Sentimiento rojiblanco (Leiva y Rubén)

Jueves, 5 de junio de 2014.-
De vez en cuando en este blog se cuela algún apunte futbolístico, ya saben que los del Atleti consideramos que nuestro equipo es puro rocanrol. Esta vez, sin embargo, no había manera de hincar el diente al tema… ¿cómo explicar que la mejor temporada de nuestra vida haya tenido como colofón uno de los mayores chascos de la historia del fútbol? Desde luego que el asunto no era sencillo y además, con los ánimos por los suelos, tampoco estaba claro qué banda sonora podía acompañar nuestra pena. Por casualidad esta canción vino a mi encuentro y me pareció la más apropiada, por su aire tristón y por ese estribillo que se adapta como un guante al sentimiento rojiblanco que vivimos estos días.

Los chicos de Pereza nunca ocultaron su simpatía por el Atlético, difícilmente lo podían hacer cuando uno de ellos utiliza como nombre artístico el de uno de los mejores jugadores que jamás pisó el césped del Calderón. Según cuenta, él de crío era futbolero a tope y llegó a jugar en las categorías inferiores del Atleti. Su entrenador ponía motes a los niños del equipo, en parte para motivarles y también para tenerles mejor identificados, y en el reparto de cromos a nuestro protagonista le tocó ser Leivinha. Algún tiempo después el chico cambió las botas de fútbol por la guitarra eléctrica, pero con Leiva se quedó.

Joao Leiva "Leivinha"Joao Leiva "Leivinha", campeón de Liga 1976-77

El niño Leiva todavía no había nacido cuando Leivinha llegó al Manzanares. Su fichaje fue uno de los bombazos del verano de 1975. El Atleti era entonces un equipo poderoso y el presidente Vicente Calderón decidió apostar fuerte para hacerle aún más grande, incorporando a golpe de talonario a dos estrellas del Palmeiras, titulares de la selección brasileña. Luiz Pereira era un defensa zumbón que se ganó la simpatía de la grada y nos dio años de felicidad, sin embargo el que realmente llegaba con etiqueta de jugadorazo era Leivinha, autor de la primera bicicleta que se vio en la Liga española. Hoy día cualquier idiota hace bicicletas de ocasión aunque no vengan a cuento, pero que conste que la de Leivinha es muy anterior. Pese a esos destellos de clase, el rendimiento del rubio brasileño fue más bien irregular, sobre todo por culpa de las lesiones. En su segunda temporada se ganó la Liga, pero a la hora de la verdad los goles que tenía que marcar Leivinha los acabó metiendo Rubén Cano… vaya, qué casualidad… Rubén, como la otra mitad de Pereza.

Rubén CanoRubén Cano, el imprevisto goleador del 77

Así que gracias a Rubén y a Leiva fuimos campeones de Liga en 1977. Y aunque Leivinha fuera la estrella, al final el segundo delantero acabó siendo fundamental. Así es nuestro Atleti, un buen montón de gratos recuerdos que emergen de entre toda clase de dificultades y situaciones complicadas. Cuando los otros Rubén y Leiva, los de Pereza, cantan que no quieren ser como los demás imagino una gran hermandad de gente que no se acomoda al camino fácil en cualquier faceta de la vida. En estos días chungos los del Atleti nos unimos a ese coro en el que encontramos otra posible explicación de por qué queremos tanto a este equipo.

Pereza - BairesBaires (Libro + CD + DVD, 2009)

No queremos ser como los demás es una canción rara en el repertorio de Pereza. Nunca salió una versión oficial en estudio: se anticipó una especie de grabación en maqueta en el libro-disco Baires y después ya fue presentada con honores en la grabación de Barcelona, un directo acústico sobre un precioso escenario ajardinado que se publicó en DVD, justo al que pertenece la toma que sale en el vídeo del principio. La canción es tan reconocible que imaginaba que podría ser una versión o un plagio, pero nunca terminé de encajar a qué me recordaba la melodía. A lo mejor es simplemente que me retrotrae a una canción muy parecida de los Kinks, que habla de lo mismo y tiene el mismo aire tristón.

