Mi vida entre las hormigas: leve objeción a la peli de Ilegales

Viernes, 23 de junio de 2016.-
Hace una semana nos pasamos por el estreno en la Plaza del Callao, o más bien habría que decir que nos colamos en su fiesta, siguiendo las enseñanzas de una de las primeras canciones de Ilegales. Vaya por delante que fue un verdadero deleite contemplar las andanzas de Jorge y sus secuaces en pantalla grande, nada menos que la del Palacio de la Prensa. Eventos así suben mucho la moral al roquerío madrileño, que falta nos hace. A la peli le pondremos por lo menos un nueve sobre diez: engancha de principio a fin. Nos emocionó, nos divirtió y reímos a rabiar. Pero vayamos al grano sobre la única pega encontrada: se echa en falta algo más de música. Un ejemplo.

La explicación de este ¡Heil Hitler! se lleva un buen pedazo de metraje, pero la canción se ventila con apenas un par de rafaguillas. Entendemos que el prota absoluto es Jorge Martínez, que habla y que habla de forma incontenible y que tenía cientos de historias que contar. Ilustrar cada anécdota con el fragmento adecuado de música podría haber alargado la cosa hasta las seis horas y media. Se ha optado por sacrificar las canciones, pues al fin y al cabo ya nos las sabemos. Cuando Jorge grita “¡Jipis!” todos pensamos “No me gustan los jipis” y con solo oír “Nazis” un inmediato “Simpáticos los nazis” se nos viene a la cabeza. Pero si el que lo está viendo no conoce la historia de primera mano puede que se le quede un poco coja al no escuchar la provocación completa. Para comprender que esta canción de Ilegales cabreó a tope a progres y jipiosos en general y al público del Rock & Rios en particular, lo suyo es darle más cancha… aunque luego venga el propio Miguel Ríos a explicarnos la monumental bronca que provocaron aquel día en Asturias unos teloneros llamados Ilegales.


Mi vida entre las hormigas.
El documental de Ilegales

Y lo mismo que del asunto ‘Hitler’ podríamos decir del episodio Stick de hockey, que tenía una canción enterita con ese mismo nombre y apenas se escucha. Y que para ilustrar el enfrentamiento con su padre venía al pelo El héroe de los gatos. Y que cuando suena Voy al bar rápidamente se desvanece para dar paso a una extensa charla alcohólica con el camarero de guardia, eso sí, interesantísima en lo que se refiere a bebidas arqueológicas como el Pippermint y el Licor 43. En fin, que a ratos parece que falta contexto musical para redondear algunos argumentos… pero no se hable más de este asunto, vayamos a los puntos fuertes.

El principal: la verborrea de Jorge, el gran bocazas, el tío que con diferencia daba mejores entrevistas de todo el rock español. Aquí ha habido mucho músico de rock, pero lo que se dice estrellas del rock se cuentan con los dedos de una mano. Entre ellos Jorge Ilegal solía estar especialmente comprometido en su papel de divo. Siempre se preparaba una buena artillería de frases apoteósicas para ofrecer potentes titulares, ¿pero realmente se las preparaba o es que le salían tal que así? Desde luego Jorge es ocurrente, pero tal precisión en sus palabras no podía ser casual. Viendo lo meticuloso que se muestra eligiendo guitarras, supervisando músicos y controlando la labor de técnicos de sonido se puede suponer que su disposición hacia la prensa del ramo se debe a que era profesional y competente hasta para eso.


