Stones (III): Travesuras de Keith Richards

Lunes, 29 de febrero de 2016.-
Después de un episodio radiofónico tan excitante como el que les relaté la vez anterior, este blog se quedó cómo no medio atascado en un bloqueo del que no se terminaba de encontrar la forma de salir. Pues bien, tras un programa tan stoniano, tras vivir la pasión que todavía hoy Mariscal Romero transmite por los Rolling Stones, qué mejor que continuar con esto.

En nuestro serial dedicado a las grabaciones de estudio que los Stones van entregando con cuentagotas en los últimos tiempos quedó en el tintero un capítulo dedicado a Keith Richards. Aquí lo tienen. No exagero si digo que he escuchado Trouble cientos de veces desde que nos sorprendió a mediados de julio como adelanto de su nuevo disco. Allá por septiembre se publicó por fin Crosseyed Heart y lo recibimos con escepticismo. No se esperaba ya un tercer álbum suyo en solitario, ¿tendría todavía algo que decir el bueno de Keith a estas alturas? Bueno, pues si Trouble enganchó, la escucha del resto del disco se reveló como un auténtico deleite de principio a fin.

Keith Richards - Crosseyed Heart
Crosseyed Heart (2015)

Además de la que está sonando, otras como Heartstopper y Something For Nothing también se construyen en torno al clásico ritmillo richardiano imprescindible para practicar air guitar con los codos levantados. Blues In the Morning representa la cuota de viejo rocanrol de los 50 que nunca puede faltar en sus discos, mientras que exquisiteces como Robbed Blind, Nothing On Me, Just a Gift o Lover’s Plea mantienen ese tono ralentizado y canallesco que el Richards vocalista ha ido perfeccionando con los años para entonar de esa forma arrastrada en que él se siente más cómodo. A ese mismo género pertenece Illusion, la canción en que se junta con una superestrella del momento como Norah Jones. Quedó muy bonito, pero con el punto antipático de que la tal Norah ni siquiera se dignó a compartir estudio con Keith, sino que le envió por mail su parte cantada. ¿Pero qué se habrá creído esa tía? ¿Con quién ha empatado Norah Jones en su vida? Que se deje de Noras, mucho mejor Sarah Dash, su corista de toda la vida. Vetada Illusion y mencionadas nuestras favoritas de Crosseyed Heart, cambiamos de tercio con esta otra.

Según aseguró Mariano Muniesa el día que estuvimos en Mariskal Rock Radio, el año 2016 será esta vez sí el año en que los Rolling Stones volverán a entrar a un estudio a grabar material nuevo. Ocurrirá dentro de unos meses, una vez finalice su gira latinoamericana, y no se puede negar que el emocionante reencuentro discográfico con que nos sorprendió el Richards es el mejor presagio para que esos planes se hagan realidad. Pero conviene no dejarse llevar por la euforia, que ya sabemos que las veces anteriores la inspiración de los cuatro Stones no llegó para llenar un disco completo, sino para grabar unos pocos cortes con que adornar el enésimo recopilatorio.

The Rolling Stones - Forty Licks
El de 2003 incluía cuatro canciones nuevas

Esta que suena se llama Losing My Touch y cerraba el disco de 40º aniversario de la banda. Es quizá la joyita más valiosa de Forty Licks y redunda en el papel asumido por Keith Richards como guardián de las esencias rollinestonianas. Si en cada disco de los Stones el tema cantado por Keith era una especie de guinda para el pastel, a partir de los 90 su aportación fue creciendo en cantidad y en importancia. Apunten: The Worst y Thru And Thru (las dos de Voodoo Lounge); You Don’t Have to Mean It, Thief in the Night y How Can I Stop (las tres de Bridges to Babylon); Infamy y This Place Is Empty (de A Bigger Bang); más alguna pieza en directo como The Nearness Of You y el propio Losing My Touch podrían haber completado un sobresaliente disco en solitario de Keith Richards, ese que nunca publicó desde su segundo Mean Disposition de 1992 hasta el actual Crosseyed Heart. Déjenme que personalmente lo complete con esta otra.

Aunque esta maravilla proceda de sesiones de grabación de finales de los 70, podría incluirse perfectamente en ese hipotético disco perdido porque su edición oficial corresponde a 2011. Se llama We Had It All y fue dando tumbos por discos no oficiales de todo tipo hasta que por fin apareció con todos los honores en el CD2 del Some Girls Deluxe Edition, que contenía nada menos que doce canciones que no pasaron el corte para la selección definitiva. Por aquella época, ya saben, el cupo para Richards era de una sola canción por disco y la elegida fue Before They Make Run, que era bien molona y encajaba como un guante en el tono macarrilla que rezumaba el mítico Some Girls. No, no pondremos ni un pero al listado de canciones de 1978, pero como suele ocurrir en estos casos a día de hoy es un placer escuchar todo lo que se quedó fuera e imaginar los quebraderos de cabeza que provocaría condenar al ostracismo cosas tan buenas como este We Had It All.

