Hoy no iré al Bernabéu a escuchar The River

Sábado, 21 de mayo de 2016.-
Pues no, no peleé por una entrada de Springsteen en esa mañana disparatada de venta on-line en la que se agotó todo un aforo del Santiago Bernabéu en apenas unas horas… ¿pero tanta gente hay en España cuyo corazoncito roquero quedó marcado por The River? Si cuando ese disco salió en 1980 por Madrid solo se enteraron Ramoncín, su amigo de Discos Melocotón y cuatro más…  Diría que la gran mayoría de los que van a ir hoy al estadio solo reconocerá Hungry Heart, la propia The River y poco más. No hagamos más sangre: los afortunados que estén allí esta noche disfrutarán de un grandioso espectáculo de rock y los menos entendidos quizá descubran una decena de maravillosas piezas de The River que nunca habían oído antes. Entre ellas esta.

Un colega me envió la crónica del concierto del Nou Camp de hace una semana y acabo de leerla. Parece ser que en sus queridos USA el amigo Bruce tocó el repertorio de The River en su integridad, pero para la gira europea alguien calculó que si a The Price You PayPoint BlankI Wanna Marry You y Drive All Night se le añadían Stolen Car, Independence Day, Fade Away o Wreck on the Highway las masas aullantes podrían caer en estado de somnolencia; mejor prescindir de unas cuantas. Así que Gira The Ties That Bind sí, pero sin poner en peligro la liturgia (y los millones) del rock de estadio. Es, como dice Ignacio Julià en su crónica de El País, el precio que pagamos.

Bruce Springsteen - The Ties That Bind. The River Collection
The Ties That Bind. The River Collection (2015)

En una gira de esta magnitud hay mucha pasta en juego y tampoco es cuestión de renunciar a una parte de los beneficios por subir tontamente el listón de los criterios artísticos. Aunque la edad del Boss empieza a ser preocupante, el tío sigue en plena forma como para todavía no levantar el pie del acelerador en lo que a giras mastodónticas se refiere. Lo que ocurre es que los buenos aficionados percibieron la cajita conmemorativa del 25º aniversario de The River como una gran oportunidad para ver a Springsteen sobre un escenario con planteamientos un poco distintos. Luego se anunció la gira, salieron las entradas a la venta y pasó lo que pasó. Es lo que hay, no es ni bueno ni malo pero es inevitable sentir un poco de pena. Bueno, eso pienso ahora, porque aquella mañana de entradas agotadas, en plena indignación por el colapso informático y los sospechosos canales de reventa que se activaron de forma inmediata, tuve un ataque de desprecio al público del rock de estadio y se me ocurrió una idea maligna: para validar las entradas habría que responder a un pequeño examen a la puerta del Bernabéu. Tampoco excesivamente difícil, por ejemplo: “Dígame usted el título de 10 canciones de The River… ¿Que no sabe…? Pues lo siento, no puede pasar. Queda usted descalificado… que pase el siguiente” y finalizado el proceso tendríamos que el número de suspensos aconsejaría reubicar el concierto en el campo del Rayo y, aún así, con algunos huecos libres en las gradas de Vallecas. Los allí presentes estarían cualificados para vivir un concierto inolvidable, que esta vez no empezaría con Badlands, como en las anteriores catorce giras, sino con la canción apropiada para la ocasión, exactamente esta.

Y siguiendo con el delirio, imaginaríamos sobre el escenario al Springsteen glorioso de finales de los 70 que ya andaba echando a rodar en directo las nuevas canciones compuestas para su siguiente LP, que iba a ser sencillo pero que se fue complicando hasta materializarse en el doble disco de vinilo cuya existencia estamos celebrando en la actual gira. Total, que para los que nos encontramos en semejante estado de nostalgia veo mucho más productivo gastarse 100 euracos en la edición deluxe de The Ties That Bind para degustar los tres DVD’s repletos de apabullantes conciertos de aquella época más el correspondiente documental que emplear la misma pasta en una entrada para ver aproximadamente el mismo concierto que la vez anterior y la vez anterior a la anterior. Ya sé que la excitación de compartir espacio con miles de almas es incomparable, pero en casa acompañado por una caja de botellines tampoco se está tan mal.

The Ties That Bind. The River Collection (Deluxe edition)
La caja deluxe en todo su esplendor

Dejando de lado lo que pudo haber sido y no fue, tampoco hay que ser demasiado aguafiestas, así que lo elegante será desear a los que tienen entrada para ver hoy a Springsteen que pasen una noche memorable. Lo doy por seguro para quienes vayan por primera vez; los que repiten revivirán experiencias felices. Yo mismo me acerqué a verlo en su penúltima visita a ese mismo estadio, una vez que hubo entradas de sobra. Allí me presenté con mi camiseta del Atleti para dejar las cosas claras y mereció la pena, aunque la cosa fue más o menos igual: repertorio de grandes éxitos para contentar a las masas intercalando dos o tres rarezas de The Promise para deleite de los aficionados pata negra. Ahora me sigue apeteciendo ir a conciertos, pero a aquellos en los que no tenga que pelearme con nadie por la entrada ni pagar gastos de gestión abusivos a empresas mafiosas. A la vuelta de Milán, donde tenemos un asuntillo pendiente, quizá me pase por el Calderón para ver a Paul McCartney jugando en casa, o quizá vaya al Nuevo Apolo, que tiene anunciado a Graham Nash, tíos grandísimos a los que supongo fuera del circuito de la reventa y la especulación on-line. Y si se agotan las entradas, pues me vuelvo por donde he venido y tan contento.

