Rock al 1/4 de hora: Space Truckin’

Martes, 2 de febrero de 2016.-
Ya les conté hace poco que un estúpido anuncio de colonia me sirvió como excusa para recordar a Deep Purple. Gracias a tan tonto motivo disfruté del placer de escucharme un Made in Japan del tirón, una de esas cosas que habría que tomar como costumbre hacer cada cierto tiempo. Más en concreto reparé en esta pieza descomunal que, de paso, me sirve para desempolvar una vieja sección dedicada a canciones de un cuarto de hora. Cuarto de hora largo en este caso, casi veinte minutos.

Mientras suena Space Truckin’ les cuento otro detalle relacionado con el anuncio de colonia. La canción que servía de reclamo publicitario, Child In Time como bien saben, aparece casualmente en los dos únicos discos de Deep Purple que en su momento volví a comprarme en CD. Vale que ya los tenía en vinilo, pero el sonido remasterizado y los correspondientes bonus track eran excusa suficiente para darse uno el gusto. La charla sobre la dichosa colonia se ilustró con la foto de In Rock, así que ahora llega el turno de Made in Japan.

Deep Purple - Made in Japan. The Remastered Edition
Made in Japan-The Remastered Edition (1998)

Como pueden ver, en esta Remastered Edition los colores de la portada están intercambiados: letras doradas sobre fondo negro, justo al revés que en la edición original. Ya sé que ese viejo doble vinilo de 1972 que todos tenemos por casa medio destrozado tiene un encanto insuperable, pero déjenme que les diga que escucharlo en CD en el reproductor del coche también tiene su punto, con su poderoso sonido digitalizado de los 90 y por la posibilidad de disfrutarlo en una sola tacada, sin la penosa tarea de tener que dar la vuelta al disco. Aunque quizá por respetar la tradición de que Made in Japan sea doble, esta edición aporta como propina un segundo CD titulado The Encores que añade tres canciones extra al listado habitual: unos Black Night y Speed King del concierto de Tokyo y el Lucille de la segunda noche en Osaka. Aquí debajo les pongo un trozo de contraportada del vinilo original, o sea, letras negras sobre fondo dorado. Ampliando un poco se puede ver a qué recital pertenece cada una de las siete canciones del mítico Made in Japan de toda la vida.

Contraportada del Made In Japan
Detalle de la contraportada original

Space Truckin’ era la séptima y última canción del disco, ocupando ella solita la cara cuatro del disco doble. La toma original en estudio que apareció ese mismo año en el disco Machine Head era un corte normal y corriente de cuatro minutos y pico. Como en esos conciertos japoneses de agosto de 1972 andaban prácticamente presentado las nuevas canciones, aprovecharon para explayarse con ellas e introducir toda clase de improvisaciones, especialmente en este periplo espacial. En su parte central el teclista John Lord expone todo su repertorio de ruiditos interplanetarios durante un buen montón de minutos hasta que en el punto más álgido toma el relevo la guitarra de Blackmore. El público de Osaka rompe a aplaudir en un falso final, pero como la cosa se reanuda con toda la fuerza ya no saben a qué atenerse y el desconcierto llega cuando la canción acaba de verdad. Se produce un silencio absoluto y los japos demoran respetuosamente su ovación unos diez segundos, hasta estar bien seguros de que había terminado.

Esta es probablemente la primera vez que en A70 nos fijamos en un instante de silencio. Deténganse por un momento en ese minuto 19 y piensen en cómo tuvieron que sentirse esas miles de almas durante esos diez segundos. Tuvo que ser realmente mágico.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El rock está muerto… ¡larga vida al rocanrol!”, que fue publicado originalmente el sábado 20 de marzo de 2010.

Ian Gillan en un anuncio de colonia

Lunes, 4 de enero de 2016.-
Aprovecho para felicitarles el Año Nuevo a propósito de un anuncio de colonia que me ha llamado mucho la atención estos días. Muy bien elegida la banda sonora, pero los muy cobardes solo utilizan una ráfaga de treinta segundos comprimiendo las partes más suaves de esta monstruosidad de canción. Esto hay que oírlo entero, por favor, que son solo diez minutillos.

