Summertime Blues

Domingo, 06 de noviembre de 2016.-
Tristeza de verano, traducción aproximada que podríamos interpretar con un tinte de nostalgia por esa estación del año de la que ya no queda ni rastro. El calor se resistió a aflojar, lo que nos sirvió como excusa para prolongar algo más de la cuenta el letargo de A70, que es como la marmota Phil de Punxsutawney pero al revés. Ahora que todos los animalitos de Pensilvania se fueron a dormir, llegó el momento de ponerse manos a la obra.


Viene a cuento este clásico de Eddie Cochran porque fue objeto de alusiones en el blog donde solemos matar el gusanillo durante los meses de verano, nuestro otro blog. Allí se mencionaron adaptaciones al español y algún megaéxito doméstico vagamente emparentado (abajo del todo pongo enlaces), pero como esos textos no se apoyaron exactamente en la versión original aquí comenzamos escuchándola como es debido.

Eddie Cochran - 12 of His Biggest Hits
12 of His Biggest Hits (1960)

Ni que decir tiene que el Cochran genuino fue un descubrimiento tardío, más allá de que se lo hubiésemos oído mencionar a algún rocker del barrio. Los roqueros de base sentíamos bastante respeto por los rockers de verdad, los que se esculpieron tupés a cincel durante la moda del rockabilly, porque ellos sabían cosas que nosotros aún no podíamos ni sospechar. Mientras todavía andábamos aturdidos por el ruido ambiente provocado por el macarrismo musical del momento ellos citaban con soltura nombres míticos procedentes de la noche de los tiempos, conocían el paleolítico del rocanrol y además eran capaces de distinguir el grano de la paja… pero lo que más nos extrañaba era la chulería con que ponían a Cochran y Gene Vincent en todo lo alto del olimpo del rock, por encima incluso de Elvis y de Chuck Berry. El caso es que pese a nuestra juventud desaliñada muchos éramos estudiosos y aplicados, gente seria que por habernos subido al carro del rocanrol casi treinta años después de que arrancara asimilábamos con apetito todo lo que nos habíamos perdido. Pronto descubrimos que igualarse en conocimientos a aquellos rockers no era tan difícil, que simplemente eran un poco fantasmas, aunque entrañables. Nunca estaríamos a la altura de esas pintas tan fastuosas que lucían con arrogancia, pero pudimos aprendernos todo el rock de los 50 en un santiamén sin sentir vergüenza por nuestros vaqueros desteñidos y camisetas de Discoplay. En concreto el nombre del tal Eddie Cochran nos llegaba desde montones de direcciones distintas, por ejemplo esta.

Por los Rolling Stones supimos de Twenty Flight Rock y Rod Stewart nos descubrió Cut Across Shorty. Sid Vicious y los Pistols pusieron el toque punkarra a Somethin’ Else y C’mon Everybody y algo más tarde, desde su cofradía sevillana, Silvio y Sacramento se marcaron una deliciosa adaptación de Three Steps to Heaven. Gente de todo pelaje, como pueden ver. Pero déjenme decirles que fue The Who el grupo que mejor supo traerse a Cochran a nuestro terreno. Sería un clásico del rock de los 50, pero sonaba de maravilla amplificado a la manera del rock de masas. Lo tocaron en todos los grandes festivales de la época y lo fueron haciendo cada vez más pesadote a medida que avanzaban los 70, imprescindible en su repertorio desde que quedara inmortalizado en su disco en directo más memorable.

