Mi vida entre las hormigas: leve objeción a la peli de Ilegales

Viernes, 23 de junio de 2016.-
Hace una semana nos pasamos por el estreno en la Plaza del Callao, o más bien habría que decir que nos colamos en su fiesta, siguiendo las enseñanzas de una de las primeras canciones de Ilegales. Vaya por delante que fue un verdadero deleite contemplar las andanzas de Jorge y sus secuaces en pantalla grande, nada menos que la del Palacio de la Prensa. Eventos así suben mucho la moral al roquerío madrileño, que falta nos hace. A la peli le pondremos por lo menos un nueve sobre diez: engancha de principio a fin. Nos emocionó, nos divirtió y reímos a rabiar. Pero vayamos al grano sobre la única pega encontrada: se echa en falta algo más de música. Un ejemplo.

La explicación de este ¡Heil Hitler! se lleva un buen pedazo de metraje, pero la canción se ventila con apenas un par de rafaguillas. Entendemos que el prota absoluto es Jorge Martínez, que habla y que habla de forma incontenible y que tenía cientos de historias que contar. Ilustrar cada anécdota con el fragmento adecuado de música podría haber alargado la cosa hasta las seis horas y media. Se ha optado por sacrificar las canciones, pues al fin y al cabo ya nos las sabemos. Cuando Jorge grita “¡Jipis!” todos pensamos “No me gustan los jipis” y con solo oír “Nazis” un inmediato “Simpáticos los nazis” se nos viene a la cabeza. Pero si el que lo está viendo no conoce la historia de primera mano puede que se le quede un poco coja al no escuchar la provocación completa. Para comprender que esta canción de Ilegales cabreó a tope a progres y jipiosos en general y al público del Rock & Rios en particular, lo suyo es darle más cancha… aunque luego venga el propio Miguel Ríos a explicarnos la monumental bronca que provocaron aquel día en Asturias unos teloneros llamados Ilegales.


Mi vida entre las hormigas.
El documental de Ilegales

Y lo mismo que del asunto ‘Hitler’ podríamos decir del episodio Stick de hockey, que tenía una canción enterita con ese mismo nombre y apenas se escucha. Y que para ilustrar el enfrentamiento con su padre venía al pelo El héroe de los gatos. Y que cuando suena Voy al bar rápidamente se desvanece para dar paso a una extensa charla alcohólica con el camarero de guardia, eso sí, interesantísima en lo que se refiere a bebidas arqueológicas como el Pippermint y el Licor 43. En fin, que a ratos parece que falta contexto musical para redondear algunos argumentos… pero no se hable más de este asunto, vayamos a los puntos fuertes.

El principal: la verborrea de Jorge, el gran bocazas, el tío que con diferencia daba mejores entrevistas de todo el rock español. Aquí ha habido mucho músico de rock, pero lo que se dice estrellas del rock se cuentan con los dedos de una mano. Entre ellos Jorge Ilegal solía estar especialmente comprometido en su papel de divo. Siempre se preparaba una buena artillería de frases apoteósicas para ofrecer potentes titulares, ¿pero realmente se las preparaba o es que le salían tal que así? Desde luego Jorge es ocurrente, pero tal precisión en sus palabras no podía ser casual. Viendo lo meticuloso que se muestra eligiendo guitarras, supervisando músicos y controlando la labor de técnicos de sonido se puede suponer que su disposición hacia la prensa del ramo se debe a que era profesional y competente hasta para eso.


Una cabeza a punto de estallar

Otra cuestión. Siendo el energúmeno ultraviolento que todo el mundo se esfuerza en describir ha resultado que para el rodaje de este documental ha aparecido un montón de gente dispuesta a hablar sobre Jorge Martínez con cariño y admiración. Mención especial para David Alonso y Willy Vijande, batería y bajista de la época gloriosa, que ofrecen un impagable testimonio sobre auge y caída del músico de rock, con las drogas duras siempre acechando desde el lado oscuro. Los siguientes miembros que fueron pasando por Ilegales lo pintan como un líder despótico capaz de humillar a un joven recién incorporado al grupo para acto seguido adoptar hacia él una actitud paternal orientada a transmitirle todos los conocimientos que necesitará para ser un profesional del rock. Enternecedor ese estilo familiar al modo napolitano. Y cuando un bajista de tan largo recorrido como Alejandro Espina cae en combate de forma inesperada la pérdida es llorada con desconsuelo. La escena del tanatorio transmite momentos de auténtica congoja.


