El garage subterráneo de Little Steven

Jueves, 30 de junio de 2016.-
Como en los meses de calor es conveniente alejarse lo más posible de pantallas y teclados, ya les aviso que con esta entrega cerramos temporada. Uno de los lugares donde puede uno esconderse a escuchar buen rocanrol es el Underground Garage de Little Steven. Les confieso que su programa de radio es hace tiempo una de las principales fuentes de inspiración de A70. Por ejemplo, por descubrirnos canciones como esta.

La gente roquera de mi generación nunca se interesó demasiado en escuchar a Procol Harum, suponiendo que poco interesante podía haber detrás de unos blandengues a quienes se solía endosar la etiqueta de one hit wonder por su ñoñísima Con su blanca palidez. Como uno nunca se cansa de asombrarse de la propia ignorancia, la atenta escucha del Little Steven’s Underground Garage sirve para demostrar que en la asignatura de Historia del Rocanrol siempre queda mucho por aprender. Y para iluminar zonas de sombra, qué mejor que ponerse en manos de un erudito como Stevie Van Zandt.

Procol Harum - Shine On Brightly
Shine On Brightly (1968)

Una de las virtudes del Little Steven locutor de radio es cómo tiende puentes entre ambas orillas del Atlántico, pinchando a grupos ingleses que apenas tuvieron repercusión en Estados Unidos y a roqueros americanos casi desconocidos en este lado del charco. Él reconoce que siendo un chaval vivió con gran excitación la llamada ‘invasión británica’, ese fenómeno cercano a lo milagroso por el que un puñado de jovenzuelos ingleses imberbes se plantaron en los USA y se permitieron dar lecciones de música estadounidense a los propios teenagers norteamericanos. A principios de los 60, supongo que a consecuencia de la segregación cultural, ningún joven blanco de los Estados Unidos tenía la más remota idea de quiénes eran Howling Wolf, John Lee Hooker o Muddy Waters, así que tuvieron que esperar a que gente como Eric Burdon o Brian Jones se desplazaran allí a explicárselo. Puede que la gran repercusión que tuvo esa primera remesa de visitantes, aquellos Beatles, Stones, Who y Animals, fuera lo que determinó al joven Van Zandt a querer ser músico, pero Little Steven perseveró en su empeño como seguidor de la música inglesa y continuó siendo fan de muchas otras bandas a quienes sus compatriotas ya prestaron mucha menor atención. Grupos como The Kinks, Pretty Things, The Searchers, Dave Clark Five, los propios Procol Harum o estos que suenan aquí debajo suelen ser habituales en el garage de Little Steven.

Tampoco es que los Hollies significaran demasiado para los roqueros de los 80. No fue un grupo que tuviera demasiada repercusión más allá de los 60, no se reciclaron con éxito hacia el progresivo ni el hard rock para sobresalir en la siguiente década ni tenían un cantante que iniciara una carrera solista estelar al estilo Van Morrison. Por Van The Man todo el mundo sabe quiénes son los Them, todo el mundo se preocupó de escuchar a los Yardbirds gracias al rato que Jeff Beck, Clapton o Page estuvieron por allí, en cambio The Hollies no pasaba de ser un grupo más de todos esos que se recitan de carrerilla mencionados en el párrafo anterior. Pues bien, si enganchan tres o cuatro canciones a partir de la que suena en el vídeo encontrarán un buen puñado de singles extraordinarios que se concentran en sus tres o cuatro años de esplendor. El problema fue que especializarse en armonías a tres voces les condenó a ser citados siempre en tercer lugar después de los Beatles y los Beach Boys.

