Ian Gillan en un anuncio de colonia

Lunes, 4 de enero de 2016.-
Aprovecho para felicitarles el Año Nuevo a propósito de un anuncio de colonia que me ha llamado mucho la atención estos días. Muy bien elegida la banda sonora, pero los muy cobardes solo utilizan una ráfaga de treinta segundos comprimiendo las partes más suaves de esta monstruosidad de canción. Esto hay que oírlo entero, por favor, que son solo diez minutillos.

Es lo que se llama publicidad engañosa. Si uno ve el anuncio y sigue los pasos de esa delicada chica japonesa a cuyos pies van brotando amapolas tan rojas como su vestido puede imaginar que la dulce melodía podría pertenecer a algún olvidado grupo psicodélico del San Francisco hippie, o quizá algún viejo baladista europeo que mediados los setenta se apuntó a la moda progresiva. Pues no, es Ian Gillan quien susurra mientras la prota se exhibe despreocupada ante los siete samuráis uniformados de negro que la reciben en rigurosa posición de firmes. Es un fastidio tener que colar un spot en A70, pero no queda más remedio que enlazar el anuncio para que puedan comprender los sentimientos encontrados que produce. Por un lado, la sana satisfacción de descubrir que los clásicos del rock aún pueden conmover a las masas, aunque sea para incitarles a comprar una colonia cara. Por otro, la indignante sensación de que nos han mutilado de mala manera este pedazo de rocanrol. Porque, señores de la industria del perfume, sepan ustedes que han osado utilizar a los grandísimos Deep Purple para sus sucios objetivos, y eso nos ofende a todos los buenos aficionados al rock. Han menospreciado ustedes a los míticos Purple, que nunca usaron colonia ni falta que les hizo. Véanlos, véanlos en el vídeo de arriba. Y miren aquí debajo en la portada del disco cómo de verdad fueron los más grandes y tampoco tenían abuela.

Deep Purple - Deep Purple In Rock
Deep Purple In Rock (1970)

Sí señores, aquí tienen a los Purple en su más legendaria formación, la tantas veces celebrada Mark II. En el arranque de la canción, para gozo de la chica japonesa, la teclas de Jon Lord, los platos de Ian Paice y el bajo de Roger Glover se mantienen en contenida tensión antes de que todo se desboque. La dulce voz de Ian Gillan completa el tramposo inicio preciosista, primero susurrando en falsete, luego aullando y finalmente, hacia el minuto tres, ya gritando como un poseso. Quizá los señores publicitarios al servicio de las firmas de perfume caro, en su afán por sugerir antes que mostrar y siempre tan dados a la sutileza, hayan querido manipular la imaginación de los que conocemos bien la canción. Porque suponemos hacia dónde se va a dirigir en ese minuto tres la historia de la chica japonesa con el joven al que ella eligió restregando la amapola por su barba de tres días. Y no digamos ya en el minuto cuatro, con toda la banda atronando al máximo para que el maestro Ritchie Blackmore dibujara todas esas diabluras guitarreras que tan bien se le daban. Luego un descanso en el minuto seis, y vuelta a empezar.

Les dejo, que mañana hay cabalgata.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Dirige la orquesta el maestro Francesco Zappa”, que fue publicado originalmente el martes 8 de enero de 2013.

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La película de Smash, la película de Julio Matito

Sábado, 20 de junio de 2015.-
Como ya saben de la anterior lectura, el éxito de Smash fue efímero y su corta carrera dejó un legado más bien escaso en grabaciones, sesiones fotográficas y material audiovisual. Para rematar el relato interrumpido en 1973 damos un salto hasta 1979, momento en que pudo concretarse el regreso del grupo. Fue Ángel Casas quien obró el milagro de reunir a los Smash originales excepto Henrik para tocar juntos en Musical Express, programa de TVE de la factoría de San Cugat.