Una cabeza a punto de estallar

Otra cuestión. Siendo el energúmeno ultraviolento que todo el mundo se esfuerza en describir ha resultado que para el rodaje de este documental ha aparecido un montón de gente dispuesta a hablar sobre Jorge Martínez con cariño y admiración. Mención especial para David Alonso y Willy Vijande, batería y bajista de la época gloriosa, que ofrecen un impagable testimonio sobre auge y caída del músico de rock, con las drogas duras siempre acechando desde el lado oscuro. Los siguientes miembros que fueron pasando por Ilegales lo pintan como un líder despótico capaz de humillar a un joven recién incorporado al grupo para acto seguido adoptar hacia él una actitud paternal orientada a transmitirle todos los conocimientos que necesitará para ser un profesional del rock. Enternecedor ese estilo familiar al modo napolitano. Y cuando un bajista de tan largo recorrido como Alejandro Espina cae en combate de forma inesperada la pérdida es llorada con desconsuelo. La escena del tanatorio transmite momentos de auténtica congoja.


Mi vida entre las hormigas (CD + DVD, 2017)

Por otra parte, por la película van desfilando personajes de lo más variopinto, desde guardianes de la prensa oficialista de toda la vida como los Ordovases, Manriques y Fernandoflores de turno a un purista del rock auténtico como el Mariscal Romero disparatando como inesperado experto en prehistoria ilegal. Y también productores, disqueros de postín, señores asturianos que alguna vez condujeron una furgoneta o fueron técnicos de luces y, sobre todo, muchos compañeros de profesión recordando escenas de acción que se producían por el mero hecho de compartir camerinos y escenario con Jorge y su tribu. Resulta que el documental Mi vida con las hormigas lleva años fraguándose y todos estos testimonios se han ido recogiendo mientras se desplegaba una campaña de crowfunding para reunir el apoyo moral y económico necesario. Todo este tiempo los impulsores del proyecto han ido sembrando la red de vídeos como este.

Parte de esta promo ha entrado en el montaje final como impactante escena de reunión de viejos enemigos. Sentados a la mesa, Jorge, Jaime Urrutia y Javier Andreu ajustan cuentas con el pasado y se echan a la cara las viejas rencillas. Como en el anuncio de Mahou, pero de mal rollo. Y entonces Jorge suelta la gran parida: “Fuimos gilipollas, teníamos que haber montado una gira conjunta Ilegales-Gabinete, insultarnos en la prensa para calentar el ambiente y hostiarnos cada noche sobre el escenario. Nos hubiéramos forrado”. El cantante de La Frontera se parte de risa mientras Urrutia apoya la ocurrencia a sabiendas de que sus antiguos colegas de Gabinete Caligari tendrían aún menos ganas de juntarse con él que con Jorge.


Que los directores asuman las consecuencias 

Por ir concluyendo, tenemos que felicitar a Chema VeigaJuan Moya por haber llevado el barco a buen puerto. Mi vida con las hormigas se está presentando estos días en más capitales y se va a proyectar en algunos cines. Si tienen la oportunidad, no lo duden. En la oscuridad de la sala fuimos transportados a un glorioso pasado en un ejercicio de nostalgia con pocas concesiones a la blandenguería. Sensiblerías las justas, porque lo que recuerda la peli es un tiempo en que el rock español se permitió el lujo de ser condenadamente salvaje y divertido. Las bandas punteras ganaban pasta y podían experimentar sin complejos por el laberinto de las drogas y el sexo químicamente puro. Si encima ese grupo superventas se llamaba Ilegales, den por seguro que el relato de sus tropelías garantiza emociones fuertes.

Y aunque Jorge tiene una larga trayectoria que recordar, el tío continúa componiendo piezas increíbles. Muchas del último disco La vida es fuego suenan sin problemas entre sus clásicos de siempre, y para demostrar que ni mucho menos está agotado como compositor ha entregado una nueva canción a propósito de la peli. Una canción aparentemente fea, pero en realidad una intensísima declaración de principios.

Lleva el mismo título que el documental y suena al final del mismo mientras avanzan los títulos de crédito. Tras varias escuchas la hemos aceptado como una enorme canción ilegal, escrita desde la perspectiva de un roquero que ya ha cumplido los sesenta y que demuestra estar a la altura ahora que un par de tipos decidieron rodar una película que honrara su accidentada carrera.

