Formas de librarse de la mili en tiempos de Charly García

Martes, 24 de marzo de 2015.-
Hay individuos que cuando escuchan una buena historia no dudan en apropiarse de ella para contarla en primera persona en cuanto tienen oportunidad. Doy fe de ello, pues he sufrido algunos casos notorios de suplantación de historias ajenas. Una vez me fue fácil descubrir el fraude, pues la anécdota robada era mía; en cambio, la trola que voy a contar a continuación me la colaron al cien por cien y tardé años en descubrir la prueba que lo delató. Antes de empezar con mi batallita personal pondré de fondo esta música que al final tendrá una conexión inesperada con el relato.

Lo que suena es el primer éxito compuesto por un tal Charly García, el que sería primer single de un LP de debut que todo enterito se convirtió en una especie de fenómeno generacional. Parece ser que la escribió tras superar una experiencia traumática en el servicio militar en la que estuvo a punto de irse al otro barrio. Se le advertía tanto potencial a esa Canción para mi muerte, así se llamaba el hit, que el mánager consiguió que actuaran en el Buenos Aires Rock de ese mismo año 1972 cuando todavía ni se les conocía ni habían publicado el disco. En realidad el rodaje tuvo truco, pues tocaron de tapadillo casi sin público y luego insertaron los planos de la gente en plan Woodstock argentino para la película Rock hasta que se ponga el sol.

Sí que fueron tiernos sus comienzos, ¿verdad? Viéndolos en ese escenario con la inseguridad del principante nadie podría imaginar lo que Charly llegaría a significar después. En Sui Generis, el dúo con el que se dio a conocer, él y Nito Mestre parecían mellizos, los dos tan flaquitos, tan jóvenes, con el pelo tan largo…

Nito Mestre y Charly García
Nito y Charly, tan jóvenes, tan flacos

No me extraña que tuvieran alergia a los militares, pues se les veía tremendamente hippies tanto en el aspecto como en su estilo musical. Esas guitarras acústicas, esos teclados y esas armonías vocales supongo que se mirarían en modelos como Simon & Garfunkel, Crosby & Nash o Stills & Young. Con tristeza he de decir que en España lo más parecido que hubo fue un dúo blandengue que casi prefiero ni mencionar. Estos se orientaron exclusivamente a niñas, pues su monotema era el amor adolescente, en cambio Nito y Charly lo mismo podían gustar a chicas que a chicos ya que cantaban indistintamente a la paz y al amor, a la vida y a la muerte. Incluso podían tener fans de más de veinte años. Lo pude comprobar en una peli argentina titulada Nueces para el amor. La pareja protagonista coincide en el tren huyendo de un concierto de Sui Generis que finalizó con una tremenda carga policial. El ambiente de revuelta juvenil propicia el enamoramiento y semejante cúmulo de emociones acaba convirtiendo Canción para mi muerte en banda sonora de todo lo que va sucediendo después a esos personajes.

Sui Generis - Vida
Vida (1972)

Hace también mucho tiempo, aunque un poco menos que de lo del párrafo anterior, conseguí mi primer empleo serio en una revista. Allí había un maquetador argentino que contaba unas historias alucinantes. Todos los redactorcitos novatos las escuchábamos embobados, en especial una sobre lo que tuvo que hacer para librarse del servicio militar obligatorio en la época de los terribles milicos. Nos explicó que un amigo suyo estuvo sin cambiarse de calcetines desde varios meses antes de su fecha de incorporación y consiguió que le tiraran el examen médico por pies fétidos. Qué triste, se libró de la mili y de ir a las Malvinas, pero se quedó con la peste para toda la vida. Nuestro compañero, en cambio, optó por fingirse oligofrénico. Según él, se mantuvo días sin articular palabra inteligible y dejando escapar la baba de su boca, táctica que ya había entrenado previamente en casa aleccionado por su propia familia. Una vez, estando en formación, empezó a llover y después de un rato el sargento dio la orden de romper filas. Todos los soldados salieron corriendo menos él, que se quedó solo en el patio aguantando la lluvia y empapándose durante horas completamente inmóvil. No tuvieron más remedio que certificar su locura y dejarle marchar. También nos hablaba mucho sobre rock argentino, aunque en eso no le hacíamos el menor caso.

Años después, aunque por otros caminos, sí que descubrí el rock argentino. Empecé por Pescado Rabioso y me atrapó de tal manera que ya no pude parar. El disco que rompió todos mis esquemas fue Artaud. Qué manera tan natural de combinar rock con poesía. Increíblemente no resultaba pretencioso, jamás había escuchado nada igual en nuestro idioma.