Y como me gusta mucho esta canción, pues aquí se la pongo otra vez, ahora en versión karaoke subtitulado. Hala.

NOTA POSTCONCIERTO: De vuelta de una visita familiar en Madrid, no pude evitar desviarme hacia la Castellana. En doble fila, con las ventanillas bajadas, escuchamos un par de minutos de Point Blank hasta que un policía nos echó… qué envidia. Luego en casa haciendo cuentas con los setlist compruebo que en Barcelona y San Sebastián cayeron 12 y 13 canciones de The River, mientras que en Madrid la cosa se redujo a 7… ¿acasó fue anoche el comienzo de la ‘Gira Born in the U.S.A.’? 9 canciones nada menos, casi el disco entero… imagino el mosqueo que se pillarían algunos. Como único consuelo para los madrileños, decir que en Lisboa solo sonaron 3: Hungry Heart, The River y Out in the Street… menos mal que nos queda Portugal. Si quieren escuchar un concierto bueno de verdad, aquí tienen uno de Nueva York del mes pasado, donde sí hizo lo que debía: tocar en orden las 20 canciones de The River y terminar con algún outtake, versiones y los bises más inevitables.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Southside Johnny estuvo en Madrid (Amigos de Bruce II)”, que fue publicado originalmente el jueves 22 de agosto de 2013.

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Grand Funk Railroad, recomendado por Homer Simpson

Lunes, 16 de diciembre de 2013.-
Ya expresé alguna vez mi admiración por la forma en que el cine estadounidense encaja las referencias roqueras en sus historias. Añado ahora que la ficción televisiva no se queda atrás en cuanto a precisión y buen gusto: no hay canción fuera de contexto, no hay cita que sea errónea, no existen los disparates espacio-tiempo.

Cuando detecto una de esas músicas bien elegidas me hace tanta ilusión que me dan ganas de escribir sobre las canciones de las series. La idea me rondaba hace tiempo, y parece obligado empezar por Los Simpson, tan repleta de guiños rocanroleros, tan llena de cameos de rockstars de todo pelaje que, de manera asombrosa, aparecen siempre tratados con respeto y devoción. Lo mismo se reivindica el rock más macarra que en la iglesia de Springfield se homenajea el rock psicodélico.

Roqueros en Los Simpson

El repertorio musical de la serie es de lo más amplio. Desde la beatlemanía de Marge al culto por el jazz de Lisa. Los gustos de Bart se orientan más hacia el rock ruidoso. El joven Simpson sintió la llamada del rocanrol en el capítulo en que se hizo fan de Spinal Tap y hasta pidió al autobusero Otto que le diera unas lecciones de guitarra eléctrica.

Spinal Tap en Los SimpsonUn grupo heavy tan real como los propios Simpson

En cuanto a Homer, como hemos visto más arriba, ha salido mezclado con toda clase de músicos ilustres. Hay varios capítulos retrospectivos en los que se muestra que la infancia y adolescencia del patriarca de los Simpson transcurrió entre la era pop y la psicodelia, así que lo que tuvo que marcarle en los momentos más esplendorosos de su juventud seguro que fue el rock más excesivo de principios de los 70. Y su banda favorita era ésta.

Esta barbaridad pertenece al primer disco de Grand Funk Railroad y es muy representativa de la clase de canciones que hacían en esa etapa inicial que duró aproximadamente hasta 1972. Algo así es lo que llevaba puesto Homer en la radio de su coche cuando Bart y sus amigos Nelson y Milhouse le piden con desagrado que quite esa música tan fea y pasada de moda.

Grand Funk Railroad - On TimeOn Time (1969)

Homer se ofende tanto por el desprecio a sus queridos Grand Funk que acaba llevando a sus hijos a un festival de rock alternativo para demostrarles que aún sigue siendo joven y enrollado. En una especie de parodia del festival Lollapalooza, nuestro héroe se codea con Smashing Pumpkins, Sonic Youth y gente así. Homer es contratado como atracción gracias a su habilidad para detener balas de cañón con su barriga y por unos días vive en el engaño de creerse una estrella del espectáculo. A cada momento presume de ser un gran seguidor de Grand Funk y todo el mundo tuerce el gesto al escucharlo, lo que le hace comprender que su tiempo ya pasó. Creo recordar que, teniendo a Billy Corgan como interlocutor, Homer hace una triste reflexión en la que se disculpa por no saber apreciar el rock moderno, demasiado oscuro y nihilista para su gusto, pues él echa de menos la energía y la vitalidad que desprendía el rock de su época.

Eso es justo lo que representaba Grand Funk Railroad, una poderosa maquinaria capaz de generar toda la fuerza del rocanrol. En sus inicios como trío, Farner, Brewer y Schacher combinaban los largos desarrollos instrumentales propios del rock progresivo con todo el ruido posible, transitando más o menos por los caminos abiertos por los Cream de Eric Clapton y la Experience de Jimi Hendrix, aunque desde el punto de vista norteamericano. Salvajismo y primitivismo roquero, como bien evidenciaba la portada de uno de sus discos más conocidos.