Aquí, como es costumbre, no estuvimos al corriente del ‘craufandin’ ni de todas esas cosas modernas, así que apoyaremos a la manera tradicional, a posteriori. Es decir, compraremos el disco e iremos a algún concierto… ¿el 6 de julio en Getafe? La verdad, pilla un poco lejos… pero habrá que planteárselo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Jorge Ilegal contra la memoria histórica selectiva (Parte 1ª)”, que fue publicado originalmente el martes 11 de mayo de 2010.

Estadísticas 2014, cosas que sucedieron el año pasado en A70

Sábado, 10 de enero de 2015.-
Al igual que el año pasado, aprovecho el informe anual que nos remite desde Texas nuestro estimado patrón el señor WordPress para hacer algunas consideraciones sobre la trayectoria de Atascado en los 70 a lo largo del año 2014.

Como es costumbre desde que empezó, A70 ha tenido sus altibajos en el año que ha terminado. Tras momentos de notable actividad publicadora llegaron rachas de sequía en la que pasaba mes y pico sin que saliera nada nuevo. He aquí algunos números:

A70 fue visto 13.271 veces en 2014, lo que aproximaría la media a unas 40 visitas diarias

El día más ajetreado del año fue el 5 de septiembre con 252 visitas

Se publicaron 24 artículos nuevos, así que 2014 aumentó el volumen del archivo completo del blog hasta los 154 artículos

En diciembre, junio, abril y enero salieron 3 artículos, la mayoría de meses se publicaron 2, uno solo en septiembre y noviembre… mientras octubre se quedó entre medias totalmente en blanco

En fin, que la cosa quedó compensada por algunos nombres propios que concitaron el interés de lectores habituales y algunos visitantes nuevos que se incorporaron. A saber: Kunkeiro69, Jorge Ilegal, Charly García, Mariscal, Molina, las reapariciones de Paco Pérez Bryan y Gonzalo García Pelayo, el muy añorado Pub El Buscón y como siempre, Ramoncín, aunque esta vez a propósito del relato de Carlos Michelini. Todos ellos están presentes en el ránking de este año.

Informe completo

De mitad para abajo de la lista también salen nombres que vinieron al caso por algún asunto de actualidad, como M-Clan, Lapido o Quique González, pero son los menos, pues casi siempre en A70 los temas van entrando sin venir a cuento. Da un poco igual cuando se trata de gente como Ronnie Lane, Coverdale, Josele Santiago o Marc Parrot, pues sus admiradores más fieles acaban entrando a mirar.

En todo caso, que quede constancia de que el mayor número de visitas se lo llevó Kunkeiro, el tipo gallego a quien youtube le cerró un canal que contenía 25.000 vídeos de rock español. La gente andaba como loca buscándole y algunos le encontraron aquí. Abrió un nuevo canal y se lo volvieron a cerrar porque los amos del copyright siguieron “notificando infracciones”. Mucho se ha perdido, menos mal que otros como Manu Guinarte siguen en la brecha subiendo vídeos como este.

Por lo que veo Manu se cuida mucho de subir audios ni portadas originales para que nadie se enfade. Se ve que la clave consiste en poner vídeos cuya calidad de imagen y sonido sea media-baja, de forma que tengan valor documental pero no lo suficiente como para molestar a los dueños de los derechos. Ten cuidado, Manu, por el bien de todos. Ya nos encargaremos los demás de poner las portadas en nuestros blogs.

Siniestro Total - Me gusta como andas
Me gusta cómo andas (1988)

Y termino comentándoles algunas curiosidades. A veces uno hace autobúsquedas para comprobar qué tal se posicionan sus propias cosas… pues sepan que si ustedes buscan el nombre de este blog tal cual, sin comillas ni nada, los motores de búsqueda les conducirán a una noticia de El Norte de Castilla titulada así: “Un tenedor de 10 centímetros atascado en el pene de un hombre de 70 años”, que termina de encontrar la coincidencia en negrita en su frase final “algunos ejemplos de objetos atascados en los genitales que enumeran los doctores son cables, llaves, plantas, pegamento e, incluso, serpientes”. Se trata de una noticia del verano de 2013, pero ahí sigue, intemporal. Es para nosotros un honor compartir palabras clave con esta historia convertida a día de hoy en un clásico.

