Neil Young encerrado en una cabina

Martes, 16 de diciembre de 2014.-
Una de las pocas costumbres que uno conserva como consumidor de rocanrol es comprar los discos de Neil Young, pero a la que uno se despista va y publica dos de golpe. Uno de los que ha sacado este año cayó el otro día en mis manos. Lo compré sin saber muy bien de qué iba y me encontré con un artefacto de planteamiento completamente marciano, lo que confirma la sospecha de que este hombre nunca dejará de sorprender. Vean, vean.

Vaya, un señor de casi 70 años grabando viejas canciones de los 60 con sonido de vinilo de los años 40, o sea, un ejercicio doblemente retro, un viaje en el tiempo con parada en dos fechas del pasado. Pues resulta que no se le ocurrió exactamente a él. Su buen amigo Jack White III, coleccionista de toda clase de cachivaches de sonido, se encaprichó de una cabina de grabación de 1947 que vio por ahí, así que la restauró y le dio lustre permitiendo a gente importante el capricho de grabar una cancioncilla al modo prehistórico. Tan proclive como es Neil Young a los experimentos, no iba a privarse de la experiencia. Fue a la tienda de Third Man Records, el lugar de Nashville donde se encuentra la cabina y registró la canción que suena en el vídeo que hay aquí encima. Es una una de las primeras composiciones del escocés Bert Jansch antes de fundar Pentangle, probablemente la que inspiró a Neil para escribir alguna letra sobre las agujas y el daño que producen.

Jack White y Neil Young
Jack White y Neil Young en la tele

Neil debió de quedar tan impresionado por la dichosa cabina que no paró hasta convencer a Jack White para que le dejara grabar un LP entero. White aceptó, puede que a cambio de colarse él mismo en un par de canciones, así que seleccionó un repertorio de canciones favoritas de compañeros de fatigas, cantautores de la época dorada que como él se movieron entre el folk y el rock, y ya tenía el disco. Por cierto, qué bien conserva la voz este hombre.

Neil Young - A Letter Home
A Letter Home (2014)

La edad de Neil Young sería de apenas un par de años cuando se fabricó la cabina. Lo que hace entonces con esta máquina del tiempo es perpetrar un anacronismo: se retrotrae a la época en que él nació para interpretar un repertorio que, en el mejor de los casos, aún necesitaba el paso de diez años para ser escrito. Hay un par de canciones de finales de los 50, pero la mayoría pertenece al primer tramo de los 60. Imaginamos que aquí están las melodías que tocaron la fibra al joven Young, las que finalmente le impulsaron a abandonar Ontario siendo un veinteañero para iniciar su ruta hacia la costa oeste junto a aquella panda gloriosa que conoció en la carretera de Buffalo a Springfield.

Neil Young - A Letter Home
Muy bien no se leen las letras

En los créditos del disco, si se repasan eso sí con una buena lupa, puede encontrarse junto a cada título el año de su primera edición. Según las fechas, es más que posible que Neil Young escuchara por primera vez la mayoría de las canciones de A Letter Home antes de marcharse de Canadá en 1966. Esta sería la lista de sus músicos favoritos en orden de antigüedad: Ivory Joe Hunter (1956), The Everly Brothers (1957), Willie Nelson (1961), Bob Dylan (1963), Gordon Lightfoot (1964), Bert Jansch (1965), Tim Hardin (1966) y Phil Ochs (1966). Solo tres canciones van más allá de la frontera del 66, y dos de ellas solo porque pertenecen a autores ya presentes en la lista anterior: su paisano Gordon Lightfoot y Willie Nelson, habitual compinche en el Farm Aid. Interesante elección. Interpretar una segunda composición de los 70 de cada uno de ellos parece un reconocimiento a su categoría de emblemas de la música de Canadá y EEUU. Para rematar, la canción que se sale completamente del tiesto es My Hometown, publicada nada menos que en 1984 por el jefe Bruce. Imagino que Springsteen habrá alucinado: un tema suyo grabado en semejantes condiciones y mezclado entre todos esos mitos de generaciones anteriores, menudo subidón para su ego.

Porque no me digan que no tiene su morbo: la canción que cerraba un disco tan mainstream como Born in the U.S.A. versionada en pleno siglo XXI con tecnología de mediado el siglo anterior. Nada más que un micrófono para capturar a bloque la guitarra, la voz, el silbido y la armónica de Neil Young abriéndose paso entre un ruido de fondo entrañable pero infernal… no creo que a estas alturas una celebridad como Bruce esperara tal honor.

