Formas de librarse de la mili en tiempos de Charly García

Martes, 24 de marzo de 2015.-
Hay individuos que cuando escuchan una buena historia no dudan en apropiarse de ella para contarla en primera persona en cuanto tienen oportunidad. Doy fe de ello, pues he sufrido algunos casos notorios de suplantación de historias ajenas. Una vez me fue fácil descubrir el fraude, pues la anécdota robada era mía; en cambio, la trola que voy a contar a continuación me la colaron al cien por cien y tardé años en descubrir la prueba que lo delató. Antes de empezar con mi batallita personal pondré de fondo esta música que al final tendrá una conexión inesperada con el relato.

Lo que suena es el primer éxito compuesto por un tal Charly García, el que sería primer single de un LP de debut que todo enterito se convirtió en una especie de fenómeno generacional. Parece ser que la escribió tras superar una experiencia traumática en el servicio militar en la que estuvo a punto de irse al otro barrio. Se le advertía tanto potencial a esa Canción para mi muerte, así se llamaba el hit, que el mánager consiguió que actuaran en el Buenos Aires Rock de ese mismo año 1972 cuando todavía ni se les conocía ni habían publicado el disco. En realidad el rodaje tuvo truco, pues tocaron de tapadillo casi sin público y luego insertaron los planos de la gente en plan Woodstock argentino para la película Rock hasta que se ponga el sol.

Sí que fueron tiernos sus comienzos, ¿verdad? Viéndolos en ese escenario con la inseguridad del principante nadie podría imaginar lo que Charly llegaría a significar después. En Sui Generis, el dúo con el que se dio a conocer, él y Nito Mestre parecían mellizos, los dos tan flaquitos, tan jóvenes, con el pelo tan largo…

Nito Mestre y Charly García
Nito y Charly, tan jóvenes, tan flacos

No me extraña que tuvieran alergia a los militares, pues se les veía tremendamente hippies tanto en el aspecto como en su estilo musical. Esas guitarras acústicas, esos teclados y esas armonías vocales supongo que se mirarían en modelos como Simon & Garfunkel, Crosby & Nash o Stills & Young. Con tristeza he de decir que en España lo más parecido que hubo fue un dúo blandengue que casi prefiero ni mencionar. Estos se orientaron exclusivamente a niñas, pues su monotema era el amor adolescente, en cambio Nito y Charly lo mismo podían gustar a chicas que a chicos ya que cantaban indistintamente a la paz y al amor, a la vida y a la muerte. Incluso podían tener fans de más de veinte años. Lo pude comprobar en una peli argentina titulada Nueces para el amor. La pareja protagonista coincide en el tren huyendo de un concierto de Sui Generis que finalizó con una tremenda carga policial. El ambiente de revuelta juvenil propicia el enamoramiento y semejante cúmulo de emociones acaba convirtiendo Canción para mi muerte en banda sonora de todo lo que va sucediendo después a esos personajes.

Sui Generis - Vida
Vida (1972)

Hace también mucho tiempo, aunque un poco menos que de lo del párrafo anterior, conseguí mi primer empleo serio en una revista. Allí había un maquetador argentino que contaba unas historias alucinantes. Todos los redactorcitos novatos las escuchábamos embobados, en especial una sobre lo que tuvo que hacer para librarse del servicio militar obligatorio en la época de los terribles milicos. Nos explicó que un amigo suyo estuvo sin cambiarse de calcetines desde varios meses antes de su fecha de incorporación y consiguió que le tiraran el examen médico por pies fétidos. Qué triste, se libró de la mili y de ir a las Malvinas, pero se quedó con la peste para toda la vida. Nuestro compañero, en cambio, optó por fingirse oligofrénico. Según él, se mantuvo días sin articular palabra inteligible y dejando escapar la baba de su boca, táctica que ya había entrenado previamente en casa aleccionado por su propia familia. Una vez, estando en formación, empezó a llover y después de un rato el sargento dio la orden de romper filas. Todos los soldados salieron corriendo menos él, que se quedó solo en el patio aguantando la lluvia y empapándose durante horas completamente inmóvil. No tuvieron más remedio que certificar su locura y dejarle marchar. También nos hablaba mucho sobre rock argentino, aunque en eso no le hacíamos el menor caso.

Años después, aunque por otros caminos, sí que descubrí el rock argentino. Empecé por Pescado Rabioso y me atrapó de tal manera que ya no pude parar. El disco que rompió todos mis esquemas fue Artaud. Qué manera tan natural de combinar rock con poesía. Increíblemente no resultaba pretencioso, jamás había escuchado nada igual en nuestro idioma.

Tenía que ponerlo una y otra vez, pues detrás de ese disco se intuía a un tipo absolutamente genial. No tuve más remedio que ponerme como loco a investigar sobre el maestro Spinetta y me fui encontrando con soberbios grupos como Almendra e Invisible, y luego otros como Color Humano, Aquelarre, Vox Dei, Manal,… ¡todos buenísimos y bastante más avanzados que sus equivalentes españoles! Tarde o temprado tendría que hincar el diente a Charly García. Temía quedar defraudado, pues suponía que su talento era solo apto para consumo local e incomprensible a este lado del charco. Algo de eso había, y además su ascenso a los altares del rock se produjo sobre todo en su etapa solista de los 80, con abuso de sintetizadores y Raros peinados nuevos. Insistí, retrocedí en el tiempo, me enganché a todos sus grupos anteriores y terminé cogiendo el gusto al García completo: a Serú Girán por su intensidad, a La máquina de hacer pájaros por su locura y a Sui Géneris por su sensibilidad. Con cada uno de esos grupos añadía un peldaño en su impetuosa carrera de rock star, pero hay que decir que incluso en Sui Géneris el tono de inocencia postadolescente no fue más allá del primer LP. Para disgusto de Nito, pronto las ambiciones de Charly como músico empezaron a desbordarse hacia lo sinfónico. El segundo disco ya muestra esa evolución y en el tercero se descuelga con un complicadísimo planteamiento conceptual.