Por otra parte, una página que se dedica a las mediciones en la red arroja una serie de datos un tanto absurdos. Veamos: Atascado en los 70 ocupa el puesto 735.424 en el ránking español, con un valor estimado que supera por poco los 500 euros, en concreto hay que añadir 6 euros y 15 céntimos al billete morado. Quién los pillara si fuera cierto. En cuanto a la clasificación mundial, ahí estamos en un muy meritorio 20.020.746 lugar. Pero no queda ahí la cosa, porque según la media de tráfico registrado en los últimos 90 días ascenderíamos al puesto 16.824.156, lo que supone una mejora de casi 4 millones y medio de posiciones. Es un dato que, visto así, nos llena de alegría y nos anima a seguir adelante. Ahí les dejo el enlace, aunque igual si lo pinchan dentro de unos meses la cosa puede haber variado millón arriba millón abajo.

Nada más. Que nos vaya a todos muy bien en este nuevo año.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Atascado en 2013”, que fue publicado originalmente el miércoles 22 de enero de 2014.

Jason Ringenberg haciendo patria

Domingo, 30 de Septiembre de 2012.-
Ahora que andamos reconstruyendo el Archivo A70 salieron a relucir los discos que llegan a casa envueltos en papel de regalo de reyes. Resulta que tuvieron su repaso en los dos primeros años del blog y se perdió la tradición en este tercero. Lo bueno de escribir un blog es que uno mismo se impone unas normas, pero llegado el caso se las puede saltar cuando conviene. Así que a continuación, sin venir a cuento, recupero algunos textos que tenía a medio escribir sobre mis Reyes Magos 2012.

Ya les hablaré sobre este Live in Texas ’78

No es que se me olvidara contarles en enero lo que me trajeron los Reyes, más bien se me fue pasando. Ocurre que cada vez importa menos lo que uno se compra… verán: el disco llega a casa, se le quita el plástico, se mete en el ordenador, se convierte a mp3, se guarda el ejemplar original y los archivos digitales finalmente comienzan a ser escuchados a través de toda clase de artefactos reproductores, a veces incluso aleatorios… ¡qué horror! Confieso que también he caído en esa perversión, que tengo casi olvidada la vieja costumbre de sacar un disco de su carpeta, ponerlo en un equipo de música tradicional y escucharlo entero y en orden.

Poco a poco cada uno de esos discos va encontrando su momento, aunque tenga que esperar a que el reproductor aleatorio le ofrece su oportunidad. Hace tiempo que tenía ganas de hablarles de uno que me gustó a la primera escucha.

Jason Ringenberg – American Question

Me fascina esta canción por varias razones. La primera es que nunca había escuchado a nadie utilizar pelotas de ping-pong como instrumento de percusión. Forrest Gump estaría orgulloso. La segunda es mi debilidad por ese tono irónico autodestructivo que emplean los estadounidenses cuando quieren ser críticos con el rol imperial que ejercen. Y la tercera, que me lo compré completamente a ciegas, sin saber de qué iba la cosa, pues ni siquiera sabía que este señor tenía una carrera en solitario.

Empire Builders (2004)

Este tío debe de ser tan ignorado en los EEUU que ni siquiera nadie se molesta en poner sus canciones en YouTube, que casi se puede contar con los dedos de una mano los vídeos subidos de los últimos trabajos de Mr. Ringenberg. Quizá se trate de algún tipo de censura o resquemor, pues esas letras incenciarias no debieron gustar mucho a los entusiastas de la administración Bush.