The Rolling Stones - Some Girls Deluxe Edition
El deluxe de 2011 traía un CD enterito de rarezas

Ah, los tesoros revelados por las Deluxe Edition, qué regalo para nuestros oídos. Eso daría para una nueva entrega de este serial, ya veremos, que en algo tendremos que entretenernos hasta que llegue el tan ansiado repertorio de 2016. Si Keith Richards utilizó Talk is Cheap, su primer disco solista, para desafiar a sus propios compañeros de grupo y obligarles a remontar ese momento de bajón que vivían a finales de los 80, no descartemos que Crosseyed Heart, salvando las distancias, pueda servir para lo mismo. Nos agarraremos a ese clavo ardiendo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El verano en que Jagger cumplió 70”, que fue publicado originalmente el domingo 29 de Septiembre de 2013.

The Who en serie media a 6 euros con descuento progresivo 4×20 y 10×40

Lunes, 21 de diciembre de 2015.-
Lo primero mis disculpas por estos meses de silencio de A70, inactividad que de momento ha dejado en el tintero algunos textos muy prometedores sobre Keith Richards y Ramoncín, ya saben, dos de los grandes referentes morales de este sitio. Veremos qué se puede hacer. Sí les digo que el paréntesis ha servido al menos para disfrutar del placer de la música y en algunos casos hasta de la sagrada costumbre de comprarla antes de escucharla. Por ejemplo esta.

Pues resulta que un gran almacen de los que aún conservan media planta dedicada a este negocio en decadencia puso una oferta que obligaba a ir a la compra como antiguamente, con una lista y calculando bien el número de ejemplares para cuadrar la cuenta. Escogiendo en amplio catálogo de series medias a 6 euros se podía abaratar con la fórmula del 4×20 y 10×40, o sea, abaratando un euro cada disco comprando cuatro y si el montón era de diez el ahorro era de dos euros por CD, quedando la cosa en el muy razonable precio de 4 euros por disco. Un chollo, vaya. Siempre habrá el clásico ‘yo no soy tonto’ que diga “pues más barato me sale a mí que me lo bajo gratis”, pero mejor no perder el tiempo con quienes son incapaces de entenderlo. Los que hemos pasado media vida rebuscando entre las estanterías de las tiendas de rock tenemos la necesidad de revivirlo de vez en cuando por la cosa sentimental, qué se le va a hacer. Quedé con un amigo para aprovechar la oportunidad y uno de los grupos más apetecibles en la selección de títulos era The Who.

The Who - Who Are You
Who Are You (1978, reed. 1996)

Me van a comparar un archivo informático por muy gratuito que sea con un clásico del rocanrol reeditado con mimo, acompañado de su libreto generoso y tres o cuatro bonus por disco. Por ejemplo lo que está sonando, que quizá ustedes asocien con la sintonía de cierta célebre serie de televisión, es el gran hit perteneciente a su disco de 1978, titulado igualmente Who Are You, pero entre los cinco bonus track de esta reedición de 1996 aparece una segunda versión catalogada como Lost Verse Mix. Qué bonito detalle. Otra de las cosas de las que se entera uno leyendo el cuadernillo (con lupa, es lo malo del formato CD) es de las circunstancias de la muerte del batería Keith Moon a los pocos días de finalizar la grabación, por lo que el ‘not to be taken away’ escrito en la silla en la que aparece sentado en la foto de portada dio lugar a toda clase de especulaciones. Casualidad o no, en el vídeo aparece el tío tan bromista y juguetón como siempre fue, puede que ya algo gordo y castigado por su vida de rockstar al límite, y así quedó inmortalizado para la película Los chicos están bien, que como buen documental de rock redondeaba su final con el miembro más gamberro del grupo adornando su necrológica con una disparatada mezcla de pastillas y alcohol.