Grand Funk Railroad - SurvivalSurvival (1971)

Tuvieron un arranque vertiginoso, con seis discos en poco más de dos años (entre agosto de 1969 y noviembre de 1971). Más tarde algunas de esas aristas ruidosas fueron limándose coincidiendo con la entrada del teclista Craig Frost. Y a la vez que el trío aumenta a cuarteto, el nombre del grupo se acorta, quitándose el Railroad. El disco en el que se producen esos cambios se llama precisamente Phoenix, como si la banda quisiera dejar claro su resurgimiento desde lo más básico y profundo. Ahí estaba Rock & Roll Soul, una de sus canciones más reconocible, y en los discos siguientes la cosa fue a más. Su sonido siguió puliéndose, seguramente porque cogieron el gustillo a eso de colocar singles en lo alto de las listas, algunos descaradamente comerciales, como We’re An American Band o Some Kind of Wonderful, alternando con otros más durillos como Walk Like a Man o Shinin’ On.

En cuanto a los cambios de nombre, primero Grand Funk Railroad, luego Grand Funk y por último otra vez Grand Funk Railroad, todo se debió a un litigio con su mánager. El tal Terry Knight había sido miembro inicial y tuvo la idea del nombre, pero prefirió abandonar el escenario para dedicarse a labores de representación. Como los chicos no estaban muy de acuerdo con algunas de sus decisiones sobre la carrera del grupo, decidieron despedirlo y, por si acaso, acortar el nombre para cubrirse las espaldas mientras durara el pleito con el antiguo amigo. Salvando las distancias, más o menos como cuando La Polla se quitó el Records. En fin, el asunto del dilema GF/GFR es tan lioso que, aunque no sea este un blog enciclopédico que se prodigue en listados y discografías, les pongo aquí debajo un esquemilla como excepción y sin que sirva de precedente.

Como Grand Funk Railroad:
On Time (Agosto 1969)
Grand Funk (álbum rojo) (Diciembre 1969)
Closer to Home (Julio 1970)
Live Album (Noviembre 1970)
Survival (Abril 1971)
E Pluribus Funk (Noviembre 1971)

Como Grand Funk:
Phoenix (Septiembre 1972)
We’re an American Band (Julio 1973)
Shinin’ On (Marzo 1974)
All the Girls in the World Beware!!! (Diciembre 1974)

Vuelta a Grand Funk Railroad:
Caught in the Act (Agosto 1975)
Born To Die (Enero 1976)
Good Singin’, Good Playin’ (Agosto 1976)
Grand Funk Lives (Julio 1981)
What’s Funk? (Enero 1983)

Otro dato enciclopédico… apunten: Homerpalooza, numerado como capítulo 152 en total o como 24 de la séptima temporada. Véanlo, merece la pena. Al principio del episodio los niños se quejan cuando suena Grand Funk en la radio del coche, pero al final, siguiendo la tradición happy ending de las comedias familiares, acaban todos juntos cantando esta pegadiza canción.

Quizá insista con la idea, pero seguramente elija como guía otra serie que se adecúa más al estilo de este blog por estar más centrada en el rock guarro setentero. Esperen y verán.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¡Qué bonita Forrest Gump!”, que fue publicado originalmente el domingo 31 de julio de 2011.

Southside Johnny estuvo en Madrid (Amigos de Bruce II)

Jueves, 22 de agosto de 2013.-
Hace un año empecé a escribir esto, pero justo entonces A70 fue expulsado de su anterior alojamiento. Como la mudanza ocupó casi todo el verano de 2012, varios textos quedaron en el tintero, entre ellos este. Este año El Jefe visitó El Molinón, pero aún quedan algunos asuntos pendientes del Santiago Bernabéu.

En aquel primer repaso al repertorio del 17 de junio de 2012 en Madrid se mencionó el clima amistoso que siempre reina entre Springsteen y sus músicos más cercanos. Que Little Steven quiere regresar a la banda, pues dejamos que continúe Nils Lofgren y tocamos con tres guitarras. Que se muere Clarence, pues ponemos a tocar el saxo a su sobrino. Si continúo diciendo que esta canción fue una de las protagonistas de la noche, no tendré más remedio que seguir insistiendo en lo mismo.

Como pueden ver, Southside Johnny también sube niños al escenario igual que Bruce. La diferencia es que cualquier niño del mundo se sabe Waitin’ on a Sunny Day y la pobre chiquita del vídeo de aquí encima parece que no tiene ni idea de cuál es esa vieja canción perdida en un olvidado disco de 1978.

Southside Johnny & The Asbury Jukes - Hearts of StoneHearts of Stone (1978)

Ahí se publicó por primera vez Talk to Me. Para la versión de Springsteen hubo que esperar algunas décadas a que saliera The Promise, doble CD de 2010 con repertorio sobrante de la sesiones de grabación de Darkness en 1978. O sea, un disco reciente en su publicación pero antiguo en su contenido.

