Feliz Navidad 2016 y próspero 2017 les desea A70 (más Dylanita que nunca)

Sábado, 24 de diciembre de 2016.-
Bueno amigos, ya hemos llegado de nuevo al momento en que hemos de hacer públicos nuestros mejores deseos para que todos pasemos unas felices fiestas, terminemos el año lo mejor posible e iniciemos un 2017 lleno de venturas. Del 2016 mejor nos quedaremos solo con las cosas buenas, por señalar solo la más reciente destacaremos el hecho felicísimo de que por primera vez el rocanrol haya sido galardonado con un Premio Nobel

Bob Dylan - The Bootleg Series, vol. 5. Live 1975. The Rolling Thunder Revue
Bob Dylan Live 1975 - The Rolling Thunder Revue (2002)

No, Bob Dylan no es un artista muy navideño. Seguro que lo imaginamos mucho más próximo a Mr. Scrooge que al Espíritu de la Navidad, pero eso no quita que en este tramo final de 2016 nos hayamos sentido orgullosos de ser más dylanitas que nunca. Precisamente por ser Navidad recuperamos aquí nuestra gira favorita, la Rolling Thunder Revue 1975-76 que quedó registrada en el disco Hard Rain y años más tarde en el quinto volumen de The Bootleg Series. Y por si alguien sigue sin creerse que las letras de Bob son absolutamente magistrales, aquí les dejo el vídeo subtitulado de un concierto de aquella gira para que lo disfruten ustedes en estas fiestas. Es el Dylan del pañuelo de obrerillo anudado en la cabeza que cautivó a gentes de las más variadas culturas y remotos idiomas.

Cuando empezamos con esto de Atascado en los 70 la intención era escribir mucho sobre Dylan, pero se fue posponiendo porque entonces sus canciones ni siquiera salían en youtube. La vez en que explicamos que el nombre del blog tenía mucho que ver con un título de Bob nos acabamos hartando de que suprimieran el vídeo, así que la cosa terminó ilustrada con una versión de Maggie’s Farm parecida a la de Hard Rain, pero tocada por un grupo de amiguetes en un pub. Ahora sí tenemos aquí sonando el concierto que querríamos haber puesto entonces, a ver si esta vez aguanta.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Atascado otra vez en Mobile con el Blues de Memphis sin poder salir”, que fue publicado el martes 1 de diciembre de 2009.

Bob Dylan celebrando el Nobel

Jueves, 15 de diciembre de 2016.-
Hace tiempo que todo el mundo habla de Bob, ya es hora de que en A70 digamos algo al respecto. Muchos opinadores se han referido a él como si fuera un fantoche, un cantante prejubilado sin interés ni valor alguno. Qué ignorantes. El actual Bob Dylan es un artista hiperactivo poseído por un frenesí que arranca en los años previos al cambio de siglo y que en lo que va de siglo XXI le mantiene grabando, tocando y publicando sin darse un respiro. Y siendo verdad que el tío no para quieto, luego todo consiste en que llega a un sitio, se sube al escenario y se tira cerca de dos horas maltratando su repertorio en actitud completamente inexpresiva y sin hacer ni una mueca que permita vislumbrar si nuestro gurú está contento, triste o enfadado. Así que le otorgan el Premio Nobel e imaginamos que lo celebró más o menos así, juntándose a tocar con sus colegas así de estáticos, sin mover ni una ceja.

Y mientras alargan y alargan la canción, el teléfono sin parar de sonar… los pesaos de la academia sueca venga a dar el coñazo y a punto de perder la esperanza de que alguien responda. Pasan las semanas y por fin Bob se da por enterado, pero su respuesta hace que la situación se vuelva todavía más incómoda. “Me siento muy honrado por el galardón, pero no sé si me vendrá bien ir a recogerlo”, viene a decir. Y luego va y envía a la ceremonia de entrega a Patti Smith para que esta protagonice en Estocolmo una tierna escena trastabillándose varias veces en la monumental A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Oiga, es que aprenderse esa letra enterita no es nada fácil y una ya va teniendo una edad.

Sin profundizar mucho en la polémica sobre si merece el Nobel de Literatura, que eso sería meternos de cabeza en un charco que no nos incumbe, sí diremos que resulta divertido comprobar cómo se han ofendido algunos comisarios de la cultura, furiosos al ver invadido su territorio sagrado por un intruso. ¡Un cantante!, han dicho con desprecio, como si fuese un vulgar juntaletras de esos que trafican con ripios baratos para emocionar al populacho. Venga hombre, no se pongan tan exquisitos que tampoco han premiado a un Julio Iglesias o a un Luis Miguel, aunque sí hay que reconocer que resulta raro pensar en Bob Dylan como escritor. Cuando en 1965 todo el mundo estaba de acuerdo en calificarlo como poeta, él renunció a serlo porque en aquel momento le apetecía más ser músico. Ya ha llovido. Desde entonces nos ha sorprendido con conversiones de estilo, de disfraz y hasta de fe, y todo hasta perfeccionar un personaje hermético que finge que su mayor anhelo sería refugiarse en un imposible anonimato.

Bob Dylan - Masked And Anonymous
Masked And Anonymous (2003)

Ese videoclip de plano quieto, pero poderosa escenografía, salía en los extras del DVD del Modern Times edición de luxe, allá por 2006, pero remitía a una toma publicada años atrás en la banda sonora de Masked And Anonymous, que por aquí se llamó simplemente Anónimos. Como puede verse, la banda estaba bastante engrasada entonces, pero la película fue un desastre que apenas dio que hablar por las risas que en su versión original provocaba el ridículo acento que se inventó Penélope Cruz para interpretar a la guapa centroamericana a la que el personaje de Bob tiraba los tejos. Eso en la ficción, que durante el rodaje dicen que también, suponemos que para brutal engorde del ego de nuestra Penélope. Forzando muy mucho la memoria la cosa iba de que una estrella del rock llamada Jack Fate viajaba a un caricaturesco país al sur de México para participar en un extraño festival benéfico de aires circenses. El músico cree tener un inopinado parentesco con el dictador local, lo que le acaba involucrando en alguna que otra situación violenta para terminar derribando de un puñetazo al manager sin escrúpulos que le metió en semejante lío… vamos, un disparate sin pies ni cabeza sobre todo teniendo en cuenta que el tío a quien noquea el enquencle Dylan es nada menos que un peso pesado del tamaño de Jeff Bridges. Hay que decir que las veces que Bob Dylan se ha acercado al celuloide ha patinado en proyectos a cual más delirante, pero se salvan un par de títulos en que fue el cine quien se acercó a él. Cuando el propósito era simplemente reflejar su valor como músico e icono de los 60 bastaba con sacar al tío cantando él solito cosas como tan potentes como ésta.