Neil Young
Saliendo del escenario del crimen

Queda por consignar un dato fundamental en la mitología del rocanrol, quizá algunos de ustedes ya lo estaban echando de menos: en esta cabina o en otra muy parecida fue donde Elvis Presley hizo su primera grabación. Como tantas veces se ha contado en sus biografías, el joven camionero de Tupelo pensó que sería un bonito regalo para su madre, así que entró y grabó el famoso single para Gladys Love Presley. Aquello llegó a oídos del dueño de Sun Records y el resto ya fue historia. Tampoco deja ese cabo suelto Neil Young, pues lo primero que hace en el disco es leer una carta dirigida a su madre, fallecida años atrás. Era costumbre en los soldados antes de marcharse a la guerra grabar una despedida para sus madres con este invento. En cierto modo, Neil también se fue a su propia guerra y ahora escribe la carta que tenía pendiente a ese hogar que una vez tuvo en Canadá, mezclando recuerdos personales y musicales…

Neil Young - Storytone
Storytone (2014)

…pero como bien dije al principio, cuando uno se pone a escribir sobre el último disco de Neil Young corre el riesgo de que antes de terminar ya se haya convertido en el penúltimo… y, en efecto, hace semanas que esto anda circulando por ahí.

Vaya, otro bandazo inesperado, nada menos que un proyecto orquestal. Es que no tiene termino medio, o solo dentro de una cabina o acompañado por sesenta músicos. Y como este hombre no para de generar noticias, en las últimas semanas ha celebrado su 69 cumpleaños junto a su nueva novia de cincuenta y pico, la actriz Daryl Hannah. Un poco antes había roto con su segunda esposa, Pegi, tras casi cuarenta años de matrimonio y un poco después se puso furioso contra su amigo David Crosby cuando el muy bocazas osó hacer pública su opinión sobre su nueva pareja. Total, que será difícil ver de gira a Crosby, Stills, Nash & Young, pues éste último, ofendidísimo, ya ha dejado claro que los cuatro juntos sobre un escenario nunca jamás.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Enormes taxis amarillos x4”, que fue publicado originalmente el lunes 14 de noviembre de 2011.

Yo también me llevé a casa un pie de micro de Lou Reed

Miércoles, 30 de octubre de 2013.-
Hubo un tiempo en que era una de las frases más populares entre el roquerío de Madrid. Yo nunca me atreví a decirla, soy demasiado joven para tener en casa uno de esos trofeos. Empecé a ir a conciertos unos años después, pero si me hubiera empeñado en afirmarlo a ver quién me dice que no. Miles de fans han asegurado alguna vez que presenciaron la espantada de Lou Reed y arrancaron con sus propias manos un pie de micro del escenario del Estadio Román Valero… en fin, la típica anécdota que uno acaba haciendo suya de tanto oírsela a los demás. Incluso me tocó padecer a un fantasmón que, en su delirio, situaba el asalto en el Pabellón del Real Madrid y juraba haber estado allí.

Pues no, la cosa sucedió en el campo del Moscardó, en junio de 1980. Cuentan las crónicas que Lou llegó dos horas tarde por culpa de un atasco, así que para cuando empezó a tocar ya tendría al personal bastante cabreado y con razón. En aquella época exhibía un aspecto sanote, presumía de haberse desintoxicado y parecía recién salido del gimnasio. Véanlo aquí debajo en un concierto celebrado ese verano en Italia.

Con estas pintas, no me extraña que los yonquis de Usera le recibieran con hostilidad… a los pocos minutos algún tarado lanza un proyectil que roza la cara del artista, éste abandona el concierto totalmente ofendido y la masa enfurecida decide cobrarse el precio de la entrada con lo primero que encuentre. Todo muy salvaje y muy rocanrol, con la gente esquivando la carga de la policía mientras huía con todos esos micrófonos y amplificadores bajo el brazo. Se dice que el señor Reed, el muy rencoroso, se dedicó a contar a todos sus amigotes del negocio que esto era un país tercermundista y que ni se les ocurriera incluirlo en sus giras.

