Mariscal Romero, el primer indignado

Sábado, 27 de agosto de 2011.-
Se acaba este extraño agosto de 2011, ocupado en Madrid por extenuantes manifestaciones católicas y protestantes. Confieso mi indiferencia hacia las religiones, sin embargo he de reconocer que experimento cierta antipatía ante todo lo protestante. El gran Silvio tuvo en uno de sus primeros grupos a un batería que era negro y protestante. Pese a que era un excelente aporreador decidió despedirlo, y no por negro. Sabía que la presencia de un protestante en el grupo no traería más que problemas, y Silvio nunca se equivocaba.

El mes comenzó en Atascado en los 70 también con polémica. Un par de nuevos amigos se enzarzaban en la eterna disputa sobre si es mejor decir Stones o Rolling. Se trata de un gran dilema sobre el que me encanta discutir, y no digamos si en la refriega sale a relucir la figura de Vicente Mariscal Romero. Tengo por costumbre hacer una reverencia al escuchar el nombre de este gran benefactor del rock en España. Rápidamente, me he puesto a buscar y he encontrado esta joya, que demuestra que la indignación contra los políticos no se inventó en mayo de 2011.

Vaya, resulta que los roqueros de barrio empezábamos a estar hartos de los políticos de la transición ya en el mismísimo 1978. Ha llovido mucho desde entonces y han brotado unas cuantas chabolas de indignados en la Puerta del Sol. Como dije, no siento mucha simpatía por esos jóvenes barbudos y esas chicas con piercing que tanto cariño han cogido al kilómetro cero. Será que me he convertido en un señor mayor y me muero de envidia por no tener veinte años igual que ellos. También envidio lo animado que les ha salido este verano de la indignación en Madrid, en comparación con los soporíferos agostos madrileños de antaño. Y sobre todo, ese chollo de poder chotearse de la policía en su cara a cambio de un par de porrazos en tres meses. No está nada mal, cuando yo tenía veinte años no era así de barato. Era más seguro encauzar la indignación hacia otros ámbitos, como chapurrear canciones de The Rolling Stones en inglés inventado. Hayguasborn inacrasfar jarricain, que decía Mariscal Romero.

Mariscal Romero fue un profesional de la radio que tuvo la jeta de ponerse a cantar sin tener ni idea de hacerlo, todo porque era una especie de iluminado con una importante misión: dar un impulso a nuestro rock autóctono. ¿Y quién era él para hacerlo? Pues el inventor de la radio roquera en España. Antes hubo otros, como Ángel Álvarez o Alfonso Eduardo, pero Mariscal era un roquero de verdad. Lo suyo era ROCK con mayúsculas, que solía decir él. No sé cómo se las arregló, pero a principios de los 70 el tío se coló en la onda media de una de las radios públicas con un programa en el que ponía a los Stones, Uriah Heep, Jethro Tull y gente así. Se llamaba Musicolandia y se emitía en Radio Centro, que era una de las cadenas del conglomerado de la Radio Nacional de España franquista. Pero el incansable Mariscal no se conformó e hizo doblete con otro programa en la FM, el legendario Mariscal Romero Show, con el que ya obtuvo tanta relevancia que le contrataban como disc jockey en festivales de rock y le ponían como cabeza de cartel por encima de los propios grupos. Este es el aspecto que gastaba en aquella época.

Mariscal Romero Show-Black Feeling (1977)

Mariscal le echó morro y, consciente de sus limitaciones, aceptó el reto de lanzarse a rocanrolear… o algo parecido. Había que conquistar presencia pública para el rock español, y en ese momento el Mariscal era más famoso que cualquiera de los músicos del género… así que se puso al frente del escenario, cogió el micro y asumió su papel de agitador. El objetivo principal era grabar discos, y por fin lo consiguieron con el primer ¡¡Viva el Rollo!! (1975). El proyecto sirvió para que Burning, Volumen, Indiana y Tílburi publicaran un par de canciones, pero a condición de que también diera la cara Mariscal Romero, que se marcó dos versiones stonianas acompañado por The Moon, uno de los grupos más competentes del momento.