Precisamente por el asunto del Nobel estos días había que revisar esas películas sobre Bob Dylan, que justo ponen el foco en el momento clave entre 1965 y 1966 cuando el Dylan líder generacional dimite del primer plano mundial y se marcha dando un portazo. Ambas películas tienen el valor de mostrar a Bob hablando en primera persona, algo que ha sido rarísimo a partir de entonces. Si lo hizo en el 65 ante el ínclito D.A. Pennebaker fue por prestarse a una especie de experimento de docurealidad que no se sabía muy bien cómo iba a salir. Salió muy bien: las cámaras se colaron en camerinos, viajes en coche, fiestas privadas y ruedas de prensa mostrándole tal como era; lo malo fue que Bob debió de sentirse incómodo al verse tan crudamente retratado y decidió que nunca mais. Tuvieron que pasar cuarenta años para que volviera a sincerarse ante una cámara de cine. No sabemos si sintió la necesidad de expresarse o lo hizo más bien porque quien se lo propuso fue Martin Scorsese. Para la gente que esté ahora desconcertada por lo del Premio Nobel y quiera saber cómo comenzó esta historia, esta peli lo cuenta bastante bien. El propio título No Direction Home da una pista sobre el sentido que tuvieron esos primeros años de búsqueda, apoyándose en los testimonios del propio Dylan y de mucha gente que anduvo por allí cerca. Y ya que hablamos de literatura, también sale un poeta de verdad explicando cuál es la relación que pueden tener las canciones de Bob Dylan con la poesía.

Más o menos puedo traducirlo aunque no sepa inglés, que hace poco lo vi subtitulado. Aproximadamente dice: “poesía es cuando unas palabras te emocionan en lo más profundo y reconoces en ellas una verdad subjetiva. Cuando eso mismo le sucede a muchas más personas se eleva a la categoría de realidad objetiva y entonces aparece alguien y sentencia: es poesía”. No hace falta explicar a qué se refiere Allen Ginsberg. No hay que llenar esto de vídeos para entenderlo. Ya hemos escuchado The Lonesome Death of Hattie Carrol, pero pueden ir a youtube y buscar subtítulos de esa época, cualquier cosa como With God on Our Side, When the Ship Comes In, Only a Pawn in Their Game, Chimes of Freedom y tantas y tantas canciones cargadas de palabras importantes, como bien dice Ginsberg en la peli de Scorsese, expresadas con la elocuencia de una profecía bíblica.

Bob Dylan - No Direction Home
No Direction Home (2005)

Y cuando más cómodamente podía instalarse en la cima del mundo llega su primer gran desplante. No quiere ser tratado como un profeta, le da igual el qué diran los Pete Seeger de turno. Ya dijo bien clarito todo lo que tenía que decir en sus cuatro primeros discos; tocaba pasar página y empezar a escribir letras raras, de esas que cantan músicos medio drogados y quedan bien con la guitarra eléctrica. Se hartó de ser el portavoz de su generación, la idea de ir a manifestaciones de la mano de Joan Baez le producía espanto. Que vaya ella, si tanto le gusta. Cuando el activista de guardia le preguntaba: “¿Hoy no viene Bobby?”, ella sufría por tener que guardarse su respuesta de hembra burlada: “Los muy idiotas siguen esperando a Bobby, aunque él nunca estuvo por aquí…”. Y así se ha mantenido desde entonces, evitando aparecer donde se le espera, dando plantones legendarios y haciendo cosas horribles solo por molestar, como juntarse con el Papa o con Johnny Cash. Y los señores del Nobel, creyéndose tan importantes, quisieron darse el lujo de sentar un Dylan a su mesa… ¿No queríais Dylan? Pues toma Patti Smith.

Qué momento para la historia, el rocanrol atravesando los muros de la alta sociedad, escuchado reverencialmente por gente vestida de gala y aplaudido por todos esos reyes y jefes de estado… No me digan que no ha merecido la pena. Porque puestos a tocar las narices, otra reacción ridícula muy extendida en los días posteriores al premio fue proponer todo tipo de nombres alternativos que lo habrían merecido más que él. “Hombre, ya puestos a darle el Nobel a un cantante yo habría preferido a Paul Simon o Leonard Cohen”, o sea, la tontería de turno que se dice por molestar, sobre todo pensando que el pobre Leonard tampoco habría llegado a tiempo de recogerlo en persona. Y capítulo aparte merecería la chorrada que al respecto dijo Mario Vargas Llosa, reivindicándose como aspirante a un premio en la próxima edición de los Grammy. Los Grammy Latinos, supongo. Pues bien, esa reacción es tan comprensible como la que pudo tener Belén Esteban cuando vio al buen Mario en la portada del Hola del brazo de la Preysler: “¿pero quién se ha creído este tipo para meterse en mi terreno?”.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “En recuerdo de la Thatcher”, que fue publicado el sábado 20 de abril de 2013.

