Bob Dylan celebrando el Nobel

Jueves, 15 de diciembre de 2016.-
Hace tiempo que todo el mundo habla de Bob, ya es hora de que en A70 digamos algo al respecto. Muchos opinadores se han referido a él como si fuera un fantoche, un cantante prejubilado sin interés ni valor alguno. Qué ignorantes. El actual Bob Dylan es un artista hiperactivo poseído por un frenesí que arranca en los años previos al cambio de siglo y que en lo que va de siglo XXI le mantiene grabando, tocando y publicando sin darse un respiro. Y siendo verdad que el tío no para quieto, luego todo consiste en que llega a un sitio, se sube al escenario y se tira cerca de dos horas maltratando su repertorio en actitud completamente inexpresiva y sin hacer ni una mueca que permita vislumbrar si nuestro gurú está contento, triste o enfadado. Así que le otorgan el Premio Nobel e imaginamos que lo celebró más o menos así, juntándose a tocar con sus colegas así de estáticos, sin mover ni una ceja.

Y mientras alargan y alargan la canción, el teléfono sin parar de sonar… los pesaos de la academia sueca venga a dar el coñazo y a punto de perder la esperanza de que alguien responda. Pasan las semanas y por fin Bob se da por enterado, pero su respuesta hace que la situación se vuelva todavía más incómoda. “Me siento muy honrado por el galardón, pero no sé si me vendrá bien ir a recogerlo”, viene a decir. Y luego va y envía a la ceremonia de entrega a Patti Smith para que esta protagonice en Estocolmo una tierna escena trastabillándose varias veces en la monumental A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Oiga, es que aprenderse esa letra enterita no es nada fácil y una ya va teniendo una edad.

Sin profundizar mucho en la polémica sobre si merece el Nobel de Literatura, que eso sería meternos de cabeza en un charco que no nos incumbe, sí diremos que resulta divertido comprobar cómo se han ofendido algunos comisarios de la cultura, furiosos al ver invadido su territorio sagrado por un intruso. ¡Un cantante!, han dicho con desprecio, como si fuese un vulgar juntaletras de esos que trafican con ripios baratos para emocionar al populacho. Venga hombre, no se pongan tan exquisitos que tampoco han premiado a un Julio Iglesias o a un Luis Miguel, aunque sí hay que reconocer que resulta raro pensar en Bob Dylan como escritor. Cuando en 1965 todo el mundo estaba de acuerdo en calificarlo como poeta, él renunció a serlo porque en aquel momento le apetecía más ser músico. Ya ha llovido. Desde entonces nos ha sorprendido con conversiones de estilo, de disfraz y hasta de fe, y todo hasta perfeccionar un personaje hermético que finge que su mayor anhelo sería refugiarse en un imposible anonimato.

Bob Dylan - Masked And Anonymous
Masked And Anonymous (2003)

Ese videoclip de plano quieto, pero poderosa escenografía, salía en los extras del DVD del Modern Times edición de luxe, allá por 2006, pero remitía a una toma publicada años atrás en la banda sonora de Masked And Anonymous, que por aquí se llamó simplemente Anónimos. Como puede verse, la banda estaba bastante engrasada entonces, pero la película fue un desastre que apenas dio que hablar por las risas que en su versión original provocaba el ridículo acento que se inventó Penélope Cruz para interpretar a la guapa centroamericana a la que el personaje de Bob tiraba los tejos. Eso en la ficción, que durante el rodaje dicen que también, suponemos que para brutal engorde del ego de nuestra Penélope. Forzando muy mucho la memoria la cosa iba de que una estrella del rock llamada Jack Fate viajaba a un caricaturesco país al sur de México para participar en un extraño festival benéfico de aires circenses. El músico cree tener un inopinado parentesco con el dictador local, lo que le acaba involucrando en alguna que otra situación violenta para terminar derribando de un puñetazo al manager sin escrúpulos que le metió en semejante lío… vamos, un disparate sin pies ni cabeza sobre todo teniendo en cuenta que el tío a quien noquea el enquencle Dylan es nada menos que un peso pesado del tamaño de Jeff Bridges. Hay que decir que las veces que Bob Dylan se ha acercado al celuloide ha patinado en proyectos a cual más delirante, pero se salvan un par de títulos en que fue el cine quien se acercó a él. Cuando el propósito era simplemente reflejar su valor como músico e icono de los 60 bastaba con sacar al tío cantando él solito cosas como tan potentes como ésta.

Precisamente por el asunto del Nobel estos días había que revisar esas películas sobre Bob Dylan, que justo ponen el foco en el momento clave entre 1965 y 1966 cuando el Dylan líder generacional dimite del primer plano mundial y se marcha dando un portazo. Ambas películas tienen el valor de mostrar a Bob hablando en primera persona, algo que ha sido rarísimo a partir de entonces. Si lo hizo en el 65 ante el ínclito D.A. Pennebaker fue por prestarse a una especie de experimento de docurealidad que no se sabía muy bien cómo iba a salir. Salió muy bien: las cámaras se colaron en camerinos, viajes en coche, fiestas privadas y ruedas de prensa mostrándole tal como era; lo malo fue que Bob debió de sentirse incómodo al verse tan crudamente retratado y decidió que nunca mais. Tuvieron que pasar cuarenta años para que volviera a sincerarse ante una cámara de cine. No sabemos si sintió la necesidad de expresarse o lo hizo más bien porque quien se lo propuso fue Martin Scorsese. Para la gente que esté ahora desconcertada por lo del Premio Nobel y quiera saber cómo comenzó esta historia, esta peli lo cuenta bastante bien. El propio título No Direction Home da una pista sobre el sentido que tuvieron esos primeros años de búsqueda, apoyándose en los testimonios del propio Dylan y de mucha gente que anduvo por allí cerca. Y ya que hablamos de literatura, también sale un poeta de verdad explicando cuál es la relación que pueden tener las canciones de Bob Dylan con la poesía.