Mi vida entre las hormigas (CD + DVD, 2017)

Por otra parte, por la película van desfilando personajes de lo más variopinto, desde guardianes de la prensa oficialista de toda la vida como los Ordovases, Manriques y Fernandoflores de turno a un purista del rock auténtico como el Mariscal Romero disparatando como inesperado experto en prehistoria ilegal. Y también productores, disqueros de postín, señores asturianos que alguna vez condujeron una furgoneta o fueron técnicos de luces y, sobre todo, muchos compañeros de profesión recordando escenas de acción que se producían por el mero hecho de compartir camerinos y escenario con Jorge y su tribu. Resulta que el documental Mi vida con las hormigas lleva años fraguándose y todos estos testimonios se han ido recogiendo mientras se desplegaba una campaña de crowfunding para reunir el apoyo moral y económico necesario. Todo este tiempo los impulsores del proyecto han ido sembrando la red de vídeos como este.

Parte de esta promo ha entrado en el montaje final como impactante escena de reunión de viejos enemigos. Sentados a la mesa, Jorge, Jaime Urrutia y Javier Andreu ajustan cuentas con el pasado y se echan a la cara las viejas rencillas. Como en el anuncio de Mahou, pero de mal rollo. Y entonces Jorge suelta la gran parida: “Fuimos gilipollas, teníamos que haber montado una gira conjunta Ilegales-Gabinete, insultarnos en la prensa para calentar el ambiente y hostiarnos cada noche sobre el escenario. Nos hubiéramos forrado”. El cantante de La Frontera se parte de risa mientras Urrutia apoya la ocurrencia a sabiendas de que sus antiguos colegas de Gabinete Caligari tendrían aún menos ganas de juntarse con él que con Jorge.


Que los directores asuman las consecuencias 

Por ir concluyendo, tenemos que felicitar a Chema VeigaJuan Moya por haber llevado el barco a buen puerto. Mi vida con las hormigas se está presentando estos días en más capitales y se va a proyectar en algunos cines. Si tienen la oportunidad, no lo duden. En la oscuridad de la sala fuimos transportados a un glorioso pasado en un ejercicio de nostalgia con pocas concesiones a la blandenguería. Sensiblerías las justas, porque lo que recuerda la peli es un tiempo en que el rock español se permitió el lujo de ser condenadamente salvaje y divertido. Las bandas punteras ganaban pasta y podían experimentar sin complejos por el laberinto de las drogas y el sexo químicamente puro. Si encima ese grupo superventas se llamaba Ilegales, den por seguro que el relato de sus tropelías garantiza emociones fuertes.

Y aunque Jorge tiene una larga trayectoria que recordar, el tío continúa componiendo piezas increíbles. Muchas del último disco La vida es fuego suenan sin problemas entre sus clásicos de siempre, y para demostrar que ni mucho menos está agotado como compositor ha entregado una nueva canción a propósito de la peli. Una canción aparentemente fea, pero en realidad una intensísima declaración de principios.

Lleva el mismo título que el documental y suena al final del mismo mientras avanzan los títulos de crédito. Tras varias escuchas la hemos aceptado como una enorme canción ilegal, escrita desde la perspectiva de un roquero que ya ha cumplido los sesenta y que demuestra estar a la altura ahora que un par de tipos decidieron rodar una película que honrara su accidentada carrera.

Aquí, como es costumbre, no estuvimos al corriente del ‘craufandin’ ni de todas esas cosas modernas, así que apoyaremos a la manera tradicional, a posteriori. Es decir, compraremos el disco e iremos a algún concierto… ¿el 6 de julio en Getafe? La verdad, pilla un poco lejos… pero habrá que planteárselo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Jorge Ilegal contra la memoria histórica selectiva (Parte 1ª)”, que fue publicado originalmente el martes 11 de mayo de 2010.

