La película de Smash, la película de Julio Matito

Sábado, 20 de junio de 2015.-
Como ya saben de la anterior lectura, el éxito de Smash fue efímero y su corta carrera dejó un legado más bien escaso en grabaciones, sesiones fotográficas y material audiovisual. Para rematar el relato interrumpido en 1973 damos un salto hasta 1979, momento en que pudo concretarse el regreso del grupo. Fue Ángel Casas quien obró el milagro de reunir a los Smash originales excepto Henrik para tocar juntos en Musical Express, programa de TVE de la factoría de San Cugat.

Viendo aquí a Gualberto, Julio y Antoñito en plan power trío se puede uno imaginar que, transcurrido un lustro desde que tiraran la toalla, esta gente quizá estaba un poco arrepentida de las decisiones tomadas entonces y necesitaba volver a sentir la excitación de tocar en un grupo de rock. El punto álgido de Smash les proporcionó un prestigio y reconocimiento al que, no nos engañemos, ni llegaron a acercarse con sus proyectos en solitario. Ellos habían sido grandes cuando la industria del rock en España era casi inexistente; ahora que parecía que empezaba a salir del subdesarrollo era de justicia que reivindicaran su sitio. Tal vez funcionarían bien con este enfoque progresivo y a la vez hardroquero, que ahí es donde parecía haberse desplazado la mayor parte del público. Capacidad como instrumentistas tenían de sobra y la aptitud vocal de Julio Matito también quedaba muy por encima de tanto Ian Gillan de pacotilla como andaba por aquí pegando gritos sin ton ni son. Vamos, que la reunión de Smash más allá de su actuación en Musical Express estaba casi confirmada, según asegura Ángel Casas en la película. Ah, que ya casi se me olvidaba, existe una película dedicada a la historia de Smash donde se explica todo esto con absoluta nitidez y verdadera devoción por el grupo.

Gervasio Iglesias - Underground, la ciudad del arco iris
Underground, la ciudad del arco iris (2003)

Si no la han visto, pónganla entre sus tareas pendientes: la estupenda Underground, la ciudad del arco iris es una rareza deliciosa dentro el raquítico panorama del cine documental sobre rock en España. No sé si se comercializó lo suficientemente bien como para todavía encontrar una copia por algún sitio, si no aquí pueden verla cazada al vuelo en el Canal Historia, aunque la imagen de este enlace es tan deficiente que no sé si merece la pena. La dirigió Gervasio Iglesias, quien ante la falta de material original tiró de imaginación adornando la narración con animaciones digitales y actores vestidos al modo de la época. Les doy otra pista para conseguirla: se incluyó como DVD extra en una reedición en digipack de un recopilatorio de rock andaluz, Duende eléctrico, al que se cambió el nombre para la ocasión.

Hijos del agobio y del dolor
Hijos del agobio y del dolor (2006)

Underground merece mucho la pena. Recupera imágenes inéditas o poco conocidas de Smash y las ubica con precisión en su contexto con los testimonios de todos los protagonistas. Bueno, de todos los protagonistas menos Julio Matito, que ya no estaba para contarlo. Cada Smash tenía su propia película, a cual más interesante, pero la de Julio llega al corazón por su desgraciado final. Siempre que se le menciona queda claro que era un tipo especial, querido por todos. Manuel Molina, que al ser el último en llegar era quizá el que podía apreciarlo con más claridad, señala a Matito como motor creativo del grupo. Él era el que tenía el impulso de tirar hacia adelante y, dado lo mucho que era apreciado por todos, era capaz de conseguir que cada Smash pusiera lo mejor de sí en beneficio del proyecto común. Cuando el grupo se deshizo, y esto ya lo cuenta su mujer, el desengaño fue tan grande para Julio que decidió apartarse por completo de la escena artística. Por lo visto se retiró a un chiringuito en la playa de Chipiona, donde hizo amistad con un tipo que le animó a meterse en política. Qué poder de convicción no tendría que consiguió que volviera a colgarse la guitarra, actuando en actos del partido, componiendo el himno del PSOE para la campaña de 1977 e incluso grabando un LP en solitario que se distribuyó exclusivamente en las sedes del partido.

