Sí, hubo rock antes de la movida

Jueves, 20 de diciembre de 2012.-
Bueno, ha pasado tiempo desde el anterior texto, pero al menos les dejé en compañía de Veteranos del rock, ese estupendo documental de media hora que hablaba de lo marginada que quedó la vieja guardia roquera tras la irrupción de la movida. Ahí había un montón de frases geniales de Molina, El Pirata, Mariscal y, sobre todo, una de Fernando, el batería de Obús: “si hubiera un solo culpable yo le habría dado ya de hostias”. Insuperable… espero que lo hayan podido disfrutar.

Sepan que en este mes sin nuevos textos, A70 no ha estado inactivo. El equipo de archiveros ha trabajado duro para recuperar entradas antiguas que estaban relacionadas con este tema, las que veíamos que ustedes intentaban leer sin conseguirlo. Ya les anticipo que hemos puesto una galería de portadas de discos con sus correspondientes enlaces abajo del todo, al fondo a la derecha, pero antes de entrar a detallarlas vamos con una canción representiva, como es costumbre.

Para ilustrar este asunto de los roqueros españoles anteriores a la movida, elijo como protagonista a Ramoncín precisamente porque no formaba parte de ninguna tribu. No se ceñía a los cánones de ningun género, lo mismo coqueteaba con el punk, el pop o el jevy si eso le ayudaba a seguir forjando su propio personaje. Simplemente era un chaval de barrio con una personalidad arrolladora y la pura determinación de ser una estrella que sobrepasara los límites del rocanrol. Él lo tuvo siempre muy claro, miren lo que le dijo hace mil años a la Milá.

Ese joven Ramón se convirtió a toda prisa en uno de los tíos más famosos de España después de escandalizar sin descanso con toda clase de declaraciones arrogantes y conciertos polémicos, unas veces lanzando huevos desde el escenario contra esos trajeados reyes del pollo frito a los que tanto despreciaba y otras siendo él quien recibía el impacto de los putrefactos proyectiles. Superada esa etapa llegaba lo más difícil, sacar un segundo disco que demostrara que la materia prima era de calidad roquera.

Ramoncín - BarriobajeroBarriobajero (1979)

Fue un relativo fracaso. La guerra que estaba manteniendo con los jerarcas de la EMI perjudicó mucho su difusión, pero aún así fue un álbum muy querido por el ramoncinismo. Que se llamara Barriobajero era toda una declaración de intenciones, una afirmación de sus señas de identidad, de cuál era el sitio de donde venía y qué cosas estaba dispuesto a defender a muerte. Ese punto de vista suburbial en el que Ramoncín quiso atrincherarse está presente en cada una de las canciones: Chuli, ¡Hola muñeca!, Soy un chaval, Blues para un camello, Felisín el vacilón… el muestrario completo de la mitología del barrio. Supongo que más o menos en ese punto los jóvenes cachorros de la futura movida empezaron a sentirse incómodos en sus conciertos, y sería cuestión de semanas cuando definitivamente renegaron de Ramoncín como personaje chungo y casposo.

Por eso cuando los chiquitos de la movida saltan a la fama y declaran abiertamente la guerra al rocanrol, nuestro héroe de Legazpi era uno de los pocos que estaba preparado para darles la batalla. Y si había que llegar a las manos y romperse la nariz, ahí estaban los puños y la napia de Ramón para lo que hiciera falta. Buena fe de ello pueden dar gabinetes, pegamoides y glutamatos, que quien más quien menos tiene una peleíta para dar lustre a su biografía. Era inevitable, uno no oposita al título de cronista barrial para que luego lleguen esos niños de papá con sus pelos de colores, su amaneramiento gay a la moda y su hedonismo insustancial y te roben todo el protagonismo proclamando no se sabe qué impostada alegría de vivir… ¡venga hombre!