Homenaje a las señoras que fueron fans de los Beatles

Jueves, 09 de junio de 2016.-
Hoy hace una semana que me llevé a toda la familia al Vicente Calderón para ver a Paul McCartney. Tenía ganas de que los niños vivieran un concierto grande de rock y se me agotaba el tiempo. Dentro de unos años ya no quedarán músicos originales de la época dorada que tengan ganas de tocar en un estadio, así que ésta era la ocasión perfecta: artista agradable; repertorio archifamoso con pronóstico de coro masivo; público entusiasta, colaborador y nada crítico. McCartney tiene la edad que tiene, no íbamos a ponernos exigentes con él, que también acumulamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas… y eso fue lo primero que extrañó a mis hijos: ¿por qué hay tanta gente mayor? Llamaba la atención la cantidad de señores en trance de jubilación, pero sobre todo la proporción de señoras. Seguro que entre ellas estaría alguna de las niñas que en 1965 salieron en el NO-DO.

Les expliqué que empecé a interesarme por el rock como unos diez años después de que los Beatles se separaran. Echando cuentas nos salía que de toda la gente que teníamos alrededor solo quien tuviera mínimo una docena de años más que yo pudo escuchar alguna de sus canciones recién publicada. Y ahí delante de nosotros estaban todas esas señoras sesentonas que se plantaron orgullosas en el concierto de McCartney para rendir pleitesía a su ídolo de juventud sin ningún tipo de complejo. Lo que se vio en el NO-DO fue la acostumbrada manipulación al servicio del régimen. Se trataba de ridiculizar esta moda foránea y de paso a todas sus tontas seguidoras, así que para empezar ilustraron la noticia con planos filmados al poco de abrir las puertas para que Las Ventas y la Monumental de Barcelona parecieran todavía mucho más vacías de lo que en realidad estuvieron. El vídeo de arriba es la pieza original del NO-DO; lo que viene a continuación es otro montaje con más o menos las mismas imágenes, pero prescindiendo de la malévola voz en off. Para que se hagan una idea más aproximada de cómo fue el concierto en realidad.

Cuando se cumplieron treinta años del acontecimiento, el director Pedro Costa realizó un documental para TVE titulado ¡Que vienen los Beatles! donde recuperaba valiosas imágenes que quedaron inéditas por la censura directa de los jefazos del NO-DO. Es ni más ni menos que un pedazo de historia de España, la emocionante llegada de la ‘beatlemanía’ a nuestro atrasado país contada de primera mano por los españolitos que lo vivieron. Como TVE prefiere que no se inserten sus vídeos en sitios ajenos, aquí les pongo el enlace a su página.

¡Que vienen los Beatles!

Merece la pena verlo entero, pero por si acaso he encontrado este resumen de cinco minutos que en su parte final muestra a alguna de esas chicas que en 1965 se jugaron su reputación haciendo público su entusiasmo por los Beatles. Ahí tienen a una auténtica pionera como Elisa Estrada, presidenta del club de fans, y también a la actriz Marta Fernández Muro con todas sus amigas ye-yés entonces quinceañeras, porque Marta puede presumir de que fue fan mucho antes que ‘Chica Almodóvar’.

Mucha gente ha presumido de pasado antifranquista y de haber protagonizado actividades subversivas que nadie podrá nunca negar porque no se tiene constancia de ellas. En cambio la valentía de estas chicas intentando quebrar el cordón policial en Barajas sí quedó grabado para la posteridad, vaya desde aquí nuestro homenaje… y ahora sí, hablemos un poco del concierto. Lo que vimos el otro día fue a un Paul con muchas ganas de agradar, solo así se entiende que tras décadas de giras en las que el repertorio beatle se dosificaba con cuentagotas ahora se descuelgue con un atracón de veintitantas canciones. Ahí está la parte magra del One on One Tour: un buen pedazo de Beatles que se va alternando con éxitos reconocibles de su etapa Wing, temas memorables de sus primeros discos en solitario y otros más discutibles de sus trabajos más recientes. Toda esta parte ‘no Beatle’ aparece ahora ampliamente recopilada en el disco que se publica en estos días.

Paul McCartney - Pure McCartney
Pure McCartney (2016)

No niego que fueron un poco cómicos sus esfuerzos por hablar en español, tampoco discuto que se rozara el ridículo cada vez que se le escapaba algún gallo, pero no creo que ninguno de los que estábamos allí tuviera intención de fijarse demasiado en esas cosas. No creo que nadie esperara caer rendido ante un artista en el mejor momento de su carrera, más bien se trataba de tener un emotivo reencuentro con un tipo que fue muy importante en nuestras vidas. Por eso nos sentíamos unos privilegiados cada vez que reconocíamos una de esas canciones que jamás imaginamos oír en directo en la voz de su autor. Que esa voz esté un poco quebrada por los años es lo de menos. Paul tiene 73 tacos y cumplirá los 74 dentro de unos pocos días, así que habrá que reconocer el mérito que tiene por colocarse en el centro de un macroescenario y mantener el tipo durante casi tres horas. Fue estupendo que rompiera el hielo con A Hard Day’s Night y Can’t Buy Me Love, piezas casi prehistóricas.

Paul McCartney - One On One
Mejor esta postal que la fea entrada de impresora

Tras un tramo de canciones más personales llegaron dos momentos álgidos con Maybe I’m Amazed y We Can Work It Out, pero quizá los picos de mayor intensidad emocional se alcanzaron con Blackbird y Something. Para la primera McCartney se quedó completamente solo con su guitarra acústica sobre una plataforma que le fue elevando ante un espectacular fondo de sombras de atardecer con vuelo de cuervos entre árboles mecidos por el viento. La segunda llegó precedida de unas sentidas palabras sobre George Harrison. Como su amigo era un gran aficionado al ukelele, Paul inició la primera estrofa con este instrumento y poco a poco fue incorporándose el resto de la banda para ejecutar un Something sencillamente magistral. También hubo dedicatorias a Linda y a Nancy (primera y tercera esposas, ni rastro de la de la pata de palo) y a George Martin y John Lennon, aunque la de este último, Here Today, se evidenció bastante más fría que todas las demás. Para encarar la recta final decidió alternar las más bonitas con las más cañeras, y aunque Band on the Run, Let It Be y Yesterday fueron muy aclamadas, déjenme que destaque la energía roquera que desplegaron Back in the USSR y Birthday. Pero quizá el mejor pack fue el que formaron la furia pirotécnica de Live and Let Die con la apoteosis del karaoke que fue Hey Jude. Aquí tienen un vídeo que captura justo el cambio de canción.

