Lapido, contento; Quique, eufórico

Viernes, 28 de noviembre de 2014.-
Esa es la impresión que dieron el pasado sábado en La Riviera. Después de varios años colaborando en las dos direcciones, a Quique González y a José Ignacio Lapido se les ocurrió hacer una gira juntos. No ha sido una gira cualquiera sino un proyecto serio y concienzudo, planificado con ilusión de principiantes. Es una lástima pensar que ¡Soltad a los perros! esté ya casi acabando, porque lo que vimos en Madrid fue un show bueno de verdad. Seguro que este fin de semana en Granada y Sevilla será todavía mejor. Me gustaría pensar que en adelante habrá más oportunidades.

Siempre es un gusto contemplar sobre un escenario a dos de nuestros roqueros favoritos, pues en el peor de los casos está asegurado un 1 + 1. En este caso el resultado ha ido mucho más lejos. Esta aventura que se han inventado Lapido y Quique González tiene la virtud de ofrecer una versión mejorada de cada uno de los dos artistas. Puede que el momento que recoge este vídeo de aquí debajo fuera un posible punto de partida.

Las vidas artísticas de esta gente ya se habían cruzado unas cuantas veces, pero quizá aquella noche en el Auditorio Manuel de Falla con el público de Granada puesto en pie pudo saltar la chispa. Esta noche vuelven al lugar del crimen, aunque esta vez Lapido no será el invitado local en el concierto de un forastero. En esta ocasión los granaínos podrán contemplar un acontecimiento inédito desde 1996: al maestro Lapido tocando la guitarra en un grupo. La vez anterior fue en Maracena un 18 de mayo, en el Último Concierto de 091… como pasa el tiempo.

Quique González y José Ignacio Lapido - ¡Soltad a los perros!
Dos solistas en una gira con espíritu de grupo

Pues sí, en realidad lo que los dos tipos de la foto han hecho para esta gira es montar un grupo. Justo lo contrario que lo que se suele hacer en una gira de dos. Normalmente se establecen turnos: empiezo yo con mi grupo y toco veinte minutos, luego sales tú otro ratito con tu grupo, y en ese plan. ¡Soltad a los perros! no funciona así. Cada uno eligió algún músico de confianza, buscaron el puñado de canciones más adecuado en el repertorio propio y en el ajeno y una vez confeccionada la lista se encerraron un mes en un pueblo perdido de la Alpujarra para ensayar. O sea, lo que suele hacer un grupo cuando prepara una gira.

Antes de seguir adelante, volvamos a los antecedentes. Si el vídeo de más arriba mostraba una canción en la que Lapido se encontraba con Quique, veamos ahora este otro instante en el que Quique se encontró con Lapido.

Hay que remontarse a unos cuantos discos atrás, cuando Quique González se atrevió a grabar una versión de Algo me aleja de ti. José Ignacio Lapido recogió el guante e invitó a Quique a cantar una canción con él en su siguiente disco. En medio de ningún lado fue la elegida y desde entonces muchas veces han aprovechado la oportunidad de subirse juntos a un escenario. Así hasta dar forma a la idea de la gira conjunta. Vamos, que estos dos personajes estaban condenados a encontrarse.

José Ignacio Lapido - De sombras y sueños (2010)
El disco de Lapido en que colaboró Quique

Al principio el show arranca como un partido de tenis, alternando perros mágicos de Jose con daiquiris de Quique. Después de tres o cuatro juegos manteniendo el saque, pareció que el concierto se decantaba hacia el lado González, pero en el tramo final volvió a equilibrarse con una racha dominada por Lapido.

Quique González y Lapido en La Riviera
Dándolo todo en La  Riviera

El reparto daba un poco igual, pues casi siempre el autor de cada canción dejaba al otro asumir parte del protagonismo. En general, a Quique González se le notaba con muchas ganas de soltar la guitarra y cantar mientras que Lapido, más liberado del micro, pudo hacer unas guitarras solistas extraordinarias. El resultado final fue un riguroso empate a doce, como demuestra este set list que he encontrado por ahí.

