Proezas calamarianas

Lunes, 25 de abril de 2011.-
He leído que para esta misma semana se anuncia la publicación de Salmonalipsis Now, inquietante título que sugiere una nueva vuelta de tuerca a los archivos salmónidos. A estas alturas de 2011, superado ya el primer decenio post-salmón, Andrés Calamaro continúa obsesionado con aquellas traumáticas grabaciones. Pues resulta que, sin saber nada de este asunto, hace poco me acordé de El salmón. Reconozco que fue en circunstancias totalmente ajenas al rocanrol y desde luego muy poco calamarianas. Procedo a explicarlo.

La más famosa franquicia mundial dedicada a la comida rápida tiene por norma poner de fondo una especie de hilo musical de producción propia con los grandes éxitos de la canción en castellano de los últimos tiempos. Entre los Presuntos Implicados, Torrojas y Rosarios de turno, quizá por alguna clase de cuota iberoamericana, a veces se cuelan cosas como ésta.

Mientras devoraba mi hamburguesa, el Estadio Azteca me trajo recuerdos de un tiempo en el que muchos roqueritos vivíamos pendientes de cada nueva ocurrencia de Andrés Calamaro. Artista tendente a los excesos, todo el mundo sabe que estableció su propio récord con El salmón, quíntuple CD no recopilatorio que incluía la friolera de 103 nuevas canciones. Me encuentro entre los pocos que puede presumir de haberlo oído entero de una tacada, incluso unas cuantas decenas de veces.

103 cortes de salmonEl salmón (2000). En la contraportada puede apreciarse
el ladrillo de texto que condensa las 103 canciones

No fue por masoquismo ni tuvo nada de particular, fue simplemente que encajaba bien en un horario de trabajo de 09:00 a 14:00 horas. Para evitar el clásico debate por la música cada vez que se acababa un CD, bastaba poner El salmón y ya se llenaba la mañana entera. Varios compañeros llegamos a la conclusión de que era el disco ideal para escuchar los lunes, y lo establecimos como precepto. Los lunes, salmón. Durante varios meses. Los atletas maratonianos hablan de “el muro”, un momento crítico hacia las tres cuartas partes de carrera en que les invade un terrible impulso de abandonar la prueba. Nuestro particular muro lo sufríamos en los cortes más arduos del cuarto CD, con tostonazos como Empanadas de vigilia, Expulsado del paraíso, Metálico cha cha, Séptimo hijo varón o Ciudadano pesado. Una vez superado el muro, el trabajo del lunes era pan comido.

Salmon troceadoEl salmón, abierto o en rodajas

Dejo El salmón y vuelvo al Estadio Azteca, canción con la que establecimos otra marca insuperable. Calculo que la oímos unas cincuenta veces seguidas, durante al menos tres horas. Parece una locura, sin embargo también tiene una explicación.

Resulta que aquel dichoso disco quíntuple condujo a Calamaro hacia un callejón sin salida. Nuestro admirado cantante no sabía hacia donde tirar y en la discográfica se horrorizaban cuando les planteaba proyectos a cual más delirante, como aquella frustrada caja de 500 canciones con la que a los adictos se nos hacía la boca agua. La travesía en el desierto conocida como Deep Camboya se alargó más de tres años, para al final encontrar la vía de escape con un disco completamente desconcertante.

El cantanteEl cantante (2004)

Porque esto era precisamente lo que ningún seguidor esperaba. Ese repertorio de cantautores folk latinoamericanos, ese sonido blandurrio, esos arreglos decepcionantes, esa producción convencional hasta la náusea tal que se creyera un nuevo Alberto Cortez. Vamos, que El cantante nos pareció un trabajo totalmente prescindible, salvo por las escasas tres canciones firmadas por el propio Andrés. En pleno síndrome de abstinencia calamariano, había ganas de devorar La libertad, Las oportunidades y Estadio Azteca. Y en esas, apareció por la redacción de nuestra revista este CD single promocional.

Estadio Azteca (2004)

Eran tiempos de transición hacia el formato mp3 y los programitas que gestionan listas de reproducción, pero aún solíamos usar reproductores convencionales de CD. Play, pause, stop, rewind, fasforguar, salto de pista y volumen, todo a palo seco, nada de chorradas adicionales… salvo la tecla de reproducción continua, muy útil para evitar silencios. En este caso, tratándose de un CD single de una sola pista y con todo el personal demasiado ocupado para cambiarlo, Estadio Azteca sonó durante toda una mañana, como en una especie de liturgia anti-salmón.

No sé exactamente si también ocurrió un lunes, pero hoy sí lo es. En homenaje a aquella mañana legendaria, vuelvo a insertar justo el mismo vídeo de youtube que ya puse al principio de este texto.

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