Mientras sonaban las notas jamesbondianas se alcanzaron unas cotas de ruido impropias de un artista de la edad de Paul, pero acto seguido las aguas volvieron a su cauce para gozar como es debido del momento más esperado de la noche. Para que nadie se equivocara con el estribillo, la gente de las primeras filas alzó carteles con la palabra “NA”, aunque para cantar la canción entera habría sido mucho más útil llevar este simpático esquema que una vez me regalaron a propósito de un recuerdo compartido.

Esquema Hey Jude

Termino con un flashback personal. Hubo un tiempo en que Hey Jude desempeñó un papel protagonista en la banda sonora de nuestra vida laboral. Hey Jude sonaba indefectiblemente hacia las seis menos cuarto de la tarde en la radiofórmula que nuestra jefa nos obligaba a escuchar, así que entre todos esos “recuerdos gloriosos de un enmoquetado pasado”, según inspirada definición del compañero Nevsky, escuchar las primeras notas de Hey Jude significaba que disponíamos de unos siete minutos para recoger nuestras cosas y salir corriendo, de forma que todos íbamos desfilando de allí con el abrigo puesto durante el extenso margen que nos dejaba el coro in crescendo final.  Como quiera que ese “naaaaa na-na nara-na-ná” no se terminaba nunca, permítanme que ahora lo alargue un poco más con esta curiosidad que he encontrado en youtube. Vayan directamente al minuto dos y comprueben lo que es capaz de hacer un espectador argentino con un palo-selfie en semejante trance. 

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Quiénes son los abuelos del rock?”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de julio de 2010.

Hoy no iré al Bernabéu a escuchar The River

Sábado, 21 de mayo de 2016.-
Pues no, no peleé por una entrada de Springsteen en esa mañana disparatada de venta on-line en la que se agotó todo un aforo del Santiago Bernabéu en apenas unas horas… ¿pero tanta gente hay en España cuyo corazoncito roquero quedó marcado por The River? Si cuando ese disco salió en 1980 por Madrid solo se enteraron Ramoncín, su amigo de Discos Melocotón y cuatro más…  Diría que la gran mayoría de los que van a ir hoy al estadio solo reconocerá Hungry Heart, la propia The River y poco más. No hagamos más sangre: los afortunados que estén allí esta noche disfrutarán de un grandioso espectáculo de rock y los menos entendidos quizá descubran una decena de maravillosas piezas de The River que nunca habían oído antes. Entre ellas esta.

Un colega me envió la crónica del concierto del Nou Camp de hace una semana y acabo de leerla. Parece ser que en sus queridos USA el amigo Bruce tocó el repertorio de The River en su integridad, pero para la gira europea alguien calculó que si a The Price You PayPoint BlankI Wanna Marry You y Drive All Night se le añadían Stolen Car, Independence Day, Fade Away o Wreck on the Highway las masas aullantes podrían caer en estado de somnolencia; mejor prescindir de unas cuantas. Así que Gira The Ties That Bind sí, pero sin poner en peligro la liturgia (y los millones) del rock de estadio. Es, como dice Ignacio Julià en su crónica de El País, el precio que pagamos.

Bruce Springsteen - The Ties That Bind. The River Collection
The Ties That Bind. The River Collection (2015)

En una gira de esta magnitud hay mucha pasta en juego y tampoco es cuestión de renunciar a una parte de los beneficios por subir tontamente el listón de los criterios artísticos. Aunque la edad del Boss empieza a ser preocupante, el tío sigue en plena forma como para todavía no levantar el pie del acelerador en lo que a giras mastodónticas se refiere. Lo que ocurre es que los buenos aficionados percibieron la cajita conmemorativa del 25º aniversario de The River como una gran oportunidad para ver a Springsteen sobre un escenario con planteamientos un poco distintos. Luego se anunció la gira, salieron las entradas a la venta y pasó lo que pasó. Es lo que hay, no es ni bueno ni malo pero es inevitable sentir un poco de pena. Bueno, eso pienso ahora, porque aquella mañana de entradas agotadas, en plena indignación por el colapso informático y los sospechosos canales de reventa que se activaron de forma inmediata, tuve un ataque de desprecio al público del rock de estadio y se me ocurrió una idea maligna: para validar las entradas habría que responder a un pequeño examen a la puerta del Bernabéu. Tampoco excesivamente difícil, por ejemplo: “Dígame usted el título de 10 canciones de The River… ¿Que no sabe…? Pues lo siento, no puede pasar. Queda usted descalificado… que pase el siguiente” y finalizado el proceso tendríamos que el número de suspensos aconsejaría reubicar el concierto en el campo del Rayo y, aún así, con algunos huecos libres en las gradas de Vallecas. Los allí presentes estarían cualificados para vivir un concierto inolvidable, que esta vez no empezaría con Badlands, como en las anteriores catorce giras, sino con la canción apropiada para la ocasión, exactamente esta.

Y siguiendo con el delirio, imaginaríamos sobre el escenario al Springsteen glorioso de finales de los 70 que ya andaba echando a rodar en directo las nuevas canciones compuestas para su siguiente LP, que iba a ser sencillo pero que se fue complicando hasta materializarse en el doble disco de vinilo cuya existencia estamos celebrando en la actual gira. Total, que para los que nos encontramos en semejante estado de nostalgia veo mucho más productivo gastarse 100 euracos en la edición deluxe de The Ties That Bind para degustar los tres DVD’s repletos de apabullantes conciertos de aquella época más el correspondiente documental que emplear la misma pasta en una entrada para ver aproximadamente el mismo concierto que la vez anterior y la vez anterior a la anterior. Ya sé que la excitación de compartir espacio con miles de almas es incomparable, pero en casa acompañado por una caja de botellines tampoco se está tan mal.

