Nuestro enemigo David Bowie

Lunes, 18 de enero de 2016.-
Hace una semana que se murió Bowie, paradigma y cumbre de todas las vanguardias. El lunes pasado bien temprano corrió la noticia por las redes sociales, lo que no quita que muchos lo oyéramos por la radio en la voz de alguno de esos locutores cavernarios de programa matinal. Qué atraso, qué enorme paradoja tratándose de un artista como Bowie, siempre tan moderno. Pero no nos engañemos: más allá de poses extraterrestres y futuristas, David Bowie era un personaje tan del siglo XX como la inmensa mayoría de sus fans. Reafirmándome en la idea, mi particular homenaje fue comprarme un periódico al día siguiente, que es lo que hacemos las personas antiguas cuando ocurre un gran acontecimiento. Aún digiriendo el empacho de loas a su habilidad para vulnerar la ortodoxia del rock, aquí nos conformaremos con recordar que también hubo una etapa en la que supo mantenerse más o menos en la ortodoxia.

Este Jean Genie puede que sea el momento de su carrera en que más se ajustó a los cánones de un género de moda, como en esos años era el glam-rock, con aparición en Top of the Pops incluida. Se publicó como single en 1972 con unos meses de adelanto a Aladdin Sane, el LP al que pertenecía. Con el anterior Ziggy Stardust y el siguiente Diamond Dogs integra su trilogía perfecta de rock alienígena y un poco gay, las extravagancias cotidianas que se llevaban en el mundillo glam. Esos son los tres discos de David Bowie con los que más cómodo se puede sentir el roquero de a pie, habitualmente más proclive al conservadurismo musical que a las tonterías y las moderneces. 

David Bowie - Aladdin Sane
Aladdin Sane (1973)

El problema fue que a quienes empezamos a escuchar música en los ochenta nos costó unos cuantos años descubrirlo. Para los jóvenes roqueros de los ochenta David Bowie era nuestro enemigo, el villano más despreciable y el mayor traidor conocido de todo el universo musical, pues a diferencia de otros a los que se suponía la desgracia de ser horteras de nacimiento, Bowie era hortera sobrevenido y por voluntad propia. Él, que había tenido el honor de compartir escenario con el gran Mick Ronson, se permitió el lujo de prescindir del guitarrista primero para hacer un disco de funk-soul moña y luego para juntarse con Brian Eno a experimentar con la cosa techno y electrónica de su etapa berlinesa. Y todo con tal de no perderles el paso a nuevos músicos punks y nuevaoleros que venían pegando fuerte, o sea, unos bandazos inaceptables para cualquier roquero de bien. Pero eso no fue lo peor, pues luego vino Let’s Dance repleto de toda esa bazofia discotequera… cómo detestábamos los coritos de Modern Love y sobre todo ese vomitivo videoclip con Mick Jagger en el que destrozaban un clásico de Martha Reeves y las Vandellas. Nos horrorizaba su forma de vestirse y sus ínfulas para marcar tendencia entre el pijerío más sonrojante. En definitiva, ejerció una influencia funesta que contribuyó a recluir a los roqueros de barrio cada vez más dentro de nuestro ghetto.

De todas formas, aún en las tribus más cerriles, siempre había un erudito que exigía un respeto por Bowie, algún enterado que recomendaba apasionadamente la escucha de sus discos de diez años atrás. Por eso y porque su protagonismo discográfico fue decreciendo a medida que avanzaban los ochenta, la figura de David Bowie fue acomodándose poco a poco en categoría ‘por encima del bien y del mal’. Alguna cancioncita suelta bien colocada en tal o cual banda sonora, algún papel protagonista en el cine como pareja vampírica de Catherine Deneuve o prisionero de guerra en el Japón, algún disco recopilatorio para levantar el ánimo tras una gira poco brillante y para el final de la década ya ni el roquero más integrista discutía su presencia en el olimpo del rocanrol. Y cuando menos se esperaba, de repente Bowie remata la jugada inventándose un grupo de rock potente, en los mismísimos límites jevimetaleros.

Tin Machine
Tin Machine (1989)

No fue más que un entretenimiento efímero, una excusa para juntarse con sus amigotes en los periodos que quedaban libres entre sus giras en solitario y sus compromisos promocionales, sin embargo con Tin Machine demostró una vez más el olfato que tenía para dejarse llevar por las tendencias del momento y anticiparse un minuto a la siguiente revolución que iba a acontecer en el mundo del rock. Vamos, que en aquel momento ya existían los Pixies, pero aún faltaban un par de años para que a alguien se le ocurriera poner nombre al grunge.