Tenía que ponerlo una y otra vez, pues detrás de ese disco se intuía a un tipo absolutamente genial. No tuve más remedio que ponerme como loco a investigar sobre el maestro Spinetta y me fui encontrando con soberbios grupos como Almendra e Invisible, y luego otros como Color Humano, Aquelarre, Vox Dei, Manal,… ¡todos buenísimos y bastante más avanzados que sus equivalentes españoles! Tarde o temprado tendría que hincar el diente a Charly García. Temía quedar defraudado, pues suponía que su talento era solo apto para consumo local e incomprensible a este lado del charco. Algo de eso había, y además su ascenso a los altares del rock se produjo sobre todo en su etapa solista de los 80, con abuso de sintetizadores y Raros peinados nuevos. Insistí, retrocedí en el tiempo, me enganché a todos sus grupos anteriores y terminé cogiendo el gusto al García completo: a Serú Girán por su intensidad, a La máquina de hacer pájaros por su locura y a Sui Géneris por su sensibilidad. Con cada uno de esos grupos añadía un peldaño en su impetuosa carrera de rock star, pero hay que decir que incluso en Sui Géneris el tono de inocencia postadolescente no fue más allá del primer LP. Para disgusto de Nito, pronto las ambiciones de Charly como músico empezaron a desbordarse hacia lo sinfónico. El segundo disco ya muestra esa evolución y en el tercero se descuelga con un complicadísimo planteamiento conceptual.

Sui Generis - Pequeñas anécdotas sobre las instituciones
Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974)

La idea de Instituciones era que cada canción ridiculizara a uno de los estamentos que controlaban la sociedad, lo cual no gustó mucho a los censores. Sólo pasaron el corte las letras más raras que casi no se entendían, mientras que las dos más explicitas se tuvieron que quedar fuera. Las dos canciones vetadas, Juan Represión y Botas locas, tuvieron que esperar años hasta ser publicadas, aunque sí que circularon ampliamente en directos y grabaciones piratas. El caso es que cuando escuché Botas locas algunos de sus versos me resultaron vagamente familiares.

Así que Charly García reconoce aquí que se hizo el loco para que le echaran del ejército. Eso me sonaba. Siguiendo la pista, leí varias notas biográficas en las que se contaban las historias más disparatadas sobre cómo Charly consiguió que el psiquiatra castrense le diagnosticara trastorno bipolar con personalidad esquizoide. Algunas hablan de ataques verbales contra sus superiores y la más extrema llega a afirmar que sacó un cadáver del depósito y lo paseó en silla de ruedas por todo el cuartel. No sé cuál será la buena, pero todas ellas me remiten de una forma u otra a las aventuras que nos contó aquel compañero argentino. No sé qué pensar, puede que fuera todo inventado o quizá contuviera alguna porción de realidad; sí les digo que desde entonces me quedó la impresión de que nuestro amigo nos contó la mili de Charly García con él como protagonista. En cualquier caso, pueden hacer la prueba: piensen en alguna vieja anécdota personal y alíñenla con un chorreoncito de Charly, sin abusar para que no se note mucho. Verán cómo les queda mucho más mítica.

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Intro Rock Argentino”, que fue publicado originalmente el miércoles 1 de junio de 2011.

Sigo con Spinetta

Domingo, 26 de febrero de 2012.-
Pasan los días y no consigo despegarme de la música de Spinetta. Continúo donde lo dejé, en la octavilla de sus conciertos en 2002.

Spinetta gira esapñola 2002

Hubo que esperar treinta y pico años de carrera de Luis Alberto Spinetta para verle sobre un escenario en España. Reconozco que yo no esperé mucho, hacía poco que había descubierto su música, pero aún así sentí esa emoción tan especial de estar viviendo un acontecimiento histórico. Allí, tan cerca del maestro, en una sala tan acogedora como Galileo. Entre algún clásico dosificado con cuentagotas, el concierto se basó sobre todo en el repertorio de Los ojos, su disco más reciente entonces, más alguna canción larguísima de sus últimas andanzas con su grupo Los Socios del Desierto. Algo parecido a esto.