The Who - The Who by Numbers
The Who by Numbers (1976, reed. 1996)

No fue el único disco de The Who que cayó. La oferta incluía también los posteriores It’s Hard y Face Dances, que por ser bastante menores y haber prescindido de ellos en su momento pueden ser disfrutados ahora de forma mucho más relajada, que las exigencias de autenticidad y los criterios de fan defraudado ya ni se sabe dónde quedaron. Total, que en las dos compras de a diez que hice con el amigo con el que quedé nos llevamos varios de esos discos a pares. También completamos con alguno que nos faltaba de la época mod, en mi caso A Quick One, pero generalmente fuimos a saco a por su época más peluda. Este The Who By Numbers también pasó un poco inadvertido en su discografía, sobre todo porque le tocó la difícil papeleta de ser el siguiente al monumental Quadrophenia. Digo lo mismo que antes, que escuchado ahora tampoco está tan mal. Y el dibujo firmado por John Entwistle tiene el encanto de lo cutre… algún valiente habría que completó a boli la portada de su vinilo. En el libreto se explica que no era fácil introducir las nuevas canciones en un repertorio de directo trufado de exitazos de Tommy, Who’s Next y Quadrophenia, pero pese a todo se dieron el gustazo de volver a girar por territorio británico rematando con un ciclo de tres conciertos de inspiración futbolera en los estadios del Charlton Athletic, Celtic y Swansea, de lo cual queda constancia con tres bonus track Live at Swansea Football Ground 1976. No he encontrado prueba visual de esa actuación en concreto, pero aquí tienen otra de más o menos la misma época.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La compra de discos semestral (I)”, que fue publicado originalmente el martes 21 de junio de 2011.

Stones (II): Gruñidos en el siglo XXI

Domingo, 20 de septiembre de 2015.-
En la semana en que se publica lo nuevo de Keith Richards, y mientras los cuatro Rolling Stones se deciden a entrar a grabar su hipotético disco de 2016, demos una escucha a lo que son hasta el momento sus últimos gruñidos.

No nos hagamos ilusiones con lo del nuevo material, que también anunciaron un larga duración para 2012 y la cosa al final quedó reducida a recopilatorio con un par de canciones de baratillo grabadas en ratos libres, una de ellas la que tienen aquí encima. Como ese año había que hacer algo a propósito de los fastos previstos para celebrar sus 50 años de rocanrol, los Stones aprovecharon el verano para juntarse en un estudio a ver qué les salía. Bien por falta de inspiración o falta de ganas, no pasaron de dos composiciones como raquítica cosecha tras siete años desde A Bigger Bang, la anterior entrega. Y no es de extrañar que no quisieran complicarse más a juzgar por este Doom and Gloom. No me atrevería a decir que sea mala, lo dejaremos en que sigue la senda de aquel Rough Justice que tanto nos entusiasmó, pero un peldaño por debajo en inspiración y pulso roquero. Puede que no lo hicieran con esa intención, pero ellos mismos titularon el recopilatorio con una onomatopeya de insatisfacción.

The Rolling Stones - Grrr!
GRRR! (2012)

No era la primera vez que los Stones usaban el truco de recopilar éxitos intercalando el señuelo de alguna canción de estudio realmente inédita. Dejando aparte los discos propiamente de rarezas que han publicado de cuando en cuando y aquellos Big Hits que solían rescatar para el formato LP algún single de esos que en los 60 había alcanzado la celebridad solo como disco pequeño, la fórmula se inaugura en 1991 con Flashpoint, que era un directo con lo más representativo del repertorio de la gira Urban Jungle, la de presentación de Steel Wheels, y tras el bloque en vivo aportaba como bonus track dos cortes en estudio. Highwire y Sex Drive no estaban mal, pero tampoco es que tuvieran demasiada trascendencia.

Flashpoint y Forty Licks
Rebuscando inéditas por Flashpoint y Forty Licks

La jugada se repitió tiempo después en Forty Licks, el recopilatorio con el que en 2003 se conmemoró el 40º aniversario de la banda. Pues bueno, para aquella ocasión tuvieron a bien colar cuatro nuevas composiciones que, añadidas a los otros 36 éxitos que incluían el doble CD sumaban los cuarenta lengüetazos anunciados en el título. Tomen nota: Don’t Stop, que se usó como single y fue incorporado al repertorio de la gira, Keys To Your Love, Stealing My Heart , ambas más bien flojillas, de esas que bien podrían haber caído en un disco en solitario de Jagger, pero al final el lote se arreglaba un poco con Losing My Touch, la típica delicatessen con que a veces se descuelga Keith Richards, sobran las comparaciones. Así que si juntamos estas cuatro con las dos de Flashpoint y las otras dos de GRRR! podría uno hacerse un CD artesanal que se podría hacer pasar por el disco que los Rolling Stones nos deben hace tiempo. Cerraría la selección One More Shot, que quizá sea algo mejor e inspira mejores vibraciones que el otro gruñido que escuchamos más arriba.

Cierto es que ese disco imaginario no sería muy bueno, aunque podríamos mejorarlo incorporando algunas de las rarezas recuperadas en las reediciones de Sticky Fingers, Some Girls y Exile On Main Street, pero eso ya casi lo dejo para otro día. Y además, sepan que mientras escribía esto he escuchado Doom and Gloom veinte o treinta veces y le empiezo a coger el punto.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Quiénes son los abuelos del rock?”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de julio de 2010.