Julio Matito - ¡Salud!
Con Pablo Iglesias en la portada, pero el de verdad

El sujeto en cuestión tuvo cierta importancia posterior en el panorama político, era un tal Felipe González, pero Matito tampoco debió de sentirse a gusto con el meteórico ascenso de su amigo hacia el poder, factor decisivo que lo distanció de la política y le impulsó a volver al redil del rocanrol. Y en este punto regresamos al comienzo, a la mítica actuación de Musical Express, en la que para redondear la jugada también participaron unos Lole y Manuel ya con estatus de celebridades.

Estremece ver estas imágenes sabiendo que fue la última aparición pública de Julio Matito antes del accidente. Según cuenta Ángel Casas, él fue quien le propuso largar su estancia en Barcelona para grabar la entrevista que acompañaría la actuación. Al final no hubo entrevista, pues la carretera se cobró la vida del músico antes de que diera tiempo a nada más. Una pena sobre todo por él, que es lo que se dice siempre, porque aunque quede feo es inevitable lamentar la pérdida de esos Smash renacidos que podían haber sido realmente grandes. A juzgar por lo que grabaron para la tele la cosa tenía una pinta estupenda, incluso parece que se iban a atrever por fin con las letras en castellano.

En parte recordé todo esto porque los de Ochéntame otra vez, el programa de nostalgia ochentera que desempolva los archivos de TVE, dedicaron un capítulo al nuevo flamenco. La parte que se refería a Smash se ilustraba sobre todo con escenas de La ciudad del arco iris y con declaraciones actuales de Manuel Molina que, avatares del destino, también se emitieron solo unos días antes de su reciente fallecimiento. Salvando las distancias, lo mismo que ocurrió con Julio Matito.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Tragedias del rocanrol vol. III: Phil Lynott”, que fue publicado originalmente el domingo 2 de enero de 2011.

Las cinco canciones en que Manuel Molina se hizo roquero

Domingo, 14 de junio de 2015.-
Se murió Manuel Molina, figura de referencia en la puesta al día que tuvo el flamenco en el último cuarto del siglo XX. El flamenco me pilla bastante lejos, ni siquiera presté demasiada atención a Lole y Manuel, y sin embargo me afectó su pérdida como si fuera un músico de los míos. Si relaciono esta muerte con el rock español es porque Manuel Molina formó parte de un experimento maravilloso que tuvo lugar en Sevilla a principios de los 70. La cosa fue tan intensa y tan genial que se extinguió casi al instante dejando como legado cinco canciones grabadas en Barcelona en unas sesiones loquísimas. Esta es una de ellas.

Manuel Molina se juntó con Smash cuando el grupo ya había publicado dos LP’s. Ya antes de llegar Molina se les solía etiquetar como grupo de rock andaluz, aunque más por ubicación que porque su música mostrara la raíz sureña. Julio, Gualberto y Antoñito eran los tres sevillanos, mientras la nota exótica la ponía Henrik, un danés plenamente integrado en el paisaje de la ciudad. Todos ellos participaban del gusto por el flamenco, pero en realidad su música era hippie casi al cien por cien. Ser hippie en aquella época en Sevilla no debía de ser nada fácil, pero allí se concentraba tal cantidad de creatividad con pelo largo que los historiadores suelen estar de acuerdo en que era el principal foco roquero de España. Fue por culpa, según se ha dicho, de las bases americanas de Rota y Morón. Los sevillanos se interesaron por los discos que traían los soldados y los yanquis alucinaron con el flamenco, así empezó todo. Lo de asombrar al underground español con un grupo de rock progresivo desde Sevilla fue idea, cómo no, de Gonzalo García-Pelayo, pero lo de añadir a Smash un flamenco de pedigrí hay que atribuírselo a Ricardo Pachón. Entre productores andaba el juego.