Es lo que se llama publicidad engañosa. Si uno ve el anuncio y sigue los pasos de esa delicada chica japonesa a cuyos pies van brotando amapolas tan rojas como su vestido puede imaginar que la dulce melodía podría pertenecer a algún olvidado grupo psicodélico del San Francisco hippie, o quizá algún viejo baladista europeo que mediados los setenta se apuntó a la moda progresiva. Pues no, es Ian Gillan quien susurra mientras la prota se exhibe despreocupada ante los siete samuráis uniformados de negro que la reciben en rigurosa posición de firmes. Es un fastidio tener que colar un spot en A70, pero no queda más remedio que enlazar el anuncio para que puedan comprender los sentimientos encontrados que produce. Por un lado, la sana satisfacción de descubrir que los clásicos del rock aún pueden conmover a las masas, aunque sea para incitarles a comprar una colonia cara. Por otro, la indignante sensación de que nos han mutilado de mala manera este pedazo de rocanrol. Porque, señores de la industria del perfume, sepan ustedes que han osado utilizar a los grandísimos Deep Purple para sus sucios objetivos, y eso nos ofende a todos los buenos aficionados al rock. Han menospreciado ustedes a los míticos Purple, que nunca usaron colonia ni falta que les hizo. Véanlos, véanlos en el vídeo de arriba. Y miren aquí debajo en la portada del disco cómo de verdad fueron los más grandes y tampoco tenían abuela.

Deep Purple - Deep Purple In Rock
Deep Purple In Rock (1970)

Sí señores, aquí tienen a los Purple en su más legendaria formación, la tantas veces celebrada Mark II. En el arranque de la canción, para gozo de la chica japonesa, la teclas de Jon Lord, los platos de Ian Paice y el bajo de Roger Glover se mantienen en contenida tensión antes de que todo se desboque. La dulce voz de Ian Gillan completa el tramposo inicio preciosista, primero susurrando en falsete, luego aullando y finalmente, hacia el minuto tres, ya gritando como un poseso. Quizá los señores publicitarios al servicio de las firmas de perfume caro, en su afán por sugerir antes que mostrar y siempre tan dados a la sutileza, hayan querido manipular la imaginación de los que conocemos bien la canción. Porque suponemos hacia dónde se va a dirigir en ese minuto tres la historia de la chica japonesa con el joven al que ella eligió restregando la amapola por su barba de tres días. Y no digamos ya en el minuto cuatro, con toda la banda atronando al máximo para que el maestro Ritchie Blackmore dibujara todas esas diabluras guitarreras que tan bien se le daban. Luego un descanso en el minuto seis, y vuelta a empezar.

Les dejo, que mañana hay cabalgata.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Dirige la orquesta el maestro Francesco Zappa”, que fue publicado originalmente el martes 8 de enero de 2013.

De Sweet a Burning pasando por Deep Purple

Martes, 28 de abril de 2015.-
En el texto anterior estuvimos hablando de The Sweet y nos detuvimos en el año 1974, justo el momento en que decidieron abreviar a Sweet. Esta es la primera canción que apareció firmada con el que sería el nombre definitivo del grupo.

En realidad Set Me Free fue el primer corte del disco de la portada de debajo de este párrafo, aunque también saliera más tarde publicado en el disco que ilustra el vídeo de encima. Les aclaro el embrollo. En 1974, su gran año, Sweet puso dos LP’s en el mercado: Sweet Fanny Adams y Desolation Boulevard. Ante tal abundancia de vinilos grandes y pequeños las ediciones de EEUU iban siempre un paso por detrás y ese año no llegaron a tiempo de ver siquiera publicado Sweet Fanny Adams, así que esperaron a 1975 para hacer el apaño con un Desolation Boulevard cuyo listado de canciones mezclaba lo más destacado de las versiones europeas de ambos álbumes.

Sweet - Sweet Fanny Adams El disco que de verdad empezaba con Set Me Free

¿Y cómo es posible que una canción tan buena no saliera como single ni tuviera demasiada relevancia en el repertorio de Sweet? Pues porque esta canción provocó un pequeño gran escándalo que nunca se les perdonó, el pecado original que a partir de entonces tuvieron que llevar a cuestas. Lo tenían todo para haber sido uno de los grandes de la escena heavy británica, pero su carrera fue declinando en un discreto segundo plano durante tres o cuatro discos más hasta el final de la década. Luego en los 80, una vez desecho el cuarteto original, aún seguieron dando tumbos al más puro estilo Spinal Tap. Y todo el problema venía porque Set Me Free era sospechosamente parecida a otra conocida canción publicada unos años antes por Deep Purple.

Trasera de Deep Purple in Rock Si va ud. a plagiar, mejor no elija un disco tan famoso

Total, que Sweet nunca pudo librarse de cierta etiqueta de grupo prefabricado incapaz de aportar material original, artesanos del corta y pega que aprovechaban un acorde de allí y una melodía de allá. Aunque todo eso tenga algo de cierto, aunque gran parte de su repertorio transmitía la sensación de parecerse al de otros, reconozcamos que eran de lo mejorcito facturando hits. Entre sus grandes éxitos hay un puñado de canciones inmejorables y algunas de ellas también sirvieron para dar algunas pistas a otros que vinieron detrás. Les pongo como ejemplo esta otra.

