De cuando Rod Stewart abandonó las islas

Domingo, 14 de marzo de 2010.-
Hay que reconocer que durante la primera mitad de los 70, el bueno de Rod se esforzó en ser un roquero de verdad. Se esforzó en ser el cantante de los Faces, aunque quizá no lo suficiente… una rockstar a veces se siente incómoda dentro de un grupo. Se esforzó en ser un solista de rock con glamour, pero pronto demostró que el glamour le importaba bastante más que el rock. Se esforzó en ser un buen british, pero este londinense de ancestros escoceses se volvió loco cuando sintió la llamada de América. Un contrato millonario con la Warner tuvo la culpa.

Justo antes de hacer su “Atlantic Crossing”, Rod cierra su etapa en el sello Mercury con un último disco europeo que tiene claro sabor a despedida. Adiós a la lluvia y al frío de las islas, pronto llegará el momento de codearse ligero de ropa con el star system californiano… pero antes, una última mandolina.

Qué majo… dice que se marcha para convertirse en una estrella, se despide de su gente y dice que quizá les llame desde Roma o París si se acuerda. Smiler es el nombre de este buen disco que alterna de forma desordenada canciones lentas con rocanrolazos. Entre las primeras tenemos una de Carole King, otra de Paul y Linda McCartney y otra de Dylan (You Make Me Feel, Mine For Me y Girl From The North Country). Hay un medley a medio tiempo de Sam Cooke (cómo no) y ya a toda velocidad van las versiones de Elton John y Chuck Berry (Let Me Be Your Car y Sweet Little Rock’n’Roller). El repertorio se completa con varias composiciones de Rod, entre ellas la mencionada Farewell y dos más a medias con su compinche Ron Wood.

Rod Stewart - SmilerSmiler (1974), último disco europeo con una foto
bien hortera de Rod sobre tela escocesa.
El siguiente disco, Atlantic Crossing (1975),
refleja el momento de cruzar el charco
y adaptarse al american way of life
Rod Stewart - Atlantic Crossing

La buena onda que contagia Smiler queda muy bien plasmada en la divertida foto interior. Es una especie de brindis multitudinario en el que la familia al completo desea suerte al cantante que se marcha a hacer las Américas en plan folklórica. Aquí está.

Smiler - interior carpeta

Así de enano se ve en la reciente edición en CD que me compré; ni me imagino cómo sería esta misma imagen al tamaño del vinilo original. Es un fastidio esto de los libretos interiores en miniatura, pero, lupa en mano, no me resisto a entrar al detalle de quiénes eran los seres queridos de Rod Stewart en 1974. Lo mejor será ampliar el cuadro y repasar los personajes uno a uno.

Empezando por la izquierda, con una buena pinta de cerveza en sus manos, el violinista Dick Powell y a su lado la publicista Sally Croft, de la que pone entre paréntesis: “one gin & tonic and she’s over”. A continuación Rick Gretch, que también le da al violín y a las pintas, después un ingeniero con camiseta de rayas horizontales y, al fondo, un tal Tony Powell, al que pidieron que no se pusiera en la foto, y a su lado otro intruso sin identificar.

Foto de familia - detalle 1

Entre los dos graciosillos del fondo, un calvo muy serio al que identifican como Martin Quittenton, guitarra acústica y coautor de Farewell (en otros discos también colaboró con Rod en la composición de Maggie May y You Wear It Well, nada menos). Justo debajo del calvo Quittenton tenemos a una chica con falda azul llamada Shirley Arnold, la secretaria de los Faces. Y junto a ella nos encontramos al primer famoso de verdad, pero mejor continuamos el repaso visual en el bloque de debajo.

Esa parte central repleta de celebridades arranca con Kenny Jones, que es el rubio de la camisa blanca. Entonces era batería de los Faces, antes lo fue de Small Faces y más tarde los sería de los Who. Junto a él aparecen el pianista Pete Sears y su novia, y sobre ellos, empinando jarra, el percusionista Ray Cooper… hasta que por fin llegamos al hombre del traje rojo, amigo de sus amigos, animador de todas las fiestas… ¡el gran Ron Wood!

Foto de familia - detalle 2

Se preguntarán por qué Ronnie está tan contento, y es porque los que están a su lado son su padre y su madre… ¡ahí los tienen, Mr. & Miss Wood! Y el alto que hay detrás, según la nota que hay al pie, es el chófer de la familia. Si seguimos por la zona del doblez del cuadernillo encontramos arriba del todo al cuñado de Rod. Su cara está tapada por una rubia, que ese día era novia de Ian McLagan, teclista de los Faces y enamoradizo compulsivo. Eso dice sobre él el propio Rod, que aparece en cuclillas junto a una maleta que contiene a los Memphis Horns… los instrumentos, que los músicos ya habrían volado de Londres.