Smash como quinteto en 1971
La única foto de internet en la que salen los cinco 

He leído por ahí en el libreto de un CD que Manuel Molina tenía que incorporarse al servicio militar. Pachón le propuso unirse a Smash y a cambio él utilizaría sus influencias para librarle de su compromiso con la patria. No creo que a Molina le hiciera mucha gracia convertirse en roquero, pero mucho menos le apetecería lo de la mili, por eso en las pocas fotos que se hizo con el grupo Manuel Molina disimula su pelo corto bajo un gorrito de cuero que le daba un cierto aspecto a lo Pete Townshend. La mezcla era explosiva, cuatro hippies de Sevilla con un gitano nacido en Ceuta, y como en seguida se vio que entre ellos había feeling se fueron a Barcelona rápidamente a grabar lo que fuera. Antes que nada hay que aclarar que fusión, lo que se dice fusión, hubo más buen poca. Los hippies iban por su lado y el gitano por el suyo. Respetaban sus turnos: cuando Julio Matito paraba de cantar, entonces empezaba Manuel; cuando éste daba sus últimos toques a la guitarra flamenca, Gualberto le tomaba el relevo con la eléctrica o el sitar. Juntos, pero no revueltos. A veces todos a la vez, muy pocas jaleando los hippies o rocanroleando el gitano.

Smash - El garrotin
El garrotín/Tangos de Ketama (1971)

La publicación del segundo LP, We come to smash this time, ponía fin a su contrato discográfico con Phillips en ese mismo 1971 con más pena que gloria. Era el momento de cambiar y, casi de inmediato, Ricardo Pachón les facilita el contacto con Oriol Regás, dueño de la sala Bocaccio y del sello de igual nombre. Rápidamente los cinco Smash se plantan en Barcelona para grabar en condiciones envidiables: libertad creativa total y enorme despliegue de medios a su disposición. No habría problema, pues en el proyecto también estaba el gran Alain Milhaud, productor de lujo que, grabaran lo que grabaran, sabría encontrar coherencia al material y sacar lustre al sonido… ummmm… ¿no hay demasiado productor en esta historia? Puede que sí, pues fue precisamente ese factor el que lo echó todo por tierra. Milhaud era una especie de rey midas del negocio y no iba a renunciar a las posibilidades comerciales que pudiera tener Smash por muy hippies que estos fueran. Y, claro que sí, el tío encontró el filón. Lo de El garrotín se adivinaba como un auténtico bombazo, así que los de Bocaccio no tardaron ni un minuto en sacar el single a la calle. Genio y figura, Gualberto no pudo soportar oírse a todas horas en la radio ni verse en las listas de éxito, por lo que abandonó el grupo de forma fulminante. Para la portada del siguiente single la foto de Smash volvería a ser de cuatro, pero ahora con Manuel Molina en lugar de Gualberto.

Smash - Ni recuerdo, ni olvido
Ni recuerdo, ni olvido (1972)

Tienen su gracia estas fotos de la época final de Smash. Parece que la estrategia fue integrar a Manuel Molina en la estética del grupo como un roquero más. Ya le había crecido un poco el pelo y la barba y podía dar el pego, que total, una camisa de cuello enorme abierta hasta el ombligo y unos vaqueros acampanados lo podía lucir cualquier macarrilla de la época, ya fuera flamenco o yé-yé. Pero bueno, el caso es que estaba claro que la cosa no daba mucho más de sí, así que apuraron esos días felices de estancia en Barcelona y cuando volvieron a Sevilla cada mochuelo a su olivo a continuar cada uno con su propia historia. Smash se disolvió como un azucarillo mientras Manuel se casó con Lole por el rito gitano y por el discográfico. El éxito de Lole y Manuel fue estratosférico, llegando a ser idolatrados por toda la juventud, sin distinción de raza, credo o condición y más recientemente siendo elevados a la categoría de mitos al ser incluidos por Quentin Tarantino en alguna de sus estilosas bandas sonoras. Nunca entendí por qué gustaban tanto en ambientes roqueros, igual era que la gente veía en Lole una especie de Janis Joplin andalusí y a Molina como un flamenco de pura cepa que se atrevió a cruzar la barrera para explorar territorios eléctricos. Y también que ambos eran muy guapos, para qué negarlo. El hecho es que Manuel Molina tuvo la visión de integrar en sus grabaciones con Lole a los músicos de Smash, precisamente el mismo camino luego recorrido por Paco Lucía y Camarón cuando coquetearon con la gente de Dolores y Veneno, ahí queda eso.

