Mi vida entre las hormigas: leve objeción a la peli de Ilegales

Viernes, 23 de junio de 2016.-
Hace una semana nos pasamos por el estreno en la Plaza del Callao, o más bien habría que decir que nos colamos en su fiesta, siguiendo las enseñanzas de una de las primeras canciones de Ilegales. Vaya por delante que fue un verdadero deleite contemplar las andanzas de Jorge y sus secuaces en pantalla grande, nada menos que la del Palacio de la Prensa. Eventos así suben mucho la moral al roquerío madrileño, que falta nos hace. A la peli le pondremos por lo menos un nueve sobre diez: engancha de principio a fin. Nos emocionó, nos divirtió y reímos a rabiar. Pero vayamos al grano sobre la única pega encontrada: se echa en falta algo más de música. Un ejemplo.

La explicación de este ¡Heil Hitler! se lleva un buen pedazo de metraje, pero la canción se ventila con apenas un par de rafaguillas. Entendemos que el prota absoluto es Jorge Martínez, que habla y que habla de forma incontenible y que tenía cientos de historias que contar. Ilustrar cada anécdota con el fragmento adecuado de música podría haber alargado la cosa hasta las seis horas y media. Se ha optado por sacrificar las canciones, pues al fin y al cabo ya nos las sabemos. Cuando Jorge grita “¡Jipis!” todos pensamos “No me gustan los jipis” y con solo oír “Nazis” un inmediato “Simpáticos los nazis” se nos viene a la cabeza. Pero si el que lo está viendo no conoce la historia de primera mano puede que se le quede un poco coja al no escuchar la provocación completa. Para comprender que esta canción de Ilegales cabreó a tope a progres y jipiosos en general y al público del Rock & Rios en particular, lo suyo es darle más cancha… aunque luego venga el propio Miguel Ríos a explicarnos la monumental bronca que provocaron aquel día en Asturias unos teloneros llamados Ilegales.


Mi vida entre las hormigas.
El documental de Ilegales

Y lo mismo que del asunto ‘Hitler’ podríamos decir del episodio Stick de hockey, que tenía una canción enterita con ese mismo nombre y apenas se escucha. Y que para ilustrar el enfrentamiento con su padre venía al pelo El héroe de los gatos. Y que cuando suena Voy al bar rápidamente se desvanece para dar paso a una extensa charla alcohólica con el camarero de guardia, eso sí, interesantísima en lo que se refiere a bebidas arqueológicas como el Pippermint y el Licor 43. En fin, que a ratos parece que falta contexto musical para redondear algunos argumentos… pero no se hable más de este asunto, vayamos a los puntos fuertes.

El principal: la verborrea de Jorge, el gran bocazas, el tío que con diferencia daba mejores entrevistas de todo el rock español. Aquí ha habido mucho músico de rock, pero lo que se dice estrellas del rock se cuentan con los dedos de una mano. Entre ellos Jorge Ilegal solía estar especialmente comprometido en su papel de divo. Siempre se preparaba una buena artillería de frases apoteósicas para ofrecer potentes titulares, ¿pero realmente se las preparaba o es que le salían tal que así? Desde luego Jorge es ocurrente, pero tal precisión en sus palabras no podía ser casual. Viendo lo meticuloso que se muestra eligiendo guitarras, supervisando músicos y controlando la labor de técnicos de sonido se puede suponer que su disposición hacia la prensa del ramo se debe a que era profesional y competente hasta para eso.


Una cabeza a punto de estallar

Otra cuestión. Siendo el energúmeno ultraviolento que todo el mundo se esfuerza en describir ha resultado que para el rodaje de este documental ha aparecido un montón de gente dispuesta a hablar sobre Jorge Martínez con cariño y admiración. Mención especial para David Alonso y Willy Vijande, batería y bajista de la época gloriosa, que ofrecen un impagable testimonio sobre auge y caída del músico de rock, con las drogas duras siempre acechando desde el lado oscuro. Los siguientes miembros que fueron pasando por Ilegales lo pintan como un líder despótico capaz de humillar a un joven recién incorporado al grupo para acto seguido adoptar hacia él una actitud paternal orientada a transmitirle todos los conocimientos que necesitará para ser un profesional del rock. Enternecedor ese estilo familiar al modo napolitano. Y cuando un bajista de tan largo recorrido como Alejandro Espina cae en combate de forma inesperada la pérdida es llorada con desconsuelo. La escena del tanatorio transmite momentos de auténtica congoja.