Más o menos puedo traducirlo aunque no sepa inglés, que hace poco lo vi subtitulado. Aproximadamente dice: “poesía es cuando unas palabras te emocionan en lo más profundo y reconoces en ellas una verdad subjetiva. Cuando eso mismo le sucede a muchas más personas se eleva a la categoría de realidad objetiva y entonces aparece alguien y sentencia: es poesía”. No hace falta explicar a qué se refiere Allen Ginsberg. No hay que llenar esto de vídeos para entenderlo. Ya hemos escuchado The Lonesome Death of Hattie Carrol, pero pueden ir a youtube y buscar subtítulos de esa época, cualquier cosa como With God on Our Side, When the Ship Comes In, Only a Pawn in Their Game, Chimes of Freedom y tantas y tantas canciones cargadas de palabras importantes, como bien dice Ginsberg en la peli de Scorsese, expresadas con la elocuencia de una profecía bíblica.

Bob Dylan - No Direction Home
No Direction Home (2005)

Y cuando más cómodamente podía instalarse en la cima del mundo llega su primer gran desplante. No quiere ser tratado como un profeta, le da igual el qué diran los Pete Seeger de turno. Ya dijo bien clarito todo lo que tenía que decir en sus cuatro primeros discos; tocaba pasar página y empezar a escribir letras raras, de esas que cantan músicos medio drogados y quedan bien con la guitarra eléctrica. Se hartó de ser el portavoz de su generación, la idea de ir a manifestaciones de la mano de Joan Baez le producía espanto. Que vaya ella, si tanto le gusta. Cuando el activista de guardia le preguntaba: “¿Hoy no viene Bobby?”, ella sufría por tener que guardarse su respuesta de hembra burlada: “Los muy idiotas siguen esperando a Bobby, aunque él nunca estuvo por aquí…”. Y así se ha mantenido desde entonces, evitando aparecer donde se le espera, dando plantones legendarios y haciendo cosas horribles solo por molestar, como juntarse con el Papa o con Johnny Cash. Y los señores del Nobel, creyéndose tan importantes, quisieron darse el lujo de sentar un Dylan a su mesa… ¿No queríais Dylan? Pues toma Patti Smith.

Qué momento para la historia, el rocanrol atravesando los muros de la alta sociedad, escuchado reverencialmente por gente vestida de gala y aplaudido por todos esos reyes y jefes de estado… No me digan que no ha merecido la pena. Porque puestos a tocar las narices, otra reacción ridícula muy extendida en los días posteriores al premio fue proponer todo tipo de nombres alternativos que lo habrían merecido más que él. “Hombre, ya puestos a darle el Nobel a un cantante yo habría preferido a Paul Simon o Leonard Cohen”, o sea, la tontería de turno que se dice por molestar, sobre todo pensando que el pobre Leonard tampoco habría llegado a tiempo de recogerlo en persona. Y capítulo aparte merecería la chorrada que al respecto dijo Mario Vargas Llosa, reivindicándose como aspirante a un premio en la próxima edición de los Grammy. Los Grammy Latinos, supongo. Pues bien, esa reacción es tan comprensible como la que pudo tener Belén Esteban cuando vio al buen Mario en la portada del Hola del brazo de la Preysler: “¿pero quién se ha creído este tipo para meterse en mi terreno?”.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “En recuerdo de la Thatcher”, que fue publicado el sábado 20 de abril de 2013.

Bob Dylan celebrando el Nobel

Jueves, 15 de diciembre de 2016.-
Hace tiempo que todo el mundo habla de Bob, ya es hora de que en A70 digamos algo al respecto. Muchos opinadores se han referido a él como si fuera un fantoche, un cantante prejubilado sin interés ni valor alguno. Qué ignorantes. El actual Bob Dylan es un artista hiperactivo poseído por un frenesí que arranca en los años previos al cambio de siglo y que en lo que va de siglo XXI le mantiene grabando, tocando y publicando sin darse un respiro. Y siendo verdad que el tío no para quieto, luego todo consiste en que llega a un sitio, se sube al escenario y se tira cerca de dos horas maltratando su repertorio en actitud completamente inexpresiva y sin hacer ni una mueca que permita vislumbrar si nuestro gurú está contento, triste o enfadado. Así que le otorgan el Premio Nobel e imaginamos que lo celebró más o menos así, juntándose a tocar con sus colegas así de estáticos, sin mover ni una ceja.

Y mientras alargan y alargan la canción, el teléfono sin parar de sonar… los pesaos de la academia sueca venga a dar el coñazo y a punto de perder la esperanza de que alguien responda. Pasan las semanas y por fin Bob se da por enterado, pero su respuesta hace que la situación se vuelva todavía más incómoda. “Me siento muy honrado por el galardón, pero no sé si me vendrá bien ir a recogerlo”, viene a decir. Y luego va y envía a la ceremonia de entrega a Patti Smith para que esta protagonice en Estocolmo una tierna escena trastabillándose varias veces en la monumental A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Oiga, es que aprenderse esa letra enterita no es nada fácil y una ya va teniendo una edad.