El caso es que el ritmillo de este Done Me Wrong All Right me resultaba familiar. ¿Se lo habrían copiado a otro grupo? Pues en esta ocasión era todo lo contrario. Cuando identifiqué la canción con la que encontraba parecido resultó que se trataba de un grupo más novato que tomaba a Sweet como fuente de inspiración para su single de debut. No es que sean idénticas, pero hagan la prueba de parar Done Me Wrong All Right a los veintitantos segundos y pinchar a continuación el vídeo de más abajo. Y no les estoy acusando de plagio, solo digo que se dan un aire. No creo que en 1974 fuera fácil montar una banda de glam rock en La Elipa, así que por entusiasmo se ganaron todo el derecho a elegir como modelo al grupo inglés que a ellos les diera la gana.

Burning - 1974-1975, los años que empezamos a vivir peligrosamente 1974-1975: los años que empezamos
a vivir peligrosamente (2005)

Viendo el admirable esfuerzo que hacían para parecer glamrockers británicos tampoco es cosa de ponerles demasiadas pegas, que estas fabulosas pintas que gastaban poco después de sus primeros ensayos hay que valorarlas como una auténtica heroicidad. Si se fijan bien, algunas de las prendas que lucieron en aquella sesión de fotos bien podrían haber sido sustraídas de los armarios de sus respectivas abuelas. En concreto creo que fue Quique, el bajista, quien confesó el origen delictivo de su peluca en un libro del que luego daré cuenta. No había más remedio que echarle imaginación, pues lo de viajar a Londres a comprar ropa era una posibilidad que ni por asomo se contemplaba. Años después sí hubo una generación de músicos que pudo practicar esa clase de turismo, pero con un par de salvedades: había que ser de “la movida” y proceder de barrios algo más acomodados que La Elipa.

Reedición de los dos primeros singles de Burning Contraportada con la foto de los dos singles originales

No me digan que esa mítica foto no habría merecido una portada de disco, pero era demasiado rompedora para su época y la disimularon en un recuadro. Hubo que esperar a 2005 a que los chicos de Munster Records desempolvaran las primeras grabaciones de Burning en esa preciosa reedición en formato doble single de vinilo y, para quien tenga curiosidad, hay muchas más fotos de esa sesión en el libro recomendado más abajo. La cosa era tan impactante que no pudieron mantener ese look mucho más allá de un año, justo lo que tardaron en publicar sus dos primeros singles y en ser apedreados en pueblos como Colmenar Viejo, que la provincia de Madrid era por entonces mucho más provincia que Madrid. Es probable que la trifulca se originara tras movilizar a los mozos con una frase del estilo “Oye, que esa panda de mariconazos está mirando a nuestras chicas”, o puede que fuera por otro motivo o en otro sitio. Coincidencia o no, después de experiencias como esa y en vísperas de la publicación de su primer LP dieron un pequeño giro al aspecto del grupo, dejando atrás el glam en favor de una mucho más apropiada estética macarra de barrio. Vamos, la clásica portada de chupa de cuero, gafas de sol y cigarro en la boca con que quedaron inmortalizados. Así de peligrosos e intimidantes saldrían a la siguiente gira por provincias mucho mejor preparados. Si alguien buscaba pelea se lo tendría que pensar dos veces.

La foto de Burning para la portada de Madrid Look definitivo de 1977 para el LP, pero en color

En cuanto a la música, era normal que los grupos españoles que empezaron su carrera en los últimos años del franquismo trataran de imitar a los artistas internacionales que más les molaran, o mejor dicho, que los tomaran como referencia. Y con la cantidad de cosas que ocurrieron en ese periodo de la historia del rock, incluso desconcontado el retardo con que ese tipo de noticias llegaban a España, bastante tenían con tratar de asimilarlas toda velocidad. Así que no es extraño que esta primera composición de Burning tuviera ese lejano aroma a una perdida canción del repertorio de Sweet. Hagan ahora el experimento inverso: terminen de escuchar este Estoy ardiendo y a continuación reanuden el vídeo de Done Me Wrong All Right donde lo dejaron.

Pues sí, esta es la canción que contenía el nombre del grupo y les sirvió como carta de presentación. El inglés macarrónico que emplearon resulta realmente entrañable, pero por suerte o por desgracia lo desecharon en cuanto ficharon por Belter. Fue irse a grabar a Barcelona y ponerse a cantar en madrileño de barrio, fíjense qué paradoja… pero esa es ya otra historia. Si quieren más detalles sobre todas estas anécdotas de los primeros años de Burning y muchas más les remito al libro de Alfred Crespo, donde se recrea ese periodo con todo lujo de detalles. Tenía que ser un fan de Barcelona quien escribiera una crónica tan excitante, pues bien mirado estas cosas se relatan con mucha mejor perspectiva desde un distancia prudencial.