The Ties That Bind. The River Collection (Deluxe edition)
La caja deluxe en todo su esplendor

Dejando de lado lo que pudo haber sido y no fue, tampoco hay que ser demasiado aguafiestas, así que lo elegante será desear a los que tienen entrada para ver hoy a Springsteen que pasen una noche memorable. Lo doy por seguro para quienes vayan por primera vez; los que repiten revivirán experiencias felices. Yo mismo me acerqué a verlo en su penúltima visita a ese mismo estadio, una vez que hubo entradas de sobra. Allí me presenté con mi camiseta del Atleti para dejar las cosas claras y mereció la pena, aunque la cosa fue más o menos igual: repertorio de grandes éxitos para contentar a las masas intercalando dos o tres rarezas de The Promise para deleite de los aficionados pata negra. Ahora me sigue apeteciendo ir a conciertos, pero a aquellos en los que no tenga que pelearme con nadie por la entrada ni pagar gastos de gestión abusivos a empresas mafiosas. A la vuelta de Milán, donde tenemos un asuntillo pendiente, quizá me pase por el Calderón para ver a Paul McCartney jugando en casa, o quizá vaya al Nuevo Apolo, que tiene anunciado a Graham Nash, tíos grandísimos a los que supongo fuera del circuito de la reventa y la especulación on-line. Y si se agotan las entradas, pues me vuelvo por donde he venido y tan contento.

Y como me gusta mucho esta canción, pues aquí se la pongo otra vez, ahora en versión karaoke subtitulado. Hala.

NOTA POSTCONCIERTO: De vuelta de una visita familiar en Madrid, no pude evitar desviarme hacia la Castellana. En doble fila, con las ventanillas bajadas, escuchamos un par de minutos de Point Blank hasta que un policía nos echó… qué envidia. Luego en casa haciendo cuentas con los setlist compruebo que en Barcelona y San Sebastián cayeron 12 y 13 canciones de The River, mientras que en Madrid la cosa se redujo a 7… ¿acasó fue anoche el comienzo de la ‘Gira Born in the U.S.A.’? 9 canciones nada menos, casi el disco entero… imagino el mosqueo que se pillarían algunos. Como único consuelo para los madrileños, decir que en Lisboa solo sonaron 3: Hungry Heart, The River y Out in the Street… menos mal que nos queda Portugal. Si quieren escuchar un concierto bueno de verdad, aquí tienen uno de Nueva York del mes pasado, donde sí hizo lo que debía: tocar en orden las 20 canciones de The River y terminar con algún outtake, versiones y los bises más inevitables.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Southside Johnny estuvo en Madrid (Amigos de Bruce II)”, que fue publicado originalmente el jueves 22 de agosto de 2013.

Stones (III): Travesuras de Keith Richards

Lunes, 29 de febrero de 2016.-
Después de un episodio radiofónico tan excitante como el que les relaté la vez anterior, este blog se quedó cómo no medio atascado en un bloqueo del que no se terminaba de encontrar la forma de salir. Pues bien, tras un programa tan stoniano, tras vivir la pasión que todavía hoy Mariscal Romero transmite por los Rolling Stones, qué mejor que continuar con esto.

En nuestro serial dedicado a las grabaciones de estudio que los Stones van entregando con cuentagotas en los últimos tiempos quedó en el tintero un capítulo dedicado a Keith Richards. Aquí lo tienen. No exagero si digo que he escuchado Trouble cientos de veces desde que nos sorprendió a mediados de julio como adelanto de su nuevo disco. Allá por septiembre se publicó por fin Crosseyed Heart y lo recibimos con escepticismo. No se esperaba ya un tercer álbum suyo en solitario, ¿tendría todavía algo que decir el bueno de Keith a estas alturas? Bueno, pues si Trouble enganchó, la escucha del resto del disco se reveló como un auténtico deleite de principio a fin.

Keith Richards - Crosseyed Heart
Crosseyed Heart (2015)

Además de la que está sonando, otras como Heartstopper y Something For Nothing también se construyen en torno al clásico ritmillo richardiano imprescindible para practicar air guitar con los codos levantados. Blues In the Morning representa la cuota de viejo rocanrol de los 50 que nunca puede faltar en sus discos, mientras que exquisiteces como Robbed Blind, Nothing On Me, Just a Gift o Lover’s Plea mantienen ese tono ralentizado y canallesco que el Richards vocalista ha ido perfeccionando con los años para entonar de esa forma arrastrada en que él se siente más cómodo. A ese mismo género pertenece Illusion, la canción en que se junta con una superestrella del momento como Norah Jones. Quedó muy bonito, pero con el punto antipático de que la tal Norah ni siquiera se dignó a compartir estudio con Keith, sino que le envió por mail su parte cantada. ¿Pero qué se habrá creído esa tía? ¿Con quién ha empatado Norah Jones en su vida? Que se deje de Noras, mucho mejor Sarah Dash, su corista de toda la vida. Vetada Illusion y mencionadas nuestras favoritas de Crosseyed Heart, cambiamos de tercio con esta otra.

Según aseguró Mariano Muniesa el día que estuvimos en Mariskal Rock Radio, el año 2016 será esta vez sí el año en que los Rolling Stones volverán a entrar a un estudio a grabar material nuevo. Ocurrirá dentro de unos meses, una vez finalice su gira latinoamericana, y no se puede negar que el emocionante reencuentro discográfico con que nos sorprendió el Richards es el mejor presagio para que esos planes se hagan realidad. Pero conviene no dejarse llevar por la euforia, que ya sabemos que las veces anteriores la inspiración de los cuatro Stones no llegó para llenar un disco completo, sino para grabar unos pocos cortes con que adornar el enésimo recopilatorio.

The Rolling Stones - Forty Licks
El de 2003 incluía cuatro canciones nuevas

Esta que suena se llama Losing My Touch y cerraba el disco de 40º aniversario de la banda. Es quizá la joyita más valiosa de Forty Licks y redunda en el papel asumido por Keith Richards como guardián de las esencias rollinestonianas. Si en cada disco de los Stones el tema cantado por Keith era una especie de guinda para el pastel, a partir de los 90 su aportación fue creciendo en cantidad y en importancia. Apunten: The Worst y Thru And Thru (las dos de Voodoo Lounge); You Don’t Have to Mean It, Thief in the Night y How Can I Stop (las tres de Bridges to Babylon); Infamy y This Place Is Empty (de A Bigger Bang); más alguna pieza en directo como The Nearness Of You y el propio Losing My Touch podrían haber completado un sobresaliente disco en solitario de Keith Richards, ese que nunca publicó desde su segundo Mean Disposition de 1992 hasta el actual Crosseyed Heart. Déjenme que personalmente lo complete con esta otra.