The Hollies - Hear! Here!
Hear! Here! (1965)

He omitido a propósito que en The Hollies sí militó realmente una futura estrella del rock porque en mi opinión la trayectoria posterior de Graham Nash no contribuyó a prestigiar al grupo, sino todo lo contrario. Su marcha fue una especie de cambio de bando, desertó del pop más puro para pasarse al lado hippie abducido por su novia canadiense y emigró de Inglaterra para echarse a perder en California con sus amigotes del folk rock. Como una Yoko Ono cualquiera fue Joni Mitchell quien le presentó a Crosby y a Stills… y ahí se acabaron los Hollies. Pero mientras al final de los 60 en los EEUU algunos se dedicaban a formar supergrupos orientados al mainstream, en los años anteriores los garages de toda norteamérica se llenaban de grupos que, partiendo del camino marcado por bandas inglesas, orientaban su estilo hacia un sonido algo más sucio y ruidoso. Desconocidos en Europa más allá de alguna corriente de revival más o menos mod, es una suerte que tengamos a Little Steven para reivindicarlos en su programa.

Estos tíos se juntaron en un pueblo californiano llamado San José justo antes de que apareciera por allí el primer hippie, de ahí sus chaquetas, sus corbatas y sus cortes de pelo. Eligieron como nombre Count Five en homenaje al Conde Drácula y al quinteto inglés The Dave Clark Five, del que eran fans. Su himno Psychotic Reaction tuvo cierta repercusión, pero tras grabar su único LP se matricularon en la universidad y desaparecieron como por arte de magia. Nadie volvió a oír hablar de ellos hasta que años después mitómanos muy notorios se empeñaron en engordar su leyenda… hasta llegar al gran agitador del rock de garage que es Little Steven en nuestros días. En su Underground Garage también pueden descubrir a otros grupos de la costa oeste como los Kingsmen, que ya aplicaron una buena puesta a punto al viejo Louie Louie en su cochera de Portland. Y un poco más al norte, casi llegando a Seattle, los Sonics le daban otra vuelta de tuerca al mismo ritmillo con su éxito Have Love Will Travel… pero no les aburro más, que aún me queda repasar unos cuantos programas de radio para poder tratar sobre este asunto con algo más de propiedad.

Count Five - Psychotic Reaction
Psychotic Reaction (1966)

Ya saben: Little Steven’s Underground Garage. Pueden encontrarlo en su cita semanal de Rock FM y replicado en emisoras de radio de todo el mundo, así como descargando los programas de su propia página web o en los sitios habituales de almacenamiento de archivos radiofónicos… por cierto, ¿he llegado a mencionarles que Little Steven es además un famoso guitarrista de una banda que llena estadios, que también probó como actor encarnándose en miembro de la familia Soprano y que después protagonizó una especie de spin-off en la tele noruega? Bueno, eso mejor lo dejo para después del verano.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Más sobre Joni y sus amigos de Woodstock”, que fue publicado originalmente el domingo 20 de noviembre de 2011.

Este tampoco es Diddley, es Burdon (YNSBoD vol. 8)

Domingo, 7 de abril de 2013.-
Otra de las manías de los últimos compradores de discos que quedamos es intentar estar pendientes de las novedades que salen. O sea, fingir que uno está al tanto de lo que se cuece cuando en realidad lleva meses sin enterarse de nada. ¿Y qué se puede hacer para redimir ese pecado? Pues comprar un disco como penitencia. Llegado el momento, no va uno a arriesgar con cualquier cosita vanguardista o nuevo fenómeno de masas. Al final va uno a lo seguro, a los viejos ídolos de siempre o a los artistas locales que aún siguen en la brecha.

La elección del disco concreto se toma en definitiva como algo parecido a un acto de justicia: compras a quien se lo merece. Esos tíos nos hicieron muy felices con su música, hay que demostrarles que nos les olvidamos, que seguimos agradecidos. En general ya no emocionan como en su época de esplendor, pero nos es suficiente con escucharlos con agrado. Y a veces, cuando uno menos se lo espera, alguno de esos paquidermos del rocanrol nos sorprende con un disco monumental.

Hace unos días me he llevado uno de esos alegrones gracias a Eric Burdon. Él es uno de los grandes y no es de esos pesados que necesita estar todo el tiempo recordándolo. A veces se tira doce o quince años sin sacar disco, así que cuando publica algo nuevo suele merecer la pena. Para comprender mejor las dimensiones de este acontecimiento de 2013, voy a remontarme al principio de la historia, a una canción de hace casi cincuenta años.

