Unas lagrimillas por Krahe vol. III

Viernes, 31 de julio de 2015.-
Cuando empecé con este asunto no tenía previsto extenderme tanto, pero así de amplio es el cancionero de Javier Krahe. Aún quedan por tratar algunos temas esenciales, como por ejemplo la muerte, tantas veces mencionada por Krahe en versos aislados (Los siete pecados capitales) o en canciones enteras (El ciprés), ya fuera muerte ajena (Don Andrés Octogenario) o la propia (El cromosoma), suicidio (Nembutal) u homicidio (La hoguera), en tono solemne (El tío Marcial), crítico (Señor Juez), irónico (Carne de cañón al chilindrón) o abiertamente irreverente (Y todo es vanidad). Como ya les advertí que en un momento tan triste daba cierta pereza ponerse trascendente, por el calor y tal, he preferido ocuparme de otro asunto de vital importancia: los cuernos.

A juzgar por el número de infidelidades sufridas y cometidas que ha narrado en sus canciones podría deducirse que Krahe haya sido uno de los tíos más mujeriegos y promiscuos de la historia de la canción, incluso a la altura de un Julio Iglesias o un Mick Jagger. Luego cae uno en la cuenta de que toda su vida ha estado casado con la misma mujer y que, por mucho pacto de relación abierta que pudieran tener, semejante ajetreo no hay pareja que lo resista. Porque no solo era él quien disfrutaba en primera persona de aventuras en lechos ajenos, también solía ser víctima de toda clase de humillaciones, como imaginar al cerdo de turno disfrutando del liguero regalado por el letrista (Si lo llego a saber). La saga de bellas y traidoras fue inaugurada por Marieta, cómo no, quien ya en el primer disco “se besaba con un chulo apoyada en un farol”, y poco después su propia mujer le dijo a la cara “prefiero como tú ya sabes la del jardinero” en Un burdo rumor. En otro momento de intensa ninfomanía (Vecindario), viéndose incapaz de cumplir él solo con el débito conyugal, tuvo que aceptar la ayuda del señor del piso de arriba, un tal Avelino, y al final, “a su mismo sexo no siendo reacia”, hasta entra en juego Engracia, otra vecina. Un disparate de canción, pero creo que Navalagamella, la que está sonando, incluso la supera. Aquí la infidelidad va en las dos direcciones. Ambos alardean de su traición, pero como siempre es el personaje de Krahe quien asume con cómica resignación su derrota como marido vilipendiado. Según lo cuenta, la infidelidad de ella es mucho más grave, por lujuriosa, por grosera y por haber elegido como nido de amor un sitio tan absurdo como Navalagamella, minúsculo pueblo de la sierra de Madrid que, eso sí, facilitó al letrista rimas bien chocantes.

Javier Krahe - Querencias y extravíos
Querencias y extravíos (2007)

El amante serrano era un tipo bastante zafio, en cambio el de Sábanas de seda le mereció mucho más respeto. A propósito de esta delicada historia, dijo Krahe que la escribió movido por la fascinación que le inspiraba Y cómo es él. Le desconcertaba tanto el enfoque de José Luis Perales que se vio en la necesidad ofrecer un punto de vista alternativo al del cantautor conquense. Y quizá para vengarse, tanto de la esposa infiel como de Perales, después siguió aportando todo un abanico de canciones en las que no siempre la culpa era de la mujer, pues el Krahe también se dejaba engatusar a la primera: aventuras de una noche (Paréntesis), con chicas mucho más jóvenes que él (Salomé), una con la que incluso montó en vespino (Canas al aire), señoras maduras con el marido en el trabajo (Maldito paro) y hasta pecando de pensamiento dudaba si inspirarse en Irene o en Elena (Mi mano en pena). Porque esa es otra, el detalle de aportar el nombre de la dama para dar mayor credibilidad al romance, y ahí van desfilando Adela, Inés, Gabriela, Maribel, Mariví, La perversa Leonor, Carmiña, Lulú, Lucrecia, Eva y la Cruel Genoveva. Para rematar pone al día la lista de sus cien amantes en Abajo el Alzheimer e incluso se deja para el siguiente disco La cientouna. Tantas mujeres para que de todos esos nombres al final solo importe uno: Annick, la esposa medio francesa. Más de cuarenta años de relación resumidos en este puñado de estrofas con que se abría el disco Toser y cantar.