Mi vida entre las hormigas (CD + DVD, 2017)

Por otra parte, por la película van desfilando personajes de lo más variopinto, desde guardianes de la prensa oficialista de toda la vida como los Ordovases, Manriques y Fernandoflores de turno a un purista del rock auténtico como el Mariscal Romero disparatando como inesperado experto en prehistoria ilegal. Y también productores, disqueros de postín, señores asturianos que alguna vez condujeron una furgoneta o fueron técnicos de luces y, sobre todo, muchos compañeros de profesión recordando escenas de acción que se producían por el mero hecho de compartir camerinos y escenario con Jorge y su tribu. Resulta que el documental Mi vida con las hormigas lleva años fraguándose y todos estos testimonios se han ido recogiendo mientras se desplegaba una campaña de crowfunding para reunir el apoyo moral y económico necesario. Todo este tiempo los impulsores del proyecto han ido sembrando la red de vídeos como este.

Parte de esta promo ha entrado en el montaje final como impactante escena de reunión de viejos enemigos. Sentados a la mesa, Jorge, Jaime Urrutia y Javier Andreu ajustan cuentas con el pasado y se echan a la cara las viejas rencillas. Como en el anuncio de Mahou, pero de mal rollo. Y entonces Jorge suelta la gran parida: “Fuimos gilipollas, teníamos que haber montado una gira conjunta Ilegales-Gabinete, insultarnos en la prensa para calentar el ambiente y hostiarnos cada noche sobre el escenario. Nos hubiéramos forrado”. El cantante de La Frontera se parte de risa mientras Urrutia apoya la ocurrencia a sabiendas de que sus antiguos colegas de Gabinete Caligari tendrían aún menos ganas de juntarse con él que con Jorge.


Que los directores asuman las consecuencias 

Por ir concluyendo, tenemos que felicitar a Chema VeigaJuan Moya por haber llevado el barco a buen puerto. Mi vida con las hormigas se está presentando estos días en más capitales y se va a proyectar en algunos cines. Si tienen la oportunidad, no lo duden. En la oscuridad de la sala fuimos transportados a un glorioso pasado en un ejercicio de nostalgia con pocas concesiones a la blandenguería. Sensiblerías las justas, porque lo que recuerda la peli es un tiempo en que el rock español se permitió el lujo de ser condenadamente salvaje y divertido. Las bandas punteras ganaban pasta y podían experimentar sin complejos por el laberinto de las drogas y el sexo químicamente puro. Si encima ese grupo superventas se llamaba Ilegales, den por seguro que el relato de sus tropelías garantiza emociones fuertes.

Y aunque Jorge tiene una larga trayectoria que recordar, el tío continúa componiendo piezas increíbles. Muchas del último disco La vida es fuego suenan sin problemas entre sus clásicos de siempre, y para demostrar que ni mucho menos está agotado como compositor ha entregado una nueva canción a propósito de la peli. Una canción aparentemente fea, pero en realidad una intensísima declaración de principios.

Lleva el mismo título que el documental y suena al final del mismo mientras avanzan los títulos de crédito. Tras varias escuchas la hemos aceptado como una enorme canción ilegal, escrita desde la perspectiva de un roquero que ya ha cumplido los sesenta y que demuestra estar a la altura ahora que un par de tipos decidieron rodar una película que honrara su accidentada carrera.

Aquí, como es costumbre, no estuvimos al corriente del ‘craufandin’ ni de todas esas cosas modernas, así que apoyaremos a la manera tradicional, a posteriori. Es decir, compraremos el disco e iremos a algún concierto… ¿el 6 de julio en Getafe? La verdad, pilla un poco lejos… pero habrá que planteárselo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Jorge Ilegal contra la memoria histórica selectiva (Parte 1ª)”, que fue publicado originalmente el martes 11 de mayo de 2010.

Tocaron los Cero, ¿qué más se puede pedir?