Smash - Ni recuerdo, ni olvido (Maxi)
Ni recuerdo, ni olvido (Maxi)

Pero este relato tenía que aparecer en escena un productor más, el perejil que no puede faltar en ninguna salsa… Mariscal Romero. Cuando Zafiro se quedó con el catálogo del sello Bocaccio, al Mariscal se entusiasmó con la idea de publicar bajo el logo de Chapa Discos un disco de los extintos Smash que reuniera todas esas grabaciones, pero por mucho que buscaron solo existían las mencionadas cinco canciones. No había más: El garrotín, Tangos de Ketama, Tarantos, el Ni recuerdo, ni olvido que sonó al principio más este Alameda’s blues que era un auténtico disparate. Decía la copla flamenca que “a mí se me importa poco que un pájaro en la alamea se pase de un árbol a otro”; escuchen lo auténtico que suena en inglés y en tiempo de blues.

Como no había material suficiente para completar un LP, la solución fue inventarse un engendro para meterlo en el saco del tan cacareado nuevo flamenco, con Smash ocupando la Cara A e invitando a Sanlúcar y Agujetas a completar una segunda cara. Es probablemente el disco más extraño que confirmaba la regla de un catálogo tan homogéneo como fue el de Chapa. Como dato anecdótico decir que para las portadas de este LP y del maxi que se extrajo se emplearon fotos de la última etapa de Smash como cuarteto, pero en la portada al menos tuvieron el detalle de añadir el nombre de Gualberto entre sus integrantes.

Vanguardia y pureza del flamenco
Vanguardia y pureza del flamenco (1978)

Si desean profundizar en la maravillosa peripecia de estos pioneros del rock-hippie-andaluz, les remito a los libros y artículos de Luis Clemente, mi cronista favorito en el género, y la estupenda peli Underground, la ciudad del arco iris. Solo decir que he vuelto a verla a propósito de lo de Manuel Molina y me he quedado enganchado a los avatares de la trágica biografía de Julio Matito… pero esa es ya otra historia.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “1973, los peludos invaden España”, que fue publicado originalmente el 17 de diciembre de 2009.

Vuelve Gonzalo García Pelayo, maestro del rock andaluz y del cine “S”

Domingo, 29 de junio de 2014.-
Mi amigo Leo me envía un enlace a la nueva película de Gonzalo García Pelayo que quiero compartir inmediatamente con ustedes. Es su sexta peli, estrenada treinta años después de la quinta, así que la cosa tiene su miga. Quizá los más jóvenes le conozcan como jugador profesional de póker e inventor de un método para jugar a la ruleta por el que le prohibieron la entrada en casinos de todo el mundo, pero para algunos viejos roqueros García Pelayo es el productor musical que dio forma al rock andaluz como género y el director de aquellas cinco películas maravillosas mencionadas anteriormente. Por ejemplo Vivir en Sevilla, con esos primeros planos del pubis de la protagonista tan inquietantes en pantalla grande. Imagino el escándalo en la buena sociedad sevillana que fue a verla por error, sobre todo porque en aquella época los pubis tenían pelo. Tampoco se quedaba corta Frente al mar, que multiplicó sus ingresos en taquilla cuando el exhibidor la rebautizó como Intercambio de parejas frente al mar y consiguió que la clasificaran “S”.  O la divertidísima Corridas de alegría, de la que luego tendremos que hablar. Según Leo, el principal atractivo de su inesperada reaparición como cineasta es que la peli está protagonizada por Jeri Iglesias, el hijo del gran Miguel Ángel Iglesias, pero… ¿alguien sabe quién era Miguel Ángel Iglesias?

