Más sobre Joni y sus amigos de Woodstock

Domingo, 20 de noviembre de 2011.-
Revisando el texto anterior sobre Joni Mitchell y su disco Ladies Of The Canyon, y además con el detalle añadido de que trataba sobre versiones, se me quedaba un poco cojo sin esto:

Este Woodstock es una canción con mucha historia, ya referida un par de veces en A70. Sin ir más lejos, en el texto anterior se mencionó que fue escrita por Joni Mitchell justo después de finalizar el fin de semana del festival. Probablemente la canadiense quedó impactada por las imágenes que transmitieron los medios mostrando la marea humana, el caos organizativo y el enorme grado de inspiración de todos los músicos que participaron. Si unimos lo que le contó de primera mano Graham Nash, su chico de entonces, ya tenemos los ingredientes necesarios para que la canción fuera la crónica perfecta del acontecimiento. Criaturitas del Señor que durante tres días fueron estrellas doradas y tuvieron el privilegio de sentirse en el paraíso, vino a decir Joni. Y por último hay que añadir unas gotitas de la envidia que sintió por no haber estado allí, ya que rechazó la invitación de última hora que se le hizo. No fue la única, ya que por unos motivos o por otros se fueron cayendo del cartel gente como tan ilustre como The Doors, Led Zeppelin, King Crimson o The Byrds. Imagino que a alguno de ellos les diría su manager: “Tenemos una oferta para ir a tocar a un festival en una granja de cerdos al sur de Nueva York. Dicen que la organización está teniendo problemas para pagar a las bandas… ¿os apetece ir?”, y claro, planteado así la respuesta negativa era casi obligada.

El Festival de Woodstock se celebró entre el viernes 15 y el domingo 17 de agosto de 1969. Bueno, en realidad cuando acabó ya había amanecido el lunes 18. Fue por culpa del tormentón que obligó a parar las actuaciones durante varias horas en la tarde del domingo, así que allí estuvo Jimi Hendrix tocando el american stars & bars para los cuatro gatos que aguantaron hasta el lunes por la mañana temprano. En seguidita se puso Joni Mitchell a escribir su canción, y para septiembre de 1969 ya estaba tocándola en festivales de folk.

Tengo que decirlo: Woodstock en boca de su autora es un verdadero tostón. Esta temprana actuación en tv refleja con bastante fidelidad cómo fue la versión de estudio que Joni incluyó en su álbum Ladies Of The Canyon, publicado en marzo de 1970. No es que esta versión original sea mala, sino que aguanta mal la comparación con la de Crosby, Stills, Nash & Young. Ellos sí actuaron en Woodstock y prefirieron añadir tensión eléctrica a la canción de su amiga. Le pidieron permiso para grabarla y consiguieron adelantarse a ella unos días con la publicación de este disco.

Déjà Vu (1970)

Este segundo disco de Crosby, Stills & Nash, y primero con Young, salió con Woodstock como primer single. El caso es que cada uno de los cuatro cantantes grababa por su cuenta sus composiciones con cierta autonomía respecto de los otros… excepto Woodstock, que por no ser de ninguno de ellos consigue reunirlos a todos en el estudio de grabación. El resultado fue excelente, quizá por ser la única vez que consiguieron sonar como un auténtico grupo, los cuatro más el batería Dallas Taylor y el bajista Greg Reeves, cuyos nombres también aparecen en pequeñito en la portada. Todo ocurrió de forma tan rápida en ese marzo de 1970 que para finales de mes ya se estaba estrenando la película documental sobre Woodstock, y la versión de Crosby, Stills, Nash & Young estuvo lista a tiempo para servir de sintonía a los títulos de crédito finales, como emotivo broche a la magnífica triada que forman festival, canción y película.

Y para dejar constancia de las buenas amistades de las que disfrutaba Joni Mitchell, he encontrado una bonita canción que le dedicó Neil Young, una de esas rarezas que no sale en ninguno de sus discos oficiales. Después de tanto como llevo escrito sobre la rubia canadiense me he dado cuenta de que no he enseñado mucho su cara, así que este vídeo viene al caso. Alguien se entretuvo en ilustrarlo con fotos en la que aparece rodeada de sus amigos más famosos… ¡qué contenta se ve a Joni, sale hasta guapa!

 

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¡Qué bonita Forrest Gump!

Domingo, 31 de julio de 2011.-
Por fin he visto Forrest Gump. Aunque tarde, he podido subsanar esa imperdonable laguna cultural por la que tan criticado he sido. La peli, bonica; la música, espectacular. ¿Saben lo que hice en cuanto terminaron los títulos de crédito? Echar a correr… sin razón ni objetivo alguno, simplemente porque sí, tal como nos enseña el héroe de la historia. Curiosamente me frenaba un poco el viento de cara, justo como le ocurría a este señor de barba.