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La que tiene preparada M-Clan por su 20º aniversario

Domingo, 15 de junio de 2014.-
La semana pasada, viernes 6 y sábado 7, M-Clan dio dos conciertos en el Teatro Circo Price de Madrid en los que se grabó su próximo disco en directo, que se publicará a finales de este año. Estuve en el primero de ellos, así que les contaré un poco por encima algunas cosas que sucedieron. La excusa del evento era celebrar sus veinte años de carrera, para lo que quisieron estar acompañados de buenos amigos. Se echó en falta quizá a Lapido o a algún Pereza, pero el primero que salió fue este.

Ariel Rot fue el único invitado al que se concedió el honor de interpretar una canción propia, pero es que esto que tocaron viene de 2007, cuando M-Clan colaboró en el disco de duetos de Ariel. Es quizá la canción más Rot de todo el repertorio de Los Rodríguez. Ya en solitario Ariel nunca dejó de cantarla, pero añadiéndole la voz de Tarque consiguió arrebatársela un poco más a Calamaro. El caso es que la colaboración les quedó tan redonda que no me extraña que los chicos de M-Clan también hayan querido quedársela para ellos.

Ariel Rot - Dúos, tríos y otras perversionesEl disco de Rot en que participó M-Clan

El resto de invitados, en su papel, ayudó a dar una manita de pintura al repertorio de M-Clan: Las calles están ardiendo cogió un punto bastante agresivo con la presencia de El Drogas; de enorme intensidad fue el duelo vocal con Enrique Bunbury en Miedo; Fito Cabrales empleó su habitual deje vacilón para recordar aquel embrollo provocado por la dulce niña Carolina; con Alejo Stivel regresaron los tiempos de Usar y tirar; y no podía faltar Miguel Ríos, a punto de entrar en sus setenta y aún dando la talla en Roto por dentro. Como bien resumió Carlos Tarque en plan maestro de ceremonias, M-Clan ha recorrido veinte años de camino para acabar en el Price cantando con Miguel… Qué entrañable resultó ese guiño al Bienvenidos.

M-Clan, Teatro Circo Price 20140606Foto oficial del momento Rot, 6 de junio de 2014

El grupo salió vestido de negro, pero cada músico con una prenda roja… un aspecto impecable para sacar brillo a la onda rock & soul de los últimos discos. Por cierto, que el soul lo puso una estupenda sección de vientos que añadió un toque de elegancia al rock de M-Clan. También fue bonito que regresaran por una noche algunos ex como Íñigo Uribe y Carlos Raya (Charlie Line, como les gusta presentarlo), y completaron el elenco un par de amigos argentinos del grupo Guasones, que aportaron voz y guitarra al nuevo clásico del rocanrol que nunca puede faltar. Este.

Lo que presentaron fue una versión en castellano que no se sabe muy bien de donde sale… ¡se han hecho tantas! Si esta se ha preparado para la ocasión, reconozco dos cosas: 1º) el hallazgo de mantener el How does it feel en inglés, decisión muy acertada porque en esa parte se ponga lo que se ponga en castellano siempre queda raro; 2º) lo atinado de la traducción elegida para el título, Como un disparo al sol, que también se sale de lo habitual. Bien hecho, pues con esta elección abarcan de un golpe al abuelo Dylan y a los abuelos Stones, porque está claro que la que se ha tomado como modelo es la que salía en este disco.

The Rolling Stones - StrippedBob al fin versionado por los Stones en 1995

Siempre presentes en el santoral de M-Clan, con el detalle añadido de que Tarque se tiró toda la noche imitando la pronunciación Jagger cuando preguntaba al público “Duyufil olrrraaaittt…?” entre canción y canción. Y para completar el círculo de vacas sagradas del rocanrol, la adaptación ya conocida del primo ese que los M-Clan tienen en Escocia. Maggie despierta sirvió para poner punto y aparte al concierto antes de los bises, y justo antes de empezar a cantarla Tarque dio un salto a la pista para pasearse entre el público con una minicámara, así luego todos podremos vernos en el DVD haciendo los coros.

Esto se estrenó precisamente en el anterior disco en directo del grupo. Ya ha llovido desde entonces, y para marcar las distancias esta vez la cosa sonará enchufada y bien enchufada. Que aquella vez el éxito sonriera a M-Clan tocando guitarras acústicas ya provocó los conflictos internos que todos conocemos. Si desde entonces quedó pendiente un directo de rock potente, esperemos que el próximo salde definitivamente la deuda.

