Las cinco canciones en que Manuel Molina se hizo roquero

Domingo, 14 de junio de 2015.-
Se murió Manuel Molina, figura de referencia en la puesta al día que tuvo el flamenco en el último cuarto del siglo XX. El flamenco me pilla bastante lejos, ni siquiera presté demasiada atención a Lole y Manuel, y sin embargo me afectó su pérdida como si fuera un músico de los míos. Si relaciono esta muerte con el rock español es porque Manuel Molina formó parte de un experimento maravilloso que tuvo lugar en Sevilla a principios de los 70. La cosa fue tan intensa y tan genial que se extinguió casi al instante dejando como legado cinco canciones grabadas en Barcelona en unas sesiones loquísimas. Esta es una de ellas.

Manuel Molina se juntó con Smash cuando el grupo ya había publicado dos LP’s. Ya antes de llegar Molina se les solía etiquetar como grupo de rock andaluz, aunque más por ubicación que porque su música mostrara la raíz sureña. Julio, Gualberto y Antoñito eran los tres sevillanos, mientras la nota exótica la ponía Henrik, un danés plenamente integrado en el paisaje de la ciudad. Todos ellos participaban del gusto por el flamenco, pero en realidad su música era hippie casi al cien por cien. Ser hippie en aquella época en Sevilla no debía de ser nada fácil, pero allí se concentraba tal cantidad de creatividad con pelo largo que los historiadores suelen estar de acuerdo en que era el principal foco roquero de España. Fue por culpa, según se ha dicho, de las bases americanas de Rota y Morón. Los sevillanos se interesaron por los discos que traían los soldados y los yanquis alucinaron con el flamenco, así empezó todo. Lo de asombrar al underground español con un grupo de rock progresivo desde Sevilla fue idea, cómo no, de Gonzalo García-Pelayo, pero lo de añadir a Smash un flamenco de pedigrí hay que atribuírselo a Ricardo Pachón. Entre productores andaba el juego.

Smash como quinteto en 1971
La única foto de internet en la que salen los cinco 

He leído por ahí en el libreto de un CD que Manuel Molina tenía que incorporarse al servicio militar. Pachón le propuso unirse a Smash y a cambio él utilizaría sus influencias para librarle de su compromiso con la patria. No creo que a Molina le hiciera mucha gracia convertirse en roquero, pero mucho menos le apetecería lo de la mili, por eso en las pocas fotos que se hizo con el grupo Manuel Molina disimula su pelo corto bajo un gorrito de cuero que le daba un cierto aspecto a lo Pete Townshend. La mezcla era explosiva, cuatro hippies de Sevilla con un gitano nacido en Ceuta, y como en seguida se vio que entre ellos había feeling se fueron a Barcelona rápidamente a grabar lo que fuera. Antes que nada hay que aclarar que fusión, lo que se dice fusión, hubo más buen poca. Los hippies iban por su lado y el gitano por el suyo. Respetaban sus turnos: cuando Julio Matito paraba de cantar, entonces empezaba Manuel; cuando éste daba sus últimos toques a la guitarra flamenca, Gualberto le tomaba el relevo con la eléctrica o el sitar. Juntos, pero no revueltos. A veces todos a la vez, muy pocas jaleando los hippies o rocanroleando el gitano.

Smash - El garrotin
El garrotín/Tangos de Ketama (1971)

La publicación del segundo LP, We come to smash this time, ponía fin a su contrato discográfico con Phillips en ese mismo 1971 con más pena que gloria. Era el momento de cambiar y, casi de inmediato, Ricardo Pachón les facilita el contacto con Oriol Regás, dueño de la sala Bocaccio y del sello de igual nombre. Rápidamente los cinco Smash se plantan en Barcelona para grabar en condiciones envidiables: libertad creativa total y enorme despliegue de medios a su disposición. No habría problema, pues en el proyecto también estaba el gran Alain Milhaud, productor de lujo que, grabaran lo que grabaran, sabría encontrar coherencia al material y sacar lustre al sonido… ummmm… ¿no hay demasiado productor en esta historia? Puede que sí, pues fue precisamente ese factor el que lo echó todo por tierra. Milhaud era una especie de rey midas del negocio y no iba a renunciar a las posibilidades comerciales que pudiera tener Smash por muy hippies que estos fueran. Y, claro que sí, el tío encontró el filón. Lo de El garrotín se adivinaba como un auténtico bombazo, así que los de Bocaccio no tardaron ni un minuto en sacar el single a la calle. Genio y figura, Gualberto no pudo soportar oírse a todas horas en la radio ni verse en las listas de éxito, por lo que abandonó el grupo de forma fulminante. Para la portada del siguiente single la foto de Smash volvería a ser de cuatro, pero ahora con Manuel Molina en lugar de Gualberto.

