Aquellos maravillosos 90: discos de Pearl Jam y conciertos de RATM

Sábado, 26 de abril de 2014.-
El revival que estamos viviendo este mes con respecto al fenómeno Nirvana y su conexión con los programas de radio de Paco Pérez Bryan ha traído consigo muchas reminiscencias felices del rock de los 90. Éramos más jóvenes, teníamos más pasta, currábamos e incluso era posible cambiar de curro… o sea, que podíamos comprar discos y entradas de conciertos con bastante desinhibición. A veces incluso nos apuntábamos sin mayor problema a festivales de tres días fuera de nuestra ciudad. Todos estos bellos recuerdos iban aflorando según Paco desempolvaba viejos éxitos de los 90 para su Especial Nirvana 20 años. Sonaron docenas de clásicos de De 4 a 3, entre ellos este.

Ahí los tienen, siempre tan puristas y tan centrados en la música, renunciando al culto a la propia imagen y reivindicando una cosa ya entonces tan antigua como los discos de vinilo. Para mí que por ese año de 1994 la batalla del vinilo estaba ya del todo perdida.

En toda esa efervescencia roquera cuyo epicentro mundial se localizaba en Seattle, nadie discutía que Pearl Jam ostentaba el segundo puesto en el escalafón. La competencia con la otra gran banda de la ciudad no era excluyente, se podía ser fan de las dos, así que en De 4 a 3 también se reflejaba una gran pasión por Eddie Vedder y sus chicos. Cada nuevo disco se recibió como un gran acontecimiento, se organizaron viajes a festivales e incluso, como las compañías manejaban presupuesto, algún oyente ganó un par de pasajes para una fiesta de presentación en las antípodas. La fiebre por el grupo llevaba varios años creciendo y alcanzó uno de sus puntos álgidos con el lanzamiento de este tercer álbum.

Pearl Jam - VitalogyVitalogy (1994)

A veces pienso que el rock de los 90 fue el esplendoroso capítulo final de la historia del rocanrol, la última vuelta de tuerca. No le dimos demasiada importancia en su momento, pero vaya, hay que reconocer que ha resistido bien el paso del tiempo. Me doy cuenta cuando me veo obligado a impartir ante mis hijos alguna lección de viejo roquero. La mayoría de las cosas hay que explicarlas: que si esto fue revolucionario en su momento, que si tal grabación tiene el sonido típico de la época, que si en nosequé periodo los discos en directo sonaban fatal… y todo un repertorio de frases por el estilo. En cambio, el rock de los 90 se explica por sí mismo: suena como un cañón. Los avances técnicos de la grabación digital permitían subir y subir el volumen para que toda esa energía pudiera aplastarte de forma limpia y clara, directa a las vísceras.

Lo recuerdo como una época muy divertida, llena de abundancia y exceso: nuevos grupos que pasaban directamente a ser de masas, discográficas volcándose en grandes despliegues promocionales, diseños de carpetas a todo lujo, presupuesto ilimitado para videoclips. A los de mi generación quizá nos pilló un poco mayores, pero nos apuntamos con entusiasmo, quizá agarrándonos al clavo ardiendo de una juventud que ya se empezaba a escapar. Recuerdo la imagen patética de algún amigo en el Festimad disfrazado con perilla y pantalón corto para alternar con quinceañeros. Por dios, qué pintas. Aunque no tenga mucho que ver, se me viene a la cabeza un disco autoparódico de Doctor Explosión, cuyo título consiguió plasmar a la perfección el espíritu del momento.

Doctor Explosión - Aquellos maravillosos 90Ya en 1996 los Explosión imaginaron cómo sería
el revival de los 90 desde un geriátrico

Ya que salió a relucir el Festimad, aquello sí que fue grande. En las primeras ediciones pudimos ver a todas las bandas punteras del momento, pero sobre todo se me viene a la cabeza Rage Against The Machine. Mis recuerdos van asociados a una camiseta de exaltación del indigenismo y de la revolución zapatista que me compré en la Sala Revolver, en un pase para la prensa al que nos conseguimos colar. La he conservado hasta hace bien poco, pero un día me la encontré reciclada como trapo para limpiar los cristales… triste final para esas figuras aztecas sagradas que salían en el estampado. Bueno, en Revolver los pude ver bien de cerca, pero a la noche siguiente como cabezas de cartel del festival de Móstoles era mejor no acercarse demasiado, que había miles de fans rabiosos contra la máquina incluso subidos en los árboles.