Jueves, 17 de marzo de 2016.-
¿Alguien en su sano juicio había pensado que volvería a ver a 091 sobre un escenario veinte años después? Puede que sí en sueños o bajo la influencia de algún tipo de sustancia, pero nunca en serio, que ellos siempre fueron muy tajantes al respecto. ¿Es entonces lo de ahora una especie de fraude? Tampoco hay que ser tan drásticos, nos lo tomaremos como un regalo que nos hacen a sus seguidores y un gusto que se dan ellos mismos, que ambos, ellos y nosotros, nos lo merecíamos. Imaginen la emoción en el momento en que salieron a ocupar sus puestos para el Palo cortao… aunque mejor no lo imaginen, véanlo.

Estamos todos más mayores que hace veinte años, pero aún con ganas de rocanrolear. Mantener el ritmo del concierto resulta ahora un poco más trabajoso y sufren un calvario nuestros oídos, ya tan castigados y con el síndrome Brian Johnson haciendo estragos. “Son muchos años de rocanrol”, me dijo hace tiempo un otorrino. Hay algunas costumbres nuevas como lo de grabar con el móvil en alto, muy molesto para quienes estamos detrás, pero lo disculpamos suponiendo que el plasta de turno luego hará públicos sus vídeos. Y gracias al tío del móvil constatamos algo que sigue intacto: el ritual de cantar cada canción de principio a fin, que las letras de 091 fueron siempre muy adictivas.

Queda claro que entonar de memoria sus letras nos hace sentirnos mejores: sabemos qué dijo Calderón, damos la razón a Kant, dudamos como Hamlet, citamos el Necronomicón, silbamos canciones de Charlie Parker… tampoco es que pudieramos improvisar una conferencia sobre todas estas cosas, pero al menos nos suenan de haber escrito alguna vez sus nombres en algún examen. Es solo rocanrol, pero mola más cuando alguien se rebela contra la rima de ‘noche’ con ‘coche’ y escribe que “este es nuestro tiempo / feria de contradicciones, / gritos y silencios / este es nuestro tiempo / un pasado indefinido / presiento un futuro imperfecto”, estribillo de categoría donde los haya. Tipos como José Ignacio Lapido consiguen el milagro de que se note que estuvimos en la universidad, aunque fuera de visita.

091 - Este es nuestro tiempo 1986-1991
Este es nuestro tiempo 1986-1991 (2016)

Esta caja que acaba de publicarse contiene los cuatro discos de la etapa Zafiro, un magnífico repertorio que tuvo que sobreponerse a portadas horribles, producciones lamentables y errores promocionales de todo tipo. Ahora algunas de estas menudencias han podido ser subsanadas en la medida de lo posible, con un sonido mejorado y una edición mucho más digna.

091 - Más de 100 lobos (original)
Ejemplo de disparate artístico marca Zafiro

Para empezar, este feo diseño ha sido afortunadamente eliminado. 091 acababa de fichar por Zafiro y se las prometía muy felices antes de grabar su segundo LP, el primero con esta compañía, pues parecía que apostaban por ellos contratando a un productor de renombre como era Joe Strummer. A la hora de la verdad se asustaron tanto que descafeinaron la mezcla final por su cuenta, rematando el desastre con tan espantosa portada. Fue lo que se dice empezar con mal pie, y tampoco mejoraría mucho la historia con los siguientes tres discos. Según el libreto que viene en la actual reedición, el sonido ha sido remezclado respetando la producción inicial de Strummer y el adefesio de la portada se ha disimulado con una foto del grupo de la época en que trabó amistad con aquel guiri que en los bares de Granada curaba las heridas provocadas por los Clash a base de ‘café zolo, pofavó’.

091 - Más de cien lobos (reedición)
Más de cien lobos (1986, reed. 2016)

Están muy jóvencitos, que de esto hace treinta años… pero volvamos a nuestro tiempo, que es el jueves 10, el viernes 11 y el sábado 12 de marzo de 2016 en una sala Joy Eslava llena hasta la bandera con gente de Madrid y de muchos otros sitios, ventajas de la venta de entradas on-line. Fue una sensación extraña, como ver el mismo concierto con veinte años de intervalo. (*) Lo dejaron en 1996 cuando estaban en su mejor momento y ahora mantienen el tipo, que ya es bastante. Todo sigue igual en la familia, o casi: los primos José Ignacio y José Antonio se mantienen concentrados en lo suyo, serios y distantes; Tacho ha cogido algún quilito, pero en cuanto toma el pulso a la batería casi ni se nota; Jacinto y Víctor, que eran los hermanos pequeños del grupo, ya peinan alguna cana. Casi diría que es el detalle más doloroso de esta Maniobra de resurrección, comprobar que los dos chicos se han hecho mayores. Les pongo una del Último concierto para que vean y comparen.

