Póngame cuarto y mitad de Crazy Horse

Domingo, 12 de mayo de 2013.-
Hace tiempo se creó en este blog una psedosección sobre canciones que duraban un cuarto de hora. Era una excusa nada disimulada para poner canciones largas de Neil Young y de otros, pero sobre todo de Neil Young. El canadiense lleva toda su carrera practicando este deporte, pero está batiendo todos sus récords ahora que compite en categoría de veteranos. La primera canción de su nuevo disco nunca podría haber figurado en esa sección, pues su extensión es de casi el doble que el cuarto de hora acordado. Reconozco que, para empezar un CD, esos 27 minutos y medio de Driftin’ Back fueron un poco fatigosos… “menudo ladrillo de disco que se han marcado”, pensé. Menos mal que la segunda pista, precisamente la que da título al álbum, era algo mucho más parecida a lo que antiguamente se llamaba “single”.

Manejé una copia en mp3 para una primera escucha, pues las novedades de Neil Young suelen salir a la venta a un precio prohibitivo, y esperé a que El Corte Inglés pusiera su quincena del 3 x 2 para ir comprarlo. Comprenderán que disparos tan directos como este Psychedelic Pill fueron los que me hicieron cambiar por completo de opinión: “esto es ya otra cosa”, y el anterior gesto torcido dejó paso a la sonrisa cómplice con que siempre he escuchado los discos de Neil Young con Crazy Horse. Daría el pego revuelto entre su repertorio de toda la vida, y eso es lo mejor que se puede decir con más de cuarenta años de historia… una nueva grabación que mantiene el nivel de sus mejores grabaciones de siempre.

Neil Young & Crazy Horse  - Psychedelic PillPsychedelic Pill (2012) 

Neil Young llevaba casi diez años sin juntarse con Crazy Horse. Hay que remontarse a 2003, pero en Greendale, el disco de ese año, no estaba Frank Sampedro. En cambio en 2012 sí están todos: Sampedro, Molina y Talbot, como en 1997, aquel maravilloso Año del caballo.  Valorando los resultados, diría que han conseguido rememorar los viejos tiempos, como si desde entonces no hubieran dejado de tocar juntos, como si la máquina siguiera engrasada y nunca hubiera dejado de funcionar. Rápidamente grabaron Americana, ese disco de versiones del que ya se habló por aquí. Dijeron que no era más que un simple entretenimiento para ganar tiempo y ponerse enseguida con las nuevas composiciones. Al final la cosa se retrasó unos meses, al parecer por un problema con la portada, pero consiguieron concretar el doblete planeado antes de que acabara 2012. Vean aquí debajo la imagen de la discordia, que en realidad es más o menos igual de fea que la de portada definitiva, solo que una es más psicodélica y la otra más píldora.

La primera portada de Psychedelic PillEn la portada desechada la píldora psicodélica era
tan pequeña que no terminó de convencerles

Ya que he mencionado la duración de las dos primeras canciones y que he puesto como título una frase típica de charcutería, me veo obligado a continuar con el despiece del resto del disco clasificando sus cortes al peso. Creo que todavía no había dicho que se trata de un CD doble. Tiene apenas nueve canciones, así que imagínense lo que duran para no caber en uno. Entrando al detalle, luego la cosa no es para tanto, pues cinco de ellas tienen una duración normal de entre tres y cuatro minutos. Vamos con ellas.

La primera es la versión sucia de Psychedelic Pill, una auténtica guarrería de voz y guitarras saturadas. La puse en el video del principio porque me gusta bastante más que la mezcla alternativa colocada como epílogo al final del segundo CD, que no es otra cosa que la misma Psychedelic Pill un poco más limpita. También por el segundo CD, en los cortes 1 y 3, andan la campestre Twisted Road y For the Love of Man, la canción más tranquila de todas. Y al final del primer CD, otra de mis favoritas, la pegadiza Born in Ontario. No sé por qué, a mí esto me suena a réplica en plan coña del Born in the USA. Me imagino al señor Young respondiendo al señor Springsteen: “sí, nací en Canadá, pero no hay rincón de los EEUU que no me haya pateado”. Y como dice después, no importa donde hayas nacido, importa lo que eres y lo que haces.