Sirva esta clásica batallita madrileña para subrayar que Lou Reed era un tío más bien borde, bastante arisco con su público y siempre en permanente amenaza de desplante. Ya sé que cuando toca necrológica lo que se lleva es sacar del archivador una frase del estilo “es probablemente el músico más ________ (póngase aquí cualquier adjetivo vagamente adecuado) de los últimos cincuenta años” y aplicársela al fallecido de turno. Así, en las semblanzas urgentes tan de telediario, a cada muerto se le puede reconocer haber sido el más “lo que sea” de su generación. En el turno fúnebre de Lou se le ha atribuido mucho el título de “más influyente” de los músicos de rock. Si no es el número uno en influencia no niego que por ahí le andará, pero reconociendo lo grandísimo que fue y lo importantísima que fue su figura, a mí en lugar de los merecidos elogios lo que instintivamente me sale es hablar de su personalidad punk, o sea, de su lado chungo.

Lou Reed de látexTan estirado era que él mismo se retrató en un video
como un androide con careta de látex

Altivo, soberbio, despreciativo, ofensivo contra todo lo que se moviera. En concreto a mí me caía fatal por lo mucho que se metía con el rock más convencional, sobre todo con el que tuviera el más mínimo tufillo hippie. Subido en su pedestal, a la menor oportunidad menospreciaba a todo bicho viviente, incluido Neil Young. Como por ahí no paso creo que aún le guardo rencor por esa ofensa, aunque Reed pronto rectificó y no tuvo más remedio que rendirse al canadiense tras escuchar Zuma en general y Danger Bird en particular… Eso en mitad de los 70, más adelante él mismo cultivó una imagen de venerable estrella del rock, en este caso muy serio, reflexivo y con gafas de intelectual, que para eso él había salido de los círculos más elitistas de Nueva York.

La prueba de que más pronto que tarde claudicó y acabó asumiendo todos los tópicos del rock dinosáurico setentero es su famoso disco en directo, su disco rock por excelencia, ese que tiene guitarras hardrockeras y que gusta hasta a los heavys de barrio. Claro que él siempre disimuló diciendo que era una broma, un simple ejercicio de estilo para demostrarse a sí mismo y al mundo entero que cualquiera podía ser una rocanrol star.

Lou Reed - Rock 'n' roll animalRock 'n' Roll Animal (1974)

Ya fuera en serio o en broma, este rocanrol animal sigue siendo una pasada. Hay canciones de doce minutos, solos de guitarra interminables y los clichés más vulgares del género. Luego hizo discos raros y discos aburridos, algunos auténticos coñazos y otros verdaderamente preciosos… pero, lo siento, prefiero recordarlo por el Rock’n’Roll Animal, aunque sea lo más sobado de su repertorio. Esa noche Lou Reed tomó prestada la pareja de guitarristas que solía tocar con Alice Cooper y les dio permiso para lucirse. Para empezar el concierto, se ve que Lou dijo a Steve Hunter y a Dick Wagner que hicieran lo que les diera la gana durante tres minutos que ya entraría él a cantar Sweet Jane. Así que Hunter y Wagner desplegaron todos sus truquitos de guitar hero y se marcaron esta fabulosa intro que, hoy más que nunca, sigue poniendo los pelos de punta.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Qué pasa con la Velvet?”, que fue publicado originalmente el viernes 16 de marzo de 2012.

Póngame cuarto y mitad de Crazy Horse

Domingo, 12 de mayo de 2013.-
Hace tiempo se creó en este blog una psedosección sobre canciones que duraban un cuarto de hora. Era una excusa nada disimulada para poner canciones largas de Neil Young y de otros, pero sobre todo de Neil Young. El canadiense lleva toda su carrera practicando este deporte, pero está batiendo todos sus récords ahora que compite en categoría de veteranos. La primera canción de su nuevo disco nunca podría haber figurado en esa sección, pues su extensión es de casi el doble que el cuarto de hora acordado. Reconozco que, para empezar un CD, esos 27 minutos y medio de Driftin’ Back fueron un poco fatigosos… “menudo ladrillo de disco que se han marcado”, pensé. Menos mal que la segunda pista, precisamente la que da título al álbum, era algo mucho más parecida a lo que antiguamente se llamaba “single”.