Smash - Ni recuerdo, ni olvido
Ni recuerdo, ni olvido (1972)

Tienen su gracia estas fotos de la época final de Smash. Parece que la estrategia fue integrar a Manuel Molina en la estética del grupo como un roquero más. Ya le había crecido un poco el pelo y la barba y podía dar el pego, que total, una camisa de cuello enorme abierta hasta el ombligo y unos vaqueros acampanados lo podía lucir cualquier macarrilla de la época, ya fuera flamenco o yé-yé. Pero bueno, el caso es que estaba claro que la cosa no daba mucho más de sí, así que apuraron esos días felices de estancia en Barcelona y cuando volvieron a Sevilla cada mochuelo a su olivo a continuar cada uno con su propia historia. Smash se disolvió como un azucarillo mientras Manuel se casó con Lole por el rito gitano y por el discográfico. El éxito de Lole y Manuel fue estratosférico, llegando a ser idolatrados por toda la juventud, sin distinción de raza, credo o condición y más recientemente siendo elevados a la categoría de mitos al ser incluidos por Quentin Tarantino en alguna de sus estilosas bandas sonoras. Nunca entendí por qué gustaban tanto en ambientes roqueros, igual era que la gente veía en Lole una especie de Janis Joplin andalusí y a Molina como un flamenco de pura cepa que se atrevió a cruzar la barrera para explorar territorios eléctricos. Y también que ambos eran muy guapos, para qué negarlo. El hecho es que Manuel Molina tuvo la visión de integrar en sus grabaciones con Lole a los músicos de Smash, precisamente el mismo camino luego recorrido por Paco Lucía y Camarón cuando coquetearon con la gente de Dolores y Veneno, ahí queda eso.

Smash - Ni recuerdo, ni olvido (Maxi)
Ni recuerdo, ni olvido (Maxi)

Pero este relato tenía que aparecer en escena un productor más, el perejil que no puede faltar en ninguna salsa… Mariscal Romero. Cuando Zafiro se quedó con el catálogo del sello Bocaccio, al Mariscal se entusiasmó con la idea de publicar bajo el logo de Chapa Discos un disco de los extintos Smash que reuniera todas esas grabaciones, pero por mucho que buscaron solo existían las mencionadas cinco canciones. No había más: El garrotín, Tangos de Ketama, Tarantos, el Ni recuerdo, ni olvido que sonó al principio más este Alameda’s blues que era un auténtico disparate. Decía la copla flamenca que “a mí se me importa poco que un pájaro en la alamea se pase de un árbol a otro”; escuchen lo auténtico que suena en inglés y en tiempo de blues.

Como no había material suficiente para completar un LP, la solución fue inventarse un engendro para meterlo en el saco del tan cacareado nuevo flamenco, con Smash ocupando la Cara A e invitando a Sanlúcar y Agujetas a completar una segunda cara. Es probablemente el disco más extraño que confirmaba la regla de un catálogo tan homogéneo como fue el de Chapa. Como dato anecdótico decir que para las portadas de este LP y del maxi que se extrajo se emplearon fotos de la última etapa de Smash como cuarteto, pero en la portada al menos tuvieron el detalle de añadir el nombre de Gualberto entre sus integrantes.

Vanguardia y pureza del flamenco
Vanguardia y pureza del flamenco (1978)

Si desean profundizar en la maravillosa peripecia de estos pioneros del rock-hippie-andaluz, les remito a los libros y artículos de Luis Clemente, mi cronista favorito en el género, y la estupenda peli Underground, la ciudad del arco iris. Solo decir que he vuelto a verla a propósito de lo de Manuel Molina y me he quedado enganchado a los avatares de la trágica biografía de Julio Matito… pero esa es ya otra historia.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “1973, los peludos invaden España”, que fue publicado originalmente el 17 de diciembre de 2009.

Neil Young encerrado en una cabina

Martes, 16 de diciembre de 2014.-
Una de las pocas costumbres que uno conserva como consumidor de rocanrol es comprar los discos de Neil Young, pero a la que uno se despista va y publica dos de golpe. Uno de los que ha sacado este año cayó el otro día en mis manos. Lo compré sin saber muy bien de qué iba y me encontré con un artefacto de planteamiento completamente marciano, lo que confirma la sospecha de que este hombre nunca dejará de sorprender. Vean, vean.

