El garage subterráneo de Little Steven

Jueves, 30 de junio de 2016.-
Como en los meses de calor es conveniente alejarse lo más posible de pantallas y teclados, ya les aviso que con esta entrega cerramos temporada. Uno de los lugares donde puede uno esconderse a escuchar buen rocanrol es el Underground Garage de Little Steven. Les confieso que su programa de radio es hace tiempo una de las principales fuentes de inspiración de A70. Por ejemplo, por descubrirnos canciones como esta.

La gente roquera de mi generación nunca se interesó demasiado en escuchar a Procol Harum, suponiendo que poco interesante podía haber detrás de unos blandengues a quienes se solía endosar la etiqueta de one hit wonder por su ñoñísima Con su blanca palidez. Como uno nunca se cansa de asombrarse de la propia ignorancia, la atenta escucha del Little Steven’s Underground Garage sirve para demostrar que en la asignatura de Historia del Rocanrol siempre queda mucho por aprender. Y para iluminar zonas de sombra, qué mejor que ponerse en manos de un erudito como Stevie Van Zandt.

Procol Harum - Shine On Brightly
Shine On Brightly (1968)

Una de las virtudes del Little Steven locutor de radio es cómo tiende puentes entre ambas orillas del Atlántico, pinchando a grupos ingleses que apenas tuvieron repercusión en Estados Unidos y a roqueros americanos casi desconocidos en este lado del charco. Él reconoce que siendo un chaval vivió con gran excitación la llamada ‘invasión británica’, ese fenómeno cercano a lo milagroso por el que un puñado de jovenzuelos ingleses imberbes se plantaron en los USA y se permitieron dar lecciones de música estadounidense a los propios teenagers norteamericanos. A principios de los 60, supongo que a consecuencia de la segregación cultural, ningún joven blanco de los Estados Unidos tenía la más remota idea de quiénes eran Howling Wolf, John Lee Hooker o Muddy Waters, así que tuvieron que esperar a que gente como Eric Burdon o Brian Jones se desplazaran allí a explicárselo. Puede que la gran repercusión que tuvo esa primera remesa de visitantes, aquellos Beatles, Stones, Who y Animals, fuera lo que determinó al joven Van Zandt a querer ser músico, pero Little Steven perseveró en su empeño como seguidor de la música inglesa y continuó siendo fan de muchas otras bandas a quienes sus compatriotas ya prestaron mucha menor atención. Grupos como The Kinks, Pretty Things, The Searchers, Dave Clark Five, los propios Procol Harum o estos que suenan aquí debajo suelen ser habituales en el garage de Little Steven.

Tampoco es que los Hollies significaran demasiado para los roqueros de los 80. No fue un grupo que tuviera demasiada repercusión más allá de los 60, no se reciclaron con éxito hacia el progresivo ni el hard rock para sobresalir en la siguiente década ni tenían un cantante que iniciara una carrera solista estelar al estilo Van Morrison. Por Van The Man todo el mundo sabe quiénes son los Them, todo el mundo se preocupó de escuchar a los Yardbirds gracias al rato que Jeff Beck, Clapton o Page estuvieron por allí, en cambio The Hollies no pasaba de ser un grupo más de todos esos que se recitan de carrerilla mencionados en el párrafo anterior. Pues bien, si enganchan tres o cuatro canciones a partir de la que suena en el vídeo encontrarán un buen puñado de singles extraordinarios que se concentran en sus tres o cuatro años de esplendor. El problema fue que especializarse en armonías a tres voces les condenó a ser citados siempre en tercer lugar después de los Beatles y los Beach Boys.

The Hollies - Hear! Here!
Hear! Here! (1965)

He omitido a propósito que en The Hollies sí militó realmente una futura estrella del rock porque en mi opinión la trayectoria posterior de Graham Nash no contribuyó a prestigiar al grupo, sino todo lo contrario. Su marcha fue una especie de cambio de bando, desertó del pop más puro para pasarse al lado hippie abducido por su novia canadiense y emigró de Inglaterra para echarse a perder en California con sus amigotes del folk rock. Como una Yoko Ono cualquiera fue Joni Mitchell quien le presentó a Crosby y a Stills… y ahí se acabaron los Hollies. Pero mientras al final de los 60 en los EEUU algunos se dedicaban a formar supergrupos orientados al mainstream, en los años anteriores los garages de toda norteamérica se llenaban de grupos que, partiendo del camino marcado por bandas inglesas, orientaban su estilo hacia un sonido algo más sucio y ruidoso. Desconocidos en Europa más allá de alguna corriente de revival más o menos mod, es una suerte que tengamos a Little Steven para reivindicarlos en su programa.

