¡Qué bonita Forrest Gump!

Domingo, 31 de julio de 2011.-
Por fin he visto Forrest Gump. Aunque tarde, he podido subsanar esa imperdonable laguna cultural por la que tan criticado he sido. La peli, bonica; la música, espectacular. ¿Saben lo que hice en cuanto terminaron los títulos de crédito? Echar a correr… sin razón ni objetivo alguno, simplemente porque sí, tal como nos enseña el héroe de la historia. Curiosamente me frenaba un poco el viento de cara, justo como le ocurría a este señor de barba.

Lo que me resulta más admirable de estas superproducciones de Hollywood es que todo encaja al milímetro, los tíos trabajan como relojeros suizos. No es fácil encontrar un anacronismo, nada de objetos o ropas que no correspondan con cada momento historico, ningún acontecimiento fuera de su orden cronológico. Y la música, que es lo que a mí más me motiva, suena siempre con total precisión: que en 1956 el chico va con su madre por la calle… salen en las teles de un escaparate los contoneos escandalosos de Elvis en 1956; que dos años después los matones del cole apedrean al chico… sale un instrumental de Duane Eddy de 1958; que al tío le crece la barba de tanto correr… ponen la de correr contra el viento de Bob Seger, el roquero más barbudo de los 70. Pues resulta que Seger también tuvo una novia llamada Jenny, y encima Against The Wind está publicada en el cambio de década, justo en esos años en los que el bueno de Forrest Gump se desplazaba de costa a costa corriendo sin parar.

Bob Seger & The Silver Bullet Band - Against The Wind Against The Wind (1980)

Me gusta esa parte en la que ponen canciones de correr. Además de la mencionada de Bob Seger & The Silver Bullet Band, que encaja en la peli como un guante, van enlazando Running On Empty de Jackson Browne, It Keeps You Runnin’ de los Doobie Brothers, On The Road Again de Willie Nelson y Go Your Own Way de Fleetwood Mac… Menos mal que no cayeron en la tentación de Born To Run… ¡habría sido demasiado facilón!

Por lo demás, la película es muy emotiva y la narración no da tregua en ningún momento, aunque se mueve siempre en ese límite de lo sensiblero que puede llegar a convertir una historia en odiosa. Personalmente lo di casi todo por perdido en el primer minuto de metraje cuando comienza a sonar esa lacrimógena banda sonora de Alan Silvestri mientras la cámara sigue el vuelo de una pluma de ave sobre las calles de una ciudad sureña. No daba crédito… ¿de verdad pretendían hacernos llorar solo por ver una puñetera pluma a la que se lleva el viento? Y justo después, un bobalicón que está sentado en un banco empieza a contar su vida. No empezaba nada bien la cosa, pero justo cuando iba a tirar la toalla empiezan a enlazarse los flashback y la historia empieza a animarse. Para cuando te están contando que en EEUU un simplón como Forrest puede ir a la Universidad y graduarse solo por ser buen deportista, la película ya te ha enganchado definitivamente. Brillante idea esa de revisar el Siglo XX desde la óptica de un tío con cociente intelectual borderline.

Lennon y Gump¿Alguien sabe quién es ese chico desconocido de gafas
que está sentado al lado de Forrest Gump?

Y vuelvo a mi monotema rocanrolero. Qué envidia da comprobar que en los USA consideran el rocanrol como un producto cultural de primera categoría. Y cómo lo miman, qué protagonismo le dan y menudo partido le sacan. Cada canción suena exactamente donde tiene que sonar, ya sea para evocar una época o para ambientar una situación. En cambio, aquí estamos demasiado acostumbrados al despropósito Made in Spain. Los señores del audiovisual hispano pasan tanto del rocanrol que llamaron La chica de ayer a una serie ambientada diez años antes de que se publicara esa canción de Nacha Pop. Por no hablar de cuando el hippie que apareció en Cuéntame se puso a cantar Let It Be por las calles de San Genaro un año antes de que saliera el disco. ¡Realmente ese chico inglés manejaba información beatle privilegiada!