Pese a que este experimento de Tin Machine no fue demasiado apreciado entonces y se acabó disolviendo por pura indiferencia, al menos sirvió para terminar de reconciliar con Bowie a la mitad más cabreada de la audiencia del rocanrol. Quizá por eso en 1990 ya pudo presentarse en el rockódromo madrileño con toda respetabilidad roquera, libre de pecado, y los habituales parroquianos del polvoriento anfiteatro pudimos acudir a su concierto sin tener que avergonzarnos ante nuestros colegas. Sobre el viejo escenario de la Casa de Campo donde habíamos tenido a Zappa, a los Kinks y a Van Morrison, ahora disfrutábamos de David Bowie, ¿algún problema? Guardo un gran recuerdo, era la gira Sound + Vision en la que anunciaba que iba a cantar todos esos clásicos de su repertorio por última vez, así que todo fue muy sobrio y muy emotivo, nada que ver con el anterior Glass Spider Tour y sus sillones colgando del techo. Era una verdad a medias, pues claro que volvió a cantar todas esas canciones muchas más veces, pero sí es cierto que significó un punto y aparte para comenzar a explorar las posibilidades del dance, del drum, del bass, del techno y de todas esas historias electrónicas de las que, me van a disculpar, ni sé ni tengo la menor intención de saber.

Rockódromo de la Casa de Campo, septiembre de 1990
Rockódromo, septiembre de 1990

Volviendo a lo del principio, les diré que aproveché para echar un vistazo a El País en el bar donde desayuno y luego me compré El Mundo. Fobias y filias aparte, no había color: dos páginas contra siete, con muchas más firmas invitadas, infografías y recuadritos de apoyo. Recuerdo que cuando lo de Krahe encontré más o menos lo mismo: los estragos de la crisis en el papel impreso no hay quien los pare, pero a día de hoy unos lo sobrellevan mejor que otros. Entre la nómina de colaboradores, aparte de los periodistas del ramo que pueden imaginar, un compungido Loquillo responde en El Mundo a la pregunta que él mismo formuló en uno de sus primeros discos: ¿donde estaba él en el 77? Pues maquinando un cóctel estilístico con el fenómeno punk, la muerte de Elvis y el Heroes de Bowie como ingredientes, tres sucesos de rocanrol que ocurrieron ese año con pocos meses de margen. He aquí un rocker barcelonés que supo asumir a Bowie en su momento con total falta de prejuicios, ahí está el tío.

Anexo 19/01/2016: Por tardar una semana en escribir esta necrológica de rocanrol se nos junta con la siguiente. Hoy nos hemos enterado del fallecimiento de Glenn Frey. Curiosamente, la única vez que aquí se habló de los Eagles fue sobre una canción cuya voz solista no era la de Don Henley, sino la de Frey. Glenn Frey, David Bowie… descansen en paz.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La canción perfecta”, que fue publicado originalmente el jueves 18 de noviembre de 2010.

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Dirige la orquesta el maestro Francesco Zappa

Martes, 8 de enero de 2013.-
Los días de 2013 van a avanzando a toda velocidad. Antes de que pase más tiempo sin actualizar el blog les pondré esta pieza de seis minutos a modo de Concierto de Año Nuevo.

Cuando vi esto en directo fue para mí todo un descubrimiento. Sabía que Frank Zappa era un tío importante, pero apenas había oído de pasada algo de su música. Fui a verlo porque entonces me apuntaba a todo lo que se ponía a tiro, y total por quinientas pelas bien podía uno asumir el riesgo de comprobar qué figuras del rock clásico ya no estaban a la altura de su fama. Estamos hablando de finales de los 80. Los ayuntamientos grandes estaban totalmente enloquecidos y contrataban a todas las viejas glorias del rocanrol sin reparar en gastos, con entradas a mitad de precio o directamente gratis. Superada la pertinaz sequía franquista, y una vez abierta la veda con los primeros macroconciertos ochenteros, toneladas de roqueros guiris experimentaron las ventajas de visitar la nueva España. El político de turno que no engordara su programa de festejos con cuatro o cinco estrellonas podía ser etiquetado como antiguo y tacaño, y eso sí que no… qué extraño es recordar todo esto justo ahora que ya no queda nada de dinero ni de rocanrol. Al menos todo aquel disparate nos sirvió a algunos para conocer de primera mano a esas leyendas vivas cuyas biografías nos sabíamos de memoria gracias a la historia del rock por fascículos de Jordi Sierra i Fabra.