Sui Generis - Pequeñas anécdotas sobre las instituciones
Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974)

La idea de Instituciones era que cada canción ridiculizara a uno de los estamentos que controlaban la sociedad, lo cual no gustó mucho a los censores. Sólo pasaron el corte las letras más raras que casi no se entendían, mientras que las dos más explicitas se tuvieron que quedar fuera. Las dos canciones vetadas, Juan Represión y Botas locas, tuvieron que esperar años hasta ser publicadas, aunque sí que circularon ampliamente en directos y grabaciones piratas. El caso es que cuando escuché Botas locas algunos de sus versos me resultaron vagamente familiares.

Así que Charly García reconoce aquí que se hizo el loco para que le echaran del ejército. Eso me sonaba. Siguiendo la pista, leí varias notas biográficas en las que se contaban las historias más disparatadas sobre cómo Charly consiguió que el psiquiatra castrense le diagnosticara trastorno bipolar con personalidad esquizoide. Algunas hablan de ataques verbales contra sus superiores y la más extrema llega a afirmar que sacó un cadáver del depósito y lo paseó en silla de ruedas por todo el cuartel. No sé cuál será la buena, pero todas ellas me remiten de una forma u otra a las aventuras que nos contó aquel compañero argentino. No sé qué pensar, puede que fuera todo inventado o quizá contuviera alguna porción de realidad; sí les digo que desde entonces me quedó la impresión de que nuestro amigo nos contó la mili de Charly García con él como protagonista. En cualquier caso, pueden hacer la prueba: piensen en alguna vieja anécdota personal y alíñenla con un chorreoncito de Charly, sin abusar para que no se note mucho. Verán cómo les queda mucho más mítica.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Intro Rock Argentino”, que fue publicado originalmente el miércoles 1 de junio de 2011.

Estadísticas 2014, cosas que sucedieron el año pasado en A70

Sábado, 10 de enero de 2015.-
Al igual que el año pasado, aprovecho el informe anual que nos remite desde Texas nuestro estimado patrón el señor WordPress para hacer algunas consideraciones sobre la trayectoria de Atascado en los 70 a lo largo del año 2014.

Como es costumbre desde que empezó, A70 ha tenido sus altibajos en el año que ha terminado. Tras momentos de notable actividad publicadora llegaron rachas de sequía en la que pasaba mes y pico sin que saliera nada nuevo. He aquí algunos números:

A70 fue visto 13.271 veces en 2014, lo que aproximaría la media a unas 40 visitas diarias

El día más ajetreado del año fue el 5 de septiembre con 252 visitas

Se publicaron 24 artículos nuevos, así que 2014 aumentó el volumen del archivo completo del blog hasta los 154 artículos

En diciembre, junio, abril y enero salieron 3 artículos, la mayoría de meses se publicaron 2, uno solo en septiembre y noviembre… mientras octubre se quedó entre medias totalmente en blanco

En fin, que la cosa quedó compensada por algunos nombres propios que concitaron el interés de lectores habituales y algunos visitantes nuevos que se incorporaron. A saber: Kunkeiro69, Jorge Ilegal, Charly García, Mariscal, Molina, las reapariciones de Paco Pérez Bryan y Gonzalo García Pelayo, el muy añorado Pub El Buscón y como siempre, Ramoncín, aunque esta vez a propósito del relato de Carlos Michelini. Todos ellos están presentes en el ránking de este año.

Informe completo

De mitad para abajo de la lista también salen nombres que vinieron al caso por algún asunto de actualidad, como M-Clan, Lapido o Quique González, pero son los menos, pues casi siempre en A70 los temas van entrando sin venir a cuento. Da un poco igual cuando se trata de gente como Ronnie Lane, Coverdale, Josele Santiago o Marc Parrot, pues sus admiradores más fieles acaban entrando a mirar.

En todo caso, que quede constancia de que el mayor número de visitas se lo llevó Kunkeiro, el tipo gallego a quien youtube le cerró un canal que contenía 25.000 vídeos de rock español. La gente andaba como loca buscándole y algunos le encontraron aquí. Abrió un nuevo canal y se lo volvieron a cerrar porque los amos del copyright siguieron “notificando infracciones”. Mucho se ha perdido, menos mal que otros como Manu Guinarte siguen en la brecha subiendo vídeos como este.

Por lo que veo Manu se cuida mucho de subir audios ni portadas originales para que nadie se enfade. Se ve que la clave consiste en poner vídeos cuya calidad de imagen y sonido sea media-baja, de forma que tengan valor documental pero no lo suficiente como para molestar a los dueños de los derechos. Ten cuidado, Manu, por el bien de todos. Ya nos encargaremos los demás de poner las portadas en nuestros blogs.