The Who - Live at Leeds
Live at Leeds (1970)

Si la de los Who es la versión más famosa, la canción que Silvio cantó en misa y repicando tenía un significado especial, pues hablaba de estar unos pasos cerca del cielo con la desgraciada circunstancia de que fue el single póstumo de Eddie Cochran. Su historia fue bien triste, muerto a la manera James Dean dejando un bonito cadáver de 21 años, con un solo LP y un buen puñado de éxitos en formato pequeño que enseguida se recuperaron para el 12 of His Biggest Hits cuya foto pusimos más arriba. Había cruzado el charco para conquistar Inglaterra animado por Gene Vincent, pero un accidente camino de un aeropuerto acabó con Eddie y dejó a Gene tullido y amargado. Las actuaciones que dieron antes de la tragedia dejaron huella en los fans británicos, como demuestran todos los ejemplos que mencionamos en el párrafo anterior y que unos primerizos Beatles tocaran Twenty Flight Rock en The Cavern y en Hamburgo mucho antes que los Stones. Con el tiempo Cochran también fue profeta en su tierra, con artistas tan variados como New York Dolls o Bruce Springsteen reivindicando su repertorio, pero creo que el primer grupo estadounidense de rock potente que lo hizo fue este.

Blue Cheer - Vincebus Eruptum
Vincebus Eruptum (1968)

Decíamos que los Who utilizaron el Summertime Blues como bandera en cada festival donde tocaron: 1970 en Isle of Wight, 1969 en Woodstock y 1967 en Monterey. Por la proximidad de fechas, seguro que los californianos Blue Cheer escucharon la versión de The Who en Monterey y le dieron una vuelta de tuerca para que abriera como es debido su primer LP.

Pasan los años y la brutalidad de Blue Cheer nunca deja de asombrar. En principio era un grupo psicodélico, pero a la hora de la verdad se apuntaron a la moda del power trío y por esta salvajada se les suele mencionar como precursores de Black Sabbath y cosas así de heavys. Es muy posible que la influencia con los Who fuera de ida y vuelta, pues seguro que Pete Townshend asumió lo de Blue Cheer como un reto y acabó retorciendo el Summertime Blues hasta límites insospechados. Además, en esta toma que perpetraron en la televisión alemana el realizador tampoco se quedó corto con todo tipo de zooms enloquecidos e imágenes superpuestas. Recuerdo haberla visto por primera vez en alguno de esos programas que se marcaban Diego Manrique o Carlos Tena en La 2, cuando la circulación de material audiovisual era tan escasa que la emisión de semejante joya del Beat Club alemán en nuestra tele pública era todo un acontecimiento. Y últimamente me he vuelto a encontrar a los Blue Cheer en el garage de Little Steven, lo que nos devuelve al punto exacto en que lo dejamos justo antes del verano.

Más información sobre el asunto en el blog Tonterías de Verano: “Eva María: Esto se parece mucho al Summertime Blues” y “Una noche de verano: Ahora sí, el Summertime Blues a la española”, publicados en agosto de 2016.

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El garage subterráneo de Little Steven

Jueves, 30 de junio de 2016.-
Como en los meses de calor es conveniente alejarse lo más posible de pantallas y teclados, ya les aviso que con esta entrega cerramos temporada. Uno de los lugares donde puede uno esconderse a escuchar buen rocanrol es el Underground Garage de Little Steven. Les confieso que su programa de radio es hace tiempo una de las principales fuentes de inspiración de A70. Por ejemplo, por descubrirnos canciones como esta.

La gente roquera de mi generación nunca se interesó demasiado en escuchar a Procol Harum, suponiendo que poco interesante podía haber detrás de unos blandengues a quienes se solía endosar la etiqueta de one hit wonder por su ñoñísima Con su blanca palidez. Como uno nunca se cansa de asombrarse de la propia ignorancia, la atenta escucha del Little Steven’s Underground Garage sirve para demostrar que en la asignatura de Historia del Rocanrol siempre queda mucho por aprender. Y para iluminar zonas de sombra, qué mejor que ponerse en manos de un erudito como Stevie Van Zandt.