M-Clan - Sin enchufeSin enchufe (2000)

Mucho han cambiado las cosas desde entonces. En lugar de tres coristas ahora hay tres metales, también ha cambiado bastante personal y repertorio, pues hay que dar salida a un montón de buenas canciones de los discos más recientes. Tocaba mostrar el momento actual del grupo y, qué se yo, dejar testimonio de la bestia parda en la que se ha convertido Tarque sobre las tablas. No hay otro como él en el rock español, es una pena que M-Clan nunca haya apostado con decisión por esa carta. El desenchufado aquel que los catapultó a la fama transmitía una imagen modosita, apropiada para las radiofórmulas y canales de videoclips en los que trataban de abrirse camino. En todo este tiempo Carlos Tarque ha crecido mucho en su faceta de icono sexual, no hay más que ver el porcentaje de mujeres que hay entre el público, sobre todo en las primeras filas. Ha sido algo así como un asunto secreto al que se han ido incorporando poco a poco algunas privilegiadas. A día de hoy empieza a ser un secreto a voces, pues estaba bien claro que todas esas mujeres de las primeras filas estaban viendo a Tarque y escuchando el concierto, por este orden.

Teatro Circo Price 20140606 - M-ClanTarque dominando

Volviendo a la música, las referencias a históricos del rock se completaron con The Who y Steve Miller Band, ya imaginarán que no iban a faltar en una noche como esta. Lo de los Who ya lo hacen en sus directos desde hace tiempo. En Pasos de equilibrista había un homenaje implícito a la base de sintetizador de Baba O’Riley, así que M-Clan inserta la canción de los Who en mitad de la suya para no ocultar las fuentes de las que bebe su canción. Es uno de los puntos ágidos en los conciertos de los murcianos, no en vano se trata de una de mejores canciones de rock en directo de todos los tiempos. Aquí está la prueba.

Bueno, supongo que se habrán dado cuenta de que entre toda esta parrafada no ha sonado ni una sola canción de M-Clan. La cosa es que estos chicos siempre han sido muy fans del rock de toda la vida y, sin ser un grupo de versiones, suelen escoger algunas muy selectas para poner en evidencia qué les gusta y qué les influencia. Como aquí compartimos esa pulsión, arreglamos esta crónica con las canciones ajenas y les invito a comprar el DVD en cuanto salga para que ustedes mismos puedan comprobar la buena altura a la que brilló el repertorio más reciente de M-Clan.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Los tres discos de Thin Lizzy en sus inicios como trío”, que fue publicado originalmente el martes 4 de enero de 2011.

 

Aquellas noches de neón con el Mariano

Jueves, 1 de noviembre de 2012.-
A propósito de otro locutor de radio voy a ser tan poco original que empezaré poniendo la canción que sirvió de sintonía a su programa más famoso. Falleció hace ya más de un mes, pero no está mal recordarlo en este fin de semana de difuntos.

Ustedes comprenderán que habiendo sido durante años oyente del Disco Cross habré podido oír esta canción de Black Sabbath unos cuantos miles de veces. Es de uno de los discos que grabaron con Ronnie James Dio como cantante, con el que disfrutaron de una inesperada segunda época dorada después de la ruptura con Ozzy Osbourne. Mediados los 80, los recién llegados a la fiebre del jevimetál éramos tan ignorantes que pensábamos que la canción se llamaba “noches de neón”… total, el Disco Cross en sus comienzos sonaba todas las noches en la ciudad y lo más natural era que su sintonía se llamara así. Con el tiempo fuimos adquiriendo algunos rudimentos en el idioma del rocanrol y descubrimos, en parte gracias a la insistencia de Mariano García, que nada tiene que ver nights con knights y que tratándose de los Sabbath era mucho más factible que fantasearan con “caballeros de neón” provistos de armadura de pesado metal como mandaban los cánones.

