Homenaje a las señoras que fueron fans de los Beatles

Jueves, 09 de junio de 2016.-
Hoy hace una semana que me llevé a toda la familia al Vicente Calderón para ver a Paul McCartney. Tenía ganas de que los niños vivieran un concierto grande de rock y se me agotaba el tiempo. Dentro de unos años ya no quedarán músicos originales de la época dorada que tengan ganas de tocar en un estadio, así que ésta era la ocasión perfecta: artista agradable; repertorio archifamoso con pronóstico de coro masivo; público entusiasta, colaborador y nada crítico. McCartney tiene la edad que tiene, no íbamos a ponernos exigentes con él, que también acumulamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas… y eso fue lo primero que extrañó a mis hijos: ¿por qué hay tanta gente mayor? Llamaba la atención la cantidad de señores en trance de jubilación, pero sobre todo la proporción de señoras. Seguro que entre ellas estaría alguna de las niñas que en 1965 salieron en el NO-DO.

Les expliqué que empecé a interesarme por el rock como unos diez años después de que los Beatles se separaran. Echando cuentas nos salía que de toda la gente que teníamos alrededor solo quien tuviera mínimo una docena de años más que yo pudo escuchar alguna de sus canciones recién publicada. Y ahí delante de nosotros estaban todas esas señoras sesentonas que se plantaron orgullosas en el concierto de McCartney para rendir pleitesía a su ídolo de juventud sin ningún tipo de complejo. Lo que se vio en el NO-DO fue la acostumbrada manipulación al servicio del régimen. Se trataba de ridiculizar esta moda foránea y de paso a todas sus tontas seguidoras, así que para empezar ilustraron la noticia con planos filmados al poco de abrir las puertas para que Las Ventas y la Monumental de Barcelona parecieran todavía mucho más vacías de lo que en realidad estuvieron. El vídeo de arriba es la pieza original del NO-DO; lo que viene a continuación es otro montaje con más o menos las mismas imágenes, pero prescindiendo de la malévola voz en off. Para que se hagan una idea más aproximada de cómo fue el concierto en realidad.

Cuando se cumplieron treinta años del acontecimiento, el director Pedro Costa realizó un documental para TVE titulado ¡Que vienen los Beatles! donde recuperaba valiosas imágenes que quedaron inéditas por la censura directa de los jefazos del NO-DO. Es ni más ni menos que un pedazo de historia de España, la emocionante llegada de la ‘beatlemanía’ a nuestro atrasado país contada de primera mano por los españolitos que lo vivieron. Como TVE prefiere que no se inserten sus vídeos en sitios ajenos, aquí les pongo el enlace a su página.

¡Que vienen los Beatles!

Merece la pena verlo entero, pero por si acaso he encontrado este resumen de cinco minutos que en su parte final muestra a alguna de esas chicas que en 1965 se jugaron su reputación haciendo público su entusiasmo por los Beatles. Ahí tienen a una auténtica pionera como Elisa Estrada, presidenta del club de fans, y también a la actriz Marta Fernández Muro con todas sus amigas ye-yés entonces quinceañeras, porque Marta puede presumir de que fue fan mucho antes que ‘Chica Almodóvar’.

Mucha gente ha presumido de pasado antifranquista y de haber protagonizado actividades subversivas que nadie podrá nunca negar porque no se tiene constancia de ellas. En cambio la valentía de estas chicas intentando quebrar el cordón policial en Barajas sí quedó grabado para la posteridad, vaya desde aquí nuestro homenaje… y ahora sí, hablemos un poco del concierto. Lo que vimos el otro día fue a un Paul con muchas ganas de agradar, solo así se entiende que tras décadas de giras en las que el repertorio beatle se dosificaba con cuentagotas ahora se descuelgue con un atracón de veintitantas canciones. Ahí está la parte magra del One on One Tour: un buen pedazo de Beatles que se va alternando con éxitos reconocibles de su etapa Wing, temas memorables de sus primeros discos en solitario y otros más discutibles de sus trabajos más recientes. Toda esta parte ‘no Beatle’ aparece ahora ampliamente recopilada en el disco que se publica en estos días.

Paul McCartney - Pure McCartney
Pure McCartney (2016)

No niego que fueron un poco cómicos sus esfuerzos por hablar en español, tampoco discuto que se rozara el ridículo cada vez que se le escapaba algún gallo, pero no creo que ninguno de los que estábamos allí tuviera intención de fijarse demasiado en esas cosas. No creo que nadie esperara caer rendido ante un artista en el mejor momento de su carrera, más bien se trataba de tener un emotivo reencuentro con un tipo que fue muy importante en nuestras vidas. Por eso nos sentíamos unos privilegiados cada vez que reconocíamos una de esas canciones que jamás imaginamos oír en directo en la voz de su autor. Que esa voz esté un poco quebrada por los años es lo de menos. Paul tiene 73 tacos y cumplirá los 74 dentro de unos pocos días, así que habrá que reconocer el mérito que tiene por colocarse en el centro de un macroescenario y mantener el tipo durante casi tres horas. Fue estupendo que rompiera el hielo con A Hard Day’s Night y Can’t Buy Me Love, piezas casi prehistóricas.