Siniestro Total - Me gusta como andas
Me gusta cómo andas (1988)

Y termino comentándoles algunas curiosidades. A veces uno hace autobúsquedas para comprobar qué tal se posicionan sus propias cosas… pues sepan que si ustedes buscan el nombre de este blog tal cual, sin comillas ni nada, los motores de búsqueda les conducirán a una noticia de El Norte de Castilla titulada así: “Un tenedor de 10 centímetros atascado en el pene de un hombre de 70 años”, que termina de encontrar la coincidencia en negrita en su frase final “algunos ejemplos de objetos atascados en los genitales que enumeran los doctores son cables, llaves, plantas, pegamento e, incluso, serpientes”. Se trata de una noticia del verano de 2013, pero ahí sigue, intemporal. Es para nosotros un honor compartir palabras clave con esta historia convertida a día de hoy en un clásico.

Por otra parte, una página que se dedica a las mediciones en la red arroja una serie de datos un tanto absurdos. Veamos: Atascado en los 70 ocupa el puesto 735.424 en el ránking español, con un valor estimado que supera por poco los 500 euros, en concreto hay que añadir 6 euros y 15 céntimos al billete morado. Quién los pillara si fuera cierto. En cuanto a la clasificación mundial, ahí estamos en un muy meritorio 20.020.746 lugar. Pero no queda ahí la cosa, porque según la media de tráfico registrado en los últimos 90 días ascenderíamos al puesto 16.824.156, lo que supone una mejora de casi 4 millones y medio de posiciones. Es un dato que, visto así, nos llena de alegría y nos anima a seguir adelante. Ahí les dejo el enlace, aunque igual si lo pinchan dentro de unos meses la cosa puede haber variado millón arriba millón abajo.

Nada más. Que nos vaya a todos muy bien en este nuevo año.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Atascado en 2013”, que fue publicado originalmente el miércoles 22 de enero de 2014.

Cuando Charly se paseó por Madrid en plan Keith Richards

Jueves, 20 de marzo de 2014.-
Hace tiempo escribí sobre la primera incursión de Charly García en España y coloqué en el título la palabra “fracaso”. Algunos lectores argentinos se pusieron en guardia imaginando ofensas intolerables y, aunque no las encontraron, no pudieron evitar sentirse incómodos e incluso algunos enviaron comentarios muy sentidos. Puntualizo: el “no éxito” de Charly en España no fue culpa suya ni tampoco de ninguna clase de prejuicio del público español hacia lo argentino. Más bien habría que atribuirlo a nuestra escasa cultura roquera y a que nuestra industria musical jamás se ocupó de promoverla. Aquí la minoría rocanrolera siempre tuvo cierta envidia por la posición que ocupa el rock en Argentina, mucho más relevante allá que acá, de forma que todo lo argentino suele ser bien valorado por los buenos degustadores. Prueba de ello es la expectación que despertó la visita de Charly en 2004, en contraste con la indiferencia de 1986.

Fue el 16 de julio en el patio del Cuartel de Conde Duque, un coqueto escenario de mediano aforo donde se suele programar buena música para hacer más llevaderos los veranos de la villa. Cómo no, el recinto estaba mayoritariamente repleto de argentinos residentes en Madrid, más algún que otro intruso entre los que me encontraba. “No soy famoso en España, ¿y qué?”, decía Charly. El vídeo de arriba pertenece a un concierto en Obras Sanitarias de justo antes de venir a Europa, más o menos lo mismo: una especie de grandes éxitos acompañado por tres chilenos a los instrumentos de rock y tres argentinos a los instrumentos de cuerda, pero ante una audiencia masiva. En cambio en Conde Duque fuimos unas mil personas las que disfrutamos del privilegio de tenerlo cerca y, después de esperar tantos años, fue una suerte escuchar una canción de cada uno de sus antiguos grupos, Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. Esos clásicos más los de su carrera en solitario se alternaron con repertorio extraído de Influencia y Rock and Roll Yo, dos discos de entonces en los que conseguía ser genial disparatando con versiones de Todd Rundgren y los Byrds. Su compañía los publicó a la vez en España, cosa que no hacía precisamente desde Clics modernos… casi veinte años de invisibilidad discográfica, ya les vale.

Charly García - InfluenciaInfluencia (2002)

Empezó a tocar antes de la hora, lo nunca visto en mi ciudad, y cuando al fin pude asomarme al patio de Conde Duque estaba casi terminando Cerca de la revolución, la primera canción. Me encontraba tan alterado por la posibilidad de ver un concierto de Charly García que había comprado una entrada de más pensando en un amigo, y a la hora de la verdad el amigo no estaba… verano en Madrid, ya saben. Tuve que hacer guardia ante la taquilla para vender la entrada que me sobraba. Una pesadilla, nadie quería una entrada, nadie va solo a un concierto y menos a un personaje tan inusual como Charly. Lo conseguí justo a tiempo de ver acabar la primera canción y justo entonces comenzó el diluvio. Me acordé de Keith Richards. El chico malo de los Stones dio gracias al creador por los efectos especiales del 7 de julio del 82, los rayos y los truenos que adornaron el Under My Thumb con el que iniciaba su show en el Vicente Calderón. Para no ser menos que ellos, el concierto de Charly García también empezó remojado por una tormenta de verano madrileña. En la página de un fotógrafo que estuvo allí pueden ver el aspecto imponente con el que aguantó el chaparrón: traje de pintura roja, foulard de lentejuelas y alpargatas blancas. Y para colmo, apenas unos minutos antes, el divo acababa de presentarse a la cita en una limusina blanca, otro detalle de rock star más propio de Richards que de un roquero de habla hispana.