En cualquier peli yanqui pasa justo al revés, se nota que los cineastas han mamado rock y lo siguen llevando en el corazón. Por ejemplo, el paleto Gump atraviesa la noche neoyorkina y se escucha Everybody’s Talkin’ de Harry Nilson, pues así quedó establecido desde hace años en Cowboy de medianoche. Y luego está toda la música hippie, la del verano del amor en la costa oeste y las de las protestas pacifistas en la costa este. Flores en el pelo en San Francisco y Aquarius en Central Park. Y por supuesto, las canciones de la Guerra del Vietnam, que son un género en sí mismo en el que el cine y el rock llevan años retroalimentándose. Aparte de las típicas de la Creedence y de los Doors que salen en todas las películas sobre los charlies, me han sorprendido algunas que no conocía, como Let’s Get Together de The Youngbloods y Joy To The World de Three Dog Night. Pero sobre todo el Volunteers de Jefferson Airplane. Me alegra saber que estos abanderados del hippismo tenían repertorio más allá de Somebody To Love y White Rabbit.

Bueno, y ahora que al fin he visto Forrest Gump puedo tachar una película de la lista de 50 ó 60 imprescindibles que por pura desidia nunca me tomé la molestia de ver. Suelo tener en el número 1 a ET, pero en el último momento siempre aparece otra que la desbanca de la primera posición. Reconozco que en estos días va creciendo por momentos mi interés por Karate Kid. Últimamente hasta sueño con la escena de la grulla.

 

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Los tres discos de Thin Lizzy en sus inicios como trío

Martes, 4 de enero de 2011.-
Conocemos a Thin Lizzy como uno de los principales grupos de la explosión del heavy británico de finales de los 70 y principios de los 80. Dejaron una canción memorable (The Boys Are Back Town) y un tremendo repertorio que resiste bien el paso del tiempo, sobre todo porque su sonido es fácilmente identificable pese a que militaran en un género tan rígido como es el del metal pesado. Alcanzaron el éxito como cuarteto poniendo en primer plano dos guitarras solistas… como el sonido del bajo era tan poderoso ni les hacía falta guitarra rítmica.

No tan célebre pero quizá más interesante es su etapa inicial como hard rock trio, aportando un toque muy personal a la receta inventada por Cream y la Jimi Hendrix Experience.

Esto ocurría al comenzar la década de los 70. Eran Phil Lynott, Brian Downey y Eric Bell, tres muchachotes de Dublín que se habían mudado a Londres con la sana intención de comerse el mundo. Para empezar no les fue mal: firmaron un primer contrato con Decca, el sello que despreció a los Beatles y luego fichó a los Stones, publicando con ellos un disco por año entre 1971 y 1973. Conocía esas canciones más mal que bien a través de esos típicos recopilatorios cutres con los que Decca acostumbraba a devaluar su catálogo, pero desde que se inventaron los CD’s remasterizados repletos de bonus track la cosa ha mejorado bastante. Al fin he podido oír como dios manda esos tres discos y cuánto más los escucho, más alucinantes me parecen.

Thin Lizzy (1971)Thin Lizzy (1971)

El primer álbum se llama como el grupo, Thin Lizzy. Abundan las partes acústicas y los arreglos de cuerda, siendo muy evidentes las referencias a Irlanda y a Van Morrison, máximo gurú nacional. Se nota que Phil Lynott tenía cosas que decir y qué mejor que tomar como modelo a Van The Man. El CD añade como bonus varias canciones perdidas en singles y EP’s de esos primeros 70. En definitiva, un debut muy tranquilito, aunque el ramalazo roquero también se deja sentir en temas como Ray-Gun o Look What The Wind Blew In. Aquí está esta última en una toma grabada a pelo en el estudio.