Esta es otra de mis favoritas y casualmente la única de Más de cien lobos que tocaron el otro día. De toda la remesa de CD’s de 2016 es probablemente el álbum que ha salido más beneficiado y, ahora que es un gusto escucharlo, no estaría mal que incluyeran alguna otra en el repertorio de la gira. Caprichos aparte, no pierdan la oportunidad de acercarse a verlos porque están agotando el papel en casi todas las plazas. Sepan que este espejismo solo durará hasta que acabe el año, así que si no hay entradas en su localidad, la ocasión bien merece un viaje al pueblo de al lado. Esto no ha hecho más que empezar y se auguran noches memorables.

Entrada 091 viernes 11/03/16 Joy Eslava
La entrada del viernes 11 de marzo

(*) ¿Cómo han conseguido recuperar las cosas más o menos en el mismo sitio veinte años después? “Andando despacio, hablando del tiempo que nos toca vivir / siguiendo un camino equivocado que no tiene fin”. Sirva esto a modo de epílogo y como excusa para abrir otra ventanita con la tercera noche en Joy, que era la que nos faltaba. Encontré este vídeo a última hora y no he podido resistirme a ponerlo. Fue uno de los momentos más emocionantes del concierto, no me canso de verlo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Un respeto para los veteranos del Vietnam”, que fue publicado originalmente el lunes 6 de mayo de 2013.

Este otoño Krahe no toca en Galileo, en fin de año tampoco estará en el Café Central

Domingo, 12 de julio de 2015.-
No lo echaremos de menos este verano. Javier Krahe era el único cantante conocido que se negaba a hacer galas en esta época, decía que el verano es para descansar. Se iba a su playa gaditana a componer, a charlar con los lugareños y cargar las pilas para el otoño y, a partir de ahí sí, lo teníamos una vez al mes en Galileo, en Clamores y en su particular circuito de bares que fue conquistando por toda España. Una vez los ganaba para la causa se convertían en cita obligatoria año sí y al otro también. Había planeado saltarse el próximo, en plan sabático, pero a partir de ahora en todos esos sitios donde se le esperaba quedará una fecha en el calendario definitivamente vacía.

La pasada madrugada murió de un infarto, según ha contado Pablo Carbonell. Ya tiene mala pata, pues hace unos meses ya le tocó comunicar la misma mala noticia sobre Pedro Reyes, otro amigo del alma. En estos momentos fúnebres podría quedar bien una canción seria como Sábanas de seda o ese Nos ocupamos del mar tan poético del que hace poco se acordó Fito Cabrales. Pero no, el Krahe se merece un funeral al menos tan ruidoso y festivo como el de B.B. King, así que vamos con ese Javier Krahe costumbrista e irreverente que tanto nos molaba.

Se preguntarán ustedes qué hace Javier Krahe en un sitio dedicado al rocanrol de los setenta. Puede que sea una de mis rarezas, pero tengo la casa llena de discos de rock… y entre ellos todas las grabaciones de Krahe sin saber muy bien dónde colocarlas. En tiempo inmemorial mis amigos y yo, haciendo un hueco como podíamos entre tanto concierto de Ñu y de Siniestro Total, teníamos la sana costumbre de acercarnos a la sala Galileo a ver al Krahe al menos una vez al año. Y alguna vez, como cosa extraordinaria, conseguimos asiento en el Café Central en esa última semana del año en que era tradición que llenara hasta los topes el mítico local de jazz cinco días consecutivos. En algún momento se rompió la racha cuando empezamos a complicarnos la vida con trabajos, bodas y bautizos, pero cada víspera de navidad al intercambiar participaciones de lotería surgía sin remedio la misma pregunta: ¿y si vamos la semana que viene al Central a ver a Javier Krahe? El típico buen propósito de difícil cumplimiento, que esas suelen ser fechas de mucho impedimento familiar.