Burning Madrid - Alfred Crespo (66 RPM Ediciones, 2012) "Burning Madrid" de Alfred Crespo
(66 RPM Ediciones, 2012)

Búsquenlo, que aún se puede encontrar por ahí. El ingrediente más emocionante es que Crespo recupera la figura del bajista Enrique Pérez, alias Quique Langstrum, que aunque tiró la toalla a las primeras de cambio fue en realidad el ideólogo musical de Burning. Seguramente fue él quien llevó al local un disco de Sweet, pues tenía más cultura rock que la que pudieran manejar Toño, Risi o Johnny. Por otra parte, Alfred Crespo rememora todas las oportunidades en que acariciaron el éxito a lo grande. El grupo las fue malgastando una y otra vez, lamentando el autor del libro que quizá ya no volvería a presentarse otra ocasión. Pues quién lo iba a decir, aquí tienen una más en pleno 2015. Después de cuarenta años por fin van a darse su primer baño de multitudes de verdad. No en un festival ni compartiendo cartel, sino en un concierto propio organizado por todo lo alto en el pabellón más lujoso de Madrid, el antiguo Palacio de los Deportes de Goya, que ahora ni sé cómo se llama. A ver si lo llenamos, que algunos ya hemos puesto nuestro granito de arena.

Burning entradas

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Veteranos 2014, por ejemplo Burning y Rosendo”, que fue publicado originalmente el domingo 12 de enero de 2014.

Ya te vale Coverdale

Martes, 06 de mayo de 2014.-
Si hay un traidor al rock de los 70 ese es David Coverdale, paradigma de cómo un genuino rocker setentero puede degenerar en vulgar heavy de peluquería. En la década más gloriosa del rocanrol tuvo el honor de ser el tercer cantante de Deep Purple, asumiendo el reto de sustituir a Ian Gillan. No lo hizo mal. Se identificó tanto que cuando el grupo fue dinamitado desde dentro por el señorito Blackmore puso toda su buena voluntad en seguir adelante con otro guitarrista. No duró mucho, claro, así que el siguiente empeño de Coverdale fue fundar una nueva banda que mantuviera la esencia de los Purple, para lo cual terminó involucrando en el proyecto a dos de sus leyendas: el batería Ian Paice y el teclista Jon Lord. Así que Whitesnake echa a andar con un sexteto inicial formado por tres Purple, más un joven bajista llamado Neil Murray y dos curtidos guitarristas procedentes de la segunda fila del rock inglés de los 70.

Así eran al principio, puro hard-rock setentero orientado hacia la onda más bluesy, como diría el cantante de Gigatrón. El bello Coverdale ya sabía que la suya era la mejor voz para el género desde Paul Rodgers, así que quiso arroparla con guitarristas adecuados. Micky Moody y Bernie Marsden tenían el toque perfecto y un curriculum en el que figuraban varios grupos que ya habían experimentado el proceso de aliñar el blues-rock de forma cada vez más pesadota. Esa versión de los Beatles es un buen ejemplo del partido que podía extraerse a los clásicos del rock si se interpretaban a la manera hard-bluesera.

Whitesnake - TroubleTrouble (1978)

Hasta aquí todo correcto. El problema era que por muy bien que pudieran tocar no había manera de lucirse en las fotos, salían horrorosamente mal. El heavy rock empezaba a tener posibilidades comerciales más que apetitosas, pero con un guitarra pasado de kilos y el otro con bigote y sombrero era imposible hincar el diente al público juvenil ni conquistar el mercado japonés ni el americano ni nada de nada. No es que Paice y Lord fueran quinceañeros precisamente, pero mientras ellos se quedaban discretamente sentaditos tras su batería y su teclado, Marsden y Moody daban el cante una barbaridad. Con cada nuevo disco subían un peldaño en las listas británicas, pero sin poder aspirar a mucho más. En las carátulas abusaban de ilustraciones con serpientes y manzanas en plan poster hortera, se diría que más que nada para evitar la deficiente imagen del grupo.

Los Whitesnake en caricaturaComo mucho salieron en silueta y en caricatura,
el protagonismo solía ser para la serpiente

Portadas con serpientes

Singles tan claros como Fool for Your Loving y Don’t Break My Heart Again pusieron a tope el prestigio de Whitesnake, pero sin alcanzar de verdad la cabeza de cartel. David se moría de envidia al ver cómo algunos heavys de repostería se forraban a costa de los adolescentes estadounidenses y quería su parte del pastel. Esto ya tenía hechuras de superhit, pero mientras el cantante se esforzaba en poner morritos, observen que a su izquierda tiene un guitarrista bigotón y a su derecha hay otro con una camiseta blanca ajustada que poco le ayudaba a disimular el michelín.

Puede que David en algún momento experimentara una iluminación al ver la foto de su propio grupo y entonces comprendiera que no podían quedarse tan “atascados en los 70”. Así no iban a ninguna parte, había que hacer algunos retoques. Quizá no por casualidad surgieron problemas personales entre miembros del grupo, tensiones creativas según dice el eufemismo, así que tras terribles discusiones con sus guitarristas estos acabaron marchándose ellos solitos. Y qué mejor para sustituirlos que buscar otros más jóvenes que tuvieran aspecto de ser hermanos siameses del cantante. Aquí debajo pueden ver el antes y el después, y comprobar ustedes mismos la diferencia.