Charly García - Rock And Roll YoRock And Roll Yo (2003)

No seguiré con los paralelismos por no dejar en mal lugar a Keith Richards, cuya pose de tipo duro no resiste la comparación cuando se le opone un duro de verdad, como es el caso. Aquel Charly que vimos en Madrid en julio de 2004, según decían los entendidos, no era el mejor Charly posible. Su deterioro físico era incluso superior al del Richards más demacrado, dato alarmante teniendo en cuenta que el argentino es casi diez años más joven. Su voz envejecida, sus dedos deformes y su delgadez enfermiza anticipaban el descenso a los abismos psiquiátricos en los que caería solo unos años después. Una vez superado su periodo clínico, hoy se le ve más gordo, casi como un viejito normal y corriente, pero su aspecto de entonces sí que daba miedo de verdad.

Charly GarcíaEn el punto álgido del deterioro

Volviendo al concierto, diría que el show rayó a gran altura dadas las circunstancias. En esos años, mientras se resistía al colapso total, Charly consiguió enlazar varios discos fascinantes, como los dos mencionados anteriormente, y ese buen momento artístico a veces se reflejaba en los directos. Como en España llevábamos varios lustros sin verle tocar, se ve que el tío se propuso ser bueno y entregó un bonito concierto. Eso en cuanto a la música, porque en lo que se refiere a la actitud estuvo un pelín antipático… o no, tal vez empleó el habitual tono arisco con que suele obsequiar a sus seguidores. Se notaba que Madrid era para él territorio hostil, y ante la evidencia de que había pocos españoles prefirió atacar a sus compatriotas allí presentes. “Así que ustedes son los que huyeron de la Argentina… qué, ¿les trataron bien acá en España? ¿ganaron mucha plata?”. Unos días después en La Mar de Músicas ofreció más de lo mismo, soltando al público de Cartagena una bordería tras otra sin poder evitarlo. Pese a todo, la gente que es de Charly lo es incondicionalmente y si cae un himno de esos que padres e hijos pueden cantar juntos la grada se viene abajo, lo mismo en Conde Duque que en Quilmes Rock, donde según parece también llovió.

Total, que tras ese Seminare que puso al borde de la lágrima a argentinos de varias generaciones y después de una inexplicable exhibición de malabarismo con las alpargatas que llevaba en chancleta (las lanzaba al aire lo más alto posible intentando que volvieran a aterrizar en su pie), Charly García decidió zanjar el asunto cuando apenas superaba la hora de concierto. Después de hacerse rogar más de la cuenta en una interminable petición de bises, ese “una más y no jodemos más” que suena tan entrañable a oídos españoles, tocó otro par de canciones y se largó dejando la inevitable sensación de coitus interrumptus. Pero el desplante no quedó ahí. Mientras algunos pesados vigilábamos al conductor de la limusina en la puerta principal, los músicos se escabullían en un coche más modesto por una puerta trasera. El chófer puso en marcha la limusina blanca sin pasajeros a bordo y una calle más adelante, ya lejos de los fans, se detuvo para que Charly pudiera cambiar de vehículo. Nos la había vuelto a jugar.

Charly García saluda al personalLa imagen no es de aquella noche, pero podría

¿Y saben lo peor? Que esa noche Charly García ofreció otro concierto improvisado en un conocido local del centro de la ciudad. O sea, la media hora que escatimó a quienes habíamos pagado entrada la regaló más tarde en una fiesta privada. Uno de los presentes al menos tuvo el detalle de grabarlo íntegro para que podamos verlo en youtube.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El fracaso español de Charly García”, que fue publicado originalmente el domingo 12 de junio de 2011.

Carne de canción: despiezando a La Cabra

Viernes, 22 de noviembre de 2013.-
Recuperando el hilo del penúltimo asunto, la polémica sobre Albert Pla se disolvió como un terrón de azúcar en cuanto pasó una semana. Los políticos cancelaron su concierto de Gijón pero mantuvieron el de Cáceres. El Gran Teatro registró medio aforo, eso sí, con gran afluencia de concejales de Izquierda Unida. Se desconoce si ha habido más conciertos, pues Pla desapareció de los medios tan bruscamente como llegó.

¿Y el resto de los chicos de La Pandilla Voladora? Bien, gracias. Canijo de Jerez sigue presentando su primer disco en solitario, lo nuevo de Muchachito estará al caer y Tomasito anuncia su próximo lanzamiento con una promo de medio minuto que pone los pelos de punta… ¿y Lichis? ¿qué pasa con Lichis? Pues dicen que ya tiene perfilado su nuevo repertorio y que, ahora sí, está a punto de ver la luz. Como sus canciones se echan de menos y no tenía ganas de seguir esperando, he estado releyendo su último libro. Esta es la última composición suya conocida, y menuda canción de despedida que se marcó el tío.

En su momento no hice demasiado caso a Carne de canción, el disco póstumo de La Cabra Mecánica. Recuerdo que me pasaron una copia, pero debí de pensar que era un simple recopilatorio y no presté la atención suficiente como para descubrir que era mucho más que eso. Ahora, al cabo de los años, lo descubro y veo que es un valioso ejercicio de relectura de su repertorio, una especie de relato coherente de lo que La Cabra podría haber sido y no fue por culpa de los errores de producción, los vaivenes comerciales y la estupidez congénita de la industria discográfica. Y eso que Lichis grababa para DRO-Warner, que se suponía eran los que más cuidaban el producto nacional.