Esto era de su primer disco, que la gente se sabía de memoria. Tan de memoria, que todo el público se empeñó en demostrar a Zack de la Rocha cuál era la traducción al castellano bruto de “And now you do what they told ya”, la frase que se repite mil veces al final de Killing in the Name. El tipo no daba crédito. Bueno, en realidad estaban presentando este segundo disco, pero no habíamos tenido demasiado margen para oírlo.

Rage Against The Machine - Evil EmpireEvil Empire (1996)

Otro de los asuntos con los que relaciono la época es el enorme desarrollo que experimentó la industria del videoclip. Se hacían auténticas virguerías sin límite de gasto. Los realizadores del gremio llegaron a estar cotizadísimos y eran frecuentes los trasvases de talento con otras áreas del audiovisual. Además, la hinchada estaba muy pendiente de todo lo que se hacía. Como casi no había internet ni tráfico de archivos de vídeo, la opción estaba entre comprar el soporte original o cazar los clips al vuelo en programas de la tele. Menudas recopilaciones en VHS que nos montábamos algunos… El vídeo de Pearl Jam que puse arriba era uno de mis favoritos, pero por lo que he comprobado ahora no era un clip oficial de la banda, debió de ser más bien un apaño de su discográfica en España. Como el grupo era tan reacio a promocionar su imagen, salieron del paso con esa especie de karaoke en el que se intercalaba la letra de la canción con imágenes de conciertos suyos escogidas al azar y montadas de forma trepidante. Un concepto gráfico bien chulo que curiosamente coincidía con el estilo de otro clip posterior de Rage Against The Machine. Este sí era oficial, aunque aquí las letras iban mucho más deprisa porque, claro, había que aprovechar el tiempo para suministrar una buena ración de propaganda política.

En fin, para facilitarles la digestión de tanta injusticia universal comprimida, les dejo con un bonus track algo más ligero. Aquí debajo pueden encontrar algo relacionado con otro de los grupos que solía no faltar ninguna tarde en De 4 a 3.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “The Black Crowes, el penúltimo grupo de los 70”, que fue publicado originalmente el miércoles 24 de marzo de 2010.

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Costas II: El regreso

Domingo, 17 de junio de 2012.-
Este año me salté la reseña sobre los discos que trajeron los Reyes Magos, tanto que se me van a juntar con las compras del segundo semestre. Como tampoco hay que ser demasiado estricto con las fechas, paso a repasar con varios meses de retraso algunas adquisiciones, empezando por esta:

Confieso que fui un gran fan de Siniestro Total, pero hace ya tiempo que seguir su trayectoria me produce cierta fatiga. Escucho cada nuevo disco con una sonrisa condescendiente y, según termino de oírlos, los coloco en su estantería y pasan al olvido. De hecho ni siquiera me compré los tres últimos, me conformé con las copias cutrillas que me pasan los amigos. También me he acercado a alguno de sus conciertos y los veo con agrado, pero no puedo compartir el entusiasmo del núcleo duro galleguista que jalea cada ocurrencia de Julián Hernandez. No entiendo cómo ha podido ocurrirme esto, ¡si a mí siempre me gustaron más las canciones de Hernández que las de Costas!