Los Whitesnake antes y despuésAntes y después del tratamiento de belleza

Saints & Sinners, de 1982, es el último disco de Whitesnake como grupo hardrockero estilo años 70. Tras su grabación, la mitad del grupo huye despavorida: Murray, Paice y Marsden, aunque este último antes de irse coescribe el hit Here I Go Again, dejando así como legado para su archienemigo Coverdale la canción con la que alcanzará mayor éxito y, sobre todo, la que le dará más pasta. Moody y Lord aguantan hasta la siguiente grabación, Slide It In, aunque ya no saldrán de gira ni estarán en el asalto a Estados Unidos. Llegados a este punto, hago un alto en el camino para escuchar la mencionada Here I Go Again, pero la genuina, no la caricatura AOR que se regrabó dos discos después a la exacta medida de los gustos USA.

No hace falta ni comentar la diferencia entre esta deliciosa toma original y la acartonada versión de 1987. Simplemente escuchen en el minuto 03:06 ese solo a dos guitarras tan sobrado de sabiduría y de buen gusto, y a continuación ese mismo espacio ocupado por el típico solo guitarrero exhibicionista a velocidad de vértigo. Les remito directamente al punteo para evitarles escuchar completa la versión chunga. Ese cambio tan brusco se debe a que para ese 1987, da igual referirse al año que al disco del mismo nombre, Coverdale había remodelado el grupo reclutando exclusivamente a músicos jóvenes y fotogénicos. Como mucho deja regresar a la formación al bajista Neil Murray, que al menos se mantiene en el corte en cuanto a límite de edad. Los nuevos integrantes de Whitesnake están entre la creme de la creme de las nuevas hornadas de heavy pastelero, con papel estelar para el superguitarrista John Sykes, que ya había exhibido su pelazo en la etapa más jevimetalera de Thin Lizzy.

Saints & Sinners y Slide It InEntre 1982 y 1984 se fue desmantelando el grupo...

Esta refundación de Whitesnake tuvo que responder a una estrategia perfectamente planificada por David Coverdale para adaptarse a la moda, una especie de pacto con el diablo que le permitió entrar en el olimpo de lo que algunos llaman despectivamente “heavy de los 80”. ¿Cuál sería la motivación de este fausto del rocanrol? ¿El éxito, la gloria, la fama…? Me inclino más bien a que el objetivo primordial fue la pasta. Marsden y Moody eran viejos y feos, y tocaban con la técnica anticuada del venerable hard británico de los 70. Mucho mejor lucir el palmito de los Vivian Campbell y Adrian Vandenberg de turno para sacarle la pasta a los jovenzuelos estadounidenses, con gustos tan proclives a los punteos absurdos a toda velocidad al estilo Eddie Van Halen… ¿verdad, David?

Whitesnake - 1987...y en 1987 se consumó la traición

Y por último, aclarar que el título de este texto ha sido hábilmente plagiado del repertorio de ese gran poeta del rocanrol llamado Manolo Kabezabolo. Con esa contundente frase comenzaba su canción Guatisnei, una traducción libre de otro de los grandes éxitos de los Beatles. Si no la conocen, les aconsejo que dediquen un minuto a solucionarlo, pues la cosa no dura mucho más.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “3 canciones de Rainbow (II): Long Live Rock’n’Roll”, que fue publicado originalmente el jueves 14 de abril de 2011.

El verano en que Jagger cumplió 70

Domingo, 29 de Septiembre de 2013.-
Terminó el verano de 2013 y caigo en la cuenta de que quizá sea el primero de los últimos treinta en que no he ido a ningún concierto. Tenía que haberme dado cuenta y acercarme a alguno como fuera, que así parece que la decadencia roquera no es achacable solo a la vejez de los músicos, también el público envejece que es una barbaridad. Pero nada, que no pudo ser. Cuando George Thorogood vino a Madrid, me pilló fuera. Tocó Costas en las fiestas del pueblo de al lado, pero justo ese fin de semana lo pasé en Ávila… y a la vuelta me entero de que Deep Purple había estado en Gredos la noche anterior… ¡qué rabia! La reflexión me queda bastante triste, pues tendré que recordar como acontecimiento de este verano que Mick Jagger cumplió 70 años.

Elijo esta canción para demostrar que el tío aún se esfuerza en parecer joven emprendiendo nuevos proyectos musicales. Esto lo grabó hace un par de años con un horrible grupo de raggamuffin o como se llame eso de rapear al estilo jamaicano. Perdón por lo de horrible, igual son muy buenos para quien le guste ese palo, pero si escucho cualquier otra canción de ese disco siento un poco de repelús. El amigo Mick hizo el paripé de fingir que era un miembro más del grupo, sin destacar en la portada ni en los créditos, limitándose a hacer coros, algún dueto con la chica y la voz solista en ese Never Gonna Change que es el único corte 100% Jagger y bien podría pertenecer a alguno de sus discos en solitario.