¡Soltad a los perros! - Set List

Como puede verse, Lapido escogió canciones de casi todos sus discos, destacando las tres imprescindibles de Cartografía y otras tres de De sombras y sueños, probablemente a petición de Quique. Por su parte, éste se concentró sobre todo en La noche americana, quizá porque aquella etapa suya tan a lo Tom Petty acompañado por los Taxidrivers sea la más asimilable al estilo de su compañero de gira. También hubo varios medios tiempos de Daiquiri Blues, alguna vez citado por Lapido como su disco favorito del madrileño, otras más recientes de Delantera mítica y hasta Clase media, el último single.

Quique González - La noche americana
Con cinco canciones, este fue el disco de la noche

La banda sonó en todo momento muy compacta, apabullante en las partes más guitarreras. Era como si se conocieran de toda la vida, una panda de amigos participando del abundante buen feeling que transmitían los dos jefes. Tras tomarse un respiro al final del bloque principal con una canción acústica para cada artista, la intensidad fue subiendo a lo largo de los bises para culminar en todo lo alto. Primero con el merecido recuerdo a los 091, un Nubes con forma de pistola elegida para deleitar a los más nostágicos. Es una joyita de Todo lo que vendrá después, del último disco en estudio de los cero y poco tocada en directo, pero esta vez supo deliciosa tras la pausa. Obligado a estar a la altura, Quique tuvo que poner en juego Vidas cruzadas. En pleno subidón, prácticamente se desentendió de cantar, cediendo la iniciativa a Lapido y empujando hacia el micro a los guitarristas Víctor Sánchez y Pepo López, para que se hicieran una estrofa cada uno. Para rematar, la maravillosa Cuando el ángel decida volver y un ¿Dónde está el dinero? con toda la caña del mundo para dejar La Riviera patas arriba. Esto no fue en Madrid, sino en Avilés, pero sirve para hacerse una idea.

Y acabó Quique gritando como un poseso ¡Soltad a los perros! hasta la nota final, para que ni un alma pudiera escaparse de la sala antes de tiempo. Terminado el concierto, los músicos saludaron mientras como sonido ambiente se escuchaba el Hound Dog de Elvis etapa Las Vegas. Bonito detalle rematado por el consabido “Elvis has left the building…“, ahí ya nos podíamos marchar. Los que hemos tenido la suerte de estar allí podemos presumir de haber visto a un mejor Quique y un mejor Lapido. Ojalá pudieran alargar la gira o, al menos, publicar el disco en directo que permita que esto perdure como algo más que un grato recuerdo.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El éxito invisible de Lapido”, que fue publicado originalmente el jueves 27 de octubre de 2011.

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Generación Forrest Gump

Miércoles, 13 de julio de 2011.-
Advertencia: voy a contar otra batallita relacionada con un trabajo en el que estuve hace tiempo. Quienes no hayan huido todavía y piensen seguir leyendo, pueden escuchar como fondo musical a Buffalo Springfield, el grupo que reunió por primera vez a Stephen Stills con un Neil Young recién llegado de Canadá. Es una de esas canciones llenas de matices, una contenida crónica acerca de la rebelión, incendiaria y sosegada a la vez.

Empecé a hacerme viejo siendo aún joven, de ahí mi afán por escuchar música de los 70 a una edad en la que me habría correspondido hacerme fan de los Cure, los Smiths o los yú-tú. Pero como el tiempo es ese juez insobornable que da y quita razones (gracias, García), llegaron los 90 y todas esas moderneces de los 80 quedaron obsoletas. La década del grunge se pasó en un suspiro y casi sin darnos cuenta cambiamos de siglo y de milenio. A la redacción de la revista en la que trabajaba empezaron a llegar becarios que no tenían uso de razón en el Mundial ’82 y que a unos cuantos nos convirtieron sin comerlo ni beberlo en auténticos viejunos. No llegaron a tiempo de ver la serie de Naranjito, aunque más tarde descubrí que esas generaciones posteriores a la mía crecieron traumatizadas por dibujos todavía peores, como los Fruitties, los Snorkels, G.I. Joe o He-Man. Recuerdo a un mítico personaje llamado Orco que nos trajo varias semanas de cabeza sin que nadie pudiera identificarlo hasta que cierto señor Becario reveló su nombre.