Manejé una copia en mp3 para una primera escucha, pues las novedades de Neil Young suelen salir a la venta a un precio prohibitivo, y esperé a que El Corte Inglés pusiera su quincena del 3 x 2 para ir comprarlo. Comprenderán que disparos tan directos como este Psychedelic Pill fueron los que me hicieron cambiar por completo de opinión: “esto es ya otra cosa”, y el anterior gesto torcido dejó paso a la sonrisa cómplice con que siempre he escuchado los discos de Neil Young con Crazy Horse. Daría el pego revuelto entre su repertorio de toda la vida, y eso es lo mejor que se puede decir con más de cuarenta años de historia… una nueva grabación que mantiene el nivel de sus mejores grabaciones de siempre.

Neil Young & Crazy Horse  - Psychedelic PillPsychedelic Pill (2012) 

Neil Young llevaba casi diez años sin juntarse con Crazy Horse. Hay que remontarse a 2003, pero en Greendale, el disco de ese año, no estaba Frank Sampedro. En cambio en 2012 sí están todos: Sampedro, Molina y Talbot, como en 1997, aquel maravilloso Año del caballo.  Valorando los resultados, diría que han conseguido rememorar los viejos tiempos, como si desde entonces no hubieran dejado de tocar juntos, como si la máquina siguiera engrasada y nunca hubiera dejado de funcionar. Rápidamente grabaron Americana, ese disco de versiones del que ya se habló por aquí. Dijeron que no era más que un simple entretenimiento para ganar tiempo y ponerse enseguida con las nuevas composiciones. Al final la cosa se retrasó unos meses, al parecer por un problema con la portada, pero consiguieron concretar el doblete planeado antes de que acabara 2012. Vean aquí debajo la imagen de la discordia, que en realidad es más o menos igual de fea que la de portada definitiva, solo que una es más psicodélica y la otra más píldora.

La primera portada de Psychedelic PillEn la portada desechada la píldora psicodélica era
tan pequeña que no terminó de convencerles

Ya que he mencionado la duración de las dos primeras canciones y que he puesto como título una frase típica de charcutería, me veo obligado a continuar con el despiece del resto del disco clasificando sus cortes al peso. Creo que todavía no había dicho que se trata de un CD doble. Tiene apenas nueve canciones, así que imagínense lo que duran para no caber en uno. Entrando al detalle, luego la cosa no es para tanto, pues cinco de ellas tienen una duración normal de entre tres y cuatro minutos. Vamos con ellas.

La primera es la versión sucia de Psychedelic Pill, una auténtica guarrería de voz y guitarras saturadas. La puse en el video del principio porque me gusta bastante más que la mezcla alternativa colocada como epílogo al final del segundo CD, que no es otra cosa que la misma Psychedelic Pill un poco más limpita. También por el segundo CD, en los cortes 1 y 3, andan la campestre Twisted Road y For the Love of Man, la canción más tranquila de todas. Y al final del primer CD, otra de mis favoritas, la pegadiza Born in Ontario. No sé por qué, a mí esto me suena a réplica en plan coña del Born in the USA. Me imagino al señor Young respondiendo al señor Springsteen: “sí, nací en Canadá, pero no hay rincón de los EEUU que no me haya pateado”. Y como dice después, no importa donde hayas nacido, importa lo que eres y lo que haces.

Por cierto, todas las canciones tienen su clip oficial colgado en el neilyoungchannel de youtube. Neil ha dado rienda suelta a su alter ego cineasta Bernard Shackey para que ilustre las canciones con imágenes caleidoscópicas, vídeos de carretera o películas retro, según los momentos. Pueden seguir los enlaces si les apetece y tienen un par de horas libres, porque la cosa les llevará su tiempo… por ejemplo si quieren escuchar esas dos barbaridades que son Ramada Inn y Walk Like a Giant, ambas superando los 16 minutos. Son las clásicas canciones monumentales de cuarto de hora de las que les hablaba al principio, aunque en el caso de Walk Like a Giant tiene un poco de trampa. En realidad acaba en el minuto 12 cuando se da el guitarrazo final, lo que ocurre es que ese guitarrazo se prolonga durante más de 4 minutos con distorsiones, golpes, ruidos, coros, acoples, etc. etc. etc. O sea, que los chicos de Crazy Horse se marcan un final de canción más largo que la mayoría de canciones normales de la mayoría de músicos normales.

El término medio en cuanto a duración se lo lleva She’s Always Dancing, que se queda en 8 minutos y medio, una cosa moderada tratándose de este disco y de lo más normal tratándose de Neil Young. Está en la tradición de emociones fuertes al viejo estilo de Cowgirl in the Sand, Like A Hurricane o Powderfinger, esas canciones de algo menos de 10 minutos que en directo pasaban a durar algo más de 10 minutos y que, en la euforia de los 90, ya empezaron a ponerse en el estupendo cuarto de hora y más recientemente hasta en la media hora.

