Tragedias del rocanrol vol. I: Sam Cooke

Martes, 9 de marzo de 2010.-
Me quedé con mal sabor de boca al relacionar a Sam Cooke con un horrible programa de televisión. Que quede claro que Sam es uno de los grandes y, pese a su corta carrera, ha influido en muchos de los grandes. Y puestos a ubicar sus canciones en el mundo audiovisual, mejor recordarlo por una escena famosa de la historia del cine.

Aunque no sea la versión de Sam Cooke, impresiona ver cómo su canción anima a bailar incluso a quien lo tiene prohibido. Y pese a deber su fama a este tipo de canciones, no era tan solo un baladista. Aquí va un buen ejemplo de otro de sus temas favoritos: la juerga nocturna.

Volviendo a Único Testigo, la peli da en el clavo cuando la mojigata se derrite al escuchar al hombretón susurrando Wonderful World, porque la propia biografía de Sam Cooke está marcada por una religión familiar opresiva. Era hijo de un predicador y se inició cantando en la iglesia, así que su decisión de abrirse camino en el mundo del espectáculo debió de estar envuelta en tremendos sentimientos de culpa. Tuvo que disimular su verdadero nombre (se llamaba en realidad Samuel L. Cook, sin “e” final) y siguió adelante con su carrera artística cargando para siempre con el estigma. En muchas de sus interpretaciones no puede disimular su pasado gospel. Esta es una de las últimas versiones que hizo, en la que dio un toque evangélico a un éxito de un joven cantautor… quizá Sam Cooke fuera el responsable de que esta canción se convirtiera en un hit de las misas postconciliares.

Sam murió a finales de 1964, pero ya le había dado tiempo a fijarse en el paliducho Dylan, que acababa de darse a conocer con un par de años de intenso éxito. Tampoco pudo disfrutar demasiado de la explosión del soul de mediados de los 60. Figuras del sello Atlantic como Solomon Burke, Joe Tex, Wilson Pickett, Sam & Dave, y sobre todo Otis Redding alcanzaban el estrellato y, aunque Sam Cooke ya no estaba allí para verlo, su nombre quedó asociado a ellos por sus cinco singles póstumos publicados en 1965, entre ellos Shake, que con el tiempo sería uno de los himnos mod por excelencia. Este fue el recopilatorio con el que descubrí sus canciones más conocidas.

Sam Cooke - The Man And His MusicThe Man And His Music (1986)

En realidad, por las fechas en que se desarrolló su carrera (debutó en 1957 poniendo You Send Me directamente en el número 1) Sam Cooke pertenece más bien al grupo de grandes nombres de pioneros del soul como Ray Charles y James Brown, tras los que aparece una larga lista de ilustres adelantados a la época dorada del género como Rufus Thomas, Don Covay, Ben E. King y toda la saga Coasters y Drifters. Todos los grupos de la invasión británica de 1964 veneraban a la aristocracia de la música negra, y Cooke fue un tipo especialmente apreciado por los roqueros ingleses. Éxitos suyos como Good Times, Having A Party y Bring It On Home To Me conocieron versiones de gente como The Rolling Stones, Small Faces, The Animals… y mucho más recientemente la alucinada de Amy Winehouse se lució con una sorprendente revisión reggae de Cupid. Pero por encima de todos, el fan número 1 de Cooke es Rod Stewart, que imitó su forma de cantar y raro es el disco suyo que no lleva una de Sam.

Está claro que era un autor luminoso y vital, pero su repertorio tiene el regusto triste de su prematura muerte. Sabemos que fue tiroteado en diciembre de 1964, y se han contado tantas versiones sobre lo ocurrido que es difícil saber cuál de ellas es la verdadera. Puede que se amañara la historia oficial por culpa del racismo que imperaba entonces en EEUU, pero con motivo del 25 aniversario del suceso empezó a difundirse una escena final digna de TV movie. Sam Cooke acababa de ofrecer un gala triunfal en Los Ángeles y tuvo a bien celebrarlo con una apetecible groupie blanca. La invitó a subir a una habitación de un motel. No sabía nuestro galán que la joven era la típica putilla que desvalija a sus conquistas mientras se duchan, así que ahí tenemos al bueno de Sam ataviado con una toalla de baño (o quizá ni eso, vaya usted a saber) persiguiendo por los pasillos del motel a una chica blanca. Imagínense lo que pudo pensar la recepcionista… fue ver al negrazo tras la indefensa blanca, sacar el arma de fuego que todo estadounidense que trabaja en atención al público tiene debajo del mostrador… y usarla a discreción. ¿Qué podía hacer? No tenía otra opción, cómo después corroboró el jurado que la absolvió por homicidio justificado. Eran otros tiempos.

Descanse en paz Sam Cooke, tristemente asesinado durante su último Twisting The Night Away.

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