Cuando Charly se paseó por Madrid en plan Keith Richards

Jueves, 20 de marzo de 2014.-
Hace tiempo escribí sobre la primera incursión de Charly García en España y coloqué en el título la palabra “fracaso”. Algunos lectores argentinos se pusieron en guardia imaginando ofensas intolerables y, aunque no las encontraron, no pudieron evitar sentirse incómodos e incluso algunos enviaron comentarios muy sentidos. Puntualizo: el “no éxito” de Charly en España no fue culpa suya ni tampoco de ninguna clase de prejuicio del público español hacia lo argentino. Más bien habría que atribuirlo a nuestra escasa cultura roquera y a que nuestra industria musical jamás se ocupó de promoverla. Aquí la minoría rocanrolera siempre tuvo cierta envidia por la posición que ocupa el rock en Argentina, mucho más relevante allá que acá, de forma que todo lo argentino suele ser bien valorado por los buenos degustadores. Prueba de ello es la expectación que despertó la visita de Charly en 2004, en contraste con la indiferencia de 1986.

Fue el 16 de julio en el patio del Cuartel de Conde Duque, un coqueto escenario de mediano aforo donde se suele programar buena música para hacer más llevaderos los veranos de la villa. Cómo no, el recinto estaba mayoritariamente repleto de argentinos residentes en Madrid, más algún que otro intruso entre los que me encontraba. “No soy famoso en España, ¿y qué?”, decía Charly. El vídeo de arriba pertenece a un concierto en Obras Sanitarias de justo antes de venir a Europa, más o menos lo mismo: una especie de grandes éxitos acompañado por tres chilenos a los instrumentos de rock y tres argentinos a los instrumentos de cuerda, pero ante una audiencia masiva. En cambio en Conde Duque fuimos unas mil personas las que disfrutamos del privilegio de tenerlo cerca y, después de esperar tantos años, fue una suerte escuchar una canción de cada uno de sus antiguos grupos, Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. Esos clásicos más los de su carrera en solitario se alternaron con repertorio extraído de Influencia y Rock and Roll Yo, dos discos de entonces en los que conseguía ser genial disparatando con versiones de Todd Rundgren y los Byrds. Su compañía los publicó a la vez en España, cosa que no hacía precisamente desde Clics modernos… casi veinte años de invisibilidad discográfica, ya les vale.

Charly García - InfluenciaInfluencia (2002)

Empezó a tocar antes de la hora, lo nunca visto en mi ciudad, y cuando al fin pude asomarme al patio de Conde Duque estaba casi terminando Cerca de la revolución, la primera canción. Me encontraba tan alterado por la posibilidad de ver un concierto de Charly García que había comprado una entrada de más pensando en un amigo, y a la hora de la verdad el amigo no estaba… verano en Madrid, ya saben. Tuve que hacer guardia ante la taquilla para vender la entrada que me sobraba. Una pesadilla, nadie quería una entrada, nadie va solo a un concierto y menos a un personaje tan inusual como Charly. Lo conseguí justo a tiempo de ver acabar la primera canción y justo entonces comenzó el diluvio. Me acordé de Keith Richards. El chico malo de los Stones dio gracias al creador por los efectos especiales del 7 de julio del 82, los rayos y los truenos que adornaron el Under My Thumb con el que iniciaba su show en el Vicente Calderón. Para no ser menos que ellos, el concierto de Charly García también empezó remojado por una tormenta de verano madrileña. En la página de un fotógrafo que estuvo allí pueden ver el aspecto imponente con el que aguantó el chaparrón: traje de pintura roja, foulard de lentejuelas y alpargatas blancas. Y para colmo, apenas unos minutos antes, el divo acababa de presentarse a la cita en una limusina blanca, otro detalle de rock star más propio de Richards que de un roquero de habla hispana.

Charly García - Rock And Roll YoRock And Roll Yo (2003)

No seguiré con los paralelismos por no dejar en mal lugar a Keith Richards, cuya pose de tipo duro no resiste la comparación cuando se le opone un duro de verdad, como es el caso. Aquel Charly que vimos en Madrid en julio de 2004, según decían los entendidos, no era el mejor Charly posible. Su deterioro físico era incluso superior al del Richards más demacrado, dato alarmante teniendo en cuenta que el argentino es casi diez años más joven. Su voz envejecida, sus dedos deformes y su delgadez enfermiza anticipaban el descenso a los abismos psiquiátricos en los que caería solo unos años después. Una vez superado su periodo clínico, hoy se le ve más gordo, casi como un viejito normal y corriente, pero su aspecto de entonces sí que daba miedo de verdad.

Charly GarcíaEn el punto álgido del deterioro

Volviendo al concierto, diría que el show rayó a gran altura dadas las circunstancias. En esos años, mientras se resistía al colapso total, Charly consiguió enlazar varios discos fascinantes, como los dos mencionados anteriormente, y ese buen momento artístico a veces se reflejaba en los directos. Como en España llevábamos varios lustros sin verle tocar, se ve que el tío se propuso ser bueno y entregó un bonito concierto. Eso en cuanto a la música, porque en lo que se refiere a la actitud estuvo un pelín antipático… o no, tal vez empleó el habitual tono arisco con que suele obsequiar a sus seguidores. Se notaba que Madrid era para él territorio hostil, y ante la evidencia de que había pocos españoles prefirió atacar a sus compatriotas allí presentes. “Así que ustedes son los que huyeron de la Argentina… qué, ¿les trataron bien acá en España? ¿ganaron mucha plata?”. Unos días después en La Mar de Músicas ofreció más de lo mismo, soltando al público de Cartagena una bordería tras otra sin poder evitarlo. Pese a todo, la gente que es de Charly lo es incondicionalmente y si cae un himno de esos que padres e hijos pueden cantar juntos la grada se viene abajo, lo mismo en Conde Duque que en Quilmes Rock, donde según parece también llovió.

Total, que tras ese Seminare que puso al borde de la lágrima a argentinos de varias generaciones y después de una inexplicable exhibición de malabarismo con las alpargatas que llevaba en chancleta (las lanzaba al aire lo más alto posible intentando que volvieran a aterrizar en su pie), Charly García decidió zanjar el asunto cuando apenas superaba la hora de concierto. Después de hacerse rogar más de la cuenta en una interminable petición de bises, ese “una más y no jodemos más” que suena tan entrañable a oídos españoles, tocó otro par de canciones y se largó dejando la inevitable sensación de coitus interrumptus. Pero el desplante no quedó ahí. Mientras algunos pesados vigilábamos al conductor de la limusina en la puerta principal, los músicos se escabullían en un coche más modesto por una puerta trasera. El chófer puso en marcha la limusina blanca sin pasajeros a bordo y una calle más adelante, ya lejos de los fans, se detuvo para que Charly pudiera cambiar de vehículo. Nos la había vuelto a jugar.

Charly García saluda al personalLa imagen no es de aquella noche, pero podría

¿Y saben lo peor? Que esa noche Charly García ofreció otro concierto improvisado en un conocido local del centro de la ciudad. O sea, la media hora que escatimó a quienes habíamos pagado entrada la regaló más tarde en una fiesta privada. Uno de los presentes al menos tuvo el detalle de grabarlo íntegro para que podamos verlo en youtube.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “El fracaso español de Charly García”, que fue publicado originalmente el domingo 12 de junio de 2011.

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