Procol Harum - Shine On Brightly
Shine On Brightly (1968)

Una de las virtudes del Little Steven locutor de radio es cómo tiende puentes entre ambas orillas del Atlántico, pinchando a grupos ingleses que apenas tuvieron repercusión en Estados Unidos y a roqueros americanos casi desconocidos en este lado del charco. Él reconoce que siendo un chaval vivió con gran excitación la llamada ‘invasión británica’, ese fenómeno cercano a lo milagroso por el que un puñado de jovenzuelos ingleses imberbes se plantaron en los USA y se permitieron dar lecciones de música estadounidense a los propios teenagers norteamericanos. A principios de los 60, supongo que a consecuencia de la segregación cultural, ningún joven blanco de los Estados Unidos tenía la más remota idea de quiénes eran Howling Wolf, John Lee Hooker o Muddy Waters, así que tuvieron que esperar a que gente como Eric Burdon o Brian Jones se desplazaran allí a explicárselo. Puede que la gran repercusión que tuvo esa primera remesa de visitantes, aquellos Beatles, Stones, Who y Animals, fuera lo que determinó al joven Van Zandt a querer ser músico, pero Little Steven perseveró en su empeño como seguidor de la música inglesa y continuó siendo fan de muchas otras bandas a quienes sus compatriotas ya prestaron mucha menor atención. Grupos como The Kinks, Pretty Things, The Searchers, Dave Clark Five, los propios Procol Harum o estos que suenan aquí debajo suelen ser habituales en el garage de Little Steven.

Tampoco es que los Hollies significaran demasiado para los roqueros de los 80. No fue un grupo que tuviera demasiada repercusión más allá de los 60, no se reciclaron con éxito hacia el progresivo ni el hard rock para sobresalir en la siguiente década ni tenían un cantante que iniciara una carrera solista estelar al estilo Van Morrison. Por Van The Man todo el mundo sabe quiénes son los Them, todo el mundo se preocupó de escuchar a los Yardbirds gracias al rato que Jeff Beck, Clapton o Page estuvieron por allí, en cambio The Hollies no pasaba de ser un grupo más de todos esos que se recitan de carrerilla mencionados en el párrafo anterior. Pues bien, si enganchan tres o cuatro canciones a partir de la que suena en el vídeo encontrarán un buen puñado de singles extraordinarios que se concentran en sus tres o cuatro años de esplendor. El problema fue que especializarse en armonías a tres voces les condenó a ser citados siempre en tercer lugar después de los Beatles y los Beach Boys.

The Hollies - Hear! Here!
Hear! Here! (1965)

He omitido a propósito que en The Hollies sí militó realmente una futura estrella del rock porque en mi opinión la trayectoria posterior de Graham Nash no contribuyó a prestigiar al grupo, sino todo lo contrario. Su marcha fue una especie de cambio de bando, desertó del pop más puro para pasarse al lado hippie abducido por su novia canadiense y emigró de Inglaterra para echarse a perder en California con sus amigotes del folk rock. Como una Yoko Ono cualquiera fue Joni Mitchell quien le presentó a Crosby y a Stills… y ahí se acabaron los Hollies. Pero mientras al final de los 60 en los EEUU algunos se dedicaban a formar supergrupos orientados al mainstream, en los años anteriores los garages de toda norteamérica se llenaban de grupos que, partiendo del camino marcado por bandas inglesas, orientaban su estilo hacia un sonido algo más sucio y ruidoso. Desconocidos en Europa más allá de alguna corriente de revival más o menos mod, es una suerte que tengamos a Little Steven para reivindicarlos en su programa.

Estos tíos se juntaron en un pueblo californiano llamado San José justo antes de que apareciera por allí el primer hippie, de ahí sus chaquetas, sus corbatas y sus cortes de pelo. Eligieron como nombre Count Five en homenaje al Conde Drácula y al quinteto inglés The Dave Clark Five, del que eran fans. Su himno Psychotic Reaction tuvo cierta repercusión, pero tras grabar su único LP se matricularon en la universidad y desaparecieron como por arte de magia. Nadie volvió a oír hablar de ellos hasta que años después mitómanos muy notorios se empeñaron en engordar su leyenda… hasta llegar al gran agitador del rock de garage que es Little Steven en nuestros días. En su Underground Garage también pueden descubrir a otros grupos de la costa oeste como los Kingsmen, que ya aplicaron una buena puesta a punto al viejo Louie Louie en su cochera de Portland. Y un poco más al norte, casi llegando a Seattle, los Sonics le daban otra vuelta de tuerca al mismo ritmillo con su éxito Have Love Will Travel… pero no les aburro más, que aún me queda repasar unos cuantos programas de radio para poder tratar sobre este asunto con algo más de propiedad.