Los rasgos diferenciales quedan en evidencia desde el principio: el líder absoluto es Phil Lynott, que para ser aspirante a rock star acumulaba rarezas tales como tocar el bajo, tener la piel oscura y una voz grave muy particular. Está claro que se fijó en Van Morrison sólo como escritor de rock, porque en la forma de cantar no tenía nada que ver. No podía pretender parecerse al gran vocalista blanco de soul, más que nada porque Lynott era mulato, de padre brasileño. Creo que para cantar intentó acercarse a Hendrix, por afinidad de raza y actitud roquera. Tampoco se dejó influenciar por gritadores como Gillan o Plant y marcó esas distancias incluso en los momentos más intensos del auge del heavy rock, lo cual fue siempre de agradecer.

Thin Lizzy - Shades Of A Blue OrphanageShades Of A Blue Orphanage (1972)

El segundo disco sigue alternando intensidad eléctrica con remansos de paz, aunque ya aparecen grandes canciones como Buffalo Gal o la primera versión de Sarah. El título y la portada define bien sus ambientes: sombras en tonos azules, tristes orfanatos, huérfanos irlandeses. Para los bonus track quedan joyas aparecidas en single como Sarah versión 2, Randolph’s Tango o la celebérrima Whiskey In The Jar. Aires de Sudamérica e Irlanda, que se sigan notando los orígenes. Personalmente tengo debilidad por Call The Police, uno de esos fraseos machacones tan característicos de Thin Lizzy que vuelven y vuelven como queriendo cerrar un círculo.

El tercero, el que cierra su etapa en Decca, es Vagabonds Of The Western World. Fue un álbum de 8 canciones que no tenía desperdicio: Slow Blues, A Song For While I’m Away, The Hero And The Madman, Little Girl In Bloom, Mama Nature Said, Gonna Creep Up On You y, por encima de todas, la grandísima The Rocker, la que puse para empezar este texto. No conforme con esto, me he agenciado una Deluxe Edition con 10 extras entre caras B de single, versiones remezcladas y ediciones promocionales para la radio. Y no sólo eso, además trae un segundo CD con tomas en directo grabadas en diversos programas de la BBC Radio 1. Estoy en ello, pero necesito tiempo para digerirlo con todo el deleite que se merece.

Thin Lizzy - Vagabonds Deluxe Edition Vagabonds Of The Western World
(1973, Deluxe Edition 2007)

EPÍLOGO POST-DECCA: La etapa inicial de Thin Lizzy quedó definitivamente cerrada con la marcha de su rubio y barbudo guitarrista, Eric Bell. Dicen que no asumió nada bien el éxito sobrevenido de Whiskey In The Jar. La vieja historia, la misma excusa que puso Eric Clapton para dejar colgados a los Yardbirds. Lynott y el batería Downey trataron de recomponer el trío con otro superguitarrista paisano de ellos, Gary Moore, pero éste solo aguantó unos pocos meses de 1974 y no se quedó lo suficiente para grabar el nuevo disco. Ya con el nuevo contrato firmado con Vertigo, y dispuestos a dar la batalla en los frentes más duros del metal, la opción fue transformar Thin Lizzy en cuarteto con dos de los guitarristas más rápidos de las islas: Brian Robertson y Scott Gorham. Sus duelos de pistoleros exhibicionistas punteando a la vez dejaron huella, así que los los guitarras que vinieron después no tuvieron más remedio que imitarlos: el propio Gary Moore, Snowy White, John Sykes

ZZ Top, blues rock de barba creciente

Miércoles, 25 de noviembre de 2009.-
Hay que reconocer que a medida que pasa el tiempo la estética de los 70 es cuanto menos discutible, y el rock con barba es uno de sus fenómenos más curiosos. Hoy día sería impensable, pero entonces abundaban los barbudos como Bob Seger y Dr. John. La de Leon Russell tampoco estaba nada mal, y Joe Cocker también acabó por dejársela para siempre. A lo largo de la década hubo cientos de barbas ocasionales, algunas más bien lampiñas como las de Bob Dylan y Bruce Springsteen. Los cuatro Beatles se la dejaron poco antes de separarse, y en grupos como The Band llegaron a juntarse en escena cinco barbas a la vez… pero lo de ZZ Top merece comentario aparte.