Aunque esta maravilla proceda de sesiones de grabación de finales de los 70, podría incluirse perfectamente en ese hipotético disco perdido porque su edición oficial corresponde a 2011. Se llama We Had It All y fue dando tumbos por discos no oficiales de todo tipo hasta que por fin apareció con todos los honores en el CD2 del Some Girls Deluxe Edition, que contenía nada menos que doce canciones que no pasaron el corte para la selección definitiva. Por aquella época, ya saben, el cupo para Richards era de una sola canción por disco y la elegida fue Before They Make Run, que era bien molona y encajaba como un guante en el tono macarrilla que rezumaba el mítico Some Girls. No, no pondremos ni un pero al listado de canciones de 1978, pero como suele ocurrir en estos casos a día de hoy es un placer escuchar todo lo que se quedó fuera e imaginar los quebraderos de cabeza que provocaría condenar al ostracismo cosas tan buenas como este We Had It All.

The Rolling Stones - Some Girls Deluxe Edition
El deluxe de 2011 traía un CD enterito de rarezas

Ah, los tesoros revelados por las Deluxe Edition, qué regalo para nuestros oídos. Eso daría para una nueva entrega de este serial, ya veremos, que en algo tendremos que entretenernos hasta que llegue el tan ansiado repertorio de 2016. Si Keith Richards utilizó Talk is Cheap, su primer disco solista, para desafiar a sus propios compañeros de grupo y obligarles a remontar ese momento de bajón que vivían a finales de los 80, no descartemos que Crosseyed Heart, salvando las distancias, pueda servir para lo mismo. Nos agarraremos a ese clavo ardiendo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El verano en que Jagger cumplió 70”, que fue publicado originalmente el domingo 29 de Septiembre de 2013.

Bob Dylan celebrando el Nobel

Jueves, 15 de diciembre de 2016.-
Hace tiempo que todo el mundo habla de Bob, ya es hora de que en A70 digamos algo al respecto. Muchos opinadores se han referido a él como si fuera un fantoche, un cantante prejubilado sin interés ni valor alguno. Qué ignorantes. El actual Bob Dylan es un artista hiperactivo poseído por un frenesí que arranca en los años previos al cambio de siglo y que en lo que va de siglo XXI le mantiene grabando, tocando y publicando sin darse un respiro. Y siendo verdad que el tío no para quieto, luego todo consiste en que llega a un sitio, se sube al escenario y se tira cerca de dos horas maltratando su repertorio en actitud completamente inexpresiva y sin hacer ni una mueca que permita vislumbrar si nuestro gurú está contento, triste o enfadado. Así que le otorgan el Premio Nobel e imaginamos que lo celebró más o menos así, juntándose a tocar con sus colegas así de estáticos, sin mover ni una ceja.

Y mientras alargan y alargan la canción, el teléfono sin parar de sonar… los pesaos de la academia sueca venga a dar el coñazo y a punto de perder la esperanza de que alguien responda. Pasan las semanas y por fin Bob se da por enterado, pero su respuesta hace que la situación se vuelva todavía más incómoda. “Me siento muy honrado por el galardón, pero no sé si me vendrá bien ir a recogerlo”, viene a decir. Y luego va y envía a la ceremonia de entrega a Patti Smith para que esta protagonice en Estocolmo una tierna escena trastabillándose varias veces en la monumental A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Oiga, es que aprenderse esa letra enterita no es nada fácil y una ya va teniendo una edad.

Sin profundizar mucho en la polémica sobre si merece el Nobel de Literatura, que eso sería meternos de cabeza en un charco que no nos incumbe, sí diremos que resulta divertido comprobar cómo se han ofendido algunos comisarios de la cultura, furiosos al ver invadido su territorio sagrado por un intruso. ¡Un cantante!, han dicho con desprecio, como si fuese un vulgar juntaletras de esos que trafican con ripios baratos para emocionar al populacho. Venga hombre, no se pongan tan exquisitos que tampoco han premiado a un Julio Iglesias o a un Luis Miguel, aunque sí hay que reconocer que resulta raro pensar en Bob Dylan como escritor. Cuando en 1965 todo el mundo estaba de acuerdo en calificarlo como poeta, él renunció a serlo porque en aquel momento le apetecía más ser músico. Ya ha llovido. Desde entonces nos ha sorprendido con conversiones de estilo, de disfraz y hasta de fe, y todo hasta perfeccionar un personaje hermético que finge que su mayor anhelo sería refugiarse en un imposible anonimato.

Bob Dylan - Masked And Anonymous
Masked And Anonymous (2003)

Ese videoclip de plano quieto, pero poderosa escenografía, salía en los extras del DVD del Modern Times edición de luxe, allá por 2006, pero remitía a una toma publicada años atrás en la banda sonora de Masked And Anonymous, que por aquí se llamó simplemente Anónimos. Como puede verse, la banda estaba bastante engrasada entonces, pero la película fue un desastre que apenas dio que hablar por las risas que en su versión original provocaba el ridículo acento que se inventó Penélope Cruz para interpretar a la guapa centroamericana a la que el personaje de Bob tiraba los tejos. Eso en la ficción, que durante el rodaje dicen que también, suponemos que para brutal engorde del ego de nuestra Penélope. Forzando muy mucho la memoria la cosa iba de que una estrella del rock llamada Jack Fate viajaba a un caricaturesco país al sur de México para participar en un extraño festival benéfico de aires circenses. El músico cree tener un inopinado parentesco con el dictador local, lo que le acaba involucrando en alguna que otra situación violenta para terminar derribando de un puñetazo al manager sin escrúpulos que le metió en semejante lío… vamos, un disparate sin pies ni cabeza sobre todo teniendo en cuenta que el tío a quien noquea el enquencle Dylan es nada menos que un peso pesado del tamaño de Jeff Bridges. Hay que decir que las veces que Bob Dylan se ha acercado al celuloide ha patinado en proyectos a cual más delirante, pero se salvan un par de títulos en que fue el cine quien se acercó a él. Cuando el propósito era simplemente reflejar su valor como músico e icono de los 60 bastaba con sacar al tío cantando él solito cosas como tan potentes como ésta.

