Muertos de 2016: Rick Parfitt

Jueves, 02 de marzo de 2017.-
Cuando en un blog, formato ya obsoleto a día de hoy, se escribe sobre una cosa como el rock, fenómeno cultural que vivió su época dorada en el siglo pasado, la mayoría de temas que van surgiendo suelen estar relacionados con muertos. Por mucho que uno se esfuerce. Después de esta disculpa no pedida vamos a hablar un poco sobre ese funesto 2016 que quedó atrás, aunque arrimando el ascua a nuestra sardina. Ante la pérdida de tanta gente ilustre las gentes del rocanrol se pusieron abruptamente a reflexionar sobre el sentido de la vida, y aquí no vamos a ser menos. Pero aclaremos: sobre Bowie ya dijimos lo que teníamos que decir; de pasada se mencionó a Glenn Frey y también a Leonard Cohen, aunque fuera para hacerle un regate desde el bando dylanita; en cuanto a Prince, no nos engañemos, su legado nos pilla más o menos igual de lejano que el de Juan Gabriel. Aunque quedemos como culturalmente vulgares e intelectualmente necios, si por alguien hemos de guardar luto en A70 es por este señor de melena rubia del centro del escenario, el que no tiene micro.

Ya va siendo hora de que todos reconozcamos de una vez que Status Quo es uno de nuestros grupos favoritos. Cierto que nadie se atrevería a ponerlos en el número uno de su particular hit parade, siempre hay jevys más auténticos, roqueros más rompedores, sinfónicos más virtuosos, pero es que hasta suele dar un poco de vergüenza mencionarlos en un hipotético paquete de tres o cinco favoritos de toda la vida. El caso es que siempre estuvieron ahí para hacernos disfrutar, más hardroqueros en los 70 y suavizando su estilo a partir de los 80. Este What You’re Proposin’ que está sonando fue precisamente el single con que inauguraron esa década y el que comenzó a evidenciar la nueva tendencia: guitarreo igual de pegadizo pero algo más ligero con el habitual juego de voces muy en primer plano. La elección se debe a que entre las docenas de éxitos de los Quo esta canción es la que quien escribe tiene incrustada en su memoria. No llegué a tiempo de Whatever you want, era un año anterior, así que cuando un servidor prestó atención por primera vez a la radiofórmula de turno esta era de las pocas cosas que te libraban de morir de asco entre el horterismo imperante. Agradecido para siempre.

Status Quo - Just Supossin'
Just Supposin' (1980)

En cualquier wikipedia que se precie todo grupo puede ser encumbrado como lo más de lo más en algo. La proeza que se suele atribuir a Status Quo es haber colocado 50 singles en las listas inglesas, cifra muy superior a la de cualquier otro artista de la historia del rock. Fundados a principios de los 60, empiezan a publicar en 1968 y su gran mérito fue que durante casi cinco decenios no pararon de facturar singles excepcionalmente eficaces. Como no es cuestión de cansarles con demasiados vídeos, aquí les pongo una promo de un recopilatorio reciente que pega un significativo repaso en poco más de un minuto.

Las pintas sesenteras de su primera canción son más bien anecdóticas, pues muy pronto encontraron su estilo en los alrededores del blues rock y solo tuvieron que dedicarse a pulirlo poco a poco. Del cuarteto original se fue desenganchando la base rítmica a medida que veían diluirse sus raíces hard, de modo que el batería John Coughlan solo aguantó un disco más allá del mencionado Just Supposin’ para hacer lo que le pedía el cuerpo: largarse a una banda de heavy metal como Odín mandaba. Más traumática fue la marcha de Alan Lancaster, que dejó correr un poco más la década de los 80 pero tuvo que decir basta justo antes de verse alistado In the Army Now. Casi como hermanos siameses, Rick Parfitt y Francis Rossi asumieron un protagonismo al 50% para ser la imagen de Status Quo por los siglos de los siglos, Parfitt recortando un poco su melena y Rossi recogiéndola en una coleta, hasta culminar con una portada en bolas para su reciente disco ‘aquostico’. Con sesenta y muchos tacos y las guitarras colgando como única prenda, qué tíos.