Pues Miguel Ángel Iglesias es el tipo de bigote y gafas de sol que al final de este vídeo conversa en una terracita con Silvio y el Pive Amador mientras todos ellos ignoran a la La ragazza del elevatore. A Iglesias no se le daba bien cantar ni tocar ningún instrumento, lo que no le impidió participar haciendo percusiones, coros y danzas en discos de Smash, Triana, Los Flotadores y en los diversos proyectos de su amigo Silvio, especialmente en este Barra Libre en el que supuestamente cantaban a dúo. Y, por cierto, producido por García Pelayo.

Silvio en la barra libreBarra Libre (1984)

No sé si cantar cantaría mucho, pero ahí está Miguel Ángel Iglesias en un extremo de la barra, Silvio en el otro y en medio todos los demás. Hace tiempo que ninguno de los dos está ya entre nosotros y creo que ambos murieron de lo mismo, de vivir en Sevilla como ellos vivieron. No he encontrado otro vídeo en el que se vea mejor a Iglesias, pues solía ocupar un lugar discreto entre los músicos del fondo del escenario. Sé que mas adelante encabezó otro proyecto del cual tampoco he encontrado rastro audiovisual. Entonces se hizo llamar Mixtolobo y tuvo como mayor mérito el atreverse a posar para la portada completamente desnudo acompañado por dos hembras.

Mixto Lobo - La cena está calienteLa sopa está caliente (1998)

Lo del desnudo integral no era nuevo para él, pues era una de sus especialidades como actor… y aquí volvemos al principio de esta historia. Miguel Ángel Iglesias fue el protagonista de la mayoría de esas películas de Gonzalo García Pelayo que fueron objeto de nuestro culto. Bueno, Miguel Ángel Iglesias y también Javier García Pelayo, hermano de Gonzalo, y también la mujer de Javier, o sea, la cuñada de Gonzalo, que en estos rodajes cinematográficos todo se hacía en familia y, si lo exigía el guión, todos en bolas. Y también exhibieron su cuerpo otras chicas del cambio de década como Charo López, Paula Molina e Isabel Pisano, viuda del compositor Waldo de los Ríos y portada de Interviú entonces, hoy novelista de éxito. Era la época en la que se podía ganar una pasta con el Cine S, una locura.

Miguel Angel Iglesias - Frente al marMiguel Ángel Iglesias en acción

Bueno, no les entretengo más que esto parece un programa de Garci y habrá que poner fin a esta charla para ver de una vez la película. Pero antes una cosa más. Leo hizo mención a unos cameos de la peli Corridas de alegría, aquella increíble road movie que exploraba carreteras andaluzas de principios de los 80 con persecuciones delirantes y banda sonora de Medina Azahara, Triana y Alameda, entre otros. Les pongo el enlace directo a la escena en la que salían Mariscal Romero y Paco Pérez Bryan aunque, eso sí, puede que youtube les pida que se identifiquen como adultos. Y ahora sí, la peli nueva.

Alegrías de Cádiz – Gonzalo García Pelayo (2013)

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Rock con alma, rock con rollo”, que fue publicado originalmente el viernes 18 de marzo de 2011.

Sí, hubo rock antes de la movida

Jueves, 20 de diciembre de 2012.-
Bueno, ha pasado tiempo desde el anterior texto, pero al menos les dejé en compañía de Veteranos del rock, ese estupendo documental de media hora que hablaba de lo marginada que quedó la vieja guardia roquera tras la irrupción de la movida. Ahí había un montón de frases geniales de Molina, El Pirata, Mariscal y, sobre todo, una de Fernando, el batería de Obús: “si hubiera un solo culpable yo le habría dado ya de hostias”. Insuperable… espero que lo hayan podido disfrutar.