Vaya, un señor de casi 70 años grabando viejas canciones de los 60 con sonido de vinilo de los años 40, o sea, un ejercicio doblemente retro, un viaje en el tiempo con parada en dos fechas del pasado. Pues resulta que no se le ocurrió exactamente a él. Su buen amigo Jack White III, coleccionista de toda clase de cachivaches de sonido, se encaprichó de una cabina de grabación de 1947 que vio por ahí, así que la restauró y le dio lustre permitiendo a gente importante el capricho de grabar una cancioncilla al modo prehistórico. Tan proclive como es Neil Young a los experimentos, no iba a privarse de la experiencia. Fue a la tienda de Third Man Records, el lugar de Nashville donde se encuentra la cabina y registró la canción que suena en el vídeo que hay aquí encima. Es una una de las primeras composiciones del escocés Bert Jansch antes de fundar Pentangle, probablemente la que inspiró a Neil para escribir alguna letra sobre las agujas y el daño que producen.

Jack White y Neil Young
Jack White y Neil Young en la tele

Neil debió de quedar tan impresionado por la dichosa cabina que no paró hasta convencer a Jack White para que le dejara grabar un LP entero. White aceptó, puede que a cambio de colarse él mismo en un par de canciones, así que seleccionó un repertorio de canciones favoritas de compañeros de fatigas, cantautores de la época dorada que como él se movieron entre el folk y el rock, y ya tenía el disco. Por cierto, qué bien conserva la voz este hombre.

Neil Young - A Letter Home
A Letter Home (2014)

La edad de Neil Young sería de apenas un par de años cuando se fabricó la cabina. Lo que hace entonces con esta máquina del tiempo es perpetrar un anacronismo: se retrotrae a la época en que él nació para interpretar un repertorio que, en el mejor de los casos, aún necesitaba el paso de diez años para ser escrito. Hay un par de canciones de finales de los 50, pero la mayoría pertenece al primer tramo de los 60. Imaginamos que aquí están las melodías que tocaron la fibra al joven Young, las que finalmente le impulsaron a abandonar Ontario siendo un veinteañero para iniciar su ruta hacia la costa oeste junto a aquella panda gloriosa que conoció en la carretera de Buffalo a Springfield.

Neil Young - A Letter Home
Muy bien no se leen las letras

En los créditos del disco, si se repasan eso sí con una buena lupa, puede encontrarse junto a cada título el año de su primera edición. Según las fechas, es más que posible que Neil Young escuchara por primera vez la mayoría de las canciones de A Letter Home antes de marcharse de Canadá en 1966. Esta sería la lista de sus músicos favoritos en orden de antigüedad: Ivory Joe Hunter (1956), The Everly Brothers (1957), Willie Nelson (1961), Bob Dylan (1963), Gordon Lightfoot (1964), Bert Jansch (1965), Tim Hardin (1966) y Phil Ochs (1966). Solo tres canciones van más allá de la frontera del 66, y dos de ellas solo porque pertenecen a autores ya presentes en la lista anterior: su paisano Gordon Lightfoot y Willie Nelson, habitual compinche en el Farm Aid. Interesante elección. Interpretar una segunda composición de los 70 de cada uno de ellos parece un reconocimiento a su categoría de emblemas de la música de Canadá y EEUU. Para rematar, la canción que se sale completamente del tiesto es My Hometown, publicada nada menos que en 1984 por el jefe Bruce. Imagino que Springsteen habrá alucinado: un tema suyo grabado en semejantes condiciones y mezclado entre todos esos mitos de generaciones anteriores, menudo subidón para su ego.

Porque no me digan que no tiene su morbo: la canción que cerraba un disco tan mainstream como Born in the U.S.A. versionada en pleno siglo XXI con tecnología de mediado el siglo anterior. Nada más que un micrófono para capturar a bloque la guitarra, la voz, el silbido y la armónica de Neil Young abriéndose paso entre un ruido de fondo entrañable pero infernal… no creo que a estas alturas una celebridad como Bruce esperara tal honor.