Heaven and Hell (1980)

Mariano García fue uno de los alumnos aventajados del Mariscal Romero, primer gran showman de nuestra radio roquera. Al comenzar los 80, viendo que algunos grupos locales empezaban a incrementar sus ventas, el Mariano supo hacerse un hueco promoviendo rivalidades entre artistas desde las ondas, el viejo truco para captar audiencia entre sus seguidores. Primero intentó una especie de pugna entre partidarios de Leño contra partidarios de Barón Rojo. Sirvió más bien como ensayo porque la cosa no podía tomarse demasiado en serio, era como enfrentar churras y merinas. Un par de años después, cuando surgió el fenómeno Obús, el modelo sí cogió cuerpo. Si ahora de lo que se trataba era de tomar partido por barones o por obuses, eso sí que eran palabras mayores, un asunto bélico de verdad. Los propios músicos entraban al trapo porque sabían que ese antagonismo les iba a beneficiar a corto plazo.

Quienes no aceptaban su juego, como por ejemplo Miguel Ríos o el Rosendo post-Leño, recibían tratamiento de desertores del rock y sufrían prolongados ataques personales bastante desagradables. En seguida se hicieron evidentes las mañas del tío Mariano, pero se le perdonaban porque su programa molaba, él era muy salao y daba mucha vidilla a la escena jevy. Cuando el eje Barón-Obús se consolidó, Disco Cross ayudó a que el negocio se fuera ampliando dando impulso a otros aspirantes como Ñu, Sobredosis, Banzai, Barricada, Sangre Azul y otros muchos que trataban de consolidarse en esa próspera segunda línea del hard patrio. El mérito hay que reconocérselo a Mariano García, aunque todo el mundo suponía que en la trastienda había un lado oscuro de beneficio personal con toda clase de fuentes paralelas de ingresos como salas de conciertos, producción de discos, paquetes promocionales, sello discográfico propio…

También hay que decir que, con total descaro y desenvoltura, copió al Búho Musical la sección de cartas de los oyentes y robó de ese mismo programa a la mismísima abuela Ángeles, que era inseparable de Paco Pérez Bryan yendo a conciertos de Luz CasalLeñoMiguel Ríos. La popular Abuela Roquera fue prácticamente raptada por Mariano García para hacerla frecuentar territorios más duros y terminar convirtiéndola en un personaje explotado hasta la náusea por el locutor.

Por esas y por otras razones fui despegándome poco a poco del Disco Cross hasta perderle la pista casi por completo. Sé que empezó a dar tumbos por distintas emisoras hasta desembocar en la suya propia, el polémico Rockservatorio. Y digo polémico porque, por encima de su meritoria actividad y sus años de lucha hardroquera, acabó lastimosamente trascendiendo por un desafortunado episodio mundialmente famoso en internet en el que el señor García se convertía en esperpéntica caricatura de sí mismo ante unos estupefactos jevys asturianos.

Y a pesar de todo, llegada la hora del triste fallecimiento de Mariano García he sentido su pérdida y me ha invadido una gran nostalgia por aquellos tiempos en que su voz me acompañaba a todas horas. En agradecimiento por todos esos buenos ratos y como muestra de respeto he sido incapaz de pinchar el enlace a la bronca con los chicos de WarCry que me pasó (una vez más) el amigo que me dio la noticia por mail. En cambio, me he leído enteritos los comentarios de los viejos oyentes que expresaron su afecto bajo la necrológica publicada en la web del Mariscal.

Descanse en paz, el Mariano

Les dejo con la entrega habitual de Archivo A70, esta vez con alusión a la novena de Beethoven en versión Rainbow, otra sintonía clásica de aquellos programas de Mariano García.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “3 canciones de Rainbow (I): I Surrender”, que fue publicado originalmente el domingo 20 de febrero de 2011.

El éxito invisible de Lapido

Jueves, 27 de octubre de 2011.-
Hace un par de semanas hice algo totalmente inusual en mí, tan apalancado como estoy en recuerdos de rocanrol: ir a un concierto. Fue el sábado 8 de octubre en la Sala Caracol. Y vi esto.

De los músicos que admiro y siguen en activo, hay algunos a los que alguna vez compro sus discos y unos pocos a los que compro todos. Lo de acercarse a los conciertos cuesta mucho más trabajo, pero José Ignacio Lapido es quizá el único al que siempre procuro ir a ver en directo. Bueno, a él y a la J. Teixi Band. Cada uno en su estilo, considero a Lapido y a Javier Teixidor como dos auténticos currantes del rocanrol a los que merece la pena contemplar sobre el escenario. Aunque últimamente encuentro una pega: que ese escenario sea el de la Sala El Sol… tan mítica, tan entrañable… pero tan incómoda y con esa desagradable acústica. La última vez que vi allí a Lapido acabé con tal bloqueo de oídos que me quedaron muy pocas ganas de repetir. Es más, falté a la presentación de su último CD y creo recordar que no hice mucho por evitar perdérmelo.