Siempre bien agarrado a los Stones, tanto en el primer Viva el Rollo como en el segundo. Jumpin’ Jack Flash y Honky Tonk Woman en el Vol. I y No nos dan satisfacción en el Vol. II. Lo que va entre ambos discos es el paso trascendental desde la iniciática Serie Gong (subsello de Movieplay) al mítico Chapa Discos (subsello de Zafiro). Este Rock del Manzanares – Viva el Rollo Vol. 2 es una de las primeras referencias del inimitable sonido Chapa, y en él Vicente Romero apadrinó a cinco grupos del entonces llamado rock mesetario: Asfalto, Leño, Cucharada, Union Pacific y Araxes II. Los tres primeros pudieron grabar después sus propios LP’s con mayor o menor fortuna; Union Pacific se tuvo que conformar con ser el grupo que dio soporte al Mariscal en su hilarante Satisfaction y con ser cantera de los futuros Obús; y por último, Araxes II disfrutó de un gran prestigio en el rock sinfónico de aquel momento y ha vuelto a la actualidad este verano por ser la banda en la que militó el tristemente célebre José Rodríguez Neri, cerebro de la trama SGAE que acaba de salir de la prisión de Soto previo pago de 300.000 euros de fianza… una modesta cantidad comparada con lo que Neri manejaba.

Arriba, primer volumen de ¡¡Viva el Rollo!! publicado bajo la marca Gong, subsello roquero de Movieplay que no cuajó mucho más allá de inflarse a ganar pasta con Triana.
Como desde allí no había manera de dar el impulso necesario al rock español, Mariscal convenció al sello Zafiro para crear la Serie Chapa, que echó a andar con este Viva el Rollo Vol. 2 de aquí abajo

Además de estos discos colectivos, Mariscal también publicó dos álbumes propios: Mariscal Romero Show-Black Feeling (1977) y Zumo de Radio (1980). Del primero ya han podido ver su indescriptible portada unos párrafos antes, muy ilustrativa de su manera de hacer radio: siempre de pie, nunca sentado. Su contenido es bastante extraño, con Romero aullando sobre temas funk y música disco, pero lleva el nombre de su recordado programa en Radio Juventud, que era la emisora de FM de Radio Cadena Española.

Cuando RNE se reorganizó en la década siguiente, algunas de esas frecuencias de Radio Centro y Radio Juventud fueron utilizadas para montar Radio 3, la casa donde se refugiaron los patriarcas de la modernez y la nueva ola. Mariscal no estuvo allí, pues nunca quiso mezclarse con los Ordóvas de turno. Debo decir que una vez conocí en persona al gran Vicente Romero y me impresionó la elocuencia con la que pronunciaba el apellido “Ordóvas”, con acento en la segunda “o”, una forma despectiva de enfatizar la traición de Jesús Ordovás, que de joven estuvo en el grupo fundacional del Viva el Rollo y luego les hizo un corte de manga para marcharse con los de los pelos de colores.

Mariscal se escabulló de la apoteosis pegamoide de mediados de los 80 refugiándose en Argentina, donde impartió su magisterio radiofónico desde la Rock & Gol de allá. Luego regresó, hizo una breve incursión en Cadena 100 con un show matinal y sobre todo se centró en el negocio editorial publicando revistas roqueras imbatibles en ventas. Hace tiempo que cambió su nombre para hacerse llamar Mariskal con “k”, y lo más increíble es que el tío sigue en plena forma, al pie del cañón con página web, radio on-line y consiguiendo que la Kerrang y la Heavy Rock se mantengan firmes en los kioskos. ¡Larga vida al Mariscal!

Zumo de Radio (1980), con otro autógrafo del Mariscal

FE DE ERRORES 03/11/2011
Me falló la memoria justo en el último párrafo y se deslizaron dos datos erróneos, hábilmente subsanados en los comentarios por un insigne lector. Pueden salir de dudas un poco más abajo.

Rock al 1/4 de hora: Ordinary People

Martes, 23 de agosto de 2011.-
Abro nueva sección para dar cancha a esas canciones que por rondar el cuarto de hora nunca se sabe muy bien qué hacer con ellas. Se me ha ocurrido mientras escuchaba esta barbaridad del gran maestro de las canciones interminables.

Casi todos los discos de Neil Young tienen algún corte que se alarga más de la cuenta. Cuando la cosa va por los cinco minutos empieza a generar cierta sensación de pesadez, pero un rato después uno se acostumbra, supera el fastidio y acaba cómodamente envuelto por una especie de espiral. Finalmente la canción se termina, y uno lamenta que no durara un poco más. Este disco no es una excepción.

Chrome Dreams II (2007)

Estamos escuchando Ordinary People, una de las dos canciones largas de Chrome Dreams II. Se trata de uno de esos trabajos en los que Mr. Young, de forma un tanto desordenada, mezcla sus últimas composiciones con otras que quedaron fuera de la selección final de álbumes casi perdidos en el tiempo. En concreto aquí consideró que era el momento adecuado para rescatar algunos descartes de la era Geffen… creo que hay uno de Old Ways, otro de Freedom y este Ordinary People que se quedó fuera de This Note’s for You, pero sí entró en el repertorio de los conciertos de Neil Young & The Bluenotes en su gira de 1988.

