Feliz Navidad y suerte para 2012

Viernes, 23 de diciembre de 2011.-
Tenía preparado otra interesante entrega sobre versiones y plagios, pero me veo obligado a dejarlo para el año que viene. El tiempo se ha echado encima de tal manera que me parece mucho más apropiado escuchar ya mismo esta bonita canción.

Verán, el año pasado por estas fechas pillé en una radio el típico especial que recopilaba los más célebres rocanroles navideños. Ponían lo de siempre: la de Lennon, alguna de Elvis, el dueto de Bowie con Bing Crosby, el Santa Claus de Bruce, el Merry Christmas de Springsteen, las mil versiones del Run Rudolph Run de Chuck Berry… pero cuando sonó esta de Slade pensé “qué bueno, es el mejor villancico roquero de la historia… a ver si me acuerdo de ponerlo el año que viene”. Y me he acordado.

Merry Xmas Everybody (single 1973)

Siempre me hizo gracia su elegancia en el vestir, pero sobre todo me entusiasmaban las buenas melodías que gastaban estos cazurros ingleses y la fuerza con que las interpretaban… aunque con tanto a su favor qué poco caso se les hizo fuera de sus islas. En las listas británicas tuvieron un montón de números uno y docena y media de singles superventas, pero en los Estados Unidos pasaron totalmente de ellos… hasta que una década después gente como los Quiet Riot y Twisted Sister le cogieron el gustillo a eso de disfrazarse y a sacarle el jugo al repertorio de Slade. Eran tan brutos los pobres que les encantaba llenar de faltas de ortografía los títulos de sus canciones, como Cum On Feel The Noize, Coz I Luv You, Gudbuy T’ Jane, Mama weer all crazee now o la propia Merry Xmas Everybody.

Pues eso, que felizes nabidades pa’tós ustedes.

Un plagio tan grande como un zoo

Viernes, 16 de diciembre de 2011.-
Y después de una racha de versiones, ahora toca escribir sobre plagios. Hay muchos plagios famosos. Hace tiempo mencioné que uno de los hits de Bob Dylan es clavadito a una de Neil Young. Nadie se lo afeó, supongo que por ser vos quien sois. Peor suerte corrió George Harrison, condenado en los tribunales, mientras Lennon conseguía librarse gracias a un bochornoso acuerdo con el avaro Chuck Berry. No hace tanto los de Coldplay fueron acusados de vivalavidas… por no hablar de Michael Jackson, que llegó incluso a viajar en el tiempo para robarle canciones al gran Luixy Toledo. Y por seguir en el ámbito del rock español, algún Mikel Erentxun de turno ha sufrido escarnio por el asunto de los plagios, pero a mí lo que más me indigna es esto:

Y la razón de que esta canción me ponga de los nervios es que, con total desparpajo, David Summers la firmó con su nombre y apellidos (deivid samers). Gracias al exitazo de la pegadiza melodía él y su grupo se hicieron famosos, ganaron pasta, fueron fenómeno de fans e iconos generacionales, traspasaron fronteras… incluso en nuestros días hacen multitudinarias giras de revival. Hasta ahí todo bien, de no ser porque veinte años antes que ellos, un señor bajito acompañado por un amigo suyo con el pelo a lo Punset ya había publicado una canción muy parecida. Recomiendo parar inmediatamente el indigno youtube de arriba y pinchar este otro:

¡Pero cómo se puede tener tanto morro! Una cosa es plagiar un verso de un estribillo, pero… ¡dos estrofas completas! Desde luego, hay que tener mucho talento para hacerlo e irse de rositas. Lo que no puedo llegar a comprender es cómo nuestra crítica musical, siempre tan pedante y tan exigente cuando les interesaba, pudo pasar por alto este “pequeño detalle”. Estamos hablando de una de las canciones estelares de mediados los 80, justo el momento en que algunos modernillos de la movida y la nueva ola pasaban a transformarse en ostentosos superventas… y no se trataba de un lejano parecido con alguna oscura canción semidesconocida.

At the Zoo había sido publicado como single en la primavera de 1967. No fue un hit impresionante, pero lo pusieron en el número 16 de la Billboard, que no está nada mal para un amable paseo matinal que Paul Simon se dio con Artie Garfunkel un buen día por el Zoo de Central Park.

Simon & Garfunkel - At the ZooAt the Zoo (single 1967)

Pero es que además At the Zoo fue la canción elegida un año después para cerrar Bookends, cuarto album de estudio de Simon & Garfunkel (la banda sonora de El graduado no cuenta) con el que por primera vez conseguían el doblete de ser número 1 en USA y a la vez en el Reino Unido. Luego repetirían la hazaña con su disco de despedida, el de las aguas turbulentas.

Simon & Garfunkel - BookendsBookends (1968)

Vamos, que ya que plagias no vas a elegir una porquería de tres al cuarto. Intentaré quitarme el enfado pinchando varios youtubes seguidos de Simon & Garfunkel. Es un gusto escucharlos. Con lo sosito que era este dúo cuando actuaba con una simple guitarrilla, hay que ver los discos tan chulos que les salieron cuando se metían a grabar en un estudio a finales de los 60.

El sonido del silencio

Domingo, 11 de diciembre de 2011.-
Casi todos los domingos, de forma totalmente involuntaria, escucho una canción de Paul Simon. Reconozco que es una gran composición, quizá un poco cargante cuando se saca de contexto… y más en el contexto en que la escucho yo.