Esto sí que es una tremenda lección de roncarol. Si no saben inglés dediquen un rato a leer la letra traducida, que merece la pena. Les sitúo. Estamos en 1964 y el que canta es un jovencito de Newcastle que rinde homenaje a un negro americano de la década anterior. Visto desde hoy no parecen demasiados años de diferencia, pero créanme que lo que entonces hizo Eric fue el esfuerzo de saltarse el abismo generacional, racial, cultural y hasta oceánico que le separaba de Bo. Toda Inglaterra hervía de músicos que tenían la mirada puesta en los EEUU, pero lo que aquí expresa Eric es una admiración casi reverencial por uno de los patriarcas de la cosa. En esos primeros discos de The Animals hizo versiones de muchos de ellos, pero es muy significativo que esta fuera la única letra que firmó Burdon.

The AnimalsEric con los Animals de la era pop

No, Burdon no quería ser compositor ni letrista. Le bastaba con ser un intérprete, que para eso tenía esa voz descomunal. Dicen los que saben de esto que lo de Burdon era un auténtico prodigio de la naturaleza, que era un milagro que ese chorro de voz emergiera por encima de esos rudimentarios micrófonos y aparatos de amplificación de la época. Así en los discos de los Animals las canciones de John Lee Hooker, Ray Charles, Fats Domino y todos esos negros pasados de moda volvían a cobrar vida. Y si había algo importante que contar, entonces Eric Burdon escribía una letra, como esta sobre Bo Diddley, que más que letra al uso es una crónica periodística sobre una curiosa batallita sucedida en el Club a Go-Go de Newcastle. Desde luego merecía ser contada y vaya si le quedó chula. En los años siguientes insistió en esa faceta y esporádicamente fue cronista de Monterey, de San Francisco, del jipismo y de los vientos de cambio que corrían. Fueron desde luego buenos tiempos.

Eric Burdon & The AnimalsEric con los Animals de la era de Acuario

Eric Burdon continuó su carrera de forma dispersa y puede que a lo largo de los 70 sí que hiciera algún que otro disco de compromiso. El rocanrol se había convertido en una industria gigantesca y él nunca terminaba de encontrar su sitio. Se comportaba como un chico malo, incapaz de someterse a los cánones exigibles para ser una superestrella al uso. Nada más comenzar la década decidió ser negro. Si su voz y su alma eran negras no tenía más remedio que convertirse en un activista por los derechos de su raza oprimida, así que se unió a un afamado grupo de músicos de pelo afro, declaró la guerra y en la transición hacia los 80 hasta coqueteó con el reggae.

Eric Burdon & WarCon War pudo experimentar el black power

Al final acabó viviendo en Berlín, pasando inadvertido entre viejos bluesmen de tercera fila que sobrevivían tocando en los garitos de esa ciudad. Bueno, eso no sé si sucedió realmente así porque lo vi en Comeback, una película alemana en la que Burdon interpretaba a Rocco, personaje de ficción que podría ser él mismo: una celebridad del rocanrol expulsada del show bussiness. ¿Existió de verdad esa peli? A veces lo dudo. En su momento la pasaron con asiduidad en las salas de Madrid que solían proyectar cine roquero, pero nunca me volví a tropezar con ella en ningún formato ni en ninguna tele. Supongo que he mitificado su recuerdo y por eso confundo ficción y realidad.

Con la banda en la barra de un barUna Eric Burdon Band de más o menos los 80

Desde los 90 hacia acá, Burdon se ha dedicado sobre todo a tocar cuando y donde a él le venía en gana. Yo tuve la suerte de verlo en la sala Aqualung y ya ha llovido desde entonces. No recuerdo exactamente cuándo fue ni si se trataba de una gira a cuento de algo, pero sí sé que me quedé bien a gusto, con una placentera sensación de “por fin he visto a Burdon”. No sé muy bien por qué, pero de entre todas las celebridades del rocanrol Eric es alguien realmente especial, como de la familia. Justo esa idea es la que transmitían los Burning en aquella canción en la que se acordaban en plena madrugada de su queridísimo Eric Burdon.