Bruce Springsteen - The PromiseThe Promise (The Darkness Lost Sessions) (2010)

Después del exitazo de Born to Run, las dudas asaltaban a Bruce sobre cuál debería ser su siguiente paso, así que al cabo de un par de años acabó juntándose en el estudio con unas 70 canciones. Al final no escogió las mejores, sino las que mejor encajaban en el hilo temático que había decidido para Darkness on the Edge of Town. En lugar de insistir en la épica urbana del disco que lo lanzó al estrellato, prefirió regresar a la oscuridad del suburbio para aferrarse a sus orígenes de clase trabajadora: mejor ser working class hero que rock star al uso. Si quieren saber más sobre ese momento crítico, tienen todos los detalles en el documental que acompañaba la edición de luxe de The Promise. Y para ir al grano, hacia el minuto diez de este trozo Little Steven y el propio Springsteen discuten sobre el asunto.

Bruce Springsteen - The Promise (The Making Of Darkness on the Edge of Town))El documental que venía en la edición especial

Así que treinta y pico años después recupera todo aquello, regraba algunas cosas, remasteriza otras y el resultado no es para nada una colección de cosas raras y cancioncitas que no alcanzaban el nivel, sino otro pedazo de disco que hace pensar en lo que pudo haber sido y no fue… aunque por lo menos al fin hemos podido disfrutar de estas maravillas al siglo siguiente. Uno de sus colaboradores cuenta en el documental que a Bruce le entraba el pánico cuando grababan una nueva canción en la que se podía intuir un single claro. Con tal de dar prioridad absoluta al LP, y para evitar que un posible hit eclipsara el resto del disco, acababa regalando esas canciones sospechosas a toda clase de amigotes. Así llegó Fire a manos de Robert Gordon y Because the Night fue para Patti Smith, mientras que sus paisanos Southside Johnny & The Asbury Jukes se quedaron con Talk to Me.

Bruce Springsteen - The Promise (trasera)Un disco de rarezas con algunas bastante famosas

Total, que El Jefe lleva un par de años de gira de presentación de Wrecking Ball y lo normal es que cada noche caigan seis o siete canciones de ese último disco. Sin embargo, de sus anteriores grabaciones nada de nada. Nada de Magic y nada de Working in a Dream, lo que por contraste da aún más realce a que en el Bernabéu tocara tres de The Promise: el estreno mundial de Spanish Eyes, cómo no iba a ser aquí, y las mencionadas Because the Night y Talk To Me. Y por cierto, The Promise ganó por tres a uno a Darkness, del que solo sonó ese Badlands que fue punto de partida de las casi cuatro horas de concierto.

Imagino que la gran mayoría de habitantes de la grada no tenía ni idea de quién era ese señor al que Bruce cedió el micrófono después de presentarlo con gran entusiasmo. Tenía aspecto de ser un desconocido que pasaba por allí, y realmente lo era… solo que se llamaba nada menos que Southside Johnny. No me paré a investigar si estaba girando con la banda o si andaba por Madrid y se enganchó a cantar ese Talk to Me y los rocanroles de los bises finales. Es más bonito pensar esto último y que después de Twist & Shout y Seven Nights To Rock dio un abrazo a todos y se volvió para Nueva Jersey. Allí en Asbury Park es donde Bruce y Johnny compartieron experiencias y escenarios al principio de sus carreras, formaron sus primeras bandas y se intercambiaron músicos, actuaciones y canciones. La E Street Band se asentó antes en el mundillo discográfico, así que Springsteen aprovechó el parón que vino después de su éxito para dar a los Asbury Jukes el empujoncillo que necesitaban.

Shoutside Johnny - I Don't Want To Go HomeI Don't Want To Go Home (1976)

En los tres años que van de Born to Run a Darkness es cuando los Jukes publicaron sus tres primeros LP’s, y en uno de ellos fue grabada Talk to Me, una de esas melodías pop que a veces le salen a Bruce y que, para disgusto de Little Steven, se quedan siempre fuera del corte para entrar en la selección final de los discos del Boss. En esas grabaciones de Southside Johnny siempre hay dos o tres canciones firmadas por Springsteen, pero el que se lleva la palma es Steven Van Zandt, que además tocaba con la banda, producía las grabaciones y debía de ser el gran consigliere, algo así como Silvio Dante con la familia Soprano.

Southside Johnny y Little StevenJohnny y Stevie, colegas de toda la vida

Ahora que todo el mundo va a los conciertos con sus teléfonos caros hay montones de fans que subieron vídeos a youtube inmortalizando ese Talk to Me con Southside Johnny como uno de los momentos más especiales de la noche. Sin embargo, prefiero terminar la anécdota echando la vista atrás hacia una actuación añeja que demuestra que la colaboración viene de antiguo, que a veces la cosa sucedía al reves y era Southside Johnny quien invitaba a Bruce a tocar con los Asbury Jukes.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Los amigos de Bruce (I)”, que fue publicado originalmente el martes 26 de julio de 2012.

Jason Ringenberg haciendo patria

Domingo, 30 de Septiembre de 2012.-
Ahora que andamos reconstruyendo el Archivo A70 salieron a relucir los discos que llegan a casa envueltos en papel de regalo de reyes. Resulta que tuvieron su repaso en los dos primeros años del blog y se perdió la tradición en este tercero. Lo bueno de escribir un blog es que uno mismo se impone unas normas, pero llegado el caso se las puede saltar cuando conviene. Así que a continuación, sin venir a cuento, recupero algunos textos que tenía a medio escribir sobre mis Reyes Magos 2012.