SuperHeavy (2011)SuperHeavy (2011)

Después de esta cosa rastafari sacó con los Stones el disco ese del gorila… qué pereza, otro recopilatorio… ya ni siquiera me preocupé de comprarlo. Creo que tenía dos canciones nuevas, un detalle que les dejaba completamente en evidencia: se juntan a grabar tras varios años y solo les salen dos canciones. Una pena tratándose de una ocasión tan señalada como celebrar los cincuenta años de la banda. Y para seguir en la misma línea, la cacareada gira mundial quedó reducida a un par de fiestecillas en Londres y Nueva York con precios orientados a la clase media alta; qué digo, mucho más que alta. Luego unas pocas capitales estadounidenses, otra vez Londres y pare usted de contar.

Mick Jagger, 70 & CountingCelebrando el 50º Aniversario de los Stones:
a un lado el gorila, al otro Jagger

Comprendo que fotos como esta desatan toda clase de críticas denigratorias hacia la dignidad del artista, pero no me parece bien hacer sangre por una simple exhibición de arrugas. Si Jagger se siente con fuerzas a sus 70 años para seguir ejerciendo de estrella del rock a tiempo parcial es muy libre de hacerlo. Es más, le reconozco todo el mérito: con su estatus y su prestigio podría dedicarse a cualquier actividad típica de jubilado multimillonario mucho más placentera y libre de las críticas como, qué se yo, jugar al golf o asistir a desfiles de modelos.

SuperHeavy, Bob Marley, Peter ToshJagger, con jamaicanos de mentira y de verdad

El caso es que el tío mantiene un cierto prestigio que le permite analizar con perspectiva su propia carrera artística. En entrevistas recientes se ha descolgado con una especie de autocrítica que venía a decir que a su obra musical quizá le falte profundidad intelectual. Menuda cosa, Mick, ahora te das cuenta de que los Stones eran un producto superficial, tan deliciosamente superficial que por eso nos gustaba a unos cuantos millones de terrícolas. Claro Mick, si te hubieras esforzado un poco en elevar tu categoría artística ahora te tendrían un poco más en cuenta en los selectos ambientes del laborismo británico… pero no se puede abarcar todo. Recuerda lo bien que te lo pasabas cuando eras el tío más cotizado del negocio y con tus labios carnosos y tu forma de moverte en el escenario todo el mundo suspiraba por meterse en tu cama, sin distinción de sexo, raza o condición. En fin, no queda otra que refugiarse en el recuerdo de esos tiempos superficiales. Por no salirnos de la temática reggae, aquí tienen un ejemplo de los años gloriosos del mayor icono sexual de la historia del rocanrol.

Y para terminar les aporto otra noticia de los últimos días: una de sus nietas va a ser mamá… vaya, vaya, así que Jagger será bisabuelo en 2014… mejor no hacer comentarios.


De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Y entonces en qué quedamos… ¿los Stones o los Rolling?”, que fue publicado originalmente el viernes 30 de septiembre de 2011.

Generación olímpica

Miércoles, 12 de Septiembre de 2012.-
A mediados de agosto tenía pendiente acabar un texto sobre Springsteen, pero decidí tomarme un descanso. Con el calor que hacía me resultaba imposible expresar lo que quería sobre sus cuatro horas de concierto, más los otros muchos asuntos relacionados que iban surgiendo por el camino. Además, entregado como estaba al deporte de sofá, pensé que lo mejor sería escribir algo sobre los Juegos Olímpicos, que las horas diarias de televisión que le estaba dedicando sirvieran al menos para algo. Cuando lo terminé y fui a ponerlo en el blog… ¡ya no había blog!

Una vez subsanado ese pequeño problemilla, con casi un mes de retraso, aquí tienen mi crónica de Londres 2012. Este pedazo de canción fue la que puso punto y final a los Juegos.

Bueno, está claro que esta versión no es la de la ceremonia de clausura en el estadio olímpico de Londres, que esas son imágenes sometidas a carísimos derechos de televisión y no salen en el youtube así como así. Les pongo a cambio un My Generation del principio de los tiempos, el del famoso Beat Club de la tele alemana.

Aunque suelo pasar de este tipo de galas olímpicas, esta vez eché un vistazo solo por comprobar qué músicos salían en esa cosa de la Symphony of British Music. Me hizo mucha ilusión que se concediera a los Who el honor de poner el broche a los Juegos, aunque para ello tuve que tragarme un montón de bazofias y naderías. Fue duro soportar a George Michael, a Take That y a las chicas esas picantes, pero mereció la pena porque de vez en cuando, entre cientos de bailarines y ostentosos decorados, aparecía alguna leyenda de esa generación de músicos de la que hablaban los Who, esos que peinan canas aunque en su momento proclamaran que esperaban “morir antes de llegar a viejos”.