Y resulta que al cabo de un buen puñado de años, nuestro querido Burdon nos sorprende con un excelente disco que ya se intuye que lo es solo con ver su portada. Esos surcos son la pura historia del rocanrol, la erosión de años de rock reflejados en una cara.

Eric Burdon - 'Til Your River Runs Dry'Til Your River Runs Dry (2013)

A la vista del resultado el cauce no está en absoluto seco, aún fluye un caudaloso rocanrol. No me canso de oír el disco una y otra vez. Old Habits Die Hard o Water son una barbaridad, Devil and Jesus o River Is Rising, una delicia. Como no tiene desperdicio, les remito al repaso canción por canción que hizo el propio autor en Efe Eme. Además también publicaron una entrevista con el maestro. Léanla y comprenderán por qué el Burdon es un tío tan querido entre los aficionados al rock. Sí que parece buena gente, parece de verdad.

Pero lo que más me impresiona es la historia que cuenta de que él y Bo Diddley estuvieron cruzándose toda la vida, pero siempre ocurría algo que impedía que coincidieran en las condiciones apropiadas para hacer una actuación o grabar juntos como es debido. En vista de que eso nunca llegaba a suceder, Eric se comprometió con él a versionar más canciones suyas en cuanto tuviera ocasión. Bo murió en 2008. La colaboración ya nunca podrá realizarse, pero Burdon ha vuelto a cumplir su promesa en el nuevo disco. Y lo ha hecho con creces, reservando la última pista para Before You Accuse Me y escribiendo otra vez una canción dedicada a Diddley, igual que al principio de esta historia.

Así que medio siglo después, Burdon ha decidido contar el final de la historia de Bo Diddley, esta vez para darle el obligado adiós. Me parece un maravilloso detalle.

Cambiando de tema, hace ya casi un año que Corinna fue mencionada en A70. Pensé que sería un asunto pasajero, pero según pasa el tiempo la cosa sigue creciendo y las habladurías sobre está mujer se van intensificando por momentos. En fin, cualquier excusa es buena para poner a funcionar el archivo y de paso hermanar en un mismo texto a Taj Mahal con Eric Burdon, dos de las voces más negras de los 70.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Corinna”, que fue publicado originalmente el domingo 22 de abril de 2012.

Generación olímpica

Miércoles, 12 de Septiembre de 2012.-
A mediados de agosto tenía pendiente acabar un texto sobre Springsteen, pero decidí tomarme un descanso. Con el calor que hacía me resultaba imposible expresar lo que quería sobre sus cuatro horas de concierto, más los otros muchos asuntos relacionados que iban surgiendo por el camino. Además, entregado como estaba al deporte de sofá, pensé que lo mejor sería escribir algo sobre los Juegos Olímpicos, que las horas diarias de televisión que le estaba dedicando sirvieran al menos para algo. Cuando lo terminé y fui a ponerlo en el blog… ¡ya no había blog!

Una vez subsanado ese pequeño problemilla, con casi un mes de retraso, aquí tienen mi crónica de Londres 2012. Este pedazo de canción fue la que puso punto y final a los Juegos.

Bueno, está claro que esta versión no es la de la ceremonia de clausura en el estadio olímpico de Londres, que esas son imágenes sometidas a carísimos derechos de televisión y no salen en el youtube así como así. Les pongo a cambio un My Generation del principio de los tiempos, el del famoso Beat Club de la tele alemana.

Aunque suelo pasar de este tipo de galas olímpicas, esta vez eché un vistazo solo por comprobar qué músicos salían en esa cosa de la Symphony of British Music. Me hizo mucha ilusión que se concediera a los Who el honor de poner el broche a los Juegos, aunque para ello tuve que tragarme un montón de bazofias y naderías. Fue duro soportar a George Michael, a Take That y a las chicas esas picantes, pero mereció la pena porque de vez en cuando, entre cientos de bailarines y ostentosos decorados, aparecía alguna leyenda de esa generación de músicos de la que hablaban los Who, esos que peinan canas aunque en su momento proclamaran que esperaban “morir antes de llegar a viejos”.

