Neil Young se atreviera a cantar Helpless acompañado por los músicos de Dylan.

Crosby, Stills, Nash & Young - Dèjá VuNeil aportó Helpless a su primera colaboración
con Crosby, Stills & Nash (Dèjá Vu, 1970),
mientras que Knockin’ on Heaven’s Door
se publicó en Pat Garret & Billy The Kid (1973)
Bob Dylan - Pat Garrett & Billy The Kid

Bien distintos fueron los 90. La cosa grunge había dado un vuelco a la situación que permitió cuando ya menos se podía esperar que los viejos roqueros volver a disfrutar de buena prensa. Neil se sentía de lo más cómodo experimentando con guitarras sucias, así que el siguiente encuentro con Bob siguió ese derrotero. Fue en el famoso Concierto del 30º aniversario, ese en el que la tonta de Sinead O’Connor se apropió de su minuto de gloria al romper una foto del Papa… en fin, en toda fiesta tiene que haber un patoso que avergüence al anfitrión y a los invitados. Fue castigada a no salir en el disco, qué menos. También Neil Young mereció protagonismo en aquel evento, aunque éste al menos por méritos exclusivamente musicales. Vean el lugar preferente que ocupó en la segunda “B” de la portada.

The 30th Anniversary Concert Celebration (1993)

Mirando la carpeta de este triple en directo descubro que es el último de Dylan que tengo en vinilo, justo ahí me pasé al CD… qué cosas. En esta nueva cita de megaestrellas al estilo “último vals” la excusa para la reunión era celebrar los treinta años de Bob en el negocio, con gente tan distinguida como Eric Clapton, George Harrison, The Band, Lou Reed, los chicos de Pearl Jam, Tom Petty, John Mellencamp y Roger McGuinn repartiéndose lo más goloso del repertorio. Johnny Winter y Ron Wood pusieron el toque más roquero, mientras Neil insistió con su faceta áspera, rasgando guitarra en All Along The Watchtower y Just Like Tom Thumb’s Blues.

Bob, Neil y Eric en plan amiguetesNeil en estado de gracia… ¡consiguió que Bob se riera!

Bien elegido: el “blues de Pulgarcito” y la “atalaya”, pero la atalaya pasada por Hendrix, por supuesto, Incluso Dylan adora la versión de Jimi. Lástima que en youtube estén vetadas todas las grabaciones oficiales de Bob Dylan, pero a cambio podemos ver esta otra actuación de 2004 en la que Neil Young aparece acompañado por unos señores de los 90 que ya fueron mencionados en el párrafo anterior.

Descubrí a Leon Russell gracias a House

Jueves, 19 de noviembre de 2009.-
Si alguien se las da de experto en rock de los 70 se expone a sufrir terribles humillaciones. De vez en cuando una imperdonable laguna puede poner en evidencia su ignorancia, así que asumámoslo… es imposible estar al tanto de todo.

A mí me pasó viendo House. Además de ser un cabronazo, el médico cojo tiene formación musical y es un exquisito degustador de rock, o sea, como el propio Hugh Lurie. La serie está plagada de referencias roqueras sabiamente dosificadas. Por ejemplo, no permite que nadie le moleste cuando simula estar tocando su canción favorita: Baba O’Riley, de los Who. Otras veces se relaja en su casa punteando blues en su eléctrica, y en cierta ocasión acertó con un diagnóstico cuando le vino a la mente el Cat Scratch Fever, de Ted Nugent. Pero mi momento musical favorito es cuando el doctorcito pone a prueba con un duelo pianístico a un concertista que acababa de sufrir un ataque.

En este capítulo se podía ver a otro músico famoso, Dave Matthews, interpretando al pianista medio lelo que clava la intro de la canción de Boomtown Rats. Siempre abundan en la serie las alusiones al rock incrustadas en la trama, pero aparte cada episodio suele acabar con un epílogo musical enfatizando alguna situación peculiar que sufren los protagonistas. Quien quiera que elija esas canciones debe de saber mucho, pues nunca deja indiferente. Una vez me emocionó tanto que no paré hasta descubrir qué canción era. Creo que hacía poco ya la había oído en el programa de radio de Little Steven, pero claro, como lo presenta en inglés de New Jersey no pillé bien el dato. Era una voz rota y algo desquiciada. La forma de cantar recuerda algo a Joe Cocker, pero no, el timbre era más agudo y chillón. Tras rastrear en las webs especializadas en la serie, la investigación me condujo a la maravillosa Stranger In A Strange Land y a un tal Leon Russell, un señor de Oklahoma que extrae música de cualquier instrumento que se le ponga por delante.