Count Five - Psychotic Reaction
Psychotic Reaction (1966)

Ya saben: Little Steven’s Underground Garage. Pueden encontrarlo en su cita semanal de Rock FM y replicado en emisoras de radio de todo el mundo, así como descargando los programas de su propia página web o en los sitios habituales de almacenamiento de archivos radiofónicos… por cierto, ¿he llegado a mencionarles que Little Steven es además un famoso guitarrista de una banda que llena estadios, que también probó como actor encarnándose en miembro de la familia Soprano y que después protagonizó una especie de spin-off en la tele noruega? Bueno, eso mejor lo dejo para después del verano.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Más sobre Joni y sus amigos de Woodstock”, que fue publicado originalmente el domingo 20 de noviembre de 2011.

1/4 de hora de vacaciones: In-A-Gadda-Da-Vida

Sábado, 16 de agosto de 2014.-
Es lo que tienen las vacaciones, que cuando uno se quiere dar cuenta solo queda un cuarto de hora para terminarlas. Habrá que ir volviendo a la actividad y no estaría mal empezar por A70, que ya va siendo hora de reiniciarlo. Déjenme que aproveche para escuchar la auténtica y genuina canción de cuarto de hora, la primera que llenó ella solita una cara entera de un vinilo.

He preferido poner este vídeo en el que se ve en acción a los chicos de Iron Butterfly para que puedan ustedes contemplar lo serios y ensimismados que aparecen interpretando sus interminables pasajes de guitarras, percusiones y teclados eclesiásticos. Queda claro que no se ponían ningún límite para sus respectivos solos, podían tomarse todo el tiempo del mundo dado que la letra de la canción sí que era bastante escueta. De todas formas les pongo otro enlace que comienza con la galleta de la cara 2 de ese disco como prueba de que ahí no había ningún corte y todo el espacio estaba dedicado a los 17 minutos y pico de la canción.

Iron Butterfly - In-A-Gadda-Da-Vida
In-A-Gadda-Da-Vida (1968)

Solo por ese pequeño gran detalle se puede considerar el tema como un hito en la historia del rock. Puede que Dylan ya lo hubiera hecho un par de años antes en Blonde On Blonde, pero ese Sad Eyed Lady of the Lowlands que ocupaba la cuarta cara del doble vinilo no tiene demasiada relevancia en el repertorio de su autor y da la impresión de haberse colado un poco como relleno para completar la proeza de publicar un disco doble. En cambio Iron Butterfly sigue siendo recordado como el típico one hit wonder gracias a la cancioncilla de marras, pues además de tener bastante éxito en formato LP también entró fuerte en las listas de singles utilizando el viejo truco de meter un corta y pega imperceptible justo después de terminar la parte cantada.

In-A-Gadda-Da-Vida (Single)
El single que salió en España

Ahí lo tienen, In-A-Gadda-Da-Vida también fue un single de tres minutos normal y corriente, con melodía pegadiza y una extraña letra escrita bajo influencia de alguna droga de enorme prestigio en aquella época. La chica a la que va dirigida debió de alucinar cuando el chico le declaraba su amor y le ofrecía su mano para llevarla a un sitio tan raro. Parece ser que la canción tenía que haberse llamado In the Garden of Eden, que sí es un lugar chulo a donde una chica aceptaría ir con quien fuera, pero estos hippies estaban tan colocados cuando escribieron el título a mano en el estudio de grabación que les salió ese engendro sin sentido. Al ejecutivo de turno le pareció correcto dejarlo tal cual, pues molaba y quedaba misterioso con ese toque místico oriental tan en boga en esos psicodélicos años. Todo un acierto.