De sombras y sueños (2010)

Meses después, y tras unas cuantas escuchas del disco, me dejo liar por el mismo amigo de siempre para su nueva visita a Madrid. “Vale, píllame una entrada”, respondo sin mucho pensar, y para mi sorpresa la cita es en la Sala Caracol. Mucho más al tanto que yo, Miguel me cuenta que Lapido agotó las entradas del concierto de la Sala El Sol al que no fui y que, como se quedó bastante gente colgada en la Calle Jardines, el granaíno prometió regresar pronto a una sala algo más grande. Me parece que, tal como están las cosas, esto es mucho decir.

Gira octubre 2011Lapido se ha visto obligado a repetir en Madrid y en
otras dos plazas de primera, Bilbao y Barcelona

Me explico. Hace ya más de mil años que 091 se separó y que José Ignacio Lapido emprendió su propio camino. Fue una decisión valiente, el grupo estaba sonando como una apisonadora y esa carrera en solitario se aventuraba incierta. Sí, Lapido era un excelente autor, pero defender las canciones con su propia voz… Aunque la cosa no estaba nada clara, va avanzando el siglo XXI y ahí sigue, vendiendo discos y llenando salas. No es que quepan muchos miles de personas en Caracol, pero me sorprendió ver tanta gente, y además público con aspecto de comprar su entrada y tener el disco, nada de amiguetes con invitación.

Desde 1999, la trayectoria en solitario de Lapido ha sido casi invisible. No sale en la tele, no suena en la radio. A veces Amaral habla bien de él, a veces Quique González, M-Clan o Los Hermanos Dalton graban temas suyos, a veces Miguel Ríos le invita a alguno de sus conciertos de prejubilación… pero poco más. Sin embargo, Lapido ha conseguido ser dueño de su carrera y tener un prestigio siempre al alza. Lentamente, pero siempre en aumento. Casi desde el principio moldeó su propia compañía para autoeditarse, de manera que puede publicar más o menos cuando a él le da la gana. Nunca defrauda, sus canciones siempre están a la altura. Las portadas son bonitas, pone elegantes ilustraciones en los libretos y hasta hace videoclips chulos, como los que he puesto aquí debajo. Creo que, sin grandes estridencias, este señor ha conseguido ser un artista de éxito.

En el concierto de Caracol note un ambiente grato, casi familiar, como si la amplitud y limpieza del lugar (¡ya no se fuma en los conciertos!) tuviera su reflejo en un sonido lleno de matices. Quizá en algunos tramos un poco pasado de volumen, por poner alguna pega, pero nada que ver con el ruido insoportable de El Sol. Vi a gran parte del público cantando sus canciones y me pareció admirable, con esos estribillos tan poco asequibles que lo mismo citan a Quevedo y al mito de Sísifo que a Bo Diddley y al Burnin’ Love de Elvis. Ya sea por mi deficiente memoria o por no ser el mejor fan, yo nunca sería capaz de llegar a tanto. Caigo en la cuenta de que reconozco todas las canciones, pero a duras penas puedo distinguir a cuál de sus seis discos pertenece cada una. Es el problema de mantener siempre la calidad, de no tener altibajos. Hacer las cosas siempre bien resulta un poco monótono.

El fracaso español de Charly García

Domingo, 12 de junio de 2011.-
El otro día, de forma inesperada, llegó a mis manos un vinilo de Charly García (mil gracias, Sr. Silga, enorme detalle). El caso es que lo tuve hace años, pero no recuerdo en qué momento lo presté y nunca regresó, así que bienvenido sea este ejemplar. Por ahora no pensaba seguir hablando sobre rock argentino, pero me veo en el compromiso de hacer esta reseña.