Últimas canciones de los Stones (I): A Bigger Bang (2005)

Domingo, 6 de septiembre de 2015.-
Justo antes del verano los Stones dieron un concierto sorpresa en Los Ángeles, poniendo las entradas a la venta apenas un par de horas antes del evento al precio de 5 dólares. Los afortunados pudieron escuchar en orden todo Sticky Fingers, que era el último lanzamiento de la banda en la habitual reedición deluxe con extras, demos y directos. Me parece muy bien y me gusta la idea, pero uno echa de menos los tiempos en que el grupo se esforzaba en grabar material nuevo. Y es que para encontrar su último disco en estudio hay que retroceder nada menos que diez años.

Potente, con garra y el punto guarrillo que siempre debe tener una letra de los Stones. Los gallos y las gallinas, los pollitos y las pollitas… parece que algunos dobles sentidos con animales de granja funcionan lo mismo en inglés que en español. Rough Justice es en mi opinión la última gran canción de la banda, para mi desgracia asociada a una de las decepciones más grandes que me he llevado en un concierto. Les cuento: su visita al Calderón de la gira de Forty Licks me pareció de lo mejor (Licks World Tour 2002–2003), con músicos de superlujo y los viejos Stones luciendo un inesperado esplendor justo en el límite en que unos y otros andaban celebrando su cumple número 60. Esperaba repetir sensaciones con su siguiente show (A Bigger Bang Tour 2005–2006), en el que precisamente iban a presentar su flamante disco de nuevas canciones, pero entonces sucedió lo del cocotero y la gira se suspendió casi tres meses entre abril y julio de 2006. Hubo que reestructurar las fechas y a la cita del Vicente Calderón le tocó esperar hasta el verano siguiente.

The Rolling Stones - A Bigger Bang
A Bigger Bang (2005)

La sorpresa que nos llevamos en junio de 2007 es que las canciones de este disco habían desaparecido por completo del repertorio. Así fue al menos en Madrid, como atestigua esta página que todo lo sabe en materia de set lists. Vamos, que la gira de treinta conciertos por Europa de ese verano ya no era Bigger Bang Tour ni por asomo, sino una especie de añadido para quedar bien con los afectados por las afonías de Jagger y las cirugías a cráneo abierto de Richards del verano anterior. He cotilleado el listado de un par de días después en El Ejido y al menos allí sí que tocaron Rough Justice… ¡suertudos almerienses! Creo que en Lisboa, Barcelona y San Sebastián también pudieron escucharla, así que el feo detalle de atizarnos un concierto sin rastro de Bigger Bang nos lo reservaron solo a los madrileños. Pues qué bien. Me sentí un poco estafado por ver de nuevo a los Stones convertidos en una maldita banda de revival, que eso de repasar los ‘greatest licks’ ya lo habían hecho en el concierto de 2003. Tan mal sabor de boca me quedó que a su siguiente visita a mi ciudad (14 On Fire 2014) ni me molesté en ir, pues para colmo eligieron otro estadio mucho más grande, pero bastante más antipático y sin un ápice de pedrigrí stoniano. Cuanto más lo pienso más me enfado, así que mejor cambio de tema.

En el afán por calmar mi sed de nuevo repertorio, he encontrado esto. Se trata de Under The Radar, uno de los descartes de A Bigger Bang. Pudimos escucharla un poco después, cuando se reeditó el disco en una edición especial con un DVD añadido y ahí, entre los contenidos extras del DVD, se podía acceder al audio de dos canciones perdidas. Ya se sabe que si quedaron excluidas del listado de A Bigger lo normal es que fueran peores que las que sí pasaron el corte, pero no sé, tampoco están tan mal, desprenden el dulce encanto de los bonus track. Y además, en estos momentos de carestía una canción de los Stones es una canción de los Stones, un argumento un poco tonto pero que puede tener valor en sí mismo. Quien no se consuela es porque no quiere.

A Bigger Bang Special Edition
La edición deluxe de A Bigger Bang

Este verano, por unas cosas o por otras, he sentido cierta nostalgia Stone. En una de las entrevistas que concedió con motivo del nuevo Sticky Fingers, reconoció Jagger que él siempre sigue componiendo y que tiene nuevas canciones que por supuesto podrían encajar en un nuevo álbum de los Rolling Stones. Ojalá fuera verdad. En cambio su socio Richards no solo las compone sino que va el tío y las publica: su tercer disco en solitario, Crosseyed Heart, verá la luz este mes de septiembre, todo un acontecimiento teniendo en cuenta que el anterior es de 1992. Ya hay canciones circulando por ahí, pero cada cosa a su tiempo. De momento escuchemos Don’t Wanna Go Home, la otra canción perdida de las sesiones de A Bigger Bang, última ocasión en la que la banda al completo se juntó de verdad en un estudio para grabar un disco de verdad. Esperemos que los rumores se hagan realidad y pronto se convierta en la penúltima.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “No espero a una dama, estoy esperando a un amigo”, que fue publicado originalmente el domingo 23 de enero de 2011.