Al lado de McLagan, el de barba y corbata es el bajista Spike Heatley, y junto a él, con gorro escocés, un tal Don Stewart, uno de los hermanos mayores del anfitrión… Aclaración: Rod fue el más pequeño de sus cinco hermanos y el único que nació en Inglaterra. El negro con el pelucón afro es un cantante llamado Rube, y tras él están Cyril Barnes, su hijo John y una amiga pelirroja, que igual ni Rod sabría quiénes eran.

Foto de familia - detalle 3

A los que seguro que Rod conoce muy bien es a los dos señores calvos que parecen hermanos. Pues sí, son hermanos, en concreto papá Robert Stewart y Tío Dick, muy escoceses ellos. El final de la foto se completa con un extraño que sostiene una carpeta, seis negros que formaban la Tropic Isle Steel Band y dos chicas que fueron coristas en el disco, Irene y Doreen. Agachado, el batería Micky Waller sujeta a Zak, el perrazo que ladra en Sweet Little Rock’n’Roller. Por último, tras uno de los cristales se ve a un aparecido cuya identidad bien podría ser digna de análisis en la Nave del Misterio de Iker Jiménez.

Termino con una anécdota que vi en Wikipedia… es tan buena que no me resisto a plagiarla. Se cuenta que a Chuck Berry le hicieron escuchar durante una entrevista esta versión de su Sweet Little Rock’n’Roller y cuando le aclararon quién era el cantante exclamó: “¿Es un chico blanco…? ¡No me jodas!”. Podrán comprender la reacción del abuelo Chuck si escuchan esta captura de un salvaje ensayo de más o menos esa época.

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Tragedias del rocanrol vol. I: Sam Cooke

Martes, 9 de marzo de 2010.-
Me quedé con mal sabor de boca al relacionar a Sam Cooke con un horrible programa de televisión. Que quede claro que Sam es uno de los grandes y, pese a su corta carrera, ha influido en muchos de los grandes. Y puestos a ubicar sus canciones en el mundo audiovisual, mejor recordarlo por una escena famosa de la historia del cine.

Aunque no sea la versión de Sam Cooke, impresiona ver cómo su canción anima a bailar incluso a quien lo tiene prohibido. Y pese a deber su fama a este tipo de canciones, no era tan solo un baladista. Aquí va un buen ejemplo de otro de sus temas favoritos: la juerga nocturna.

Volviendo a Único Testigo, la peli da en el clavo cuando la mojigata se derrite al escuchar al hombretón susurrando Wonderful World, porque la propia biografía de Sam Cooke está marcada por una religión familiar opresiva. Era hijo de un predicador y se inició cantando en la iglesia, así que su decisión de abrirse camino en el mundo del espectáculo debió de estar envuelta en tremendos sentimientos de culpa. Tuvo que disimular su verdadero nombre (se llamaba en realidad Samuel L. Cook, sin “e” final) y siguió adelante con su carrera artística cargando para siempre con el estigma. En muchas de sus interpretaciones no puede disimular su pasado gospel. Esta es una de las últimas versiones que hizo, en la que dio un toque evangélico a un éxito de un joven cantautor… quizá Sam Cooke fuera el responsable de que esta canción se convirtiera en un hit de las misas postconciliares.

Sam murió a finales de 1964, pero ya le había dado tiempo a fijarse en el paliducho Dylan, que acababa de darse a conocer con un par de años de intenso éxito. Tampoco pudo disfrutar demasiado de la explosión del soul de mediados de los 60. Figuras del sello Atlantic como Solomon Burke, Joe Tex, Wilson Pickett, Sam & Dave, y sobre todo Otis Redding alcanzaban el estrellato y, aunque Sam Cooke ya no estaba allí para verlo, su nombre quedó asociado a ellos por sus cinco singles póstumos publicados en 1965, entre ellos Shake, que con el tiempo sería uno de los himnos mod por excelencia. Este fue el recopilatorio con el que descubrí sus canciones más conocidas.