Sin profundizar mucho en la polémica sobre si merece el Nobel de Literatura, que eso sería meternos de cabeza en un charco que no nos incumbe, sí diremos que resulta divertido comprobar cómo se han ofendido algunos comisarios de la cultura, furiosos al ver invadido su territorio sagrado por un intruso. ¡Un cantante!, han dicho con desprecio, como si fuese un vulgar juntaletras de esos que trafican con ripios baratos para emocionar al populacho. Venga hombre, no se pongan tan exquisitos que tampoco han premiado a un Julio Iglesias o a un Luis Miguel, aunque sí hay que reconocer que resulta raro pensar en Bob Dylan como escritor. Cuando en 1965 todo el mundo estaba de acuerdo en calificarlo como poeta, él renunció a serlo porque en aquel momento le apetecía más ser músico. Ya ha llovido. Desde entonces nos ha sorprendido con conversiones de estilo, de disfraz y hasta de fe, y todo hasta perfeccionar un personaje hermético que finge que su mayor anhelo sería refugiarse en un imposible anonimato.

Bob Dylan - Masked And Anonymous
Masked And Anonymous (2003)

Ese videoclip de plano quieto, pero poderosa escenografía, salía en los extras del DVD del Modern Times edición de luxe, allá por 2006, pero remitía a una toma publicada años atrás en la banda sonora de Masked And Anonymous, que por aquí se llamó simplemente Anónimos. Como puede verse, la banda estaba bastante engrasada entonces, pero la película fue un desastre que apenas dio que hablar por las risas que en su versión original provocaba el ridículo acento que se inventó Penélope Cruz para interpretar a la guapa centroamericana a la que el personaje de Bob tiraba los tejos. Eso en la ficción, que durante el rodaje dicen que también, suponemos que para brutal engorde del ego de nuestra Penélope. Forzando muy mucho la memoria la cosa iba de que una estrella del rock llamada Jack Fate viajaba a un caricaturesco país al sur de México para participar en un extraño festival benéfico de aires circenses. El músico cree tener un inopinado parentesco con el dictador local, lo que le acaba involucrando en alguna que otra situación violenta para terminar derribando de un puñetazo al manager sin escrúpulos que le metió en semejante lío… vamos, un disparate sin pies ni cabeza sobre todo teniendo en cuenta que el tío a quien noquea el enquencle Dylan es nada menos que un peso pesado del tamaño de Jeff Bridges. Hay que decir que las veces que Bob Dylan se ha acercado al celuloide ha patinado en proyectos a cual más delirante, pero se salvan un par de títulos en que fue el cine quien se acercó a él. Cuando el propósito era simplemente reflejar su valor como músico e icono de los 60 bastaba con sacar al tío cantando él solito cosas como tan potentes como ésta.

Precisamente por el asunto del Nobel estos días había que revisar esas películas sobre Bob Dylan, que justo ponen el foco en el momento clave entre 1965 y 1966 cuando el Dylan líder generacional dimite del primer plano mundial y se marcha dando un portazo. Ambas películas tienen el valor de mostrar a Bob hablando en primera persona, algo que ha sido rarísimo a partir de entonces. Si lo hizo en el 65 ante el ínclito D.A. Pennebaker fue por prestarse a una especie de experimento de docurealidad que no se sabía muy bien cómo iba a salir. Salió muy bien: las cámaras se colaron en camerinos, viajes en coche, fiestas privadas y ruedas de prensa mostrándole tal como era; lo malo fue que Bob se debió de sentir incómodo al verse tan crudamente retratado que decidió que nunca mais. Tuvieron que pasar cuarenta años para que volviera a sincerarse ante una cámara de cine. No sabemos si sintió la necesidad de expresarse o lo hizo más bien porque quien se lo propuso fue Martin Scorsese. Para la gente que esté ahora desconcertada por lo del Premio Nobel y quiera saber cómo comenzó esta historia, esta peli lo cuenta bastante bien. El propio título No Direction Home da una pista sobre el sentido que tuvieron esos primeros años de búsqueda, apoyándose en los testimonios del propio Dylan y de mucha gente que anduvo por allí cerca. Y ya que hablamos de literatura, también sale un poeta de verdad explicando cuál es la relación que pueden tener las canciones de Bob Dylan con la poesía.

Más o menos puedo traducirlo aunque no sepa inglés, que hace poco lo vi subtitulado. Aproximadamente dice: “poesía es cuando unas palabras te emocionan en lo más profundo y reconoces en ellas una verdad subjetiva. Cuando eso mismo le sucede a muchas más personas se eleva a la categoría de realidad objetiva y entonces aparece alguien y sentencia: es poesía”. No hace falta explicar a qué se refiere Allen Ginsberg. No hay que llenar esto de vídeos para entenderlo. Ya hemos escuchado The Lonesome Death of Hattie Carrol, pero pueden ir a youtube y buscar subtítulos de esa época, cualquier cosa como With God on Our Side, When the Ship Comes In, Only a Pawn in Their Game, Chimes of Freedom y tantas y tantas canciones cargadas de palabras importantes, como bien dice Ginsberg en la peli de Scorsese, expresadas con la elocuencia de una profecía bíblica.