Homenaje a Javier Krahe …Y todo es vanidad
…Y todo es vanidad. Homenaje a Javier Krahe (2004)

Javier Krahe ha seguido sacando discos todos estos años, la pena es que lo último que se recuerde de él sea lo de la polémica por el dichoso crucifijo cocinado al horno. La historia se repetía para Krahe, que al ser un ácrata no integrado en la ceja podía ser vetado tanto por un lado como por el otro. Se le notaba bastante tocado por sus idas y venidas al juzgado y, una vez más, molesto por la traición (otra) de los amos del progresía. Tengo la película, venía como DVD extra en su disco de homenaje. Era una secuencia que salía un poco de pasada, puede que fuera ofensiva, pero no tanto si lo ponemos en su contexto: se trataba de algo parecido a unas prácticas de realización cinematográfica que no tuvieron difusión pública. Lo que ocurrió es que a los graciosillos de Lo + Plus de todo el documental se les ocurrió extractar justo esas imágenes. Como pueden ver en el enlace, había cosas mejores y más divertidas, pero en Cuatro jamás se desaprovecha una buena oportunidad de mofarse de la Iglesia Católica. Todo muy injusto, con lo respetuoso que fue siempre el Krahe cuando se burlaba de la religión. Polanco se lavó las manos, le declaró persona non grata (igual que en el 84 cuando lo de Cuervo ingenuo) mientras reía la gracieta a Pradera y a Schwartz (o puede que ya fuera en época Arangüena). Mi duda es si los integristas católicos que la tomaron con Krahe se equivocaron de objetivo al ir contra el autor, en realidad uno de los coautores, o quizá es que no se atrevieron a perseguir abiertamente a los responsables de la difusión. Ay Polanco, qué miedito que daba.

Volviendo a la música, los adictos a las rimas de Javier Krahe podemos citar de carrerilla diez o doce canciones en las que él ironizaba sobre su propia muerte. He elegido ésta por enlazarlo de alguna manera con el mundillo del rocanrol y hay que decir que Rosendo la bordó cantando de una manera muy atípica para él.

Lo siento Manolo, pero me temo que este año tampoco veremos al Krahe en el Café Central. Como buenos ateos, rogamos una oración por su alma.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El sonido del silencio”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de diciembre de 2011.

Veteranos 2014, por ejemplo Burning y Rosendo

Domingo, 12 de enero de 2014.-
He leído por ahí que en menos de 5 años la industria dejará de fabricar CD’s. Puede que para entonces nadie los eche de menos. Menos mal que Papá Noel y los Reyes aún se apiadan de nosotros y gracias a ellos podemos todavía palpar algún formato físico, sea CD, vinilo, DVD o libro. ¿Archivos en descarga legal? Venga, no me jodan, que ya vamos siendo del siglo pasado. Tan del siglo pasado, que esos escasos CD’s originales que caen en nuestras manos siempre suelen ser de artistas de esos tiempos remotos.

Después de escuchar el nuevo disco de Burning no me queda del todo claro si a estas alturas Johnny Cifuentes todavía tiene cosas que decir. En las siguientes escuchas iré despejando la duda, pero en cualquier caso se le agradece el intento. Dicen los enteradillos que algunas de esas canciones sonaban mucho mejor cuando las grabó a medias con Leiva Pereza. En fin, una pena que por una tontería de egos se quedara en el limbo… está nuestro panorama roquero tan triste como para permitirse estos desperdicios. Pero vaya, de nada vale lamentarse por el proyecto frustrado, demos una oportunidad al que sale ahora.

Burning - Pura SangrePura sangre (2013)

Otro que sacó disco a finales del año pasado y promete dar guerra este 2014 es Rosendo. El dato escalofriante es que a nuestro roquero más querido van a caerle 60 tacos, pese a lo cual el tío ha decidido insistir en su habitual línea incordiante, pero poniendo el dedo en la llaga de forma más explicita que de costumbre.