La Cabra Mecánica - Carne de canciónCarne de canción (2009)

Lichis tenía claro que La Cabra Mecánica era un proyecto agotado. Podría haber zanjado el asunto con el grandes éxitos de turno, pero prefirió echar el cierre con este lujoso estuche en el que se nota que puso todo su cariño. Se podría tomar como una especie de ajuste de cuentas con el que Lichis demostraba a todo el mundo y a sí mismo que La Cabra podía haber dado de sí mucho más de lo que dio. El caso es que Warner Music se la volvió a jugar: puso en las tiendas el bonito pack y lo abandonó a su suerte sin hacerle la más miserable promoción. Poco después las tiendas lo liquidaron a precio de risa, enseguida desapareció y ahora me he tenido que emplear a fondo para encontrar un último ejemplar.

Ha merecido la pena. Para empezar, el libreto incluye información de primera mano sobre las canciones, pues es el propio compositor quien destripa algunos detalles que solo podía saber él. Al contrario que la mayoría de sus colegas, a Lichis no le importa reconocer de dónde saco las ideas para cada canción ni qué influencias musicales utilizó, así que va desplegando sin ningún pudor su amplio abanico de nombres propios: Harrison, Lennon, Cream, Los Lobos, Arístides Moreno, Gato Pérez, Serrat, Charly García, Martirio, Tabletom, Tom Waits, Juan Antonio Canta… casi nada, cada canción de su padre y de su madre.

En cuanto a la música, Carne de canción se puede contemplar como un álbum con fotos de una historia que terminó. Contiene dos canciones nuevas, una inédita y todas las demás son interesantes versiones de su repertorio más conocido, bien por mejorar la original o bien por aportar una visión distinta. Pueden escuchar las nuevas al principio y al final de este texto; como ejemplo de las versiones, aquí tienen un primitivo Mi única riqueza mucho más bonito que el que luego se publicó un par de años después.

Muy coqueto el guiño al Jessica de los Allman Brothers, en cambio ahora escucho la versión incluida en el primer CD del grupo y me suena a vulgar flamenquito, uno de tantos proyectos de hit con arreglos modelo Raimundo Amador. Y en este plan, los archivos de La Cabra descubren muchas más cosas: lo bien que quedan las remezclas de La novia del marinero o La Fábula del hombre lobo con la electricidad bien afilada; lo emocionantes que suenan Palabras de gasolina o El malo de la película un poco más desnudas; lo aprovechable que puede llegar a ser el eclecticismo bien entendido desde una Uña de la rumba pasada por jazz a un Shalala en versión piano bar, pasando por un Pégate un tiro en plan tex-mex. Además, reseñar la entrañable maqueta de La lista de la compra con una anónima María Jiménez de Lavapiés y agradecer las estupendas tomas en estudio de Caramelo y El día de tu boda, de las que solo se conocía su versión en directo.

Y en el fondo, un regusto amargo. Incluso en un ambiente tan rumbero y festivo como ha sido el de La Pandilla Voladora se nota que Lichis va como con el freno echado, con su media sonrisa y sin llegar nunca a desinhibirse al 100%. En cualquier caso ha sido un placer ver a Lichis recuperar esa faceta más cañí de su repertorio que parecía haber enterrado para siempre.

La Pandilla VoladoraEl más serio de La Pandilla

Aunque siempre muy concentrado en su bajo, seguro que Lichis habrá disfrutado de un verano de lo más feliz rodeado de una gente tan divertida. Me alegro mucho por él, espero que haya sido la pausa que necesitaba para tomar impulso y afrontar lo siguiente con más optimismo. Ojalá dé con la tecla y consiga por fin el reconocimiento que merece como autor y como intérprete… no sé, a otros les fue bien transitando por los caminos que iba abriendo La Cabra Mecánica. Unos hermanos de Cornellá se labraron un porvenir expresándose de una manera muy parecida. Y otro imitador asturiano, mucho más chabacano y malhablado que Lichis, cayó en gracia desde el principio y ahora hasta presenta ridículos concursos de nuevos talentos en televisión.

Para Lichis, en cambio, todo eran pegas: que si demasiados tacos para ser objetivo promocional, que si demasiado ruido para entrar en radiofórmulas… y al final tanto trabajo y tanta dedicación para que la disquera fuera publicando álbumes a los que no hacía ni puñetero caso. Y como remate, un estupendo disco a precio prohibitivo destinado a coger polvo en las estanterías de las tiendas porque nadie sabía de qué iba, después liquidado en las siguientes rebajas de enero y finalmente descatalogado para que La Cabra quedara definitivamente muerta y enterrada.

En fin, disfruten del excelente contenido de Carne de canción, si es que son capaces de encontrarlo. Les dejo con la otra canción que se grabó entonces, que en palabras de Lichis va sobre la épica del fracaso glorioso. Dice que se la planteó como un himno anti We Are The Champions… vaya, algo así sólo se le podía ocurrir a un roquero del Atleti. Al menos tiene el puntito optimista de prometer que va a seguir intentándolo una y otra vez.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El fracaso español de Charly García”, que fue publicado originalmente el domingo 12 de junio de 2011.

