¿Qué pasa con la Velvet?

Viernes, 16 de marzo de 2012.-
Me cuenta un amigo que alguien anda criticándome por ahí. Se me acusa de escribir cada vez menos y de no haber hablando nunca de The Velvet Underground. Ambas cosas son ciertas. Me disculpo por lo primero: las sesiones intensivas de ordenador que me pego en horario laboral me impulsan a mantenerme el resto del día lo más alejado posible de esta clase de maquinitas. Respecto a lo segundo, ni disculpas ni nada… pero ya que insisten, aquí les dejo una pequeña referencia sobre la Velvet.

The Velvet Underground & NicoAquí, el diseño Warhol del primer LP;
abajo, la boca de metro del LP final 

Lou Reed siempre me cayó bastante mal. Tengo discos suyos, claro, y por supuesto que acabé comprándome el de la portada del plátano, pero ni él ni sus compañeros de Velvet Underground fueron nunca santos de mi devoción. Con estos neoyorquinos me pasa un poco como con la fauna de la movida madrileña. Me parecían una panda de niños bien con más afán de pintar la mona que otra cosa. Despreciaban tanto el star system del rock que por llevar la contraria tocaban mal a propósito para parecer más modernos, metiendo desafines y acoples por todas partes para recocijo de las futuras generaciones grunges e indies. Y qué decir de sus pintillas de intelectuales existencialistas aderezada con una cierta ambigüedad sexual algo forzada… y todo por darse el pisto de ser amiguitos del Warhol y toda su troupe de artistillas y pseudoartistillas… ¡bah!

Loaded (1970)

Pero bueno, con todo tengo que reconocer que escribieron buenas canciones, y que más tarde otros músicos les supieron sacar partido tocándolas un poco mejor que ellos, incluido el propio Lou. Y también reconozco que de sus cuatro discos de estudio hay uno que me gusta bastante… y no es el del plátano dichoso. Se trata precisamente del último que grabaron, que se llama Loaded y se publicó en 1970, como debe ser en este blog. Se ve que a esas alturas de cambio de década ellos mismos notaron que empezaban a aprender el oficio, así que no tuvieron más remedio que separarse para no llegar a ser una de esas rock stars horteras y decadentes que tanto les molestaban. Y vaya, justo en este disco Lou Reed se despachó con dos futuros clásicazos como Sweet Jane y Rock & Roll, más esta preciosidad que abría Loaded.

Hits calamarianos volumen II

Domingo, 4 de marzo de 2012.-
Ya conté en una ocasión que Andrés Calamaro fue en mi trabajo durante muchos años una especie de totem para mi grupo de compañeros, y sin embargo amigos. Solía ser tema favorito de conversación entre quienes lo adorábamos y quienes lo aborrecían, sin término medio. Lo que más debate generaba eran sus excesos salmónidos. Incluso recuerdo que entre mis archivos mp3 tenía una carpeta titulada “andrés tostón”, cuyo contenido había seleccionado cuidadosamente entre lo más árido de Honestidad brutal y El Salmón para castigar los oídos de mis vecinos. Una estrategia diabólica… pero no, hoy no es esa mi intención.

En el polo opuesto había otra categoría de canciones de Andrés que también nos apasionaba: los hits calamarianos. Solíamos machacar hasta el hartazgo esos estribillos facilones que asomaban en todos sus discos, esas melodías pegadizas orientadas de forma más o menos burda a infiltrarse en las radiofórmulas. Si la vez anterior les hablé de cierta indigestión de Estadio Azteca, esta vez me quedo en otra época más reciente. Un hit que no fue.

Aquí lo tienen, con esas rimas consonantes aparentemente tontorronas tan típicas de Calamaro. Me resulta simpático eso de “hoy es hoy, ayer fue hoy ayer”. Más allá de la gracieta de turno, no me extrañaría nada que ahí hubiera un guiño al Spinetta que se negaba a rendir culto a los tiempos pasados.

Los divinos tenía todos los ingredientes para ser un hit calamariano de pleno derecho, pero su recorrido fue mucho más corto que lo que podía esperarse. Pertenece a su última grabación de nuevas canciones hasta la fecha, una entrega que no tuvo demasiada repercusión que digamos. Qué sé yo… quizá no cuajó porque fue publicado justo al inicio de la brutal decadencia que ha arrasado a la industria del disco de unos años a esta parte. Quizá acusara también la decadencia económica mundial, la decadencia cultural global, la decadencia total. Pero no citemos sólo factores ajenos al artista… quizá On the Rock llegó en un momento de cierta saturación de lanzamientos calamarianos. Entre tantas antologías incompletas o salmonalípticas, entre tantos directos Made in Argentina, Made in Efe Eme o Made in Fitipaldis, el público afín quizá ni se enteró de que había nuevo disco de Calamaro. O tal vez sí nos enteramos, pero con el apetito totalmente saciado de tanto Box-set, tanto DVD y tanta rareza en descarga gratuita no quedaba ni pizca de hambre para devorarlo.

Calamaro on the Rock (2010)

Y por mi parte hay otra razón de peso: es un hit que nunca pude disfrutar en compañía de los compañeros de siempre. Los malditos despidos de 2008 habían roto el grupo, así que ya no hubo polémica ni debate ni forma de saber si a esas canciones les dejábamos pasar el corte para elevarlas a los altares de nuestros clásicos calamarianos. En fin, como dijo el maestro Luis Alberto Spinetta, “aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo el tiempo por pasado fue mejor”. Mañana es mejor.

En su momento no tuve muchas ganas de comprarme On the Rock, pero al cabo de un par de años he cogido cariño al disco. Alguien me lo destripó en mp3 y, tras unas cuantas escuchas, terminé por caer en la tentación y corrí conseguir mi ejemplar… y, por cierto, cuando me levantaron el CD original que llevaba en el coche me dio tanta rabia que me hizo desear ese disco todavía más. Cualquier día me lo vuelvo a comprar.