Carlos Michelini episodio II o cómo Ramoncín se quitó la careta

Sábado, 12 de julio de 2014.-
En el episodio anterior quedaron explicados los pormenores del conflicto con Jero Ramiro. En resumen, que ni Ramoncín ni Carlos Michelini eran miembros originales del grupo W.C., pero a la postre fueron ellos quienes pusieron en marcha el proyecto discográfico. Sin entrar a valorar la maniobra, el resultado fue un disco de debut excelente y unas presentaciones en directo que provocaron de todo menos indiferencia. La pareja artística, ya con nuevos músicos de acompañamiento, estaba funcionando a las mil maravillas. Por aquello de aprovechar el momento de repercusión mediática, convenía volver a grabar cuanto antes mejor. Lo lógico era mantener las cosas como estaban, pero incluso se planteó que sería bueno fortalecer la colaboración ampliándola a todos los frentes posibles.

“Ramón me propuso que fuéramos socios como Keith Richards y Mick Jagger: yo aportaría mi experiencia y conocimientos, él sus letras y un morro a toda prueba. Estuvo bien, éramos el día y la noche en todos los sentidos, pero a pesar de eso tuvimos un vínculo irrepetible y bueno de verdad mientras duró. El día que se quitó la careta fue uno de los golpes más duros, aunque no me pilló por sorpresa”

Total, que el disco se graba de inmediato en los estudios de EMI en Madrid y se pone en la calle en un breve lapso de tiempo. Se nota que Barriobajero se hizo con prisas, pues el resultado es menos satisfactorio que el anterior. Desde luego que el sonido quedó claramente por debajo en brillantez y contundencia, pero a cambio tenía la ventaja de seguir ocupando el espacio conquistado en los medios con una canción tan vacilona como esta.

Si para el primer álbum se había buscado un productor con prestigio en el mundillo, el guitarrista Eduardo Bort, para este segundo la producción ya iba a ser asumida por Michelini, aunque firmando los dos, puesto que todo se tenía que cobrar a medias. “Sugerí a Ramón compartir la producción del vinilo, es decir, yo la haría pero figurando como obra de los dos. Finalmente se hizo así y, como siempre, una vez más se apropiaron de mi trabajo”, porque lo que al final sale impreso en la contraportada es Producción EMI-Odeón S.A. España.

Ramoncín - BarriobajeroTras el segundo LP llegó el desengaño

Y como suele ocurrir en estos casos, las amistades artísticas se ponen realmente a prueba en el momento en que hay algo pasta que repartir… y en pocos casos la amistad perdura. En el caso concreto que nos ocupa todo se vino abajo de un día para otro, según nos cuenta una de las partes en litigio. Adivinen quién de los dos fue el que vulneró los términos del acuerdo.

“Fuimos socios al 50% hasta que llegó el dinero. Dividíamos en dos los gastos y las ganancias, compartimos el dinero de la EMI por la firma (150.000 pesetas), mis honorarios como músico de estudio y el dinero de la primera gala bien pagada. Entonces me dijo: ‘a partir de ahora te voy a pagar por gala, ya no somos socios’. Yo decidí hacer la gira de ese verano para rentabilizar con algo de dinero tanto trabajo e ilusiones desperdiciados, grabar ‘Barriobajero’ y seguir mi camino lejos de toda esa MIERDA, con mayúsculas”

Y así, de esa forma tan mezquina y turbulenta, termina el tándem artístico Michelini-Ramoncín. Años después Ramón intentó arreglar por su cuenta el asunto pendiente que tenía con Jero y le añadió como autor en las canciones del primer disco que le correspondían, aunque Michelini aclara: “El hacer figurar a alguien más en los créditos no tiene valor legal, a menos que se cedan los derechos de autor, cosa que yo como tal no hice”. Dice que podría haber reclamado, pero a la hora de la verdad “Jero no quiso atender mi intento de tratar el tema, según le dijo a Ramón: ‘porque Carlos Michelini no es nadie’”. No es el único revés que recibió, pues la industria discográfica siempre impone sus condiciones y siempre en perjuicio del músico.

