Últimas cassettes: Josele Santiago en la Cara A

Miércoles, 12 de febrero de 2014.-
Tengo un coche del 99 ya bastante viejecito y otro de 2004 que va camino de serlo. Entre uno y otro me paso la vida en el taller, pero ni me planteo cambiarlos. Tengo apego a las cosas que me han servido bien y que aún están en uso, por eso no me dejo seducir tan fácilmente por cantos de sirena ni aunque les pongan nombres tan atractivos como aipod, esmartfon o blutuz. Durante la última avería la compañía de seguros me dejó un coche de sustitución de estos tan modernos que él solito apaga sus luces cuando te vas y abre sus pestillos al acercarte, como el perrito que mueve la cola cuando llegas a casa. El lector de CD’s era bien chulo, lleno de colorines y con puerto USB, pero no me impresionó… cuando voy en mi coche puedo escuchar cassettes y ese detalle, bajo mi punto de vista, no hay tecnología punta que pueda superarlo.

Tenía casi olvidados un buen montón de cintas en la guantera del coche viejo y a raiz de este episodio puse una al azar. Salió esto.

Era una de esas recopilaciones que me grababa en cassette para no castigar demasiado los CD’s originales, probablemente una de las últimas que me molesté en hacer. Allá por 2004 la industria del disco empezaba a resquebrajarse por culpa del top-manta y de la copia doméstica. Cualquier tuercebotas podía acoplar un tostador a su PC para repartir entre sus amiguetes una docena de copias de cada disco de promoción enviado por las compañías, que facilitaban así su propia ruina. Cuando comprendieron que toda estrategia represiva resultaba inútil, las disqueras hicieron un último intento jamás visto hasta entonces: mimar a la clientela. Se esforzaron en lanzar toda clase de ediciones de luxe bien ajustadas de precio, pero ya era demasiado tarde para recuperar compradores. Eso sí, en ese corto periodo de tiempo los pocos que quedábamos pudimos sentirnos por una vez bien tratados y nos llevamos a casa algunos discos realmente bien producidos, con buenos diseños y al fin presentados con algo de buen gusto.

Josele Santiago - Las golondrinas etceteraLas golondrinas etcetera (2004)

El debut en solitario de Josele Santiago fue uno de los lanzamientos que disfrutó de ese privilegio. Recién disueltos Los Enemigos, pareció que la compañía apostaba por él: DVD con material extra, carpeta diseñada por Javier Aramburu, producción de Nacho Mastretta, guitarras de Pablo NovoaLas canciones eran una pasada y sonaban de maravilla, pero a la hora de la verdad el disco pasó casi inadvertido. Tirando por lo alto, puede que se enteraran cuatro de cada diez fans de Enemigos. Les ocurrió a bastantes artistas de los 90 que trataban de relanzar sus carreras en el siglo siguiente, las reglas del juego habían cambiado a gran velocidad y de repente se vieron fuera de sitio. Los que sacaron disco allá por 2004 se encontraron con que su público prácticamente había desaparecido.  

Josele Santiago - Ole papaOle Josele, por seguir intentándolo

Ventas raquíticas y salas de concierto vacías, esa es la audiencia que obtuvieron algunos artistas malogrando periodos de apreciable madurez creativa. Cuando di la vuelta a la cassette encontré otras canciones de esa misma época en similares circunstancias… pero eso lo dejo para la siguiente entrega, volvamos a Josele Santiago. Mientras el tipo luchaba por hacerse un hueco, otro grupo un pelín más joven y con bastante empuje encontró la tecla que le abría las puertas del gran público. Su disco de 2002 les convirtió en un fenómeno superventas y para presentar su siguiente trabajo ya se involucraron en una gira de grandes recintos, reventando allá por donde pasaban. En septiembre de 2005 me acerqué a verlos a las fiestas de San Sebastián de los Reyes, en parte por el aliciente de ver al telonero Josele. Salió ligero de equipaje como para no molestar, presentando el repertorio de Las golondrinas en formato acústico con el único apoyo de la guitarra de Pablo Novoa

Amaral - Estrella de marDel éxito de ventas desde 2002…

…la verdad, fue un poco bochornoso soportar a todas esas niñatas ignorantes abucheando a un ex Enemigo y a un ex Golpe Bajo. Claro que el motivo del abucheo sería precisamente no saber quienes eran esos señores mayores tan cansinos que estaban retrasando el concierto de Amaral. Cuando por fin salieron las estrellas de la noche con gran despliegue de watios, esas chicas tan entusiastas pudieron por fin desfogar sin límite toda su excitación de fans… para nada esperarían que en la primera pausa entre canciones se iban a llevar un buen rapapolvo. Eva Amaral no se cortó un pelo en pegarles la bronca en plan profe de primaria, algo así: “habéis sido muy malas por meteros con nuestro amigo Josele, al cual admiramos, así que cuando lleguéis a vuestras casas os cogéis su disco y os lo escucháis diez veces”. Que otra cosa no, pero recién llegados al éxito menudos eran esos Amarales a la hora de brindar su reconocimiento y gratitud a Enemigos, Lagartija Nick, 091 y todos esos grupos que ellos escuchaban cuando aún no eran más que unos aprendices.