The Kids Are Alright (1978)

Algunos sí lo consiguieron, por ejemplo los dos tipos de los lados que ven ahí dormidos bajo la bandera. El batería Keith Moon fue uno de los jóvenes cadáveres más notorio del rocanrol de los 70, y pese a estar muerto desde 1978 algún despistado de la organización de Londres 2012 hizo llegar a su mánager una invitación para que se uniera al espectáculo, demostrando estar a la última. El bajista John Entwistle casi llegó a viejo, murió a punto de cumplir 60 años. Antes de empezar con The Who la gira estadounidense de 2002 dejó colgado al grupo al sufrir un infarto en un hotel de Las Vegas. Se dijo que en su habitación había drogas y prostitutas, lo que sin duda le proporcionaría una muerte muy roquera… pero mucho más roquera fue la decisión de sus compañeros Townshend y Daltrey de no suspender la gira. Diez años después, los chicos siguen estando bien.

Roger Daltrey y Pete Townshend, olímpicos a los 60 y pico

En las ceremonias de Londres 2012, la inaugural y la de clausura, hubo muchas referencias a músicos muertos. Sonaron canciones de Harrison y de Lennon, al que incluso construyeron una esfinge. Se acordaron de Amy Winehouse y a Freddie Mercury hasta le pusieron en pantalla gigante… aunque a la hora de la verdad del We Will Rock You, su amigo Brian May no dudó en sustituirlo por una tía buena, joven promesa de la música británica pero disfrazada de tía buena al fin y al cabo.

Brian May, exprimiendo la ubre de Queen

También fue bonito ver a jóvenes bandas como Arctic Monkeys o Kaiser Chiefs rendir pleitesía al viejo pop inglés. En su versión de Pinball Wizard me pareció que el batería de estos últimos incluso imitaba los locos gestos de Keith Moon ante los tambores… y durante esa canción fue un puntazo que la pista de atletismo fuera invadida por decenas de Vespas y Lambrettas. Tengo la impresión de que gran parte de la gente que hoy controla el cotarro en el periodismo y las artes tuvieron un pasado mod. Lo que tocaron los Arctic Monkeys en la ceremonia inaugural fue un Come Together para invitar a todo el mundo a seguir los Juegos. Antes y después hubo infinidad de canciones de los Beatles embelleciendo toda clase de teatrillos y bailes, hasta que finalmente Sir Paul McCartney asumió por completo el papel estelar enlazando The End con Hey Jude para que todo el estadio acabara cantando aquello de “naaaaa na na narananá…”.

Qué entrañables recuerdos nos trajo ese Hey Jude

Y como la cosa era tan brit pop, se permitió algún instante de lucimiento a Oasis y Blur, o más bien a sus sucedáneos. Y de los grupos pioneros, ausentes Small Faces y The Animals unos por muertos y los otros por apestados, la cuota de protagonismo se cubrió con el gran Ray Davies, que no es Sir pero fue trasladado en coche como un señor hasta el mismísimo pie de micro. Cantó un delicioso Waterloo Sunset sin la compañía de ningún Kink, que ya sabemos lo mal que se lleva con él su hermano Dave.

¿Era Dave Davies el que salía junto a Ray? Creo que no…

Llegados a este punto, es imposible no mencionar que faltaran los Stones. ¿Quizá pidieron una cifra astronómica para evitar ser invitados? ¿Quizá todavía les guardan rencor por su resistencia a pagar impuestos a la hacienda de su graciosa majestad? El caso es que no estuvieron ni ellos ni Elton John ni David Bowie, aunque se diera protagonismo en off a sus músicas. Pero la ausencia que noté especialmente fue la de Ringo Starr, que pensaba que era de esos que no se pierde ni una fiesta, aunque para compensar sí estuvo su hijo Zak sentado a la batería de los Who. En fin, que faltó gente importante pero actuaron artistas superventas de todo tipo como Madness, Pet Shop Boys o Annie Lennox, por decir unos pocos.

Eric Idle no es cantante de rock, pero como si lo fuera

Volviendo a lo del pomposo título de A Symphony of British Music, me parece que tuvo mucho de Symphony pero que lo de British era más bien mentira. Fue mucho más english que british, que podían haber puesto para disimular algún León de Gales o quizá un Rod Stewart cualquiera con denominación de origen escocesa. Tampoco hubo un triste norirlandés que llevarse a la boca, pues no creo ni que se atrevieran a proponérselo a Van Morrison… lo más que se pudo oir en off fue una ráfaga de U2. En cuanto a lo del sinfonismo, me parece que fue el estilo que impregnó todo, con Mike Oldfield y Vangelis hasta en la sopa… menos mal que tuvieron el buen gusto de poner a Rowan Atkinson para reírse del género. En cambió, ningún chico duro fue invitado a la fiesta. Nada de Iron Maiden, ni de Zeppelin, ni de Purple y menos aún de Sabbath. Lo más duro que sonó para no ofender los sensibles oídos del público mundial fue Muse, pero porque Survival era la canción oficial del evento.