Creo recordar que nos visitó haciendo una escala durante su camino hacia un festival de jazz en Francia, donde por lo visto su música sí era muy apreciada. Parece extraño que llegaran mejor sus palabras a los franceses que a lo españoles, pero así de raro nos resulta Spinetta. Hace poco ha contado Diego Manrique en su blog que lo entrevistó en aquella ocasión y Luis Alberto se comportó como un estúpido marcando distancias con pose de divo. Me lo puedo creer, pues esos tres conciertos en Zaragoza, Barcelona y Madrid tenían pinta de ser un compromiso apretado con calzador para promocionar un disco recopilatorio que le importaba más bien poco ante un público que le interesaba aún menos. No insistiré en ese asunto, sobre todo después de lo mal que se han tomado en Argentina el artículo de Manrique (¡hay que ver cómo se ponen los argentinos si les tocan a uno de sus mitos!). Supongo que es el riesgo que corren los periodistas cuando conocen en persona a músicos a los que admiran.

Sobre las tablas fue otra cosa. Spinetta actuó como un grande. Fue educado y agradecido con el público, y especialmente considerado con sus compatriotas presentes en Galileo Galilei. La sala no llenó a reventar, pero convocó a bastante gente teniendo en cuenta que era uno de los primeros domingos de aquel verano, con Madrid medio vacío… ¡y a las 7 de la tarde! Quizá tenía que salir pronto para tomar un vuelo a París, o quizá fue por influencia de la Copa del Mundo de fútbol. Ese día, el 30 de junio, se jugó la final del Mundial de Corea y Japón. Los partidos se televisaban a horas asiáticas y andábamos todos trastornados. Brasil se proclamó pentacampeona y el héroe fue Ronaldo, pero el Ronaldo de verdad. Aclaro que el concierto fue unas horas después, no como la conferencia de Borges en 1978.

Viejas canciones (2004)

La visita sirvió como primera toma de contacto antes de la publicación de Viejas canciones, un recopilatorio editado exclusivamente en España. Y poco después hubo una nueva gira, ya con la foto que se usó como portada de su disco español.

Segunda gira española de Spinetta

Me perdí esta segunda cita, supongo que la dejé pasar por tener tan reciente la anterior. Sí me compré el disco. No era una vulgar colección de grandes éxitos, sino una cuidada selección supervisada por el propio Spinetta. No entró ninguna canción de Almendra, un par de ellas de Pescado Rabioso, algunas de sus discos en solitario y, sorprendentemente, hasta diez temas de Invisible. Esa es la imagen que él quiso ofrecer de su propia carrera a un público que nunca había tenido la oportunidad de oírle.

InvisibleSpinetta, Pomo y Machi

Invisible significó la tercera gran etapa en la trayectoria de Spinetta. Según él fue el grupo en el que, sumadas las experiencias de sus anteriores proyectos, hizo exactamente la música que quería hacer. Reclutó a Pomo y a Machi, que habían sido base rítmica en Pappo’s Blues, y se convirtieron en un sofisticado trío de jazz-rock al servicio de las canciones de su líder. Y alcanzaron su tope de perfección justo en su último disco.

Invisible - El jardín de los presentesEl jardín de los presentes (1976)

Realmente tuvo que ser el mejor, pues Spinetta lo incluyó casi íntegro en Viejas canciones. Ahí estaban maravillas como El anillo del capitán Beto o Que ves el cielo, pero puestos a elegir un broche para estos días spinettianos, me quedo con esta.

Por culpa de Spinetta

Miércoles, 15 de febrero de 2012.-
Hace unos meses, en pleno invierno rioplatense (nuestro verano), al maestro Luis Alberto Spinetta le diagnosticaron un cáncer de pulmón. A principios de 2012 fue operado de urgencia a causa de un mal distinto… o quizá asociado a lo mismo, qué mas da. Cumplió 62 años en el hospital y unos días después recibió el alta, aunque en realidad solo le sirvió para marchar a morir a casa, rodeado de los suyos. Parece que lo hubiera demorado a propósito para abandonarnos en pleno verano (nuestro invierno), tal como él mismo predijo en esta canción de 1973.

Dadas las circunstancias, acongoja escuchar cómo Spinetta relata su propia muerte en Cementerio Club. Pertenece a Artaud, ese disco que tantos argentinos citan como uno de los mejores de la historia de su rock. Para mí lo es, pues fue el CD que me sirvió de experiencia iniciática en el rock argento. Me lo regaló Darío en 1998, justo cuando el lanzamiento de la carrera de Andrés Calamaro al margen de Los Rodríguez estaba en su apogeo. Mi amigo estaba empeñado en darme un empujoncito hacia el rock argentino de verdad, pero tardé dos o tres años en hacerle caso. Me daba una pereza enorme, pues de lo poco que hasta entonces había escuchado de Charly García no había conseguido entender prácticamente nada. Si al final pude abrir las orejas fue solo gracias a la escucha casual de Artaud. Vamos, que Spinetta tuvo la culpa de que me volviera incondicional de todo el rock originario de la Argentina, de Pappo, de Manal, de Vox Dei, de Almendra, Pescado e Invisible… hasta de Charly.