Ya les hablaré sobre este Live in Texas ’78

No es que se me olvidara contarles en enero lo que me trajeron los Reyes, más bien se me fue pasando. Ocurre que cada vez importa menos lo que uno se compra… verán: el disco llega a casa, se le quita el plástico, se mete en el ordenador, se convierte a mp3, se guarda el ejemplar original y los archivos digitales finalmente comienzan a ser escuchados a través de toda clase de artefactos reproductores, a veces incluso aleatorios… ¡qué horror! Confieso que también he caído en esa perversión, que tengo casi olvidada la vieja costumbre de sacar un disco de su carpeta, ponerlo en un equipo de música tradicional y escucharlo entero y en orden.

Poco a poco cada uno de esos discos va encontrando su momento, aunque tenga que esperar a que el reproductor aleatorio le ofrece su oportunidad. Hace tiempo que tenía ganas de hablarles de uno que me gustó a la primera escucha.

Jason Ringenberg – American Question

Me fascina esta canción por varias razones. La primera es que nunca había escuchado a nadie utilizar pelotas de ping-pong como instrumento de percusión. Forrest Gump estaría orgulloso. La segunda es mi debilidad por ese tono irónico autodestructivo que emplean los estadounidenses cuando quieren ser críticos con el rol imperial que ejercen. Y la tercera, que me lo compré completamente a ciegas, sin saber de qué iba la cosa, pues ni siquiera sabía que este señor tenía una carrera en solitario.

Empire Builders (2004)

Este tío debe de ser tan ignorado en los EEUU que ni siquiera nadie se molesta en poner sus canciones en YouTube, que casi se puede contar con los dedos de una mano los vídeos subidos de los últimos trabajos de Mr. Ringenberg. Quizá se trate de algún tipo de censura o resquemor, pues esas letras incenciarias no debieron gustar mucho a los entusiastas de la administración Bush.

Total, que del disco mencionado solo he podido encontrar este cutremontaje motero sobre la canción homenaje a Link Wray, gran jefe de todos los guitarristas indios. Con esta supongo que no puede haber conflicto político, simplemente es un espléndido rocanrolazo dedicado a una grandísima figura del rocanrol.

Calculo que hará más de veinte años que no tenía noticias de Jason Ringenberg. Recuerdo que a finales de los 80 me compré varios discos de Jason & The Scorchers, más o menos cuando se puso de moda el NRA (o sea, Nuevo Rock Americano). Como bien explica Jorge Ilegal en una de sus canciones, la Gran Vía se llenó de cowboys. Recorrías los bares de rocanrol del centro de Madrid y tropezabas por todas partes con montones de John Wayne, que también lo notaron Los Enemigos. Para estar a la última había que imitar las pintas de esa hornada de jóvenes grupos yanquis, todos con su leve estilo Byrds y pinceladas country. Recuerdo que me resultaban agradables, pero no terminaban de convencerme. Creo que en general les faltaba algo de pegada, salvo alguna excepción como The Long Ryders o The Dream Syndicate que sí le ponían el suficiente coraje. Pero sin duda los más contundentes de todos eran estos sacacorchos de Jason Ringenberg, que no se sabía muy bien si eran punkies disfrazados de vaqueros o sureños apuntándose al punk-rock. Con el tiempo se vieron superados en rabia y velocidad por la generación grunge y fueron pasando al olvido.

Lost & Found (1985)

Con estas estupendas pintas que gastaban Jason y sus Scorchers me extraña que no llegaran a más. En realidad, creo que su lugar fue ocupado en la década siguiente por los Supersuckers, una especie de infiltrados en la generación grunge que también se lo pasaban bomba jugando a ser punkarras de Texas… pero permítanme que yo me quede con el Jason de los 80. Véanlos dando caña a los roqueritos nórdicos en un Roskilde de mediados de esa década.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Algunos discos para 2011”, que fue publicado originalmente el sábado 22 de enero de 2011

Dios salve a los colonos

Martes, 18 de Septiembre de 2012.-
Aparte del hartón olímpico con el God Save the Queen, he de decir que un servidor ya llevaba todo el verano oyendo a todas horas el último disco de Neil Young, que a mayor abundamiento terminaba precisamente con este corte.

Estando tan reciente la publicación de esta versión paletoide de ultramar, ha tenido su gracia ver a todos esos medallistas de oro haciendo sonar el himno británico en los más variados recintos de Londres 2012. Hubo por ejemplo un tenista escocés que no se sabía la letra, o más bien fingió no sabérsela. Destacó también un doble campeón en medio fondo llamado Mo, que al subir al podio puso en pie al público que llenaba el estadio para cantar como una sola voz el Dios salve a la Reina. El pobre Mo no podía disimular su cara de “qué hago yo aquí”, porque en realidad se llama Mohamed y nació en Mogadiscio. Y siguiendo con el disparate… ¿qué demonios pinta un canadiense cantando el himno inglés en un disco de versiones de clásicos del folk estadounidense?