Todo un virtuoso del rock sinfónico

En fin, que fue muy entretenido divagar sobre todas estas cosas durante las larguísimas ceremonias. Al margen de esto, no sé si los Juegos Olímpicos han sido un éxito o si pasarán a la posteridad. En principio la idea de Londres 2012 parecía un disparate, pues era absurdo dedicar unas Olimpiadas a promocionar una ciudad que ya se promociona por sí sola. Hay que reconocer que los ingleses tenían derecho a organizarlo como inventores que son de gran parte del deporte moderno, con sus federaciones y sus reglamentos, sus competiciones y sus rivalidades, aunque después de dos semanas con la máquina propagandística a todo trapo hemos acabado un poco hastiados de tanta Gran Bretaña. Con la moral rebosante por la lluvia de medallas de oro, los británicos se entregaron sin pudor a una exaltación patriótica de himno y bandera que en general ha proyectado una imagen colectiva un poco chabacana y desde luego muy poco british.

Digamos que al menos sirvió para sacar de los asilos a una grandísima generación de músicos. Creo que esa canción de The Who escrita en 1965 hablaba de que en aquella época notaban que eran terriblemente molestos con sus guitarras y sus ganas de divertirse. Se veían completamente fuera de lugar en una sociedad todavía entristecida por el recuerdo de la II Guerra Mundial. En la transición a la década de los 60 todavía quedaban por ahí viudas, huérfanos y mutilados como para que tuvieran que soportar a una panda de niñatos inconscientes que querían ser artistas. Como ya iba siendo hora de sacudirse todas esas telarañas, lo tuvo que hacer esta generación nacida a partir de 1941, la primera que no recordaba los bombardeos de Londres. Esa generación que tenía la sensación de que “la gente nos trata de joder solo porque vamos por ahí a nuestar bola”, que era más o menos lo que decía la primera estrofa de My Generation.

Y aunque no pueda ponerles el vídeo oficial, siempre hay un buen samaritano que lo graba con su móvil y lo sube al día siguiente.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Hubo un Skywalker en Buenas Noches Rose”, que fue publicado originalmente el domingo 10 de octubre de 2010.

3 canciones de Rainbow (y III): Sixteenth Century Greensleeves

Lunes, 8 de agosto de 2011.-
Llegó el momento de finalizar esta trilogía de canciones elegidas de forma bastante caprichosa. Empecé con I Surrender, seguí con Long Live Rock’n’Roll y termino con una del primer disco del grupo, siguiendo un riguroso orden cronológico inverso.

Como me suele pasar, después de machacar mis oídos con el Difficult To Cure sentí la necesidad de seguir con más música de Rainbow. Fui a la biblioteca, saqué un doble CD recopilatorio y continué con el empacho. Cuántas canciones importantes y cuántos recuerdos de los viejos tiempos. Como nunca tuve discos suyos y no sabía mucho del grupo, me zampé enterito el libreto y me enteré de un montón de historietas sobre su origen y los músicos que iban entrando y saliendo. Me llamó la atención esta canción.

¿Mangas verdes del siglo XVI? A saber lo que quiere decir eso en el contexto de las leyendas británicas de castillos y dragones. El caso es que cuenta la historia que esta canción es una de las culpables de que Ritchie Blackmore se cabreara con sus compis de Deep Purple y decidiera poner en marcha otro proyecto. El guitarrista la presentó en los ensayos, pero Coverdale y compañía debían de estar un poco hartos de las fantasías medievales del Ritchie y pasaron de ella. Total, que no superó el corte y quedó fuera de la selección de Stormbringer, disco de 1974 que finalmente supondría la despedida del guitarrista y fundador los Purple . El rebote que se pilló Blackmore fue tal que planeó un single en solitario con el Greenslaves y Black Sheep of the Family, otra canción propuesta por él y despreciada por los coverdales. Luego pensó en grabar un álbum completo en el que dar rienda suelta a su imaginación. Ahí entra en escena Ronnie James Dio, un cantante estadounidense que tenía una banda llamada Elfo. Como Ritchie aún no tenía a ningún músico se quedó con el grupo entero para contentar al vocalista, pero poco a poco se fue deshaciendo de todos hasta quedarse solo con Dio, que era quien realmente le interesaba.

Ritchie Blackmore’s Rainbow (1975)

Más sobre Rainbow en:

http://balbinositio.zymichost.com/balbinoblog/archives/952