Rosendo - Vergüenza toreraVergüenza torera (2013)

Lo pueden comprobar en el vídeo de más abajo, aunque en realidad de lo que yo quería hablar es de su libro. Vaya pedazo de tomo que se han marcado Kike Babas y Kike Turrón. Ya que por edad ellos no pudieron vivir esos prehistóricos 70 de primera mano, los Kikes se niegan a redactar una sola línea y proponen una “crónica oral”. O sea, han hablado con un montón de personajes que estuvieron allí y construyen el relato ordenando sus testimonios de forma cronológica con minuciosidad de relojero. Impagable poder revivir la pelea MolinaRosendo en palabras de sus dos contendientes y de los que estaban a su alrededor. O la bronca con Armando de Castro. O los recuerdos de Jaime Asúa de cuando era un simple técnico del grupo. O las neuras del Manolo Tena bajista de Cucharada. O las batallas de los primeros Asfalto por el circuito de discotecas de Toledo. O las del Mariscal Romero estrella de la radio infiltrándose entre los opusinos directivos de la discográfica Zafiro. O de una joven Luz que solo era la novia de Paco Pérez Bryan, el locutor de El Búho Musical… mejor no sigo, hagan lo posible por leérselo entero que merece la pena.

Maneras de vivir. Leño y el origen del rock urbanoManeras de vivir. Leño y el origen del rock urbano (2013)

Otra cosa. Me ha alegrado mucho que por fin alguien revindique el papel de El Búho Musical como programa clave en la radio roquera de aquellos años, quizá cogiendo el testigo del Musicolandia. Los que llegaron después del Mariscal Romero pronto se radicalizaron: unos queriendo ser los más modernos entre los modernos y otros los más heavys entre los heavys. Al final, el único que no tenía ningún complejo era Paco en El Búho, que lo mismo pinchaba Clash que AC/DC. Y por cierto, me ha hecho mucha ilusión que los Kikes pillaran una foto prestada de este blog. Es la del disco que Mariscal le firmó a un amigo mío. Me emocioné cuando la vi publicada en el libro; si además lo hubieran mencionado en los créditos habría sido la leche.

Mariscal Romero - Mariscal Romero Show-Black Feeling (1977)La foto del Mariscal que sale en el libro

Lo que es una pena es la cantidad de erratas y faltas de ortografía. No quiero ser pesado con este asunto, pero es un engorro encontrar gazapos a pares en cada página. No sé si alguna autoridad lingüística ha decidido últimamente que hay que acentuar “Luis”, pero qué feo resulta ver todos esos acentos en los cientos de luises que aparecen mencionados en el libro. Lo que sí recuerdo con seguridad es que Mariscal Romero se escribía con “c” en las portadas de sus discos y que en algún momento el nombre se modernizó. Supongo que fue él quien lo promovió, el mismo Mariscal que siempre renegó de lo moderno. En cambio Kaka de Luxe sale impreso sin la “e” final. Entiendo que la gente del rock auténtico no sepa ni cómo se escribía ese grupo del demonio, pero ya que los Kikes hablaron con Ordovás, con Alaska y con El Zurdo se lo podían haber preguntado.

Nada nuevo, suele ocurrir en muchos libros del rock de aquí. Creo que pasaba en el Burning. Madrid de Alfred Crespo, pero no en el Barcelona Ciudad de Loquillo, que El Loco siempre se empeña en hacer las cosas con una cierta elegancia. Veremos qué me encuentro en los de Julio Castejón y Quique González, los siguientes que tengo en espera para ser leídos.

Mientras escribo esto llevo un rato enlazando canciones del nuevo de Burning y he de decir que cada vez me va enganchando más, sobre todo ese Willie Dixon dedicado a un garito de roncanrol que hay en Argentina. Muy bueno el estribillo con acento porteño (“lleváme al Willie”). Estén atentos, que creo que lo presentan el próximo sábado en la Sala Penélope, pero ahora es el momento de cambiar de tercio y ponerles la canción de Rosendo que les prometí al principio: enfadado en plan protesta de la Puerta del Sol y con autohomenaje incluido a El oportunista de Leño.