Arañando la ciudadAsí era el barrio de Ramoncín, inmortalizado
para la portada del tercer disco

En su atinada reflexión sobre el asunto, Darío mencionó Arañando la ciudad como punto de ruptura. Bien pudo ser así, ese disco es de 1981 y a esas alturas ya estaba claro quiénes se quedaban en el bando de acá y quiénes desertaban al otro. Pero esa es ya otra historia en la que no quiero entrar ahora… dejo para más adelante un repaso en condiciones de Arañando la ciudad canción por canción, que para eso es uno de mis discos favoritos. Hoy prefiero plantarme en Barriobajero, que es de 1979 y me sirve para desmontar el argumento de que antes de la movida no hubo nada, esa gran falacia difundida hasta la náusea por los amos de la cultura oficial en España.

Pues sí, sí hubo rock en España antes de la movida, un rock quizá algo torpe pero lleno de entusiasmo, elaborado por aprendices en rocanrol con un inmenso mérito jamás reconocido. Y como prueba de ello, les dejo algunos enlaces a textos rescatados del Archivo A70. Uno sobre los prehistóricos Ñu de antes de grabar su primer LP y otro sobre ese primer LP de Ñu. También les remito a la página dedicada a los pelos largos de 1973, por ejemplo de los sevillanos Smash y de legendarios futbolistas llegados de más allá del Atlántico. El extraño experimento de La Romántica Banda Local se produjo un poco más tarde, y ya al final de la década asistimos a la irrupción de nuestros queridísimos Leño y al éxito de los glamourosos chicos de Burning, los únicos que fueron capaces de rivalizar con la movida en descaro y lentejuelas. Y, cómo no, también se escribieron por aquí un par de cosillas sobre roqueros con muy mala reputación, como Teddy Bautista y el propio Ramoncín. En fin, por hacerles justicia y también por ganas de tocar las narices… menos mal que hubo lectores que publicaron comentarios poniendo las cosas en su sitio.

Les dejo, no sin aprovechar para felicitarles las fiestas, pues no creo que vuelva a escribirles nada nuevo hasta el año que viene. Aquí debajo recupero la felicitación navideña del año pasado, que también puede valer para este.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Feliz Navidad y suerte para 2012”, que fue publicado originalmente el 23 de diciembre de 2011.

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Visitas inesperadas

Lunes, 19 de noviembre de 2012.-
La semana pasada este blog tuvo un intenso trasiego de visitas. Tirando del hilo descubro que todo se debe a un enlace que puso Darío Vico en uno de sus Wild Card. Resulta que los últimos textos aquí publicados sobre estrellas de la radio animaron a Darío a escribir una emotiva reflexión sobre el asunto, salpicando su relato de simpáticas anécdotas personales con un servidor involucrado en alguna de ellas. Por ejemplo, como espectador en un concierto en el que sonaron canciones como ésta.

Le doy las gracias, amigo Darío. Me puso usted la carne de gallina, sobre todo recordando aquel indescriptible rally diario Fuencarral-Chamartín. Y sí, el repertorio de Ñu siempre estuvo repleto de caballeros, doncellas, espadas justicieras y cruces de hierro, pero es que José Carlos Molina a mediados de los 90 estaba especialmente contento: acababa de regrabar sus mejores canciones para un recopilatorio bastante cañero y sus actuaciones se alargaban hasta la extenuación. Pueden comprobarlo si quieren en este concierto de 1995 en una sala de Murcia, pero ya les advierto que hay que ser muy fan.

1975-1995. Veinte años y un día (1995)

La entrega en cuestión de Wild Card hablaba de tiempos míticos para los de mi generación, ese punto en el que prendió nuestra pasión por la música. Empezaban los 80 y lo primerito que había que hacer era elegir tribu urbana, programa de radio y declararse rápidamente fanático de ambas cosas. Estoy muy de acuerdo con las apreciaciones de Darío, así que no insistiré sobre lo mismo. Mejor léanlo de primera mano en el enlace que puse al principio.

Lo que quería realmente es dar la bienvenida a todos los que han visitado por vez primera este sitio y disculparme por esas entradas sin contenido que han intentado leer. Les aclaro que Atascado en los 70 se encuentra en plena fase de reconstrucción, así que me pongo junto a mi colega Adelardo a cargar los textos no disponibles que ustedes han curioseado en estos días. Empiezo por un post dedicado a La Romántica Banda Local, en el que precisamente se mencionaba al señor Vico, y próximamente nos ocuparemos de otros nombres imprescindibles del rock español de finales de los 70 que ya tuvieron protagonismo en este blog.