Les confieso que mis sesos siguen un poco reblandecidos de tanto sol y no se me ocurre mucho más que contarles, así que termino subrayando que la influencia de esta canción se ha mantenido firme a lo largo de los años y llegó a extenderse a territorios tan insospechados como Los Simpson y Siniestro Total. Pinchen los enlaces y podrán comprobarlo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Eric Clapton y Duane Allman, con todos ustedes… ¡Derek And The Dominos!”, que fue publicado originalmente el lunes 2 de noviembre de 2009.

Una de Monterey en Tonterías de Verano

Jueves, 18 de julio de 2013.-
Ya anda por ahí circulando la nueva edición del recopilatorio Tonterías de Verano. Ya saben, la cosa va de versiones absurdas, rumba pop, rock bailable y todo tipo de canciones sacadas de contexto. Un buen ejemplo de título fuera de lugar metido ahí con calzador es lo que viene a continuación, que inexplicablemente se ha colado en Tonterías 2013.

Esta es una de las interpretaciones en directo más famosas de la historia del rock, el clásico de los Troggs en una versión muchísimo más wild que su original. Existía la leyenda de que Jimi Hendrix era una bestia sexual, un superdotado en todos los sentidos, y Jimi solía estar encantado de alimentar esa clase de habladurías. En el tiempo en que estuvo instalado en lo más alto de la escena mundial le gustaba versionar canciones conocidas e interpretarlas de la forma más lasciva posible, por eso susurra, gime, se contonea, saca lengua y deja la original de los Troggs a la altura de una canción parroquial, con su solo de ocarina y todo.

The Jimi Hendrix Experience - Live at MontereyLive at Monterey (2007)

Pero si esta toma en directo es famosa es sobre todo por su final, cuando después de conseguir todas los acoples y distorsiones imaginables Jimi deja su guitarra en el suelo, la empapa con un líquido inflamable y le prende fuego con una cerilla. El instrumento siguió escupiendo su sonido infernal mientras las manos músico jugaban con las llamas. Supongo que la hoguerita debió de ser agradable, pues la noche tenía pinta de ser bastante fría. En la peli se vio que todo el público californiano llevaba su abriguito puesto, aunque según el cartel ya estaban en el mes de junio.

Monterey International Pop Festival

Y para mitificar aún más el momento, años después el señor Pete Townshend contó una anécdota impagable que sucedió en los camerinos. Resulta que hasta ese momento The Who había ostentado sin mayor problema el título de grupo más violento del rock mundial, pero en 1967 ese negro asalvajado estaba amenazando seriamente su reinado. La fama de los Who aún les daba para ser cabeza de cartel en el Festival de Monterey y les correspondía por derecho actuar en último lugar, sin embargo Pete no lo veía nada claro. Pensaba que si un tío tan bueno como Hendrix tocaba antes que ellos se llevaría al público de calle y dejaría el listón tan alto que la gente se marcharía en mitad del concierto de los Who, así que no tenía más remedio que ir a hablar con Jimi. Trató de engañarlo con falsa cortesía: “Si quieres, toca tú el último”, pero Jimi contestó con las mismas; “No gracias, tocad vosotros, os lo merecéis”. Pete insistió tanto que acabaron jugándoselo a cara o cruz y la moneda favoreció al inglés. Townshend se salió con la suya y cambió el orden para poner en práctica el plan de hacer la mejor actuación de su vida y así borrar del mapa de una vez por todas al negrata de Seattle. Vaya que sí lo hicieron, los Who arrasaron el escenario para que The Jimi Hendrix Experience no pudiera sobreponerse al caos.

Pues bien, el destrozo de The Who fue histórico, pero justo después Hendrix lo superó con algo nunca visto y Pete Townshend no tuvo más remedio que admitir su derrota.

Y a todo esto… ¿qué pinta la cancioncita esta en Tonterías de Verano? Pues todo tiene su explicación, pero para obtenerla tendrán que investigarlo en el sitio correcto.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Tonterías de Verano”, que fue publicado originalmente el sábado 8 de septiembre de 2012.