Tuvieron que pasar casi veinte años para que Ordinary People tuviera la oportunidad de ser grabada para un álbum oficial, pero así es Neil, capaz de guardar dentro de un cajón durante decenios maravillas como esta. De hecho Chrome Dreams es el título de un disco de 1977 que nunca existió. El proyecto se aparcó y nunca fue publicado, pues lo que finalmente llegó a las tiendas se llamó American Stars ‘n Bars. Y lo de titular volumen segundo al mencionado disco de 2007 creo que no tiene mayor intención que hacer un guiño al pasado.

Ordinary People fue elegida como single de Chrome Dreams II, pero no sonó mucho en las radios. Qué cobardes, todo por 18 minutos de nada. Con semejante duración, el que lo subió a YouTube decidió dividirlo en dos trozos para evitar problemas. Aquí tienen la segunda parte.

Por cierto, dije que Ordinary People era una de las dos canciones largas de Chrome Dreams II. La otra era No Hidden Path, que superaba los catorce minutos en el disco pero casi alcanzó la media hora cuando la tocaron en uno de esos Rock in Rio que ha habido en Arganda. Casi ná.

3 canciones de Rainbow (y III): Sixteenth Century Greensleeves

Lunes, 8 de agosto de 2011.-
Llegó el momento de finalizar esta trilogía de canciones elegidas de forma bastante caprichosa. Empecé con I Surrender, seguí con Long Live Rock’n’Roll y termino con una del primer disco del grupo, siguiendo un riguroso orden cronológico inverso.

Como me suele pasar, después de machacar mis oídos con el Difficult To Cure sentí la necesidad de seguir con más música de Rainbow. Fui a la biblioteca, saqué un doble CD recopilatorio y continué con el empacho. Cuántas canciones importantes y cuántos recuerdos de los viejos tiempos. Como nunca tuve discos suyos y no sabía mucho del grupo, me zampé enterito el libreto y me enteré de un montón de historietas sobre su origen y los músicos que iban entrando y saliendo. Me llamó la atención esta canción.

¿Mangas verdes del siglo XVI? A saber lo que quiere decir eso en el contexto de las leyendas británicas de castillos y dragones. El caso es que cuenta la historia que esta canción es una de las culpables de que Ritchie Blackmore se cabreara con sus compis de Deep Purple y decidiera poner en marcha otro proyecto. El guitarrista la presentó en los ensayos, pero Coverdale y compañía debían de estar un poco hartos de las fantasías medievales del Ritchie y pasaron de ella. Total, que no superó el corte y quedó fuera de la selección de Stormbringer, disco de 1974 que finalmente supondría la despedida del guitarrista y fundador los Purple . El rebote que se pilló Blackmore fue tal que planeó un single en solitario con el Greenslaves y Black Sheep of the Family, otra canción propuesta por él y despreciada por los coverdales. Luego pensó en grabar un álbum completo en el que dar rienda suelta a su imaginación. Ahí entra en escena Ronnie James Dio, un cantante estadounidense que tenía una banda llamada Elfo. Como Ritchie aún no tenía a ningún músico se quedó con el grupo entero para contentar al vocalista, pero poco a poco se fue deshaciendo de todos hasta quedarse solo con Dio, que era quien realmente le interesaba.

Ritchie Blackmore’s Rainbow (1975)

Más sobre Rainbow en:

http://balbinositio.zymichost.com/balbinoblog/archives/952

¡Qué bonita Forrest Gump!

Domingo, 31 de julio de 2011.-
Por fin he visto Forrest Gump. Aunque tarde, he podido subsanar esa imperdonable laguna cultural por la que tan criticado he sido. La peli, bonica; la música, espectacular. ¿Saben lo que hice en cuanto terminaron los títulos de crédito? Echar a correr… sin razón ni objetivo alguno, simplemente porque sí, tal como nos enseña el héroe de la historia. Curiosamente me frenaba un poco el viento de cara, justo como le ocurría a este señor de barba.