Neil Young
Saliendo del escenario del crimen

Queda por consignar un dato fundamental en la mitología del rocanrol, quizá algunos de ustedes ya lo estaban echando de menos: en esta cabina o en otra muy parecida fue donde Elvis Presley hizo su primera grabación. Como tantas veces se ha contado en sus biografías, el joven camionero de Tupelo pensó que sería un bonito regalo para su madre, así que entró y grabó el famoso single para Gladys Love Presley. Aquello llegó a oídos del dueño de Sun Records y el resto ya fue historia. Tampoco deja ese cabo suelto Neil Young, pues lo primero que hace en el disco es leer una carta dirigida a su madre, fallecida años atrás. Era costumbre en los soldados antes de marcharse a la guerra grabar una despedida para sus madres con este invento. En cierto modo, Neil también se fue a su propia guerra y ahora escribe la carta que tenía pendiente a ese hogar que una vez tuvo en Canadá, mezclando recuerdos personales y musicales…

Neil Young - Storytone
Storytone (2014)

…pero como bien dije al principio, cuando uno se pone a escribir sobre el último disco de Neil Young corre el riesgo de que antes de terminar ya se haya convertido en el penúltimo… y, en efecto, hace semanas que esto anda circulando por ahí.

Vaya, otro bandazo inesperado, nada menos que un proyecto orquestal. Es que no tiene termino medio, o solo dentro de una cabina o acompañado por sesenta músicos. Y como este hombre no para de generar noticias, en las últimas semanas ha celebrado su 69 cumpleaños junto a su nueva novia de cincuenta y pico, la actriz Daryl Hannah. Un poco antes había roto con su segunda esposa, Pegi, tras casi cuarenta años de matrimonio y un poco después se puso furioso contra su amigo David Crosby cuando el muy bocazas osó hacer pública su opinión sobre su nueva pareja. Total, que será difícil ver de gira a Crosby, Stills, Nash & Young, pues éste último, ofendidísimo, ya ha dejado claro que los cuatro juntos sobre un escenario nunca jamás.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Enormes taxis amarillos x4”, que fue publicado originalmente el lunes 14 de noviembre de 2011.

Rock al 1/4 de hora: Change Your Mind

Jueves, 6 de febrero de 2013.-
Me cuenta un amigo que conoce a una jovenzuela que anda fastidiada porque en su trabajo un jefe cuarentón le da la paliza con Bob Dylan y Neil Young. Qué curioso, yo mismo recuerdo haber hecho eso mismo tiempo atrás, aunque sin ser jefe… es más, puede que aquella tabarra fastidiara por igual a jefes y a becarias. Pues bien, cuando algo así sucede hay que castigar la herejía de inmediato. He buscado una canción de esas que supera de largo los diez minutos para dedicársela a la joven. Recapacite usted, no espere a cumplir los treinta para cambiar de opinión.

Ojalá esto consiga emocionarle aunque sea un poco. Pertenece a la etapa más esplendorosa de los Crazy Horse, a inicios de los 90. Como ocurría cada cierto tiempo, Neil Young se juntaba con ellos para grabar algún disco, pero esta vez la inspiración era tan verdadera y los resultados tan intensos que no tuvo más remedio que alargar un poco la cosa, enlazando tres o cuatro álbumes en estado de gracia. Por ejemplo este Sleeps With Angels, al que pertenece Change Your Mind, se improvisó en unos pocos días a raíz del impacto que la noticia del suicidio de Kurt Cobain produjo al señor Young. Supongo que conocerán la historia. Para su nota de despedida Cobain tomó prestado un famoso verso del canadiense: “mejor arder que oxidarse lentamente”, y Neil quedó tan conmocionado que se puso a escribir canciones como un poseso. Le salió un disco de los buenos, el de la foto de aquí debajo.

Neil Young - Sleeps With AngelsSleeps With Angels (1994)

Kurt prefirió quemarse de una vez. Neil Young decidió seguir en movimiento y a día de hoy, a punto de cumplir los setenta, sigue luchando contra el óxido, que vaya par de discazos ha vuelto a grabar con sus amigotes del caballo loco. Van camino de la ancianidad, pero su presente sigue siendo muy digno. Lo que ocurre es que, echando la vista atrás, es imposible no sentir cierta nostalgia de los tiempos del vídeo de arriba. Qué estupendas pintas, y por cierto, muy elegante el sombrero de Billy Talbot.

Volviendo al revival personal, he de decir que no estuve solo en aquella cruzada. Fuimos varios en esa revista los que escogíamos la música con la perversa intención de irritar a algunos habitantes de la redacción… aunque bueno, también podría entenderse que fueron acciones benéficas orientadas a reconducir hacia el buen camino a las ovejas descarriadas. La anécdota perfecta para la ocasión, ya referida por sus autores hace tiempo en A70, sigue siendo la de la chica nueva que hizo un comentario despectivo sobre Bob. Fue merecidamente castigada a escuchar de forma continua Blowin’ in the Wind una mañana entera, y además en la versión de Neil Young… ¡muy bien hecho!