Estos tíos se juntaron en un pueblo californiano llamado San José justo antes de que apareciera por allí el primer hippie, de ahí sus chaquetas, sus corbatas y sus cortes de pelo. Eligieron como nombre Count Five en homenaje al Conde Drácula y al quinteto inglés The Dave Clark Five, del que eran fans. Su himno Psychotic Reaction tuvo cierta repercusión, pero tras grabar su único LP se matricularon en la universidad y desaparecieron como por arte de magia. Nadie volvió a oír hablar de ellos hasta que años después mitómanos muy notorios se empeñaron en engordar su leyenda… hasta llegar al gran agitador del rock de garage que es Little Steven en nuestros días. En su Underground Garage también pueden descubrir a otros grupos de la costa oeste como los Kingsmen, que ya aplicaron una buena puesta a punto al viejo Louie Louie en su cochera de Portland. Y un poco más al norte, casi llegando a Seattle, los Sonics le daban otra vuelta de tuerca al mismo ritmillo con su éxito Have Love Will Travel… pero no les aburro más, que aún me queda repasar unos cuantos programas de radio para poder tratar sobre este asunto con algo más de propiedad.

Count Five - Psychotic Reaction
Psychotic Reaction (1966)

Ya saben: Little Steven’s Underground Garage. Pueden encontrarlo en su cita semanal de Rock FM y replicado en emisoras de radio de todo el mundo, así como descargando los programas de su propia página web o en los sitios habituales de almacenamiento de archivos radiofónicos… por cierto, ¿he llegado a mencionarles que Little Steven es además un famoso guitarrista de una banda que llena estadios, que también probó como actor encarnándose en miembro de la familia Soprano y que después protagonizó una especie de spin-off en la tele noruega? Bueno, eso mejor lo dejo para después del verano.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Más sobre Joni y sus amigos de Woodstock”, que fue publicado originalmente el domingo 20 de noviembre de 2011.

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Hoy no iré al Bernabéu a escuchar The River

Sábado, 21 de mayo de 2016.-
Pues no, no peleé por una entrada de Springsteen en esa mañana disparatada de venta on-line en la que se agotó todo un aforo del Santiago Bernabéu en apenas unas horas… ¿pero tanta gente hay en España cuyo corazoncito roquero quedó marcado por The River? Si cuando ese disco salió en 1980 por Madrid solo se enteraron Ramoncín, su amigo de Discos Melocotón y cuatro más…  Diría que la gran mayoría de los que van a ir hoy al estadio solo reconocerá Hungry Heart, la propia The River y poco más. No hagamos más sangre: los afortunados que estén allí esta noche disfrutarán de un grandioso espectáculo de rock y los menos entendidos quizá descubran una decena de maravillosas piezas de The River que nunca habían oído antes. Entre ellas esta.

Un colega me envió la crónica del concierto del Nou Camp de hace una semana y acabo de leerla. Parece ser que en sus queridos USA el amigo Bruce tocó el repertorio de The River en su integridad, pero para la gira europea alguien calculó que si a The Price You PayPoint BlankI Wanna Marry You y Drive All Night se le añadían Stolen Car, Independence Day, Fade Away o Wreck on the Highway las masas aullantes podrían caer en estado de somnolencia; mejor prescindir de unas cuantas. Así que Gira The Ties That Bind sí, pero sin poner en peligro la liturgia (y los millones) del rock de estadio. Es, como dice Ignacio Julià en su crónica de El País, el precio que pagamos.

Bruce Springsteen - The Ties That Bind. The River Collection
The Ties That Bind. The River Collection (2015)