Sam Cooke - The Man And His MusicThe Man And His Music (1986)

En realidad, por las fechas en que se desarrolló su carrera (debutó en 1957 poniendo You Send Me directamente en el número 1) Sam Cooke pertenece más bien al grupo de grandes nombres de pioneros del soul como Ray Charles y James Brown, tras los que aparece una larga lista de ilustres adelantados a la época dorada del género como Rufus Thomas, Don Covay, Ben E. King y toda la saga Coasters y Drifters. Todos los grupos de la invasión británica de 1964 veneraban a la aristocracia de la música negra, y Cooke fue un tipo especialmente apreciado por los roqueros ingleses. Éxitos suyos como Good Times, Having A Party y Bring It On Home To Me conocieron versiones de gente como The Rolling Stones, Small Faces, The Animals… y mucho más recientemente la alucinada de Amy Winehouse se lució con una sorprendente revisión reggae de Cupid. Pero por encima de todos, el fan número 1 de Cooke es Rod Stewart, que imitó su forma de cantar y raro es el disco suyo que no lleva una de Sam.

Está claro que era un autor luminoso y vital, pero su repertorio tiene el regusto triste de su prematura muerte. Sabemos que fue tiroteado en diciembre de 1964, y se han contado tantas versiones sobre lo ocurrido que es difícil saber cuál de ellas es la verdadera. Puede que se amañara la historia oficial por culpa del racismo que imperaba entonces en EEUU, pero con motivo del 25 aniversario del suceso empezó a difundirse una escena final digna de TV movie. Sam Cooke acababa de ofrecer un gala triunfal en Los Ángeles y tuvo a bien celebrarlo con una apetecible groupie blanca. La invitó a subir a una habitación de un motel. No sabía nuestro galán que la joven era la típica putilla que desvalija a sus conquistas mientras se duchan, así que ahí tenemos al bueno de Sam ataviado con una toalla de baño (o quizá ni eso, vaya usted a saber) persiguiendo por los pasillos del motel a una chica blanca. Imagínense lo que pudo pensar la recepcionista… fue ver al negrazo tras la indefensa blanca, sacar el arma de fuego que todo estadounidense que trabaja en atención al público tiene debajo del mostrador… y usarla a discreción. ¿Qué podía hacer? No tenía otra opción, cómo después corroboró el jurado que la absolvió por homicidio justificado. Eran otros tiempos.

Descanse en paz Sam Cooke, tristemente asesinado durante su último Twisting The Night Away.

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Miércoles, 20 de enero de 2010.-
Agradecido a los amigos que van aportando comentarios, recojo aquí algunas de sus sugerencias. A Darío, como siempre tan original, se le ocurrió relacionar a Jagger con las increíbles pintas de Sergio y Estíbaliz en su inolvidable incursión en la música disco. Esto hay que comprobarlo inmediatamente.

Bien, bien, bien… el atuendo y el maquillaje rebasa el límite de lo hortera de los 70, pero lo del bailecito final con Billy Preston me deja completamente noqueado. Supongo que en aquel momento estaba muy de moda el gay-power y Jagger, que era uno de sus iconos, aprovechaba la mínima oportunidad para mariconear un poco. Y ya puestos a desbarrar, me imagino al dúo Beans uniéndose al baile… ¡pobre Estíbaliz!

Beans (1980), el disco maldito de Sergio y Estíbaliz

Miguel insiste en pasarme grupos de ahora, de los que tan desconectado estoy. Uno de ellos es un nuevo proyecto de un guitarrista no tan nuevo, Santi Campillo. Después de regañar con sus compañeros de M-Clan por “traicionar” las raíces setenteras, lo intentó en solitario, con Miguel Bañón en el grupo Los Lunáticos, como dúo Campillo & Bañón en plan blues acústico, acompañando a los Marañones y a Carlos Segarra… Ahora ha montado un grupo que se llama como él, Campillo, y que suena como M-Clan cuando estaba él. Además, para fastidiar, ha encontrado a un tío que canta como Tarque, pero con barba.

Vale, suena como M-Clan pero no es lo mismo, aunque habrá algún purista rencoroso que lo prefiera. No sean malos, tampoco es que fueran tan traidores…

Aunque para admiradoras de M-Clan, mi amiga Kika, que últimamente anda algo colgada del negro guapo de la voz dulce.

Precioso… si conseguimos abstraernos de la referencia a Corazón, corazón. ¡Qué triste tener que acordarnos del gran Sam Cooke por la sintonía del apestoso programa de cotilleos! Es una lástima, pero los cochambrosos gustos musicales que circulan por España degradan todo lo que tocan. Y si no se lo creen, vean esto.