Precisamente por el asunto del Nobel estos días había que revisar esas películas sobre Bob Dylan, que justo ponen el foco en el momento clave entre 1965 y 1966 cuando el Dylan líder generacional dimite del primer plano mundial y se marcha dando un portazo. Ambas películas tienen el valor de mostrar a Bob hablando en primera persona, algo que ha sido rarísimo a partir de entonces. Si lo hizo en el 65 ante el ínclito D.A. Pennebaker fue por prestarse a una especie de experimento de docurealidad que no se sabía muy bien cómo iba a salir. Salió muy bien: las cámaras se colaron en camerinos, viajes en coche, fiestas privadas y ruedas de prensa mostrándole tal como era; lo malo fue que Bob se debió de sentir incómodo al verse tan crudamente retratado que decidió que nunca mais. Tuvieron que pasar cuarenta años para que volviera a sincerarse ante una cámara de cine. No sabemos si sintió la necesidad de expresarse o lo hizo más bien porque quien se lo propuso fue Martin Scorsese. Para la gente que esté ahora desconcertada por lo del Premio Nobel y quiera saber cómo comenzó esta historia, esta peli lo cuenta bastante bien. El propio título No Direction Home da una pista sobre el sentido que tuvieron esos primeros años de búsqueda, apoyándose en los testimonios del propio Dylan y de mucha gente que anduvo por allí cerca. Y ya que hablamos de literatura, también sale un poeta de verdad explicando cuál es la relación que pueden tener las canciones de Bob Dylan con la poesía.

Más o menos puedo traducirlo aunque no sepa inglés, que hace poco lo vi subtitulado. Aproximadamente dice: “poesía es cuando unas palabras te emocionan en lo más profundo y reconoces en ellas una verdad subjetiva. Cuando eso mismo le sucede a muchas más personas se eleva a la categoría de realidad objetiva y entonces aparece alguien y sentencia: es poesía”. No hace falta explicar a qué se refiere Allen Ginsberg. No hay que llenar esto de vídeos para entenderlo. Ya hemos escuchado The Lonesome Death of Hattie Carrol, pero pueden ir a youtube y buscar subtítulos de esa época, cualquier cosa como With God on Our Side, When the Ship Comes In, Only a Pawn in Their Game, Chimes of Freedom y tantas y tantas canciones cargadas de palabras importantes, como bien dice Ginsberg en la peli de Scorsese, expresadas con la elocuencia de una profecía bíblica.

Bob Dylan - No Direction Home
No Direction Home (2005)

Y cuando más cómodamente podía instalarse en la cima del mundo llega su primer gran desplante. No quiere ser tratado como un profeta, le da igual el qué diran los Pete Seeger de turno. Ya dijo bien clarito todo lo que tenía que decir en sus cuatro primeros discos; tocaba pasar página y empezar a escribir letras raras, de esas que cantan músicos medio drogados y quedan bien con la guitarra eléctrica. Se hartó de ser el portavoz de su generación, la idea de ir a manifestaciones de la mano de Joan Baez le producía espanto. Que vaya ella, si tanto le gusta. Cuando el activista de guardia le preguntaba: “¿Hoy no viene Bobby?”, ella sufría por tener que guardarse su respuesta de hembra burlada: “Los muy idiotas siguen esperando a Bobby, aunque él nunca estuvo por aquí…”. Y así se ha mantenido desde entonces, evitando aparecer donde se le espera, dando plantones legendarios y haciendo cosas horribles solo por molestar, como juntarse con el Papa o con Johnny Cash. Y los señores del Nobel, creyéndose tan importantes, quisieron darse el lujo de sentar un Dylan a su mesa… ¿No queríais Dylan? Pues toma Patti Smith.

Qué momento para la historia, el rocanrol atravesando los muros de la alta sociedad, escuchado reverencialmente por gente vestida de gala y aplaudido por todos esos reyes y jefes de estado… No me digan que no ha merecido la pena. Porque puestos a tocar las narices, otra reacción ridícula muy extendida en los días posteriores al premio fue proponer todo tipo de nombres alternativos que lo habrían merecido más que él. “Hombre, ya puestos a darle el Nobel a un cantante yo habría preferido a Paul Simon o Leonard Cohen”, o sea, la tontería de turno que se dice por molestar, sobre todo pensando que el pobre Leonard tampoco habría llegado a tiempo de recogerlo en persona. Y capítulo aparte merecería la chorrada que al respecto dijo Mario Vargas Llosa, reivindicándose como aspirante a un premio en la próxima edición de los Grammy. Los Grammy Latinos, supongo. Pues bien, esa reacción es tan comprensible como la que pudo tener Belén Esteban cuando vio al buen Mario en la portada del Hola del brazo de la Preysler: “¿pero quién se ha creído este tipo para meterse en mi terreno?”.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Atascado otra vez en Mobile con el Blues de Memphis sin poder salir”, que fue publicado el martes 1 de diciembre de 2009.

Neil Young encerrado en una cabina

Martes, 16 de diciembre de 2014.-
Una de las pocas costumbres que uno conserva como consumidor de rocanrol es comprar los discos de Neil Young, pero a la que uno se despista va y publica dos de golpe. Uno de los que ha sacado este año cayó el otro día en mis manos. Lo compré sin saber muy bien de qué iba y me encontré con un artefacto de planteamiento completamente marciano, lo que confirma la sospecha de que este hombre nunca dejará de sorprender. Vean, vean.