Lo que me resulta más admirable de estas superproducciones de Hollywood es que todo encaja al milímetro, los tíos trabajan como relojeros suizos. No es fácil encontrar un anacronismo, nada de objetos o ropas que no correspondan con cada momento historico, ningún acontecimiento fuera de su orden cronológico. Y la música, que es lo que a mí más me motiva, suena siempre con total precisión: que en 1956 el chico va con su madre por la calle… salen en las teles de un escaparate los contoneos escandalosos de Elvis en 1956; que dos años después los matones del cole apedrean al chico… sale un instrumental de Duane Eddy de 1958; que al tío le crece la barba de tanto correr… ponen la de correr contra el viento de Bob Seger, el roquero más barbudo de los 70. Pues resulta que Seger también tuvo una novia llamada Jenny, y encima Against The Wind está publicada en el cambio de década, justo en esos años en los que el bueno de Forrest Gump se desplazaba de costa a costa corriendo sin parar.

Bob Seger & The Silver Bullet Band - Against The Wind Against The Wind (1980)

Me gusta esa parte en la que ponen canciones de correr. Además de la mencionada de Bob Seger & The Silver Bullet Band, que encaja en la peli como un guante, van enlazando Running On Empty de Jackson Browne, It Keeps You Runnin’ de los Doobie Brothers, On The Road Again de Willie Nelson y Go Your Own Way de Fleetwood Mac… Menos mal que no cayeron en la tentación de Born To Run… ¡habría sido demasiado facilón!

Por lo demás, la película es muy emotiva y la narración no da tregua en ningún momento, aunque se mueve siempre en ese límite de lo sensiblero que puede llegar a convertir una historia en odiosa. Personalmente lo di casi todo por perdido en el primer minuto de metraje cuando comienza a sonar esa lacrimógena banda sonora de Alan Silvestri mientras la cámara sigue el vuelo de una pluma de ave sobre las calles de una ciudad sureña. No daba crédito… ¿de verdad pretendían hacernos llorar solo por ver una puñetera pluma a la que se lleva el viento? Y justo después, un bobalicón que está sentado en un banco empieza a contar su vida. No empezaba nada bien la cosa, pero justo cuando iba a tirar la toalla empiezan a enlazarse los flashback y la historia empieza a animarse. Para cuando te están contando que en EEUU un simplón como Forrest puede ir a la Universidad y graduarse solo por ser buen deportista, la película ya te ha enganchado definitivamente. Brillante idea esa de revisar el Siglo XX desde la óptica de un tío con cociente intelectual borderline.

Lennon y Gump¿Alguien sabe quién es ese chico desconocido de gafas
que está sentado al lado de Forrest Gump?

Y vuelvo a mi monotema rocanrolero. Qué envidia da comprobar que en los USA consideran el rocanrol como un producto cultural de primera categoría. Y cómo lo miman, qué protagonismo le dan y menudo partido le sacan. Cada canción suena exactamente donde tiene que sonar, ya sea para evocar una época o para ambientar una situación. En cambio, aquí estamos demasiado acostumbrados al despropósito Made in Spain. Los señores del audiovisual hispano pasan tanto del rocanrol que llamaron La chica de ayer a una serie ambientada diez años antes de que se publicara esa canción de Nacha Pop. Por no hablar de cuando el hippie que apareció en Cuéntame se puso a cantar Let It Be por las calles de San Genaro un año antes de que saliera el disco. ¡Realmente ese chico inglés manejaba información beatle privilegiada!

En cualquier peli yanqui pasa justo al revés, se nota que los cineastas han mamado rock y lo siguen llevando en el corazón. Por ejemplo, el paleto Gump atraviesa la noche neoyorkina y se escucha Everybody’s Talkin’ de Harry Nilson, pues así quedó establecido desde hace años en Cowboy de medianoche. Y luego está toda la música hippie, la del verano del amor en la costa oeste y las de las protestas pacifistas en la costa este. Flores en el pelo en San Francisco y Aquarius en Central Park. Y por supuesto, las canciones de la Guerra del Vietnam, que son un género en sí mismo en el que el cine y el rock llevan años retroalimentándose. Aparte de las típicas de la Creedence y de los Doors que salen en todas las películas sobre los charlies, me han sorprendido algunas que no conocía, como Let’s Get Together de The Youngbloods y Joy To The World de Three Dog Night. Pero sobre todo el Volunteers de Jefferson Airplane. Me alegra saber que estos abanderados del hippismo tenían repertorio más allá de Somebody To Love y White Rabbit.

Bueno, y ahora que al fin he visto Forrest Gump puedo tachar una película de la lista de 50 ó 60 imprescindibles que por pura desidia nunca me tomé la molestia de ver. Suelo tener en el número 1 a ET, pero en el último momento siempre aparece otra que la desbanca de la primera posición. Reconozco que en estos días va creciendo por momentos mi interés por Karate Kid. Últimamente hasta sueño con la escena de la grulla.