Por cierto, todas las canciones tienen su clip oficial colgado en el neilyoungchannel de youtube. Neil ha dado rienda suelta a su alter ego cineasta Bernard Shackey para que ilustre las canciones con imágenes caleidoscópicas, vídeos de carretera o películas retro, según los momentos. Pueden seguir los enlaces si les apetece y tienen un par de horas libres, porque la cosa les llevará su tiempo… por ejemplo si quieren escuchar esas dos barbaridades que son Ramada Inn y Walk Like a Giant, ambas superando los 16 minutos. Son las clásicas canciones monumentales de cuarto de hora de las que les hablaba al principio, aunque en el caso de Walk Like a Giant tiene un poco de trampa. En realidad acaba en el minuto 12 cuando se da el guitarrazo final, lo que ocurre es que ese guitarrazo se prolonga durante más de 4 minutos con distorsiones, golpes, ruidos, coros, acoples, etc. etc. etc. O sea, que los chicos de Crazy Horse se marcan un final de canción más largo que la mayoría de canciones normales de la mayoría de músicos normales.

El término medio en cuanto a duración se lo lleva She’s Always Dancing, que se queda en 8 minutos y medio, una cosa moderada tratándose de este disco y de lo más normal tratándose de Neil Young. Está en la tradición de emociones fuertes al viejo estilo de Cowgirl in the Sand, Like A Hurricane o Powderfinger, esas canciones de algo menos de 10 minutos que en directo pasaban a durar algo más de 10 minutos y que, en la euforia de los 90, ya empezaron a ponerse en el estupendo cuarto de hora y más recientemente hasta en la media hora.

De vuelta al espinoso asunto de las canciones de media hora, aquí tienen ese Driftin’ Back que no me atreví a colocar al principio por no cansarles y sin embargo les pongo ahora que ya estarán completamente agotados.

Y por si no han quedado saciados y desean continuar su empacho de Neil Young, a continuación les dejo un par de textos de archivo que ha preparado nuestro buen amigo Adelardo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Dylan según la versión áspera de Neil Young” y de “Otros encuentros Young-Dylan”, publicados originalmente el jueves 12  y el domingo 22 de mayo de 2011.

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Rock al 1/4 de hora: Change Your Mind

Jueves, 6 de febrero de 2013.-
Me cuenta un amigo que conoce a una jovenzuela que anda fastidiada porque en su trabajo un jefe cuarentón le da la paliza con Bob Dylan y Neil Young. Qué curioso, yo mismo recuerdo haber hecho eso mismo tiempo atrás, aunque sin ser jefe… es más, puede que aquella tabarra fastidiara por igual a jefes y a becarias. Pues bien, cuando algo así sucede hay que castigar la herejía de inmediato. He buscado una canción de esas que supera de largo los diez minutos para dedicársela a la joven. Recapacite usted, no espere a cumplir los treinta para cambiar de opinión.

Ojalá esto consiga emocionarle aunque sea un poco. Pertenece a la etapa más esplendorosa de los Crazy Horse, a inicios de los 90. Como ocurría cada cierto tiempo, Neil Young se juntaba con ellos para grabar algún disco, pero esta vez la inspiración era tan verdadera y los resultados tan intensos que no tuvo más remedio que alargar un poco la cosa, enlazando tres o cuatro álbumes en estado de gracia. Por ejemplo este Sleeps With Angels, al que pertenece Change Your Mind, se improvisó en unos pocos días a raíz del impacto que la noticia del suicidio de Kurt Cobain produjo al señor Young. Supongo que conocerán la historia. Para su nota de despedida Cobain tomó prestado un famoso verso del canadiense: “mejor arder que oxidarse lentamente”, y Neil quedó tan conmocionado que se puso a escribir canciones como un poseso. Le salió un disco de los buenos, el de la foto de aquí debajo.

Neil Young - Sleeps With AngelsSleeps With Angels (1994)

Kurt prefirió quemarse de una vez. Neil Young decidió seguir en movimiento y a día de hoy, a punto de cumplir los setenta, sigue luchando contra el óxido, que vaya par de discazos ha vuelto a grabar con sus amigotes del caballo loco. Van camino de la ancianidad, pero su presente sigue siendo muy digno. Lo que ocurre es que, echando la vista atrás, es imposible no sentir cierta nostalgia de los tiempos del vídeo de arriba. Qué estupendas pintas, y por cierto, muy elegante el sombrero de Billy Talbot.