The Kids Are Alright (1978)

Algunos sí lo consiguieron, por ejemplo los dos tipos de los lados que ven ahí dormidos bajo la bandera. El batería Keith Moon fue uno de los jóvenes cadáveres más notorio del rocanrol de los 70, y pese a estar muerto desde 1978 algún despistado de la organización de Londres 2012 hizo llegar a su mánager una invitación para que se uniera al espectáculo, demostrando estar a la última. El bajista John Entwistle casi llegó a viejo, murió a punto de cumplir 60 años. Antes de empezar con The Who la gira estadounidense de 2002 dejó colgado al grupo al sufrir un infarto en un hotel de Las Vegas. Se dijo que en su habitación había drogas y prostitutas, lo que sin duda le proporcionaría una muerte muy roquera… pero mucho más roquera fue la decisión de sus compañeros Townshend y Daltrey de no suspender la gira. Diez años después, los chicos siguen estando bien.

Roger Daltrey y Pete Townshend, olímpicos a los 60 y pico

En las ceremonias de Londres 2012, la inaugural y la de clausura, hubo muchas referencias a músicos muertos. Sonaron canciones de Harrison y de Lennon, al que incluso construyeron una esfinge. Se acordaron de Amy Winehouse y a Freddie Mercury hasta le pusieron en pantalla gigante… aunque a la hora de la verdad del We Will Rock You, su amigo Brian May no dudó en sustituirlo por una tía buena, joven promesa de la música británica pero disfrazada de tía buena al fin y al cabo.

Brian May, exprimiendo la ubre de Queen

También fue bonito ver a jóvenes bandas como Arctic Monkeys o Kaiser Chiefs rendir pleitesía al viejo pop inglés. En su versión de Pinball Wizard me pareció que el batería de estos últimos incluso imitaba los locos gestos de Keith Moon ante los tambores… y durante esa canción fue un puntazo que la pista de atletismo fuera invadida por decenas de Vespas y Lambrettas. Tengo la impresión de que gran parte de la gente que hoy controla el cotarro en el periodismo y las artes tuvieron un pasado mod. Lo que tocaron los Arctic Monkeys en la ceremonia inaugural fue un Come Together para invitar a todo el mundo a seguir los Juegos. Antes y después hubo infinidad de canciones de los Beatles embelleciendo toda clase de teatrillos y bailes, hasta que finalmente Sir Paul McCartney asumió por completo el papel estelar enlazando The End con Hey Jude para que todo el estadio acabara cantando aquello de “naaaaa na na narananá…”.

Qué entrañables recuerdos nos trajo ese Hey Jude

Y como la cosa era tan brit pop, se permitió algún instante de lucimiento a Oasis y Blur, o más bien a sus sucedáneos. Y de los grupos pioneros, ausentes Small Faces y The Animals unos por muertos y los otros por apestados, la cuota de protagonismo se cubrió con el gran Ray Davies, que no es Sir pero fue trasladado en coche como un señor hasta el mismísimo pie de micro. Cantó un delicioso Waterloo Sunset sin la compañía de ningún Kink, que ya sabemos lo mal que se lleva con él su hermano Dave.

¿Era Dave Davies el que salía junto a Ray? Creo que no…

Llegados a este punto, es imposible no mencionar que faltaran los Stones. ¿Quizá pidieron una cifra astronómica para evitar ser invitados? ¿Quizá todavía les guardan rencor por su resistencia a pagar impuestos a la hacienda de su graciosa majestad? El caso es que no estuvieron ni ellos ni Elton John ni David Bowie, aunque se diera protagonismo en off a sus músicas. Pero la ausencia que noté especialmente fue la de Ringo Starr, que pensaba que era de esos que no se pierde ni una fiesta, aunque para compensar sí estuvo su hijo Zak sentado a la batería de los Who. En fin, que faltó gente importante pero actuaron artistas superventas de todo tipo como Madness, Pet Shop Boys o Annie Lennox, por decir unos pocos.