Mientras nos tomamos un poco de tiempo recolocando algunos textos, les pongo aquí debajo un vídeo relacionado con el asunto. Recoge testimonios de esos roqueros ibéricos que fueron borrados del mapa por la triunfante generación de “la movida”. El reportaje se titula Veteranos del rock y se emitió en Telemadrid hace ya algún tiempo, como dice la canción. Fue en el programa 30 minutos, así que ya saben lo que dura. Hagan el esfuerzo, que merece la pena aunque solo sea por ver a Fortu trinchando un cochinillo o al Molina subiendo en bici las cuestas de Sacedón para tocar la flauta irlandesa sobre una colina. Julio Castejón intenta ser optimista justo antes de reactivar Asfalto. Paco y Fernando de Obús no lo ven tan claro. Mariscal y El Pirata aportan su experta opinión. Una joya de documento, en definitiva.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “La Romántica Banda Local, tiempo de barbas y chaquetas de pana”, publicado originalmente el viernes 6 de abril de 2012

La Romántica Banda Local, tiempo de barbas y chaquetas de pana

Viernes, 6 de abril de 2012.-
Vamos con un poco de arqueología del rock español, que a veces apetece. Cada cierto tiempo, sobre todo cuando llueve, me acuerdo de La Romántica Banda Local, un grupo genial y con encanto. No los conocí de primera mano, pues calculo que me empezó a interesar la música cuando La Romántica ya no existía, sin embargo algunas canciones suyas me transportan a borrosos tiempos de mi infancia, cuando los autobuses de Madrid todavía eran azules. En algún rincón de mi cerebro existe un potente recuerdo visual en el que contemplo la glorieta de Atocha desde las alturas, asomado a la ventanilla del autobús de la línea Circular que sobrevolaba la plaza en diagonal remontando el exagerado scalextric. Y por mucho que luego llegara la higiene democrática y se desviara hacia el subsuelo el molesto tráfico que sigue atravesando Atocha, esa es la imagen que a mí me ha quedado de lo que es una gran ciudad fea, sucia y contaminada.

La Romántica Banda Local aparece en las enciclopedias del rock patrio como un grupo fallido y fracasado, aunque consta que llegaron a vender veinte mil copias de su primer disco, que quién las pillara hoy día. Aunque en su canción más famosa renegaran del rock, se movían entre el folk y el progresivo exhibiendo flauta y violín como instrumentos fijos en su formación.

La Romántica Banda Local (1978)

Su momento de gloria está muy identificado con los orígenes de la Transición, como demuestran sus barbas y chaquetas de pana, pero eran tan inclasificables e imprevisibles que no tardaron en ser borrados del mapa. Podría decirse que fueron frikis de antes de existir el frikismo. Cuando la palabra “freak” no era aún de uso general solía relacionarse con la película de Tod Browning y con el primer LP de Frank Zappa, así que estamos hablando de estética circense, de música delirante, de inverosímiles puestas en escena que ganaban legitimidad cuando el enterado de turno les adjudicaba el pomposo apelativo de performance.

Estampa típica de La Romántica

Desde luego que los chicos de La Romántica eran teatrales, pues bien que les gustaba disfrazarse con levita, chistera y bombín. Cucharada fue otro grupo coetáneo que también intentó esto de los disfraces y los conciertos a lo Mothers of Invention, pero cosecharon idéntico escaso éxito pese al indudable atractivo del liderazgo de Manolo Tena en su etapa travestí. En cambio sí lo logró la Orquesta Mondragón, porque a la tercera iba la vencida y porque Gurruchaga era mucho Gurruchaga. Pero veamos en acción a La RBL interpretando el mayor hit de su carrera en un desganado playback. Aunque el sonido ni siquiera sincroniza bien, nos sirve para apreciar lo disparatada que era su propuesta.