Pescado Rabioso - Artaud (1973)

La mutua incomprensión entre el rock hecho en Argentina y en España es una interminable historia llena de misterio, pero lo cierto es que aquí, por lo que sea, se nos indigesta un poco el rock argentino consumido en crudo. Necesitamos que el músico de turno se venga unos meses a vivir entre nosotros. Que nos adule un poco, que se interese por lo taurino, que nos diga lo feliz que está en Madrid y le dedique una bonita canción a la ciudad… entonces sí, ponemos en un altar a Moris, a Calamaro o a quien sea. Está claro que cuando Charly se acercó por España nunca estuvo por la labor, que a él le encanta agredir al público sin importarle si actúa como local o como visitante. Lo de Spinetta fue peor, pues hasta hace bien poco ni siquiera vino.

Charly García y Luis Alberto SpinettaCharly y Spinetta, ilustres desconocidos en la ibérica

Cuando pasado el tiempo me dio por escuchar Artaud, me produjo un efecto demoledor. Me atrapó de tal manera que me entraron ganas de escucharme todo el rock argentino de golpe. Para empezar, reconocí en Spinetta a un artista especial, inclasificable incluso como mito del rock de su país. Aluciné con su voz puntiaguda, sus letras enigmáticas, su enrevesada forma de componer. Quedé fascinado incluso por su apellido, pues no podría haber encontrado un nombre artístico que le cuadrara mejor. Por algo le llamaban El Flaco.

Pero lo que me superó del todo es la canción que pongo justo aquí debajo. Esa letanía hipnótica (“superstisión, rarainaná, lorololó… superstisión, lailorolá, larailalá…”) acabó por despertar mi curiosidad. Tuve que ir a mirar la contraportada… ¡y resulta que no se titulaba Superstición!

En fin, reconozco que lo de la dichosa Superchería fue una manera más bien tonta de introducirme en el Universo Spinetta. Habría quedado mejor decir que me cautivó su sutil aproximación a las claves poéticas de Antonine Artaud, pero no nos engañemos, nunca me atrevería a llegar tan lejos dada mi incultura literaria. Y esa sensación de roquerito de a pie que se reconoce varios peldaños por debajo del artista se ha repetido cada vez que alguno de sus discos ha caído en mis manos. Muchos de ellos me han resultado directamente inaccesibles, pero con Artaud sucedió justo lo contrario. Desde las primeras notas de Todas las hojas son del viento, las letras fluyen y sugieren poderosas imágenes, incluso en las canciones más raras, como la enigmática Por, una sucesión de palabras aparentemente inconexas, o los nueve minutos de la brutal Cantata de puentes amarillos.

Pescado RabiosoAmaya, Lebón y Cutaia se fueron de Pescado
y Spinetta se quedó solo con Artaud

Se me olvidaba mencionar algo importante: Artaud no es un disco de Spinetta, aunque generalmente se considere como tal. En realidad se acreditó como el disco de despedida de Pescado Rabioso cuando el grupo ya no existía. La mayoría de las canciones son predominantemente acústicas, y Luis Alberto se las guisó él solito. Y en las que llevaban algo más de electricidad contó con la ayuda de antiguos compinches de Almendra, como en Las habladurías del mundo o Bajan.

Iba a seguir hablando de lo emocionante que fue verle tocar en España, pero mejor lo dejo para otro día, para no hacerme pesado. Además, casi me vuelvo loco buscando la entrada. No la encuentro, quizá porque no exista. Seguramente nos dieron un papelito cutre de “entrada con consumición”, pero afortunadamente conservo la octavilla de su gira española.

Spinetta gira española 2002

Intro Rock Argentino

Miércoles, 1 de junio de 2011.-
Como tarde o temprano tendré que escribir algo sobre rock argentino me gustaría anticipar un par de pinceladas a modo de introducción, simplemente dos curiosidades que lo diferencian por completo de cómo sucedieron las cosas en España por las mismas fechas. Detalles que tienen que ver con las interferencias de las dictaduras en la vida cotidiana. Vamos allá.

¿HUBO HIPPIES EN ARGENTINA EN 1967?