Viendo aquí a Gualberto, Julio y Antoñito en plan power trío se puede uno imaginar que, transcurrido un lustro desde que tiraran la toalla, esta gente quizá estaba un poco arrepentida de las decisiones tomadas entonces y necesitaba volver a sentir la excitación de tocar en un grupo de rock. El punto álgido de Smash les proporcionó un prestigio y reconocimiento al que, no nos engañemos, ni llegaron a acercarse con sus proyectos en solitario. Ellos habían sido grandes cuando la industria del rock en España era casi inexistente; ahora que parecía que empezaba a salir del subdesarrollo era de justicia que reivindicaran su sitio. Tal vez funcionarían bien con este enfoque progresivo y a la vez hardroquero, que ahí es donde parecía haberse desplazado la mayor parte del público. Capacidad como instrumentistas tenían de sobra y la aptitud vocal de Julio Matito también quedaba muy por encima de tanto Ian Gillan de pacotilla como andaba por aquí pegando gritos sin ton ni son. Vamos, que la reunión de Smash más allá de su actuación en Musical Express estaba casi confirmada, según asegura Ángel Casas en la película. Ah, que ya casi se me olvidaba, existe una película dedicada a la historia de Smash donde se explica todo esto con absoluta nitidez y verdadera devoción por el grupo.

Gervasio Iglesias - Underground, la ciudad del arco iris
Underground, la ciudad del arco iris (2003)

Si no la han visto, pónganla entre sus tareas pendientes: la estupenda Underground, la ciudad del arco iris es una rareza deliciosa dentro el raquítico panorama del cine documental sobre rock en España. No sé si se comercializó lo suficientemente bien como para todavía encontrar una copia por algún sitio, si no aquí pueden verla cazada al vuelo en el Canal Historia, aunque la imagen de este enlace es tan deficiente que no sé si merece la pena. La dirigió Gervasio Iglesias, quien ante la falta de material original tiró de imaginación adornando la narración con animaciones digitales y actores vestidos al modo de la época. Les doy otra pista para conseguirla: se incluyó como DVD extra en una reedición en digipack de un recopilatorio de rock andaluz, Duende eléctrico, al que se cambió el nombre para la ocasión.

Hijos del agobio y del dolor
Hijos del agobio y del dolor (2006)

Underground merece mucho la pena. Recupera imágenes inéditas o poco conocidas de Smash y las ubica con precisión en su contexto con los testimonios de todos los protagonistas. Bueno, de todos los protagonistas menos Julio Matito, que ya no estaba para contarlo. Cada Smash tenía su propia película, a cual más interesante, pero la de Julio llega al corazón por su desgraciado final. Siempre que se le menciona queda claro que era un tipo especial, querido por todos. Manuel Molina, que al ser el último en llegar era quizá el que podía apreciarlo con más claridad, señala a Matito como motor creativo del grupo. Él era el que tenía el impulso de tirar hacia adelante y, dado lo mucho que era apreciado por todos, era capaz de conseguir que cada Smash pusiera lo mejor de sí en beneficio del proyecto común. Cuando el grupo se deshizo, y esto ya lo cuenta su mujer, el desengaño fue tan grande para Julio que decidió apartarse por completo de la escena artística. Por lo visto se retiró a un chiringuito en la playa de Chipiona, donde hizo amistad con un tipo que le animó a meterse en política. Qué poder de convicción no tendría que consiguió que volviera a colgarse la guitarra, actuando en actos del partido, componiendo el himno del PSOE para la campaña de 1977 e incluso grabando un LP en solitario que se distribuyó exclusivamente en las sedes del partido.

Julio Matito - ¡Salud!
Con Pablo Iglesias en la portada, pero el de verdad

El sujeto en cuestión tuvo cierta importancia posterior en el panorama político, era un tal Felipe González, pero Matito tampoco debió de sentirse a gusto con el meteórico ascenso de su amigo hacia el poder, factor decisivo que lo distanció de la política y le impulsó a volver al redil del rocanrol. Y en este punto regresamos al comienzo, a la mítica actuación de Musical Express, en la que para redondear la jugada también participaron unos Lole y Manuel ya con estatus de celebridades.

Estremece ver estas imágenes sabiendo que fue la última aparición pública de Julio Matito antes del accidente. Según cuenta Ángel Casas, él fue quien le propuso largar su estancia en Barcelona para grabar la entrevista que acompañaría la actuación. Al final no hubo entrevista, pues la carretera se cobró la vida del músico antes de que diera tiempo a nada más. Una pena sobre todo por él, que es lo que se dice siempre, porque aunque quede feo es inevitable lamentar la pérdida de esos Smash renacidos que podían haber sido realmente grandes. A juzgar por lo que grabaron para la tele la cosa tenía una pinta estupenda, incluso parece que se iban a atrever por fin con las letras en castellano.