Volviendo al revival personal, he de decir que no estuve solo en aquella cruzada. Fuimos varios en esa revista los que escogíamos la música con la perversa intención de irritar a algunos habitantes de la redacción… aunque bueno, también podría entenderse que fueron acciones benéficas orientadas a reconducir hacia el buen camino a las ovejas descarriadas. La anécdota perfecta para la ocasión, ya referida por sus autores hace tiempo en A70, sigue siendo la de la chica nueva que hizo un comentario despectivo sobre Bob. Fue merecidamente castigada a escuchar de forma continua Blowin’ in the Wind una mañana entera, y además en la versión de Neil Young… ¡muy bien hecho!

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Rock al 1/4 de hora: Ordinary People”, que fue publicado originalmente el martes 23 de agosto de 2011.

Otros encuentros Young-Dylan

Domingo, 22 de mayo de 2011.-
Sigo a vueltas con el anterior Blowin’ in the Wind. ¿Cómo es que a Neil Young, tan poco dado a hacer versiones, le dio por acordarse de Bob Dylan en la década de los 90? Quizá fue una forma de desmentir toda posibilidad de rivalidad entre ellos, quizá quiso reconocerlo como maestro y precursor. Hasta entonces, el momento más notorio en el que habían coincidido fue The Last Waltz, el concierto de despedida de The Band en 1978, con peli de Martin Scorsese incluida. Allí Neil mostró su lado más folkie y puso el dedo en la llaga interpretando Helpless, tan sospechosamente parecida al Knockin’on Heaven’s Door dylaniano. ¿Que cuál fue primero? Yo solo sé que la de Neil Young se publicó en 1970, tres años antes que la de Dylan.

Emocionante, con Joni Mitchell haciendo coros en la sombra. Es lo menos que se espera tratándose de la flor y nata del rocanrol, impecable y sin sorpresas. En las reuniones de dinosaurios del rock de los 70, cada artista permanecía bien ajustado al papel que le dio prestigio. Nadie iba a apartarse de la ortodoxia justo cuando el factor punk amenazaba con convertirlo todo en un esperpento. En cualquier caso, tuvo mérito que Neil Young se atreviera a cantar Helpless acompañado por los músicos de Dylan.

Crosby, Stills, Nash & Young - Dèjá VuNeil aportó Helpless a su primera colaboración
con Crosby, Stills & Nash (Dèjá Vu, 1970),
mientras que Knockin’ on Heaven’s Door
se publicó en Pat Garret & Billy The Kid (1973)
Bob Dylan - Pat Garrett & Billy The Kid

Bien distintos fueron los 90. La cosa grunge había dado un vuelco a la situación que permitió cuando ya menos se podía esperar que los viejos roqueros volver a disfrutar de buena prensa. Neil se sentía de lo más cómodo experimentando con guitarras sucias, así que el siguiente encuentro con Bob siguió ese derrotero. Fue en el famoso Concierto del 30º aniversario, ese en el que la tonta de Sinead O’Connor se apropió de su minuto de gloria al romper una foto del Papa… en fin, en toda fiesta tiene que haber un patoso que avergüence al anfitrión y a los invitados. Fue castigada a no salir en el disco, qué menos. También Neil Young mereció protagonismo en aquel evento, aunque éste al menos por méritos exclusivamente musicales. Vean el lugar preferente que ocupó en la segunda “B” de la portada.

The 30th Anniversary Concert Celebration (1993)

Mirando la carpeta de este triple en directo descubro que es el último de Dylan que tengo en vinilo, justo ahí me pasé al CD… qué cosas. En esta nueva cita de megaestrellas al estilo “último vals” la excusa para la reunión era celebrar los treinta años de Bob en el negocio, con gente tan distinguida como Eric Clapton, George Harrison, The Band, Lou Reed, los chicos de Pearl Jam, Tom Petty, John Mellencamp y Roger McGuinn repartiéndose lo más goloso del repertorio. Johnny Winter y Ron Wood pusieron el toque más roquero, mientras Neil insistió con su faceta áspera, rasgando guitarra en All Along The Watchtower y Just Like Tom Thumb’s Blues.