RESPUESTA: SÍ, justo al contrario que a este lado del sur de Europa. Aquí la dictadura franquista empezaba a flojear, incluso se permitía a las nórdicas tomar el sol en biquini en Benidorm y Torremolinos, pero de ahí a que alguien se atreviera a ponerse flores en el pelo como en San Francisco o a vestir casacas de colores al estilo Sargento Pimienta había un largo trecho. En Argentina, sin embargo, estaban tan ocupados armándose para una guerra civil que nadie dio importancia a que un montón de jóvenes de las ciudades empezaran a dejarse el pelo largo. Es más, esos peludos fueron insignificantes para los dos bandos, casi invisibles. La izquierda revolucionaria los despreciaba por no implicarse en la lucha obrera y, peor aún, por haber caído en las redes de una moda capitalista procedente de Estados Unidos. En el otro lado, la derecha golpista los consideraba sucios y desagradables, aunque políticamente inofensivos. Y es que hay que ver las pintas que exhibían estos tipos.

Esto que ven fue posible en la Argentina de finales de los 60. Son Almendra, el primer grupo de Luis Alberto Spinetta. Tuvieron un considerable éxito adaptando de forma temprana la psicodelia beatle post-Sgt. Peppers y el rock progresivo estadounidense. Mientras tanto en España, por hacer una comparación odiosa, Los Brincos la cagaban con el experimento de Mundo, demonio y carne. No hay color, el rock español pierde por goleada: los argentinos tuvieron su grupo beat (Los Gatos de Litto Nebbia), sus Cream (el trío Manal, con Claudio Gabis a la guitarra) e incluso su propio Hendrix (las primeras andanzas de Pappo’s Blues) con pocos meses de diferencia con respecto a los modelos anglosajones originales.

Almendra (1969)

Este disco del hombre de la lágrima está considerado por muchos como el mejor LP de la historia del rock argentino. Pero Almendra duró poco. Admiraban tanto a los Beatles que decidieron separarse casi a la vez que los de Liverpool, y para 1972 sus cuatro miembros ya habían puesto en marcha tres proyectos distintos: Spinetta fundó Pescado Rabioso, el guitarra solista Edelmiro Molinari tiró por el lado hardrockero con Color Humano y, por último, Emilio Del Guercio y Rodolfo García siguieron juntos en Aquelarre. Todos esos nombres ocupan un lugar importante en la fascinante etapa fundacional del rock argentino, junto a otros ilustres como Vox Dei, Moris, Tanguito, Miguel Abuelo, Billy Bond y, como guinda del pastel, la primera aparición de Charly García y Nito Mestre en Sui Generis. En fin, un periodo de esplendor que se cortó de cuajo con el golpe militar de 1976.

¿HUBO PUNKIES EN ARGENTINA EN 1977?

RESPUESTA: NO, justo al contrario que en España. Por esas fechas los políticos aspirantes a demócratas estaban tan ocupados pactando la Transición que a nadie le importó que gente tan dispar como Ramoncín o Kaka de Luxe jugaran a disfrazarse de punks. Y eso mientras duró el fenómeno Pistols, que ya entrados los 80 los disfraces nuevaoleros se sofisticaron un montón y los grupos punkies de verdad daban incluso miedo. Recuerdo a Larsen, La Broma de Satán, Decibelios, La Polla Records y similares.

¿Y en qué andaban entonces en Argentina? Pues allí padecían a Massera, Videla y Galtieri en su tarea de exterminio de comunistas, montoneros y todo lo que se le pareciese. También se sospecha que hicieron las gestiones oportunas para que la selección del Perú se dejase golear y así meter a la albiceleste en la final del Mundial 78 por lo civil o por lo criminal. Hubo algunos roqueros argentinos que, por si acaso, salieron de allí por patas, pero en general los milicos no se ensañaron contra ellos. Aunque greñudos, no los consideraban políticamente subversivos. Más o menos les permitieron seguir siendo hippies, pero nadie entonces se atrevió a ser punk. Años después, los grandes del Rock Nacional como Charly García, Spinetta y Juan Carlos Baglietto incluso se beneficiaron de la prohibición de emitir música en inglés durante la Guerra de las Malvinas. Con semejante panorama, el movimiento punk se convierte en uno de los pocos fenómenos musicales que se saltaron los argentinos.

Hubo que esperar a la caída de la dictadura militar en 1983 para que una nueva generación aplicara la rabia punk a su música. Según creo, los primeros fueron Sumo, y todo porque su cantante, Luca Prodan, era un chalado italiano que había pasado por Londres en tiempos de los imperdibles. Luego hubo una onda post-punk con Virus, Soda Stereo y Divididos, abundancia de purismo stoniano y rock barrial, y ya entrados los 90 sonidos más abiertamente bestias a cargo de Bersuit o Attaque 77, cuya nostalgia por ese punk que no vivieron les animó a firmar como A77aque!, incrustándose el año más punkie en su propio nombre.