De vuelta al espinoso asunto de las canciones de media hora, aquí tienen ese Driftin’ Back que no me atreví a colocar al principio por no cansarles y sin embargo les pongo ahora que ya estarán completamente agotados.

Y por si no han quedado saciados y desean continuar su empacho de Neil Young, a continuación les dejo un par de textos de archivo que ha preparado nuestro buen amigo Adelardo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Dylan según la versión áspera de Neil Young” y de “Otros encuentros Young-Dylan”, publicados originalmente el jueves 12  y el domingo 22 de mayo de 2011.

Rock al 1/4 de hora: Change Your Mind

Jueves, 6 de febrero de 2013.-
Me cuenta un amigo que conoce a una jovenzuela que anda fastidiada porque en su trabajo un jefe cuarentón le da la paliza con Bob Dylan y Neil Young. Qué curioso, yo mismo recuerdo haber hecho eso mismo tiempo atrás, aunque sin ser jefe… es más, puede que aquella tabarra fastidiara por igual a jefes y a becarias. Pues bien, cuando algo así sucede hay que castigar la herejía de inmediato. He buscado una canción de esas que supera de largo los diez minutos para dedicársela a la joven. Recapacite usted, no espere a cumplir los treinta para cambiar de opinión.

Ojalá esto consiga emocionarle aunque sea un poco. Pertenece a la etapa más esplendorosa de los Crazy Horse, a inicios de los 90. Como ocurría cada cierto tiempo, Neil Young se juntaba con ellos para grabar algún disco, pero esta vez la inspiración era tan verdadera y los resultados tan intensos que no tuvo más remedio que alargar un poco la cosa, enlazando tres o cuatro álbumes en estado de gracia. Por ejemplo este Sleeps With Angels, al que pertenece Change Your Mind, se improvisó en unos pocos días a raíz del impacto que la noticia del suicidio de Kurt Cobain produjo al señor Young. Supongo que conocerán la historia. Para su nota de despedida Cobain tomó prestado un famoso verso del canadiense: “mejor arder que oxidarse lentamente”, y Neil quedó tan conmocionado que se puso a escribir canciones como un poseso. Le salió un disco de los buenos, el de la foto de aquí debajo.

Neil Young - Sleeps With AngelsSleeps With Angels (1994)

Kurt prefirió quemarse de una vez. Neil Young decidió seguir en movimiento y a día de hoy, a punto de cumplir los setenta, sigue luchando contra el óxido, que vaya par de discazos ha vuelto a grabar con sus amigotes del caballo loco. Van camino de la ancianidad, pero su presente sigue siendo muy digno. Lo que ocurre es que, echando la vista atrás, es imposible no sentir cierta nostalgia de los tiempos del vídeo de arriba. Qué estupendas pintas, y por cierto, muy elegante el sombrero de Billy Talbot.

Volviendo al revival personal, he de decir que no estuve solo en aquella cruzada. Fuimos varios en esa revista los que escogíamos la música con la perversa intención de irritar a algunos habitantes de la redacción… aunque bueno, también podría entenderse que fueron acciones benéficas orientadas a reconducir hacia el buen camino a las ovejas descarriadas. La anécdota perfecta para la ocasión, ya referida por sus autores hace tiempo en A70, sigue siendo la de la chica nueva que hizo un comentario despectivo sobre Bob. Fue merecidamente castigada a escuchar de forma continua Blowin’ in the Wind una mañana entera, y además en la versión de Neil Young… ¡muy bien hecho!

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Rock al 1/4 de hora: Ordinary People”, que fue publicado originalmente el martes 23 de agosto de 2011.

Rock al 1/4 de hora: Mariscal Romero en El Semáforo

Miércoles, 24 de octubre de 2012.-
Ya sé que esta sección era para poner canciones largas de Neil Young, Frank Zappa y gente así, pero es que me he tropezado con este vídeo y no he podido resistirme. Aunque no se trate de una pieza musical, este solo de lengua de diez minutos de duración merece ser escuchado en su integridad.