Paul McCartney - One On One
Mejor esta postal que la fea entrada de impresora

Tras un tramo de canciones más personales llegaron dos momentos álgidos con Maybe I’m Amazed y We Can Work It Out, pero quizá los picos de mayor intensidad emocional se alcanzaron con Blackbird y Something. Para la primera McCartney se quedó completamente solo con su guitarra acústica sobre una plataforma que le fue elevando ante un espectacular fondo de sombras de atardecer con vuelo de cuervos entre árboles mecidos por el viento. La segunda llegó precedida de unas sentidas palabras sobre George Harrison. Como su amigo era un gran aficionado al ukelele, Paul inició la primera estrofa con este instrumento y poco a poco fue incorporándose el resto de la banda para ejecutar un Something sencillamente magistral. También hubo dedicatorias a Linda y a Nancy (primera y tercera esposas, ni rastro de la de la pata de palo) y a George Martin y John Lennon, aunque la de este último, Here Today, se evidenció bastante más fría que todas las demás. Para encarar la recta final decidió alternar las más bonitas con las más cañeras, y aunque Band on the Run, Let It Be y Yesterday fueron muy aclamadas, déjenme que destaque la energía roquera que desplegaron Back in the USSR y Birthday. Pero quizá el mejor pack fue el que formaron la furia pirotécnica de Live and Let Die con la apoteosis del karaoke que fue Hey Jude. Aquí tienen un vídeo que captura justo el cambio de canción.

Mientras sonaban las notas jamesbondianas se alcanzaron unas cotas de ruido impropias de un artista de la edad de Paul, pero acto seguido las aguas volvieron a su cauce para gozar como es debido del momento más esperado de la noche. Para que nadie se equivocara con el estribillo, la gente de las primeras filas alzó carteles con la palabra “NA”, aunque para cantar la canción entera habría sido mucho más útil llevar este simpático esquema que una vez me regalaron a propósito de un recuerdo compartido.

Esquema Hey Jude

Termino con un flashback personal. Hubo un tiempo en que Hey Jude desempeñó un papel protagonista en la banda sonora de nuestra vida laboral. Hey Jude sonaba indefectiblemente hacia las seis menos cuarto de la tarde en la radiofórmula que nuestra jefa nos obligaba a escuchar, así que entre todos esos “recuerdos gloriosos de un enmoquetado pasado”, según inspirada definición del compañero Nevsky, escuchar las primeras notas de Hey Jude significaba que disponíamos de unos siete minutos para recoger nuestras cosas y salir corriendo, de forma que todos íbamos desfilando de allí con el abrigo puesto durante el extenso margen que nos dejaba el coro in crescendo final.  Como quiera que ese “naaaaa na-na nara-na-ná” no se terminaba nunca, permítanme que ahora lo alargue un poco más con esta curiosidad que he encontrado en youtube. Vayan directamente al minuto dos y comprueben lo que es capaz de hacer un espectador argentino con un palo-selfie en semejante trance. 

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “¿Quiénes son los abuelos del rock?”, que fue publicado originalmente el domingo 11 de julio de 2010.

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De cuando Rod Stewart abandonó las islas

Domingo, 14 de marzo de 2010.-
Hay que reconocer que durante la primera mitad de los 70, el bueno de Rod se esforzó en ser un roquero de verdad. Se esforzó en ser el cantante de los Faces, aunque quizá no lo suficiente… una rockstar a veces se siente incómoda dentro de un grupo. Se esforzó en ser un solista de rock con glamour, pero pronto demostró que el glamour le importaba bastante más que el rock. Se esforzó en ser un buen british, pero este londinense de ancestros escoceses se volvió loco cuando sintió la llamada de América. Un contrato millonario con la Warner tuvo la culpa.

Justo antes de hacer su “Atlantic Crossing”, Rod cierra su etapa en el sello Mercury con un último disco europeo que tiene claro sabor a despedida. Adiós a la lluvia y al frío de las islas, pronto llegará el momento de codearse ligero de ropa con el star system californiano… pero antes, una última mandolina.

Qué majo… dice que se marcha para convertirse en una estrella, se despide de su gente y dice que quizá les llame desde Roma o París si se acuerda. Smiler es el nombre de este buen disco que alterna de forma desordenada canciones lentas con rocanrolazos. Entre las primeras tenemos una de Carole King, otra de Paul y Linda McCartney y otra de Dylan (You Make Me Feel, Mine For Me y Girl From The North Country). Hay un medley a medio tiempo de Sam Cooke (cómo no) y ya a toda velocidad van las versiones de Elton John y Chuck Berry (Let Me Be Your Car y Sweet Little Rock’n’Roller). El repertorio se completa con varias composiciones de Rod, entre ellas la mencionada Farewell y dos más a medias con su compinche Ron Wood.