Por culpa de Spinetta

Miércoles, 15 de febrero de 2012.-
Hace unos meses, en pleno invierno rioplatense (nuestro verano), al maestro Luis Alberto Spinetta le diagnosticaron un cáncer de pulmón. A principios de 2012 fue operado de urgencia a causa de un mal distinto… o quizá asociado a lo mismo, qué mas da. Cumplió 62 años en el hospital y unos días después recibió el alta, aunque en realidad solo le sirvió para marchar a morir a casa, rodeado de los suyos. Parece que lo hubiera demorado a propósito para abandonarnos en pleno verano (nuestro invierno), tal como él mismo predijo en esta canción de 1973.

Dadas las circunstancias, acongoja escuchar cómo Spinetta relata su propia muerte en Cementerio Club. Pertenece a Artaud, ese disco que tantos argentinos citan como uno de los mejores de la historia de su rock. Para mí lo es, pues fue el CD que me sirvió de experiencia iniciática en el rock argento. Me lo regaló Darío en 1998, justo cuando el lanzamiento de la carrera de Andrés Calamaro al margen de Los Rodríguez estaba en su apogeo. Mi amigo estaba empeñado en darme un empujoncito hacia el rock argentino de verdad, pero tardé dos o tres años en hacerle caso. Me daba una pereza enorme, pues de lo poco que hasta entonces había escuchado de Charly García no había conseguido entender prácticamente nada. Si al final pude abrir las orejas fue solo gracias a la escucha casual de Artaud. Vamos, que Spinetta tuvo la culpa de que me volviera incondicional de todo el rock originario de la Argentina, de Pappo, de Manal, de Vox Dei, de Almendra, Pescado e Invisible… hasta de Charly.

Pescado Rabioso - Artaud (1973)

La mutua incomprensión entre el rock hecho en Argentina y en España es una interminable historia llena de misterio, pero lo cierto es que aquí, por lo que sea, se nos indigesta un poco el rock argentino consumido en crudo. Necesitamos que el músico de turno se venga unos meses a vivir entre nosotros. Que nos adule un poco, que se interese por lo taurino, que nos diga lo feliz que está en Madrid y le dedique una bonita canción a la ciudad… entonces sí, ponemos en un altar a Moris, a Calamaro o a quien sea. Está claro que cuando Charly se acercó por España nunca estuvo por la labor, que a él le encanta agredir al público sin importarle si actúa como local o como visitante. Lo de Spinetta fue peor, pues hasta hace bien poco ni siquiera vino.

Charly García y Luis Alberto SpinettaCharly y Spinetta, ilustres desconocidos en la ibérica

Cuando pasado el tiempo me dio por escuchar Artaud, me produjo un efecto demoledor. Me atrapó de tal manera que me entraron ganas de escucharme todo el rock argentino de golpe. Para empezar, reconocí en Spinetta a un artista especial, inclasificable incluso como mito del rock de su país. Aluciné con su voz puntiaguda, sus letras enigmáticas, su enrevesada forma de componer. Quedé fascinado incluso por su apellido, pues no podría haber encontrado un nombre artístico que le cuadrara mejor. Por algo le llamaban El Flaco.

Pero lo que me superó del todo es la canción que pongo justo aquí debajo. Esa letanía hipnótica (“superstisión, rarainaná, lorololó… superstisión, lailorolá, larailalá…”) acabó por despertar mi curiosidad. Tuve que ir a mirar la contraportada… ¡y resulta que no se titulaba Superstición!

En fin, reconozco que lo de la dichosa Superchería fue una manera más bien tonta de introducirme en el Universo Spinetta. Habría quedado mejor decir que me cautivó su sutil aproximación a las claves poéticas de Antonine Artaud, pero no nos engañemos, nunca me atrevería a llegar tan lejos dada mi incultura literaria. Y esa sensación de roquerito de a pie que se reconoce varios peldaños por debajo del artista se ha repetido cada vez que alguno de sus discos ha caído en mis manos. Muchos de ellos me han resultado directamente inaccesibles, pero con Artaud sucedió justo lo contrario. Desde las primeras notas de Todas las hojas son del viento, las letras fluyen y sugieren poderosas imágenes, incluso en las canciones más raras, como la enigmática Por, una sucesión de palabras aparentemente inconexas, o los nueve minutos de la brutal Cantata de puentes amarillos.

Pescado RabiosoAmaya, Lebón y Cutaia se fueron de Pescado
y Spinetta se quedó solo con Artaud

Se me olvidaba mencionar algo importante: Artaud no es un disco de Spinetta, aunque generalmente se considere como tal. En realidad se acreditó como el disco de despedida de Pescado Rabioso cuando el grupo ya no existía. La mayoría de las canciones son predominantemente acústicas, y Luis Alberto se las guisó él solito. Y en las que llevaban algo más de electricidad contó con la ayuda de antiguos compinches de Almendra, como en Las habladurías del mundo o Bajan.

Iba a seguir hablando de lo emocionante que fue verle tocar en España, pero mejor lo dejo para otro día, para no hacerme pesado. Además, casi me vuelvo loco buscando la entrada. No la encuentro, quizá porque no exista. Seguramente nos dieron un papelito cutre de “entrada con consumición”, pero afortunadamente conservo la octavilla de su gira española.