Ya conté en un texto recién rescatado del Archivo A70 que, sin ser músico ni cantante, Mariscal Romero fue una de las pocas figuras que gozó de estatus de rock star en la escuálida escena del rock español de los 70. Ese merecido papel estelar se lo ganó revolucionando la radio roquera en España, pero aparte ejerció de cantante ocasional, animador de conciertos, promotor de historias, editor de revistas y, sobre todo, de provocador profesional. En vista de la poca relevancia pública que se le concedía a nuestro rocanrol, Mariscal asumía gustoso la función de agitador y no dudaba en ir a la tele a montar el pollo cada vez que le llamaban. Otra muy sonada fue cuando se presentó en Su turno con un bate de béisbol para asustar a Carlos Tena, AlaskaJosé María Cano y otros modernillos que tenía enfrente. La cosa iba de roqueros contra poperos, y Jesús Hermida tuvo que regañarle porque los quinientos oyentes del Musicolandia que se trajo con él no paraban de jalear al Mariscal y de abuchear a los otros.

La loco-entrevista (Single, 1980)… aunque no tenga nada que ver, el nombre de este disco viene muy a cuento

Pero bueno, lo del debate de Hermida fue otra historia. Eso que ven ahí arriba se emitió una noche de viernes de 1995 en TVE en horario de máxima audiencia. Visto hoy podría parecer un milagro, pero cualquier cosa era posible si estaba al mando Chicho Ibáñez Serrador, monstruo de la televisión que cuando se cansó del Un, Dos, Tres puso en marcha ese formato maravilloso que fue El Semáforo. Consistía en regalar varios minutos de gloria a cualquier ciudadano de a pie que se atreviera a hacer sus gansadas delante de millones de espectadores. Todo lo que ahí salía se situaba en ese terreno fronterizo entre la genialidad y el ridículo, recuerden por ejemplo al entrañable Cañita Brava, pero parte de la gracia residía en que los mayores esperpentos fueran presentados con solemnidad por un señor muy serio con chaqué, pajarita y dicción impecable. Qué grande era Jordi Estadella… disfruten de sus educadas interpelaciones al Mariscal mientras en la grada las fans se escandalizan al escuchar la retahíla de descalificaciones y burlas a sus queridos Bosés e Iglesias.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El ojo azul de Mick Jagger”, que fue publicado originalmente el domingo 10 de enero de 2010.

Dios salve a los colonos

Martes, 18 de Septiembre de 2012.-
Aparte del hartón olímpico con el God Save the Queen, he de decir que un servidor ya llevaba todo el verano oyendo a todas horas el último disco de Neil Young, que a mayor abundamiento terminaba precisamente con este corte.

Estando tan reciente la publicación de esta versión paletoide de ultramar, ha tenido su gracia ver a todos esos medallistas de oro haciendo sonar el himno británico en los más variados recintos de Londres 2012. Hubo por ejemplo un tenista escocés que no se sabía la letra, o más bien fingió no sabérsela. Destacó también un doble campeón en medio fondo llamado Mo, que al subir al podio puso en pie al público que llenaba el estadio para cantar como una sola voz el Dios salve a la Reina. El pobre Mo no podía disimular su cara de “qué hago yo aquí”, porque en realidad se llama Mohamed y nació en Mogadiscio. Y siguiendo con el disparate… ¿qué demonios pinta un canadiense cantando el himno inglés en un disco de versiones de clásicos del folk estadounidense?

Americana (2012)

Pues bien, Mr.Young lo justifica diciendo que todas las canciones del disco rememoran personajes y situaciones que fueron representativas en la historia de EEUU, pero que ya no existen. Una de ellas era el himno que sonaba en esa parte de América mientras fue colonia británica, y que tras la Independencia continuó como himno un montón de años con la letra cambiada. Como puede verse en las imágenes que ilustran el vídeo, la versión de Neil y sus Crazy Horse es respetuosa con las dos primeras estrofas, las mismas dos que suelen interpretarse en los eventos oficiales en los que participa el Reino Unido. Sin embargo, la Reina es sustituida por la estatua de la libertad en cuanto empieza la tercera estrofa, mientras un coro infantil entona la letra de My Country ‘Tis of Thee, que sirvió como himno de Estados Unidos hasta que en 1931 se oficializó el barras y estrellas. Esa canción mantiene la partitura del God Save the Queen, pero con la letra que un estudiante de teología escribió a propósito de los valores de la nueva nación independiente. Así, el verso que el coro repite hasta el final de la canción ya no dice God Save the Queen, sino Let freedom ring. Todo un detalle.