Vaya, un señor de casi 70 años grabando viejas canciones de los 60 con sonido de vinilo de los años 40, o sea, un ejercicio doblemente retro, un viaje en el tiempo con parada en dos fechas del pasado. Pues resulta que no se le ocurrió exactamente a él. Su buen amigo Jack White III, coleccionista de toda clase de cachivaches de sonido, se encaprichó de una cabina de grabación de 1947 que vio por ahí, así que la restauró y le dio lustre permitiendo a gente importante el capricho de grabar una cancioncilla al modo prehistórico. Tan proclive como es Neil Young a los experimentos, no iba a privarse de la experiencia. Fue a la tienda de Third Man Records, el lugar de Nashville donde se encuentra la cabina y registró la canción que suena en el vídeo que hay aquí encima. Es una una de las primeras composiciones del escocés Bert Jansch antes de fundar Pentangle, probablemente la que inspiró a Neil para escribir alguna letra sobre las agujas y el daño que producen.

Jack White y Neil Young
Jack White y Neil Young en la tele

Neil debió de quedar tan impresionado por la dichosa cabina que no paró hasta convencer a Jack White para que le dejara grabar un LP entero. White aceptó, puede que a cambio de colarse él mismo en un par de canciones, así que seleccionó un repertorio de canciones favoritas de compañeros de fatigas, cantautores de la época dorada que como él se movieron entre el folk y el rock, y ya tenía el disco. Por cierto, qué bien conserva la voz este hombre.

Neil Young - A Letter Home
A Letter Home (2014)

La edad de Neil Young sería de apenas un par de años cuando se fabricó la cabina. Lo que hace entonces con esta máquina del tiempo es perpetrar un anacronismo: se retrotrae a la época en que él nació para interpretar un repertorio que, en el mejor de los casos, aún necesitaba el paso de diez años para ser escrito. Hay un par de canciones de finales de los 50, pero la mayoría pertenece al primer tramo de los 60. Imaginamos que aquí están las melodías que tocaron la fibra al joven Young, las que finalmente le impulsaron a abandonar Ontario siendo un veinteañero para iniciar su ruta hacia la costa oeste junto a aquella panda gloriosa que conoció en la carretera de Buffalo a Springfield.

Neil Young - A Letter Home
Muy bien no se leen las letras

En los créditos del disco, si se repasan eso sí con una buena lupa, puede encontrarse junto a cada título el año de su primera edición. Según las fechas, es más que posible que Neil Young escuchara por primera vez la mayoría de las canciones de A Letter Home antes de marcharse de Canadá en 1966. Esta sería la lista de sus músicos favoritos en orden de antigüedad: Ivory Joe Hunter (1956), The Everly Brothers (1957), Willie Nelson (1961), Bob Dylan (1963), Gordon Lightfoot (1964), Bert Jansch (1965), Tim Hardin (1966) y Phil Ochs (1966). Solo tres canciones van más allá de la frontera del 66, y dos de ellas solo porque pertenecen a autores ya presentes en la lista anterior: su paisano Gordon Lightfoot y Willie Nelson, habitual compinche en el Farm Aid. Interesante elección. Interpretar una segunda composición de los 70 de cada uno de ellos parece un reconocimiento a su categoría de emblemas de la música de Canadá y EEUU. Para rematar, la canción que se sale completamente del tiesto es My Hometown, publicada nada menos que en 1984 por el jefe Bruce. Imagino que Springsteen habrá alucinado: un tema suyo grabado en semejantes condiciones y mezclado entre todos esos mitos de generaciones anteriores, menudo subidón para su ego.

Porque no me digan que no tiene su morbo: la canción que cerraba un disco tan mainstream como Born in the U.S.A. versionada en pleno siglo XXI con tecnología de mediado el siglo anterior. Nada más que un micrófono para capturar a bloque la guitarra, la voz, el silbido y la armónica de Neil Young abriéndose paso entre un ruido de fondo entrañable pero infernal… no creo que a estas alturas una celebridad como Bruce esperara tal honor.

Neil Young
Saliendo del escenario del crimen

Queda por consignar un dato fundamental en la mitología del rocanrol, quizá algunos de ustedes ya lo estaban echando de menos: en esta cabina o en otra muy parecida fue donde Elvis Presley hizo su primera grabación. Como tantas veces se ha contado en sus biografías, el joven camionero de Tupelo pensó que sería un bonito regalo para su madre, así que entró y grabó el famoso single para Gladys Love Presley. Aquello llegó a oídos del dueño de Sun Records y el resto ya fue historia. Tampoco deja ese cabo suelto Neil Young, pues lo primero que hace en el disco es leer una carta dirigida a su madre, fallecida años atrás. Era costumbre en los soldados antes de marcharse a la guerra grabar una despedida para sus madres con este invento. En cierto modo, Neil también se fue a su propia guerra y ahora escribe la carta que tenía pendiente a ese hogar que una vez tuvo en Canadá, mezclando recuerdos personales y musicales…

Neil Young - Storytone
Storytone (2014)

…pero como bien dije al principio, cuando uno se pone a escribir sobre el último disco de Neil Young corre el riesgo de que antes de terminar ya se haya convertido en el penúltimo… y, en efecto, hace semanas que esto anda circulando por ahí.

Vaya, otro bandazo inesperado, nada menos que un proyecto orquestal. Es que no tiene termino medio, o solo dentro de una cabina o acompañado por sesenta músicos. Y como este hombre no para de generar noticias, en las últimas semanas ha celebrado su 69 cumpleaños junto a su nueva novia de cincuenta y pico, la actriz Daryl Hannah. Un poco antes había roto con su segunda esposa, Pegi, tras casi cuarenta años de matrimonio y un poco después se puso furioso contra su amigo David Crosby cuando el muy bocazas osó hacer pública su opinión sobre su nueva pareja. Total, que será difícil ver de gira a Crosby, Stills, Nash & Young, pues éste último, ofendidísimo, ya ha dejado claro que los cuatro juntos sobre un escenario nunca jamás.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Enormes taxis amarillos x4”, que fue publicado originalmente el lunes 14 de noviembre de 2011.