Sepan que en este mes sin nuevos textos, A70 no ha estado inactivo. El equipo de archiveros ha trabajado duro para recuperar entradas antiguas que estaban relacionadas con este tema, las que veíamos que ustedes intentaban leer sin conseguirlo. Ya les anticipo que hemos puesto una galería de portadas de discos con sus correspondientes enlaces abajo del todo, al fondo a la derecha, pero antes de entrar a detallarlas vamos con una canción representiva, como es costumbre.

Para ilustrar este asunto de los roqueros españoles anteriores a la movida, elijo como protagonista a Ramoncín precisamente porque no formaba parte de ninguna tribu. No se ceñía a los cánones de ningun género, lo mismo coqueteaba con el punk, el pop o el jevy si eso le ayudaba a seguir forjando su propio personaje. Simplemente era un chaval de barrio con una personalidad arrolladora y la pura determinación de ser una estrella que sobrepasara los límites del rocanrol. Él lo tuvo siempre muy claro, miren lo que le dijo hace mil años a la Milá.

Ese joven Ramón se convirtió a toda prisa en uno de los tíos más famosos de España después de escandalizar sin descanso con toda clase de declaraciones arrogantes y conciertos polémicos, unas veces lanzando huevos desde el escenario contra esos trajeados reyes del pollo frito a los que tanto despreciaba y otras siendo él quien recibía el impacto de los putrefactos proyectiles. Superada esa etapa llegaba lo más difícil, sacar un segundo disco que demostrara que la materia prima era de calidad roquera.

Ramoncín - BarriobajeroBarriobajero (1979)

Fue un relativo fracaso. La guerra que estaba manteniendo con los jerarcas de la EMI perjudicó mucho su difusión, pero aún así fue un álbum muy querido por el ramoncinismo. Que se llamara Barriobajero era toda una declaración de intenciones, una afirmación de sus señas de identidad, de cuál era el sitio de donde venía y qué cosas estaba dispuesto a defender a muerte. Ese punto de vista suburbial en el que Ramoncín quiso atrincherarse está presente en cada una de las canciones: Chuli, ¡Hola muñeca!, Soy un chaval, Blues para un camello, Felisín el vacilón… el muestrario completo de la mitología del barrio. Supongo que más o menos en ese punto los jóvenes cachorros de la futura movida empezaron a sentirse incómodos en sus conciertos, y sería cuestión de semanas cuando definitivamente renegaron de Ramoncín como personaje chungo y casposo.

Por eso cuando los chiquitos de la movida saltan a la fama y declaran abiertamente la guerra al rocanrol, nuestro héroe de Legazpi era uno de los pocos que estaba preparado para darles la batalla. Y si había que llegar a las manos y romperse la nariz, ahí estaban los puños y la napia de Ramón para lo que hiciera falta. Buena fe de ello pueden dar gabinetes, pegamoides y glutamatos, que quien más quien menos tiene una peleíta para dar lustre a su biografía. Era inevitable, uno no oposita al título de cronista barrial para que luego lleguen esos niños de papá con sus pelos de colores, su amaneramiento gay a la moda y su hedonismo insustancial y te roben todo el protagonismo proclamando no se sabe qué impostada alegría de vivir… ¡venga hombre!

Arañando la ciudadAsí era el barrio de Ramoncín, inmortalizado
para la portada del tercer disco

En su atinada reflexión sobre el asunto, Darío mencionó Arañando la ciudad como punto de ruptura. Bien pudo ser así, ese disco es de 1981 y a esas alturas ya estaba claro quiénes se quedaban en el bando de acá y quiénes desertaban al otro. Pero esa es ya otra historia en la que no quiero entrar ahora… dejo para más adelante un repaso en condiciones de Arañando la ciudad canción por canción, que para eso es uno de mis discos favoritos. Hoy prefiero plantarme en Barriobajero, que es de 1979 y me sirve para desmontar el argumento de que antes de la movida no hubo nada, esa gran falacia difundida hasta la náusea por los amos de la cultura oficial en España.