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Rock al 1/4 de hora: Ordinary People”, que fue publicado originalmente el martes 23 de agosto de 2011.

Por cierto… ¿cuándo empiezan los 70?

Jueves, 10 de diciembre de 2009.-
No, no voy a entrar en la polémica de si las décadas empiezan en su año 0 o su año 1, pero habrá que ubicar en un momento concreto el “estilo rock 70” para saber de qué estamos hablando…

He estado dando vueltas al tema, y ahí lanzo dos fechas: los 70 empiezan en agosto de 1969 y, como es habitual, España se entera un poco más tarde, diría que 1973. ¿Por qué? Creo que esto merece una explicación más al detalle.

Me pongo a escribirlo y en los próximos días lo colocaré en lugar preferente…

…ahí lo tienen:

Los 70 arrancan en 1969

Woodstock (1970)Woodstock (1970)

1973, los peludos invaden España

Smash - El garrotinEl Garrotín (1971) 

Joe Cocker y su asombroso momento Woodstock

Viernes, 20 de noviembre de 2009.-
Estaba tan intrigado por la colaboración entre Joe Cocker y Leon Russell en 1970 que me pillé una reedición del legendario directo Mad Dogs & Englishmen, es decir, dos ingleses (Cocker y Chris Stainton) que se juntaron con una panda de americanos rabiosos en una especie de gira circense. Alimentados por todo tipo de excesos hippies y alcohólicos, en este disco tenemos a Joe Cocker y sus amigos en estado de gracia.

Joe Cocker - Mad Dogs & EnglishmenMad Dogs & Englishmen (1970)

Joe Cocker era un británico de Sheffield que había grabado un par de discos con su grupo The Grease Band. Esa voz rota tuvo cierta repercusión en los USA, así que fueron invitados a participar en Woodstock. Eso es estar en el sitio adecuado en el momento justo. La actuación que allí dieron fue memorable, y todo el mundo flipó con ese tío raro que fingía tocar una guitarra invisible. Se podría decir que fue Joe Cocker quien inventó el air guitar, pero él asegura que estaba borracho y que no recuerda nada. Vamos, que sabe que estuvo allí porque vio la película.

Tan luminosa actuación sirvió para abrir la jornada dominical, tercera y última del evento. Fueron cinco o seis canciones: Let’s Go Stoned, Something’s Coming On, Delta Lady de Leon Russell… y para terminar su celebérrima versión de los Beatles. Quizá por culpa de los delirantes coros en falsete de sus dos guitarristas, el cielo empezó a oscurecerse. Cocker salió de allí como un señor tras desgañitarse con su canto a la amistad, y al poco empezaron los rayos y los truenos. El siguiente en actuar, Country Joe & The Fish, se hartó de gritar “No rain, no rain, no rain”, pero la tormenta fue brutal y el escenario casi salió volando…

Joe Cocker estaba exhausto, pero el éxito fue tal que se vio obligado a improvisar una gira por EEUU. El grupo estaba prácticamente disuelto y solo su guitarrista y amigo Chris Stainton se mantuvo a su lado, así que decidió confiar a Leon Russell la tarea de reclutar músicos… ¡y el muy bestia contrató a más de veinte! El resultado quedó reflejado en uno de los mejores discos en directo de la historia, el mencionado Mad Dogs. Es maravilloso, sí, pero solo gracias a que se grabó en la primera semana de gira, porque enseguida las relaciones personales se fueron deteriorando gravemente. Los conciertos empezaron a no salir tan bien, hasta culminar en un caos tan monumental que Cocker acabó deprimido y alcoholizado. Pero de eso y de la increíble película que capturó todo aquello será mejor que hable con más detenimiento en otra ocasión.

Leon Russell y Joe CockerLeon Russell sacó tanto de quicio a Joe Cocker
que casi se lo carga

En el dúo Graham Nash & David Crosby, mucho mejor Nash que Crosby

Miércoles, 18 de noviembre de 2009.-
Algunas veces fueron trío (Crosby, Stills & Nash) y otras cuarteto (Crosby, Stills, Nash & Young), pero tampoco se privaron de hacer dúos, completando casi todas las combinaciones posibles entre ellos. Y por allí cerca, como solistas al frente o en compañía de otros, andaban rondando otras formaciones apreciables como Poco, Manassas, Loggins & Messina… De los dúos, era obligatorio conocer el disco de The Stills-Young Band. Claro, Neil Young era mi favorito y además esa formación grabó una de sus grandes canciones, Long May You Run.