En una gira de esta magnitud hay mucha pasta en juego y tampoco es cuestión de renunciar a una parte de los beneficios por subir tontamente el listón de los criterios artísticos. Aunque la edad del Boss empieza a ser preocupante, el tío sigue en plena forma como para todavía no levantar el pie del acelerador en lo que a giras mastodónticas se refiere. Lo que ocurre es que los buenos aficionados percibieron la cajita conmemorativa del 25º aniversario de The River como una gran oportunidad para ver a Springsteen sobre un escenario con planteamientos un poco distintos. Luego se anunció la gira, salieron las entradas a la venta y pasó lo que pasó. Es lo que hay, no es ni bueno ni malo pero es inevitable sentir un poco de pena. Bueno, eso pienso ahora, porque aquella mañana de entradas agotadas, en plena indignación por el colapso informático y los sospechosos canales de reventa que se activaron de forma inmediata, tuve un ataque de desprecio al público del rock de estadio y se me ocurrió una idea maligna: para validar las entradas habría que responder a un pequeño examen a la puerta del Bernabéu. Tampoco excesivamente difícil, por ejemplo: “Dígame usted el título de 10 canciones de The River… ¿Que no sabe…? Pues lo siento, no puede pasar. Queda usted descalificado… que pase el siguiente” y finalizado el proceso tendríamos que el número de suspensos aconsejaría reubicar el concierto en el campo del Rayo y, aún así, con algunos huecos libres en las gradas de Vallecas. Los allí presentes estarían cualificados para vivir un concierto inolvidable, que esta vez no empezaría con Badlands, como en las anteriores catorce giras, sino con la canción apropiada para la ocasión, exactamente esta.

Y siguiendo con el delirio, imaginaríamos sobre el escenario al Springsteen glorioso de finales de los 70 que ya andaba echando a rodar en directo las nuevas canciones compuestas para su siguiente LP, que iba a ser sencillo pero que se fue complicando hasta materializarse en el doble disco de vinilo cuya existencia estamos celebrando en la actual gira. Total, que para los que nos encontramos en semejante estado de nostalgia veo mucho más productivo gastarse 100 euracos en la edición deluxe de The Ties That Bind para degustar los tres DVD’s repletos de apabullantes conciertos de aquella época más el correspondiente documental que emplear la misma pasta en una entrada para ver aproximadamente el mismo concierto que la vez anterior y la vez anterior a la anterior. Ya sé que la excitación de compartir espacio con miles de almas es incomparable, pero en casa acompañado por una caja de botellines tampoco se está tan mal.

The Ties That Bind. The River Collection (Deluxe edition)
La caja deluxe en todo su esplendor

Dejando de lado lo que pudo haber sido y no fue, tampoco hay que ser demasiado aguafiestas, así que lo elegante será desear a los que tienen entrada para ver hoy a Springsteen que pasen una noche memorable. Lo doy por seguro para quienes vayan por primera vez; los que repiten revivirán experiencias felices. Yo mismo me acerqué a verlo en su penúltima visita a ese mismo estadio, una vez que hubo entradas de sobra. Allí me presenté con mi camiseta del Atleti para dejar las cosas claras y mereció la pena, aunque la cosa fue más o menos igual: repertorio de grandes éxitos para contentar a las masas intercalando dos o tres rarezas de The Promise para deleite de los aficionados pata negra. Ahora me sigue apeteciendo ir a conciertos, pero a aquellos en los que no tenga que pelearme con nadie por la entrada ni pagar gastos de gestión abusivos a empresas mafiosas. A la vuelta de Milán, donde tenemos un asuntillo pendiente, quizá me pase por el Calderón para ver a Paul McCartney jugando en casa, o quizá vaya al Nuevo Apolo, que tiene anunciado a Graham Nash, tíos grandísimos a los que supongo fuera del circuito de la reventa y la especulación on-line. Y si se agotan las entradas, pues me vuelvo por donde he venido y tan contento.

Y como me gusta mucho esta canción, pues aquí se la pongo otra vez, ahora en versión karaoke subtitulado. Hala.

NOTA POSTCONCIERTO: De vuelta de una visita familiar en Madrid, no pude evitar desviarme hacia la Castellana. En doble fila, con las ventanillas bajadas, escuchamos un par de minutos de Point Blank hasta que un policía nos echó… qué envidia. Luego en casa haciendo cuentas con los setlist compruebo que en Barcelona y San Sebastián cayeron 12 y 13 canciones de The River, mientras que en Madrid la cosa se redujo a 7… ¿acasó fue anoche el comienzo de la ‘Gira Born in the U.S.A.’? 9 canciones nada menos, casi el disco entero… imagino el mosqueo que se pillarían algunos. Como único consuelo para los madrileños, decir que en Lisboa solo sonaron 3: Hungry Heart, The River y Out in the Street… menos mal que nos queda Portugal. Si quieren escuchar un concierto bueno de verdad, aquí tienen uno de Nueva York del mes pasado, donde sí hizo lo que debía: tocar en orden las 20 canciones de The River y terminar con algún outtake, versiones y los bises más inevitables.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Southside Johnny estuvo en Madrid (Amigos de Bruce II)”, que fue publicado originalmente el jueves 22 de agosto de 2013.

