3 canciones de Rainbow (I): I Surrender

Domingo, 20 de febrero de 2011.-
Hay un montón de clásicos del heavy rock que nunca me compré porque sonaban a todas horas por la radio. Por ejemplo este instrumental podía escucharse a diario, pues uno de los agitadores de la radio heavy (Mariano García, que todavía anda zascandileando por ahí) lo eligió como sintonía para uno de sus programas, posiblemente Disco Cross.

Me volvió a la cabeza este Difficult To Cure porque los profesores de música en los colegios insisten en que los niños aprendan a tocar con la flauta el Himno a la alegría. En cuanto un joven flautista se arranca con la melodía más famosa de la Novena Sinfonía de Beethoven es inevitable que alguien diga: “pues Miguel Ríos hizo una versión muy bonita a ritmo de rock”. No sé por qué, la frasecita me provocó unas ganas irrefrenables de conseguir este disco de Rainbow.

Difficult To Cure (1981)

En pocos días ya lo tenía en mi poder y por fin mis niños pudieron aprender la lección definitiva del maestro Blackmore sobre cómo combinar rock con música clásica. De paso, el disco me trajo unos recuerdos muy gratos, pues pertenece justo a la época en que empecé a interesarme por el rocanrol. Era el momento de la explosión del nuevo heavy británico, y muchas glorias del hard rock de los 70 se estaban viendo obligadas a reconvertirse. Ritchie Blackmore decidió aligerar un poco el sonido de sus Rainbow y se centró en grabar canciones más asequibles, al gusto americano. Como el mercado USA se resistía, dicen que Blackmore llegó a obsesionarse con parecerse a Journey, ForeignerStyxREO Speedwagon y similares, los que más éxito tenían en las listas yanquis. Este bandazo estilístico no gustó nada al demoniaco cantante Ronnie James Dio, que huyó despavorido dejando paso al más joven y guapete Joe Lynn Turner. Por medio hubo un disco de transición con Graham Bonnet al micro y gafas de sol, pero esa es otra historia.

A lo que iba. Esta nueva escucha de Difficult To Cure ha refrescado en mi cabeza una tremenda canción que tenía prácticamente olvidada. La escribió el guitarrista Russ Ballard, viejo colega de los Rainbow de cuando militaba en Argent, pero el toque mágico de Blackmore hizo maravillas con ella. No puedo dejar de oírla, creo que tiene uno de los arranques más increíbles de la historia del rocanrol. Son unos diez segundos iniciales apabullantes que se interrumpen con el grito del título de la canción. No hay más remedio que rendirse.