Hubo un Skywalker en Buenas Noches Rose

Domingo, 10 de octubre de 2010
Tras la euforia de los 80 sobrevino una terrible resaca: cuando empezaron los 90 parecía que el rock español estaba totalmente echado a perder. No salían grupos nuevos y los veteranos sobrevivían a duras penas. De pronto surgió la fiebre de los Festivales y sólo importaba la pinta y la actitud. Total, como pasábamos el tiempo caminando entre el Escenario Grande, el Escenario Pequeño y el Escenario Mediano, no había quien distinguiera las canciones entre el estruendo. Por un lado, solían tocar algunos sosainas del lamentable movimiento indie: siempre ensimismados con su pose de artista, mirándose al ombligo e incluso tocando de espaldas al público. Y cantando en un inglés infumable. En el otro extremo, una especie de rap metal indefinible que resultaba de mezclar Red Hot Chili Peppers en la batidora con todo tipo de extraños ingredientes a capricho de cada cual. Estos sí cantaban en castellano, pero casi indescifrable.

Afortunadamente, una minoría decidió apostar por el rock y trabajarse el circuito de salas desde abajo, como se había hecho toda la vida. Recuerdo a unos cuantos luchadores como Sobrinus, La VacazulCool Jerks, Flying Rebollos, Platero y Tú, Marañones, M-Clan, Doctor Explosión, Babylon Chat… con mención especial para Buenas Noches Rose.

Confieso que me vino este grupo a la mente tras cierto empacho de Star Wars. A vueltas con Luke y Anakin Skywalker, recordé a Jordi Skywalker. Era una especie de alucinado, un cantante de los que llena el escenario él solito como casi nunca ocurre en el rock español. Estaba en una onda distinta al grupo; no componía, pero dibujaba cómics lisérgicos para las portadas y carteles, y sobre todo aportaba su salvaje puesta en escena. Recuerdo que en cierto Festimad, allá por Móstoles, el gran Jordi obró el milagro: consiguió que nos quedáramos quietos en el rincón del recinto donde estaban tocando los Rose. Era una especie de miniescenario situado sobre un montículo de fatigoso acceso. Llegamos de forma cansina casi por casualidad, y el tío nos cautivó con sus extraños movimientos de encantador de serpientes.

Buenas Noches Rose (1995), el primer disco

Buenas Noches Rose funcionaba como un tiro. Sus dos primeros discos eran vibrantes y, justo cuando empezaban a asomar la cabeza, Jordi abandonó el grupo. No sé muy bien qué pasó, pero se dijo que le dio una especie de ataque de hippismo. No quería ser profesional de la música, quería ser nómada, recorrer el mundo con su chica y tener montones de hijos. Sin él, publicaron un excelente tercer disco (La estación seca, 1999). Se repartieron la tarea de cantar, pero sin Jordi no era lo mismo y cada uno acabó tirando por su propio camino. El guitarra del canal izquierdo, Alfa Fernández, fundó Le Punk, mientras que Rubén Pozo, el guitarra del canal derecho, fue el que encontró la clave del éxito con Pereza, grupo en el que acabó también Roberto Aracil, batería de los Rose. Pero esa es ya otra historia (otras historias).

La portada del primer single (Sentado en el barro, 1996), con Jordi dando la cara y los demás en segundo plano

Ahora se habla de un posible homenaje a Buenas Noches Rose y, al cabo de diez años, aparece un disco solista de Jordi Skywalker cuando ya nadie lo esperaba. Ahora va de ecologista radical, se desplaza en burro y se alimenta exclusivamente de productos de agricultura biológica. No sé si me atreveré a oírlo, no puedo evitar imaginarlo como una mezcla de Manu Chao con Marco Rossi. De momento, prefiero quedarme con el recuerdo de los tiempos gloriosos del Siroco.

Por culpa de Ilegales saco del armario mi colección de entradas

Viernes, 30 de abril de 2010.-
Gira de despedida de Ilegales. Viernes 23 de abril de 2010, día de San Jorge, última oportunidad para los fans madrileños. La cita es en una horrible sala próxima a la Plaza de España

Me iba a poner a escribir una especie de crónica del concierto en plan emotivo, recordando el puñado de veces que he visto a Ilegales… cada vez que presentaban en Madrid un nuevo disco, allí estaba yo sin falta. Para ilustrarlo en plan bonito se me ocurre rebuscar entre mi colección de entradas… y me despisto… me pongo a digitalizar todas las entradas que encuentro… las ordeno por fechas… la crónica de los Ilegales tendrá que esperar.