En parte recordé todo esto porque los de Ochéntame otra vez, el programa de nostalgia ochentera que desempolva los archivos de TVE, dedicaron un capítulo al nuevo flamenco. La parte que se refería a Smash se ilustraba sobre todo con escenas de La ciudad del arco iris y con declaraciones actuales de Manuel Molina que, avatares del destino, también se emitieron solo unos días antes de su reciente fallecimiento. Salvando las distancias, lo mismo que ocurrió con Julio Matito.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Tragedias del rocanrol vol. III: Phil Lynott”, que fue publicado originalmente el domingo 2 de enero de 2011.

Ya te vale Coverdale

Martes, 06 de mayo de 2014.-
Si hay un traidor al rock de los 70 ese es David Coverdale, paradigma de cómo un genuino rocker setentero puede degenerar en vulgar heavy de peluquería. En la década más gloriosa del rocanrol tuvo el honor de ser el tercer cantante de Deep Purple, asumiendo el reto de sustituir a Ian Gillan. No lo hizo mal. Se identificó tanto que cuando el grupo fue dinamitado desde dentro por el señorito Blackmore puso toda su buena voluntad en seguir adelante con otro guitarrista. No duró mucho, claro, así que el siguiente empeño de Coverdale fue fundar una nueva banda que mantuviera la esencia de los Purple, para lo cual terminó involucrando en el proyecto a dos de sus leyendas: el batería Ian Paice y el teclista Jon Lord. Así que Whitesnake echa a andar con un sexteto inicial formado por tres Purple, más un joven bajista llamado Neil Murray y dos curtidos guitarristas procedentes de la segunda fila del rock inglés de los 70.

Así eran al principio, puro hard-rock setentero orientado hacia la onda más bluesy, como diría el cantante de Gigatrón. El bello Coverdale ya sabía que la suya era la mejor voz para el género desde Paul Rodgers, así que quiso arroparla con guitarristas adecuados. Micky Moody y Bernie Marsden tenían el toque perfecto y un curriculum en el que figuraban varios grupos que ya habían experimentado el proceso de aliñar el blues-rock de forma cada vez más pesadota. Esa versión de los Beatles es un buen ejemplo del partido que podía extraerse a los clásicos del rock si se interpretaban a la manera hard-bluesera.

Whitesnake - TroubleTrouble (1978)

Hasta aquí todo correcto. El problema era que por muy bien que pudieran tocar no había manera de lucirse en las fotos, salían horrorosamente mal. El heavy rock empezaba a tener posibilidades comerciales más que apetitosas, pero con un guitarra pasado de kilos y el otro con bigote y sombrero era imposible hincar el diente al público juvenil ni conquistar el mercado japonés ni el americano ni nada de nada. No es que Paice y Lord fueran quinceañeros precisamente, pero mientras ellos se quedaban discretamente sentaditos tras su batería y su teclado, Marsden y Moody daban el cante una barbaridad. Con cada nuevo disco subían un peldaño en las listas británicas, pero sin poder aspirar a mucho más. En las carátulas abusaban de ilustraciones con serpientes y manzanas en plan poster hortera, se diría que más que nada para evitar la deficiente imagen del grupo.

Los Whitesnake en caricaturaComo mucho salieron en silueta y en caricatura,
el protagonismo solía ser para la serpiente

Portadas con serpientes

Singles tan claros como Fool for Your Loving y Don’t Break My Heart Again pusieron a tope el prestigio de Whitesnake, pero sin alcanzar de verdad la cabeza de cartel. David se moría de envidia al ver cómo algunos heavys de repostería se forraban a costa de los adolescentes estadounidenses y quería su parte del pastel. Esto ya tenía hechuras de superhit, pero mientras el cantante se esforzaba en poner morritos, observen que a su izquierda tiene un guitarrista bigotón y a su derecha hay otro con una camiseta blanca ajustada que poco le ayudaba a disimular el michelín.

Puede que David en algún momento experimentara una iluminación al ver la foto de su propio grupo y entonces comprendiera que no podían quedarse tan “atascados en los 70”. Así no iban a ninguna parte, había que hacer algunos retoques. Quizá no por casualidad surgieron problemas personales entre miembros del grupo, tensiones creativas según dice el eufemismo, así que tras terribles discusiones con sus guitarristas estos acabaron marchándose ellos solitos. Y qué mejor para sustituirlos que buscar otros más jóvenes que tuvieran aspecto de ser hermanos siameses del cantante. Aquí debajo pueden ver el antes y el después, y comprobar ustedes mismos la diferencia.