Eric Idle no es cantante de rock, pero como si lo fuera

Volviendo a lo del pomposo título de A Symphony of British Music, me parece que tuvo mucho de Symphony pero que lo de British era más bien mentira. Fue mucho más english que british, que podían haber puesto para disimular algún León de Gales o quizá un Rod Stewart cualquiera con denominación de origen escocesa. Tampoco hubo un triste norirlandés que llevarse a la boca, pues no creo ni que se atrevieran a proponérselo a Van Morrison… lo más que se pudo oir en off fue una ráfaga de U2. En cuanto a lo del sinfonismo, me parece que fue el estilo que impregnó todo, con Mike Oldfield y Vangelis hasta en la sopa… menos mal que tuvieron el buen gusto de poner a Rowan Atkinson para reírse del género. En cambió, ningún chico duro fue invitado a la fiesta. Nada de Iron Maiden, ni de Zeppelin, ni de Purple y menos aún de Sabbath. Lo más duro que sonó para no ofender los sensibles oídos del público mundial fue Muse, pero porque Survival era la canción oficial del evento.

Todo un virtuoso del rock sinfónico

En fin, que fue muy entretenido divagar sobre todas estas cosas durante las larguísimas ceremonias. Al margen de esto, no sé si los Juegos Olímpicos han sido un éxito o si pasarán a la posteridad. En principio la idea de Londres 2012 parecía un disparate, pues era absurdo dedicar unas Olimpiadas a promocionar una ciudad que ya se promociona por sí sola. Hay que reconocer que los ingleses tenían derecho a organizarlo como inventores que son de gran parte del deporte moderno, con sus federaciones y sus reglamentos, sus competiciones y sus rivalidades, aunque después de dos semanas con la máquina propagandística a todo trapo hemos acabado un poco hastiados de tanta Gran Bretaña. Con la moral rebosante por la lluvia de medallas de oro, los británicos se entregaron sin pudor a una exaltación patriótica de himno y bandera que en general ha proyectado una imagen colectiva un poco chabacana y desde luego muy poco british.

Digamos que al menos sirvió para sacar de los asilos a una grandísima generación de músicos. Creo que esa canción de The Who escrita en 1965 hablaba de que en aquella época notaban que eran terriblemente molestos con sus guitarras y sus ganas de divertirse. Se veían completamente fuera de lugar en una sociedad todavía entristecida por el recuerdo de la II Guerra Mundial. En la transición a la década de los 60 todavía quedaban por ahí viudas, huérfanos y mutilados como para que tuvieran que soportar a una panda de niñatos inconscientes que querían ser artistas. Como ya iba siendo hora de sacudirse todas esas telarañas, lo tuvo que hacer esta generación nacida a partir de 1941, la primera que no recordaba los bombardeos de Londres. Esa generación que tenía la sensación de que “la gente nos trata de joder solo porque vamos por ahí a nuestar bola”, que era más o menos lo que decía la primera estrofa de My Generation.

Y aunque no pueda ponerles el vídeo oficial, siempre hay un buen samaritano que lo graba con su móvil y lo sube al día siguiente.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Hubo un Skywalker en Buenas Noches Rose”, que fue publicado originalmente el domingo 10 de octubre de 2010.

¿Quiénes son los abuelos del rock?

Domingo, 11 de julio de 2010.-
Cuando empecé con esto del blog no imaginaba lo laborioso que sería lo de adjudicar etiquetas y categorías. Por ejemplo, me invento la categoría “Abuelos del rock” y entonces me meto yo solito en el problema de decidir quién es abuelo y quién no.