Nuestro archivero Adelardo, que también se encuentra muy afectado, desempolva hoy la necrológica dedicada a uno de los grandes de la mitología rojiblanca. Pensábamos que Arteche y Luis Aragonés nos ayudarían desde ahí arriba a ser campeones de Europa, pero era pedirles demasiado, quizá sean mártires rojiblancos más que santos milagreros. Sepan que el de Arteche fue el único texto en la historia de este blog al que no se añadió ninguna canción, un post silencioso en señal de duelo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Arteche”, que fue publicado originalmente el sábado 16 de octubre de 2010.

 

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Algunos roqueros poco correctos

Miércoles, 17 de octubre de 2012.-
Repasando los discos que han ido cayendo en mis manos en los últimos meses, compruebo que siempre acabo refugiándome en las mismas viejas glorias del rock nacional. Aparte del delirante disco de duetos de Miguel Costas, del que ya les hablé, también he podido escuchar la penúltima entrega cultureta de Loquillo, el eterno retorno de La Frontera (Rivas Creek), los discos en solitario de las dos mitades de Pereza y, con varios años de retraso, uno de Joaquín Sabina que me había perdido. Reconozco que enganché este Vinagre y rosas impresionado por un videoclip en el que precisamente colaboraban Leiva y Rubén Pozo con su gracejo habitual.

Vi Tiramisú de limón por casualidad en uno de esos canales de emiten a todas horas vídeos musicales sin criterio alguno. Me gustó tanto que tuve que ir a buscar un Vinagre y rosas ya en el cajón de las rebajas. Pese a lo mucho que me gusta Joaquín, a veces me salto alguno de sus discos por el mosqueo que me producen sus desbarres de intelectual comprometido. Se me hace duro soportar sus lecciones de ortodoxia política, sobre todo por esa desagradable sensación que transmite de ir siempre a favor de corriente. Siempre dispuesto a halagar al público ya ganado de antemano, siempre proclive a regalar los oídos de la Kirschner de turno si con eso puede vender un puñado más de discos al votante peronista… En fin, no seguiré por esos terrenos escabrosos porque luego escucho algo tan bueno como Tiramisú de limón y no tengo más remedio que rendirme. El sr. Sabina es uno de los más grandes escribidores de canciones y no sería justo juzgarle por otras facetas en las que quizá no sea tan brillante.

Vinagre y rosas (2009)

Así que, dejando aparte esos pequeños detalles en la vida del artista, el disco está muy bien y el detalle de cantar con Rubén y Leiva quedó muy chulo. Y como con estos sí que simpatizo últimamente, conseguí sus discos en solitario en cuanto salieron. Uno me gustó y el otro no tanto… prefiero no entrar en detalles.

¿Sumando las mejores canciones de estos dos discos saldría uno bueno de Pereza?

Por cierto, que a estos chicos les encanta salir de invitados en los videoclips de otros. Hace poco les vi en uno de Alejo Stivel cantando una de Burning… pero no era mi intención hablarles ahora de alguien tan en la órbita progresista, sino de todo lo contrario. Resulta que Loquillo lleva ya tanto tiempo enfadado con el mundo que últimamente anda frecuentando compañías nada recomendables. En su afán por desmarcarse del clan cultural que medró con el anterior gobierno, se deja entrevistar por los más odiados ogros de la caverna mediática y, lo que es peor, se le nota cómodo. Dentro de poco va a publicar un disco entero con Sabino Méndez, que hace ya tiempo va de columnista en prensa conservadora… pero nada como el despropósito del disco anterior. Su nombre era el de todas las mujeres estaba íntegramente dedicado a un poeta de derechas, un escándalo de tal calibre que algunos fans de toda la vida renegaron del Loco y quemaron su discografía completa… ¡Pero qué se habrá creído este tío! ¿Es que nadie le explicó lo del cordón sanitario?