Y al decimotercer año… Resurrección

Domingo, 26 de mayo de 2013.-
Hubo una vez una película tan aburrida que estuvo a punto de durar catorce años. Era una peli mala, monocorde. A veces amagaba con giros argumentales que a la hora de la verdad no llevaban a ninguna parte, pues la trama siempre volvía a reconducirse hasta llegar exactamente al mismo punto. Por mucho que el protagonista se esforzara en conseguir el día perfecto, al término de cada acto estaba condenado a regresar al comienzo de la historia. Vuelta al principio una y otra vez, y para colmo teniendo que escuchar siempre la misma canción.

Mito de Sísifo, decían los clásicos; más recientemente Día de la Marmota, según la culturilla popular. Es cierto que esa comedia maquillaba un poco a su pariente griego poniendo un final feliz. Los dioses permitían al meteorólogo interpretado por Bill Murray escapar del “bucle Sonny & Cher” y una vez liberado de la canción pudo continuar su vida convertido en mejor persona. Pese a tener ese buen precedente, ni el atlético más optimista podía imaginarse que nuestra película pudiera tenernos reservado un final tan espectacular, tan fulminante.

Sin garantía ninguna de que la noche fuera a ser victoriosa, más de treinta mil chalados nos presentamos en el Bernabéu. Fuimos porque sí, porque había que estar. Añadir un poco de color rojo a ese paisaje habitualmente blaquecino era ya un triunfo, imaginar además que todo pudiera terminar bien parecía pretencioso… y sin embargo sucedió. Tan inesperado fue el acontecimiento que el sambenito de “los 14 años” acabó siendo mentira. Una falsedad parecida a lo de “los 40 años” de aquel Generalísimo que hace tiempo daba nombre a esta misma Copa. Estuvo treinta y muchos años mandando, pero se hizo tan largo que los historiadores optaron por redondear a cuarenta.

Volviendo al tema, mi hijo mayor tiene catorce años cumplidos y ya estaba en este mundo cuando Jimmy Floyd Hasselbaink y Jose Mari golearon a Bizarri. Por cierto, maldito Claudio Ranieri por lograr aquella victoria y permitir que el equipo se autodestruyera en los meses siguientes… mi hijo no lo recuerda con tanto detalle como yo porque él solo tenía ocho meses. Echando cuentas, el decimocuarto aniversario se habría cumplido el 30 de octubre de este 2013, pero tras el último partido de Liga alguien decidió que el contador tenía que subir de trece a catorce antes de tiempo. Quizá fue cosa de la prensa deportiva, siempre tan servil con su equipo favorito. Dieron por amortizada la final de Copa y calcularon que el Atleti no tendría más oportunidades antes de octubre. Se equivocaron, como casi siempre que hacen pronósticos cegados por sus propios deseos.

Varios - Somos socios del AtletiSomos socios del Atleti-El disco del Centenario (2003)

Como esto es un blog de rocanrol, he mirado en El disco del Centenario a ver si había algo que pudiera venir a cuento, una canción apropiada para estos días de emociones a flor de piel, de risas, de llantos y de ronquera. He encontrado una que podría servir, un peculiar I Will Survive.

Vaya por delante mi reconocimiento y gratitud a los forlanes, radameles, diegos (ribas/costa) y joaomirandas que vinieron de más allá del Atlántico para marcar los goles que nos hicieron felices, pero en todo corazoncito rojo y blanco siempre hay un espacio reservado para los jugadores de la cantera, esos chavales nacidos en Madrid y alrededores que consiguen hacerse un hueco en el equipo titular, como ese Gabi o ese Mario que se agigantan “derrochando coraje y corazón”. Hace un par de años empezó a tener minutos un tal Koke. Cuando me enteré de que se llamaba Jorge Resurrección me dio muy buena espina. “Me gusta su apellido, quizá sea un presagio de que las cosas empezarán a cambiar con este chico en el campo”, pensé. Y cumpliendo la corazonada, resulta que ese chico dio el pase del gol de la victoria, igualito que el que Geli dio a Pantic la vez anterior. Así que, en homenaje a Koke, vamos con Los Enemigos.