“No me reconocieron el trabajo de arreglador ni en los créditos ni económicamente. Hasta hace unos pocos años alguien que no conocemos (podría intentar averiguarlo) ha estado cobrando creo que un 17% de los derechos de autor. Este tipo de canalladas son comunes en este oficio. De hecho la editorial, que es de la propia compañía discográfica, te obliga a ceder el 50% de los derechos, por lo que Ramón y yo solo cobramos un 25% cada uno. Lo cierto es que estaba acostumbrado después de haber sido expoliado previamente por la CBS y SADAIC en Argentina

Antes de pasar a otro asunto y como conclusión a la etapa Barriobajero, aquí tienen uno de los pocos videos de la época que circulan por ahí, para que se hagan una idea. En la primera canción, Blues para un camello, identifico a músicos como Tibu, Javier Lozano ‘Güebo’ y el mismo Michelini. En la segunda parte, la de la actuación en Musical Express, ya está el teclista Cristóbal Delgado, el batería Perujo y el guitarra supongo que es Fernando Murias. Lo que es seguro es que no es Carlos Michelini, pues esa versión de El Chuli es ya bien diferente.

Noten la diferencia con la grabación original. Dejando aparte el sonido a lata típico de Musical Express, la guitarra solista está prácticamente desaparecida. Y a partir de entonces poco más supimos de Michelini. Imaginaba que todo esto le dejó tan asqueado del rock español que se acabaría dedicando al jazz o vaya usted a saber a que otra cosa. Pues todo lo contrario, siguió intentándolo, aunque sin suerte.

“Colaboré con Antonio Flores, Moris, grabé con Pasta Lila, Mario Tenia y los Solitarios, formé Autopista y llegamos a telonear a Barón Rojo, David Byron (cantante de Uriah Heep) y otros grupos americanos que ahora no recuerdo. De ningún modo estoy harto del rock español, mas bien estoy agradecido por haberme permitido seguir con mi vocación inquebrantable por el blues y el rock, aunque reconozco mi incapacidad para hacerme ver, al contrario que Ramón, maestro en estas lides”

Si se dio por cierto lo del robo de la autoría de las canciones fue únicamente por lo mal que cae Ramoncín. La historia quedaba tan molona que arraigó con fuerza: el paladín de los derechos de autor comenzó su carrera robándole las canciones a un amigo. A nadie le interesó ponerlo en duda. La otra razón es que en esta película Michelini siempre aparecía como el malvado en la sombra y él nunca se molestó en rebartirlo.

“Yo siempre he sido el que se quedaba solo en el local de ensayo. He formado grupos por los que pasaron músicos que se fueron con Ramoncín, Nacha Pop, Barón Rojo, Sabina, Mecano, Burning, o simplemente no aguantaron el tirón y se buscaron un trabajo decente. Un día decidí seguir con un grupo virtual y así hasta ahora, que sigo haciendo directos. Si sientes curiosidad en mi pagina hay algunos temas y enlace a videos  http://carlos-michelini.dsland.org/

Al menos ahora ya conocen ustedes la versión de Carlos. Si recuerdan el relato de Jero y el del propio Ramón, ya es asunto de cada cuál sacar sus propias conclusiones.  Y para terminar, les pongo una foto reciente del protagonista y la frase que la acompañaba. Como pueden comprobar, las guitarras aguantan mucho mejor el paso del tiempo que los guitarristas.

Carlos Michelini 2014Carlos Michelini, mayo de 2014

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Ramoncín, incorrecto desde que nació”, que fue publicado originalmente el sábado 29 de enero de 2011.

Cuando Charly se paseó por Madrid en plan Keith Richards

Jueves, 20 de marzo de 2014.-
Hace tiempo escribí sobre la primera incursión de Charly García en España y coloqué en el título la palabra “fracaso”. Algunos lectores argentinos se pusieron en guardia imaginando ofensas intolerables y, aunque no las encontraron, no pudieron evitar sentirse incómodos e incluso algunos enviaron comentarios muy sentidos. Puntualizo: el “no éxito” de Charly en España no fue culpa suya ni tampoco de ninguna clase de prejuicio del público español hacia lo argentino. Más bien habría que atribuirlo a nuestra escasa cultura roquera y a que nuestra industria musical jamás se ocupó de promoverla. Aquí la minoría rocanrolera siempre tuvo cierta envidia por la posición que ocupa el rock en Argentina, mucho más relevante allá que acá, de forma que todo lo argentino suele ser bien valorado por los buenos degustadores. Prueba de ello es la expectación que despertó la visita de Charly en 2004, en contraste con la indiferencia de 1986.