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Mariscal Romero, el primer indignado”, que fue publicado originalmente el sábado 27 de agosto de 2011.

Hubo un Skywalker en Buenas Noches Rose

Domingo, 10 de octubre de 2010
Tras la euforia de los 80 sobrevino una terrible resaca: cuando empezaron los 90 parecía que el rock español estaba totalmente echado a perder. No salían grupos nuevos y los veteranos sobrevivían a duras penas. De pronto surgió la fiebre de los Festivales y sólo importaba la pinta y la actitud. Total, como pasábamos el tiempo caminando entre el Escenario Grande, el Escenario Pequeño y el Escenario Mediano, no había quien distinguiera las canciones entre el estruendo. Por un lado, solían tocar algunos sosainas del lamentable movimiento indie: siempre ensimismados con su pose de artista, mirándose al ombligo e incluso tocando de espaldas al público. Y cantando en un inglés infumable. En el otro extremo, una especie de rap metal indefinible que resultaba de mezclar Red Hot Chili Peppers en la batidora con todo tipo de extraños ingredientes a capricho de cada cual. Estos sí cantaban en castellano, pero casi indescifrable.

Afortunadamente, una minoría decidió apostar por el rock y trabajarse el circuito de salas desde abajo, como se había hecho toda la vida. Recuerdo a unos cuantos luchadores como Sobrinus, La VacazulCool Jerks, Flying Rebollos, Platero y Tú, Marañones, M-Clan, Doctor Explosión, Babylon Chat… con mención especial para Buenas Noches Rose.

Confieso que me vino este grupo a la mente tras cierto empacho de Star Wars. A vueltas con Luke y Anakin Skywalker, recordé a Jordi Skywalker. Era una especie de alucinado, un cantante de los que llena el escenario él solito como casi nunca ocurre en el rock español. Estaba en una onda distinta al grupo; no componía, pero dibujaba cómics lisérgicos para las portadas y carteles, y sobre todo aportaba su salvaje puesta en escena. Recuerdo que en cierto Festimad, allá por Móstoles, el gran Jordi obró el milagro: consiguió que nos quedáramos quietos en el rincón del recinto donde estaban tocando los Rose. Era una especie de miniescenario situado sobre un montículo de fatigoso acceso. Llegamos de forma cansina casi por casualidad, y el tío nos cautivó con sus extraños movimientos de encantador de serpientes.

Buenas Noches Rose (1995), el primer disco

Buenas Noches Rose funcionaba como un tiro. Sus dos primeros discos eran vibrantes y, justo cuando empezaban a asomar la cabeza, Jordi abandonó el grupo. No sé muy bien qué pasó, pero se dijo que le dio una especie de ataque de hippismo. No quería ser profesional de la música, quería ser nómada, recorrer el mundo con su chica y tener montones de hijos. Sin él, publicaron un excelente tercer disco (La estación seca, 1999). Se repartieron la tarea de cantar, pero sin Jordi no era lo mismo y cada uno acabó tirando por su propio camino. El guitarra del canal izquierdo, Alfa Fernández, fundó Le Punk, mientras que Rubén Pozo, el guitarra del canal derecho, fue el que encontró la clave del éxito con Pereza, grupo en el que acabó también Roberto Aracil, batería de los Rose. Pero esa es ya otra historia (otras historias).

La portada del primer single (Sentado en el barro, 1996), con Jordi dando la cara y los demás en segundo plano

Ahora se habla de un posible homenaje a Buenas Noches Rose y, al cabo de diez años, aparece un disco solista de Jordi Skywalker cuando ya nadie lo esperaba. Ahora va de ecologista radical, se desplaza en burro y se alimenta exclusivamente de productos de agricultura biológica. No sé si me atreveré a oírlo, no puedo evitar imaginarlo como una mezcla de Manu Chao con Marco Rossi. De momento, prefiero quedarme con el recuerdo de los tiempos gloriosos del Siroco.