Status Quo - Quo Live
Rossi, Lancaster, Parfitt y Coghlan: Quo Live 1977

Esta carpeta abierta de su doble en directo setentero muestra a los Quo en su máximo esplendor como grupo de rock potente al gusto de la época, cuando se ganaron el apelativo de ‘The Frantic Four’. Los mismos colegas del principio, cuatro frenéticos funcionando como una máquina en esa recta final de los 70 solo un peldaño por debajo de los grandes dinosaurios, sobre todo porque nunca lograron ser tomados demasiado en serio en Estados Unidos. No sabemos quién tuvo la culpa de la ruptura, no tenemos suficiente información sobre ellos para saber quién hizo de Yoko Ono. Cuando Parfitt y Rossi se quedaron solos siguieron cayéndonos simpáticos, pero ya nunca volvió a ser lo mismo que cuando roqueaban los cuatro juntos. Vean otro ejemplo.

Normal que nos haya salido otra cantada por Francis Rossi, pues era quien asumía más protagonismo como compositor y voz principal, pero no se preocupen, que al final pondremos una de Rick Parfitt. El caso es que, aunque Rossi fuera quien claramente llevaba la manija, las tareas en Status Quo siempre estuvieron bastante repartidas. Dejando aparte las estrofas a varias voces, la voz solista se repartía entre Rossi y Parfitt en una proporción de tres a dos, dejando hueco para que, como buen bajista, Alan Lancaster también cantara alguna, generalmente las más jevys. En cuanto a la composición solían firmarlas de a dos, entrando en juego otros colegas como el teclista Andy Bown, el corista Bernie Frost y el armónica Bob Young, y no crean que en un papel secundario. Por poner ejemplos, la autoría de What You’re Proposing pertenece a Rossi-Frost, mientras que la de Whatever You Want es de Parfitt-Bown. El equipo Rossi-Young se lleva la palma con Down Down, Caroline y un montón de éxitos más, aunque también los hay firmados por Lancaster-Rossi, Parfitt-Lancaster y todas las combinaciones posibles, aunque curiosamente no tanto Parfitt-Rossi. Se ve que en esto guardaban un poco las distancias.

Status Quo - On the Level
On the Level (1974)

Por lo demás, la pareja carismática de Status Quo se mantuvo unida a lo largo de los años sin dejar que en ningún momento decayera la actividad de la banda. Después del mencionado disco desenchufado, en 2016 los Quo se embarcaron en una gira con la que pretendían despedirse de los watios y las guitarras eléctricas antes de orientarse definitivamente a las acústicas. El plan empieza a torcerse a principios del verano cuando Rick Parfitt sufre un infarto tras un concierto en Turquía, viéndose forzado a abandonar antes de tiempo. Francis Rossi, fiel al lema ‘the show must go on’, decide cumplir los compromisos adquiridos recurriendo a un sustituto y así se presentan en los conciertos españoles, uno de los cuales tuvo lugar en agosto en el Festival Starlite de Marbella. Hay que agradecerles el detalle. En España siempre fueron fuertes, se portaron bien con nosotros y tocaron con tanta asiduidad que acabamos aceptándolos como si fueran un grupo más de Carabanchel. Tan intensa fue la relación que, casualidades del destino, pocos meses después el bueno de Rick acabó muriendo la pasada Nochebuena en un hospital precisamente de Marbella. En plena convalecencia, ¿qué se le habría perdido por la Costa del Sol para acabar ingresando justo allí? A saber. En cualquier época del año, en cualquier hotel de playa de nuestras costas puede uno verse rodeado de forma inesperada por un ejército de abueletes guiris. Alguna vez me fijé en los grupos de jubilados greñudos con pendiente de aro, chanclas y bermudas tratando de reconocer entre ellos a algún afamado roquero de clase media. Quien sabe si en alguna ocasión podría haberme cruzado con Rick Parfitt.

Status Quo - Aquostic
¿Alguien los llegó a ver así por la Costa del Sol?