Fue el 16 de julio en el patio del Cuartel de Conde Duque, un coqueto escenario de mediano aforo donde se suele programar buena música para hacer más llevaderos los veranos de la villa. Cómo no, el recinto estaba mayoritariamente repleto de argentinos residentes en Madrid, más algún que otro intruso entre los que me encontraba. “No soy famoso en España, ¿y qué?”, decía Charly. El vídeo de arriba pertenece a un concierto en Obras Sanitarias de justo antes de venir a Europa, más o menos lo mismo: una especie de grandes éxitos acompañado por tres chilenos a los instrumentos de rock y tres argentinos a los instrumentos de cuerda, pero ante una audiencia masiva. En cambio en Conde Duque fuimos unas mil personas las que disfrutamos del privilegio de tenerlo cerca y, después de esperar tantos años, fue una suerte escuchar una canción de cada uno de sus antiguos grupos, Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. Esos clásicos más los de su carrera en solitario se alternaron con repertorio extraído de Influencia y Rock and Roll Yo, dos discos de entonces en los que conseguía ser genial disparatando con versiones de Todd Rundgren y los Byrds. Su compañía los publicó a la vez en España, cosa que no hacía precisamente desde Clics modernos… casi veinte años de invisibilidad discográfica, ya les vale.

Charly García - InfluenciaInfluencia (2002)

Empezó a tocar antes de la hora, lo nunca visto en mi ciudad, y cuando al fin pude asomarme al patio de Conde Duque estaba casi terminando Cerca de la revolución, la primera canción. Me encontraba tan alterado por la posibilidad de ver un concierto de Charly García que había comprado una entrada de más pensando en un amigo, y a la hora de la verdad el amigo no estaba… verano en Madrid, ya saben. Tuve que hacer guardia ante la taquilla para vender la entrada que me sobraba. Una pesadilla, nadie quería una entrada, nadie va solo a un concierto y menos a un personaje tan inusual como Charly. Lo conseguí justo a tiempo de ver acabar la primera canción y justo entonces comenzó el diluvio. Me acordé de Keith Richards. El chico malo de los Stones dio gracias al creador por los efectos especiales del 7 de julio del 82, los rayos y los truenos que adornaron el Under My Thumb con el que iniciaba su show en el Vicente Calderón. Para no ser menos que ellos, el concierto de Charly García también empezó remojado por una tormenta de verano madrileña. En la página de un fotógrafo que estuvo allí pueden ver el aspecto imponente con el que aguantó el chaparrón: traje de pintura roja, foulard de lentejuelas y alpargatas blancas. Y para colmo, apenas unos minutos antes, el divo acababa de presentarse a la cita en una limusina blanca, otro detalle de rock star más propio de Richards que de un roquero de habla hispana.

Charly García - Rock And Roll YoRock And Roll Yo (2003)

No seguiré con los paralelismos por no dejar en mal lugar a Keith Richards, cuya pose de tipo duro no resiste la comparación cuando se le opone un duro de verdad, como es el caso. Aquel Charly que vimos en Madrid en julio de 2004, según decían los entendidos, no era el mejor Charly posible. Su deterioro físico era incluso superior al del Richards más demacrado, dato alarmante teniendo en cuenta que el argentino es casi diez años más joven. Su voz envejecida, sus dedos deformes y su delgadez enfermiza anticipaban el descenso a los abismos psiquiátricos en los que caería solo unos años después. Una vez superado su periodo clínico, hoy se le ve más gordo, casi como un viejito normal y corriente, pero su aspecto de entonces sí que daba miedo de verdad.

Charly GarcíaEn el punto álgido del deterioro

Volviendo al concierto, diría que el show rayó a gran altura dadas las circunstancias. En esos años, mientras se resistía al colapso total, Charly consiguió enlazar varios discos fascinantes, como los dos mencionados anteriormente, y ese buen momento artístico a veces se reflejaba en los directos. Como en España llevábamos varios lustros sin verle tocar, se ve que el tío se propuso ser bueno y entregó un bonito concierto. Eso en cuanto a la música, porque en lo que se refiere a la actitud estuvo un pelín antipático… o no, tal vez empleó el habitual tono arisco con que suele obsequiar a sus seguidores. Se notaba que Madrid era para él territorio hostil, y ante la evidencia de que había pocos españoles prefirió atacar a sus compatriotas allí presentes. “Así que ustedes son los que huyeron de la Argentina… qué, ¿les trataron bien acá en España? ¿ganaron mucha plata?”. Unos días después en La Mar de Músicas ofreció más de lo mismo, soltando al público de Cartagena una bordería tras otra sin poder evitarlo. Pese a todo, la gente que es de Charly lo es incondicionalmente y si cae un himno de esos que padres e hijos pueden cantar juntos la grada se viene abajo, lo mismo en Conde Duque que en Quilmes Rock, donde según parece también llovió.