Bob, Neil y Eric en plan amiguetesNeil en estado de gracia… ¡consiguió que Bob se riera!

Bien elegido: el “blues de Pulgarcito” y la “atalaya”, pero la atalaya pasada por Hendrix, por supuesto, Incluso Dylan adora la versión de Jimi. Lástima que en youtube estén vetadas todas las grabaciones oficiales de Bob Dylan, pero a cambio podemos ver esta otra actuación de 2004 en la que Neil Young aparece acompañado por unos señores de los 90 que ya fueron mencionados en el párrafo anterior.

Dylan según la versión áspera de Neil Young

Jueves, 12 de mayo de 2011.-
Comentando el anterior texto sobre Calamaro y el exceso de salmón, Nevsky intervino de forma certera para sacarnos del terrible error al que nos indujo Señor Remitente, quien recordó una vieja anécdota equivocando la banda sonora dylaniana. No señor, no se puede tergiversar la historia y tomar la palabra de Bob en vano, no es lo mismo “Knockin’” que “Blowin’”. Menos mal que Nevsky puso los verbos en su sitio.

Por alusiones… ¿alguna vez dije “versión rasgada de Blowin’ in the wind”? De verdad que no lo recuerdo, pero tampoco me atrevo a negarlo. Supongo que algo así diría para referirme a la inesperada versión que hizo el canadiense, con voz y guitarra distorsionada como únicos ingredientes. Juzguen ustedes.

Pues eso, que Neil Young coge una de las canciones más sobadas de la historia y casi 30 años después consigue que vuelva a tener sentido. Blowin’ in the Wind fue el primer gran himno antibelicista de los 60, la bandera de la canción protesta, de la rebeldía folk… incluso tuvo el dudoso honor de colarse para siempre en los coros de las iglesias, que los curas progres andaban entonces muy motivados con Bob Dylan, Paul Simon y Paul McCartney. Llegamos a los 90, de nuevo con sonido de misiles de fondo, y nuestro querido Mr. Young (como dirían los Lynyrd Skynyrd) decide que es la canción apropiada para volver a gritar que la guerra es una mierda. ¿Y que hace el bueno de Neil? Pues simplemente dar énfasis a las palabras escritas por Dylan, subrayarlas solo con una solitaria guitarra distorsionada (rasgada) y cantar despacito para que la gente pudiera redescubrir esa letra magistral. Sólo eso, más el ruido de las explosiones de fondo.

Weld (1991)

Ese disco en directo pertenece al periodo de auge que vivió Neil Young con sus Crazy Horse tras la explosión grunge. Nirvana, Pearl Jam y los demás veneraban al viejo Neil, así que este se tiró unos años potenciando el sonido más crudo de su grupo para dar gusto a todos esos jovencitos de Seattle. Curiosamente, este Blowin’ in the Wind es la única versión que incluía Weld y el único momento en que la furia de los Crazy Horse se calma un poco. Ralph Molina, Billy Talbot y Frank Sampedro se limitan a poco más que hacer coros mientras el jefe canta a sus anchas aquello de “the answer my friend”.

Los Crazy Horse al completoYoung, Sampedro, un Crazy Horse que pasaba por allí, Talbot y Molina, en este orden

¿Y a cuento de qué venía todo esto? En 1991 el mundo se estremecía por la Guerra del Golfo (la primera Guerra de Irak, la que declaró el papá de Bush con el apoyo de Felipe González). Fue una guerra televisada en directo, casi sin censuras, con Kuwait en llamas y las plataformas petrolíferas contaminando el mar. Un pobre cormorán cubierto por ese betún pringoso se convirtió en el nuevo icono de la barbarie humana, el mismo puñetero cormorán que se cuela en algún vídeo de Neil Young. Por cierto, que este canadiense afincado en California siempre había coqueteado con el partido republicano, pero tragar con una guerra era demasiado para un viejo hippie… ¡Impeachment para Bush padre y para Bush hijo!

Volviendo a lo del principio… qué maravillosa idea la de escuchar Blowin’ in the wind una mañana entera, y qué magnífica lección para esas becarias tan proclives a burlarse de sus mayores.