Más o menos yo lo tenía claro, pero después de corregir algunas incongruencias que se me han colado me veo en el compromiso de aclararme en voz alta. Por un lado tenemos a los primeros roqueros, los pioneros de los años 50. Los pocos que van quedando vivos son ya octogenarios, pero creo que con la categoría “Rock 50” y con el guiño Yo no soy Bo Diddley están suficientemente definidos: se les supone edad no ya para ser abuelos, sino tatarabuelos. A estas alturas, gente como Little Richard o Jerry Lee Lewis estan ya en la más absoluta ancianidad, pero no los considero exactamente abuelos del rocanrol… Y mucho menos pudieron ser abuelos otros como Buddy Holly o Eddie Cochran, que murieron jóvenes y dejaron un bonito cadáver en blanco y negro.

Little Richard, Jerry Lee Lewis, Buddy Holly y Eddie Cochran
Ricardito, Jerry Lee, Buddy y Eddie

En realidad a todos estos los veo más como padres del rocanrol que como abuelos. Se inventaron el género, sí, pero no creo que tuvieran intención de perdurar. En aquella época las modas musicales tenían un reinado de dos o tres años y luego cedían el testigo a nuevos ritmos. El Rock & Roll surgió con una fuerza brutal y protagonizó todo tipo de proezas y escándalos. Little Richard se metió a pastor de una iglesia evangélica, Jerry Lee Lewis se casó con su prima menor de edad, a Chuck Berry lo metieron en la cárcel por estafa y Elvis Presley se alistó en el ejército. Llegó la decadencia y el rock desapareció, igual que posteriormente fueron desapareciendo el twist, el surf, el mambo-rock, el limbo-rock y todos esos tontos bailecitos que se iban inventando.

Pero unos años después, hacia 1964, el rock renació de sus cenizas por culpa de un montón de grupos ingleses a los que les dio por versionar los éxitos de la década anterior y conquistar América con la música que los propios americanos del norte habían olvidado. Algunos de esos jovencitos se instalaron en un estrellato mundial que les permitió ser millonarios y dedicarse al negocio del rock durante cuarenta y pico años de forma ininterrumpida… ¿Cuarenta y pico años con la guitarra a cuestas? Esos sí que son abuelos del rocanrol.

Rolling Stones, Beatles, Yardbirds, Animals
La Invasión Británica de 1964…
invadieron EEUU y el mundo entero

Por culpa de aquellos Stones, Beatles, YardbirdsAnimals los viejos rockers de los 50 fueron rescatados del olvido y hasta de la indigencia. Carl Perkins, Little Richard, Chuck Berry, Bo Diddley y muchos más pudieron volver a la carretera gracias a ellos, e incluso Elvis se vio forzado a su Comeback Special de 1968 porque comprendió que esos peludos ingleses estaban poniendo en entredicho su reinado.

Pasaron 10 años… algunos fueron quedando en el camino, otros mutaron a dinosaurios. Algunos cumplieron los 50 tacos sobre el escenario, y los que resistieron otros 10 años en la escena se convirtieron sin darse cuenta en abuelos del rock.

Eric Clapton, Ringo Starr, Neil Young y Bob Dylan
Muchos de esos invasores británicos de 1964
siguen publicando discos en la actualidad…
e ilustres americanos invadidos, también

La mayoría de estos abuelos del rocanrol se empeñan en salir de gira a un paso de soplar 70 velas. Sigue pasando el tiempo y todavía en este nuevo siglo seguimos hablando de ellos.

Chuck Berry - Hail! Hail! Rock 'n' RollHail! Hail! Rock 'n' Roll (1987) 

Les dejo con una de mis escenas favoritas del cine roquero, la célebre bronca entre los mayores cascarrabias de las dos primeras generaciones del rock. Ocurrió en la película Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll, que consistía en que Keith Richards le montaba un homenaje a Chuck Berry en 1986 por su sesenta cumpleaños. Richards, acostumbrado a hacer su real gana, se queda perplejo al ver que otro músico se atreve a encararse con él porque le supera en canas y en galones… ¿cómo me vas a decir tú cómo se toca Carol, si la escribí yo?