Sigo con Spinetta

Domingo, 26 de febrero de 2012.-
Pasan los días y no consigo despegarme de la música de Spinetta. Continúo donde lo dejé, en la octavilla de sus conciertos en 2002.

Spinetta gira esapñola 2002

Hubo que esperar treinta y pico años de carrera de Luis Alberto Spinetta para verle sobre un escenario en España. Reconozco que yo no esperé mucho, hacía poco que había descubierto su música, pero aún así sentí esa emoción tan especial de estar viviendo un acontecimiento histórico. Allí, tan cerca del maestro, en una sala tan acogedora como Galileo. Entre algún clásico dosificado con cuentagotas, el concierto se basó sobre todo en el repertorio de Los ojos, su disco más reciente entonces, más alguna canción larguísima de sus últimas andanzas con su grupo Los Socios del Desierto. Algo parecido a esto.

Creo recordar que nos visitó haciendo una escala durante su camino hacia un festival de jazz en Francia, donde por lo visto su música sí era muy apreciada. Parece extraño que llegaran mejor sus palabras a los franceses que a lo españoles, pero así de raro nos resulta Spinetta. Hace poco ha contado Diego Manrique en su blog que lo entrevistó en aquella ocasión y Luis Alberto se comportó como un estúpido marcando distancias con pose de divo. Me lo puedo creer, pues esos tres conciertos en Zaragoza, Barcelona y Madrid tenían pinta de ser un compromiso apretado con calzador para promocionar un disco recopilatorio que le importaba más bien poco ante un público que le interesaba aún menos. No insistiré en ese asunto, sobre todo después de lo mal que se han tomado en Argentina el artículo de Manrique (¡hay que ver cómo se ponen los argentinos si les tocan a uno de sus mitos!). Supongo que es el riesgo que corren los periodistas cuando conocen en persona a músicos a los que admiran.

Sobre las tablas fue otra cosa. Spinetta actuó como un grande. Fue educado y agradecido con el público, y especialmente considerado con sus compatriotas presentes en Galileo Galilei. La sala no llenó a reventar, pero convocó a bastante gente teniendo en cuenta que era uno de los primeros domingos de aquel verano, con Madrid medio vacío… ¡y a las 7 de la tarde! Quizá tenía que salir pronto para tomar un vuelo a París, o quizá fue por influencia de la Copa del Mundo de fútbol. Ese día, el 30 de junio, se jugó la final del Mundial de Corea y Japón. Los partidos se televisaban a horas asiáticas y andábamos todos trastornados. Brasil se proclamó pentacampeona y el héroe fue Ronaldo, pero el Ronaldo de verdad. Aclaro que el concierto fue unas horas después, no como la conferencia de Borges en 1978.

Viejas canciones (2004)

La visita sirvió como primera toma de contacto antes de la publicación de Viejas canciones, un recopilatorio editado exclusivamente en España. Y poco después hubo una nueva gira, ya con la foto que se usó como portada de su disco español.

Segunda gira española de Spinetta

Me perdí esta segunda cita, supongo que la dejé pasar por tener tan reciente la anterior. Sí me compré el disco. No era una vulgar colección de grandes éxitos, sino una cuidada selección supervisada por el propio Spinetta. No entró ninguna canción de Almendra, un par de ellas de Pescado Rabioso, algunas de sus discos en solitario y, sorprendentemente, hasta diez temas de Invisible. Esa es la imagen que él quiso ofrecer de su propia carrera a un público que nunca había tenido la oportunidad de oírle.

InvisibleSpinetta, Pomo y Machi

Invisible significó la tercera gran etapa en la trayectoria de Spinetta. Según él fue el grupo en el que, sumadas las experiencias de sus anteriores proyectos, hizo exactamente la música que quería hacer. Reclutó a Pomo y a Machi, que habían sido base rítmica en Pappo’s Blues, y se convirtieron en un sofisticado trío de jazz-rock al servicio de las canciones de su líder. Y alcanzaron su tope de perfección justo en su último disco.

Invisible - El jardín de los presentesEl jardín de los presentes (1976)

Realmente tuvo que ser el mejor, pues Spinetta lo incluyó casi íntegro en Viejas canciones. Ahí estaban maravillas como El anillo del capitán Beto o Que ves el cielo, pero puestos a elegir un broche para estos días spinettianos, me quedo con esta.

Por culpa de Spinetta

Miércoles, 15 de febrero de 2012.-
Hace unos meses, en pleno invierno rioplatense (nuestro verano), al maestro Luis Alberto Spinetta le diagnosticaron un cáncer de pulmón. A principios de 2012 fue operado de urgencia a causa de un mal distinto… o quizá asociado a lo mismo, qué mas da. Cumplió 62 años en el hospital y unos días después recibió el alta, aunque en realidad solo le sirvió para marchar a morir a casa, rodeado de los suyos. Parece que lo hubiera demorado a propósito para abandonarnos en pleno verano (nuestro invierno), tal como él mismo predijo en esta canción de 1973.