Sin entrar en terrenos escabrosos de la vida privada, porque ni queremos ni debemos, y basándonos en las pistas que ofrece el propio interesado hablando entre canciones, se podría sostener la hipótesis de que todos esos amantes de él y de ella eran pura fantasía. Todos o casi todos, porque en una de esas charlas introductorias Krahe deja una puerta abierta al afirmar que todas sus canciones son inventadas, menos una. Tampoco habría lugar para amantes si apostamos como canción verídica por Canadá, Canadá, la letra que detalla su viaje de ida y vuelta al país norteamericano: chico conoce a chica canadiense en España, va tras ella hasta Canadá, se casan y regresan a Madrid. Echan raíces en Malasaña y todos los años discuten El dos de mayo. Luego se reconcilian (Gracias, tabaco) y él hasta reconoce que volvería a casarse otra vez (Vals del perdón). Son estas las canciones en que, sin nombrarla, más claramente aparece Annick, aunque es probable que también protagonice muchas otras. No sé cómo es, creo que nunca la he visto ni en fotos, pero qué pedazo de mujer. Vaya desde aquí nuestra honda admiración, Annick.

Javier Krahe - Toser y cantar
Toser y cantar (2010)

Como de alguna manera habrá que ir terminando, corresponde elegir una pieza que sea especial y ponga digno colofón a esta serie. Vamos con algo de crítica social, asunto del que tantas veces se ha ocupado Javier Krahe sin ponerse ningún límite. Si había que meterse con el gobierno, los jueces, la iglesia, los militares o los poderosos, así en general, pues iba y lo hacía, pero si en alguna ocasión era necesario personalizar un destinatario para sus dardos, también concretaba sin mayor problema, ya se tratara de un alcalde o presidente, de Leonard Cohen o del mismísimo Papa (“yo es que me crispo con el obispo ese de Roma, ¿por quién se toma?”). En este caso se marcha bastante lejos, como si prefieriese andarse por las ramas, pero nada más lejos de su intención. Cuando Krahe critica lo que ocurre en las Antípodas aquí al lado no queda títere con cabeza.

Javier Krahe - Dolor de garganta
Dolor de garganta (1999)

En las antípodas todo es idéntico, idéntico a lo autóctono”, una frase genial que podría servir como tesis para un tratado general sobre la naturaleza humana. Y empezando por ahí, cada uno de los versos es para enmarcar. Krahe va hilvanando observaciones a cual más aguda sobre sinsentidos de la vida cotidiana y logra redondear una letra absolutamente magistral. Y, quizá por ser la canción que abría su primer CD con 18 Chulos, se nota que en esta grabación tuvo que haber pasta. Un montón de instrumentos de viento rematan la canción con un arreglo de big band en plan Sinatra que le da un aire grandioso como nunca tuvo en su carrera. Todo muy lujoso, sí, pero diría que el ingrediente de mayor valor es con diferencia el uso de las esdrújulas, pues la crítica social parece mucho más crítica cuando se rima en esdrújula. Apóstatas, fanáticos, súbditos, catedráticos, escépticos, pusilánimes, indígenas, energúmenos, sancristóbales… escuchen, escuchen y no se pierdan ni una. Qué grande el Krahe.

Aquí lo dejamos, en todo lo alto. Tengo la impresión de haberme puesto un poco pesado hablando y hablando de Krahe sin parar. La intención era recuperar algunas buenas canciones y letras suyas de esas que piden entrecomillado, pero son tantos los recuerdos… Les pido disculpas y ya mismo me callo para que puedan ustedes escuchar tranquilamente a Javier Krahe, la mejor manera de llenar el vacío que deja. En los párrafos de más arriba pueden encontrar un buen montón de títulos para seguir en su compañía, por si les apetece. Fíjense que este mes de julio un servidor pensaba escribir sobre Ramoncín y los Rolling Stones, pero ocurrió lo de Krahe y tuve que cambiar de planes de forma radical. Ya acaba julio, poco a poco iremos volviendo a los monstruos del rocanrol.

Este serial sobre Javier Krahe se completa con Este otoño Krahe no toca en Galileo, Unas lagrimillas por Krahe vol. I y Unas lagrimillas por Krahe vol. II.

One CommentDeja un comentario

  1. Me ha gustado mucho el texto. Respecto a su relación con Annick, yo creo que hay bastante de realidad en las aventuras de Krahe. De hecho, uno de sus dos hijos es hijo de otra mujer, pero lo integraron en la familia, lo cuenta él mismo sin explayarse mucho en el libro-entrevista que regalaban con el disco Querencias y extravíos.

    RESPUESTA DE B.R.: Gracias por su opinión y por recordarme que tengo pendiente la lectura de esas “Charlas con un vago burlón” que tengo por ahí perdidas. Está claro que, a pesar de todo lo que se cuenta, esta pareja funcionó de maravilla un porrón de años, o sea, que de alguna manera supieron guardarse fidelidad el uno al otro de la forma peculiar en que ellos lo entendieran.


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