Tras casi medio siglo ejerciendo como guitarra, cantante y compositor en Status Quo, la muerte de Rick Parfitt pasó casi inadvertida. El día de Nochebuena es de los pocos que la profesión periodística se toma libre, así que lo más que saldría es una breve nota leída en algún telediario sin redactor para adornarlo con unas frases bonitas ni técnico que buscara unas imágenes de archivo. Para colmo, el día de Navidad va y la palma el amigo George Michael dejando huérfanos a millones de fans, como para acordarse del melenudo que se había muerto el día anterior. Parfitt arrastraba las secuelas de su ataque cardiaco. Parece que quedó imposibilitado para seguir zascandileando sobre un escenario, pero su orgullo de guitar hero le impidió aceptar la baja médica y se inventó que era él quien abandonaba el grupo porque de ninguna manera podía aceptar que la siguiente gira fuera en formato acústico. Genio y figura.

Mientras suena la prometida canción de Rick Parfitt, vamos terminando con una reflexión fúnebre sobre el año que terminó. Según los aficionados a la estadística, lo de 2016 no fue para tanto. Murió el mismo número de famosos que siempre, aunque en el apartado musical se extendió una especie de leyenda negra originada por unos cuantos nombres de repercusión mundial. Por el contrario, de la impresión de que en lo que va de 2017 no se ha muerto nadie, pero si consultan los obituarios de la prensa especializada la cosa va que vuela. Quizá todavía falten celebrities de primera categoría, pero ya han caído un montón de bajistas, teclistas y baterías de grupos de la zona media del hit parade como Mott the Hoople, Allman Brothers Band, Black Sabbath, King Crimson… y también la tantas veces añorada Paloma Chamorro. Crucemos los dedos de las manos y hasta de los pies a ver si esto puede parar un poco. Que podamos escribir sobre roqueros con buena salud, y ustedes que lo lean.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Willy DeVille ya no suena en Rock & Gol”, que fue publicado originalmente el miércoles 11 de agosto de 2010.

Bob Dylan celebrando el Nobel

Jueves, 15 de diciembre de 2016.-
Hace tiempo que todo el mundo habla de Bob, ya es hora de que en A70 digamos algo al respecto. Muchos opinadores se han referido a él como si fuera un fantoche, un cantante prejubilado sin interés ni valor alguno. Qué ignorantes. El actual Bob Dylan es un artista hiperactivo poseído por un frenesí que arranca en los años previos al cambio de siglo y que en lo que va de siglo XXI le mantiene grabando, tocando y publicando sin darse un respiro. Y siendo verdad que el tío no para quieto, luego todo consiste en que llega a un sitio, se sube al escenario y se tira cerca de dos horas maltratando su repertorio en actitud completamente inexpresiva y sin hacer ni una mueca que permita vislumbrar si nuestro gurú está contento, triste o enfadado. Así que le otorgan el Premio Nobel e imaginamos que lo celebró más o menos así, juntándose a tocar con sus colegas así de estáticos, sin mover ni una ceja.

Y mientras alargan y alargan la canción, el teléfono sin parar de sonar… los pesaos de la academia sueca venga a dar el coñazo y a punto de perder la esperanza de que alguien responda. Pasan las semanas y por fin Bob se da por enterado, pero su respuesta hace que la situación se vuelva todavía más incómoda. “Me siento muy honrado por el galardón, pero no sé si me vendrá bien ir a recogerlo”, viene a decir. Y luego va y envía a la ceremonia de entrega a Patti Smith para que esta protagonice en Estocolmo una tierna escena trastabillándose varias veces en la monumental A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Oiga, es que aprenderse esa letra enterita no es nada fácil y una ya va teniendo una edad.

Sin profundizar mucho en la polémica sobre si merece el Nobel de Literatura, que eso sería meternos de cabeza en un charco que no nos incumbe, sí diremos que resulta divertido comprobar cómo se han ofendido algunos comisarios de la cultura, furiosos al ver invadido su territorio sagrado por un intruso. ¡Un cantante!, han dicho con desprecio, como si fuese un vulgar juntaletras de esos que trafican con ripios baratos para emocionar al populacho. Venga hombre, no se pongan tan exquisitos que tampoco han premiado a un Julio Iglesias o a un Luis Miguel, aunque sí hay que reconocer que resulta raro pensar en Bob Dylan como escritor. Cuando en 1965 todo el mundo estaba de acuerdo en calificarlo como poeta, él renunció a serlo porque en aquel momento le apetecía más ser músico. Ya ha llovido. Desde entonces nos ha sorprendido con conversiones de estilo, de disfraz y hasta de fe, y todo hasta perfeccionar un personaje hermético que finge que su mayor anhelo sería refugiarse en un imposible anonimato.