He tardado más de una semana en sentarme escribir esto, que han sido días muy agitados. Hemos celebrado sin descanso, como en las bodas gitanas, y ya que lo estamos viviendo con tanta alegría, déjennos ser felices un poco más. Esta tarde iremos al Calderón a aplaudir a los campeones y mañana lunes le contaremos a todo el mundo lo mucho que disfrutamos. A partir del martes que viene intentaremos ser un poco menos pesados.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Andy Kaufman sigue vivo”, publicado originalmente el domingo 27 de noviembre de 2011, y de “We Salute You, Bucarest!”, publicado originalmente el martes 8 de mayo de 2012.

Un plagio tan grande como un zoo

Viernes, 16 de diciembre de 2011.-
Y después de una racha de versiones, ahora toca escribir sobre plagios. Hay muchos plagios famosos. Hace tiempo mencioné que uno de los hits de Bob Dylan es clavadito a una de Neil Young. Nadie se lo afeó, supongo que por ser vos quien sois. Peor suerte corrió George Harrison, condenado en los tribunales, mientras Lennon conseguía librarse gracias a un bochornoso acuerdo con el avaro Chuck Berry. No hace tanto los de Coldplay fueron acusados de vivalavidas… por no hablar de Michael Jackson, que llegó incluso a viajar en el tiempo para robarle canciones al gran Luixy Toledo. Y por seguir en el ámbito del rock español, algún Mikel Erentxun de turno ha sufrido escarnio por el asunto de los plagios, pero a mí lo que más me indigna es esto:

Y la razón de que esta canción me ponga de los nervios es que, con total desparpajo, David Summers la firmó con su nombre y apellidos (deivid samers). Gracias al exitazo de la pegadiza melodía él y su grupo se hicieron famosos, ganaron pasta, fueron fenómeno de fans e iconos generacionales, traspasaron fronteras… incluso en nuestros días hacen multitudinarias giras de revival. Hasta ahí todo bien, de no ser porque veinte años antes que ellos, un señor bajito acompañado por un amigo suyo con el pelo a lo Punset ya había publicado una canción muy parecida. Recomiendo parar inmediatamente el indigno youtube de arriba y pinchar este otro:

¡Pero cómo se puede tener tanto morro! Una cosa es plagiar un verso de un estribillo, pero… ¡dos estrofas completas! Desde luego, hay que tener mucho talento para hacerlo e irse de rositas. Lo que no puedo llegar a comprender es cómo nuestra crítica musical, siempre tan pedante y tan exigente cuando les interesaba, pudo pasar por alto este “pequeño detalle”. Estamos hablando de una de las canciones estelares de mediados los 80, justo el momento en que algunos modernillos de la movida y la nueva ola pasaban a transformarse en ostentosos superventas… y no se trataba de un lejano parecido con alguna oscura canción semidesconocida.

At the Zoo había sido publicado como single en la primavera de 1967. No fue un hit impresionante, pero lo pusieron en el número 16 de la Billboard, que no está nada mal para un amable paseo matinal que Paul Simon se dio con Artie Garfunkel un buen día por el Zoo de Central Park.

Simon & Garfunkel - At the ZooAt the Zoo (single 1967)

Pero es que además At the Zoo fue la canción elegida un año después para cerrar Bookends, cuarto album de estudio de Simon & Garfunkel (la banda sonora de El graduado no cuenta) con el que por primera vez conseguían el doblete de ser número 1 en USA y a la vez en el Reino Unido. Luego repetirían la hazaña con su disco de despedida, el de las aguas turbulentas.

Simon & Garfunkel - BookendsBookends (1968)

Vamos, que ya que plagias no vas a elegir una porquería de tres al cuarto. Intentaré quitarme el enfado pinchando varios youtubes seguidos de Simon & Garfunkel. Es un gusto escucharlos. Con lo sosito que era este dúo cuando actuaba con una simple guitarrilla, hay que ver los discos tan chulos que les salieron cuando se metían a grabar en un estudio a finales de los 60.