Ya conté que durante la Guerra de las Malvinas la junta militar prohibió a las emisoras de radio argentinas programar música cantada en inglés, lo que benefició de rebote a grandes del rock nacional que disfrutaron de una difusión masiva. Charly García acababa de iniciar su carrera como solista, pero no era ni mucho menos un recién llegado. A lo largo de los 70 había evolucionado desde las armonías vocales de Sui Géneris hacia el sinfonismo de La Máquina de Hacer Pájaros, mientras que la entrada a los 80 ya la hizo a bordo de Serú Girán, un supergrupo que alcanzó dimensiones gigantescas. Había expectación por ver qué presentaba Charly bajo su propio nombre. Su debut de 1982, Yendo de la cama al living, y antes la banda sonora de Pubis angelical, colmó todas las expectativas. Para 1983 tenía ya preparada la que aspiraba a ser su obra definitiva.

Clics modernos (1983)

Estando en plenos 80, y más siendo Charly teclista, hubo inevitables experimentos nuevaoleros y ruiditos de sintetizador. En su descarga hay que decir que no se disfrazó demasiado y no hizo el ridículo en exceso. Su principal clic moderno era el bigote bicolor, que era natural. Además, como empezaba a tener aureola de genio, podía permitirse hacer lo que le diera la gana… aunque sólo en Argentina y su área de influencia. Lo digo porque hubo un intento de lanzamiento a lo grande en España que no funcionó. Contaré un par de historias sobre su rotundo fracaso.

Lo de publicar el disco por estos lares fue cosa de WEA, que era nada menos que la nueva apariencia de Warner, Elektra y Atlantic en plan multinacional enorme. Estaban intentando asentar su nuevo logotipo apoyándolo en producto local que tuviera buenas expectativas. Como el heavy patrio estaba en alza, apostaron por Banzai y Ángeles del Infierno, y por otra parte se les ocurrió traerse a España a algunos superventas argentinos, creo recordar que Juan Carlos Baglietto, Celeste Carballo y, claro, Charly García. Se hicieron tiradas muy generosas, demasiado optimistas, pero casi no se vendieron y fueron directas a la zona de saldos. Desde entonces, cientos de Clics Modernos han pasado de mano en mano sin que nadie supiera muy bien quién demonios era ese García.

En aquella época, el patriarca del rock en España era Miguel Rios. El granaíno, por aquello de ser más intérprete que autor, siempre estaba atento a las nuevas ideas y a los talentos emergentes. Así mantenía el pulso a su carrera y, de paso, tanteaba posibles inversiones para que parte del dinero ganado en Rock & Rios redundara en beneficio de la escena rocanrolera. Parece ser que la figura de Charly García le fascinaba bastante, así que decidió copiarlo y versionarlo a discreción. Total, como el original estaba al otro lado del Atlántico, pocos iban a enterarse. Y como en el fondo Miguel es un buen tipo, también quiso echar un cable a su colega argentino facilitándole conciertos en España, y así nacieron los Encuentros de Rock Iberoamericano.

Primer Encuentro de Rock IberoamericanoEn 1986 se produjo este primer encuentro… y último

La idea era romper el bloqueo anglosajón y crear una vía para que los artistas iberoamericanos pudieran conocerse en España. Un plan lleno de buenas intenciones que no llegó a entusiasmar ni a los propios interesados. Ni siquiera sé si hubo conciertos en otros sitios, pero el que se celebró en el Palacio de los Deportes de Madrid (el antiguo) cosechó un considerable vacío de público, eso sí, con Charly García, El Tri y Os Paralamas do Sucesso compartiendo cartel con Rios y Rosendo. O sea, que el mejor Charly tocó en España, pero… ¿alguien lo vio?

La cruda realidad fue que Charly era casi incomprensible para el españolito medio. Sus palabras, giros y formas de expresarse hacían de su castellano un idioma inalcanzable. Las canciones estaban repletas de referencias argentinas que no había manera de pillar. Clics modernos participa del clima de optimismo que generó la victoria de Alfonsín en las primeras elecciones democráticas tras el fin de la dictadura. Era más un sentimiento de alivio que de euforia desatada, pues quedaban muchas heridas imposibles de cicatrizar y había un temor real a que los monstruos del pasado resurgieran. Aquellas momias de las juntas militares aún seguían por allí cerca supervisándolo todo, quizá era pronto para decir las cosas demasiado claras. Charly nunca destacó por su prudencia, así que esta canción suya sobre desaparecidos y dinosaurios se entiende perfectamente.