Total, que del disco mencionado solo he podido encontrar este cutremontaje motero sobre la canción homenaje a Link Wray, gran jefe de todos los guitarristas indios. Con esta supongo que no puede haber conflicto político, simplemente es un espléndido rocanrolazo dedicado a una grandísima figura del rocanrol.

Calculo que hará más de veinte años que no tenía noticias de Jason Ringenberg. Recuerdo que a finales de los 80 me compré varios discos de Jason & The Scorchers, más o menos cuando se puso de moda el NRA (o sea, Nuevo Rock Americano). Como bien explica Jorge Ilegal en una de sus canciones, la Gran Vía se llenó de cowboys. Recorrías los bares de rocanrol del centro de Madrid y tropezabas por todas partes con montones de John Wayne, que también lo notaron Los Enemigos. Para estar a la última había que imitar las pintas de esa hornada de jóvenes grupos yanquis, todos con su leve estilo Byrds y pinceladas country. Recuerdo que me resultaban agradables, pero no terminaban de convencerme. Creo que en general les faltaba algo de pegada, salvo alguna excepción como The Long Ryders o The Dream Syndicate que sí le ponían el suficiente coraje. Pero sin duda los más contundentes de todos eran estos sacacorchos de Jason Ringenberg, que no se sabía muy bien si eran punkies disfrazados de vaqueros o sureños apuntándose al punk-rock. Con el tiempo se vieron superados en rabia y velocidad por la generación grunge y fueron pasando al olvido.

Lost & Found (1985)

Con estas estupendas pintas que gastaban Jason y sus Scorchers me extraña que no llegaran a más. En realidad, creo que su lugar fue ocupado en la década siguiente por los Supersuckers, una especie de infiltrados en la generación grunge que también se lo pasaban bomba jugando a ser punkarras de Texas… pero permítanme que yo me quede con el Jason de los 80. Véanlos dando caña a los roqueritos nórdicos en un Roskilde de mediados de esa década.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Algunos discos para 2011”, que fue publicado originalmente el sábado 22 de enero de 2011

Cuentos del abuelo Molina

Jueves, 13 de octubre de 2011.-
Me cuenta mi buen amigo Jevy de Leganés que Ñu ocupa la portada del número de septiembre de 2011 de la revista Rock Estatal (ya estamos con el nombrecito). Dice que el Molina le ha decepcionado, que habla como un resentido incurable disparando su mala baba en todas las direcciones posibles. Entre otras lindezas, menosprecia tanto a Leño como a su legado y recomienda a Johnny Burning tomar unas lecciones básicas de piano… vaya con el señorito Molina

Como ya habrán notado, en este blog sentimos debilidad por alguna gente más o menos impresentable de nuestro rock local. Jorge Ilegal, Morfi Grei, Pau Riba, Loquillo, Ramoncín, Johnny Cifuentes, Teddy Bautista… todo se les perdona por haber tenido el valor de ser roqueros en este país de charanga y pandereta. Aunque sean calvos y feos… aunque no hayan escrito una buena canción en los últimos veinte años… aunque lleven décadas desafinando como bellacos… aunque toquen pésimamente la armónica y el piano… aunque sean malversadores y estafadores… simples minucias. Así las cosas, ¿vamos a reprochar a José Carlos Molina que sea un cascarrabias incurable, maleducado y engreído? Me niego rotundamente.

Pero lo que más me ha dolido de mi amigo es su confesión de no haber oído jamás un disco de Ñu completo. El Jevy de Leganés, pese a su juventud, es un roquero multidisciplinar y de gran valía, toca todos los palos del periodismo y se atreve lo mismo con los géneros más duros del rock que con la música clásica. Hay que solucionar este problema cuanto antes, y qué mejor que empezando por el primer disco: Cuentos de ayer y de hoy, de 1978. Enterito, canción por canción. Ahí va la primera.