Dadas las circunstancias, acongoja escuchar cómo Spinetta relata su propia muerte en Cementerio Club. Pertenece a Artaud, ese disco que tantos argentinos citan como uno de los mejores de la historia de su rock. Para mí lo es, pues fue el CD que me sirvió de experiencia iniciática en el rock argento. Me lo regaló Darío en 1998, justo cuando el lanzamiento de la carrera de Andrés Calamaro al margen de Los Rodríguez estaba en su apogeo. Mi amigo estaba empeñado en darme un empujoncito hacia el rock argentino de verdad, pero tardé dos o tres años en hacerle caso. Me daba una pereza enorme, pues de lo poco que hasta entonces había escuchado de Charly García no había conseguido entender prácticamente nada. Si al final pude abrir las orejas fue solo gracias a la escucha casual de Artaud. Vamos, que Spinetta tuvo la culpa de que me volviera incondicional de todo el rock originario de la Argentina, de Pappo, de Manal, de Vox Dei, de Almendra, Pescado e Invisible… hasta de Charly.

Pescado Rabioso - Artaud (1973)

La mutua incomprensión entre el rock hecho en Argentina y en España es una interminable historia llena de misterio, pero lo cierto es que aquí, por lo que sea, se nos indigesta un poco el rock argentino consumido en crudo. Necesitamos que el músico de turno se venga unos meses a vivir entre nosotros. Que nos adule un poco, que se interese por lo taurino, que nos diga lo feliz que está en Madrid y le dedique una bonita canción a la ciudad… entonces sí, ponemos en un altar a Moris, a Calamaro o a quien sea. Está claro que cuando Charly se acercó por España nunca estuvo por la labor, que a él le encanta agredir al público sin importarle si actúa como local o como visitante. Lo de Spinetta fue peor, pues hasta hace bien poco ni siquiera vino.

Charly García y Luis Alberto SpinettaCharly y Spinetta, ilustres desconocidos en la ibérica

Cuando pasado el tiempo me dio por escuchar Artaud, me produjo un efecto demoledor. Me atrapó de tal manera que me entraron ganas de escucharme todo el rock argentino de golpe. Para empezar, reconocí en Spinetta a un artista especial, inclasificable incluso como mito del rock de su país. Aluciné con su voz puntiaguda, sus letras enigmáticas, su enrevesada forma de componer. Quedé fascinado incluso por su apellido, pues no podría haber encontrado un nombre artístico que le cuadrara mejor. Por algo le llamaban El Flaco.

Pero lo que me superó del todo es la canción que pongo justo aquí debajo. Esa letanía hipnótica (“superstisión, rarainaná, lorololó… superstisión, lailorolá, larailalá…”) acabó por despertar mi curiosidad. Tuve que ir a mirar la contraportada… ¡y resulta que no se titulaba Superstición!

En fin, reconozco que lo de la dichosa Superchería fue una manera más bien tonta de introducirme en el Universo Spinetta. Habría quedado mejor decir que me cautivó su sutil aproximación a las claves poéticas de Antonine Artaud, pero no nos engañemos, nunca me atrevería a llegar tan lejos dada mi incultura literaria. Y esa sensación de roquerito de a pie que se reconoce varios peldaños por debajo del artista se ha repetido cada vez que alguno de sus discos ha caído en mis manos. Muchos de ellos me han resultado directamente inaccesibles, pero con Artaud sucedió justo lo contrario. Desde las primeras notas de Todas las hojas son del viento, las letras fluyen y sugieren poderosas imágenes, incluso en las canciones más raras, como la enigmática Por, una sucesión de palabras aparentemente inconexas, o los nueve minutos de la brutal Cantata de puentes amarillos.

Pescado RabiosoAmaya, Lebón y Cutaia se fueron de Pescado
y Spinetta se quedó solo con Artaud

Se me olvidaba mencionar algo importante: Artaud no es un disco de Spinetta, aunque generalmente se considere como tal. En realidad se acreditó como el disco de despedida de Pescado Rabioso cuando el grupo ya no existía. La mayoría de las canciones son predominantemente acústicas, y Luis Alberto se las guisó él solito. Y en las que llevaban algo más de electricidad contó con la ayuda de antiguos compinches de Almendra, como en Las habladurías del mundo o Bajan.

Iba a seguir hablando de lo emocionante que fue verle tocar en España, pero mejor lo dejo para otro día, para no hacerme pesado. Además, casi me vuelvo loco buscando la entrada. No la encuentro, quizá porque no exista. Seguramente nos dieron un papelito cutre de “entrada con consumición”, pero afortunadamente conservo la octavilla de su gira española.

Spinetta gira española 2002