Amaral - Pájaros en la cabeza…a la gira masiva de 2005

Sé que Eva Amaral y Juan Aguirre siempre han caído mal al sector más enteradillo del rock español y sé que más de un lector de A70 se rasgará las vestiduras cuando vea el youtube de más abajo. Lo siento, siempre me dio la impresión de que los mismos que les odian los habrían idolatrado si sus discos no hubieran ido más allá de las mil copias vendidas. En mi opinión, ser superventas y sonar a todas horas en las radiofórmulas no significa nada malo de por sí, por eso nunca tuve problemas en escucharles con agrado, ir a sus conciertos y hasta incluir alguna de sus canciones en mis cassettes para el coche. Por ejemplo, ésta.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Joe Cocker y su asombroso momento Woodstock”, que fue publicado originalmente el viernes 20 de noviembre de 2009.

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El éxito invisible de Lapido

Jueves, 27 de octubre de 2011.-
Hace un par de semanas hice algo totalmente inusual en mí, tan apalancado como estoy en recuerdos de rocanrol: ir a un concierto. Fue el sábado 8 de octubre en la Sala Caracol. Y vi esto.

De los músicos que admiro y siguen en activo, hay algunos a los que alguna vez compro sus discos y unos pocos a los que compro todos. Lo de acercarse a los conciertos cuesta mucho más trabajo, pero José Ignacio Lapido es quizá el único al que siempre procuro ir a ver en directo. Bueno, a él y a la J. Teixi Band. Cada uno en su estilo, considero a Lapido y a Javier Teixidor como dos auténticos currantes del rocanrol a los que merece la pena contemplar sobre el escenario. Aunque últimamente encuentro una pega: que ese escenario sea el de la Sala El Sol… tan mítica, tan entrañable… pero tan incómoda y con esa desagradable acústica. La última vez que vi allí a Lapido acabé con tal bloqueo de oídos que me quedaron muy pocas ganas de repetir. Es más, falté a la presentación de su último CD y creo recordar que no hice mucho por evitar perdérmelo.

De sombras y sueños (2010)

Meses después, y tras unas cuantas escuchas del disco, me dejo liar por el mismo amigo de siempre para su nueva visita a Madrid. “Vale, píllame una entrada”, respondo sin mucho pensar, y para mi sorpresa la cita es en la Sala Caracol. Mucho más al tanto que yo, Miguel me cuenta que Lapido agotó las entradas del concierto de la Sala El Sol al que no fui y que, como se quedó bastante gente colgada en la Calle Jardines, el granaíno prometió regresar pronto a una sala algo más grande. Me parece que, tal como están las cosas, esto es mucho decir.

Gira octubre 2011Lapido se ha visto obligado a repetir en Madrid y en
otras dos plazas de primera, Bilbao y Barcelona

Me explico. Hace ya más de mil años que 091 se separó y que José Ignacio Lapido emprendió su propio camino. Fue una decisión valiente, el grupo estaba sonando como una apisonadora y esa carrera en solitario se aventuraba incierta. Sí, Lapido era un excelente autor, pero defender las canciones con su propia voz… Aunque la cosa no estaba nada clara, va avanzando el siglo XXI y ahí sigue, vendiendo discos y llenando salas. No es que quepan muchos miles de personas en Caracol, pero me sorprendió ver tanta gente, y además público con aspecto de comprar su entrada y tener el disco, nada de amiguetes con invitación.

Desde 1999, la trayectoria en solitario de Lapido ha sido casi invisible. No sale en la tele, no suena en la radio. A veces Amaral habla bien de él, a veces Quique González, M-Clan o Los Hermanos Dalton graban temas suyos, a veces Miguel Ríos le invita a alguno de sus conciertos de prejubilación… pero poco más. Sin embargo, Lapido ha conseguido ser dueño de su carrera y tener un prestigio siempre al alza. Lentamente, pero siempre en aumento. Casi desde el principio moldeó su propia compañía para autoeditarse, de manera que puede publicar más o menos cuando a él le da la gana. Nunca defrauda, sus canciones siempre están a la altura. Las portadas son bonitas, pone elegantes ilustraciones en los libretos y hasta hace videoclips chulos, como los que he puesto aquí debajo. Creo que, sin grandes estridencias, este señor ha conseguido ser un artista de éxito.

En el concierto de Caracol note un ambiente grato, casi familiar, como si la amplitud y limpieza del lugar (¡ya no se fuma en los conciertos!) tuviera su reflejo en un sonido lleno de matices. Quizá en algunos tramos un poco pasado de volumen, por poner alguna pega, pero nada que ver con el ruido insoportable de El Sol. Vi a gran parte del público cantando sus canciones y me pareció admirable, con esos estribillos tan poco asequibles que lo mismo citan a Quevedo y al mito de Sísifo que a Bo Diddley y al Burnin’ Love de Elvis. Ya sea por mi deficiente memoria o por no ser el mejor fan, yo nunca sería capaz de llegar a tanto. Caigo en la cuenta de que reconozco todas las canciones, pero a duras penas puedo distinguir a cuál de sus seis discos pertenece cada una. Es el problema de mantener siempre la calidad, de no tener altibajos. Hacer las cosas siempre bien resulta un poco monótono.