Ya escribí en su momento sobre las peripecias de Ñu en sus inicios: el primer single de 1976, el desencuentro con Rosendo y la tenacidad de Molina hasta grabar un LP. Como el proceso se prolongó tres largos años, el repertorio llegó curradísimo y el grupo se exhibió en cada canción con toda clase de arreglos y desarrollos instrumentales… ¡hay hasta castañuelas mediando en los duelos entre violín y guitarra!

Cuentos de ayer y de hoy (1978)

El disco comienza directamente con el apocalipsis según Molina. Eso es Profecía, una canción crispada y escalofriante sobre el fin del mundo. Aturdidos y sin tiempo de recuperarnos de la impresión, el cantante nos envía a luchar en Preparan. Es la hora de la rebelión. Reconozco que es una de mis favoritas de Ñu por cómo transmite el dramatismo y la intensidad del campo de batalla. Si el opresor quiere aniquilarnos antes habrá un derramamiento de sangre.

Y a la tercera el tío le echa morro y se proclama músico genial, hablando en primera persona del plural desde el Olimpo de los Mozart, Beethoven, Beatles y Hendrix. Hay quien no lo soporta, pero a mí me encanta la desfachatez del líder de Ñu en Algunos músicos fueron nosotros, y puede que aquí está la clave del Caso Molina. Quizá se crea mejor músico de lo que es en realidad, por eso mira por encima del hombro a todos sus compañeros de profesión, sobre todo a los que han llegado a ser más famosos y más ricos que él. Esa soberbia le acompaña desde hace más de treinta años, y a estas alturas puede que haya llegado a un punto insoportable.

Este vídeo tiene su gracia, pues no sincroniza bien la imagen, mezcla varias épocas, no coinciden los músicos… ¡si hasta sale Rosendo! Pero mola, se nota que lo ha hecho un fan al que ni siquiera le funcionaba el cable del RGB. Y la toma de sonido es del vinilo original, así que démoslo por bueno y sigamos.

El LP se completa con tres canciones larguísimas, entre ellas la que le da título: Cuentos de ayer y de hoy, El juglar y Paraíso de flautas. Historias épicas y tremebundas, con un narrador todopoderoso que se autoproclama nada menos que portavoz de su generación. Los tramos apacibles mecidos por delicadas flautas y guitarras acústicas se alternan con la furia de la electricidad y el violín más salvaje que se haya podido escuchar jamás en nuestro rock. Eso sí, todo envuelto en el característico sonido Chapa Discos, plano y cutre como él solo.

Sí que era primitivo el sonido Chapa, pero el caso es que a mí me agrada oírlo… lo escuché tantísimas veces que se me acostumbró la oreja. Se cuenta que el Mariscal Romero, productor del disco, sentía debilidad por José Carlos Molina y le dio total libertad para hacer lo que quisiera. También dicen que Molina se comportó como un tirano y disfrutó exprimiendo al máximo a sus músicos, en especial al violinista Jean François André, un loco francés que acabó exhausto de inventar desquiciantes notas para las letras tremendistas que escribía su jefe…

Gran tipo este Jean François, fallecido en 2002, quizá el único de los que pasaron por Ñu que fue capaz de rivalizar con Molina en su propio terreno. No duró mucho, pues tras grabar el segundo disco el francés se marchó del grupo. Años después reapareció fugazmente y más tarde se reclutó a otro ilustre violinista: Enrique Valiño, anteriormente en La Romántica Banda Local; pero la verdad es que pocos músicos aguantaban más de dos discos en Ñu. Era complicado lidiar con la personalidad autodestructiva de su líder. El rock español siempre ha sido muy de vaquero y camiseta, y eso no iba con Molina, siempre preocupado en dar rienda suelta a su desmedido sentido del espectáculo. Los músicos se desesperaban al comprobar que el dinero ganado se invertía no tanto en instrumentos y equipo de sonido como en atrezzo: cazadoras de flecos, botas por encima de la rodilla, chalecos de raso y capas negras, sombreros a lo Robin Hood… Imagino el ridículo presupuesto con que se grabó este primer disco, pero aún así Molina cumplió su deseo de alquilar una carroza. Buen sonido no habría, pero salieron bien guapos en el interior de la portada desplegable.