Con la tarea a medias, saco varias conclusiones. La primera: que a finales de los 80 andaba todo el puñetero día de conciertos. Las entradas lo demuestran, y además había montones de festivales gratuitos de los que no guardé un papelito que apuntale ahora el recuerdo. La segunda: que Ilegales nunca cayó en la trampa de tocar gratis ni tampoco se prodigaban en conciertos colectivos. Siempre tan suyos… presentándose ante el público sólo en momentos especiales y cobrando entrada, como debe ser… pero dejemos a los Ilegales para el próximo día. Voy a poner música, por ejemplo, de uno de sus teloneros de entonces.

En el futuro iré sacando jugo a todas estas entradas, incluso he actualizado uno de mis textos anteriores con mi fetiche número 1, la madre de todas las entradas: Stones, 9 de julio de 1982 en el Vicente Calderón. Pero hoy voy a sacar a pasear unas pocas de las que probablemente de otra manera nunca habría hablado. A finales de los 80 había en España un montón de grupos segundones que peleaban para abrirse camino entre los grandes santones de la movida. Todos esos grupos me motivaban… ya entonces me interesaba más el rock de los 70 que las modas pasajeras que venían de Londres, pero también me gustaba estar al tanto de lo que se hacía por aquí. Y esos músicos locales eran apasionados, se creían lo que hacían… a veces con más voluntad que talento. Así que me calzaba la chupa vaquera con peste a humo y me iba de concierto hasta tres y cuatro noches seguidas… De toda aquella generación solo triunfaron Los Ronaldos, y quizá también se recuerde como grupos de culto (qué mal suena eso) a Surfin’ Bichos y Los Enemigos. Pero había muchos más…

1-XI-86. Mermelada, uno de mis favoritos de siempre, rocanroleros en tierra de nadie y todavía en activo como J. Teixi Band

Potros y Sex Museum en Rock Club19-XII-1987. Los Potros y Sex Museum teloneando a un olvidado grupo garagero… ¡qué revoltosa era entonces la militancia mod!

Teloneros en Rock Club9-III-1988. Cardiacos, La Coartada, Deicidas y Los Flechazos se juntaron en un proyecto colectivo en el que casi todos eran leoneses

Pantano Boas en San Mateo16-IV-1988. The Pantano Boas, ruidistas con estética de Arizona… aunque vinieran de Barcelona

Fiesta Rock de Lux27-IV-1988. Qué buenos eran BB Sin Sed y qué juergas se corrían Los Enemigos y Siniestro Total compartiendo camerino… ¿sería esa noche cuando Julián Hernández abandonó la batería?

Festival en el Rockodromo29-IV-1988. Otro surtido por si ese abril alguien no había tenido suficiente… Los Elegantes eran de los mejores en directo, La Granja irrumpieron con fuerza desde Mallorca, y de Huesca llegaron los Mestizos con su célebre frase “los chicos de provincias somos así”

La Frontera en el Pabellón8-V-1988. Este año empezaron a cobrar un precio simbólico para este tipo de conciertos en San Isidro, que dejaron de ser gratuitos por culpa de la tantas veces recordada trifulca entre fans de Obús y La Polla Records

11-V-1989. Estos Mercenarios tocaban el rock más bestia de Sevilla cuando acompañaban a Dogo, pero se ponían solemnes si se juntaban con Silvio

Entradas del AgapoGaritos y Pubs. El Agapo fue sin duda el sitio más enano de todos los que programaban conciertos… y el más auténtico. Ya'stá y Siroco también molaban, sobre todo para ver a gente guapa como los Flying Gallardos, que luego se reconvirtieron en Red House 

Qué buenas sensaciones revivo con estos simples trozos de papel y algunos nombres que llevan impresos: La Herencia de los Munster, Rock Club, Sala Universal, San Mateo 6, Rockódromo… Algunas de estas van timbradas con avanzadas técnicas anti-falsificación, como en los eventos de postín, otras más bien son fotocopias cutres de bar de Malasaña. A veces compradas por anticipado en Discoplay, a veces gorroneadas en concursos radiofónicos, algunas obtenidas en taquilla tras interminables colas, otras en ventanillas semidesérticas…

Ansia (Mini LP, 1987), lo que sonó ahí arriba

No voy a decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero… ¡detesto tanto las entradas de cajero automático! Odio pasar por el aro de esas multinacionales de la venta de tickets y su abusivo impuesto revolucionario, llámese gastos de distribución. Miren que yo me ofrezco a ir en persona a retirar la entrada, pero aún así insisten en cobrarme la dichosa distribución… ¡panda de chorizos!