Tras Made in Japan (1993) Costas se fue de Siniestro…

Cuando Miguel Costas fue desterrado del grupo en 1994 me pareció una gran injusticia. Recuerdo que su marcha de Siniestro fue un poco rara, diría que a la francesa. Muchos nos enteramos echándole en falta sobre el escenario en los conciertos de presentación de Made in Japan. En concreto a mí me ocurrió en la Sala Revolver. Arrancó el grupo enlazando tres o cuatro canciones del maestro Frank Zappa, fallecido unos días antes… y Costas que no salía. Durante todo el concierto, la gente interumpía los silencios entre canción y canción con gritos del estilo: “¿Julián, dónde está Costas?”… y el habitualmente locuaz Julián Hernández que no contestaba nada.

luego formó Los Feliz y publicó Aleluya (1997)

Se echaba mucho de menos a Miguel Costas y hubo gran expectación por estar al tanto de las andanzas de Los Feliz, su siguiente proyecto. Tardaron tres o cuatro años en publicar su primer disco, lo que explica que lo titularan Aleluya. Fui corriendo a hacerme con él y, salvo un par de canciones pasables, me llevé tal chasco que ya ni me interesé por los siguientes que publicaron. Así que no volví a cruzarme con Costas hasta 2008.

Condenados a Costas (2008)

Tampoco es que Condenados a Costas sea una obra maestra, sino más bien el afortunado reencuentro con un viejo amigo después de casi diez años sin saber de él. Y sobre todo sorprende que un señor tan mayor se siga moviendo con impunidad por los territorios del gamberrismo adolescente. Lejos de avergonzarse de sus rimas infantiloides, va y las imprime en camisetas.

Lo que sí demostró Condenados a Costas es que el problema de los actuales Siniestro Total ya viene de atrás y es bien sencillo: les falta Costas. Lo que era demoledor en Siniestro era la sucesión de ocurrencias de Costas y Hernández una detrás de otra: chorradas, simplezas, ironías, groserías… sin embargo, una sesión monográfica de chistes de Hernández termina resultando insufrible. No me cansaré de repetirlo: Siniestro Total era mucho mejor cuando estaba Costas.

Costas is Back (2011)

Y por fin llegamos a Costas is Back, el disco que provocó esta absurda reflexión. En este segundo trabajo publicado bajo su propio nombre, Miguel Costas repasa lo mejor de su repertorio, ya fuera conocido por aparecer en discos de Siniestro, Los Feliz, Aerolíneas Federales o por su anterior entrega en solitario, y para ello reúne a famosos y famosetes sin criterio alguno, como si quisiera volver a lo grande en una gira multitudinaria en plazas de toros al estilo Hombres G. El elenco de invitados es un auténtico disparate, desde roqueros pata negra como Rosendo y Johnny Burning a ñoñas triunfitas como Vega y Edurne. Y sí, a pesar de la incómoda presencia de gente como David Summers, Álvaro Pignoise y Bimba Bosé, el cancionero de Costas sobrevive inexplicablemente a tan inverosímiles duetos y puede calificarse en su conjunto como un gran disco.

Precisamente sobre esta canción mantuve hace poco una interesante conversación con un ilustre filólogo. A mí siempre me fascinó Assumpta, que se encuentra entre las escasas canciones que consiguen narrar una historia completa en tres estrofas, con su planteamiento-nudo-desenlace reglamentario. Partiendo de la información mínima imprescindible (chico vigués conoce chica barcelonesa y quedan en Pamplona) vamos conociendo a toda velocidad un apasionado romance con divertidas pinceladas de comedia y trágico final.

Planteaba yo al experto si podríamos obtener un microrrelato con su doble erre como mandan los cánones reduciendo la letra a estos tres versos:

“Aunque tenía michelines, la llevé a los Sanfermines.
Delante del toro corría y ella mucho se reía,
pero una mala cornada, la dejó allí tirada” 

Y el amigo filólogo concluyó: exquisito. Me explica que, no existiendo reglas estrictas de concreción, un buen microrrelato no se mide por su número de palabras, sino por las ganas de releerlo que despierta. Reconoce que “no hago más que leerlo una y otra vez y cada una de ellas quedo más perplejo” . Dice que encuentra muy innovadora su rima interna y que nunca habría imaginado que pudieran escribirse microrrelatos en verso. Cuánta sabiduría… muchas gracias por su lección, Steven Silga.