También cayó en mi poder el nuevo CD de Andrés Calamaro, ya con galones de veteranía aunque una o dos generaciones más reciente. Lo dejo para la siguiente ocasión, para que conste su reseña calamariana correspondiente.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La compra de discos semestral (II)”, que fue publicado originalmente el viernes 1 de julio de 2011.

Por favor, que alguien haga caso a la Teixi (Veteranos del Vietnam vol. II)

Sábado, 15 de junio de 2013.-
Hace poco avisé de que pronto habría nuevo disco de la J. Teixi Band. Pues bueno, aquí lo tienen.

Casi siempre que sale algo de la Teixi me lo compro rápidamente. No puedo decir que me hayan sorprendido nunca, es más, alguna vez descubrí que alguna vieja canción fue colada como si fuera nueva, camuflada con un simple cambio de título. Siempre hay varias versiones, algún refrito de repertorio propio, nuevas composiciones que te dejan el regusto de “esto ya lo he oído yo antes”… ni siquiera eso importa. Por encima de todo hay que reconocer que lo que hacen, lo hacen muy bien.

J. Teixi Band - Grandes huesos negrosGrandes huesos negros (2013)

Esta vez, a diferencia de anteriores discos a los que hice menos caso, puse el CD en el reproductor del coche y lo he escuchado por lo menos diez veces seguidas. Me ha encantado. Y esta vez sí que he notado algún detalle nuevo. Por ejemplo, que aunque las letras de Javier Teixidor nunca se apartan de lo que debe hablar un viejo bluesman de Madrid, esparcidas por Grandes huesos negros hay frases de esas que se te pegan a las neuronas, con mención especial a las inspiradas tres pistas finales: Las ratas y yo, Abajo en el muelle y la que da título al disco.

Otra cosa. Antes el grupo lo formaban 3 mermeladas + 1 elegante, pero con la entrada de Charlie Hens a la batería la cosa ha quedado empate a dos. No sé si será por eso, pero canciones como Hotel perdido o Cuando la fe se va me suenan a Los Elegantes mucho más de lo habitual, aunque estén firmadas por Teixidor.

J. Teixi BandEmilio Galiacho, Carlos Hens, Javier Teixidor y Daniel Montemayor, dos elegantes y dos mermeladas 

Como siempre hay un puñado de versiones y como siempre están muy bien escogidas: una de la J. Geils Band, otra de Nick Lowe, otra de Springsteen… o eso es lo que yo creía, porque yo la conocía de uno de esos discos que El Jefe produjo a Gary U.S. Bonds en los que le regalaba media docena de composiciones suyas. Pues no, resulta que este Jolé Blon no era de Springsteen, era una versión de un tal Moon Mullican, un antiquísimo cantante tejano que al final de su carrera se enganchó un poco al rocanrol. Pero claro, la J. Teixi Band se basa casi al pie de la letra en el arreglo que Bruce hizo para Gary U.S. Bonds.

De los chicos de la Teixi me intriga que después de tantos años sigan en la pelea discográfica y encima licencien sus trabajos con una multinacional. Es un misterio que sigan grabando en tan buenas condiciones y luego, a la hora de la verdad, nadie les haga el más miserable caso. Cierto es que deben de tener una base de dos o tres mil seguidores que damos nuestro apoyo, pero estaría bien que de una vez ocurra el milagro, empiecen a sonar por todas partes y mucha más gente les reconozca.

Otros veteranos de nuestro rocanrol que se mantienen instalados en un sonido grande conseguido hace tiempo son M-Clan. Continúan en el sello Warner Music igual que la J. Teixi Band, también publican con regularidad y también demuestran en cada nueva entrega más sabiduría rock & soul, esa etiqueta con la que ellos se sienten tan identificados.