Bob Dylan - Masked And Anonymous
Masked And Anonymous (2003)

Ese videoclip de plano quieto, pero poderosa escenografía, salía en los extras del DVD del Modern Times edición de luxe, allá por 2006, pero remitía a una toma publicada años atrás en la banda sonora de Masked And Anonymous, que por aquí se llamó simplemente Anónimos. Como puede verse, la banda estaba bastante engrasada entonces, pero la película fue un desastre que apenas dio que hablar por las risas que en su versión original provocaba el ridículo acento que se inventó Penélope Cruz para interpretar a la guapa centroamericana a la que el personaje de Bob tiraba los tejos. Eso en la ficción, que durante el rodaje dicen que también, suponemos que para brutal engorde del ego de nuestra Penélope. Forzando muy mucho la memoria la cosa iba de que una estrella del rock llamada Jack Fate viajaba a un caricaturesco país al sur de México para participar en un extraño festival benéfico de aires circenses. El músico cree tener un inopinado parentesco con el dictador local, lo que le acaba involucrando en alguna que otra situación violenta para terminar derribando de un puñetazo al manager sin escrúpulos que le metió en semejante lío… vamos, un disparate sin pies ni cabeza sobre todo teniendo en cuenta que el tío a quien noquea el enquencle Dylan es nada menos que un peso pesado del tamaño de Jeff Bridges. Hay que decir que las veces que Bob Dylan se ha acercado al celuloide ha patinado en proyectos a cual más delirante, pero se salvan un par de títulos en que fue el cine quien se acercó a él. Cuando el propósito era simplemente reflejar su valor como músico e icono de los 60 bastaba con sacar al tío cantando él solito cosas como tan potentes como ésta.

Precisamente por el asunto del Nobel estos días había que revisar esas películas sobre Bob Dylan, que justo ponen el foco en el momento clave entre 1965 y 1966 cuando el Dylan líder generacional dimite del primer plano mundial y se marcha dando un portazo. Ambas películas tienen el valor de mostrar a Bob hablando en primera persona, algo que ha sido rarísimo a partir de entonces. Si lo hizo en el 65 ante el ínclito D.A. Pennebaker fue por prestarse a una especie de experimento de docurealidad que no se sabía muy bien cómo iba a salir. Salió muy bien: las cámaras se colaron en camerinos, viajes en coche, fiestas privadas y ruedas de prensa mostrándole tal como era; lo malo fue que Bob debió de sentirse incómodo al verse tan crudamente retratado y decidió que nunca mais. Tuvieron que pasar cuarenta años para que volviera a sincerarse ante una cámara de cine. No sabemos si sintió la necesidad de expresarse o lo hizo más bien porque quien se lo propuso fue Martin Scorsese. Para la gente que esté ahora desconcertada por lo del Premio Nobel y quiera saber cómo comenzó esta historia, esta peli lo cuenta bastante bien. El propio título No Direction Home da una pista sobre el sentido que tuvieron esos primeros años de búsqueda, apoyándose en los testimonios del propio Dylan y de mucha gente que anduvo por allí cerca. Y ya que hablamos de literatura, también sale un poeta de verdad explicando cuál es la relación que pueden tener las canciones de Bob Dylan con la poesía.