Aclaro que los vídeos, aunque no muy bien iluminados, pertenecen a las cuatro fechas de presentación de Clics Modernos en Luna Park. Y sí, ese joven teclista que fuma un cigarrillo a la diestra de Charly García es Fito Páez. Otra cosa, me perdí el concierto de 1986 en Madrid, pero sí vi a Charly en Conde Duque casi 20 años después. Fue memorable, prometo contarlo más adelante.

3 canciones de Rainbow (I): I Surrender

Domingo, 20 de febrero de 2011.-
Hay un montón de clásicos del heavy rock que nunca me compré porque sonaban a todas horas por la radio. Por ejemplo este instrumental podía escucharse a diario, pues uno de los agitadores de la radio heavy (Mariano García, que todavía anda zascandileando por ahí) lo eligió como sintonía para uno de sus programas, posiblemente Disco Cross.

Me volvió a la cabeza este Difficult To Cure porque los profesores de música en los colegios insisten en que los niños aprendan a tocar con la flauta el Himno a la alegría. En cuanto un joven flautista se arranca con la melodía más famosa de la Novena Sinfonía de Beethoven es inevitable que alguien diga: “pues Miguel Ríos hizo una versión muy bonita a ritmo de rock”. No sé por qué, la frasecita me provocó unas ganas irrefrenables de conseguir este disco de Rainbow.

Difficult To Cure (1981)

En pocos días ya lo tenía en mi poder y por fin mis niños pudieron aprender la lección definitiva del maestro Blackmore sobre cómo combinar rock con música clásica. De paso, el disco me trajo unos recuerdos muy gratos, pues pertenece justo a la época en que empecé a interesarme por el rocanrol. Era el momento de la explosión del nuevo heavy británico, y muchas glorias del hard rock de los 70 se estaban viendo obligadas a reconvertirse. Ritchie Blackmore decidió aligerar un poco el sonido de sus Rainbow y se centró en grabar canciones más asequibles, al gusto americano. Como el mercado USA se resistía, dicen que Blackmore llegó a obsesionarse con parecerse a Journey, ForeignerStyxREO Speedwagon y similares, los que más éxito tenían en las listas yanquis. Este bandazo estilístico no gustó nada al demoniaco cantante Ronnie James Dio, que huyó despavorido dejando paso al más joven y guapete Joe Lynn Turner. Por medio hubo un disco de transición con Graham Bonnet al micro y gafas de sol, pero esa es otra historia.

A lo que iba. Esta nueva escucha de Difficult To Cure ha refrescado en mi cabeza una tremenda canción que tenía prácticamente olvidada. La escribió el guitarrista Russ Ballard, viejo colega de los Rainbow de cuando militaba en Argent, pero el toque mágico de Blackmore hizo maravillas con ella. No puedo dejar de oírla, creo que tiene uno de los arranques más increíbles de la historia del rocanrol. Son unos diez segundos iniciales apabullantes que se interrumpen con el grito del título de la canción. No hay más remedio que rendirse.

Yo no soy Bo Diddley vol. 4: Elvis Presley

Lunes, 17 de mayo de 2010.-
No, Elvis Aaron no era negro. Precisamente de no haber sido un blanco guapete de Mississippi nunca habría llegado a convertirse en mito del siglo XX. De momento no me atrevo a escribir aquí nada serio sobre el Rey del Rock, no se trata de eso. Salió a relucir Elvis Presley en el concierto de Ilegales, y me veo en la obligación de poner en el cuadradito de debajo la macarrada de canción que tanto une a ambos artistas.

¡Ah, es la película King Creole! Creo que la famosa escena de la pelea en el bar venía justo después… no hizo bien el matón de turno en subestimar delante de las chicas a Elvis, que también podía llegar a ser realmente duro pese esa carita de galán de Hollywood.

Me hace gracia que Jorge Martínez versione justo este tema de Elvis, tan rebosante de desafío y ganas de bronca. Y la cosa no es de ahora, que ya lo había hecho hace algunos cientos de años en ¡Qué noche la de aquel año!, aquel empalagoso programa de Miguel Ríos en TVE.

Una belicosa gorra para una gran canción. Tengo un amigo que cada vez que la escucha se siente poseído por un irrefrenable ataque de karaoke. Va por él.

Más sobre Trouble en:

http://balbinositio.zymichost.com/balbinoblog/archives/500