Stones (III): Travesuras de Keith Richards

Lunes, 29 de febrero de 2016.-
Después de un episodio radiofónico tan excitante como el que les relaté la vez anterior, este blog se quedó cómo no medio atascado en un bloqueo del que no se terminaba de encontrar la forma de salir. Pues bien, tras un programa tan stoniano, tras vivir la pasión que todavía hoy Mariscal Romero transmite por los Rolling Stones, qué mejor que continuar con esto.

En nuestro serial dedicado a las grabaciones de estudio que los Stones van entregando con cuentagotas en los últimos tiempos quedó en el tintero un capítulo dedicado a Keith Richards. Aquí lo tienen. No exagero si digo que he escuchado Trouble cientos de veces desde que nos sorprendió a mediados de julio como adelanto de su nuevo disco. Allá por septiembre se publicó por fin Crosseyed Heart y lo recibimos con escepticismo. No se esperaba ya un tercer álbum suyo en solitario, ¿tendría todavía algo que decir el bueno de Keith a estas alturas? Bueno, pues si Trouble enganchó, la escucha del resto del disco se reveló como un auténtico deleite de principio a fin.

Keith Richards - Crosseyed Heart
Crosseyed Heart (2015)

Además de la que está sonando, otras como Heartstopper y Something For Nothing también se construyen en torno al clásico ritmillo richardiano imprescindible para practicar air guitar con los codos levantados. Blues In the Morning representa la cuota de viejo rocanrol de los 50 que nunca puede faltar en sus discos, mientras que exquisiteces como Robbed Blind, Nothing On Me, Just a Gift o Lover’s Plea mantienen ese tono ralentizado y canallesco que el Richards vocalista ha ido perfeccionando con los años para entonar de esa forma arrastrada en que él se siente más cómodo. A ese mismo género pertenece Illusion, la canción en que se junta con una superestrella del momento como Norah Jones. Quedó muy bonito, pero con el punto antipático de que la tal Norah ni siquiera se dignó a compartir estudio con Keith, sino que le envió por mail su parte cantada. ¿Pero qué se habrá creído esa tía? ¿Con quién ha empatado Norah Jones en su vida? Que se deje de Noras, mucho mejor Sarah Dash, su corista de toda la vida. Vetada Illusion y mencionadas nuestras favoritas de Crosseyed Heart, cambiamos de tercio con esta otra.

Según aseguró Mariano Muniesa el día que estuvimos en Mariskal Rock Radio, el año 2016 será esta vez sí el año en que los Rolling Stones volverán a entrar a un estudio a grabar material nuevo. Ocurrirá dentro de unos meses, una vez finalice su gira latinoamericana, y no se puede negar que el emocionante reencuentro discográfico con que nos sorprendió el Richards es el mejor presagio para que esos planes se hagan realidad. Pero conviene no dejarse llevar por la euforia, que ya sabemos que las veces anteriores la inspiración de los cuatro Stones no llegó para llenar un disco completo, sino para grabar unos pocos cortes con que adornar el enésimo recopilatorio.

The Rolling Stones - Forty Licks
El de 2003 incluía cuatro canciones nuevas

Esta que suena se llama Losing My Touch y cerraba el disco de 40º aniversario de la banda. Es quizá la joyita más valiosa de Forty Licks y redunda en el papel asumido por Keith Richards como guardián de las esencias rollinestonianas. Si en cada disco de los Stones el tema cantado por Keith era una especie de guinda para el pastel, a partir de los 90 su aportación fue creciendo en cantidad y en importancia. Apunten: The Worst y Thru And Thru (las dos de Voodoo Lounge); You Don’t Have to Mean It, Thief in the Night y How Can I Stop (las tres de Bridges to Babylon); Infamy y This Place Is Empty (de A Bigger Bang); más alguna pieza en directo como The Nearness Of You y el propio Losing My Touch podrían haber completado un sobresaliente disco en solitario de Keith Richards, ese que nunca publicó desde su segundo Mean Disposition de 1992 hasta el actual Crosseyed Heart. Déjenme que personalmente lo complete con esta otra.

Aunque esta maravilla proceda de sesiones de grabación de finales de los 70, podría incluirse perfectamente en ese hipotético disco perdido porque su edición oficial corresponde a 2011. Se llama We Had It All y fue dando tumbos por discos no oficiales de todo tipo hasta que por fin apareció con todos los honores en el CD2 del Some Girls Deluxe Edition, que contenía nada menos que doce canciones que no pasaron el corte para la selección definitiva. Por aquella época, ya saben, el cupo para Richards era de una sola canción por disco y la elegida fue Before They Make Run, que era bien molona y encajaba como un guante en el tono macarrilla que rezumaba el mítico Some Girls. No, no pondremos ni un pero al listado de canciones de 1978, pero como suele ocurrir en estos casos a día de hoy es un placer escuchar todo lo que se quedó fuera e imaginar los quebraderos de cabeza que provocaría condenar al ostracismo cosas tan buenas como este We Had It All.

The Rolling Stones - Some Girls Deluxe Edition
El deluxe de 2011 traía un CD enterito de rarezas

Ah, los tesoros revelados por las Deluxe Edition, qué regalo para nuestros oídos. Eso daría para una nueva entrega de este serial, ya veremos, que en algo tendremos que entretenernos hasta que llegue el tan ansiado repertorio de 2016. Si Keith Richards utilizó Talk is Cheap, su primer disco solista, para desafiar a sus propios compañeros de grupo y obligarles a remontar ese momento de bajón que vivían a finales de los 80, no descartemos que Crosseyed Heart, salvando las distancias, pueda servir para lo mismo. Nos agarraremos a ese clavo ardiendo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El verano en que Jagger cumplió 70”, que fue publicado originalmente el domingo 29 de Septiembre de 2013.