Rápidamente pillé un recopilatorio en el que viniera la canción. No tiene desperdicio, imagino que ahí está lo mejor del repertorio de un gran músico con una larguísima carrera.

Leon Russell - RetrospectiveRetrospective (1997)

Leon Russell ha colaborado en grabaciones de todos los grandes: Eric Clapton (también estuvo en Delaney & Bonnie & Friends), Byrds, Rolling Stones, Dave Mason, Bob Dylan, The Band, J.J. Cale (otro paisano de Tulsa), George Harrison, Ringo Starr, Jerry Lee Lewis, Willie Nelson… Después averigüé su conexión con Joe Cocker, pero de eso hablaré mañana. Les dejo con Leon Russell en un ensayo de Delta Lady, la canción que Joe llevó al éxito.

Así saldó John Lennon su deuda con Chuck Berry

Miércoles, 11 de noviembre de 2009.-
Por aquello de que el rocanrol tiene apenas cuatro acordes, a los pocos años muchas canciones empezaron a parecerse sospechosamente a otras. Al principio nadie se molestó, puesto que lo que más se practicaba entre los songwriters era el autoplagio, pero a finales de los 60 había tanta joven estrella del rock podrida de dinero que llegó el momento de exigirles cuentas. Little Richard se enfadó mucho con John Fogerty porque Travelin’ Band era igualita igualita que Long Tall Sally… pero fue a George Harrison a quien le tocó cargar con el estigma del plagiario: el juez sentenció que su superéxito My Sweet Lord no era más que una versión no acreditada de He’s So Fine, de las Chiffons.

Esta es la canción que nunca debió sonar en casa de Harrison. Existe una leyenda según la cual George quedó tan traumatizado que prohibió a familiares y sirvientes poner la radio en su presencia para jamás volver a escuchar canciones ajenas…

The ChiffonsLa canción de las Chiffons hablaba de ligues,
nada de Hare Krishna

Con el precedente de un beatle condenado, los editores de Chuck Berry fueron a por John Lennon. Este nunca negó que el fraseo ralentizado de Come Together era un homenaje nada encubierto a You Can’t Catch Me, así que, con tal de no acabar como su amigo George, negoció un acuerdo satisfactorio en forma de royalties para el tacaño guitarrista de Missouri. Haría un disco con sus favoritas del rocanrol de los 50 e incluiría no una composición de su admirado Chuck, mejor dos: Sweet Little Sixteen y la propia You Can’t Catch Me, para que todo el mundo pudiera comparar… así era el famoso humor negro de Lennon. Muy bien, vamos con el divertido juego de los plagios y oigamos seguidas las dos originales. Primero la de Chuck Berry, de 1956:

Y ahora oigamos Come Together, la canción con la que los Beatles comezaban su Abbey Road de 1969:

Sin comentarios… pero volvamos al disco de Lennon. Hace mucho que tengo este disco en vinilo. De siempre me ha gustado el repertorio del primer rock & roll y el ejercicio de estilo que aquí hace Lennon es magnífico. Su archifamosa versión de Stand By Me queda para la historia, y además están los que tienen que estar: Gene Vincent, Fats Domino, Little Richard, Buddy Holly, Larry Wiliams y, por supuesto, Chuck Berry por duplicado. Recomiendo volver a escucharlo, pues su versión remasterizada de 2004 está ampliada con tres canciones extra: Angel Baby, To Know Her Is To Love Her y My Baby Left Me. Y en el corte 1, nada menos que el himno rocker por excelencia:

Pese a ser uno de los más grandes compositores del rock, Lennon siempre dijo que nada le excitaba más sobre un escenario que versionar éxitos de los 50, una manera de reconocer que si esa música no le hubiera tocado la fibra cuando era adolescente, jamás habría escrito Across The Universe, ni Strawberry Fields, ni Watching The Wheels, ni nada de nada de nada… Por cierto, la portada tiene su miga. Se trata de una vieja foto de los tiempos de Hamburgo en la que John aún tiene el aspecto rocker de sus orígenes. Superpuesto, el espectro de unos Beatles ya asimilados a la moda pop… muy hábil, Mr. Lennon.

John Lennon - Rock'N'RollRock'N'Roll (1975)