Más sobre Joni y sus amigos de Woodstock

Domingo, 20 de noviembre de 2011.-
Revisando el texto anterior sobre Joni Mitchell y su disco Ladies Of The Canyon, y además con el detalle añadido de que trataba sobre versiones, se me quedaba un poco cojo sin esto:

Este Woodstock es una canción con mucha historia, ya referida un par de veces en A70. Sin ir más lejos, en el texto anterior se mencionó que fue escrita por Joni Mitchell justo después de finalizar el fin de semana del festival. Probablemente la canadiense quedó impactada por las imágenes que transmitieron los medios mostrando la marea humana, el caos organizativo y el enorme grado de inspiración de todos los músicos que participaron. Si unimos lo que le contó de primera mano Graham Nash, su chico de entonces, ya tenemos los ingredientes necesarios para que la canción fuera la crónica perfecta del acontecimiento. Criaturitas del Señor que durante tres días fueron estrellas doradas y tuvieron el privilegio de sentirse en el paraíso, vino a decir Joni. Y por último hay que añadir unas gotitas de la envidia que sintió por no haber estado allí, ya que rechazó la invitación de última hora que se le hizo. No fue la única, ya que por unos motivos o por otros se fueron cayendo del cartel gente como tan ilustre como The Doors, Led Zeppelin, King Crimson o The Byrds. Imagino que a alguno de ellos les diría su manager: “Tenemos una oferta para ir a tocar a un festival en una granja de cerdos al sur de Nueva York. Dicen que la organización está teniendo problemas para pagar a las bandas… ¿os apetece ir?”, y claro, planteado así la respuesta negativa era casi obligada.

El Festival de Woodstock se celebró entre el viernes 15 y el domingo 17 de agosto de 1969. Bueno, en realidad cuando acabó ya había amanecido el lunes 18. Fue por culpa del tormentón que obligó a parar las actuaciones durante varias horas en la tarde del domingo, así que allí estuvo Jimi Hendrix tocando el american stars & bars para los cuatro gatos que aguantaron hasta el lunes por la mañana temprano. En seguidita se puso Joni Mitchell a escribir su canción, y para septiembre de 1969 ya estaba tocándola en festivales de folk.

Tengo que decirlo: Woodstock en boca de su autora es un verdadero tostón. Esta temprana actuación en tv refleja con bastante fidelidad cómo fue la versión de estudio que Joni incluyó en su álbum Ladies Of The Canyon, publicado en marzo de 1970. No es que esta versión original sea mala, sino que aguanta mal la comparación con la de Crosby, Stills, Nash & Young. Ellos sí actuaron en Woodstock y prefirieron añadir tensión eléctrica a la canción de su amiga. Le pidieron permiso para grabarla y consiguieron adelantarse a ella unos días con la publicación de este disco.

Déjà Vu (1970)

Este segundo disco de Crosby, Stills & Nash, y primero con Young, salió con Woodstock como primer single. El caso es que cada uno de los cuatro cantantes grababa por su cuenta sus composiciones con cierta autonomía respecto de los otros… excepto Woodstock, que por no ser de ninguno de ellos consigue reunirlos a todos en el estudio de grabación. El resultado fue excelente, quizá por ser la única vez que consiguieron sonar como un auténtico grupo, los cuatro más el batería Dallas Taylor y el bajista Greg Reeves, cuyos nombres también aparecen en pequeñito en la portada. Todo ocurrió de forma tan rápida en ese marzo de 1970 que para finales de mes ya se estaba estrenando la película documental sobre Woodstock, y la versión de Crosby, Stills, Nash & Young estuvo lista a tiempo para servir de sintonía a los títulos de crédito finales, como emotivo broche a la magnífica triada que forman festival, canción y película.

Y para dejar constancia de las buenas amistades de las que disfrutaba Joni Mitchell, he encontrado una bonita canción que le dedicó Neil Young, una de esas rarezas que no sale en ninguno de sus discos oficiales. Después de tanto como llevo escrito sobre la rubia canadiense me he dado cuenta de que no he enseñado mucho su cara, así que este vídeo viene al caso. Alguien se entretuvo en ilustrarlo con fotos en la que aparece rodeada de sus amigos más famosos… ¡qué contenta se ve a Joni, sale hasta guapa!