Y si en los playback televisivos no podían contener el desparrame, tampoco lo lograban en sus conciertos. Dicen que su directo era caótico y no dejaba indiferente, sobre todo porque en el escenario asumía todo el protagonismo Carlos Faraco, un loco maravilloso que luego siguió su carrera como estrella de la radio. Quizá les suene por haber dirigido alguno de los programas más demenciales de la historia de Radio 3. Tal era su audacia y tantos los riesgos que no fueron capaces de sobrevivir a la polémica que generaban. Hasta Jesús Ordovás, futuro colega de las ondas, trató de ridiculizarlos llamándoles La Romántica Caca Local… ¡qué envidioso y mezquino puede llegar a ser el periodismo musical! Este y otros datos he podido leerlos en el estupendo libreto que acompaña su única edición en CD, firmado por nuestro viejo conocido Darío Vico.

Todas sus grabaciones (1978-1980),
doble CD publicado en 2003

Para ir terminando, diré que la grabación de su segundo disco, titulado Membrillo, fue tan desastrosa que precipitó al grupo hacia la autodestrucción. Faraco entraba y salía a su antojo, un día los dejaba colgados y al siguiente se presentaba sin avisar. No había manera de controlar a Faraco, pero sin Faraco el grupo no tenía demasiado sentido… así que después del segundo LP todo se acabó. Casi nadie escuchó Membrillo, aunque sí tuvo cierta repercusión el single con el tema principal de Tú estás loco, Briones, la película protagonizada por Quique Camoiras, que nos dejó hará casi un mes. Descanse en paz el gran Camoiras.

Con el single Historias de papá y mamá (1979)
y el segundo LP Membrillo (1980)
se completa la discografía de La Romántica

Y en eso quedó La Romántica Banda Local, en dos LP’s y la banda sonora de Tú estás loco, Briones. Creo que tras la absurdez de este último detalle, poco más se puede añadir. Les dejo con la canción que cerraba su primer disco, que curiosamente también habla de autobuses.

Cuentos del abuelo Molina

Jueves, 13 de octubre de 2011.-
Me cuenta mi buen amigo Jevy de Leganés que Ñu ocupa la portada del número de septiembre de 2011 de la revista Rock Estatal (ya estamos con el nombrecito). Dice que el Molina le ha decepcionado, que habla como un resentido incurable disparando su mala baba en todas las direcciones posibles. Entre otras lindezas, menosprecia tanto a Leño como a su legado y recomienda a Johnny Burning tomar unas lecciones básicas de piano… vaya con el señorito Molina

Como ya habrán notado, en este blog sentimos debilidad por alguna gente más o menos impresentable de nuestro rock local. Jorge Ilegal, Morfi Grei, Pau Riba, Loquillo, Ramoncín, Johnny Cifuentes, Teddy Bautista… todo se les perdona por haber tenido el valor de ser roqueros en este país de charanga y pandereta. Aunque sean calvos y feos… aunque no hayan escrito una buena canción en los últimos veinte años… aunque lleven décadas desafinando como bellacos… aunque toquen pésimamente la armónica y el piano… aunque sean malversadores y estafadores… simples minucias. Así las cosas, ¿vamos a reprochar a José Carlos Molina que sea un cascarrabias incurable, maleducado y engreído? Me niego rotundamente.

Pero lo que más me ha dolido de mi amigo es su confesión de no haber oído jamás un disco de Ñu completo. El Jevy de Leganés, pese a su juventud, es un roquero multidisciplinar y de gran valía, toca todos los palos del periodismo y se atreve lo mismo con los géneros más duros del rock que con la música clásica. Hay que solucionar este problema cuanto antes, y qué mejor que empezando por el primer disco: Cuentos de ayer y de hoy, de 1978. Enterito, canción por canción. Ahí va la primera.

Ya escribí en su momento sobre las peripecias de Ñu en sus inicios: el primer single de 1976, el desencuentro con Rosendo y la tenacidad de Molina hasta grabar un LP. Como el proceso se prolongó tres largos años, el repertorio llegó curradísimo y el grupo se exhibió en cada canción con toda clase de arreglos y desarrollos instrumentales… ¡hay hasta castañuelas mediando en los duelos entre violín y guitarra!

Cuentos de ayer y de hoy (1978)

El disco comienza directamente con el apocalipsis según Molina. Eso es Profecía, una canción crispada y escalofriante sobre el fin del mundo. Aturdidos y sin tiempo de recuperarnos de la impresión, el cantante nos envía a luchar en Preparan. Es la hora de la rebelión. Reconozco que es una de mis favoritas de Ñu por cómo transmite el dramatismo y la intensidad del campo de batalla. Si el opresor quiere aniquilarnos antes habrá un derramamiento de sangre.