Los Whitesnake antes y despuésAntes y después del tratamiento de belleza

Saints & Sinners, de 1982, es el último disco de Whitesnake como grupo hardrockero estilo años 70. Tras su grabación, la mitad del grupo huye despavorida: Murray, Paice y Marsden, aunque este último antes de irse coescribe el hit Here I Go Again, dejando así como legado para su archienemigo Coverdale la canción con la que alcanzará mayor éxito y, sobre todo, la que le dará más pasta. Moody y Lord aguantan hasta la siguiente grabación, Slide It In, aunque ya no saldrán de gira ni estarán en el asalto a Estados Unidos. Llegados a este punto, hago un alto en el camino para escuchar la mencionada Here I Go Again, pero la genuina, no la caricatura AOR que se regrabó dos discos después a la exacta medida de los gustos USA.

No hace falta ni comentar la diferencia entre esta deliciosa toma original y la acartonada versión de 1987. Simplemente escuchen en el minuto 03:06 ese solo a dos guitarras tan sobrado de sabiduría y de buen gusto, y a continuación ese mismo espacio ocupado por el típico solo guitarrero exhibicionista a velocidad de vértigo. Les remito directamente al punteo para evitarles escuchar completa la versión chunga. Ese cambio tan brusco se debe a que para ese 1987, da igual referirse al año que al disco del mismo nombre, Coverdale había remodelado el grupo reclutando exclusivamente a músicos jóvenes y fotogénicos. Como mucho deja regresar a la formación al bajista Neil Murray, que al menos se mantiene en el corte en cuanto a límite de edad. Los nuevos integrantes de Whitesnake están entre la creme de la creme de las nuevas hornadas de heavy pastelero, con papel estelar para el superguitarrista John Sykes, que ya había exhibido su pelazo en la etapa más jevimetalera de Thin Lizzy.

Saints & Sinners y Slide It InEntre 1982 y 1984 se fue desmantelando el grupo...

Esta refundación de Whitesnake tuvo que responder a una estrategia perfectamente planificada por David Coverdale para adaptarse a la moda, una especie de pacto con el diablo que le permitió entrar en el olimpo de lo que algunos llaman despectivamente “heavy de los 80”. ¿Cuál sería la motivación de este fausto del rocanrol? ¿El éxito, la gloria, la fama…? Me inclino más bien a que el objetivo primordial fue la pasta. Marsden y Moody eran viejos y feos, y tocaban con la técnica anticuada del venerable hard británico de los 70. Mucho mejor lucir el palmito de los Vivian Campbell y Adrian Vandenberg de turno para sacarle la pasta a los jovenzuelos estadounidenses, con gustos tan proclives a los punteos absurdos a toda velocidad al estilo Eddie Van Halen… ¿verdad, David?

Whitesnake - 1987...y en 1987 se consumó la traición

Y por último, aclarar que el título de este texto ha sido hábilmente plagiado del repertorio de ese gran poeta del rocanrol llamado Manolo Kabezabolo. Con esa contundente frase comenzaba su canción Guatisnei, una traducción libre de otro de los grandes éxitos de los Beatles. Si no la conocen, les aconsejo que dediquen un minuto a solucionarlo, pues la cosa no dura mucho más.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “3 canciones de Rainbow (II): Long Live Rock’n’Roll”, que fue publicado originalmente el jueves 14 de abril de 2011.

Los tres discos de Thin Lizzy en sus inicios como trío

Martes, 4 de enero de 2011.-
Conocemos a Thin Lizzy como uno de los principales grupos de la explosión del heavy británico de finales de los 70 y principios de los 80. Dejaron una canción memorable (The Boys Are Back Town) y un tremendo repertorio que resiste bien el paso del tiempo, sobre todo porque su sonido es fácilmente identificable pese a que militaran en un género tan rígido como es el del metal pesado. Alcanzaron el éxito como cuarteto poniendo en primer plano dos guitarras solistas… como el sonido del bajo era tan poderoso ni les hacía falta guitarra rítmica.

No tan célebre pero quizá más interesante es su etapa inicial como hard rock trio, aportando un toque muy personal a la receta inventada por Cream y la Jimi Hendrix Experience.

Esto ocurría al comenzar la década de los 70. Eran Phil Lynott, Brian Downey y Eric Bell, tres muchachotes de Dublín que se habían mudado a Londres con la sana intención de comerse el mundo. Para empezar no les fue mal: firmaron un primer contrato con Decca, el sello que despreció a los Beatles y luego fichó a los Stones, publicando con ellos un disco por año entre 1971 y 1973. Conocía esas canciones más mal que bien a través de esos típicos recopilatorios cutres con los que Decca acostumbraba a devaluar su catálogo, pero desde que se inventaron los CD’s remasterizados repletos de bonus track la cosa ha mejorado bastante. Al fin he podido oír como dios manda esos tres discos y cuánto más los escucho, más alucinantes me parecen.