 

Enormes taxis amarillos x4

Lunes, 14 de noviembre de 2011.-
Aunque en muchas ocasiones he tratado el tema de las versiones, las versioncillas y los plagios, hasta ahora no me he metido a fondo en este asunto, que por otra parte me apasiona. La idea es coger una buena canción y exprimirla hasta la última gota con todas las versiones chulas que encuentre, así que me pongo a ello. Voy a aprovechar la petición de una vieja lectora, que hace tiempo me envió unos valiosos enlaces.

Pues sí, vamos a oír unas pocas veces Big Yellow Taxi, empezando por la original de Joni Mitchell, la rubia de la cara rara que casi no tenía dientes. Como se puede ver en la foto fija que sale en el vídeo, la canción pertenece a su tercer álbum, Ladies Of The Canyon, publicado en 1970. Hacía unos años que había llegado a los USA desde su Canadá natal (igualico que Neil Young) y para entonces ya era una de las indiscutibles musas del hippismo. Por cierto, a ese mismo disco pertenecía Woodstock, la canción que Joni escribió de la pura rabia que sintió al no haber podido estar en ese festival. Parece ser que cuando le ofrecieron tocar en Woodstock ya tenía firmado un bolo en un show de televisión, y pensó que la cosa no sería tan importante como para cancelar lo de la tele. ¿Cuántos millones de copias más habría vendido este single de haber sido interpretado ante miles de jóvenes semidesnudos cubiertos de barro? Eso nunca lo sabremos.

Ladies Of The Canyon (1970)

Joni nació en Alberta, vivió en un montón de ciudades canadienses y se casó muy joven con un tal Chuck Mitchell, al que conoció en el ambientillo folk de Toronto. Como él era de Detroit, se fueron a vivir allí para intentar ganarse la vida como cantantes. El matrimonio duró poco, pero Joni se quedó con el apellido para toda la vida. También decidió seguir buscando el estrellato por los EEUU: primero probó en Nueva York, desde donde recorrió todos los garitos folk de la Costa Este, y cuando por fin dio el salto a San Francisco en 1968 todos los cantautores del flower power quedaron impresionados por las canciones de Joni, por su increíble voz y por su personal manera de tocar la guitarra con afinaciones abiertas. David Crosby fue el primero que la conoció y quien le ayudó a publicar su primer LP. Después se hizo amiga de Stephen Stills y, sobre todo, mucho más amiga del inglés Graham Nash, lo que explica que les regalara la canción Woodstock para que Crosby, Stills, Nash & Young la grabaran primero. También llamó la atención de James Taylor e incluso del esquivo Bob Dylan, quien rápidamente grabó una versión de los taxis amarillos que años más tarde se rescató para su disco chungo de 1973, ese que sacó por su cuenta la CBS para hacer tiempo con retalitos encontrados aquí y allá.

Los de la compañía pensaban que Dylan estaba retrasando a propósito su siguiente LP para irse con la competencia, así que pusieron en las tiendas este engendro. Todos los dylanófilos coinciden en que es el peor disco de su carrera (bueno, a la par que Selfportrait), pero gracias a esta gran cagada pudimos disfrutar la versión de Joni Mitchell que incluía.

Bob Dylan - Dylan
Dylan (1973)

Como Bob es mucho Bob, la verdad es que le quedó una versioncita agradable y muy mona. Tanto Selfportrait como Dylan son muy odiados porque iban repletos de versiones horribles, arregladas con dudoso gusto y cantadas con voz impostada, como imitando a Johnny Cash. Por no extenderme, mencionaré solo un Can’t Help Falling In Love que seguro hizo sonrojar al propio Elvis, un Blue Moon demencial o un The Boxer a dos voces en el que no hay por donde coger a Simon ni a Garfunkel. Vamos, Bob Dylan haciéndose un autorretrato completamente deforme a través de las canciones de otros.

Bob Dylan - Selfportrait
Selfportrait (1970)

El caso es que, en el asunto de estos dos discos feos de portada fea, el Big Yellow Taxi que está sonando se salva un poco de la quema. Bob no se alejó demasiado de la original y respetó su tono de amable reivindicación ecologista. Sin agresividad, que para eso eran hippies. Lo que se llevaba en la época era la denuncia social y el compromiso político, pero nunca reñidos con el buen humor.