Total, que tras ese Seminare que puso al borde de la lágrima a argentinos de varias generaciones y después de una inexplicable exhibición de malabarismo con las alpargatas que llevaba en chancleta (las lanzaba al aire lo más alto posible intentando que volvieran a aterrizar en su pie), Charly García decidió zanjar el asunto cuando apenas superaba la hora de concierto. Después de hacerse rogar más de la cuenta en una interminable petición de bises, ese “una más y no jodemos más” que suena tan entrañable a oídos españoles, tocó otro par de canciones y se largó dejando la inevitable sensación de coitus interrumptus. Pero el desplante no quedó ahí. Mientras algunos pesados vigilábamos al conductor de la limusina en la puerta principal, los músicos se escabullían en un coche más modesto por una puerta trasera. El chófer puso en marcha la limusina blanca sin pasajeros a bordo y una calle más adelante, ya lejos de los fans, se detuvo para que Charly pudiera cambiar de vehículo. Nos la había vuelto a jugar.

Charly García saluda al personalLa imagen no es de aquella noche, pero podría

¿Y saben lo peor? Que esa noche Charly García ofreció otro concierto improvisado en un conocido local del centro de la ciudad. O sea, la media hora que escatimó a quienes habíamos pagado entrada la regaló más tarde en una fiesta privada. Uno de los presentes al menos tuvo el detalle de grabarlo íntegro para que podamos verlo en youtube.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El fracaso español de Charly García”, que fue publicado originalmente el domingo 12 de junio de 2011.

Corinna

Domingo, 22 de abril de 2012.-
En estos días, no sé muy bien a cuento de qué embrollo monárquico ocurrido en África, se está hablando mucho de Corinna. Aseguran que es una mujer sensacional. Altos dignatarios califican su amistad como irrenunciable, aunque ella prefiere utilizar el adjetivo “entrañable”. No me extraña en absoluto, hace décadas que anda rompiendo corazones.

Conocí la canción, cómo no, gracias a los Rolling Stones. En 1997 la incluyeron en el repertorio de la gira de Bridges to Babylon y quedó para la posteridad en el disco en directo No Security, gracias a una inspirada toma con Taj Mahal como invitado. Tiempo después escuché por fin la versión original en una recopilación de grandes éxitos de su autor.

The Best Of Taj Mahal (2000)

Este disco abarca una excelente selección desde su debut discográfico en 1967 hasta 1974, por supuesto con Corinna. Existe cierta confusión con un blues tradicional titulado igual que se grabó por primera vez en 1928 y del que se han hecho cientos de versiones, pero no, no es la misma. Esta Corinna de Taj Mahal se publicó en su segundo disco The Natch’l Blues, de 1968, y aparece firmada por el propio Taj y por Jesse Ed Davis, el guitarrista indio que le acompañaba por aquella época. A finales de ese mismo año actuaron en aquel Rock And Roll Circus que organizaron los Stones, y aunque ahí también tocaron Corinna no lo pudimos ver hasta la reedición en DVD de 2004.

The Rolling Stones - Rock & Roll CircusThe Rolling Stones Rock and Roll Circus,
grabado el 11 de diciembre de 1968, publicado en 1996
y reeditado en 2004 

Me explico. Este show de 1968 se concibió como especial navideño de televisión para ser emitido por la BBC a la mayor gloria de sus satánicas majestades. Cuando los Stones comprobaron que la grabación estaba repleta de actuaciones memorables y que precisamente los menos lucidos eran ellos, decidieron meterlo en la nevera… ¡durante casi treinta años! Aquello era una locura, desde unos desconocidos Jethro Tull que ya apuntaban maneras hasta los Who rompiéndolo todo, pasando por The Dirty Mac, superbanda formada por Lennon, Clapton y Richards que culminaba su actuación con Yoko Ono saliendo del saco en el que estaba escondida para marcarse una sesión de gritos espeluznante. Pero sobre todos ellos, que ya es decir, a mí me impresionó un arrollador tipo negro con pintas de cowboy de ciudad que se marcó un Ain’t That a Lot of Love a tope de nervio.

Esto se publicó finalmente en 1996, pero insisto en recomendarles el DVD de 2004 que viene repleto de contenidos extras. Entre otras maravillas ofrece la oportunidad de ver la actuación íntegra de Taj Mahal, con dos canciones añadidas: Leaving Trunk y Corinna. Y ahora que lo pienso, ¿por qué me habrá dado en estos días por oír a Taj Mahal?

POSTDATA 15/07/2012:
Veo que YouTube está suprimiendo los vídeos originales de Rock and Roll Circus, pero de momento han dejado vivo este Leaving Trunk, quizá por ser un mero bonus track. Pues bueno, de momento pongo Leaving Trunk y más tarde si lo quitan ya lo sustituiré por otro directo de la época…