Ñu en carrozaDe izquierda a derecha, la formación al completo:
Enrique Ballesteros (batería), José María García ‘Sini’ (guitarra), Jorge Calvo (bajo), Jean François André (violín) y José Carlos Molina

Bueno, y una vez repasado este primer álbum de Ñu he de decir que ya me he comprado tanto su nuevo disco (Viejos himnos para nuevos guerreros) como el número de Rock Estatal en el que lo comenta al detalle. Sí, han leído bien, una revista impresa y un CD pagados en metálico. Cuando lo haya machacado unas cuantas veces volveré sobre el tema, si es que es necesario.

Huy, que me había saltado El juglar, la penúltima canción de este primer LP. Ahí la tienen.

La compra de discos semestral (II)

Viernes, 1 de julio de 2011.-
Dejé para esta segunda parte las novedades nacionales, a las que dedico gran parte de lo que gasto en música. Vaya, dije nacional… Me tomarán ustedes por argentino o por facha, y no es el caso. Lo que ocurre es que nunca me acostumbré a la etiqueta de rock estatal. Me parece un nombre horrible, una especie de concesión a lo políticamente correcto para no se molestaran los del rock vasco y el rock catalán… Y precisamente ellos eran los únicos estatales, los únicos que recibían subvención estatal si cantaban en alguna de las lenguas protegidas por el poder político autonómico… Uff, menudo jardín… Empezaré de nuevo desde el principio.

Siempre que compro discos intento apoyar las novedades de los músicos españoles que, a estas alturas, tienen el coraje de mantener vivas sus carreras. Por ejemplo, estos.

Me gusta Doctor Explosión, me caen bien y aprecio su esfuerzo por ser tan sixties, tan garageros y tan ye-yés. De ellos siempre me llegaron canciones sueltas, hasta que Música grabada, saltos y cánticos, su disco de 2003, se convirtió en uno de mis favoritos de principio a fin. El siguiente me decepcionó un poco, por aquello de que todas las canciones menos una eran en inglés, pero su nuevo trabajo Hablaban con frases hechas, es justo al revés: predominan las canciones en castellano. Se agradece, sin la barrera del idioma puede escucharse con insistencia una vez tras otra. Además, el diseño de la portada es excelente y los videoclips están curradísimos. Bien por los Explosión.

Hablaban con frases hechas (2011)

Pero no es el único que he pillado, también han caído otros de la anterior generación de roqueros patrios. Sobre Jorge Ilegal, Josele Santiago y José Ignacio Lapido decir que los he encontrado muy jóvenes, con muchas ganas de reinventarse y de expresar cosas nuevas. Me niego a aplicarles esos tópicos tan cursis como veteranos o viejos roqueros, al fin y al cabo sus carreras al margen de Ilegales, Enemigos y 091 son relativamente recientes. En esos grupos de emocionante recuerdo disfrutaron de una gloriosa adolescencia, mientras ahora exhiben una excelente creatividad y dominan todos los trucos del oficio como guitarristas y como autores. Que dure.

Josele, Lapido y Jorge IlegalJosele Santiago – Lecciones de vértigo
José Ignacio Lapido – De sombras y sueños
Jorge Ilegal y los Magníficos

En el tintero quedan los nuevos trabajos de Fernando Alfaro, J. Teixi Band, Ñu (el Molina erre que erre), Guerrero García, Lagartija Nick y otros que ya iré pillando próximamente. Bueno, acabo con otra de Doctor Explosión. En un registro muy alejado de su fama de juerguistas y graciosillos, los asturianos sorprenden abriendo su disco en plan The Who con un misterioso homenaje a un señor de Granollers. Parece que se trata de una especie de quijote mod, pues nunca da su brazo a torcer y se empecina en seguir comprando discos en la calle Tallers. Todo un héroe, vaya.