Spinetta gira española 2002

El fracaso español de Charly García

Domingo, 12 de junio de 2011.-
El otro día, de forma inesperada, llegó a mis manos un vinilo de Charly García (mil gracias, Sr. Silga, enorme detalle). El caso es que lo tuve hace años, pero no recuerdo en qué momento lo presté y nunca regresó, así que bienvenido sea este ejemplar. Por ahora no pensaba seguir hablando sobre rock argentino, pero me veo en el compromiso de hacer esta reseña.

Ya conté que durante la Guerra de las Malvinas la junta militar prohibió a las emisoras de radio argentinas programar música cantada en inglés, lo que benefició de rebote a grandes del rock nacional que disfrutaron de una difusión masiva. Charly García acababa de iniciar su carrera como solista, pero no era ni mucho menos un recién llegado. A lo largo de los 70 había evolucionado desde las armonías vocales de Sui Géneris hacia el sinfonismo de La Máquina de Hacer Pájaros, mientras que la entrada a los 80 ya la hizo a bordo de Serú Girán, un supergrupo que alcanzó dimensiones gigantescas. Había expectación por ver qué presentaba Charly bajo su propio nombre. Su debut de 1982, Yendo de la cama al living, y antes la banda sonora de Pubis angelical, colmó todas las expectativas. Para 1983 tenía ya preparada la que aspiraba a ser su obra definitiva.

Clics modernos (1983)

Estando en plenos 80, y más siendo Charly teclista, hubo inevitables experimentos nuevaoleros y ruiditos de sintetizador. En su descarga hay que decir que no se disfrazó demasiado y no hizo el ridículo en exceso. Su principal clic moderno era el bigote bicolor, que era natural. Además, como empezaba a tener aureola de genio, podía permitirse hacer lo que le diera la gana… aunque sólo en Argentina y su área de influencia. Lo digo porque hubo un intento de lanzamiento a lo grande en España que no funcionó. Contaré un par de historias sobre su rotundo fracaso.

Lo de publicar el disco por estos lares fue cosa de WEA, que era nada menos que la nueva apariencia de Warner, Elektra y Atlantic en plan multinacional enorme. Estaban intentando asentar su nuevo logotipo apoyándolo en producto local que tuviera buenas expectativas. Como el heavy patrio estaba en alza, apostaron por Banzai y Ángeles del Infierno, y por otra parte se les ocurrió traerse a España a algunos superventas argentinos, creo recordar que Juan Carlos Baglietto, Celeste Carballo y, claro, Charly García. Se hicieron tiradas muy generosas, demasiado optimistas, pero casi no se vendieron y fueron directas a la zona de saldos. Desde entonces, cientos de Clics Modernos han pasado de mano en mano sin que nadie supiera muy bien quién demonios era ese García.

En aquella época, el patriarca del rock en España era Miguel Rios. El granaíno, por aquello de ser más intérprete que autor, siempre estaba atento a las nuevas ideas y a los talentos emergentes. Así mantenía el pulso a su carrera y, de paso, tanteaba posibles inversiones para que parte del dinero ganado en Rock & Rios redundara en beneficio de la escena rocanrolera. Parece ser que la figura de Charly García le fascinaba bastante, así que decidió copiarlo y versionarlo a discreción. Total, como el original estaba al otro lado del Atlántico, pocos iban a enterarse. Y como en el fondo Miguel es un buen tipo, también quiso echar un cable a su colega argentino facilitándole conciertos en España, y así nacieron los Encuentros de Rock Iberoamericano.

Primer Encuentro de Rock IberoamericanoEn 1986 se produjo este primer encuentro… y último

La idea era romper el bloqueo anglosajón y crear una vía para que los artistas iberoamericanos pudieran conocerse en España. Un plan lleno de buenas intenciones que no llegó a entusiasmar ni a los propios interesados. Ni siquiera sé si hubo conciertos en otros sitios, pero el que se celebró en el Palacio de los Deportes de Madrid (el antiguo) cosechó un considerable vacío de público, eso sí, con Charly García, El Tri y Os Paralamas do Sucesso compartiendo cartel con Rios y Rosendo. O sea, que el mejor Charly tocó en España, pero… ¿alguien lo vio?

La cruda realidad fue que Charly era casi incomprensible para el españolito medio. Sus palabras, giros y formas de expresarse hacían de su castellano un idioma inalcanzable. Las canciones estaban repletas de referencias argentinas que no había manera de pillar. Clics modernos participa del clima de optimismo que generó la victoria de Alfonsín en las primeras elecciones democráticas tras el fin de la dictadura. Era más un sentimiento de alivio que de euforia desatada, pues quedaban muchas heridas imposibles de cicatrizar y había un temor real a que los monstruos del pasado resurgieran. Aquellas momias de las juntas militares aún seguían por allí cerca supervisándolo todo, quizá era pronto para decir las cosas demasiado claras. Charly nunca destacó por su prudencia, así que esta canción suya sobre desaparecidos y dinosaurios se entiende perfectamente.

Aclaro que los vídeos, aunque no muy bien iluminados, pertenecen a las cuatro fechas de presentación de Clics Modernos en Luna Park. Y sí, ese joven teclista que fuma un cigarrillo a la diestra de Charly García es Fito Páez. Otra cosa, me perdí el concierto de 1986 en Madrid, pero sí vi a Charly en Conde Duque casi 20 años después. Fue memorable, prometo contarlo más adelante.