La entrada de ZappaLa prueba del delito

Revisando mi colección de entradas, esa semana de mayo del 88 me acerqué el martes a ver a Joe Cocker, el sábado tocó Zappa y el domingo volví al Rockódromo de la Casa de Campo para la casi no actuación de Van Morrison con los Chieftains, pues amenazó con suspender el concierto a la segunda canción. El tío se marchó con un rebote monumental por tener a un cámara en el escenario tomando imágenes para las pantallas gigantes de San Isidro. Alguien tuvo la genial idea de suprimir la señal de vídeo y le convenció para volver a salir, que menudo es Van The Man. Tres dinosaurios en seis días, y eso sin descartar que entre medias no tocara gratis una Tina Turner o unos Kinks sin que exista una triste entrada que me ayude a concretar la fecha. O alguno de esos disparates nacionales con Obús y La Polla Records compartiendo cartel… Durante varios años, esas inolvidables semanas de mayo se convertían en un intenso y excitante no parar, supongo que nefasto para los exámenes de junio.

Vuelvo al Bolero, que irá ya por la mitad. En ese concierto, el señor Zappa me dejó con la boca abierta por su desenvoltura en el escenario, sus alucinantes solos de guitarra y su minucioso dominio sobre los músicos. Todas esas complicadísimas canciones fluían con pasmosa naturalidad contra lo que podría suponerse de la actitud burlona del maestro de ceremonias, y para colmo la banda parecía divertirse. Pero lo mejor llegó con lo del Bolero, cuando Frank Zappa se despojó de su guitarra, dio la espalda al público y se puso a dirigirlos como si fueran una orquesta. No me podía creer que un grupo de rock pudiera ser domesticado a golpe de batuta, aunque eso sí, con un cigarro en la otra mano. En aquella época se estaban empezando a publicar algunas colecciones de tomas en directo, como Guitar o You Can’t Do That On Stage Anymore, pero creo que este LP es el que contiene un concierto lejanamente parecido a lo que vimos.

Frank Zappa - Does Humor Belong In Music? Does Humor Belong In Music? (1986)

Existe también hay una versión en vídeo sacada de un especial de la tele alemana, pero no hace falta irse tan lejos… nuestra TVE se marcó la machada de transmitir en directo su actuación de Barcelona. Aún caliente el recuerdo de San Isidro, fue estupendo repetir solo tres días después, todo un lujo poder disfrutarlo tranquilamente en el sillón de casa. Habrán notado que la toma que puse al empezar es pura arqueología televisiva rescatada de VHS, pero si se animan aquí pueden enlazar el concierto completo reemitido ya en digital. Vean aunque sea el principio, con el famoso discurso en castellano en el que Frank se disculpaba por leerlo “como un loro”. Aunque musicalmente estuvieron espléndidos, por lo visto se encontraban un poco cansados por culpa de los desplazamientos con Iberia, lo que mereció unas cuantas burlas dedicadas a la aerolínea española. Tan agotado estaba el amigo Francesco que renunció a cerrar el cartel y prefirió tocar en segundo lugar, entre Mermelada y Burning. Bien metidos en la madrugada, alargando los últimos bises a placer, a Pepe Risi se le notaba absolutamente feliz de haber tenido al maestro Zappa como telonero.

Para mí es también un placer empezar el año con Frank Zappa, del que ya se viene hablando en este blog casi desde el principio, incluso antes de que empezara a funcionar.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Frank Zappa subtitulado… ¡qué gran invento!”, que fue publicado originalmente el viernes 18 de diciembre de 2009.

Rock al 1/4 de hora: Mariscal Romero en El Semáforo

Miércoles, 24 de octubre de 2012.-
Ya sé que esta sección era para poner canciones largas de Neil Young, Frank Zappa y gente así, pero es que me he tropezado con este vídeo y no he podido resistirme. Aunque no se trate de una pieza musical, este solo de lengua de diez minutos de duración merece ser escuchado en su integridad.