Más o menos puedo traducirlo aunque no sepa inglés, que hace poco lo vi subtitulado. Aproximadamente dice: “poesía es cuando unas palabras te emocionan en lo más profundo y reconoces en ellas una verdad subjetiva. Cuando eso mismo le sucede a muchas más personas se eleva a la categoría de realidad objetiva y entonces aparece alguien y sentencia: es poesía”. No hace falta explicar a qué se refiere Allen Ginsberg. No hay que llenar esto de vídeos para entenderlo. Ya hemos escuchado The Lonesome Death of Hattie Carrol, pero pueden ir a youtube y buscar subtítulos de esa época, cualquier cosa como With God on Our Side, When the Ship Comes In, Only a Pawn in Their Game, Chimes of Freedom y tantas y tantas canciones cargadas de palabras importantes, como bien dice Ginsberg en la peli de Scorsese, expresadas con la elocuencia de una profecía bíblica.

Bob Dylan - No Direction Home
No Direction Home (2005)

Y cuando más cómodamente podía instalarse en la cima del mundo llega su primer gran desplante. No quiere ser tratado como un profeta, le da igual el qué diran los Pete Seeger de turno. Ya dijo bien clarito todo lo que tenía que decir en sus cuatro primeros discos; tocaba pasar página y empezar a escribir letras raras, de esas que cantan músicos medio drogados y quedan bien con la guitarra eléctrica. Se hartó de ser el portavoz de su generación, la idea de ir a manifestaciones de la mano de Joan Baez le producía espanto. Que vaya ella, si tanto le gusta. Cuando el activista de guardia le preguntaba: “¿Hoy no viene Bobby?”, ella sufría por tener que guardarse su respuesta de hembra burlada: “Los muy idiotas siguen esperando a Bobby, aunque él nunca estuvo por aquí…”. Y así se ha mantenido desde entonces, evitando aparecer donde se le espera, dando plantones legendarios y haciendo cosas horribles solo por molestar, como juntarse con el Papa o con Johnny Cash. Y los señores del Nobel, creyéndose tan importantes, quisieron darse el lujo de sentar un Dylan a su mesa… ¿No queríais Dylan? Pues toma Patti Smith.

Qué momento para la historia, el rocanrol atravesando los muros de la alta sociedad, escuchado reverencialmente por gente vestida de gala y aplaudido por todos esos reyes y jefes de estado… No me digan que no ha merecido la pena. Porque puestos a tocar las narices, otra reacción ridícula muy extendida en los días posteriores al premio fue proponer todo tipo de nombres alternativos que lo habrían merecido más que él. “Hombre, ya puestos a darle el Nobel a un cantante yo habría preferido a Paul Simon o Leonard Cohen”, o sea, la tontería de turno que se dice por molestar, sobre todo pensando que el pobre Leonard tampoco habría llegado a tiempo de recogerlo en persona. Y capítulo aparte merecería la chorrada que al respecto dijo Mario Vargas Llosa, reivindicándose como aspirante a un premio en la próxima edición de los Grammy. Los Grammy Latinos, supongo. Pues bien, esa reacción es tan comprensible como la que pudo tener Belén Esteban cuando vio al buen Mario en la portada del Hola del brazo de la Preysler: “¿pero quién se ha creído este tipo para meterse en mi terreno?”.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “En recuerdo de la Thatcher”, que fue publicado el sábado 20 de abril de 2013.

Bob Dylan celebrando el Nobel

Jueves, 15 de diciembre de 2016.-
Hace tiempo que todo el mundo habla de Bob, ya es hora de que en A70 digamos algo al respecto. Muchos opinadores se han referido a él como si fuera un fantoche, un cantante prejubilado sin interés ni valor alguno. Qué ignorantes. El actual Bob Dylan es un artista hiperactivo poseído por un frenesí que arranca en los años previos al cambio de siglo y que en lo que va de siglo XXI le mantiene grabando, tocando y publicando sin darse un respiro. Y siendo verdad que el tío no para quieto, luego todo consiste en que llega a un sitio, se sube al escenario y se tira cerca de dos horas maltratando su repertorio en actitud completamente inexpresiva y sin hacer ni una mueca que permita vislumbrar si nuestro gurú está contento, triste o enfadado. Así que le otorgan el Premio Nobel e imaginamos que lo celebró más o menos así, juntándose a tocar con sus colegas así de estáticos, sin mover ni una ceja.