Lo que me resulta más admirable de estas superproducciones de Hollywood es que todo encaja al milímetro, los tíos trabajan como relojeros suizos. No es fácil encontrar un anacronismo, nada de objetos o ropas que no correspondan con cada momento historico, ningún acontecimiento fuera de su orden cronológico. Y la música, que es lo que a mí más me motiva, suena siempre con total precisión: que en 1956 el chico va con su madre por la calle… salen en las teles de un escaparate los contoneos escandalosos de Elvis en 1956; que dos años después los matones del cole apedrean al chico… sale un instrumental de Duane Eddy de 1958; que al tío le crece la barba de tanto correr… ponen la de correr contra el viento de Bob Seger, el roquero más barbudo de los 70. Pues resulta que Seger también tuvo una novia llamada Jenny, y encima Against The Wind está publicada en el cambio de década, justo en esos años en los que el bueno de Forrest Gump se desplazaba de costa a costa corriendo sin parar.

Bob Seger & The Silver Bullet Band - Against The Wind Against The Wind (1980)

Me gusta esa parte en la que ponen canciones de correr. Además de la mencionada de Bob Seger & The Silver Bullet Band, que encaja en la peli como un guante, van enlazando Running On Empty de Jackson Browne, It Keeps You Runnin’ de los Doobie Brothers, On The Road Again de Willie Nelson y Go Your Own Way de Fleetwood Mac… Menos mal que no cayeron en la tentación de Born To Run… ¡habría sido demasiado facilón!

Por lo demás, la película es muy emotiva y la narración no da tregua en ningún momento, aunque se mueve siempre en ese límite de lo sensiblero que puede llegar a convertir una historia en odiosa. Personalmente lo di casi todo por perdido en el primer minuto de metraje cuando comienza a sonar esa lacrimógena banda sonora de Alan Silvestri mientras la cámara sigue el vuelo de una pluma de ave sobre las calles de una ciudad sureña. No daba crédito… ¿de verdad pretendían hacernos llorar solo por ver una puñetera pluma a la que se lleva el viento? Y justo después, un bobalicón que está sentado en un banco empieza a contar su vida. No empezaba nada bien la cosa, pero justo cuando iba a tirar la toalla empiezan a enlazarse los flashback y la historia empieza a animarse. Para cuando te están contando que en EEUU un simplón como Forrest puede ir a la Universidad y graduarse solo por ser buen deportista, la película ya te ha enganchado definitivamente. Brillante idea esa de revisar el Siglo XX desde la óptica de un tío con cociente intelectual borderline.

Lennon y Gump¿Alguien sabe quién es ese chico desconocido de gafas
que está sentado al lado de Forrest Gump?

Y vuelvo a mi monotema rocanrolero. Qué envidia da comprobar que en los USA consideran el rocanrol como un producto cultural de primera categoría. Y cómo lo miman, qué protagonismo le dan y menudo partido le sacan. Cada canción suena exactamente donde tiene que sonar, ya sea para evocar una época o para ambientar una situación. En cambio, aquí estamos demasiado acostumbrados al despropósito Made in Spain. Los señores del audiovisual hispano pasan tanto del rocanrol que llamaron La chica de ayer a una serie ambientada diez años antes de que se publicara esa canción de Nacha Pop. Por no hablar de cuando el hippie que apareció en Cuéntame se puso a cantar Let It Be por las calles de San Genaro un año antes de que saliera el disco. ¡Realmente ese chico inglés manejaba información beatle privilegiada!

En cualquier peli yanqui pasa justo al revés, se nota que los cineastas han mamado rock y lo siguen llevando en el corazón. Por ejemplo, el paleto Gump atraviesa la noche neoyorkina y se escucha Everybody’s Talkin’ de Harry Nilson, pues así quedó establecido desde hace años en Cowboy de medianoche. Y luego está toda la música hippie, la del verano del amor en la costa oeste y las de las protestas pacifistas en la costa este. Flores en el pelo en San Francisco y Aquarius en Central Park. Y por supuesto, las canciones de la Guerra del Vietnam, que son un género en sí mismo en el que el cine y el rock llevan años retroalimentándose. Aparte de las típicas de la Creedence y de los Doors que salen en todas las películas sobre los charlies, me han sorprendido algunas que no conocía, como Let’s Get Together de The Youngbloods y Joy To The World de Three Dog Night. Pero sobre todo el Volunteers de Jefferson Airplane. Me alegra saber que estos abanderados del hippismo tenían repertorio más allá de Somebody To Love y White Rabbit.

Bueno, y ahora que al fin he visto Forrest Gump puedo tachar una película de la lista de 50 ó 60 imprescindibles que por pura desidia nunca me tomé la molestia de ver. Suelo tener en el número 1 a ET, pero en el último momento siempre aparece otra que la desbanca de la primera posición. Reconozco que en estos días va creciendo por momentos mi interés por Karate Kid. Últimamente hasta sueño con la escena de la grulla.