Americana (2012)

Pues bien, Mr.Young lo justifica diciendo que todas las canciones del disco rememoran personajes y situaciones que fueron representativas en la historia de EEUU, pero que ya no existen. Una de ellas era el himno que sonaba en esa parte de América mientras fue colonia británica, y que tras la Independencia continuó como himno un montón de años con la letra cambiada. Como puede verse en las imágenes que ilustran el vídeo, la versión de Neil y sus Crazy Horse es respetuosa con las dos primeras estrofas, las mismas dos que suelen interpretarse en los eventos oficiales en los que participa el Reino Unido. Sin embargo, la Reina es sustituida por la estatua de la libertad en cuanto empieza la tercera estrofa, mientras un coro infantil entona la letra de My Country ‘Tis of Thee, que sirvió como himno de Estados Unidos hasta que en 1931 se oficializó el barras y estrellas. Esa canción mantiene la partitura del God Save the Queen, pero con la letra que un estudiante de teología escribió a propósito de los valores de la nueva nación independiente. Así, el verso que el coro repite hasta el final de la canción ya no dice God Save the Queen, sino Let freedom ring. Todo un detalle.

Crazy Horse cabalga de nuevo

En cuanto al resto del repertorio de Americana, da un poco igual, lo importante es que tiene el sello de Neil Young with Crazy Horse cuando ya nadie esperaba que volvieran a firmar un proyecto juntos. Lo mismo da que versionen el Clementine, que revisen el cancionero de Woody Guthrie (This Lans Is Your Land), que se acerquen a la raíz irlandesa (Gallows Pole) o al doo-woop (Get a Job)… todo suena sucio y desaliñado, como si lo hubieran grabado de una tacada por el simple placer de pasárselo bien durante un rato, esa aparente desgana que tanto irrita a los críticos profesionales como emociona a los indios que seguimos a Crazy Horse. Total, que el disco comienza con una irreconocible Oh Susannah… hasta que uno se da cuenta de que han hecho una extraña fusión con la melodía de un famoso éxito de Shocking Blue. Estos jovenzuelos siguen siendo incorregibles.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Y cuando ya casi nadie compra discos, llegaron los Reyes”, que fue publicado originalmente el miércoles 6 de enero de 2010

Los amigos de Bruce (I)

Jueves, 26 de julio de 2012.-
Dejándome llevar por mi habitual desinterés por la actualidad, ilustré el texto anterior con vídeos de 1975. Hechos unos jovenzuelos, los chicos de la E Street Band derrochaban ese insultante vigor que les impulsó a salir de los USA a conquistar el planeta. A estas alturas de 2012 han perdido irremediablemente la juventud, pero no ese entusiasmo inicial. Lo que estamos viendo este verano en Europa es más o menos parecido a esto.

Así de lleno está ahora el escenario, con montones de coristas, guitarras por todas partes, una violinista, trompetas y saxofones a pares… pero entre la multitud de músicos se nota que para Bruce Springsteen sigue siendo importante sentirse rodeado de amigos. La toma es de London Calling, el concierto que grabó a todo lujo hace varios veranos en Hyde Park.

London Calling-Live in Hyde Park (DVD, 2010)

Out in the Street siempre fue una excelente canción para ser tocada al principio de los conciertos. Calienta al público, permite a Bruce presumir un poco de banda y para rematar va cediendo el micro a los miembros que están en primera fila. Ahí se pudo ver al gran Clarence Clemons en una de sus últimas comparecencias sobre el escenario. Se le nota un poco rígido, pero resistiéndose a la retirada pese a su maltrecha espalda. En Madrid se le tuvo muy presente, pues superada la medianoche se cumplía el primer aniversario de su muerte. Ya al final de los bises, en Tenth Avenue Freeze-Out, tras pronunciar Bruce las palabras mágicas “the Big Man joined the band” la música se detuvo durante una pausa interminable, un minuto de silencio en mitad de canción que puso los pelos de punta… pero hablemos un poco del concierto.

-Domingo, 17 de junio de 2012, Santiago Bernabéu-
Me fastidió que no tocara Out in the Street. Nunca es posible contentar a todos, pero tampoco hay lugar para la queja cuando el tío se ha dejado la piel durante casi cuatro horas. Así que la cosa dio mucho de sí: tocó éxitos de siempre para contentar al fan de ocasión, repasó la mitad del nuevo disco Wrecking Ball y sobre todo regaló rarezas en abundancia, de esas que hacen feliz al más exigente devorador de tracks, extras y bonus del más variado pelaje. Hubo repertorio de prácticamente todas las épocas, incluso del primer disco, cuando casi ni existía la E Street Band. ¿Pero existía o no? Echemos un vistazo a la foto inicial.

Clarence, Bruce, David, Vini, Danny y Garry salían así de chulos en la contraportada del disco The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle

Esta fue más o menos la formación que grabó los dos primeros discos. No estoy seguro de si la banda entonces tenía nombre, aunque la Calle E ya aparece en letra impresa al final del título del segundo LP. De todos ellos, el bajista Garry Tallent se mantiene como único superviviente, pues Danny Federici fue el primer caído en combate y hace poco se nos fue también Clarence Clemons. Los otros dos músicos, Vini Lopez y David Sancious, simplemente no cuajaron. Vamos a escucharlos en acción, a ver si encontramos la explicación.

Esa banda era realmente buena. La edición Born to Run 30th anniversary incluía completos los vídeos de este concierto de 1973 en Los Ángeles y también el del Hammersmith de 1975. Ambos son increíbles y a la vez muy distintos. Si comparamos, que para eso están, había más virtuosismo y mejores músicos en 1973, pero si hubieran seguido por ese camino nunca habrían tocando en Anoeta, sino en el Festival de Jazz de San Sebastián.