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Yo no soy Bo Diddley vol. 4: Elvis Presley

Lunes, 17 de mayo de 2010.-
No, Elvis Aaron no era negro. Precisamente de no haber sido un blanco guapete de Mississippi nunca habría llegado a convertirse en mito del siglo XX. De momento no me atrevo a escribir aquí nada serio sobre el Rey del Rock, no se trata de eso. Salió a relucir Elvis Presley en el concierto de Ilegales, y me veo en la obligación de poner en el cuadradito de debajo la macarrada de canción que tanto une a ambos artistas.

¡Ah, es la película King Creole! Creo que la famosa escena de la pelea en el bar venía justo después… no hizo bien el matón de turno en subestimar delante de las chicas a Elvis, que también podía llegar a ser realmente duro pese esa carita de galán de Hollywood.

Me hace gracia que Jorge Martínez versione justo este tema de Elvis, tan rebosante de desafío y ganas de bronca. Y la cosa no es de ahora, que ya lo había hecho hace algunos cientos de años en ¡Qué noche la de aquel año!, aquel empalagoso programa de Miguel Ríos en TVE.

Una belicosa gorra para una gran canción. Tengo un amigo que cada vez que la escucha se siente poseído por un irrefrenable ataque de karaoke. Va por él.

Más sobre Trouble en:

http://balbinositio.zymichost.com/balbinoblog/archives/500

Jorge Ilegal contra la memoria histórica selectiva (Parte 1ª)

Martes, 11 de mayo de 2010.-
Gira de despedida de Ilegales. Viernes 23 de abril de 2010, día de San Jorge, última oportunidad para los fans madrileños. La cita es una horrible sala próxima a la Plaza de España, con horrible visibilidad y horrible acústica. El grupo está en forma y conserva todo su empaque, pero lo peor es que la charla de Jorge Martínez entre canción y canción no se entiende demasiado bien, y eso es casi una catástrofe. Cada vez que habla al público es porque tiene algo importante que decir… una maldad, un ajuste de cuentas, una simple anécdota…

Ilegales abril 2010Momento histórico: los Ilegales justo antes de abandonar
el escenario en su concierto de despedida en Madrid

Entre lo poco que se le entiende, Jorge aclara que la despedida no es definitiva, que va a ser un paréntesis de varios años para dedicarse a su proyecto Jorge Ilegal y los Magníficos, tantas veces anunciado. Harán música retro, uniformados como las viejas bandas de fiesta mayor. Por supuesto que tocarán twist y rock & roll, y lo demuestran con una desafiante adaptación al castellano de Trouble, impostando la voz al estilo Elvis. También revisarán otros vetustos estilos como bolero, surf, calypso, cha-cha-chá… Solo dos géneros están vetados: la rumba flamenca y el pasodoble… ¡el pasodoble jamás!

Reconozco que hace meses que no escuchaba música de los Ilegales, y el reencuentro me resulta más que grato. Avanza el concierto y a cada nuevo tema me reafirmo en la idea de que este tío es algo más que un personaje: es un autor con mayúsculas, aunque nunca haya recibido los parabienes de la SGAE. Varias decenas de sus canciones quedaron incrustadas en la memoria colectiva, y casi todas las que ha escrito contienen algo importante, ya sea una frase, un detalle o un arreglo.

¿Por qué Ilegales no suele salir en recopilatorios tipo “101 canciones memorables del Pop Español” o “La Edad de Bronce del Pop Español”? A lo mejor su punto soez excede los límites de la corrección pop. La movida va cumpliendo aniversarios y efemérides, y pocas veces cuentan con Jorge Martínez. Estos rudos asturianos siempre chirriaron en el refinado paisaje de la nueva ola madrileña, y algunas veces marcaron su territorio a puñetazos. “Siempre nos sacan a relucir las peleas y alguna nariz que rompimos, pero nunca se acuerdan de cuando les prestábamos el equipo de sonido o invitábamos a copas”, recuerda Jorge cada vez que tiene ocasión.

Jorge Martínez
Jorge Ilegal: verdades como puños

Cuando alude a los 80 lo suele hacer con mordacidad. La otra noche, por ejemplo, recordó que “hubo un tiempo en que salías a la calle y veías cowboys por todas partes, entrabas a un bar… ¡y todo lleno de cowboys!”, absurda moda de la noche madrileña que ya estaba borrada de mi memoria. Eso es lo malo, algunas cosas se acaban olvidando si nadie se toma la molestia de recordarlas. Algo así hacen con Ilegales algunos cronistas del rock patrio. Jorge se refiere a ellos con cierto desdén, pero sí hay algo que recuerda con rabia, lo que más le duele… tanta gente que bebió a su costa: “algunos hijos de puta han reescrito la historia sin los Ilegales… pero yo estuve allí y sé lo que pasó. Tuvimos que pagar muchas rondas en los bares porque éramos los únicos que teníamos pasta. Así que… ¡me cago en los historiadores!”

Al final reconoce que “lo único que echo de menos de los 80 son las anfetaminas. Fue una pena que a un anormal le diera por prohibirlas”. Ahí está el tío, con un montón de años pero con aspecto fuerte y saludable. Hay grupos de los 80 que se reúnen y preparan el repertorio al ralentí, más despacio que como sonaba antaño para no forzar los dedos anquilosados. Tratándose de Ilegales, pasa el tiempo y Jorge sigue tocando Dextroanfetamina como si tuviera una batidora en el antebrazo.