El sonido del silencio

Domingo, 11 de diciembre de 2011.-
Casi todos los domingos, de forma totalmente involuntaria, escucho una canción de Paul Simon. Reconozco que es una gran composición, quizá un poco cargante cuando se saca de contexto… y más en el contexto en que la escucho yo.

Rodeado de creyentes entregados a la oración principal de su liturgia, mi mente se evade y empiezo a pensar en mis cosas. ¿Sabrán todos estos niños y todos estos ancianos que están cantando una melodía de Paul Simon? No lo creo. Quizá sí estén al tanto algunos adultos y sacerdotes. En cualquiera de los casos, me llena de curiosidad imaginar el momento en que aceptaron envolver su Padre Nuestro entre las notas compuestas por un señor neoyorquino medio hippie de los 60.

Sounds of Silence (1966)

Este disco contenía la segunda versión del tema, la del arreglo folk-rock que llevaba batería y todo. La original, mucho más lenta, era totalmente acústica y se publicó en Wednesday Morning, 3 A.M., el primer LP de Simon & Garfunkel. Como el disco pasó sin pena ni gloria, ahí quedó. La fama de la canción fue creciendo hasta que a un productor se le ocurrió casi dos años después regrabarla con instrumentos eléctricos, catapultando al dúo hacia el estrellato. Dicen que Simon la escribió a finales de 1963, muy afectado por la desolación que paralizaba a su país tras el asesinato de Kennedy. Pero entonces… ¿qué pinta esta canción en misa?

Dejándome enredar por mis pensamientos, voy derivando hacia cuestiones mucho más mundanas. Pienso, por ejemplo, en los derechos de autor… ¿cuánto cobrará Paul Simon por todo esto? Si cada fin de semana se ofician unas cuatro o cinco misas por parroquia, si hay miles de templos por toda España, si el año tiene 52 fines de semana y unas cuantas fiestas de guardar… uf, me pierdo con tanta multiplicación. Nunca fui bueno con los números, pero bastaría que a Simon le correspondieran unos pocos céntimos por cada interpretación de The Sound of Silence para hacerse acreedor a una suculenta mensualidad. ¿Y cómo se controla esto? ¿Habrá un interventor de la SGAE en cada iglesia? Y eso en el caso de que el fenómeno suceda solo en España… no quiero ni pensar que se repita también en otros países y culturas.

Imagino que, en algún lejano momento, Paul tuvo que sentarse a negociar con cualificados representantes de la Conferencia Episcopal. Tal vez incluso el Vaticano llegó a tomar cartas sobre el asunto. Si alguien en la alta jerarquía eclesial dio la orden para que la canción se cantara en directo cientos de miles de veces, seguro que hubo un pacto previo. En este tipo de cosas la Iglesia no suele improvisar. Pagar por cada interpretación sería absurdo, es más probable que pactaran una cantidad global para poder cantarla in saecula saeculorum, como mucho con una cláusula de revisión para futuros Concilios… porque, claro, todo esto tuvo que suceder a consecuencia del Vaticano II. De ahí surgió la moda de oficiar misas en lenguas distintas al latín, más la posibilidad de añadir partes cantadas con estilos distintos al gregoriano. En los sesenta, cuando se pusieron a buscar músicas para modernizar sus rezos, probablemente les inspiró este arreglo tan sencillo de guitarrilla acústica.

Como el asunto afecta no solo a Paul Simon, las dudas se multiplican si pensamos en otros casos similares. ¿En qué lugar queda el millón de amigos de Roberto Carlos? ¿Se acogería el judío Zimmerman al mismo convenio o sus abogados negociaron un trato más favorable para Blowin’ in the Wind? ¿Será esa la clave que explicaría su actuación en Roma ante Juan Pablo II? Y hablando del Papa polaco, ¿ofrecería igual trato de royalties para autores del siglo XXI? ¿tendrá un estatus distinto el argentino Diego Torres o debe considerarse pagado por la difusión mundial de Color esperanza? No seguiré haciendo preguntas, pues las respuestas, amigos míos, están en el viento.