Pues sí, sí hubo rock en España antes de la movida, un rock quizá algo torpe pero lleno de entusiasmo, elaborado por aprendices en rocanrol con un inmenso mérito jamás reconocido. Y como prueba de ello, les dejo algunos enlaces a textos rescatados del Archivo A70. Uno sobre los prehistóricos Ñu de antes de grabar su primer LP y otro sobre ese primer LP de Ñu. También les remito a la página dedicada a los pelos largos de 1973, por ejemplo de los sevillanos Smash y de legendarios futbolistas llegados de más allá del Atlántico. El extraño experimento de La Romántica Banda Local se produjo un poco más tarde, y ya al final de la década asistimos a la irrupción de nuestros queridísimos Leño y al éxito de los glamourosos chicos de Burning, los únicos que fueron capaces de rivalizar con la movida en descaro y lentejuelas. Y, cómo no, también se escribieron por aquí un par de cosillas sobre roqueros con muy mala reputación, como Teddy Bautista y el propio Ramoncín. En fin, por hacerles justicia y también por ganas de tocar las narices… menos mal que hubo lectores que publicaron comentarios poniendo las cosas en su sitio.

Les dejo, no sin aprovechar para felicitarles las fiestas, pues no creo que vuelva a escribirles nada nuevo hasta el año que viene. Aquí debajo recupero la felicitación navideña del año pasado, que también puede valer para este.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Feliz Navidad y suerte para 2012”, que fue publicado originalmente el 23 de diciembre de 2011.

José Carlos Molina, el flautista que tenía una estampida de Ñus en su cabeza

Domingo, 27 de diciembre de 2009.-
…y esa estampida se llevó por delante al guitarrista original, un tal Rosendo Mercado, y después a decenas y decenas de músicos. Estoy hablando de Ñu, el grupo más longevo de la historia del rock español (no se dejen engañar cuando en los telediarios adjudican ese título a Los Secretos… ¡el grupo de José Carlos Molina ha estado siempre en activo y se fundó muchos años antes!).

Que nadie escape de la evolución (1976)
fue el primer single del grupo y único disco
con Rosendo en la formación

Todo empezó en 1975, y durante dos escasos años pudieron mantenerse juntos a duras penas estos dos talentos del rock de aquí que se llevaban más o menos como el agua y el aceite. De lo poco que compusieron a medias, esta fue la única canción que Rosendo se guardó para Leño, su inmediato proyecto. Posiblemente a causa del disgusto, el Molina tardó algo más de diez años en publicar su propia versión.

Ñu – El tren azul

Cuando hablé del heroísmo de los roqueros españoles del primer tramo de los 70 dejé caer algunos nombres: Smash, Storm, Pau Riba, Sisa, Coz, Burning… había un eje creativo Sevilla-Barcelona y, como tercero en discordia, Madrid intentaba a su tosca manera cerrar el triángulo ibérico. Si tengo que empezar a hablar de ellos, el nombre de José Carlos Molina me sale por encima de todos. No es el mejor, ni el más original, ni el más brillante… pero sí una personalidad fascinante como pocas habrá tenido el rock español.

José Carlos Molina  La primera vez que salió en la tele 

Molina creó su propia identidad artística, la fue inflando con generosas dosis de ego y la llevó hasta las últimas consecuencias. El loco Molina, el iracundo Molina, el intransigente Molina, el íntegro Molina, el soñador Molina, el flautista MolinaMolina interpreta a Molina durante las 24 horas del día desde hace ya bastante más de 30 años.