Ya conté en un texto recién rescatado del Archivo A70 que, sin ser músico ni cantante, Mariscal Romero fue una de las pocas figuras que gozó de estatus de rock star en la escuálida escena del rock español de los 70. Ese merecido papel estelar se lo ganó revolucionando la radio roquera en España, pero aparte ejerció de cantante ocasional, animador de conciertos, promotor de historias, editor de revistas y, sobre todo, de provocador profesional. En vista de la poca relevancia pública que se le concedía a nuestro rocanrol, Mariscal asumía gustoso la función de agitador y no dudaba en ir a la tele a montar el pollo cada vez que le llamaban. Otra muy sonada fue cuando se presentó en Su turno con un bate de béisbol para asustar a Carlos Tena, AlaskaJosé María Cano y otros modernillos que tenía enfrente. La cosa iba de roqueros contra poperos, y Jesús Hermida tuvo que regañarle porque los quinientos oyentes del Musicolandia que se trajo con él no paraban de jalear al Mariscal y de abuchear a los otros.

La loco-entrevista (Single, 1980)… aunque no tenga nada que ver, el nombre de este disco viene muy a cuento

Pero bueno, lo del debate de Hermida fue otra historia. Eso que ven ahí arriba se emitió una noche de viernes de 1995 en TVE en horario de máxima audiencia. Visto hoy podría parecer un milagro, pero cualquier cosa era posible si estaba al mando Chicho Ibáñez Serrador, monstruo de la televisión que cuando se cansó del Un, Dos, Tres puso en marcha ese formato maravilloso que fue El Semáforo. Consistía en regalar varios minutos de gloria a cualquier ciudadano de a pie que se atreviera a hacer sus gansadas delante de millones de espectadores. Todo lo que ahí salía se situaba en ese terreno fronterizo entre la genialidad y el ridículo, recuerden por ejemplo al entrañable Cañita Brava, pero parte de la gracia residía en que los mayores esperpentos fueran presentados con solemnidad por un señor muy serio con chaqué, pajarita y dicción impecable. Qué grande era Jordi Estadella… disfruten de sus educadas interpelaciones al Mariscal mientras en la grada las fans se escandalizan al escuchar la retahíla de descalificaciones y burlas a sus queridos Bosés e Iglesias.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El ojo azul de Mick Jagger”, que fue publicado originalmente el domingo 10 de enero de 2010.

Costas II: El regreso

Domingo, 17 de junio de 2012.-
Este año me salté la reseña sobre los discos que trajeron los Reyes Magos, tanto que se me van a juntar con las compras del segundo semestre. Como tampoco hay que ser demasiado estricto con las fechas, paso a repasar con varios meses de retraso algunas adquisiciones, empezando por esta:

Confieso que fui un gran fan de Siniestro Total, pero hace ya tiempo que seguir su trayectoria me produce cierta fatiga. Escucho cada nuevo disco con una sonrisa condescendiente y, según termino de oírlos, los coloco en su estantería y pasan al olvido. De hecho ni siquiera me compré los tres últimos, me conformé con las copias cutrillas que me pasan los amigos. También me he acercado a alguno de sus conciertos y los veo con agrado, pero no puedo compartir el entusiasmo del núcleo duro galleguista que jalea cada ocurrencia de Julián Hernandez. No entiendo cómo ha podido ocurrirme esto, ¡si a mí siempre me gustaron más las canciones de Hernández que las de Costas!

Tras Made in Japan (1993) Costas se fue de Siniestro…

Cuando Miguel Costas fue desterrado del grupo en 1994 me pareció una gran injusticia. Recuerdo que su marcha de Siniestro fue un poco rara, diría que a la francesa. Muchos nos enteramos echándole en falta sobre el escenario en los conciertos de presentación de Made in Japan. En concreto a mí me ocurrió en la Sala Revolver. Arrancó el grupo enlazando tres o cuatro canciones del maestro Frank Zappa, fallecido unos días antes… y Costas que no salía. Durante todo el concierto, la gente interumpía los silencios entre canción y canción con gritos del estilo: “¿Julián, dónde está Costas?”… y el habitualmente locuaz Julián Hernández que no contestaba nada.

luego formó Los Feliz y publicó Aleluya (1997)

Se echaba mucho de menos a Miguel Costas y hubo gran expectación por estar al tanto de las andanzas de Los Feliz, su siguiente proyecto. Tardaron tres o cuatro años en publicar su primer disco, lo que explica que lo titularan Aleluya. Fui corriendo a hacerme con él y, salvo un par de canciones pasables, me llevé tal chasco que ya ni me interesé por los siguientes que publicaron. Así que no volví a cruzarme con Costas hasta 2008.