Spirit in the Night es la canción del primer LP que sonó en la noche del Bernabéu. Se coló en mitad de un amplio bloque totalmente escorado hacia el soul, que ahora a Bruce le ha dado por ahí. Bueno, por el soul y también por el folk irlandés. Sin embargo a mediados de los 70 el jefe estaba empeñado en centrarse en un rock más standard. Notaba que su banda estaba derivando hacia el jazz-rock, las canciones se alargaban demasiado hasta el punto de no caber más de siete en un disco, así que Vini y David tuvieron que ceder el testigo a un batería y a un pianista que no se complicaran tanto. Desde luego, Max Weinberg y Roy Bittan demostraron que sabían ir al grano, y ahí siguen.

Y como un minuto después que Max y Roy, llegó Steve Van Zandt, el gran Little Steven. Imagino que sería el típico pesado que se dedicaba a enredar entre los grupos de Nueva Jersey y terminó tocando con todos, componiendo y coproduciéndoles discos al por mayor. A Bruce le salvo la vida, musicalmente hablando. Le ayudó a redondear su sonido y le liberó de la esclava tarea de ser el único guitarrista. Así quedó la nueva foto.

Steve, Max, Danny, Bruce, Clarence, Roy y Garry, la lineación definitiva de la E Street Band 

Esa época dorada de la E Street Band culminó con la gira de The River, mi disco favorito de Springsteen y del que, maldición, sólo tocó una canción en Madrid, justo la que da título al disco, justo la de la emotiva dedicatoria al fan mallorquín que murió de cáncer. Bueno, será que con The River todo me parece poco, porque ahora recuerdo que Hungry Heart entró en los bises. Y mucho antes nos sorprendió con Be True, que no estaba en el disco pero sí en la cara B de este single.

Sherry Darling, con el saxo como protagonista

Esto fue lo primero que yo oí de Springsteen, Sherry Darling y Be True, el single que se promocionó en España con un año de retraso. La cara A la ponían en la radio a todas horas cuando casi nadie en Madrid sabía quien era ese tío (o sea, nadie excepto Ramoncín y Eduardo de Discos Melocotón). Y la cara B la conseguí gracias a una promoción de cassette-singles que regalaban canjeando tapones premiados de Pepsi-Cola (entonces se decía así). Me lo tomé con entusiasmo de novato, me aprendí las dos canciones y las traduje sin tener ni idea de inglés, suponiendo palabras entre la atropellada pronunciación del cantante. En el concierto viví un divertido flash-back recordando la letra de Be True, una historia de celos adolescentes que quedaba algo ridícula en boca de un artista de sesenta años, pero así es Bruce. “Sé legal conmigo, nena, y yo lo seré contigo”… y la letra de Sherry Darling iba más o menos en la misma onda, sobre problemas de pareja provocados una suegra insoportable.

Hace un año, a propósito de una emotiva necrológica dedicada a Clarence Clemons que leí, llegué a la conclusión de que Sherry Darling era, en mi opinión, la canción de Springsteen con el solo más bonito de Clarence. Prometí escribir algo sobre el asunto (aquí está) y me propuse buscar entre mis reliquias esa mítica single-cassette. No he conseguido encontrarla… una pena, pues con ese absurdo formato podría haber sacado un dineral en alguna subasta de fetichistas del rocanrol… ¡pero bueno! ¡si hay un freak que la tiene y anda presumiendo en un foro de coleccionistas!

La célebre single-cassette de Pepsi

Y encima dice el tío: ”here’s one of the ultimate “River”-related rarities, the Spanish cassette single (!) of “Sherry Darling” b/w “Be True”, released in 1981”… sin comentarios.

Bueno, y como es imposible no extenderse hablando de Bruce, lo dejo aquí y ya seguiré otro día. Y a ver si consigo centrarme más en el concierto.

Sesentón rico, sesentón pobre

Domingo, 1 de julio de 2012.-
Este pasado mes de junio me acerqué a ver un par de conciertos (¡oh, milagro!) y, por pura casualidad, en ambos casos se trataba de glorias del rocanrol que comenzaron su carrera discográfica en 1971. Sé que comparar siempre resulta un poco feo, pero no está en mi ánimo poner bien a uno y mal al otro. Disfruté a tope con los dos veteranos, dieron conciertos magníficos y exhibieron su amplia sabiduría musical sobre las tablas, sin embargo no me resisto a exponer algunos datos que abren un abismo entre ellos. Dos maneras de mantener viva la llama del rocanrol, muy distintas pero igual de dignas. Empezaré por el roquero rico.

El roquero rico nació en los EEUU y lleva muy a gala ser de una pequeña ciudad del estado de Nueva Jersey llamada Asbury Park. Tiene 62 años y debutó discográficamente en 1971 con un disco que precisamente se llamaba Saludos desde Asbury Park, New Jersey, con un coqueto diseño de portada en forma de tarjeta postal. Su concierto de 2012 en Madrid se celebró en el muy señorial Santiago Bernabéu ante unos 50.000 espectadores (por poner una cifra redonda, diez mil arriba, diez mil abajo), totalmente rendidos a sus pies a pesar del horroroso sonido provocado por el rebote contra la cubierta del mencionado estadio. Me tocó verlo desde muy arriba, en el tercer anfiteatro, justo en el interior de un torbellino de ecos que convertía en tarea imposible reconocer las canciones hasta bien avanzada la primera estrofa. Calculo que mi localidad estaría alejada a más de 100 metros del escenario y más arriba de los 30 metros de altura. Digamos que el precio medio de la entrada estaba en unos 80 euros, sin entrar en detalles sobre los odiosos gastos de distribución. Aunque no haga falta decirlo, el roquero rico se llama Bruce Springsteen. El tío es tan excesivo que, para no desentonar con esta colección de cifras, disfruta dando conciertos que superan las 3 horas y 30 canciones. En Madrid el marcador final ascendió a 33 canciones en 3 horas y 48 minutos.