Un poco antes de 1975, Molina había hecho una prueba como cantante en Fresa, el grupo de Chiqui Mariscal y Rosendo Mercado. Según cuenta Pedro Giner en su excelente libro Ñu: no te dejes ganar. Veinte años de resistencia, fue admitido como cantante y acabó apropiándose de la banda. Al principio alternaban el rock con el circuito de orquestas y el acompañamiento de cantantes melódicos como Jeanette. Cuando decidieron dedicarse en exclusiva al rock, cambiaron su nombre a Ñu con dos objetivos: salir en los carteles con esas dos letras en una tipografía bien grande y ser el único grupo del mundo que empieza por “Ñ”.

Algunos músicos fueron nosotros (1978)
fue el segundo single, adelanto del LP de debut,
con La explosión del universo como cara B inédita

Al principio, Molina era cantante y teclista, pero la armónica le daba más libertad de movimientos en el escenario… ese factor le llevó a decantarse por la flauta y a adoptar la estética de Ian Anderson, el flautista roquero por excelencia, aunque musicalmente tiraba más hacia Black Sabbath que hacia Jethro Tull. Él, más que harto de que le comparen con los Jethro, prefiere mencionar como influencia las armónicas y flautas de los discos de John Mayall, pero claro, molaba más el modelo Anderson, que era una auténtica estrella del rock.

Rosendo y José Carlos MolinaRosendo, siempre detrás de Molina 

La salida de Rosendo se estaba fraguando: Molina era intratable a la hora de imponer sus criterios y no iba a tener más remedio que largarse y fundar otro grupo con “ñ”.  De aquella etapa con los dos líderes en conflicto existe una legendaria aparición en el Pop-Grama. Nunca había conseguido ver más que algún breve fragmento, pero ahora resulta que alguien ha colgado la actuación entera en el YouTube… ¿de dónde la habrá sacado? ¿será el propio Molina bajo pseudónimo?

No sé ustedes qué harán, pero yo me he visto las tres partes del tirón… ¡impresionante documento! Estremece pensar que en la TVE de la época preconstitucional pudiera emitirse semejante locura. He empezado por el último trozo, en el que se adivinan canciones luego publicadas como El juglar, La explosión del universo y El tablero de ajedrez. El comienzo de la actuación (en la Parte 2) es para mí irreconocible, mientras que la parte primera contiene la descacharrante introducción del presentador, un progre asalvajado de los de entonces con una barba negrísima… no estoy seguro, pero creo que podría ser Ramón Trecet justo antes de ser refinado para siempre por la new-age.

Molina se marca el lujo de mencionar a Ian Anderson con cierto desprecio… ¡desde el principio tenía claro que había que dar que hablar! Veo en los comentarios de YouTube que la gente sigue insultando al líder de Ñu por aquello que dijo… y que los partidarios de Rosendo siguen peleándose con los de Molina… en fin… yo me quedo con los dos. Creo que ambos se beneficiaron con la separación: esos solos que hacía el Rosen quedaron luego muy bien en el primer LP de Leño, y me da que Ñu no habría llegado muy lejos con ese formato de cuarteto…

Además de Rosendo, el bajista Juan Almarza y el batería Felipe Salinas también se largaron… pero Molina encontró los músicos apropiados para rehacer el grupo y grabar Cuentos de ayer y de hoy, sobre todo un original guitarrista (José María García “Sini”) y un loco violinista (Jean François André). Me encanta ese disco, pronto hablaré de él.

Por cierto… ¿cuándo empiezan los 70?

Jueves, 10 de diciembre de 2009.-
No, no voy a entrar en la polémica de si las décadas empiezan en su año 0 o su año 1, pero habrá que ubicar en un momento concreto el “estilo rock 70” para saber de qué estamos hablando…

He estado dando vueltas al tema, y ahí lanzo dos fechas: los 70 empiezan en agosto de 1969 y, como es habitual, España se entera un poco más tarde, diría que 1973. ¿Por qué? Creo que esto merece una explicación más al detalle.

Me pongo a escribirlo y en los próximos días lo colocaré en lugar preferente…

…ahí lo tienen:

Los 70 arrancan en 1969

Woodstock (1970)Woodstock (1970)

1973, los peludos invaden España

Smash - El garrotinEl Garrotín (1971)