Y mientras alargan y alargan la canción, el teléfono sin parar de sonar… los pesaos de la academia sueca venga a dar el coñazo y a punto de perder la esperanza de que alguien responda. Pasan las semanas y por fin Bob se da por enterado, pero su respuesta hace que la situación se vuelva todavía más incómoda. “Me siento muy honrado por el galardón, pero no sé si me vendrá bien ir a recogerlo”, viene a decir. Y luego va y envía a la ceremonia de entrega a Patti Smith para que esta protagonice en Estocolmo una tierna escena trastabillándose varias veces en la monumental A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Oiga, es que aprenderse esa letra enterita no es nada fácil y una ya va teniendo una edad.

Sin profundizar mucho en la polémica sobre si merece el Nobel de Literatura, que eso sería meternos de cabeza en un charco que no nos incumbe, sí diremos que resulta divertido comprobar cómo se han ofendido algunos comisarios de la cultura, furiosos al ver invadido su territorio sagrado por un intruso. ¡Un cantante!, han dicho con desprecio, como si fuese un vulgar juntaletras de esos que trafican con ripios baratos para emocionar al populacho. Venga hombre, no se pongan tan exquisitos que tampoco han premiado a un Julio Iglesias o a un Luis Miguel, aunque sí hay que reconocer que resulta raro pensar en Bob Dylan como escritor. Cuando en 1965 todo el mundo estaba de acuerdo en calificarlo como poeta, él renunció a serlo porque en aquel momento le apetecía más ser músico. Ya ha llovido. Desde entonces nos ha sorprendido con conversiones de estilo, de disfraz y hasta de fe, y todo hasta perfeccionar un personaje hermético que finge que su mayor anhelo sería refugiarse en un imposible anonimato.

Bob Dylan - Masked And Anonymous
Masked And Anonymous (2003)

Ese videoclip de plano quieto, pero poderosa escenografía, salía en los extras del DVD del Modern Times edición de luxe, allá por 2006, pero remitía a una toma publicada años atrás en la banda sonora de Masked And Anonymous, que por aquí se llamó simplemente Anónimos. Como puede verse, la banda estaba bastante engrasada entonces, pero la película fue un desastre que apenas dio que hablar por las risas que en su versión original provocaba el ridículo acento que se inventó Penélope Cruz para interpretar a la guapa centroamericana a la que el personaje de Bob tiraba los tejos. Eso en la ficción, que durante el rodaje dicen que también, suponemos que para brutal engorde del ego de nuestra Penélope. Forzando muy mucho la memoria la cosa iba de que una estrella del rock llamada Jack Fate viajaba a un caricaturesco país al sur de México para participar en un extraño festival benéfico de aires circenses. El músico cree tener un inopinado parentesco con el dictador local, lo que le acaba involucrando en alguna que otra situación violenta para terminar derribando de un puñetazo al manager sin escrúpulos que le metió en semejante lío… vamos, un disparate sin pies ni cabeza sobre todo teniendo en cuenta que el tío a quien noquea el enquencle Dylan es nada menos que un peso pesado del tamaño de Jeff Bridges. Hay que decir que las veces que Bob Dylan se ha acercado al celuloide ha patinado en proyectos a cual más delirante, pero se salvan un par de títulos en que fue el cine quien se acercó a él. Cuando el propósito era simplemente reflejar su valor como músico e icono de los 60 bastaba con sacar al tío cantando él solito cosas como tan potentes como ésta.

Precisamente por el asunto del Nobel estos días había que revisar esas películas sobre Bob Dylan, que justo ponen el foco en el momento clave entre 1965 y 1966 cuando el Dylan líder generacional dimite del primer plano mundial y se marcha dando un portazo. Ambas películas tienen el valor de mostrar a Bob hablando en primera persona, algo que ha sido rarísimo a partir de entonces. Si lo hizo en el 65 ante el ínclito D.A. Pennebaker fue por prestarse a una especie de experimento de docurealidad que no se sabía muy bien cómo iba a salir. Salió muy bien: las cámaras se colaron en camerinos, viajes en coche, fiestas privadas y ruedas de prensa mostrándole tal como era; lo malo fue que Bob se debió de sentir incómodo al verse tan crudamente retratado que decidió que nunca mais. Tuvieron que pasar cuarenta años para que volviera a sincerarse ante una cámara de cine. No sabemos si sintió la necesidad de expresarse o lo hizo más bien porque quien se lo propuso fue Martin Scorsese. Para la gente que esté ahora desconcertada por lo del Premio Nobel y quiera saber cómo comenzó esta historia, esta peli lo cuenta bastante bien. El propio título No Direction Home da una pista sobre el sentido que tuvieron esos primeros años de búsqueda, apoyándose en los testimonios del propio Dylan y de mucha gente que anduvo por allí cerca. Y ya que hablamos de literatura, también sale un poeta de verdad explicando cuál es la relación que pueden tener las canciones de Bob Dylan con la poesía.