Bob Dylan - No Direction Home
No Direction Home (2005)

Y cuando más cómodamente podía instalarse en la cima del mundo llega su primer gran desplante. No quiere ser tratado como un profeta, le da igual el qué diran los Pete Seeger de turno. Ya dijo bien clarito todo lo que tenía que decir en sus cuatro primeros discos; tocaba pasar página y empezar a escribir letras raras, de esas que cantan músicos medio drogados y quedan bien con la guitarra eléctrica. Se hartó de ser el portavoz de su generación, la idea de ir a manifestaciones de la mano de Joan Baez le producía espanto. Que vaya ella, si tanto le gusta. Cuando el activista de guardia le preguntaba: “¿Hoy no viene Bobby?”, ella sufría por tener que guardarse su respuesta de hembra burlada: “Los muy idiotas siguen esperando a Bobby, aunque él nunca estuvo por aquí…”. Y así se ha mantenido desde entonces, evitando aparecer donde se le espera, dando plantones legendarios y haciendo cosas horribles solo por molestar, como juntarse con el Papa o con Johnny Cash. Y los señores del Nobel, creyéndose tan importantes, quisieron darse el lujo de sentar un Dylan a su mesa… ¿No queríais Dylan? Pues toma Patti Smith.

Qué momento para la historia, el rocanrol atravesando los muros de la alta sociedad, escuchado reverencialmente por gente vestida de gala y aplaudido por todos esos reyes y jefes de estado… No me digan que no ha merecido la pena. Porque puestos a tocar las narices, otra reacción ridícula muy extendida en los días posteriores al premio fue proponer todo tipo de nombres alternativos que lo habrían merecido más que él. “Hombre, ya puestos a darle el Nobel a un cantante yo habría preferido a Paul Simon o Leonard Cohen”, o sea, la tontería de turno que se dice por molestar, sobre todo pensando que el pobre Leonard tampoco habría llegado a tiempo de recogerlo en persona. Y capítulo aparte merecería la chorrada que al respecto dijo Mario Vargas Llosa, reivindicándose como aspirante a un premio en la próxima edición de los Grammy. Los Grammy Latinos, supongo. Pues bien, esa reacción es tan comprensible como la que pudo tener Belén Esteban cuando vio al buen Mario en la portada del Hola del brazo de la Preysler: “¿pero quién se ha creído este tipo para meterse en mi terreno?”.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Atascado otra vez en Mobile con el Blues de Memphis sin poder salir”, que fue publicado el martes 1 de diciembre de 2009.

Neil Young encerrado en una cabina

Martes, 16 de diciembre de 2014.-
Una de las pocas costumbres que uno conserva como consumidor de rocanrol es comprar los discos de Neil Young, pero a la que uno se despista va y publica dos de golpe. Uno de los que ha sacado este año cayó el otro día en mis manos. Lo compré sin saber muy bien de qué iba y me encontré con un artefacto de planteamiento completamente marciano, lo que confirma la sospecha de que este hombre nunca dejará de sorprender. Vean, vean.

Vaya, un señor de casi 70 años grabando viejas canciones de los 60 con sonido de vinilo de los años 40, o sea, un ejercicio doblemente retro, un viaje en el tiempo con parada en dos fechas del pasado. Pues resulta que no se le ocurrió exactamente a él. Su buen amigo Jack White III, coleccionista de toda clase de cachivaches de sonido, se encaprichó de una cabina de grabación de 1947 que vio por ahí, así que la restauró y le dio lustre permitiendo a gente importante el capricho de grabar una cancioncilla al modo prehistórico. Tan proclive como es Neil Young a los experimentos, no iba a privarse de la experiencia. Fue a la tienda de Third Man Records, el lugar de Nashville donde se encuentra la cabina y registró la canción que suena en el vídeo que hay aquí encima. Es una una de las primeras composiciones del escocés Bert Jansch antes de fundar Pentangle, probablemente la que inspiró a Neil para escribir alguna letra sobre las agujas y el daño que producen.

Jack White y Neil Young
Jack White y Neil Young en la tele

Neil debió de quedar tan impresionado por la dichosa cabina que no paró hasta convencer a Jack White para que le dejara grabar un LP entero. White aceptó, puede que a cambio de colarse él mismo en un par de canciones, así que seleccionó un repertorio de canciones favoritas de compañeros de fatigas, cantautores de la época dorada que como él se movieron entre el folk y el rock, y ya tenía el disco. Por cierto, qué bien conserva la voz este hombre.

Neil Young - A Letter Home
A Letter Home (2014)

La edad de Neil Young sería de apenas un par de años cuando se fabricó la cabina. Lo que hace entonces con esta máquina del tiempo es perpetrar un anacronismo: se retrotrae a la época en que él nació para interpretar un repertorio que, en el mejor de los casos, aún necesitaba el paso de diez años para ser escrito. Hay un par de canciones de finales de los 50, pero la mayoría pertenece al primer tramo de los 60. Imaginamos que aquí están las melodías que tocaron la fibra al joven Young, las que finalmente le impulsaron a abandonar Ontario siendo un veinteañero para iniciar su ruta hacia la costa oeste junto a aquella panda gloriosa que conoció en la carretera de Buffalo a Springfield.