Condenados a Costas (2008)

Tampoco es que Condenados a Costas sea una obra maestra, sino más bien el afortunado reencuentro con un viejo amigo después de casi diez años sin saber de él. Y sobre todo sorprende que un señor tan mayor se siga moviendo con impunidad por los territorios del gamberrismo adolescente. Lejos de avergonzarse de sus rimas infantiloides, va y las imprime en camisetas.

Lo que sí demostró Condenados a Costas es que el problema de los actuales Siniestro Total ya viene de atrás y es bien sencillo: les falta Costas. Lo que era demoledor en Siniestro era la sucesión de ocurrencias de Costas y Hernández una detrás de otra: chorradas, simplezas, ironías, groserías… sin embargo, una sesión monográfica de chistes de Hernández termina resultando insufrible. No me cansaré de repetirlo: Siniestro Total era mucho mejor cuando estaba Costas.

Costas is Back (2011)

Y por fin llegamos a Costas is Back, el disco que provocó esta absurda reflexión. En este segundo trabajo publicado bajo su propio nombre, Miguel Costas repasa lo mejor de su repertorio, ya fuera conocido por aparecer en discos de Siniestro, Los Feliz, Aerolíneas Federales o por su anterior entrega en solitario, y para ello reúne a famosos y famosetes sin criterio alguno, como si quisiera volver a lo grande en una gira multitudinaria en plazas de toros al estilo Hombres G. El elenco de invitados es un auténtico disparate, desde roqueros pata negra como Rosendo y Johnny Burning a ñoñas triunfitas como Vega y Edurne. Y sí, a pesar de la incómoda presencia de gente como David Summers, Álvaro Pignoise y Bimba Bosé, el cancionero de Costas sobrevive inexplicablemente a tan inverosímiles duetos y puede calificarse en su conjunto como un gran disco.

Precisamente sobre esta canción mantuve hace poco una interesante conversación con un ilustre filólogo. A mí siempre me fascinó Assumpta, que se encuentra entre las escasas canciones que consiguen narrar una historia completa en tres estrofas, con su planteamiento-nudo-desenlace reglamentario. Partiendo de la información mínima imprescindible (chico vigués conoce chica barcelonesa y quedan en Pamplona) vamos conociendo a toda velocidad un apasionado romance con divertidas pinceladas de comedia y trágico final.

Planteaba yo al experto si podríamos obtener un microrrelato con su doble erre como mandan los cánones reduciendo la letra a estos tres versos:

“Aunque tenía michelines, la llevé a los Sanfermines.
Delante del toro corría y ella mucho se reía,
pero una mala cornada, la dejó allí tirada” 

Y el amigo filólogo concluyó: exquisito. Me explica que, no existiendo reglas estrictas de concreción, un buen microrrelato no se mide por su número de palabras, sino por las ganas de releerlo que despierta. Reconoce que “no hago más que leerlo una y otra vez y cada una de ellas quedo más perplejo” . Dice que encuentra muy innovadora su rima interna y que nunca habría imaginado que pudieran escribirse microrrelatos en verso. Cuánta sabiduría… muchas gracias por su lección, Steven Silga.

Zappa y los esquimales

Miércoles, 2 de mayo de 2012.-
A70 anda últimamente un poco flojo de comentarios. O, para ser más precisos, más flojo que de costumbre, pues como ustedes comprenderán no es este un blog orientado a generar miles de visitas ni debates multitudinarios. Basta con que haya alguien que entre y eche un vistazo de vez en cuando. No es imprescindible que comenten… aunque si lo hacen, pues mucho mejor; siempre es agradable saber que están ustedes ahí.

Les confieso que lo que más ilusión hace es que llegue un lector nuevo y comente algún texto de años atrás. Eso le obliga a uno a revisar lo que escribió hace tiempo y profundizar en asuntos musicales que tenía temporalmente olvidados. Es lo que me ha pasado hace poco por culpa de un tal Franco Zappiatto… ¿nos conocemos, señor Zappiatto? Pues sepa que, en honor a usted, voy a mover la sección “Se dice, se comenta” a la parte de arriba del blog. Así quienes se tomen la molestia de comentar podrán ver su nombre nada más abrir A70.