Esta canción los lanzó al estrellato, pero entonces estos Tres Hombres de Texas lucían un anodino aspecto de paletos sureños. En algún momento a principios de los 70, Billy Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard, decidieron no volver a afeitarse nunca más y hacer de las barbas su seña de indentidad. El único que se rajó fue el batería, que se apellidaba precisamente Barba, pero claro, imagino que aporrear los tambores con medio metro de pelo colgando de la cara no debe de ser nada cómodo, así que se dejó solo bigote. Esta es la cronología de los hechos.

ZZ Top principios de los 70
Se ve que la idea se le ocurrió al bajista Dusty Hill...
Billy Gibbons tenía cara de pringadillo

ZZ Top mediados de los 70
Billy sintió envidia y se propuso ser un clon
de su compañero de escenario

ZZ Top finales de los 70
Las barbas fueron creciendo e incluso se vistieron
de respetables señoritos tejanos

ZZ Top en los 80
En la era del videoclip se hicieron modernos, plancharon sus barbas y aparecieron piernas por todas partes

En realidad esta imagen impactante de los Zeta es explotada comercialmente a partir de los 80, mientras que en los 70 casi ni tenían imagen: siempre aparecían muy alejados en las portadas y se centraban exclusivamente en facturar con seriedad su característico blues-rock de raíz tejana. El éxito masivo les llega en 1973 con el disco Tres Hombres gracias al reconocible riff de La Grange y a que su contundente sonido de trío está ya totalmente perfilado, como en esta Jesus Just Left Chicago.

Esta es una versión ya del cambio a la década de los 80 . Sirve para hacerse una idea. Su sonido en directo de años atrás se puede escuchar en el Tres Hombres reeditado en 2006, que añadía tres canciones de un concierto de la época, las dos mencionadas más Waiting For The Bus. Eran realmente poderosos en directo, como demostraron también en su siguiente trabajo, Fandango! (1975), que incluía una Cara A en directo, un bloque totalmente arrollador hasta que tocaba dar la vuelta al vinilo. Por cierto, qué pena que abandonaran la costumbre de titular sus discos en español: Tejas, Degüello, El Loco… eran tan puristas que escribían Texas con jota y Degüello con esa diéresis que hoy día es ya casi desconocida en nuestros institutos.

ZZ Top - Tres HombresTres Hombres (1973)

Joe Cocker y su asombroso momento Woodstock

Viernes, 20 de noviembre de 2009.-
Estaba tan intrigado por la colaboración entre Joe Cocker y Leon Russell en 1970 que me pillé una reedición del legendario directo Mad Dogs & Englishmen, es decir, dos ingleses (Cocker y Chris Stainton) que se juntaron con una panda de americanos rabiosos en una especie de gira circense. Alimentados por todo tipo de excesos hippies y alcohólicos, en este disco tenemos a Joe Cocker y sus amigos en estado de gracia.

Joe Cocker - Mad Dogs & EnglishmenMad Dogs & Englishmen (1970)

Joe Cocker era un británico de Sheffield que había grabado un par de discos con su grupo The Grease Band. Esa voz rota tuvo cierta repercusión en los USA, así que fueron invitados a participar en Woodstock. Eso es estar en el sitio adecuado en el momento justo. La actuación que allí dieron fue memorable, y todo el mundo flipó con ese tío raro que fingía tocar una guitarra invisible. Se podría decir que fue Joe Cocker quien inventó el air guitar, pero él asegura que estaba borracho y que no recuerda nada. Vamos, que sabe que estuvo allí porque vio la película.