Neil Young - A Letter Home
Muy bien no se leen las letras

En los créditos del disco, si se repasan eso sí con una buena lupa, puede encontrarse junto a cada título el año de su primera edición. Según las fechas, es más que posible que Neil Young escuchara por primera vez la mayoría de las canciones de A Letter Home antes de marcharse de Canadá en 1966. Esta sería la lista de sus músicos favoritos en orden de antigüedad: Ivory Joe Hunter (1956), The Everly Brothers (1957), Willie Nelson (1961), Bob Dylan (1963), Gordon Lightfoot (1964), Bert Jansch (1965), Tim Hardin (1966) y Phil Ochs (1966). Solo tres canciones van más allá de la frontera del 66, y dos de ellas solo porque pertenecen a autores ya presentes en la lista anterior: su paisano Gordon Lightfoot y Willie Nelson, habitual compinche en el Farm Aid. Interesante elección. Interpretar una segunda composición de los 70 de cada uno de ellos parece un reconocimiento a su categoría de emblemas de la música de Canadá y EEUU. Para rematar, la canción que se sale completamente del tiesto es My Hometown, publicada nada menos que en 1984 por el jefe Bruce. Imagino que Springsteen habrá alucinado: un tema suyo grabado en semejantes condiciones y mezclado entre todos esos mitos de generaciones anteriores, menudo subidón para su ego.

Porque no me digan que no tiene su morbo: la canción que cerraba un disco tan mainstream como Born in the U.S.A. versionada en pleno siglo XXI con tecnología de mediado el siglo anterior. Nada más que un micrófono para capturar a bloque la guitarra, la voz, el silbido y la armónica de Neil Young abriéndose paso entre un ruido de fondo entrañable pero infernal… no creo que a estas alturas una celebridad como Bruce esperara tal honor.

Neil Young
Saliendo del escenario del crimen

Queda por consignar un dato fundamental en la mitología del rocanrol, quizá algunos de ustedes ya lo estaban echando de menos: en esta cabina o en otra muy parecida fue donde Elvis Presley hizo su primera grabación. Como tantas veces se ha contado en sus biografías, el joven camionero de Tupelo pensó que sería un bonito regalo para su madre, así que entró y grabó el famoso single para Gladys Love Presley. Aquello llegó a oídos del dueño de Sun Records y el resto ya fue historia. Tampoco deja ese cabo suelto Neil Young, pues lo primero que hace en el disco es leer una carta dirigida a su madre, fallecida años atrás. Era costumbre en los soldados antes de marcharse a la guerra grabar una despedida para sus madres con este invento. En cierto modo, Neil también se fue a su propia guerra y ahora escribe la carta que tenía pendiente a ese hogar que una vez tuvo en Canadá, mezclando recuerdos personales y musicales…

Neil Young - Storytone
Storytone (2014)

…pero como bien dije al principio, cuando uno se pone a escribir sobre el último disco de Neil Young corre el riesgo de que antes de terminar ya se haya convertido en el penúltimo… y, en efecto, hace semanas que esto anda circulando por ahí.

Vaya, otro bandazo inesperado, nada menos que un proyecto orquestal. Es que no tiene termino medio, o solo dentro de una cabina o acompañado por sesenta músicos. Y como este hombre no para de generar noticias, en las últimas semanas ha celebrado su 69 cumpleaños junto a su nueva novia de cincuenta y pico, la actriz Daryl Hannah. Un poco antes había roto con su segunda esposa, Pegi, tras casi cuarenta años de matrimonio y un poco después se puso furioso contra su amigo David Crosby cuando el muy bocazas osó hacer pública su opinión sobre su nueva pareja. Total, que será difícil ver de gira a Crosby, Stills, Nash & Young, pues éste último, ofendidísimo, ya ha dejado claro que los cuatro juntos sobre un escenario nunca jamás.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Enormes taxis amarillos x4”, que fue publicado originalmente el lunes 14 de noviembre de 2011.

Me gasté 20 euros en un cedé de Ronnie Lane

Domingo, 30 de marzo de 2014.-
Empiezo a pensar que lo de ir al centro de Madrid a comprar discos es muy parecido a una costumbre zombie, esos seres que acuden instintivamente a los sitios a los que iban cuando estaban vivos. Hace algunos decenios, cuando la industria del disco era todopoderosa, los adictos nos bajábamos en la estación de Metro de Sol y teníamos docenas de tiendas de primera y segunda mano para elegir. Ahora solo hay novedades en los grandes almacenes, pero escondidas en espacios cada vez más pequeños e inaccesibles, mientras que la compra/venta y el coleccionismo se reduce a una desoladora lista que a duras penas supera la media docena: Killers, La Metralleta, Bangla Desh, Babel, Melocotón, Tony Martin, Escridiscos… con posibilidad de que a estas alturas ya haya que tachar algún nombre. Las pocas veces que voy intento llevarme algo, aunque tenga que hacer cosas impensables en otros tiempos como pagar 20 euros por un CD.

Lo hice porque le tenía muchas ganas a este disco, por ser quizá lo primero que Pete Townshend grabó en serio al margen de los Who. Discos de retales aparte, su debut como solista aún tardaría un par de años en llegar. Por otro lado, la historia personal de Ronnie Lane siempre me resultó muy interesante, desde que empezó como prototipo mod con los Small Faces hasta la conmoción que provocó su enfermedad y muerte entre el gremio de roqueros británicos. Si algo demostró ese suceso fue lo querido que era por sus compañeros, sobre todo en el núcleo Who-Faces y sus alrededores. Su trayectoria en solitario fue poco difundida en el mercado español y cuando me quise dar cuenta ya no se veían sus álbumes ni en pintura. Ahora es facil pegar una escucha a esos discos perdidos picoteando por la red, pero cuando vi un ejemplar de esto en Discos Melocotón no lo dudé.