Sin embargo, los conflictos por la música nunca llegaban a ser tan dramáticos como podía esperarse. Era lógico que algunas cosas dejaran muy en evidencia el salto generacional, pero casi por sorpresa aparecían otras en las que todos estábamos de acuerdo. ¿Y como era posible que esos jovenzuelos conocieran a la Creedence, a los Byrds, a Scott McKenzie o a The Mamas & The Papas? La explicación es que la influencia del rocanrol se estira y se estira como un chicle, a veces por culpa de un spot publicitario, a veces por culpa de una película.

Forrest Gump-The SoundtrackForrest Gump-The Soundtrack (Special Edition 2001)

Resulta que Forrest Gump era una película muy emocionante que ambientaba acontecimientos fundamentales de la segunda mitad del siglo XX con canciones acojonantes de cada preciso momento. Creo que se estrenó en 1994, y tuvo tal impacto en el tramo final de esa década que debió de dejar flaseada a toda la gente de entre doce y dieciséis tacos, grabando a fuego en su inconsciente colectivo escenas y canciones de la peli. Diez años después, por culpa de Forrest Gump, en la revista fuimos invadidos por una generación de becarios que controlaba perfectamente el perro de caza de Elvis, el flower power de San Francisco, la gloriosa era de Acuario, el soul de las Supremes y hasta el Sweet Home Alabama.

Todo esto viene a cuento de que el otro día me pille en la biblioteca de mi pueblo una edición especial en doble CD de esta banda sonora. Reconozco que lo hice en homenaje a mis queridos becarios. Por cierto, un día de estos voy a tener que ver la película… si es que la devuelve el tío que la tiene retenida.

Bill Haley & The Comets, rocanrol primigenio con caracolillo (Yo no soy Bo Diddley vol. 3)

Miércoles, 21 de abril de 2010.-
Aunque quizá robara la idea al negro Big Joe Turner (la clásica historia de los viejos tiempos racistas), a este señor se le atribuye la invención del rock & roll tal como empezó a gustar a los blancos: en 1955 añadió swing a la música de los negros y tuvo una enorme proyección en los medios de la época. No había problema, la imagen de Bill Haley era sexualmente inofensiva y aún faltaba un año para que Elvis escandalizara a la inocente América con sus movimientos pélvicos mientras cantaba Hound Dog, así que el bueno de Bill pudo salir en la tele con su caracolillo sin que nadie se ofendiera. Y también salió en el cine. Su canción más famosa sirvió para ilustrar los títulos de crédito de la película Blackboard Jungle. Ahí estaba Glenn Ford como angustiado maestro tratando de mantener el tipo ante sus delincuentes alumnos… como la distribuidora en España no veía la manera de meter mano al título, hizo la típica traducción a su bola: Semilla de maldad.

Vaya, parece que el salvajismo en las aulas nunca pasa de moda… A esta canción se le atribuye el honor de ser el primer rock en la historia del cine, y yo añado que Rock Around The Clock es también muy útil para enseñar a los niños a contar hasta 12 en inglés. Pensándolo bien, esto es un poco como la infancia del rocanrol, incluso lo de Haley y sus cometas suena a chiste tontorrón, esa fórmula tantas veces repetida en el pop español de los 80. Y poco más sabía sobre este tipo, salvo que su hijo consiguió entrar en el Libro Guiness batiendo el récord de subida de escaleras en rascacielos… ¡qué duro es ser hijo de famoso, también en los USA!

Bill Haley & The Comets - The Very Best OfThe Very Best Of Bill Haley & The Comets (1999)

Más sobre Bill Haley & The Comets en:

http://balbinositio.zymichost.com/balbinoblog/archives/471