Rod Stewart - SmilerSmiler (1974), último disco europeo con una foto
bien hortera de Rod sobre tela escocesa.
El siguiente disco, Atlantic Crossing (1975),
refleja el momento de cruzar el charco
y adaptarse al american way of life
Rod Stewart - Atlantic Crossing

La buena onda que contagia Smiler queda muy bien plasmada en la divertida foto interior. Es una especie de brindis multitudinario en el que la familia al completo desea suerte al cantante que se marcha a hacer las Américas en plan folklórica. Aquí está.

Smiler - interior carpeta

Así de enano se ve en la reciente edición en CD que me compré; ni me imagino cómo sería esta misma imagen al tamaño del vinilo original. Es un fastidio esto de los libretos interiores en miniatura, pero, lupa en mano, no me resisto a entrar al detalle de quiénes eran los seres queridos de Rod Stewart en 1974. Lo mejor será ampliar el cuadro y repasar los personajes uno a uno.

Empezando por la izquierda, con una buena pinta de cerveza en sus manos, el violinista Dick Powell y a su lado la publicista Sally Croft, de la que pone entre paréntesis: “one gin & tonic and she’s over”. A continuación Rick Gretch, que también le da al violín y a las pintas, después un ingeniero con camiseta de rayas horizontales y, al fondo, un tal Tony Powell, al que pidieron que no se pusiera en la foto, y a su lado otro intruso sin identificar.

Foto de familia - detalle 1

Entre los dos graciosillos del fondo, un calvo muy serio al que identifican como Martin Quittenton, guitarra acústica y coautor de Farewell (en otros discos también colaboró con Rod en la composición de Maggie May y You Wear It Well, nada menos). Justo debajo del calvo Quittenton tenemos a una chica con falda azul llamada Shirley Arnold, la secretaria de los Faces. Y junto a ella nos encontramos al primer famoso de verdad, pero mejor continuamos el repaso visual en el bloque de debajo.

Esa parte central repleta de celebridades arranca con Kenny Jones, que es el rubio de la camisa blanca. Entonces era batería de los Faces, antes lo fue de Small Faces y más tarde los sería de los Who. Junto a él aparecen el pianista Pete Sears y su novia, y sobre ellos, empinando jarra, el percusionista Ray Cooper… hasta que por fin llegamos al hombre del traje rojo, amigo de sus amigos, animador de todas las fiestas… ¡el gran Ron Wood!

Foto de familia - detalle 2

Se preguntarán por qué Ronnie está tan contento, y es porque los que están a su lado son su padre y su madre… ¡ahí los tienen, Mr. & Miss Wood! Y el alto que hay detrás, según la nota que hay al pie, es el chófer de la familia. Si seguimos por la zona del doblez del cuadernillo encontramos arriba del todo al cuñado de Rod. Su cara está tapada por una rubia, que ese día era novia de Ian McLagan, teclista de los Faces y enamoradizo compulsivo. Eso dice sobre él el propio Rod, que aparece en cuclillas junto a una maleta que contiene a los Memphis Horns… los instrumentos, que los músicos ya habrían volado de Londres.

Al lado de McLagan, el de barba y corbata es el bajista Spike Heatley, y junto a él, con gorro escocés, un tal Don Stewart, uno de los hermanos mayores del anfitrión… Aclaración: Rod fue el más pequeño de sus cinco hermanos y el único que nació en Inglaterra. El negro con el pelucón afro es un cantante llamado Rube, y tras él están Cyril Barnes, su hijo John y una amiga pelirroja, que igual ni Rod sabría quiénes eran.

Foto de familia - detalle 3

A los que seguro que Rod conoce muy bien es a los dos señores calvos que parecen hermanos. Pues sí, son hermanos, en concreto papá Robert Stewart y Tío Dick, muy escoceses ellos. El final de la foto se completa con un extraño que sostiene una carpeta, seis negros que formaban la Tropic Isle Steel Band y dos chicas que fueron coristas en el disco, Irene y Doreen. Agachado, el batería Micky Waller sujeta a Zak, el perrazo que ladra en Sweet Little Rock’n’Roller. Por último, tras uno de los cristales se ve a un aparecido cuya identidad bien podría ser digna de análisis en la Nave del Misterio de Iker Jiménez.

Termino con una anécdota que vi en Wikipedia… es tan buena que no me resisto a plagiarla. Se cuenta que a Chuck Berry le hicieron escuchar durante una entrevista esta versión de su Sweet Little Rock’n’Roller y cuando le aclararon quién era el cantante exclamó: “¿Es un chico blanco…? ¡No me jodas!”. Podrán comprender la reacción del abuelo Chuck si escuchan esta captura de un salvaje ensayo de más o menos esa época.