Pete Townshend & Ronnie Lane - Rough MixRough Mix (1977)

Ahí lo tienen, dos grandes en una sola portada. Como siempre andaban colaborando, esta vez Ronnie había pedido a Pete que le produjera un disco y la cosa acabó pasando a mayores, encargándose al final Glyn Johns de la producción. Los discos en solitario de Lane solían incluir una larga lista de invitados con la habitual presencia de Pete Townshend, mientras que Pete también llamaba a Lane para sus proyectos, como aquellos extraños homenajes que grababan en honor al santón indio del que ambos eran devotos. En este caso se trataba de un disco entero a medias, lo que en sí era ya una proyecto bastante más consistente. Bueno, más que un disco a medias habría que decir que era un disco compartido porque, salvo en el instrumental firmado a medias, en Rough Mix cada cual aportaba sus canciones y cada uno cantaba las suyas. Vayamos por partes.

Ronnie Lane había publicado tres discos desde su espantada de Faces. Bautizó a su nuevo grupo de acompañamiento con el nombre de Slim Chance, aunque unas veces figuraba en los créditos y en otras aparecía en portada nada más que el nombre del solista. En cualquier caso, la intención era alejarse del estilo rocanrolero de su anterior grupo, situándose en algún lugar entre el rock acústico y el folk-rock que ya dejó entrever en su etapa Faces. Esa es la onda en la que se mueven las canciones que Lane aporta a Rough Mix, por ejemplo Nowhere to Run, Annie o este April Fool que suena aquí debajo.

En cuanto a las composiciones de Townshend, bien podrían haberse incluido dignamente en cualquier disco de los Who de mediados los 70, sobre todo ese Keep Me Turning que suena en el vídeo del principio. Incluso diría que la que abre el disco, My Baby Gives It Away, suena a John Entwistle aunque no tenga nada que ver. Según los créditos el bajista de los Who no interviene en ella, aunque sí participa en Heart to Hang Onto y Till the Rivers All Run Dry. Y ya que se menciona, entre la lista de invitados figuran otros ilustres como Eric Clapton, Boz Burrell, Mel Collins, Ian Stewart y Charlie Watts. Todo esto y mucho más puede leerse en el generoso libreto del CD que compré. Si pagué 20 euros es porque era una reedición remasterizada, con tres bonus track y un chulo diseño en digipack en el que la portada se llenaba de estampitas sin los dos protagonistas.

Pete Townshend & Ronnie Lane - Rough Mix 2006Rough Mix Deluxe Edition (2006)

Quizá el único pero que se podría poner al disco sería que ninguno de los dos demostraba ser un gran vocalista. Es posible, pero habría que aclarar que ni Pete ni Ronnie tuvieron complejos a la hora de grabar sus discos en solitario e incluso cantaron en sus grupos ocasionalmente. Siempre a la sombra Stewart, Marriott y Daltrey, claro, pero daban el pego y lo compensaban sobradamente con su calidad como compositores.

Fue precisamente durante la grabación de Rough Mix cuando a Lane se le diagnosticó esclerosis múltiple, así que se puede decir que Pete Townshend vivió desde el primer momento la enfermedad de su amigo. Ronnie luchó durante los 80 por mantener activa su carrera y siguió actuando con diferentes formaciones de Slim Chance mientras el cuerpo aguantó. Sus colegas músicos lo cuidaron y organizaron toda clase de conciertos benéficos hasta que en 1997 todo acabó para él. Cada vez que The Who ha vuelto a juntarse para actuar, Pete suele rescatar una canción de este disco y, para que el recuerdo sea más especial, recurre a algún famoso para que cante la parte de Ronnie Lane. Si el concierto es en Inglaterra puede ser Paul Weller, pero este de Estados Unidos tampoco está mal.

Claramente la vida de Lane es una “Tragedia del rocanrol“. Le pondré la etiqueta, pero ya ni lo numero porque no me acuerdo de por dónde llevaba el serial. Aquí debajo pueden releer un capítulo anterior dedicado a otro viejo conocido.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Tragedias del rocanrol vol. II: Steve Marriott”, que fue publicado originalmente el martes 30 de marzo de 2010.

La Romántica Banda Local, tiempo de barbas y chaquetas de pana

Viernes, 6 de abril de 2012.-
Vamos con un poco de arqueología del rock español, que a veces apetece. Cada cierto tiempo, sobre todo cuando llueve, me acuerdo de La Romántica Banda Local, un grupo genial y con encanto. No los conocí de primera mano, pues calculo que me empezó a interesar la música cuando La Romántica ya no existía, sin embargo algunas canciones suyas me transportan a borrosos tiempos de mi infancia, cuando los autobuses de Madrid todavía eran azules. En algún rincón de mi cerebro existe un potente recuerdo visual en el que contemplo la glorieta de Atocha desde las alturas, asomado a la ventanilla del autobús de la línea Circular que sobrevolaba la plaza en diagonal remontando el exagerado scalextric. Y por mucho que luego llegara la higiene democrática y se desviara hacia el subsuelo el molesto tráfico que sigue atravesando Atocha, esa es la imagen que a mí me ha quedado de lo que es una gran ciudad fea, sucia y contaminada.

La Romántica Banda Local aparece en las enciclopedias del rock patrio como un grupo fallido y fracasado, aunque consta que llegaron a vender veinte mil copias de su primer disco, que quién las pillara hoy día. Aunque en su canción más famosa renegaran del rock, se movían entre el folk y el progresivo exhibiendo flauta y violín como instrumentos fijos en su formación.