Intro Rock Argentino

Miércoles, 1 de junio de 2011.-
Como tarde o temprano tendré que escribir algo sobre rock argentino me gustaría anticipar un par de pinceladas a modo de introducción, simplemente dos curiosidades que lo diferencian por completo de cómo sucedieron las cosas en España por las mismas fechas. Detalles que tienen que ver con las interferencias de las dictaduras en la vida cotidiana. Vamos allá.

¿HUBO HIPPIES EN ARGENTINA EN 1967?

RESPUESTA: SÍ, justo al contrario que a este lado del sur de Europa. Aquí la dictadura franquista empezaba a flojear, incluso se permitía a las nórdicas tomar el sol en biquini en Benidorm y Torremolinos, pero de ahí a que alguien se atreviera a ponerse flores en el pelo como en San Francisco o a vestir casacas de colores al estilo Sargento Pimienta había un largo trecho. En Argentina, sin embargo, estaban tan ocupados armándose para una guerra civil que nadie dio importancia a que un montón de jóvenes de las ciudades empezaran a dejarse el pelo largo. Es más, esos peludos fueron insignificantes para los dos bandos, casi invisibles. La izquierda revolucionaria los despreciaba por no implicarse en la lucha obrera y, peor aún, por haber caído en las redes de una moda capitalista procedente de Estados Unidos. En el otro lado, la derecha golpista los consideraba sucios y desagradables, aunque políticamente inofensivos. Y es que hay que ver las pintas que exhibían estos tipos.

Esto que ven fue posible en la Argentina de finales de los 60. Son Almendra, el primer grupo de Luis Alberto Spinetta. Tuvieron un considerable éxito adaptando de forma temprana la psicodelia beatle post-Sgt. Peppers y el rock progresivo estadounidense. Mientras tanto en España, por hacer una comparación odiosa, Los Brincos la cagaban con el experimento de Mundo, demonio y carne. No hay color, el rock español pierde por goleada: los argentinos tuvieron su grupo beat (Los Gatos de Litto Nebbia), sus Cream (el trío Manal, con Claudio Gabis a la guitarra) e incluso su propio Hendrix (las primeras andanzas de Pappo’s Blues) con pocos meses de diferencia con respecto a los modelos anglosajones originales.

Almendra (1969)

Este disco del hombre de la lágrima está considerado por muchos como el mejor LP de la historia del rock argentino. Pero Almendra duró poco. Admiraban tanto a los Beatles que decidieron separarse casi a la vez que los de Liverpool, y para 1972 sus cuatro miembros ya habían puesto en marcha tres proyectos distintos: Spinetta fundó Pescado Rabioso, el guitarra solista Edelmiro Molinari tiró por el lado hardrockero con Color Humano y, por último, Emilio Del Guercio y Rodolfo García siguieron juntos en Aquelarre. Todos esos nombres ocupan un lugar importante en la fascinante etapa fundacional del rock argentino, junto a otros ilustres como Vox Dei, Moris, Tanguito, Miguel Abuelo, Billy Bond y, como guinda del pastel, la primera aparición de Charly García y Nito Mestre en Sui Generis. En fin, un periodo de esplendor que se cortó de cuajo con el golpe militar de 1976.

¿HUBO PUNKIES EN ARGENTINA EN 1977?

RESPUESTA: NO, justo al contrario que en España. Por esas fechas los políticos aspirantes a demócratas estaban tan ocupados pactando la Transición que a nadie le importó que gente tan dispar como Ramoncín o Kaka de Luxe jugaran a disfrazarse de punks. Y eso mientras duró el fenómeno Pistols, que ya entrados los 80 los disfraces nuevaoleros se sofisticaron un montón y los grupos punkies de verdad daban incluso miedo. Recuerdo a Larsen, La Broma de Satán, Decibelios, La Polla Records y similares.

¿Y en qué andaban entonces en Argentina? Pues allí padecían a Massera, Videla y Galtieri en su tarea de exterminio de comunistas, montoneros y todo lo que se le pareciese. También se sospecha que hicieron las gestiones oportunas para que la selección del Perú se dejase golear y así meter a la albiceleste en la final del Mundial 78 por lo civil o por lo criminal. Hubo algunos roqueros argentinos que, por si acaso, salieron de allí por patas, pero en general los milicos no se ensañaron contra ellos. Aunque greñudos, no los consideraban políticamente subversivos. Más o menos les permitieron seguir siendo hippies, pero nadie entonces se atrevió a ser punk. Años después, los grandes del Rock Nacional como Charly García, Spinetta y Juan Carlos Baglietto incluso se beneficiaron de la prohibición de emitir música en inglés durante la Guerra de las Malvinas. Con semejante panorama, el movimiento punk se convierte en uno de los pocos fenómenos musicales que se saltaron los argentinos.

Hubo que esperar a la caída de la dictadura militar en 1983 para que una nueva generación aplicara la rabia punk a su música. Según creo, los primeros fueron Sumo, y todo porque su cantante, Luca Prodan, era un chalado italiano que había pasado por Londres en tiempos de los imperdibles. Luego hubo una onda post-punk con Virus, Soda Stereo y Divididos, abundancia de purismo stoniano y rock barrial, y ya entrados los 90 sonidos más abiertamente bestias a cargo de Bersuit o Attaque 77, cuya nostalgia por ese punk que no vivieron les animó a firmar como A77aque!, incrustándose el año más punkie en su propio nombre.