M-Clan - Arenas movedizasArenas movedizas (2012)

No puedo decir que sea un mal disco, pero la verdad es que no me ha enganchado. El trío creador, Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez con el apoyo de Carlos Raya, demuestra estilo componiendo y escribe letras bien elaboradas, pero de esas que no se te quedan tras una escucha superficial. Haces el esfuerzo de dedicarle más atención, salvas Vidas desiertas, Nadie se acordará de ti y otro par de canciones… y del resto sigues sin saber de qué tratan. Bueno sí, casi todas hablan de lo de siempre: de mal de amores, de ausencia, de dolor… pero con poco a lo que agarrarte para diferenciarlas. Tiene gracia recordar que el gran momento de ruptura en la carrera de M-Clan se produjo en su tercer disco, cuando entró como productor Alejo Stivel. Él les insistía en que sus letras tenían que entenderse, ser reconocibles… la fórmula de toda la vida para poder sonar en las radios y llegar a más público. Tarque y Ruipérez lo captaron enseguida y escribieron algunos hits que les dieron notoriedad y aún hoy les sirven para levantar los conciertos. Campillo se enfadó y se fue del grupo, y después de todo… ¿para qué sirvió aquello? Hoy no queda ni rastro de aquellas historias en las que Tarque invitaba a cenar a una chica y ella huía tras verle hablar con la boca llena.

Por si estoy equivocado, insistiré con el disco y si me cruzo este verano con un concierto suyo me compraré una camiseta de esas tan chulas con el logo R&S bien grande.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Por culpa de Ilegales saco del armario mi colección de entradas”, que fue publicado originalmente el viernes 30 de abril de 2010.

Un respeto para los veteranos del Vietnam

Lunes, 06 de mayo de 2013.-
Sigo con mis reflexiones acerca de la cesta de la compra. Ahora toca hablar de esos héroes del rock español a los que ya nadie hace ni puñetero caso. Los famosos famosísimos pueden seguir viviendo de las rentas, pero los que hace tiempo perdieron el sitio son curiosamente los que más se esfuerzan en seguir componiendo, publicando nuevos álbumes y presentándolos en directo. Ya conté que a veces me compro los discos más como gesto de apoyo que otra cosa, por eso algunos hasta se me olvida oírlos. Luego los redescubro por casualidad y pienso: “¡pero si estaba muy bien! ¿por qué no llegó a sonar en las radios?”. Lo que me da pie para relatarles el ejemplar caso de La Frontera.

Los dos miembros fundadores que quedan en el grupo, Javier Andreu y Toni Marmota, salen de su retiro cercedillense para grabar un nuevo disco de estudio, Rivas Creek, el primero en muchos años. Lo llevan a alguna emisora para que empiece a sonar un poco en vísperas de su lanzamiento, les atienden con amabilidad y les dicen que lo escucharán con atención. Llegado el momento, el CD es archivado en el sitio correspondiente, es decir, en la papelera. Así que, cuando finalmente lo publicaron, no es extraño que su repercusión fuera algo menos que cero.

La Frontera - Rivas CreekRivas Creek (2011)

Me compré el disco cuando me enteré, o sea, unos meses más tarde. Al principio no lo escuché demasiado, pero pasado el tiempo ya hay unas cuantas canciones que me gustan tanto que nunca me decido a borrarlas del portátil, en especial la del vídeo de arriba, en la que Andreu está enorme cantando. Me da por pensar que en otros tiempos La Frontera recibía muchísima atención por discos bastante peores que éste, pero a estas alturas ¿a quién le puede interesar La Frontera? Entonces nunca fui un gran fan, pero ahora por llevar la contraria voy y me compro su disco no una vez, sino dos, la segunda en una edición muy chula en la que se añadía su anterior CD, el del 20º aniversario.

La Frontera - Pack Rivas Creek / Veinte años y un día Rivas Creek + Veinte años y un día

Ese Veinte años y un día…, publicado en 2005, era un concierto privado de autohomenaje en el que se actualizaba con bastante buen resultado su repertorio más conocido, así que por el mismo precio pueden llevarse sus canciones más nuevas y las de toda la vida. Sin duda muy recomendable.

Y en la misma línea de solidaridad con los veteranos del Vietnam a los que la sociedad hace el vacío, aprovecho para recordar que José Ignacio Lapido ya ha publicado su nueva entrega.

J.I. Llapido - Formas de matar el tiempoFormas de matar el tiempo (2013)

En realidad el recordatorio me lo puedo aplicar a mí mismo, pues todavía no he tenido la oportunidad de conseguirlo. Ya caerá, que con los discos de Lapido suelo tomarme mi tiempo. De momento, para abrir boca, aquí tienen el clip oficial.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El éxito invisible de Lapido”, que fue publicado originalmente el jueves 27 de octubre de 2011.