La Romántica Banda Local (1978)

Su momento de gloria está muy identificado con los orígenes de la Transición, como demuestran sus barbas y chaquetas de pana, pero eran tan inclasificables e imprevisibles que no tardaron en ser borrados del mapa. Podría decirse que fueron frikis de antes de existir el frikismo. Cuando la palabra “freak” no era aún de uso general solía relacionarse con la película de Tod Browning y con el primer LP de Frank Zappa, así que estamos hablando de estética circense, de música delirante, de inverosímiles puestas en escena que ganaban legitimidad cuando el enterado de turno les adjudicaba el pomposo apelativo de performance.

Estampa típica de La Romántica

Desde luego que los chicos de La Romántica eran teatrales, pues bien que les gustaba disfrazarse con levita, chistera y bombín. Cucharada fue otro grupo coetáneo que también intentó esto de los disfraces y los conciertos a lo Mothers of Invention, pero cosecharon idéntico escaso éxito pese al indudable atractivo del liderazgo de Manolo Tena en su etapa travestí. En cambio sí lo logró la Orquesta Mondragón, porque a la tercera iba la vencida y porque Gurruchaga era mucho Gurruchaga. Pero veamos en acción a La RBL interpretando el mayor hit de su carrera en un desganado playback. Aunque el sonido ni siquiera sincroniza bien, nos sirve para apreciar lo disparatada que era su propuesta.

Y si en los playback televisivos no podían contener el desparrame, tampoco lo lograban en sus conciertos. Dicen que su directo era caótico y no dejaba indiferente, sobre todo porque en el escenario asumía todo el protagonismo Carlos Faraco, un loco maravilloso que luego siguió su carrera como estrella de la radio. Quizá les suene por haber dirigido alguno de los programas más demenciales de la historia de Radio 3. Tal era su audacia y tantos los riesgos que no fueron capaces de sobrevivir a la polémica que generaban. Hasta Jesús Ordovás, futuro colega de las ondas, trató de ridiculizarlos llamándoles La Romántica Caca Local… ¡qué envidioso y mezquino puede llegar a ser el periodismo musical! Este y otros datos he podido leerlos en el estupendo libreto que acompaña su única edición en CD, firmado por nuestro viejo conocido Darío Vico.

Todas sus grabaciones (1978-1980),
doble CD publicado en 2003

Para ir terminando, diré que la grabación de su segundo disco, titulado Membrillo, fue tan desastrosa que precipitó al grupo hacia la autodestrucción. Faraco entraba y salía a su antojo, un día los dejaba colgados y al siguiente se presentaba sin avisar. No había manera de controlar a Faraco, pero sin Faraco el grupo no tenía demasiado sentido… así que después del segundo LP todo se acabó. Casi nadie escuchó Membrillo, aunque sí tuvo cierta repercusión el single con el tema principal de Tú estás loco, Briones, la película protagonizada por Quique Camoiras, que nos dejó hará casi un mes. Descanse en paz el gran Camoiras.

Con el single Historias de papá y mamá (1979)
y el segundo LP Membrillo (1980)
se completa la discografía de La Romántica

Y en eso quedó La Romántica Banda Local, en dos LP’s y la banda sonora de Tú estás loco, Briones. Creo que tras la absurdez de este último detalle, poco más se puede añadir. Les dejo con la canción que cerraba su primer disco, que curiosamente también habla de autobuses.

Un plagio tan grande como un zoo

Viernes, 16 de diciembre de 2011.-
Y después de una racha de versiones, ahora toca escribir sobre plagios. Hay muchos plagios famosos. Hace tiempo mencioné que uno de los hits de Bob Dylan es clavadito a una de Neil Young. Nadie se lo afeó, supongo que por ser vos quien sois. Peor suerte corrió George Harrison, condenado en los tribunales, mientras Lennon conseguía librarse gracias a un bochornoso acuerdo con el avaro Chuck Berry. No hace tanto los de Coldplay fueron acusados de vivalavidas… por no hablar de Michael Jackson, que llegó incluso a viajar en el tiempo para robarle canciones al gran Luixy Toledo. Y por seguir en el ámbito del rock español, algún Mikel Erentxun de turno ha sufrido escarnio por el asunto de los plagios, pero a mí lo que más me indigna es esto:

Y la razón de que esta canción me ponga de los nervios es que, con total desparpajo, David Summers la firmó con su nombre y apellidos (deivid samers). Gracias al exitazo de la pegadiza melodía él y su grupo se hicieron famosos, ganaron pasta, fueron fenómeno de fans e iconos generacionales, traspasaron fronteras… incluso en nuestros días hacen multitudinarias giras de revival. Hasta ahí todo bien, de no ser porque veinte años antes que ellos, un señor bajito acompañado por un amigo suyo con el pelo a lo Punset ya había publicado una canción muy parecida. Recomiendo parar inmediatamente el indigno youtube de arriba y pinchar este otro:

¡Pero cómo se puede tener tanto morro! Una cosa es plagiar un verso de un estribillo, pero… ¡dos estrofas completas! Desde luego, hay que tener mucho talento para hacerlo e irse de rositas. Lo que no puedo llegar a comprender es cómo nuestra crítica musical, siempre tan pedante y tan exigente cuando les interesaba, pudo pasar por alto este “pequeño detalle”. Estamos hablando de una de las canciones estelares de mediados los 80, justo el momento en que algunos modernillos de la movida y la nueva ola pasaban a transformarse en ostentosos superventas… y no se trataba de un lejano parecido con alguna oscura canción semidesconocida.