Más o menos puedo traducirlo aunque no sepa inglés, que hace poco lo vi subtitulado. Aproximadamente dice: “poesía es cuando unas palabras te emocionan en lo más profundo y reconoces en ellas una verdad subjetiva. Cuando eso mismo le sucede a muchas más personas se eleva a la categoría de realidad objetiva y entonces aparece alguien y sentencia: es poesía”. No hace falta explicar a qué se refiere Allen Ginsberg. No hay que llenar esto de vídeos para entenderlo. Ya hemos escuchado The Lonesome Death of Hattie Carrol, pero pueden ir a youtube y buscar subtítulos de esa época, cualquier cosa como With God on Our Side, When the Ship Comes In, Only a Pawn in Their Game, Chimes of Freedom y tantas y tantas canciones cargadas de palabras importantes, como bien dice Ginsberg en la peli de Scorsese, expresadas con la elocuencia de una profecía bíblica.

Bob Dylan - No Direction Home
No Direction Home (2005)

Y cuando más cómodamente podía instalarse en la cima del mundo llega su primer gran desplante. No quiere ser tratado como un profeta, le da igual el qué diran los Pete Seeger de turno. Ya dijo bien clarito todo lo que tenía que decir en sus cuatro primeros discos; tocaba pasar página y empezar a escribir letras raras, de esas que cantan músicos medio drogados y quedan bien con la guitarra eléctrica. Se hartó de ser el portavoz de su generación, la idea de ir a manifestaciones de la mano de Joan Baez le producía espanto. Que vaya ella, si tanto le gusta. Cuando el activista de guardia le preguntaba: “¿Hoy no viene Bobby?”, ella sufría por tener que guardarse su respuesta de hembra burlada: “Los muy idiotas siguen esperando a Bobby, aunque él nunca estuvo por aquí…”. Y así se ha mantenido desde entonces, evitando aparecer donde se le espera, dando plantones legendarios y haciendo cosas horribles solo por molestar, como juntarse con el Papa o con Johnny Cash. Y los señores del Nobel, creyéndose tan importantes, quisieron darse el lujo de sentar un Dylan a su mesa… ¿No queríais Dylan? Pues toma Patti Smith.

Qué momento para la historia, el rocanrol atravesando los muros de la alta sociedad, escuchado reverencialmente por gente vestida de gala y aplaudido por todos esos reyes y jefes de estado… No me digan que no ha merecido la pena. Porque puestos a tocar las narices, otra reacción ridícula muy extendida en los días posteriores al premio fue proponer todo tipo de nombres alternativos que lo habrían merecido más que él. “Hombre, ya puestos a darle el Nobel a un cantante yo habría preferido a Paul Simon o Leonard Cohen”, o sea, la tontería de turno que se dice por molestar, sobre todo pensando que el pobre Leonard tampoco habría llegado a tiempo de recogerlo en persona. Y capítulo aparte merecería la chorrada que al respecto dijo Mario Vargas Llosa, reivindicándose como aspirante a un premio en la próxima edición de los Grammy. Los Grammy Latinos, supongo. Pues bien, esa reacción es tan comprensible como la que pudo tener Belén Esteban cuando vio al buen Mario en la portada del Hola del brazo de la Preysler: “¿pero quién se ha creído este tipo para meterse en mi terreno?”.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Atascado otra vez en Mobile con el Blues de Memphis sin poder salir”, que fue publicado el martes 1 de diciembre de 2009.