Tan luminosa actuación sirvió para abrir la jornada dominical, tercera y última del evento. Fueron cinco o seis canciones: Let’s Go Stoned, Something’s Coming On, Delta Lady de Leon Russell… y para terminar su celebérrima versión de los Beatles. Quizá por culpa de los delirantes coros en falsete de sus dos guitarristas, el cielo empezó a oscurecerse. Cocker salió de allí como un señor tras desgañitarse con su canto a la amistad, y al poco empezaron los rayos y los truenos. El siguiente en actuar, Country Joe & The Fish, se hartó de gritar “No rain, no rain, no rain”, pero la tormenta fue brutal y el escenario casi salió volando…

Joe Cocker estaba exhausto, pero el éxito fue tal que se vio obligado a improvisar una gira por EEUU. El grupo estaba prácticamente disuelto y solo su guitarrista y amigo Chris Stainton se mantuvo a su lado, así que decidió confiar a Leon Russell la tarea de reclutar músicos… ¡y el muy bestia contrató a más de veinte! El resultado quedó reflejado en uno de los mejores discos en directo de la historia, el mencionado Mad Dogs. Es maravilloso, sí, pero solo gracias a que se grabó en la primera semana de gira, porque enseguida las relaciones personales se fueron deteriorando gravemente. Los conciertos empezaron a no salir tan bien, hasta culminar en un caos tan monumental que Cocker acabó deprimido y alcoholizado. Pero de eso y de la increíble película que capturó todo aquello será mejor que hable con más detenimiento en otra ocasión.

Leon Russell y Joe CockerLeon Russell sacó tanto de quicio a Joe Cocker
que casi se lo carga

Descubrí a Leon Russell gracias a House

Jueves, 19 de noviembre de 2009.-
Si alguien se las da de experto en rock de los 70 se expone a sufrir terribles humillaciones. De vez en cuando una imperdonable laguna puede poner en evidencia su ignorancia, así que asumámoslo… es imposible estar al tanto de todo.

A mí me pasó viendo House. Además de ser un cabronazo, el médico cojo tiene formación musical y es un exquisito degustador de rock, o sea, como el propio Hugh Lurie. La serie está plagada de referencias roqueras sabiamente dosificadas. Por ejemplo, no permite que nadie le moleste cuando simula estar tocando su canción favorita: Baba O’Riley, de los Who. Otras veces se relaja en su casa punteando blues en su eléctrica, y en cierta ocasión acertó con un diagnóstico cuando le vino a la mente el Cat Scratch Fever, de Ted Nugent. Pero mi momento musical favorito es cuando el doctorcito pone a prueba con un duelo pianístico a un concertista que acababa de sufrir un ataque.

En este capítulo se podía ver a otro músico famoso, Dave Matthews, interpretando al pianista medio lelo que clava la intro de la canción de Boomtown Rats. Siempre abundan en la serie las alusiones al rock incrustadas en la trama, pero aparte cada episodio suele acabar con un epílogo musical enfatizando alguna situación peculiar que sufren los protagonistas. Quien quiera que elija esas canciones debe de saber mucho, pues nunca deja indiferente. Una vez me emocionó tanto que no paré hasta descubrir qué canción era. Creo que hacía poco ya la había oído en el programa de radio de Little Steven, pero claro, como lo presenta en inglés de New Jersey no pillé bien el dato. Era una voz rota y algo desquiciada. La forma de cantar recuerda algo a Joe Cocker, pero no, el timbre era más agudo y chillón. Tras rastrear en las webs especializadas en la serie, la investigación me condujo a la maravillosa Stranger In A Strange Land y a un tal Leon Russell, un señor de Oklahoma que extrae música de cualquier instrumento que se le ponga por delante.

Rápidamente pillé un recopilatorio en el que viniera la canción. No tiene desperdicio, imagino que ahí está lo mejor del repertorio de un gran músico con una larguísima carrera.

Leon Russell - RetrospectiveRetrospective (1997)

Leon Russell ha colaborado en grabaciones de todos los grandes: Eric Clapton (también estuvo en Delaney & Bonnie & Friends), Byrds, Rolling Stones, Dave Mason, Bob Dylan, The Band, J.J. Cale (otro paisano de Tulsa), George Harrison, Ringo Starr, Jerry Lee Lewis, Willie Nelson… Después averigüé su conexión con Joe Cocker, pero de eso hablaré mañana. Les dejo con Leon Russell en un ensayo de Delta Lady, la canción que Joe llevó al éxito.