Fue un grupo fugaz, aunque era lógico que por una vez Young volviera a juntarse con Stephen Stills, con quien se dio a conocer en los fascinantes Buffalo Springfield. Sin embargo, la pareja más estable la formaron los otros dos de CSN&Y: David Crosby y Graham Nash. En principio no me interesaban mucho. Nash era un inglés más bien soso que parecía asumir el papel de niñera del gordito Crosby, siempre con problemas de drogas y, digámoslo claro, con ciertas limitaciones como compositor en la odiosa comparación con sus ilustres compañeros.

David Crosby y Graham NashCrosby, siempre with a little help from su amigo Nash

Hace poco cayó en mis manos el primer disco firmado conjuntamente por Graham Nash & David Crosby y, quizá por culpa de tan horrible portada, tardé meses en hacerlo sonar. No, desde luego que los diseñadores del sello Atlantic no tuvieron en este álbum su día más inspirado…

Graham Nash/David Crosby (1972)Graham Nash/David Crosby (1972)

Finalmente, lo pongo y lo escucho con agrado. Lo vuelvo a poner, repito varias veces y ha terminado por encantarme… en realidad mucho por Nash y no tanto por Crosby. Después he revisado el repertorio de varios discos y he descubierto que, sea en la combinación que sea, las canciones de Nash son siempre de las mejores. En este disco de 1972, Graham Nash aporta joyas de la talla de Frozen Smiles o Southbound Train.

Otra de este disco como Inmigration Man tuvo el honor de ser incorporada al repertorio de las siguientes giras de Crosby, Stills, Nash & Young… en fin, no es extraño que estas canciones sean excelentes, pues fueron publicadas justo entre las dos obras maestras de Graham en solitario: Songs for Beginners (1971) y Wild Tales (1973). Hace tiempo que no los oigo… creo que es buen momento para desempolvarlos.

Graham Nash - Songs for Beginners y Wild Tales Los dos discazos en solitario de Graham Nash

Ike & Tina Turner, mejor no hablar de ciertas cosas

Lunes, 2 de noviembre de 2009.-
O sea, que tratándose de esta pareja, mejor hablar solo de música. Tina Turner, una voz salvaje y una bestia sobre el escenario. Ike Turner, adelantado a su tiempo y genio absoluto… pero menudo tipejo. ¿Valoramos a los artistas por su obra o por su calidad humana? ¿Se puede admirar el trabajo de alguien detestable? ¿Quemamos la filmografía de Polanski?

Seguidor de la idea que Chuck Berry tenía del negocio, el joven Ike Turner sabía que como guitarrista negro tenía que concentrar su enorme talento en una sola dirección: vender su arte a los blancos y hacerse rico. Ya al principio de los 60, mucho antes de que los Beatles cruzaran el Atlántico, Ike había diseñado un sonido vigoroso orientado a un mercado rock que todavía no existía, nada que ver con los vocalistas negros de su época. En directo saltaban chispas entre Ike y Tina, ella lo provocaba como una hembra valerosa y desafiante, y así el ego del macho engordaba y engordaba, feliz de sentirse el jefe de la manada.

Después, el orgulloso Ike fue apuntándose a todas las tendencias que tuvieran ventas garantizadas: funk, soul, rock, producciones de Phil Spector, versiones de éxitos ajenos de Beatles, Stones, Stevie Wonder, Sly Stone, autoversiones hasta el hartazgo del repertorio propio… Llegados a los 70, Ike & Tina se integran hábilmente en la resaca posthippie. No hay más que ver la portada de Workin’ Together.

Ike & Tina Turner - Workin' TogetherWorkin' Together (1971)

Intercaladas entre sus composiciones, logran uno de sus mayores éxitos con una vibrante versión del Proud Mary de la Creedence y se apuntan también a los dos últimos singles de los recién separados Beatles, Get Back y Let It Be, imagino con qué intención. En la canción que da título al disco, Tina canta de forma conmovedora al amor y a la hermandad universal, aunque luego, en el calor del hogar, se repartiera algo más que besos.

Más sobre Ike & Tina Turner en:

http://balbinositio.zymichost.com/balbinoblog/archives/3