Crazy Horse cabalga de nuevo

En cuanto al resto del repertorio de Americana, da un poco igual, lo importante es que tiene el sello de Neil Young with Crazy Horse cuando ya nadie esperaba que volvieran a firmar un proyecto juntos. Lo mismo da que versionen el Clementine, que revisen el cancionero de Woody Guthrie (This Lans Is Your Land), que se acerquen a la raíz irlandesa (Gallows Pole) o al doo-woop (Get a Job)… todo suena sucio y desaliñado, como si lo hubieran grabado de una tacada por el simple placer de pasárselo bien durante un rato, esa aparente desgana que tanto irrita a los críticos profesionales como emociona a los indios que seguimos a Crazy Horse. Total, que el disco comienza con una irreconocible Oh Susannah… hasta que uno se da cuenta de que han hecho una extraña fusión con la melodía de un famoso éxito de Shocking Blue. Estos jovenzuelos siguen siendo incorregibles.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Y cuando ya casi nadie compra discos, llegaron los Reyes”, que fue publicado originalmente el miércoles 6 de enero de 2010

Un plagio tan grande como un zoo

Viernes, 16 de diciembre de 2011.-
Y después de una racha de versiones, ahora toca escribir sobre plagios. Hay muchos plagios famosos. Hace tiempo mencioné que uno de los hits de Bob Dylan es clavadito a una de Neil Young. Nadie se lo afeó, supongo que por ser vos quien sois. Peor suerte corrió George Harrison, condenado en los tribunales, mientras Lennon conseguía librarse gracias a un bochornoso acuerdo con el avaro Chuck Berry. No hace tanto los de Coldplay fueron acusados de vivalavidas… por no hablar de Michael Jackson, que llegó incluso a viajar en el tiempo para robarle canciones al gran Luixy Toledo. Y por seguir en el ámbito del rock español, algún Mikel Erentxun de turno ha sufrido escarnio por el asunto de los plagios, pero a mí lo que más me indigna es esto:

Y la razón de que esta canción me ponga de los nervios es que, con total desparpajo, David Summers la firmó con su nombre y apellidos (deivid samers). Gracias al exitazo de la pegadiza melodía él y su grupo se hicieron famosos, ganaron pasta, fueron fenómeno de fans e iconos generacionales, traspasaron fronteras… incluso en nuestros días hacen multitudinarias giras de revival. Hasta ahí todo bien, de no ser porque veinte años antes que ellos, un señor bajito acompañado por un amigo suyo con el pelo a lo Punset ya había publicado una canción muy parecida. Recomiendo parar inmediatamente el indigno youtube de arriba y pinchar este otro:

¡Pero cómo se puede tener tanto morro! Una cosa es plagiar un verso de un estribillo, pero… ¡dos estrofas completas! Desde luego, hay que tener mucho talento para hacerlo e irse de rositas. Lo que no puedo llegar a comprender es cómo nuestra crítica musical, siempre tan pedante y tan exigente cuando les interesaba, pudo pasar por alto este “pequeño detalle”. Estamos hablando de una de las canciones estelares de mediados los 80, justo el momento en que algunos modernillos de la movida y la nueva ola pasaban a transformarse en ostentosos superventas… y no se trataba de un lejano parecido con alguna oscura canción semidesconocida.

At the Zoo había sido publicado como single en la primavera de 1967. No fue un hit impresionante, pero lo pusieron en el número 16 de la Billboard, que no está nada mal para un amable paseo matinal que Paul Simon se dio con Artie Garfunkel un buen día por el Zoo de Central Park.

Simon & Garfunkel - At the ZooAt the Zoo (single 1967)

Pero es que además At the Zoo fue la canción elegida un año después para cerrar Bookends, cuarto album de estudio de Simon & Garfunkel (la banda sonora de El graduado no cuenta) con el que por primera vez conseguían el doblete de ser número 1 en USA y a la vez en el Reino Unido. Luego repetirían la hazaña con su disco de despedida, el de las aguas turbulentas.

Simon & Garfunkel - BookendsBookends (1968)

Vamos, que ya que plagias no vas a elegir una porquería de tres al cuarto. Intentaré quitarme el enfado pinchando varios youtubes seguidos de Simon & Garfunkel. Es un gusto escucharlos. Con lo sosito que era este dúo cuando actuaba con una simple guitarrilla, hay que ver los discos tan chulos que les salieron cuando se metían a grabar en un estudio a finales de los 60.