Joni Mitchell contó que la letra evoca su primera visita a Hawaii. Llegó de noche a su hotel y cuando se asomó por la mañana quedó espantada por el horrible aparcamiento que afeaba el paisaje hawaiano. “Asfaltaron el paraíso y construyeron un gigantesco aparcamiento”, dice en un plan muy de ecologista de ciudad. O sea, que desde su hotel rosa de Honolulu lamenta la mutilación sufrida por la naturaleza para construir el hotel, naturaleza que jamás habría conocido de no ser por el puñetero hotel rosa… Ahí lo dejo, que no es plan de poner demasiadas pegas a esta bonita canción.

Joni Mitchell - Big Yellow Taxi (single)Y por lo que se ve, también salió en Friends

Como nota fea hay que mencionar las horrorosas versiones que se hicieron en los 90, como la aproximación new age céltica de una tal Maire Brennan o la ñoñez parroquial de Amy Grant, que demuestran que Big Yellow Taxi era fácilmente estropeable. Pondré el ejemplo menos malo, el del enlace que me envió mi involuntaria colaboradora.

Creo que esto comenzó siendo un bonus track en un CD de Counting Crows, y más tarde injertaron los coros de Vanessa Carlton para que la chiquita promocionara no sé qué película. Total, que por un lado van los Crows haciendo la parte de Joni Mitchell y por otro la Vane metiendo los coritos de la versión de Dylan, pero en cursi. En fin, no hagamos más sangre del asunto y, por si son incapaces de ver este videoclip completo, les dejo para quitar el mal sabor de boca la genuina interpretación en directo de la inimitable Joni Mitchell en la tele en 1970, quizá el día en que perdió la oportunidad de cantar en Woodstock.

En el dúo Graham Nash & David Crosby, mucho mejor Nash que Crosby

Miércoles, 18 de noviembre de 2009.-
Algunas veces fueron trío (Crosby, Stills & Nash) y otras cuarteto (Crosby, Stills, Nash & Young), pero tampoco se privaron de hacer dúos, completando casi todas las combinaciones posibles entre ellos. Y por allí cerca, como solistas al frente o en compañía de otros, andaban rondando otras formaciones apreciables como Poco, Manassas, Loggins & Messina… De los dúos, era obligatorio conocer el disco de The Stills-Young Band. Claro, Neil Young era mi favorito y además esa formación grabó una de sus grandes canciones, Long May You Run.

Fue un grupo fugaz, aunque era lógico que por una vez Young volviera a juntarse con Stephen Stills, con quien se dio a conocer en los fascinantes Buffalo Springfield. Sin embargo, la pareja más estable la formaron los otros dos de CSN&Y: David Crosby y Graham Nash. En principio no me interesaban mucho. Nash era un inglés más bien soso que parecía asumir el papel de niñera del gordito Crosby, siempre con problemas de drogas y, digámoslo claro, con ciertas limitaciones como compositor en la odiosa comparación con sus ilustres compañeros.

David Crosby y Graham NashCrosby, siempre with a little help from su amigo Nash

Hace poco cayó en mis manos el primer disco firmado conjuntamente por Graham Nash & David Crosby y, quizá por culpa de tan horrible portada, tardé meses en hacerlo sonar. No, desde luego que los diseñadores del sello Atlantic no tuvieron en este álbum su día más inspirado…

Graham Nash/David Crosby (1972)Graham Nash/David Crosby (1972)

Finalmente, lo pongo y lo escucho con agrado. Lo vuelvo a poner, repito varias veces y ha terminado por encantarme… en realidad mucho por Nash y no tanto por Crosby. Después he revisado el repertorio de varios discos y he descubierto que, sea en la combinación que sea, las canciones de Nash son siempre de las mejores. En este disco de 1972, Graham Nash aporta joyas de la talla de Frozen Smiles o Southbound Train.

Otra de este disco como Inmigration Man tuvo el honor de ser incorporada al repertorio de las siguientes giras de Crosby, Stills, Nash & Young… en fin, no es extraño que estas canciones sean excelentes, pues fueron publicadas justo entre las dos obras maestras de Graham en solitario: Songs for Beginners (1971) y Wild Tales (1973). Hace tiempo que no los oigo… creo que es buen momento para desempolvarlos.

Graham Nash - Songs for Beginners y Wild Tales Los dos discazos en solitario de Graham Nash