Rodeado de creyentes entregados a la oración principal de su liturgia, mi mente se evade y empiezo a pensar en mis cosas. ¿Sabrán todos estos niños y todos estos ancianos que están cantando una melodía de Paul Simon? No lo creo. Quizá sí estén al tanto algunos adultos y sacerdotes. En cualquiera de los casos, me llena de curiosidad imaginar el momento en que aceptaron envolver su Padre Nuestro entre las notas compuestas por un señor neoyorquino medio hippie de los 60.

Sounds of Silence (1966)

Este disco contenía la segunda versión del tema, la del arreglo folk-rock que llevaba batería y todo. La original, mucho más lenta, era totalmente acústica y se publicó en Wednesday Morning, 3 A.M., el primer LP de Simon & Garfunkel. Como el disco pasó sin pena ni gloria, ahí quedó. La fama de la canción fue creciendo hasta que a un productor se le ocurrió casi dos años después regrabarla con instrumentos eléctricos, catapultando al dúo hacia el estrellato. Dicen que Simon la escribió a finales de 1963, muy afectado por la desolación que paralizaba a su país tras el asesinato de Kennedy. Pero entonces… ¿qué pinta esta canción en misa?

Dejándome enredar por mis pensamientos, voy derivando hacia cuestiones mucho más mundanas. Pienso, por ejemplo, en los derechos de autor… ¿cuánto cobrará Paul Simon por todo esto? Si cada fin de semana se ofician unas cuatro o cinco misas por parroquia, si hay miles de templos por toda España, si el año tiene 52 fines de semana y unas cuantas fiestas de guardar… uf, me pierdo con tanta multiplicación. Nunca fui bueno con los números, pero bastaría que a Simon le correspondieran unos pocos céntimos por cada interpretación de The Sound of Silence para hacerse acreedor a una suculenta mensualidad. ¿Y cómo se controla esto? ¿Habrá un interventor de la SGAE en cada iglesia? Y eso en el caso de que el fenómeno suceda solo en España… no quiero ni pensar que se repita también en otros países y culturas.

Imagino que, en algún lejano momento, Paul tuvo que sentarse a negociar con cualificados representantes de la Conferencia Episcopal. Tal vez incluso el Vaticano llegó a tomar cartas sobre el asunto. Si alguien en la alta jerarquía eclesial dio la orden para que la canción se cantara en directo cientos de miles de veces, seguro que hubo un pacto previo. En este tipo de cosas la Iglesia no suele improvisar. Pagar por cada interpretación sería absurdo, es más probable que pactaran una cantidad global para poder cantarla in saecula saeculorum, como mucho con una cláusula de revisión para futuros Concilios… porque, claro, todo esto tuvo que suceder a consecuencia del Vaticano II. De ahí surgió la moda de oficiar misas en lenguas distintas al latín, más la posibilidad de añadir partes cantadas con estilos distintos al gregoriano. En los sesenta, cuando se pusieron a buscar músicas para modernizar sus rezos, probablemente les inspiró este arreglo tan sencillo de guitarrilla acústica.

Como el asunto afecta no solo a Paul Simon, las dudas se multiplican si pensamos en otros casos similares. ¿En qué lugar queda el millón de amigos de Roberto Carlos? ¿Se acogería el judío Zimmerman al mismo convenio o sus abogados negociaron un trato más favorable para Blowin’ in the Wind? ¿Será esa la clave que explicaría su actuación en Roma ante Juan Pablo II? Y hablando del Papa polaco, ¿ofrecería igual trato de royalties para autores del siglo XXI? ¿tendrá un estatus distinto el argentino Diego Torres o debe considerarse pagado por la difusión mundial de Color esperanza? No seguiré haciendo preguntas, pues las respuestas, amigos míos, están en el viento.

Nube de favoritos (II Aniversario)

Martes, 6 de diciembre de 2011.-
Han pasado ya dos años desde la inauguración de Atascado en los 70. Al principio, la nube de favoritos reflejaba simplemente lo que iba saliendo en los primeros textos. Después de todo este tiempo charla que te charla, pueden comprobar que ya salen en grande los nombres que tienen que salir.

La nube de A70

El número 1 indiscutible no hace falta ni nombrarlo, es exactamente el que estaba previsto. Sí querría destacar una curiosidad: de todos los integrantes de ese grupo, Ron Wood resulta el sorprendente vencedor. Claro, es doblemente citado porque también perteneció a Faces, otra banda predilecta de este lugar. En 1974, cuando los Faces estaban ya a punto de separarse, hubo algunos momentos especiales en los que Ronnie tuvo como invitado a su futuro compañero Keith Richards… ¡y encima tocaron una del abuelo Chuck!

Igual que no he nombrado a los campeones de este blog, tampoco lo haré con el segundo ni con el tercero. Lo que no tenía previsto a estas alturas es que el nombre del rey de Memphis superara en tamaño al del cascarrabias de Minnesota, pero está visto que el de Tupelo es algo así como la salsa que no puede faltar en ningún plato. Y eso por no hablar de los chicos de Liverpool, que muy a menudo son mencionados casi sin pretenderlo.

Los nombres que no voy a evitar poner son todos los que vienen después. Me llena de alegría que aparezcan Neil Young, The Who, Rod Stewart, Burning, Ilegales, Bo Diddley, Chuck Berry, los Animals, Ike & Tina Turner, los Byrds, The Band, Ñu, Ramoncín, la J. Teixi Band…  Espero seguir hablando de ellos para que sus nombres vayan saliendo cada vez más y más grandes.

Y como es costumbre en Atascado en los 70, tengo que poner la portada del disco protagonista de cada texto. Como en éste no queda demasiado claro, ahí va el increíble recopilatorio de Rod y los Faces que me permitió descubrir esa maravilla de Sweet Little Rock’n’Roller.

Changing Faces (2003)