Y a la tercera el tío le echa morro y se proclama músico genial, hablando en primera persona del plural desde el Olimpo de los Mozart, Beethoven, Beatles y Hendrix. Hay quien no lo soporta, pero a mí me encanta la desfachatez del líder de Ñu en Algunos músicos fueron nosotros, y puede que aquí está la clave del Caso Molina. Quizá se crea mejor músico de lo que es en realidad, por eso mira por encima del hombro a todos sus compañeros de profesión, sobre todo a los que han llegado a ser más famosos y más ricos que él. Esa soberbia le acompaña desde hace más de treinta años, y a estas alturas puede que haya llegado a un punto insoportable.

Este vídeo tiene su gracia, pues no sincroniza bien la imagen, mezcla varias épocas, no coinciden los músicos… ¡si hasta sale Rosendo! Pero mola, se nota que lo ha hecho un fan al que ni siquiera le funcionaba el cable del RGB. Y la toma de sonido es del vinilo original, así que démoslo por bueno y sigamos.

El LP se completa con tres canciones larguísimas, entre ellas la que le da título: Cuentos de ayer y de hoy, El juglar y Paraíso de flautas. Historias épicas y tremebundas, con un narrador todopoderoso que se autoproclama nada menos que portavoz de su generación. Los tramos apacibles mecidos por delicadas flautas y guitarras acústicas se alternan con la furia de la electricidad y el violín más salvaje que se haya podido escuchar jamás en nuestro rock. Eso sí, todo envuelto en el característico sonido Chapa Discos, plano y cutre como él solo.

Sí que era primitivo el sonido Chapa, pero el caso es que a mí me agrada oírlo… lo escuché tantísimas veces que se me acostumbró la oreja. Se cuenta que el Mariscal Romero, productor del disco, sentía debilidad por José Carlos Molina y le dio total libertad para hacer lo que quisiera. También dicen que Molina se comportó como un tirano y disfrutó exprimiendo al máximo a sus músicos, en especial al violinista Jean François André, un loco francés que acabó exhausto de inventar desquiciantes notas para las letras tremendistas que escribía su jefe…

Gran tipo este Jean François, fallecido en 2002, quizá el único de los que pasaron por Ñu que fue capaz de rivalizar con Molina en su propio terreno. No duró mucho, pues tras grabar el segundo disco el francés se marchó del grupo. Años después reapareció fugazmente y más tarde se reclutó a otro ilustre violinista: Enrique Valiño, anteriormente en La Romántica Banda Local; pero la verdad es que pocos músicos aguantaban más de dos discos en Ñu. Era complicado lidiar con la personalidad autodestructiva de su líder. El rock español siempre ha sido muy de vaquero y camiseta, y eso no iba con Molina, siempre preocupado en dar rienda suelta a su desmedido sentido del espectáculo. Los músicos se desesperaban al comprobar que el dinero ganado se invertía no tanto en instrumentos y equipo de sonido como en atrezzo: cazadoras de flecos, botas por encima de la rodilla, chalecos de raso y capas negras, sombreros a lo Robin Hood… Imagino el ridículo presupuesto con que se grabó este primer disco, pero aún así Molina cumplió su deseo de alquilar una carroza. Buen sonido no habría, pero salieron bien guapos en el interior de la portada desplegable.

Ñu en carrozaDe izquierda a derecha, la formación al completo:
Enrique Ballesteros (batería), José María García ‘Sini’ (guitarra), Jorge Calvo (bajo), Jean François André (violín) y José Carlos Molina

Bueno, y una vez repasado este primer álbum de Ñu he de decir que ya me he comprado tanto su nuevo disco (Viejos himnos para nuevos guerreros) como el número de Rock Estatal en el que lo comenta al detalle. Sí, han leído bien, una revista impresa y un CD pagados en metálico. Cuando lo haya machacado unas cuantas veces volveré sobre el tema, si es que es necesario.

Huy, que me había saltado El juglar, la penúltima canción de este primer LP. Ahí la tienen.