At the Zoo había sido publicado como single en la primavera de 1967. No fue un hit impresionante, pero lo pusieron en el número 16 de la Billboard, que no está nada mal para un amable paseo matinal que Paul Simon se dio con Artie Garfunkel un buen día por el Zoo de Central Park.

Simon & Garfunkel - At the ZooAt the Zoo (single 1967)

Pero es que además At the Zoo fue la canción elegida un año después para cerrar Bookends, cuarto album de estudio de Simon & Garfunkel (la banda sonora de El graduado no cuenta) con el que por primera vez conseguían el doblete de ser número 1 en USA y a la vez en el Reino Unido. Luego repetirían la hazaña con su disco de despedida, el de las aguas turbulentas.

Simon & Garfunkel - BookendsBookends (1968)

Vamos, que ya que plagias no vas a elegir una porquería de tres al cuarto. Intentaré quitarme el enfado pinchando varios youtubes seguidos de Simon & Garfunkel. Es un gusto escucharlos. Con lo sosito que era este dúo cuando actuaba con una simple guitarrilla, hay que ver los discos tan chulos que les salieron cuando se metían a grabar en un estudio a finales de los 60.

El sonido del silencio

Domingo, 11 de diciembre de 2011.-
Casi todos los domingos, de forma totalmente involuntaria, escucho una canción de Paul Simon. Reconozco que es una gran composición, quizá un poco cargante cuando se saca de contexto… y más en el contexto en que la escucho yo.

Rodeado de creyentes entregados a la oración principal de su liturgia, mi mente se evade y empiezo a pensar en mis cosas. ¿Sabrán todos estos niños y todos estos ancianos que están cantando una melodía de Paul Simon? No lo creo. Quizá sí estén al tanto algunos adultos y sacerdotes. En cualquiera de los casos, me llena de curiosidad imaginar el momento en que aceptaron envolver su Padre Nuestro entre las notas compuestas por un señor neoyorquino medio hippie de los 60.

Sounds of Silence (1966)

Este disco contenía la segunda versión del tema, la del arreglo folk-rock que llevaba batería y todo. La original, mucho más lenta, era totalmente acústica y se publicó en Wednesday Morning, 3 A.M., el primer LP de Simon & Garfunkel. Como el disco pasó sin pena ni gloria, ahí quedó. La fama de la canción fue creciendo hasta que a un productor se le ocurrió casi dos años después regrabarla con instrumentos eléctricos, catapultando al dúo hacia el estrellato. Dicen que Simon la escribió a finales de 1963, muy afectado por la desolación que paralizaba a su país tras el asesinato de Kennedy. Pero entonces… ¿qué pinta esta canción en misa?

Dejándome enredar por mis pensamientos, voy derivando hacia cuestiones mucho más mundanas. Pienso, por ejemplo, en los derechos de autor… ¿cuánto cobrará Paul Simon por todo esto? Si cada fin de semana se ofician unas cuatro o cinco misas por parroquia, si hay miles de templos por toda España, si el año tiene 52 fines de semana y unas cuantas fiestas de guardar… uf, me pierdo con tanta multiplicación. Nunca fui bueno con los números, pero bastaría que a Simon le correspondieran unos pocos céntimos por cada interpretación de The Sound of Silence para hacerse acreedor a una suculenta mensualidad. ¿Y cómo se controla esto? ¿Habrá un interventor de la SGAE en cada iglesia? Y eso en el caso de que el fenómeno suceda solo en España… no quiero ni pensar que se repita también en otros países y culturas.

Imagino que, en algún lejano momento, Paul tuvo que sentarse a negociar con cualificados representantes de la Conferencia Episcopal. Tal vez incluso el Vaticano llegó a tomar cartas sobre el asunto. Si alguien en la alta jerarquía eclesial dio la orden para que la canción se cantara en directo cientos de miles de veces, seguro que hubo un pacto previo. En este tipo de cosas la Iglesia no suele improvisar. Pagar por cada interpretación sería absurdo, es más probable que pactaran una cantidad global para poder cantarla in saecula saeculorum, como mucho con una cláusula de revisión para futuros Concilios… porque, claro, todo esto tuvo que suceder a consecuencia del Vaticano II. De ahí surgió la moda de oficiar misas en lenguas distintas al latín, más la posibilidad de añadir partes cantadas con estilos distintos al gregoriano. En los sesenta, cuando se pusieron a buscar músicas para modernizar sus rezos, probablemente les inspiró este arreglo tan sencillo de guitarrilla acústica.

Como el asunto afecta no solo a Paul Simon, las dudas se multiplican si pensamos en otros casos similares. ¿En qué lugar queda el millón de amigos de Roberto Carlos? ¿Se acogería el judío Zimmerman al mismo convenio o sus abogados negociaron un trato más favorable para Blowin’ in the Wind? ¿Será esa la clave que explicaría su actuación en Roma ante Juan Pablo II? Y hablando del Papa polaco, ¿ofrecería igual trato de royalties para autores del siglo XXI? ¿tendrá un estatus distinto el argentino Diego Torres o debe considerarse pagado por la difusión mundial de Color esperanza? No seguiré haciendo preguntas, pues las respuestas, amigos míos, están en el viento.