Thin Lizzy (1971)Thin Lizzy (1971)

El primer álbum se llama como el grupo, Thin Lizzy. Abundan las partes acústicas y los arreglos de cuerda, siendo muy evidentes las referencias a Irlanda y a Van Morrison, máximo gurú nacional. Se nota que Phil Lynott tenía cosas que decir y qué mejor que tomar como modelo a Van The Man. El CD añade como bonus varias canciones perdidas en singles y EP’s de esos primeros 70. En definitiva, un debut muy tranquilito, aunque el ramalazo roquero también se deja sentir en temas como Ray-Gun o Look What The Wind Blew In. Aquí está esta última en una toma grabada a pelo en el estudio.

Los rasgos diferenciales quedan en evidencia desde el principio: el líder absoluto es Phil Lynott, que para ser aspirante a rock star acumulaba rarezas tales como tocar el bajo, tener la piel oscura y una voz grave muy particular. Está claro que se fijó en Van Morrison sólo como escritor de rock, porque en la forma de cantar no tenía nada que ver. No podía pretender parecerse al gran vocalista blanco de soul, más que nada porque Lynott era mulato, de padre brasileño. Creo que para cantar intentó acercarse a Hendrix, por afinidad de raza y actitud roquera. Tampoco se dejó influenciar por gritadores como Gillan o Plant y marcó esas distancias incluso en los momentos más intensos del auge del heavy rock, lo cual fue siempre de agradecer.

Thin Lizzy - Shades Of A Blue OrphanageShades Of A Blue Orphanage (1972)

El segundo disco sigue alternando intensidad eléctrica con remansos de paz, aunque ya aparecen grandes canciones como Buffalo Gal o la primera versión de Sarah. El título y la portada define bien sus ambientes: sombras en tonos azules, tristes orfanatos, huérfanos irlandeses. Para los bonus track quedan joyas aparecidas en single como Sarah versión 2, Randolph’s Tango o la celebérrima Whiskey In The Jar. Aires de Sudamérica e Irlanda, que se sigan notando los orígenes. Personalmente tengo debilidad por Call The Police, uno de esos fraseos machacones tan característicos de Thin Lizzy que vuelven y vuelven como queriendo cerrar un círculo.

El tercero, el que cierra su etapa en Decca, es Vagabonds Of The Western World. Fue un álbum de 8 canciones que no tenía desperdicio: Slow Blues, A Song For While I’m Away, The Hero And The Madman, Little Girl In Bloom, Mama Nature Said, Gonna Creep Up On You y, por encima de todas, la grandísima The Rocker, la que puse para empezar este texto. No conforme con esto, me he agenciado una Deluxe Edition con 10 extras entre caras B de single, versiones remezcladas y ediciones promocionales para la radio. Y no sólo eso, además trae un segundo CD con tomas en directo grabadas en diversos programas de la BBC Radio 1. Estoy en ello, pero necesito tiempo para digerirlo con todo el deleite que se merece.

Thin Lizzy - Vagabonds Deluxe Edition Vagabonds Of The Western World
(1973, Deluxe Edition 2007)

EPÍLOGO POST-DECCA: La etapa inicial de Thin Lizzy quedó definitivamente cerrada con la marcha de su rubio y barbudo guitarrista, Eric Bell. Dicen que no asumió nada bien el éxito sobrevenido de Whiskey In The Jar. La vieja historia, la misma excusa que puso Eric Clapton para dejar colgados a los Yardbirds. Lynott y el batería Downey trataron de recomponer el trío con otro superguitarrista paisano de ellos, Gary Moore, pero éste solo aguantó unos pocos meses de 1974 y no se quedó lo suficiente para grabar el nuevo disco. Ya con el nuevo contrato firmado con Vertigo, y dispuestos a dar la batalla en los frentes más duros del metal, la opción fue transformar Thin Lizzy en cuarteto con dos de los guitarristas más rápidos de las islas: Brian Robertson y Scott Gorham. Sus duelos de pistoleros exhibicionistas punteando a la vez dejaron huella, así que los los guitarras que vinieron después no tuvieron más remedio que imitarlos: el propio Gary Moore, Snowy White, John Sykes