Pla ha vuelto a meter la pata (y van…)

Domingo, 20 de Octubre de 2013.-
La semana pasada se hablaba por aquí de la última actuación de La Pandilla Voladora. La cosa quedó en que cada uno tiraría por su lado para dedicarse a sus cosas… lo que nadie esperaba es que Albert Pla entrara en política. Su irrupción ha sido fulgurante, durante unos días ha sido tema central de todas las tertulias de radio y televisión, ha ocupado portadas de prensa y hasta el director de La Gaceta le dedicó una columna-ficción hace un par de días. Ya que Albert propone la enseñanza del catalán en todas las escuelas de España empecemos nuestro aprendizaje por esta preciosa canción, una de mis favoritas de siempre en el bello idioma del pequeño país al noreste de la ibérica.

Así es Pla: siempre escatológico, siempre irreverente, siempre provocador… No es que ahora haya metido la pata, es que no la ha dejado de meter ni un momento desde la primera vez que se subió a un escenario. Es curioso, pero de sus comienzos suele citarse el triunfo en un certamen de cantautores en Jaén, lo que le sirvió de empujón para publicar su primer disco.

Albert Pla - Ho sento moltHo sento molt (1989)

Imagino al público jiennense escuchando atónito esta colección de burradas en catalán… no tuvieron más remedio que darle el premio. También comprendo el escandalazo que se ha montado estos días por sus declaraciones a La Nueva España. La gente no tiene por qué saber que Pla jamás ha dicho nada en serio y que su forma de expresarse es decir una tontería tras otra, y aún así la dichosa frase entrecomillada y puesta como titular en letras bien grandes pone los pelos de punta. No sé, habría que ver el tono en que discurrió su entrevista con el periodista asturiano, aunque lo más seguro es que se trate de una de sus habituales gamberradas de artista malote. Como cuando presentó su Cançons d’amor i droga con un montaje teatral a dúo con una multiinstrumentista que se pasaba la función completamente en bolas.

Judit Farrés y Albert PlaUn personaje simbolizaba el amor y el otro la droga

A mí estas cosas de Pla al pronto me mosquean y me indignan, pero luego caigo en que no es más que un niño travieso y siempre le acabo encontrando una disculpa. Si lo pienso bien a mí también me da un poco de asco ser de un sitio donde se roba, se engaña, se insulta, se grita y se escupe en el suelo… suerte que tienen los catalanes de poder fantasear con borrarse de esta nacionalidad para apuntarse a otra mejor. Supongo que ellos son mucho más civilizados, que en los barrios de Barcelona la gente no abandona las cacas de los perros en mitad de la calle. En cambio, qué pena da la casposa España tan repleta de personajes repugnantes.

Ya ven que lo del asco no es de ahora. En 2003 se tiró cosa de un mes cantando esto todas las noches en el madrileño Teatro Alfil, pero entonces nadie se escandalizó… claro que allí estábamos todos con una pose muy intelectual como fingiendo que no nos fijábamos en la chica. Y si nos remontamos unos años más atrás encontramos la gran megapolémica de Albert Pla a cuenta de la canción La dejo o no la dejo, la del tío que descubre que su novia es terrorista. Entonces sus discos eran publicados por una discográfica gorda, BMG Ariola, que al parecer tuvo un ataque de escrúpulos y amagó con censurarla. Sufrí la misma oscilación entre el amor y el odio con esta historia. Al principio me pareció una canción bestial con un planteamiento inaceptable, luego pensé que aportaba un punto de vista interesante y al final me acabó gustando. El protagonista explicaba en primera persona su dilema moral y acababa escogiendo la opción criminal por ser la más cómoda para él… pero bueno, quien más y quien menos alguna vez ha hecho la vista gorda ante algo inconfesable.

Veintegenarios en AlburquerqueFue una censura con tufillo a maniobra promocional

Lo que terminó por hacerme cambiar de opinión fueron las risotadas de la muchachada del Viñarock. Siempre pensé que Pla era un artista muy por encima de su público, pero en ese concierto pude ver sus caras, estaba rodeado de gentucilla que se tomaba lo de matar policías, militares y guardia civiles como un simple chiste. Claro, serían los mismos que en otras ediciones apedrearon al Chaval de la Peca y se liaron a botellazos con Ramoncín, cosas de la democracia directa. Me entristeció ver a Albert el rebelde dejándose aclamar como cantante de rock bufo, cómodo en el papel de héroe de ese anticapitalismo ramplón que siempre ha impregnado el ambientillo de nuestro rock. Desde entonces me quedó una sensación de repelús asociada a la figura de Albert Pla que nunca he terminado de superar.

No, no voy a poner esa canción… mejor no removerlo. Prefiero volver a la vía catalana, a ese primer disco en el que se enfrentaba al poder establecido en todas sus variantes, incluida la de ese independentismo obligatorio que impone sus criterios en las instituciones y en las mentes de los administrados. No quiero ni pensar que Albert haya caído en las redes de la subvención y de los artistas agradecidos, tal vez Albert ande también enfrentado con el establishment catalán y no nos hayamos enterado.

Y a todo esto, antes de ocurrir lo de Albert Pla, del personaje de La Pandilla Voladora de quien en realidad yo quería hablar era de Lichis. Pensaba escribir sobre esa especie de maldición que le persigue, que cuando las cosas parecen irle bien siempre se mete alguien por medio y le roba el protagonismo…

De los Archivos A70, hoy recuperamos el contenido íntegro de “Sumo divididos…? Las pelotas!”, que fue publicado originalmente el domingo 5 de junio de 2011.

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