Greetings from Asbury Park, N.J. (1971)

La banda con la que toca actualmente es la E Street Band, la misma que con mínimas variaciones le ha acompañado desde sus comienzos. Tras un par de retoques en los músicos que grabaron los dos primeros discos, la alineación titular de la Banda de la Calle E quedó fijada en 1975. Desde entonces nadie ha abandonado el grupo salvo por fallecimiento, y por el contrario se ha ido incorporando gente hasta completar la lujosa banda de estadio que es hoy.

Mi foto favorita de la E Street Band, allá por 1980

Habrá tiempo de repasar todos esos nombres, pero de momento cito dos. El único músico que se mantiene con Springsteen desde el primer disco es el bajista Gary Tallent, el que sale sentado en la foto igual que el boss. En cuanto a deserciones, sólo Little Steven se permitió una vez el lujo de marcharse voluntariamente, precisamente la mano derecha del jefe, pero en la refundación de la banda que tuvo lugar en el 2000 regresó para quedarse.

El vídeo que he puesto ahí arriba pertenece a ese momento crucial de finales 1975 en que echaba a rodar la formación definitiva de la E Street Band, la misma que había grabado Born to Run. Era la primera vez que visitaban Europa y dieron un concierto apoteósico en el Hammersmith londinense. He elegido Quarter to Three, versión de Gary U.S. Bonds que todavía siguen tocando de vez en cuando, porque al final se encienden todas las luces que tiene la sala (pocas) y se pueden distinguir las caras de los músicos. Qué jóvenes están…

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Cambio de tercio, vamos con el roquero pobre. Por seguir con el paralelismo, también pongo una actuación de 1975. Increíblemente, estos tipos tocaron en Madrid en la última primavera de Franco… ¿Cómo pudieron permitirlo? Supongo que la cúpula dirigente andaría tan preocupada por la inminente muerte del dictador que algún hombre de las praderas infiltrado en la tele pública consiguió colar a estos cuatro peludos irlandeses en el Teatro Monumental para grabarles un especial de TVE sin que nadie se diera cuenta.

El roquero pobre nació en Belfast y tiene los 60 años cumplidos desde finales de 2011. A pesar de ser de Irlanda del Norte, fue reclutado para su proyecto por un irlandés del sur que en 1971 iniciaba carrera en solitario y tocó junto a él nada menos que 20 años. Su reciente concierto en Madrid tuvo lugar en la Sala Arena, un local que no hace mucho tuvo nombre de marca de cerveza. El caso es que en ese sitio los conciertos se ven y se oyen razonablemente bien, pero no deja de ser raro que en su planta de arriba haya una peluquería de Llongueras y que a las once y media te echen a patadas porque a las doce en punto el chiringuito se transforma en discoteca chunga. Total, que el concierto no pudo extenderse más allá de 1 hora y 3 cuartos (no les dejaron hacer bises). Siendo generosos, digamos que éramos unos 300 espectadores (cien arriba, cien abajo) que pudimos movernos a placer por la sala y acercarnos a menos de 2 metros de esta leyenda del rocanrol, con el consiguiente reventón de tímpanos. El precio oscilaba entre 22 y 25 euros, dependiendo de si comprabas tu entrada en Escridiscos o lo hacías en algún punto de recaudación abusiva de gastos de distribución.

Rory Gallagher (1971)

No, el roquero pobre no es Rory Gallagher, sino su inseparable bajista Gerry McAvoy. Su grupo actual se llama Band of Friends, un nombre muy poco pretencioso porque su modesto objetivo es tan simple como celebrar el repertorio de Rory, o sea A Celebration of the Music of Rory Gallagher. Resulta que más de tres lustros después de la muerte del amigo, Gerry ha encontrado a un tipo holandés que puede ocupar con solvencia el lugar que sobre el escenario correspondía al difunto. Ya hablaremos de este mocetón que toca como Gallagher, canta como Gallagher, se peina como Gallagher e incluso se atreve a vestir camisa de cuadros en pleno mes de junio en Madrid.

Una foto de cuando los dos colegas solían tocar juntos

En fin, que ole por Gerry McAvoy que ha sido capaz de juntar a varios centenares de madrileños que todavía nos acordamos de su música. ¿Les parece poco? A mí me parece una pasada. Se nota que Rory sigue siendo muy querido en España, quizá porque tuvo las narices de venir a vernos en un año tan señalado como 1975. Su especial de una hora en TVE, pese a la lógica precariedad de imagen y sonido, da una buena pista sobre lo alucinados que debieron quedarse quienes tuvieron la suerte de verlo en alguna de aquellas tres citas en Madrid, Barcelona y San Sebastián. Si alguien tiene curiosidad y tiempo para verlo entero, que pinche el enlace de aquí debajo.

http://www.youtube.com/watch?NR=1&v=h_3MkmsZ6zk