Pues bien, el amigo Zappiatto entró a comentar un viejo texto que hablaba sobre vídeos subtitulados de Frank Zappa. Me picó la curiosidad y gracias a él descubrí que en este tiempo los subtituladores de Zappa a la lengua castellana han subido a YouTube decenas de nuevas traducciones a cual más sabrosa. Aquí les pongo una de mis favoritas.

Siempre sospeché con que tras ese título, Don’t Eat The Yellow Snow, se escondería una historia bastante guarrilla… sospechas que se han confirmado con creces. La cosa va de una de las reivindicaciones ecologistas más en boga en los 70, la matanza de focas en el Polo Norte, pero el amigo Zappa, como era habitual en él, lleva tan noble causa al terreno del delirio. Resulta tremendamente emocionante esa lucha a muerte sobre la nieve… y no puedo dejar de elogiar el gran trabajo de los autores del video, que encima se han tomado la molestia de ilustrarlo con una cutreanimación al estilo South Park. Maravilloso, una excelente excusa para bajar de la estantería el LP en que venía esta canción y escucharlo completo, a la antigua usanza.

Apostrophe (') (1974)

Frank Zappa subtitulado… ¡qué gran invento!

Que Frank Zappa es uno de los grandes genios del rocanrol lo sabe todo el mundo, pero en el caso de quienes no entendemos el idioma del imperio es una mera suposición. Suponemos que es un genio por su bigote a lo Groucho Marx, por su famoso poster sentado en un retrete y porque hasta el chalado de Sacha Baron Cohen se ha esforzado en parecerse a él.

Adivine quien no es Zappa

Pero dejémonos de suposiciones… sabemos que es un genio porque la gente de habla inglesa lo dice, porque hemos visto su excéntrica puesta en escena y porque ya queda claro solo con traducir los títulos de las canciones… ¡No os comáis la nieve amarilla!

Además, el idioma ha dejado de ser un problema desde que hay gente que subtitula vídeos y los sube a la red. He encontrado en el youtube un par de héroes de la traducción a los que hay que agradecer su meritoria labor… ¡leer la letra de Dinah Moe Humm no tiene precio! Ahora entiendo por qué las madres conservadoras estadounidenses la tomaron con Zappa y acabaron poniendo por todas partes la etiqueta de “Parental Advisory-Explicit Lyrics”.

¡Y encima el muy bestia invita a subir al escenario a chavales de Connecticut menores de edad!… En serio, no creo que exista una canción más guarra que ésta. Si acaso Dirty Love, por aquello de que al final de la historia sale a pegar lametones hasta el caniche de la protagonista… Ambas canciones pertenecen a Overnite Sensation, lo más parecido a un disco de rock convencional grabado por Zappa y sus Mothers Of Invention… y digo “convencional” con todas las comillas del mundo.

Frank Zappa - Overnite SensationOvernite Sensation (1973), en portada desplegable

Por ejemplo, I’m The Slime no es de sus canciones más complicadas. Podría pasar por una canción de rock normal y corriente, pero después de comprobar de qué va la letra no tengo más remedio que retirar lo de convencional.

Bonita figura literaria la de la baba resbalando por la televisión… Por lo que se ve, hace treinta años el Gran Hermano ya se las arreglaba para mantener sumisa a la plebe delante de una pantalla viendo toda clase de cerdadas.

En España nunca se pudo disfrutar de estos espectáculos tan didácticos, quizá no estábamos preparados. Tuvimos que esperar a 1988 para recibir en Barcelona y Madrid a un Frank Zappa un poco más mayor que para nada defraudó. Quizá ese fue el germen de varios núcleos de culto zappiano muy revoltosos que no paran de estrechar lazos con gente afín a la misma causa que habita en otros países de habla hispana.

Si les ha gustado el invento de Zappa subtitulado pueden pasarse horas pinchando canciones de todas sus épocas: Bobby Brown, Montana, Cocaine Decisions, Lonesome Cowboy Burt… pero por no salirme de Overnite Sensation propongo Camarillo Brillo, por finalizar con una delicada descripción de una chica de esas que tanto gustaban al bueno de Frank.